7

Akane

Siento que lo escuchamos durante horas.

El hermoso demonio que en sus brazos me juró una vida sin dolor, sin penas. Juró que me amaría como nadie jamás lo ha hecho. Casi le creí, pero escuché la voz de Ranma, llegando desde lejos, y supe que nada de eso podía ser cierto. Ranma es todo para mi, sin importar las promesas de otros. Prefiero una vida a lado de él, conformándome con que a veces tome mi mano, a veces roce mi mejilla, que toda la eternidad con cualquier otro. Pero mientras me tuvo cerca, incluso cuando me estaba lastimando, me sentí unida a él. Lo veía hablar con Ranma, pero a mi me decía otra cosa. Decía: Ahora compartimos el mismo destino, estamos hechos igual, somos lo mismo.

Quise decirle que no: ¡Yo nunca seré nada como tú! Pero, ¿por qué no? ¿Era tan malo? No lo había visto hacer nada, y sin embargo podía sentir todo su poder. Infinito, asfixiante.

Maligno.

Yo no era eso, pero quise serlo. Quise ser todo lo que me dijo que sería.

Ese es el verdadero miedo. Reconocer que me he perdido, que no sé quién soy. De esta forma, ¿cómo podré mantenerme a lado de Ranma? ¿Cómo podría dejarlo estar conmigo? Estoy dañada.

Ya no soy humana.

Creo que no lo he sido desde que volví y no quería darme cuenta. Ahora no hay marcha atrás.

Por largo rato, Ranma delante de mi, mis manos frías aferradas a su brazo fuerte, escuchamos a Leviatán. Al Tercero.

Sin pausas, sin darnos tiempo de tomar aire para decir algo, dijo: El Hambre. Carcomerá tus entrañas, te quemará las venas, dolerá detrás de tus ojos y tu lengua, y sólo bebiendo sangre humana podrás calmarte

-…si intentas negarte, huir de este que es tu primer y más básico instinto, perderás la razón y no habrá esperanza para ti. Puedes beber hasta matar, o puedes solo beber. Tomar la sangre de animales, sobretodo muertos, terminará por envenenarte. Encontraras que hay sangre que es mejor que otra, y a la que no podrás resistirte. La Debilidad, esa está en tu cuerpo, en tus huesos y tu piel pálida. Verás, querida, si tu alma se fracturó con todo este juego de vida o muerte que llevaron por años, imagina tu cuerpo. Eres quebradiza, cualquiera podría romperte los huesos o atravesar tu pecho de papel. La Debilidad estará contigo durante años, me refiero a décadas, tal vez más. Recuperarte dentro de tu mismo cuerpo de humana, es lo más lento y difícil de todo. Deberás tener cuidado, podrías vivir en continua agonía; podrías morir. Eres un demonio, pero no eres inmortal hasta que llegues al Infierno. Una vez ahí, no volverás a salir.

Sus palabras me aterraron, pero apenas pude preocuparme por mi. Entendía que ya nada podía cambiarme, entonces miré a Ranma. Lo miré desde mi lugar tras él, bajo la sombra de su figura, y vi con horror que sus ojos estaban empañados en lágrimas negras.

¿Eran lágrimas por mi?

-La Bestia…-jaló mi atención de nuevo, y lo vi pasar la lengua roja entre los labios, sus ojos en mi, como si Ranma no existiera entre nosotros. Me hizo sentir indefensa-. A pesar de tu cuerpo de cristal, eres un monstruo ahora. Dependerá de ti si eres un monstruo ante todos o solo para ti. Eres más rápida de lo que jamás has sido antes, y conforme pase el tiempo, mejor te volverás. Eres más ágil, liviana, las leyes que rigen a este mundo apenas podrán afectarte. Te rompes con facilidad, pero con facilidad sanarás. No inmediatamente, pero así será. La Bestia en ti puede ser domada, pero si dejas que El Hambre se menta a tu mente, La Bestia tomará el control. Entiende cuando digo que, si eso pasa, todas las personas a kilómetros a la redonda son tus posibles víctimas… y las tomarás a todas. Cuando termines, estarás nadando en un mar de cadáveres, y no podrás soportarlo, no ahora. El mundo, desde el momento en que me vaya, hasta el último día que vivas en él, será diferente. Será más brillante y más terrible. Los olores te ahogarán, los colores te cegarán. Las sensaciones te harán estallar. Todo lo que conocías se ha incrementado.

Algo helado corre por mis mejillas, primero pienso que, de alguna manera, sin moverse, el demonio me ha herido, pero cuando me llevo una mano al rostro, toco mis lágrimas. Heladas, como agua de río.

-Y la Atadura, lo más importante de todo. ¿Crees que tu vida ha cambiado radicalmente? –suelta una risita vil-. Tu vida se acabó, esta es otra. Esta es tu nueva vida, pero además está La Atadura. Descubrirás que los humanos son tan deliciosos como débiles. Son como hojas secas. Puedes aplastarlos con una mano. Pero también, y esta es la mayor de todas las ironías, son los únicos que pueden ayudarte. No todos, por supuesto. Uno. Solo uno. Tu Maestro.

-¿Mi Maestro? –me escucho preguntar, demasiado mareada con sus palabras.

-La unión entre un demonio y un humano es tan vieja como lo son ellos. Pero primero debes comprender que te gustará matar.

-¡Nunca! –pienso que eso debí decir yo, pero es Ranma quien suelta la palabra con una desesperación que jamás le había escuchado-. ¡Ella nunca lo hará!

-Ah, pero lo hará. Lo harás. No una, ni dos, sino tantas veces que perderás la cuenta. No sentirás remordimiento, ni culpa, tampoco habrá dolor. Seguirás adelante, porque eso eres ahora. El problema es que tarde o temprano, este modo de vida invitará a La Bestia a dominarte, es prácticamente imposible volver de ahí. Para evitar esto, necesitas a un Maestro. Alguien a quien ates tu alma corrompida, a la suya humana. Pero hay condiciones. Deberás amarlo completamente, y a quien elijas, él o ella, deberá amarte por igual. ¿Entiendes eso? Si no te ama, si tiene, aunque sea una sola duda, lo matarás.

Mis latidos se hacen un solo e interminable zumbido. Ya no puedo escuchar más, ya no puedo nombrar a este miedo de otras formas. No puedo. Pero no se detiene.

-Tal vez debas buscar al que te hizo creer por tanto tiempo que era tu fiel mascota –su intención no es otra que lastimar, y lo logra. Ranma murmura entre dientes "Maldito" y todo cae en un silencio trágico-. Vamos, pregúntame, yo sé que apenas puedes contenerlo.

Lo hago.

-¿Cómo se hace La Atadura? –y así como sabía que había vuelto de Jusenkyo con algo roto, también adiviné sus palabras antes de que salieran de su boca.

-Sexo. Una sola vez basta. Durante el acto, deberás morderlo y alimentarte de su sangre, y después él, o ella, deberá morderte a ti y alimentarse de tu sangre. De esta forma se creará el lazo, y todo, todo lo que tú eres potenciado, toda tu fuerza, tus deseos, tu corazón, será completa y absolutamente devoto a tu Maestro. Lo protegerás con tu vida, lo seguirás a donde vaya, serás obediente, leal, una sombra que sabe morder y no dudará en hacerlo. Por tu Amo. Por el amor a tu Señor.

-Una esclava –de nuevo es Ranma quien habla, y para mi sorpresa, aun contiene las lágrimas en el filo de sus ojos imposibles.

-Si. Una esclava, una compañera de vida. "¿Será real?" Eso estás pensando.

No me sorprende que lo sepa y no me molesto en responder.

-Por esa misma razón tiene que ser con alguien que ames. Necesitas estar segura que lo sientes. Es fácil creer que La Atadura es lo que crea los sentimientos, por eso debes recordar qué sentías antes de hacerla. Necesitas un humano, Akane, de lo contrario perderás el control. No se trata de voluntad, esto no lo puedes hacer sola. Hace milenos no importaba, los demonios podían volverse locos, acabar con aldeas o ciudades enteras. El problema antes y ahora es el mismo: Así como existimos, también existen nuestros cazadores. Da señales de quién eres, y no sobrevivirás después de eso. Eres salvaje, pero quebradiza. La Bestia en ti será tu perdición. Quienes nos cazan lo saben. Te tomará al menos un siglo ser inalcanzable para ellos.

-¿Un siglo?

-No te preocupes por eso ahora. Duerme. Duerme, querida mía.

Ranma

Siento el agarre de Akane perder fuerza, y me giro para sostenerla. Está dormida.

Todo lo que puedo sentir y escuchar es mi pulso, Drum-tumb, Drum-tumb. La veo entre mis brazos tan hermosa y al mismo tiempo tan frágil.

Cada palabra del demonio ha sido una descarga en mi cuerpo, una más fuerte que la otra, hasta que ya no sé qué me duele físicamente y qué en el alma. Tampoco sé cómo confrontar todo esto.

-Hay algo que debo decirte, Ranma, es importante que lo sepas.

-¿Por qué no lo puede saber ella? –realmente no me importa, ¿qué podría ser peor que esto?

-Lo sabrá, pero de ti. Imagino que querrás ser su Maestro –la sola mención me eriza la piel. No quiero que sea mi esclava, nunca querría eso…- Pero tampoco puedes aceptar que sea de otro hombre, ¿cierto?

-¡Ya sal de mi cabeza!

-Escúchame. Escúchame como nunca has escuchado a nadie en tu vida. Un demonio siente mil veces más que cualquier humano, y me refiero a todo. El amor es lo más fuerte y destructivo para nuestra especie. Esto es porque estamos en este plano, el suyo, y no debería ser así. Es una forma de castigarnos. Si ella te ama al menos una décima parte de lo que tú la amas ahora, serás su mundo entero. Moriría por ti.

-Nunca lo permitiré.

-No importa eso, lo que va a moverla una vez que se haga el lazo, está más allá de tu comprensión. Pero debes saber que, si sobrevive a La Debilidad, vivirá mucho más que tú. Podrían ser siglos. Tu solo eres humano, y no vivirás ni cien años más. Cuando mueras, vas a destrozarla. Romperás su corazón tan profunda e irremediablemente que la sumirás en el verdadero infierno, aquí en la Tierra. Te amará y sufrirá por años interminables, hasta que encuentre la manera de morir. Algunos la encuentran rápido, a otros… Nos tomó más tiempo. Amar a un humano es lo más increíble y más terrible que nos puede pasar.

-Por favor, no sigas –caigo de rodillas con ella en brazos, no puedo sostenerme más. Mis lágrimas hasta su rostro de porcelana y parecen de fuego.

-Cuando llegue el momento deberás decidir, Ranma. ¿Vas a ser su Maestro, amarla cada día de tu vida, y después despedazarla? ¿O vas a dejarla convertirse en un monstruo insaciable, llamar la atención de los cazadores, y verla morir? Porque créeme, no podrás salvarla de ellos. Eso te lo aseguro.

Realmente no necesita asegurarme nada, ya he sido muy claro: creo en cada una de sus palabras. Por más terribles que sean.

Las lágrimas que brincan de mis ojos a las mejillas de Akane son cada vez más gruesas, y un ruido hondo comienza a retumbar detrás de mi cabeza. Lloro hasta que el mundo se distorsiona y es una bola de fuego. Y el ruido hondo se acerca más, golpeando en mi espalda, en mis costillas.

Soy yo. Me sorprende darme cuenta. Son mis sollozos que agitándome violentamente. No se detienen, no creo que se detengan nunca. Mi llanto durará por siempre.

Pero increíblemente, después de un rato, no sé cuánto, se detiene.

Leviatán se ha ido.

Akane… ¿También te fuiste? Cuando abras los ojos, ¿seguirás siendo tú?