Capítulo 7
Al final de su primera semana en Nampara, Demelza ya tenía una rutina propia. Sus días comenzaban temprano en la mañana, después de asegurarse de que Ross Poldark estaba dormido, cuando iba a explorar la playa y los campos recogiendo flores en su camino de regreso. El Señor Joshua todavía confiaba en que su hijo la acompañaría para mostrarle las tierras pero ella no tenía intención de esperar, ni él de ir con ella. Su marido tenía sus propios hábitos. Los que consistían en llegar a casa a altas horas de la noche, tan tarde que casi era de día, oliendo a alcohol y quedarse profundamente dormido durante algunas horas. Luego se levantaba, discutía con su padre, se comía las sobras del desayuno y se iba a la mina. ¿Qué hacía el resto del día? Demelza no lo sabía. Cuando regresaba de sus paseos ella amasaba las hogazas de pan y las dejaba reposar cerca del horno de barro mientras iba a lavarse y a poner las flores en floreros sobre las infinitas superficies que había dentro de la casa. Todavía estaba sorprendida de encontrar nuevos jarrones donde ponerlas, planeaba tejer manteles para decorar el salón y que se viera más bonito. También había descubierto la necesidad de estar limpia y presentable, si eso era lo que pretendía lograr con la casa. Parecer una joven respetable le llevaba gran parte de una hora. Cuando terminaba, horneaba las hogazas de pan para que estuvieran listas para cuando el Señor Joshua, Prudie y Jud se levantaran a desayunar. Su suegro también era un hombre ocupado y la mayoría de los días salía a ver la mina o al pueblo para ver a sus inquilinos, o al banco a una reunión de accionistas. Entonces tenía tiempo y espacio para ordenar la casa. Parecía que Nampara no había sido limpiada en años, pero no se lo reprochaba a Prudie. Cuando el Sr. Joshua no estaba en casa, la mujer era su compañía y la que le contaba todo sobre su nueva familia. Cuando venían de la iglesia, el señor Poldark había mencionado algunos nombres que Demelza desconocía en ese momento, pero que parecían cobrar vida con las historias de Prudie. Aunque Demelza tenía algunas reservas porque le parecía que a veces exageraba. Se esa forma los días pasaban volando. Pronto llegaba la hora del almuerzo, su suegro siempre venía a comer con ella y luego se iba de nuevo, dejándole la tarde para hacer lo que le quisiera, pero ella se mantenía ocupada en la casa hasta que él regresaba a última hora de la tarde y la reprendía por trabajar demasiado en la casa. "No eres una sirvienta." - le recordaba a menudo, pero a veces ella se olvidaba. Lo único que le recordaba ese hecho era la delgada banda dorada alrededor de su dedo. Bueno, eso y el hombre voluble con el que compartía la cama un par de horas cada mañana. Solo había habido unas pocas ocasiones en las que se habían cruzado en la casa, generalmente cuando él se dirigía a Leisure y ni una mirada le dedicaba. Había comenzado a pensar que tenía que hacer algún tipo de esfuerzo para llevarse bien con él, por el bien del Señor Joshua. Podía oírlos discutir cuando se veían y sabía que lo hacían por ella. Joshua insistía en que Ross debía pasar más tiempo en casa con su esposa, pero estaba claro que él no tenía ninguna intención de hacerlo. Había escuchado una conversación de pie al otro lado de la puerta de la cocina. No lo hizo a propósito, iba a revisar la cena cuando se dio cuenta de que estaban allí. Escuchó a Ross decir: "Por favor, padre, no me obligues a hacer esto." Y luego había salido de la habitación, casi chocando con Demelza. Su rostro se oscureció cuando la vio allí. Estaba avergonzada de que pudiera pensar que estaba escuchando a escondidas, pero Ross no le dio tiempo para explicarse, por supuesto. Le había pedido al Sr. Joshua que por favor no discutiera con su hijo por su culpa, pero él tampoco estaba de humor para escuchar razones. Aparentemente, había heredado el temperamento de su padre. Pero esa noche, para sorpresa de Demelza y de Joshua, Ross volvió a casa para cenar.
Ross estaba cansado de los sermones de su padre. Antes de todo esto sólo hablaba de que debía ocupar su lugar en la mina, que debía ir con él a las juntas de accionistas, a lidiar con Pascoe, dejar de beber, dejar de visitar el burdel. Ahora todo lo que decía era "Tienes que pasar más tiempo con tu esposa." Pero durante toda su vida solo había considerado el matrimonio con respecto a Elizabeth. Ninguna otra podría ocupar su lugar como su esposa, y menos aún esa niña pordiosera, claro estaba. Y eso no iba a cambiar. Lo había complacido solo para dejar de escucharlo, pensó que se callaría si lo hacía. Por eso y porque lo amenazó con desheredarlo, claro. Aunque, no lo creía capaz de hacerlo.
La cena fue un asunto incómodo. Para sorpresa de Demelza y de su padre, Ross llegó temprano a casa esa noche. Ambos todavía estaban enfadados después de la discusión de ese día, por lo que Joshua pensó que su hijo había regresado más para molestarlo que para satisfacer su pedido de pasar más tiempo con Demelza, por lo que ninguno habló mientras la muchacha ponía la mesa. Demelza entraba y salía de la cocina preparando todo, era la primera comida que iban a compartir los tres y no quería que nada saliera mal por el bien del Señor Poldark. Él confiaba tanto en ella, siempre le hablaba de su familia, de sus minas y de las tierras. Podía hablar durante horas contando anécdotas de personas que ella no conocía y que nunca conocería. Por lo general él charlaba durante toda la cena y ella también hablaba, haciendo preguntas, pidiéndole que le recordara quién o qué era esa persona, contándole sobre la vida con sus hermanos y todas las travesuras en las que se metían. Pero no esa noche. Esa noche ni siquiera Garrick ladraba.
Ross estaba en la biblioteca leyendo un periódico cuando escuchó que la cena estaba lista. Cuando salió, la niña y su padre estaban sentados a la mesa, esperándolo. Una de las razones por las que Ross se había acostumbrado a comer fuera era porque la comida de Prudie no era, por decirlo educadamente, de la mejor calidad. Entonces levantó una ceja sorprendido cuando vio la comida que estaba puesta sobre la mesa. Demelza no vio eso porque sus ojos estaban fijos en su regazo. Para empezar había sopa de verduras, Ross sintió el olor a cebolla y limón mientras se sentaba al lado de su padre, luego había pastel de pescado con patatas asadas y unas tartas de ciruela que sobraron del almuerzo. Y por supuesto, su pan que Ross ya conocía del desayuno. Demelza se levantó apresuradamente cuando se sentó a servir la sopa. "¿No es ese el trabajo de Prudie?" Refunfuñó su marido, lo que la hizo temblar ligeramente y derramar un poco de líquido fuera del plato de Joshua.
"Oh lo siento." - dijo avergonzada, limpiando el líquido con un paño que colgaba de su delantal.
"No te preocupes, querida." le dijo su suegro, dando unas palmaditas en su brazo gentilmente y enviando una mirada de reproche a su hijo. Luego se volvió a sentar y los tres empezaron a comer en silencio, sin que Demelza apartara la vista de su plato. No se dio cuenta de las miradas cómplices intercambiadas entre padre e hijo. Joshua señalando con la cabeza a Demelza para que le hable, Ross poniendo los ojos en blanco y fingiendo ignorarlo. Fue sin querer cuando inició una conversación, no porque su padre lo ordenara. Demelza había cortado el pastel sin levantar la vista y había servido una rebanada en sus platos, Ross y Joshua se habían servido papas y una tarta cada uno. Ross jadeó cuando probó el pastel, los ojos de Demelza se alzaron directamente hacia su rostro.
"Mmm, ahh... esto es delicioso." Dijo, porque lo era. Una tímida sonrisa emergiendo en la esquina de sus labios.
"Espera a probar la tarta." Cuando lo hizo se le escapó otro suspiro.
"¿Tú hiciste esto?" Le preguntó a Demelza.
"S-sí."
"Está muy rico, muy rico en verdad." Le dijo con la boca llena.
"Gracias. Me alegro de que te guste." Respondió, sabiendo cuánto deseaba el Sr. Joshua que se llevaran bien. Ella también debía hacer un esfuerzo.
"Prudie es una cocinera terrible, no sé cómo se las arregló para no matarlo de una indigestión".
"Solo es mala con los tiempos, eso es todo".
"Pfff... Quemado no es lo mismo que envenenado." Ross enfatizó sus palabras llevándose un gran trozo de pescado a su boca, Demelza se rió y Joshua sonrió mirando del uno al otro.
Para Ross, era obvio que su padre estaba apresurando su cena para dejarlos solos. Sacudió la cabeza exasperado. ¿Qué esperaba de él? ¿Que de repente se diera cuenta de que amaba a esta chica solo porque era buena cocinera? Podía haberla contratado solo para eso. Estaba pensando en ir a The Red Lion a tomar una copa cuando terminara, pero lo reconsideró cuando la niña dijo que iba a revisar las natillas. Joshua alzó una ceja cuando ella se fue y ambos la vieron ir a la cocina.
"Dale una oportunidad, hijo. Tiene un espíritu dulce y generoso. Podría ser justo lo que necesitas."
"Padre…" Ross estaba a punto de empezar a quejarse, pero justo en ese momento Demelza regresó con una bandeja en la que traía un cuenco de cerámica, tres platos pequeños y medio pastel que había quedado del día anterior también. Joshua se levantó antes de que ella llegara a la mesa.
"¡Oh, argh! ¡Esta maldita gota!" Dijo estirando las piernas: "Creo que me retiraré por esta noche. Guárdame un poco de esa nata para mañana." - y se fue hacia las escaleras con una falsa cojera.
"¿Necesita ayuda?" Demelza preguntó preocupada. Era la primera vez que el señor Poldark dejaba la mesa sin un dulce.
"No, no, estaré bien." Y le guiñó un ojo a Ross cuando ella le dio la espalda. Ese viejo era el diablo mismo…
Las mejillas de Demelza estaban ligeramente rosadas cuando regresó a la mesa. Si ya se sentía incómoda en presencia de Ross, ahora era incluso peor.
"Pensé que te gustaría un trozo de tarta de manzana con la natilla." Farfulló sin mirarlo. Ross, compadeciéndose de ella, respondió que le gustaría, muchas gracias.
Unos minutos más tarde y estaba completamente saciado. No recordaba la última vez que había comido tanto y tan bien. Sus pantalones estaban ligeramente apretados alrededor de su cintura y no podía ver la hora de quitárselos. El pastel estaba exquisito, le había recordado al que solía hacer su madre, no era el mismo, pero obviamente las manzanas habían salido de los mismos árboles y habían despertado algún recuerdo en él. Había pedido otra rebanada y la joven le había dado una porción aún más grande que la primera. No es que se quejara, pero ahora no podía moverse de tan lleno que estaba.
"Tu familia debe extrañarte." Dijo, pensando en cómo Joshua los había privado de repente de sus hábiles manos en la cocina. Su padre le había hablado de su familia, del padre borracho y los seis hermanos pequeños.
"Quizá mis hermanos. Yo los extraño." - Dijo tímidamente.
"¿No te parece agradable este lugar?"
"Oh no... quiero decir, sí. Es solo que... el Sr. Poldark es muy amable conmigo. Le estoy muy agradecida por haberme traído aquí." Ross resopló sonriendo, seguramente debería estar agradecida con el anciano, le había mejorado la vida por un millón. "Sin embargo, no sabía lo que pretendía. Me enteré esa misma mañana. Pensé que solo venía aquí a trabajar como sirvienta. No sabía que tú estabas en desacuerdo con... con esto. Mi padre me obligó a hacerlo, pero yo no sabía... "
"Que mi padre también me obligó." Concluyó por ella. "Es un hombre terco."
"No me gustaría que ustedes dos se peleen por mí."
"No te des aires, no estábamos en muy buenos términos incluso antes de que vinieras."
"¡No me doy aires! Conozco mi lugar. Y tú deberías conocer el tuyo, eso es todo lo que él quiere. Que le ayudes a dirigir la mina..." Ross sonrió con aires de suficiencia.
"Menos mal que no te das aires... no pienses por encima de tu posición." Era una mocosa charlatana, concluyó Ross. Lo dijo seriamente y Demelza volvió a bajar la mirada, intimidada pero al mismo tiempo enfurecida. He aquí la primera conversación con su esposa. Su padre estaría orgulloso.
Después de inhalar y exhalar un par de veces para que su pulso se normalizara, Demelza se puso de pie. Ese hombre la confundía. Era una mezcla de beligerancia, agudeza, vanidad y amabilidad, todo al mismo tiempo. Esto último demostrado cuando ella dijo "¿Necesita algo más, señor?" El la miró sobre la copa que sostenía en su mano. Su rostro se sonrojó de nuevo, no podía decir que no le sentaba bien. Quizás ella tenía razón, quizás él no debería discutir con su padre sobre algo que ya estaba hecho. "Puedes llamarme Ross, ¿de qué sirven las formalidades?" ¿Cuál era el punto, de hecho, cuando él se desnudaba todas las noches frente a ella? Se preguntó si lo habría visto. "No, no necesito nada más." - añadió.
Demelza empezó a limpiar la mesa. Por suerte, cuando volvió de la cocina, Ross ya se había ido pero eso no ayudó a calmar su ansiedad. Seguramente había ido a su habitación. Nunca habían compartido el dormitorio cuando ambos estaban despiertos. O al menos, ella siempre había fingido estar dormida cuando él llegaba a casa en medio de la noche. Pero esa noche sería diferente. La ansiedad hervía en su estómago. Ocupó todo el tiempo que pudo en lavar los platos, alimentar a Garrick, limpiar los pisos, comprobar que todas las puertas estuvieran cerradas, apagar las velas, pero cuando entró en la habitación él todavía estaba despierto, con un libro en las manos y una pipa en la boca. Arrugó la nariz por el olor y, con una vela en la mano, cerró la puerta detrás de ella. Lamentó no tener su camisón y sus cosas fuera de la habitación, era obvio que esto pasaría tarde o temprano. Ross fingió estar leyendo algo muy interesante y no levantó la vista cuando ella entró. Se había detenido un segundo, observándolo, pero luego avanzó lentamente hacia el vestidor. No había espejo en la habitación, por lo que no podía ver su guapo y presumido rostro mirándola mientras se lavaba la cara y las manos y se soltaba el cabello para peinarse rápidamente. Luego apagó la vela. Cuanto menos luz, mejor. Pero la luna traidora se filtraba por la ventana y Demelza todavía podía ver las siluetas en la habitación como seguramente él podía verla a ella. Hizo un rápido trabajo desatando los ganchos delante de su vestido. Luego, se quitó los zapatos y se inclinó para quitarse los bombachos y las medias. Ross se olvidó del libro y la pretensión. Congelado, la observó fijamente mientras se desnudaba.
Sintió que le temblaban las manos cuando se quitó la parte de arriba del vestido y comenzó a desatar el corsé. Fue cuando se lo quitó que giró un poco la cabeza y vio que él la miraba. Ante eso, Ross apagó la única vela que aún iluminaba la habitación, la que estaba en su mesita de noche y dejó la pipa y el libro y se ocultó bajo las mantas. Pero no podía apartar los ojos de la muchacha. Cada mirada que ella le dirigía lo hacía temblar. Su respiración era rápida, pensó en dormir en su enagua pero era la única que tenía y no quería arruinarla. Se la quitó por la cabeza y en las sombras buscó su camisón. Ross jadeó bajo las sábanas al verla desnuda. Sus jóvenes y altos senos parecían una visión pintada en sombras de oscuridad y suaves bajo la luz de la luna. Parecía modesta y reservada, todo lo que Demelza no era. Pronto estuvo cubierta por un dulce camisón, inocente y sensual, y él no podía apartar los ojos de ella. De repente, una ardiente necesidad de reclamar, de poseer, se apoderó de él. Ross se obligó a apartar la mirada, sus ojos se desviaron hacia el dosel sobre su cabeza. De repente se acordó de Elizabeth. Nunca había visto a Elizabeth desnuda y, sin embargo, esta niña había generado algo en él que le repelía.
Demelza se dio la vuelta y con pies más ligeros que el aire se acercó a la cama de cuatro postes. Su corazón aún latía más rápido de lo normal cuando se metió bajo las sábanas, se volvió y le deseó buenas noches. Luego hizo una pausa por un momento, mirándolo bajo la pálida luz de la luna. Él no respondió. Por un momento, mientras intentaba ponerse cómoda para dormir, abrió las piernas de par en par, recordando lo que Prudie le había dicho que hiciera en su primera noche como mujer casada. Pero su esposo no se movió, así que ella se alejó de él y se quedó dormida dándole la espalda.
Fin del Capítulo 7
NA: Espero que estén disfrutando de esta historia. Yo me estoy divirtiendo escribiéndola. Como les dije se va a poner picante más adelante, quizás ya pueden ver algunas chispas ahora y voy a entender si no es del gusto de todas cuando eso pase. Pero pensé que sería algo nuevo para mí, intentar escribir algo así. Lo otro que les quería aclarar es que estoy escribiendo esta historia en inglés y traduciéndola al español (últimamente lo estaba haciendo al revés), así que ya veremos cuando lleguemos a esos capítulos como sale. Por ahora, por ejemplo, cuando Ross le dice, o piensa, a Demelza "niña" la palabra original es "girl", que no es lo mismo. Podría usar "muchacha", pero más adelante cuando diga "my girl", "mi niña" va a sonar mejor que "mi muchacha". En fin, cosas en las que tengo que pensar, pero como les dije son un desafío para mí. Espero que les guste ;)
