Llegamos al castillo, porque es lo que es… un enorme y majestuoso castillo con muchas torres. Bajamos del carruaje con nuestros equipajes y nos dirigimos a la entrada. Allí se encuentra mi tía, esperándonos.
- ¡Bienvenidos otro año más, alumnos de Hogwarts! – nos saluda con una sonrisa. - Dirigiros a vuestras respectivas casas para deshacer el equipaje. La hora de la cena será a la hora habitual. – informa.
Entre un tumulto de chicos y equipajes moviéndose rápidamente para ir a sus respectivos dormitorios oigo que mi tía dice algo.
- Vosotros también marchaos a vuestras habitaciones, la Srta. Queen vendrá conmigo. – dice mientras me hace un gesto con la cabeza para que la siga. Me despido de los cuatro con la mirada y colgándome el neceser en el hombro, cojo la maleta a peso. La sigo escaleras arriba.
No sé exactamente por donde me lleva, el castillo parece un laberinto, pero llegamos a una Torre. Me freno de golpe cuando ella se para. Veo la enorme estatua de un hipogrifo. - ¡Vaya! ¡El despacho del director! – pienso. Antes de que me dé tiempo a reaccionar, mi tía me abraza fuertemente.
- ¡Lo siento, mi niña! ¡Te dije que te mantendría a salvo y no ha sido así! – me dice afligida.
- Eso no es verdad… He estado protegida a en todo momento. – la tranquilizo abrazándola fuertemente. Nos separamos y veo como me sonríe.
- ¡Sígueme! – me ordena con una sonrisa.
Mi tía dice una contraseña y el hipogrifo empieza a girar sobre sí mismo elevando unas escaleras de piedra en forma de caracol. ¡Mierda! ¡Cómo no pesa la maleta, ahora la tengo que subir por unas escaleras estrechas!… Resignada, comienzo a subir tras mi tía y con la maleta a cuestas.
Una vez llegamos arriba mi tía toca la puerta y un ¡Adelante! se oye al otro lado. Entramos y mi tía me indica que deje la maleta a un lado. La sala es circular con muchas ventanas y cuadros de directores anteriores. Hay montones de estanterías con libros rodeando la sala y una vitrina con trofeos donde puedo ver la Espada de Gryffindor allí expuesta. Hay dos escaleras, al fondo, a ambos lados de la estancia que llegan a una especie de mirador. En el centro de la sala, se encuentra el escritorio con Dumbledore sentado justo detrás. Dos sillas para las visitas se encuentran delante del mismo. En una de las estanterías, a la derecha del director, se encuentra el Sombrero Seleccionador y a su izquierda, el Fénix.
- Bienvenida Srta. Queen. – me saluda el director.
- Gracias profesor – le contesto sonriendo y mirando a todos lados.
- Siéntate por favor – me indica señalándome una silla frente a su escritorio. Lo hago, pero no dejo de mirarlo todo, estoy en plan curiosa…
- ¿Estará tras esa vitrina el pensadero? – me pregunto mirando la vitrina de mi derecha.
- ¡Sophi! – llama mi atención mi tía. Rápidamente giro mi cabeza y miro a Dumbledore. Mi tía toma asiento a mi lado.
- Minerva me lo ha explicado todo… Antes de nada, quería darte mi pésame. – me dice afligido.
- Gracias – le contesto.
- ¿Cómo te encuentras? – me pregunta.
- Bien, más tranquila… - le digo.
- Dos ataques en tan poco tiempo… Era imposible prever el atentado en el campeonato – dice pensativo.
- Sí, lo sé – miento.
- Aquí estarás a salvo. El castillo está protegido y no pueden traspasar sus muros – me explica. Asiento.
- Bueno…, como eres diferente al resto de los alumnos, hemos adaptado las cosas a tus necesidades. – me empieza a explicar – Para empezar, y a pesar de no pertenecer a ninguna de las casas, ingresarás en Gryffindor, por dos razones: Minerva es la directora de esa casa y tus amigos también pertenecen a ella. Hemos pensado que te sentirás más cómoda allí. – Sonrío contenta.
- Dormirás en el dormitorio con la Srta. Granger y la Srta. Weasley. Ya he dejado tu uniforme en el baúl. – me dice mi tía sonriendo.
- Con respecto a las clases… – prosigue del director - seguirás dando las asignaturas que imparten los "no magos". El profesor Stefan Colling se encargará de impartirlas. Él es un mago casado con una muggle. Ha practicado la enseñanza muggle en un centro de Londres hasta la fecha. Por desgracia, su esposa murió el año pasado. Cuando Minerva me habló de ti le ofrecí el puesto, el cual, acepto de inmediato. – Yo sigo asintiendo y el director prosigue. – Me ha informado sobre lo que necesitas como material escolar… - lee de una lista que tiene en la mano. - Unos cuadernos de espiral con separadores, bolígrafos de tinta negra y algunas cajas de recambios para los mismos.
- Te he dejado el material en el aula – me comenta mi tía. Le sonrío.
- Me comenta que deberías tener un... ¿portátil? – me mira Dumbledore por encima de las gafas.
- Si, lo tengo – le confirmo.
- De acuerdo… - continua – Hemos añadido una toma de corriente junto a tu cama y varias en el aula destinada a tus clases para que podáis conectar los aparatos electrónicos. Hemos puesto una red Wifi en la Torre Sur, que es donde se ubica el aula, para que puedas acceder a lo que necesites. –
Yo sonrío contenta. Eso significa que el móvil también tendrá cobertura. – ¡Genial! – pienso muy animada.
- Otro tema que quería tratar – prosigue el director – Minerva me ha contado algo que nos ha dejado perplejos. Cuando le contaste lo que les pasó a tus padres, le hablaste de dos hechizos, los cuales son muy peligrosos, y los dijiste sin equivocación alguna. Eso nos ha hecho decidir que además de las clases muggles asistirás a las clases de: Defensa contra las Artes Oscuras, impartidas este año por el profesor Alastor Moody, y que serán teóricas para ti; y de Pociones, impartidas por el profesor Severus Snape. A pesar de no ser bruja y de las insistentes negativas del profesor, Minerva y yo creemos que, esta clase te será de utilidad. – Yo asiento algo sorprendida.
- Este es tu horario de clases. Veras que te he puesto con los Gryffindor es ambas clases. Tus amigos te servirán de ayuda. – me comenta mi tía con una sonrisa.
- Vale – no puedo decir nada más, lo de las clases mágicas me ha sorprendido.
- Para las clases de magia usaras los libros indicados y unos cuadernos como los de tus compañeros. El uso de la pluma será de tu elección - me dice - Si no quieres, puedes usar tus "bolígrafos". –
- Los libros y los cuadernos también los he dejado en el aula – me indica mi tía.
– ¿Alguna pregunta? – me dice el director.
- ¿Tendré un caldero? – pregunto levantando una ceja.
- Por supuesto, como el resto de tus compañeros – me dice alterada mi tía, como ofendida por la pregunta.
- Ah…, ¡Vale!... pues no, de momento no tengo más preguntas – le contesto.
- Bien…, no tengo que decirte que tienes totalmente prohibido entrar en el bosque Prohibido. Si es peligroso para tus compañeros, piensa lo peligroso que puede ser para ti. – me advierte. Yo asiento enérgicamente. – Al resto de lugares podrás ir como el resto de alumnos. – Asiento.
– Bueno, ya puedes ir con tus amigos y recuerda, cualquier problema que tengas no dudes en acudir a Minerva o a mí. – me dice cariñosamente.
- Sí, no se preocupe – lo tranquilizo. Me levanto para irme.
- Otra pregunta… - me giro hacia el director - ¿Puedo acariciar a Fawkes? – Dumbledore me mira asombrado.
- ¿Sabes cómo se llama el Fénix? – me pregunta tocándose la barba.
- Ehhhhhh… ¿Si? – respondo dudosa.
- Sí, puedes tocarlo… si te deja – me advierte. Me acerco lentamente al pájaro.
- ¡Hola Fawkes! – le saludo. Poco a poco voy aproximando mi mano y le empiezo a tocar el pecho con los nudillos de los dedos. El pájaro levanta la cabeza…, parece que le gusta. Yo sonrío. Este animal es algo que no se ve todos los días.
Miro a Dumbledore agradecida y me encamino hacia la salida.
Recojo el neceser y la maleta antes de salir y bajo las escaleras del despacho. Me quedo parada cuando llego abajo, no se ha dónde ir. De pronto, siento unas manos en mis hombros y al girarme veo que es mi tía.
- Tranquila, mi niña – me dice – ¡Vamos! te llevare a tu habitación.
Me guía por los pasillos de piedra hasta llegar a unas escaleras que se mueven como locas… al fin llegamos a la entrada de la casa Gryffindor. Aquí está, el cuadro de la señora gorda, como sé que la llaman aquí. Mi tía dice la contraseña y me hace memorizarla. La señora nos deja pasar y le doy las gracias.
Entramos en la sala común decorada con los colores de Gryffindor. Está lleno de alumnos. Hay sofás alrededor de la chimenea y en todo el recinto. También tres escaleras, dos en ambas esquinas que parecen llegar a unos torreones donde se encuentran los dormitorios y otra central en la pared que no sé a dónde va... - Igual llevan a un corredor, o algo así. – pienso.
- Esas escaleras llevan a los dormitorios de las chicas – me indica señalando el camino.
- Yo la acompaño – aparece Hermione de repente entre el gentío. Mi tía asiente y yo la acompaño.
- Gracias – le susurro a mi tía. Ella sonríe.
Me ayuda a cargar la maleta por las escaleras. - ¡Hoy he hecho brazos! – pienso.
Llegamos al dormitorio, el cual es pentagonal con cinco camas y una mesa central con una bandeja plateada que sostiene una jarra de agua y cinco vasos. Bajo la mesa parece que hay una estufa de leña. Cada cama tiene unas cortinas para dar intimidad al inquilino. Dos mesitas de noche a ambos lados y un baúl a los pies de la cama.
- Esta es tu cama – me indica Hermione. – Cuando termines de colocar tus cosas en el baúl ponte el uniforme para la cena. Voy a salir con los chicos mientras te instalas. – Yo asiento y ella sale de la habitación dejándome sola.
Abro el baúl y veo que dentro, como me indicó mi tía, está el uniforme. Una capa negra con el logo de Gryffindor, varias camisas blancas, dos faldas grises plisadas, una corbata con los colores, dos jerséis grises con los colores en el cuello de pico y en la cintura, una bufanda de la casa, calcetines largos grises y unos zapatos negros. Saco de la maleta mi ropa y la coloco también en el baúl. Pongo la maleta bajo la cama para que no estorbe. El neceser lo meto tal cual, bajo la cama, así lo tendré todo a mano cuando lo necesite. De la mochila saco la botella de cristal y la sitúo en la mesita de noche antes de meterla también en el baúl. El portátil, la Tablet y el móvil, junto a sus cargadores, los pongo en los cajones de una de las mesitas de noche, cerca de la toma de corriente, para tenerlos a mano.
Me lleva un tiempo terminar de colocarlo todo. Cuando me dispongo a prepararme para vestirme, Hermione, Ginny y las otras dos integrantes del dormitorio, regresan para cambiarse. Mientras lo hacemos, me comentan emocionadas que han visto llegar volando un carruaje dorado tirado por siete pegasos blancos y un barco saliendo de las profundidades del Lago Negro. Se preguntan quienes serán… - ¡Yo lo sé! – pienso sonriendo.
- ¡Mierda! – exclamo y todas me miran asustadas. - ¡A mi falda le faltan dos dedos de tela! – grito mientras me tiro del largo de la falda. Creo que mi tía a calculado mal la talla y me queda corta. - ¡Genial!... con lo que me gustan a mí las faldas – digo poniendo los ojos en blanco.
- La falda está bien, no le falta tela. ¡Mira la mía! – me dice Ginny dándose una vueltecita a sí misma. – Son iguales. -
- ¡No, no lo son! ¡La mía es más corta!... No me gustan las faldas ni los vestidos. Prefiero los pantalones – les confieso. – En cuanto vea a mi tía le pregunto si puedo llevar tejanos en vez de falda. – les digo tirándome de los calcetines a ver si suben y tapan más mis rodillas.
- Te queda bien. No te preocupes… - dice Hermione dándome ánimos. – ¡Y no te tires más de los calcetines que terminaras rompiéndolos! – me chilla. - ¡No te van a subir más! ¡Solo llegan hasta debajo de las rodillas! -
- No me gusta… me hace sentir… "expuesta". ¡Se levanta con facilidad! – digo mientras me sigo tirando de la falda para abajo.
- ¡Pensaba que a las chicas muggle os gustaban las minifaldas! – exclama una de las que no conozco.
- No a todas. A mí me incomodan... No se sentarme con ellas. Te obliga a sentarte con las piernas cruzadas cuando las usas… yo me siento como un camionero, ¡por Dios! ¡Esto es invento de los hombres para someternos, igual que los tacones! –
- ¿Cómo se sienta un camionero? - pregunta la otra extraña.
- Así – les muestro sentándome con las piernas abierta.
- ¡Vale! – me dice Hermione caminando hacia mí. – Ni se te ocurra sentarte así – dice sentándose a mi lado.
- Tienes que acostumbrarte a sentarte con las piernas juntas. ¡Así! – me muestra.
- Claro… Esto es fácil… - le digo irónica. - Solo que me muevo mucho y termino enseñando las bragas – le suelto. Ella pone los ojos en blanco.
- ¡Ni hablar! – grito poniéndome de pie y corriendo hacia el baúl. – Me pongo los tejanos y la capa cerrada por encima, nadie lo notará – les digo cambiando la falda por los pantalones y colocándome la capa. - ¡Tachan! – exclamo con las manos alzadas.
- No es buena solución, tienes que llevar el uniforme completo – me sonríe Hermione. – Además, se te ven los bajos de los tejanos por debajo de la capa… - me desalienta mirando mis pies.
- No me van a prestar mucha atención…- digo mirando hacia abajo y esperanzada.
- ¡Ya veremos!... – dice Hermione mirándome con los ojos entrecerrados - ¡Venga, vamos! – se levanta como una flecha. – Los chicos nos esperan en la sala común para bajar al comedor.
Asentimos y salimos del dormitorio en fila para llegar a la sala donde Ron y Harry nos esperan.
- ¡Mira que sois tardonas! – protesta Ron.
- ¡Calla Ron! – le contesta Hermione pasando por su lado hacia la puerta de salida. Yo la sigo sonriendo.
