Harry Potter es menta gatuna para JK Rowling, y creo que eso lo explica todo… Pero por suerte tenemos a personas como White Squirrel y sus fanfic.
Capítulo 7
La primera semana de clases estuvo sin incidentes para Harry excepto por una cosa: los susurros a sus espaldas habían regresado con venganza. Esto era algo de esperarse. Era Harry Potter después de todo. Pero algo no estaba bien. Para finales de la semana, había comenzado a ver a otros estudiantes, especialmente chicas, lanzándole miradas extrañas, decepcionadas, y extrañamente simpatéticas, y después alejaban las miradas cuando él volteba en su dirección. Un número de Slytherin comenzaron a sonreír con malicia cada vez que lo veían, lo cual era un cambio sospechoso de las miradas molestas normales.
Llegó a su clímax ese fin de semana. Acababan de terminar unas pruebas para quidditch muy exitosas. El escuadrón inicial era el mismo que el año pasado y estaban listos para dominar el campo. Incluso Ron, quien había sido su punto débil en el Torneo Académico de Europa del Norte, había alcanzado su ritmo rápidamente.
Harry estaba encontrándose con Luna para una tarde de relajación bajo el sol cuando la vio hablando con una de sus compañeras de cuarto. Ya que era una de las compañeras de cuarto a las que no le agradaba, se puso de inmediato en alerta.
–…una lástima que no puedes conseguir un hombre de verdad, Lunática, en lugar de estar atrapada con ese… –susurró algo que Harry no pudo escuchar.
–No deberías creer todos los rumores que escuchas, Melanie –le dijo Luna.
Melanie soltó una carcajada–. ¿Tú estás diciendo eso, Lunática? ¿Por qué? ¿Alguna vez los has visto?
–No, pero confío en Harry. No me ocultaría algo así.
–Claro que no –habló Harry, haciendo que Melanie diera un salto–. Hola, Luna. ¿Qué tal? –Le dio un beso corto.
–Hola, Harry –dijo Luna–. Intentaba ayudar a Melanie con una infestación grave de torposoplos, pero no parece interesada.
–No hay mucho que se pueda hacer por alguien que no quiere hacer ayudado –dijo Harry.
Melanie se burló… no de Luna, sino de Harry, como si él estuviera por debajo de ella–. No vengas a mi llorando cuando descubras la verdad, Lunática –dijo mientas se alejaba.
–¿Hay algo que debería saber? –preguntó preocupado.
–No es importante –le aseguró Luna–. Vamos a caminar.
Sin embargo, los susurros continuaron, ahora acompañados de comentarios burlones, en su mayoría de los Slytherin, como–, Ríndete, no estas engañando a nadie, Potter –pero Harry honestamente no tenía idea de qué estaban hablando.
Entonces llegó Eddie Carmichael, un Ravenclaw de quinto año que era muy listo, pero aparentemente no en lo social, ya que decidió coquetear con Luna en el vestíbulo antes de la cena al día siguiente, justo donde Harry podía verlo.
–Entonces, Lovegood, escuché que tu novio no tiene lo necesario –dijo–. Si quieres dejarlo por su mal trabajo, creo que podría ser convencido de mostrarte lo que es estar con un hombre de verdad.
Harry se colocó entre Luna y Carmichael, su rostro mostrando su ira–. Eh, hola, ¡estoy aquí! –dijo–. Aléjate de mi novia, Carmichael.
Carmichael lanzó a Harry una mirada condescendiente y respondió–, Creo que es decisión de Lovegood si quiere estar con alguien que solía ser una mascota muggle solo por dinero, Potter.
¿Qué?
–¿De qué demonios estás hablando? –demandó. Miró a su alrededor y vio a algunas personas acercándose y susurrando entre ellos.
–Mira, ¿te lo tengo que deletrear? –dijo Carmichael–. Eres un animago. Y fuiste criado por muggles. De hecho, dices que fuiste encontrado por una familia muggle… como un gato. Fuiste una mascota. ¿Qué no sabes lo que los muggles hacen a sus mascotas…? Las castran.
Unas cuantas personas soltaron exclamaciones de sorpresa, pero la mitad de los presentes ya parecían saberlo. Harry se estremeció. Una tormenta de emociones lo inundó, e involuntariamente liberó un pulso de magia tan poderoso que las antorchas soltaron chispas, y todos los presentes dieron un paso atrás. Estaba a punto de lanzar a Carmichael contra la pared sin pensarlo cuando escuchó un suspiro detrás de él y sintió una mano sobre su hombro. Se dio la vuelta para ver a Luna mirándolo con tristeza.
–Esperaba que no hubiera problemas por estos rumores, Harry –dijo.
Así que ella también lo sabía. Era de ella guardarse estas cosas. Suspiró de regreso y tomó sus manos con las suyas–. Luna, sé que no te gusta causar confrontaciones como esta, pero es un asunto de honor de casas –le dijo–. Pierdo bastante poder político al no responder a esto, sin mencionar que expone a mi familia a posibles ataques de venganza por supuestamente terminar la Casa de los Potter. Lo siento, pero tengo que hacerlo. –Se giró y sacó su varita–. Edward Carmichael, ¡Demando satisfacción!
–¡Sr. Potter! –se escuchó la voz de la profesora McGonagall, y Harry notó que varios de los maestros se habían unido a la multitud.
–Profesora –dijo él, sin bajar su varita–. El Sr. Carmichael me ha insultado con el más escandaloso de los rumores. Como Lord Potter, no puedo dejarlo ir sin responder. Además… –Examinó la audiencia–… si esto llega al Diario el Profeta, un duelo de honor será la menor de sus preocupaciones.
–Moción de orden –habló una voz hipócrita, y Draco Malfoy dio un paso al frente. Lo miró con fastidio, pero a Malfoy no pareció importarle–. ¿No es una pregunta válida? –preguntó–. Admites pasar tiempo como una mascota muggle, y esa es práctica común entre los muggles, ¿no es así?
–Me mostré como humano el primer día que los conocí, Malfoy –exclamó–. No hubo tiempo de llevarme a un veterinario.
–Pero solo tenemos tu palabra de eso, Potter, y como dijiste, tienes un interés en proteger a tu familia.
–Dumbledore lo confirmará. –Harry trató de que su voz sonara tan varonil como le era posible–. Además, creo que mi tono respondería esa respuesta por sí mismo. –Algunas de las chicas alrededor se rieron.
–Lord Potter, heredero Malfoy –McGonagall usó los títulos formales para llamar su atención–. No creo que esta conversación sea apropiada para la escuela.
–Solo intento resolver esta disputa de manera amigable y legal, profesora –dijo Malfoy.
–Pamplinas, Malfoy –dijo Harry–. ¿Cómo sé que no fuiste tú quien comenzaste esos rumores?
Malfoy le mostró una sonrisa que le dijo que él definitivamente lo había hecho, pero nunca lo admitiría–. No tiene prueba de tal declaración, Lord Potter –respondió–, así como no tenemos prueba de queja. Después de todo, solo hablando hipotéticamente, si sufriera de ese problema, un sanador podría arreglar su voz, agregar masa muscular, e incluso reparar el… daño cosmético. Solo estaría ese asunto molesto de producir un heredero.
Harry lo miró molesto–: Bueno, supongo que tendrás que esperar unas cuantas décadas hasta que tenga hijos que prueben tu error.
–¡No tienes que esperar tanto! –dijo una voz.
–¡Romilda! –gritó Hermione.
–¡Señorita Vane! –dijo McGonagall.
Harry gruñó bajo su aliento algo sobre acosadoras y se dio la vuelta para dirigirse a su oponente original–. Como dije, Sr. Carmichael, Dumbledore validará mi historia. Mi queja permanece. ¿Se disculpa?
Carmichael entrecerró los ojos, intentando determinar sus posibilidades. Harry sabía que había algo de riesgo ahí. Si Carmichael aceptaba el duelo y prohibía la magia sin varita, quedaría algo mal, pero puede que sería un mejor duelista bajo esas condiciones. Harry probablemente aún le ganaría usando ambas varitas, pero aunque no era un secreto que tenía una varita de repuesto, no quería que fuera revelado públicamente tan pronto.
–No lo hagas –dijo Marcus Belby a Carmichael–. Luchó contra Quien-Tú-Sabes y vivió.
Carmichael abrió los ojos más, y palideció un poco, y nuevos susurros se esparcieron por el vestíbulo. Otro momento de consideración, y concedió–: Me disculpo, Lord Potter, por acusarlo de tales rumores escandalosos.
–Y por intentar robar a mi novia. –Esa era una infracción al protocolo. Una simple novia no tenía la protección de la Casa que una prometida o esposa tenía… por lo menos no a menos que formalmente le extendiera protección a su casa, lo cual efectivamente sería considerado una declaración de sus intenciones. Pero Harry estaba muy molesto para que le importara.
–Está bien, lamento intentar robar a tu novia lunática también –dijo Carmichael.
Harry escuchó a personas murmurando sobre eso, pero miró a Luna, quien negó con la cabeza de manera sutil. Ambos sabían que no podían declarar otra queja por eso–. Disculpa aceptada –dijo con renuencia.
Muchos de los espectadores se relajaron, especialmente los maestros–. Me alegra ver que pudimos resolver esto –dijo McGonagall–. Sr. Carmichael, diez puntos menos para Ravenclaw por provocar una pelea. Señorita Vane, diez puntos menos para Gryffindor por comportamiento bastante inapropiado. Y no estoy feliz con usted tampoco, Sr. Potter, pero técnicamente siguió el protocolo. Ahora, sugiero que todos vayan a cenar antes de que algo más pase.
La multitud entró al gran comedor. Harry entró en silencio, pero sí miró a Malfoy y le hizo un gesto de—: Te estoy vigilando.
–De acuerdo, todos –dijo Hermione–, bienvenidos al nuevo Club de Ricochet. –Ya que la mayoría del comité que había inventado el juego de ricochet el año pasado eran jugadores titulares de quidditch para sus equipos, Hermione, para su sorpresa, se descubrió a sí misma a cargo del club nuevo. No estaba muy cómoda con el papel, pero lo haría lo mejor que pudiera–. Creo que la mayoría de ustedes vio el partido de exhibición en primavera entre Cedric Diggory y Cho Chang, pero para aquellos que no lo sepan, ricochet es un nuevo juego en escobas que un grupo de nosotros inventó durante el torneo el año pasado. Fue inspirado por swivenhodge y el tenis muggle, pero en realidad fue creado desde el comienzo, y es bastante diferente a ambos.
Habían tenido buena participación… unas veinte personas. Poco sorprendente, ya que había un número desproporcionado de estudiantes jóvenes que no eran aceptados en los equipos de quidditch e hijos de muggles que veían lo llamativo de un juego de raquetas y que estaban interesados en volar.
–Muchos de ustedes puede que estén familiarizados con swivenhodge –continuó Hermione–, pero ricochet es bastante diferente. Primero, es mucho, mucho más rápido. Y segundo, no se usan las cerdas de las escobas para jugar. Se usa una de estas. –Mostró una de las raquetas de mango largo para que la vieran–. Para los hijos de muggles, es bastante como el tenis, pero la diferencia más grande es que tienen dos golpes para pasar la pelota sobre la red.
Las personas asintieron al comprender las analogías, y Hermione indicó a Harry que se acercara–. Hoy, Harry y yo explicaremos las reglas y daremos una demostración, y comenzaremos a trabajar con ustedes en algunas de las técnicas que necesitarán si tenemos tiempo.
–Correcto –confirmó Harry–. Ahora, ricochet se juega con una raqueta y una pelota de hule pequeña como esta. –Lanzó la pelota naranja escarlata que habían diseñado al aire.
–¿Cómo se llama? –preguntó alguien.
Él se detuvo y los miró–. ¿…una pelota de ricochet?
–Que aburrido.
Harry rodó sus ojos–. Bueno, pueden nombrarlo de otro modo si quieren. El juego definitivamente no es aburrido. –Varios de los que habían visto el juego de exhibición asintieron su acuerdo, aunque algunos aún estaban escépticos–. Ahora, no volaremos hoy. Lo sé, lo sé –dijo ante las protestas–, vinieron por el juego, pero primero, solo tenemos una cancha, y segundo, queremos comenzar mostrándoles como tomar las raquetas antes de comenzar a volar para no tener a personas lanzando pelotas por todos lados. Son un poco más difíciles de usar que los bastones de un bateador.
–Así es –dijo Hermione en acuerdo. Comenzó a entregar raquetas y pelotas al grupo–. Ahora, las raquetas tienen que ser hechas a la pedida por el momento, así que no tenemos muchas permanentes para todos, pero pedimos a Cho, Fred, y George que transformaran algunas, para poder estar listos para la reunión. –El club comenzó probándolas, rebotando las pelotas desde el suelo y hacia las raquetas, sorprendiéndose de lo saltarinas que eran comparadas con una quaffle o bludger–. Tengan en mente que no están golpeando bolas de hierro, así que los movimientos fuertes que usan para las bludger no se aplican aquí. Aún necesitan poder, pero es menos estrés en la muñeca, así que pueden agitar para más velocidad, así. –Lanzó la pelota al aire y la golpeó a una velocidad que muy pocos bateadores podían imitar, para la celebración de los del club. La llamó de regreso con su magia sin varita. Cualquier duda sobre si el juego sería aburrido había sido olvidada.
El club estuvo bien en general, a pesar de que no volaron mucho. Harry y Hermione demostraron un partido de exhibición para ellos, el cual Harry ganó gracias a sus reflejos felinos y su superior habilidad para el vuelo, aunque Hermione puso una buena lucha. Entonces ayudaron a sus amigos a aprender cómo manejar las raquetas y comenzaron con algunos partidos de práctica tipo bádminton. Harry pensó que Hermione estaba haciendo un buen trabajo estando a cargo, y pensó que probablemente tendrían a personas suficientes para tener un torneo al final del año. Era agradable comenzar el año de manera normal, pensó, especialmente con la guerra.
Si tan solo el resto de la semana pudiera ir tan bien.
Harry ya estaba acostumbrado a algo de correspondencia de sus amigos, pero la mayoría de su correo aún iba a su oficina del Wizengamot bajo el cuidado de Andromeda Tonks, quien le enviaba cualquier cosa que necesitara ver directamente. Casi nunca recibía paquetes en Hogwarts. Su familia eran los únicos que enviarían paquetes a la escuela, y normalmente le daban las cosas importantes durante las vacaciones o los fines de semana en Hogsmeade porque era más seguro de ese modo.
Así que cuando una caja grande fue entregada en su lugar en la mesa de Gryffindor el martes por la mañana, Harry se sintió naturalmente sospechoso.
–No dice de quien es –dijo él–. ¿Quién me enviaría un paquete?
–¿Cómo recibiste un paquete? –preguntó Neville–. Pensé que todos eran enviados a tu oficina.
–No si es de dentro de la escuela, ¿recuerdas? Pero no sé quién me enviaría algo… por lo menos no cuando no es día de San Valentín.
–Será mejor revisarlo por trampas –señaló Hermione.
Harry asintió y se paró, así como Hermione, y ambos lanzaron múltiples encantamientos de detección a la caja para detectar cualquier tipo de magia o pociones, sin resultado–. Eh, eso es extraño –dijo él–. Parece que no tiene nada de magia.
–Podría estar oculto debajo de un hechizo que nuestros encantamientos no pueden detectar –señaló Hermione.
–Pero fue una entrega interna. Ninguno de los estudiantes sabría como engañar esos encantamientos… Atrás, todos. –Neville, Ron, Ginny, y Colin se levantaron de sus asientos y retrocedieron. Harry agitó su varita lentamente, y el paquete comenzó a abrirse…
¡Pop! Algún mecanismo con resortes se abrió y soltó una nube de plantas verdes finamente cortadas por toda la mesa. Harry dio un salto atrás, pero algo cayó sobre su rostro, y un aroma inconfundible llegó a sus fosas nasales.
–Oh no –susurró horrorizado.
–¿Qué? –dijo Hermione.
–¡Menta gatuna!
–¡Demonios! Harry necesitas ir a la…
–Ja. Jaja. ¡JajajaJAJAJAJAJAJAJAJAAA! –Harry comenzó a reírse de manera incontrolable y a pasar las plantas por todo su rostro.
–Enfermería –gruñó ella.
–¡Demonios! –exclamó Neville.
Harry saltó sobre la mesa y soltó la caja entera sobre su cabeza, aun riéndose como un maniaco. Para empeorar las cosas, la profesora McGonagall lo había notado y estaba caminando a toda prisa a la mesa de Gryffindor.
–¡Sr. Potter! ¿Qué piensa que está…?
–¡Profesora! ¡No se acerque! ¡Es menta gatuna! –gritó Hermione, elevando su mano para detenerla.
McGonagall palideció y de inmediato conjuró un pañuelo para colocarlo sobre su rostro y retrocedió hasta una distancia segura–. Señorita Granger, su hermano necesita ir a la enfermería de inmediato –dijo.
–¡Lo sé! –gritó Hermione. Corrió tras de Harry mientras él comenzaba a dar saltos y vueltas sobre la mesa, enviando la mitad del desayuno de los Gryffindor al suelo–. ¡Neville, Ron, ayúdenme! –Los dos chicos intentaron rodear a Harry y bajarlo, pero él se escapó de ellos.
–Dijiste que era alérgico a la menta gatuna –dijo Romilda Vane.
–¿Pues a qué llamas esto? –demandó Ron. Intentó tomar a Harry por el brazo, pero Harry le escupió en la cara–. ¡Ah! ¿Qué rayos está haciendo?
–La menta gatuna es un euforizante y alucinógeno poderoso –dijo Hermione–. Está completamente drogado. No hay manera de saber qué va a hacer. También lo hace babear.
Remus había notado lo que estaba pasando, y se unió a Ron para finalmente tomar a Hary y bajarlo, los tres terminando en el suelo.
–¿Ha pasado esto antes? –dijo Neville.
–Una vez, cuando tenía siete –dijo Hermione mientras Harry se retorcía en el suelo–. Pensamos que sería divertirlo que la probara, pero no terminó bien.
–Nunca me lo dijeron –dijo Luna, acercándose–. ¿Qué pasó?
Pero antes de que Hermione pudiera responder, Harry saltó a sus pies, reaccionando a la voz de su novia–. ¡Luna! –dijo, arrastrando las palabras. Dio un salto de pie de regreso a la mesa, y después bajó a la otra dirección para estar directamente enfrente de las chicas–. ¡Lunita… Luneta… Lunática… Luna! –Elevó a Luna y le plantó un beso mojado y baboso mientras estiraba la mano y acariciaba su trasero. Luna soltó un fuerte chillido.
–¡Oh, no, Luna! ¡Neville, ayúdame antes de que empiece a desnudarse!
–¿Desnudarse? –dijo Neville preocupado. Al ver como estaba atacando a su novia, no quería adivinar a quien Harry comenzaría a desnudar primero. Rápidamente separaron a la pareja–. ¿Hizo eso la última vez?
–Entre otras cosas –dijo Hermione–. Acordamos no hablar de eso. –Finalmente alejó a Luna de Harry–. ¿Luna, estás bien?
–¡Nargles! –exclamó ella sin aliento.
–Lo tomaré como un sí. ¡Neville, sostenlo!
–¡Lo estoy… uf… intentando!
–¿Por qué no hablan de eso? –preguntó Ron–. ¿Qué pasó?
De repente, Harry se soltó y tomó el brazo de Hermione–. ¡Hermy! –dijo con una gran sonrisa, e intentó plantar un beso baboso en ella también.
¡SMACK!
Hermione le dio una bofetada tan fuerte a Harry que él dio una vuelta completa y cayó al suelo–. Eso es lo que pasó –dijo ella. Agitó su mano y lanzó un Petrificus Totalus en él antes de que pudiera levantarse–. Remus, ayúdame a llevarlo a la enfermería antes de que se libere. Con nuestra suerte, probablemente puede.
Examinó la escena mientras lo levitaban fuera. La mitad de los Gryffindor estaban usando su desayuno, Luna aún lucía aturdida, y ella, Neville, y Ron tenían saliva sobre ellos. El resto del comedor estaban mirándolos asombrados, con muchos Slytherin mofándose de manera abierta. Y dos pelirrojos estaban conspicuamente ausentes del desastre y miraban con ojos ampliamente abiertos y sonrisas mal escondidas.
–¡Ustedes dos! –explotó Hermione sobre los gemelos Weasley–. ¿Están detrás de esto, no es así?
–¡Hermione, nos lastimas! –exclamó Fred dramáticamente–. ¿Nos acusas sin evidencia?
–¿Qué te hace pensar que estamos detrás de una broma tan espectacular? –preguntó George.
–Sabemos que vino de dentro del castillo. ¿Y quién más enviaría a Harry una caja gigante de menta gatuna?
–Estoy de acuerdo. No intenten negarlo, señores Weasley –dijo McGonagall a través de su pañuelo mientras se acercaba con cautela–. Han ido muy lejos esta vez.
–¿Et-tu, profesora? Ahora, ¿qué le hace pensar que fuimos nosotros? –dijo Fred con tono inocente.
–Solo el hecho de que me hicieron lo mismo en su primer año, y Madame Pomfrey tuvo que sedarme para prevenir que creara tal espectáculo. –Muchos estudiantes soltaron exclamaciones de sorpresa y risas a su alrededor–. ¡Cuarenta puntos menos de Gryffindor y detención limpiando este desastre! –Se giró al resto de la mesa y agregó–. Cualquiera con comida o menta gatuna es excusado de su primera clase para limpiarse. Y si olfateo menta gatuna en mi aula, significará una detención.
Harry se despertó en la enfermería con un terrible dolor de cabeza ¿Qué estaba haciendo ahí? Gruñó, desorientado, y entonces intentó moverse y se despertó de inmediato. Estaba amarrado a la cama.
–¡Diffindo! –lanzó sin su varita, y sus manos y pies se liberaron al instante. Intentó sentarse, y su dolor de cabeza lo golpeó de nuevo. Gimió y cayó de nuevo sobre la cama.
–Madame Pomfrey, está despierto –escuchó llamar a Hermione, demasiado fuerte, y la vio aparecer sobre él.
–Auch. No tan fuerte –dijo él.
Hermione rodó sus ojos–. Harry, los gatos no se ponen crudos.
–¿Qué? Hermione, ¿qué pasó? ¿Por qué estaba atado?
Hermione frunció el ceño, y Madame Pomfrey agitó su varita en su rostro–. ¿Qué es lo último que recuerda, Sr. Potter? –preguntó.
Harry intentó recordar–. Estaba en el desayuno, creo –dijo–. ¿Creo que estaba llegando el correo? –Se intento levantar de nuevo–. ¿Recibí una carta maldita?
–Peor –dijo Hermione–. Fred y George te enviaron una caja de menta gatuna.
–¿Menta gatuna? –exclamó él–. Oh, no. ¿No me quité mi ropa, verdad?
–No, te detuvimos antes de eso. Pero sí intentaste besarme. De nuevo.
Harry llevó su mano a su mejilla donde pudo sentir el ardor donde la mano de Hermione probablemente lo había golpeado, y los recuerdos comenzaron a regresar–. Oh, Dios, lo recuerdo –gruñó.
–Sr. Potter, ¿ha probado la menta gatuna antes? –preguntó Madame Pomfrey.
–Una vez. Tenía siete –dijo él.
–¿Cuáles fueron sus síntomas esa vez? Solo he visto a la profesora McGonagall bajo la influencia una vez sin tener que aturdirla, y no estoy segura de lo que es normal.
–Hice piruetas alrededor de la casa en ropa interior, babeé por todos lados, intenté besar a Hermione, ella me dio una bofetada, y unos minutos después, me desmayé. Desperté dos horas después con un terrible dolor de cabeza.
–Creo que quizás es psicosomático, Madame –señaló Hermione–. Los gatos no se ponen crudos por la menta gatuna.
–La menta gatuna solo afecta a los gatos por unos diez minutos a la vez –respondió él–. Uj, ¿cuánto tiempo estuve inconsciente?
–Un par de horas, Sr. Potter –dijo Madame Pomfrey–. Sus síntomas de hoy parecen consistentes con su descripción, excepto que la… eh… respuesta en besos se incrementó, probablemente por las hormonas adolescentes.
Harry intentó dar sentido a esa declaración, y escondió su rostro en sus manos cuando lo recordó–: Oh, no. ¿Acosé a Luna, verdad?
–Sí –dijo Hermione-. Pero ella está bien. Comprende que estabas drogado.
–¿Dónde está?
–Afuera, de hecho. Las clases del primer periodo fueron canceladas para que todos pudieran limpiarse. ¿Quieres hablar con ella.
–Aj, no.
–Creo que deberías, Harry. No deberías dejar que una broma estúpida se interponga en una relación saludable.
Harry la miró molesto–. Ya, está bien, hazla pasar.
Hermione se puso de pie y dejó que Luna entrara. Su novia se acercó lentamente, mucho más reservada de lo normal. No pudo verla a los ojos–. Hola, Harry –dijo ella con voz suave–. ¿Te sientes mejor?
–Me siento sobrio –dijo él–. No sé si mejor. Luna, en verdad lamento… tú sabes… sé que no estaba en mis cabales, pero me siento mal por haberme lanzado sobre ti de ese modo. Espero… espero que no te haya hecho sentir muy incómoda.
–Erm… –dijo Luna. Él levantó la mirada y vio que ella estaba más sonrojada que nunca–. No fue muy desagradable –dijo ella con timidez–. Excepto por la saliva.
Ahora, Harry se sonrojó–. Erm… pues… me alegra escucharlo, Luna… creo –dijo él.
–Y siempre podemos practicar tus besos después –dijo ella.
–¡Luna! –exclamó Hermione.
–¡Señorita Lovegood! –dijo Madame Pomfrey.
Luna solo se rio de elloa. Era una razón más por la que le gustaba tanto a Harry. En verdad tenía un genial sentido del humor.
–Harry, eres un prefecto –lo regañó Hermione, tomando su comentario literal a propósito–. Tienes que poner un buen ejemplo para los estudiantes más jóvenes.
–Entonces me aseguraré de no ser descubierto –dijo, guiñando a Luna.
–¡Harry!
