Habían pasado tres días, tres mágicos días donde Caperucita se encontraba en un cuento de hadas donde cada noche soñaba con aquel primer beso.

Aquella risueña Caperucita no había pasado desapercibida por su madre que por algún motivo pensaba que quizás había aceptado ya aquel compromiso y entendido que era lo mejor para ella, aquella teoría la respaldaba por el tiempo que hacía que Caperucita no iba al bosque, que ella supiera.

Quizás Caperucita ni lo sabía pero su madre la estaba vigilando muy de cerca, quitando las veces que iba a por suministros a las otras aldeas y por las noches, ya que tenía miedo de que hiciera cualquier tonteria, no le importaba cuanto tiempo estuviera enfadada con ella si podía darle una vida mejor sin fantasías y peligros, sabía que tarde o temprano lo entendería e incluso se lo agradecería sin embargo no todo iba tal y como quería.

Para Aquella madre el extranjero de la mirada dorada era una amenaza para sus planes, aquella tarde cuando El Cazador anunciaba lo cerca que estaba el peligro de sus vidas, le vio hablar con Rin y darle aquel pañuelo que tan celosamente guardaba su hija.

Si aquello era sospechoso casi sufre un ataque de ansiedad cuando se enteró que aquel hombre se había presentado ayer en la tienda solo para hablar con Rin, o eso decían las habladurías que se negaba a creer por ser lo que eran.

No estaba tranquila por muchos motivos y que aquel hombre se acercara a su hija solo le daba más motivos para preocuparse, no quería que la historia se repitiera sin saber que ya era demasiado tarde para borrar a aquel extranjero de las páginas de Caperucita.

Lo que no sabía aquella preocupada madre es que en esta ocasión esas habladurías eran más ciertas que nunca en aquella aldea.

Lobo se presentó en la tienda, para Caperucita fue una gran sorpresa y una gran casualidad ya aquel día se tenía que encargar ella porque su madre no estaba, sin embargo para Lobo no fue ninguna sorpresa y mucho menos una coincidencia que había visto a la madre de Rin marchar en la mañana temprano y supuso, como en aquel primer encuentro, que su pajarillo estaría en la tienda.

La puerta del establecimiento era en su mayoría con cristaleras que dejaban ver parte de lo de dentro por fuera y viceversa.

Por lo que aquello no le podía venir mejor a Lobo, cuando entró aquel día se retiró su sombrero para hacer una leve reverencia a Rin a la cuál le faltaba el aire por su atrevimiento de verse en la tienda donde cualquiera podría entrar en cualquier momento aunque ¿Aquello era realmente un problema?

Sesshomaru al ver que no había nadie le contó su plan sin perder de vista a la gente que pasaba cerca. Lobo iba a cumplir su palabra e iba a mostrarle todo aquello que ella quisiera pero para ello tenían que viajar a la aldea más lejana que casi se podría considerarse un pueblo por el número de habitantes y por ser la más grande de las cuatro.

Por motivos que Caperucita desconocía, Lobo sabía que en la biblioteca de aquella aldea estaban la información suficiente para responder a sus preguntas, sin embargo para ese viaje Lobo opinaba que primero tendrían que hacer las presentaciones públicas para que nadie se extrañase si los veían juntos de ahora en adelante.

A Caperucita le brillan los ojos y su corazón latía enérgico de la emoción, viajarían juntos y compartiría con ella una parte de su conocimiento, una parte sobre cosas que nunca imaginó que existían.

El único problema de aquel plan era que Rin tendría que decirle a su madre que un día no muy lejano marcharía con él a conocer esa parte del mundo del que ella le quiere alejar.

Para finalizar aquel encuentro, Lobo quería hacer bien las presentaciones así que pidió una de las manos de Caperucita, que sin tardanza le ofreció, manteniendo su postura al otro lado del mostrador y con uno de sus delicados gestos la recibió entre sus dedos y se inclinó lo suficiente para besar la palma de su mano.

—Encantado de conocerte señorita, mi nombre es Sesshomaru y espero verla pronto—

Y con aquellas graves y profundas palabras se despedía tras añadir un beso más a la historia de aquella sonrojada Caperucita que entre suspiros le veía marchar.

Aquel recuerdo era uno más por el que suspirar sin embargo tuvo que volver a la realidad cuando el alcalde anunció que iba a tomar el consejo de El Cazador y habría un toque de queda, ningún hombre ni mujer podría salir de la aldea a partir de las 23:00 por su propia seguridad.

Caperucita creía que aquello quizás sería un problema para el viaje con Lobo pero si este no le había dicho nada entre ayer y hoy era porque estaba todo controlado. El toque de que queda también fue una llamada de atención a la madre de Caperucita, iría a ver a su madre para ver si todo iba bien e intentar convencerla una vez más de volver al pueblo con ella ahora que iban a tener más seguridad.

Aquella nueva normativa se aplicaría al inicio de la semana, dentro de dos días, así la madre de Rin iría mañana al bosque y Caperucita no tendría que quedarse con la tienda al ser domingo.

Por alguna razón aquella situación era perfecta, sin su madre cerca podría verse con Lobo para hablar de cuando partirían , apenas había pasado un día desde aquella presentación formal y ya estaba ansiosa por irse y sobre todo por volver a verle.


La madre de Rin partió después de comer sabía que le esperaba una larga conversación, antes de irse le dejo claro a Rin que volvería antes del atardecer y que no hablara con extraños.

Estas palabras le hacían gracia a Caperucita ya que no había ningún extraño en la aldea para ella así que simplemente se despedía de su madre y le deseaba un buen viaje.

Apenas espero 20 minutos que salió disparada hacía el hostal no sabía donde podría estar pero aquello era un buen inició, sin embargo no tuvo que buscar porque le acabo encontrando pero quien menos esperaba.

Desde la lejanía podía ver a Lobo hablando con El Cazador, no quería meterse en donde no la llamaban pero era incapaz de imaginar un escenario así.

Antes de que pudiese hacer como si no hubiese visto nada una voz la detuvo invitandola a unirse a ellos, era El Cazador.

—¡Rin! Ven no seas tímida — la llamaba confiado con una amplia sonrisa ante la atenta mirada de Lobo.

—Mire Señor Sesshomaru, esta jovencita de aqui a nada formará parte de mi familia, ¿Quién no quisiera volver a tener los 18 y volver a casarse eh?—

— Bueno un año es muy largo, pueden pasar muchas cosas — Se limitaba a contestar cortante sin mirar a El Cazador que hacía un gran esfuerzo por permanecer simpático tras aquellas palabras.

—Si quien pudiera y si me disculpa por mi parte no voy a robarle más de su tiempo, estaremos en contacto cazador—

Se despedía así Sesshomaru estrechando las con aquel robusto hombre, para al fin hacer una leve reverencia como de costumbre ante Caperucita.

El Cazador quería tener la última palabra con Rin sobre esa respuesta tan cortante, sin embargo antes de poder reaccionar esta ya se había marchado rapidamente dejando claro que no quería estar cerca de él.

Por su parte Caperucita esta tan centrada en irse lo más lejos posible de El Cazador, odiaba como la había presentado ante Sesshomaru, como si de un objeto se tratara.

Se había metido entre edificios para no encontrarse con nadie con quien pagar su enfado y aunque había encontrado a Lobo ni siquiera había ido detras de él para hablar como tenía planeado sin embargo alguien no se había olvidado de ella.

Entre las sombras de los edificios de su alrededor una esbelta figura la esperaba y se hizo notar cuando Caperucita paso por al lado.

—¿Qué cosas pueden ocurrir en un año?— preguntaba sarcástico alguien que Rin conocía muy bien.

— Pues puede ocurrir que me canse de todos y me vaya sola de aquí— Respondía cruzandose de brazos intentando parecer molesta, sin embargo Lobo le derrumbaba todas sus defensas con solo una mirada.

—¿Sola? ¿Esta usted segura de eso?— Seguía con más preguntas que casi rozaban la comedía mientras se acercaba por detrás a su pajarillo, al que se le notaba que estaba haciendo un berrinche.

—Me da que si , a no ser que por ejemplo, un alto , misterioso , algo atractivo y de especie indefinida quiera acompañarme o quizás guiarme— No sabía de donde había sacado el valor de decir aquellas palabras, Caperucita nunca había actuado así con nadie y ahora no solo tenía que aparentar estar enfadada sino también que no se moría de vergüenza por su atrevimiento.

Pero aquella valentía tuvo una buena buena recompensa, que no fue otra cosa que la dulce risa de Lobo, que sin dudar se acerco lo suficiente a Caperucita para susurrarle al oído de la forma más seductora posible.

— Y ese ¿Podría ser yo?—

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Caperucita acompañado de un suspiro y un notable sonrojo haciendole entrar en calor de golpe si es que en algún momento había llegado a sentir frío.

—C-claro solo dime donde y cuando —Odiaba como había alterado Lobo los sentidos de Caperucita haciendole tartamudear cuando hace un segundo era la mujer más segura del mundo.

—Dentro de tres días cuando los primeros rayos de sol salgan para anunciar la mañana te estare esperando en la entrada de la aldea, y conoceras más alla de lo que tus ojos pueden ver —Sus palabras iban sonando cada vez más lejanas como si fuesen un susurro del viento, hasta el punto que cuando Caperucita se giró para verle, Lobo ya no estaba allí.

Lejos de allí una madre y una hija discutían una vez más sobre lo mismo de siempre en lo profundo del bosque, pero esta vez sacarón un tema prohibido que una de ellas no estaba dispuesta a aceptar.

—¡Mamá por favor entra en razón! No le debes nada a los muertos regresa, si no lo haces por mi hazlo por tu nieta—

—¡Es tu padre del que hablas! Y ¿Tú me hablas de Rin? ¡¿De mi Rin?! Cuando eres tú la que no le deja verla , ¿¡sabes cuantos años hace que no la veo?! Tienes miedo verdad... Tienes miedo que la vea y sepa lo que es...—

—¡No! Dejalo ya , eso no puede ser mi padre, nunca lo aceptare tu y yo somos normales , eso que amaste era un mounstruo ... Y si no dejo venir a Rin es.para que no le llenes la cabeza de historias inventadas sin futuro , no tengo miedo de nada porque ella no es nada que tu mente enferma pueda creer, necesitas ayuda mamá ...por eso tienes que venir conmigo—

—Kikyo dejame ver a la niña ... Ocultarlo solo lo hará peor y sabes que es posible ... Que puede ser un ...—