Capítulo 7: Anima losing

Siento mi cuerpo demasiado pesado, es extraño, pero en compañía de la rara pesadez que experimento una voz me pide que no abra los ojos. No comprendo porque lo hace, pero logro identificar una desesperación incipiente que parece salir de su garganta, en agonía, como si sufriera intensamente.

¿Acaso necesita mi ayuda?

¿Puedes responderme?

Le preguntó continuamente, pero en respuesta solamente logró escuchar el eco de mi propia voz.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que estoy aquí parada en medio de esta oscuridad?

No estoy segura ¿uno, dos o cinco minutos tal vez?

El frío ha comenzado a invadirme ¿Por qué siento como si me congelara?

La oscuridad me comienza a parecer totalmente abrumadora y sofocante, tomó aire fuertemente para llenar mis pulmones.

¿Qué es ese sonido?

Muevo mi cabeza en toda dirección, la voz que me buscaba a desaparecido dejando en su lugar el sonido de un goteo. ¿Hay agua cerca? Intento mover mis piernas para buscar la fuente del sonido, pero no me responden, la pesadez continúa apoderándose de mi cuerpo.

¿Por qué siento mis manos húmedas?

Llevo mis manos hacía el frente de mi cuerpo, a la par de mi pecho, la oscuridad no me permite observarlas con claridad, pero algo brilla en ellas.

Si, están húmedas.

¿Acaso ha sido lluvia?

Cierro fuertemente mis parpados, una fuerte luz ha hecho presencia en el lugar. Hace que mis ojos duelan mucho, siento como si un fuerte, pero momentáneo dolor cruzara mi cabeza.

Como ha llegado ha desaparecido.

Dejo de apretar mis parpados, los cuales aún sirven de barrera para proteger mis ojos, la luz ya no me lástima tanto. Comienzo a parpadear repetidas veces para acostumbrarme, miro un poco hacia arriba y a los lados buscando algo familiar.

Pero sigo en la nada.

Rápidamente llevo nuevamente mi mirada a mis manos.

Rojo.

Rojo carmesí.

¿Por qué hay sangre en mis manos?

Siento mis labios temblar y mis ojos llenarse de lágrimas sin ningún tipo de explicación aparente.

Puedo ver como se sigue derramando lentamente de mis manos el líquido viscoso.

¿Qué está pasando?

¿Por qué me siento como una muñeca?

Siento como mi corazón comienza a latir agitadamente dentro de mi pecho, dirijo mi mano y mis ojos al lugar donde debería encontrase.

Rojo.

Rojo carmesí.

Mi cuerpo comienza a temblar ante el descubrimiento. No sólo mis manos están manchadas de sangre. Todo mi cuerpo ha sido salpicado por ella.

¿Por qué?

Intentó que mi cerebro se ponga en funcionamiento, pero no logro recordar mucho.

Siento como si estuviera olvidando algo muy importante.

Todo esto es muy irreal.

¿Acaso estoy soñando?

Siento como inevitablemente las lágrimas comienzan a correr por mis mejillas, con el dorso de mi mano intento retirarlas, pero el llanto se hace más intenso.

Las emociones me están rebosando.

Siento como si tuviera un fuerte nudo en mi garganta, me impide gritar, me duele.

¿Por qué quiero gritar?

¿Por qué siento dolor en mi garganta y en mi pecho?

Es como si me estuviera desgarrando lentamente desde adentro.

Me abrazo en el vago intento de reconfortarme, si tan sólo supiera que es eso que está agobiando tan fuertemente a mi corazón.

¿Por qué lo he olvidado?

¿Tengo miedo de recordar tal vez?

Mi cabeza no lo recordará en este momento, pero mi corazón llora con amargura, lo recuerda vívidamente. Puedo sentir la desesperación invadiendo mi cuerpo, no comprendo que es lo que me esta pasando.

Mentirosa.

Escuché nuevamente aquella voz que en un principio me pedía que no abriera los ojos.

¿Estaba buscando advertirme de esto?

Nuevamente me llama mentirosa, no entiendo porqué lo hace.

¿Qué quieres?

Logro preguntarle en medio de la angustia que recorre mi cuerpo, cuando me llama mentirosa una tercera vez comprendo, que esa voz no es más que mi propia voz y sin poder evitarlo las imágenes comienzan a correr por mi cabeza como una película.

El llanto se hace más intenso y cierro mis ojos fuertemente.

No quiero despertar.

No quiero ir nuevamente a la realidad.

No quiero sentir este peso sobre mi alma.

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"Asuna" – El espadachín negro pronunció nuevamente su nombre mientras apretaba su cuerpo fuertemente contra el suyo, su espada había quedado relegada a un lado, su traje negro había adquirido una tonalidad vinotinto por la sangre de la pequeña que ahora bañaba a Asuna, poco le importó este hecho. Levantó la vista buscando a Tiese, cuando encontró los ojos escarlatas de la chica el nudo en su pecho se hizo más fuerte, las lágrimas caían libremente por ellos, la mujer de cabellos rojos comprendió lo que el hombre pedía con su mirada y con rapidez se acercó e intercambió lugares con él.

Asuna le necesitaba, pero debía primero cumplir su deber como el dirigente de todas esas personas, la mujer de ojos como el ámbar no estaría tranquila sino ponía un poco de orden y lograba darles tranquilidad a los habitantes.

"Fanatio" – Con voz ronca llamo a su primer caballero.

La mujer de cabellos morados se acercó rápidamente y se ubicó en frente del hombre en una pose militar.

"Has que los guardias imperiales se encarguen de este desastre" – Paso su mano por sus cabellos negros – "Militarizaremos las cuatro Centorias, a los guardias imperiales de cada zona le acompañarán dos o tres caballeros de la integridad. Por favor encárgate de eso" – Volteó su vista en dirección a Asuna – "No sabemos que querían con exactitud esos sujetos, pero claramente tiene que ver con ella. Van a volver" – Apretó fuertemente sus manos ante la impotencia.

"Entendido" – Sus ojos amarillos miraron fijamente a su líder – "Kirito" – Le habló suavemente, como si le hablará al joven muchacho escondido dentro suyo y no al primer espadachín del imperio humano – "Los caballeros de la integridad fuimos entrenados para lidiar con todo tipo de situaciones, al menos, sólo por esta noche confía en que nosotros podremos controlar la situación. Mañana miraremos un poco todo en perspectiva para poder idear una estrategia de ataque, por ahora por favor cuida de Asuna-sama" – Dijo pausadamente, mirándole de una forma maternal, expresando ese deseo interno que siempre había tenido, ese deseo de no haber acatado sus órdenes y haber corrido hasta el lugar donde había luchado fieramente Bercouili-sama, hubiera dado cada parte de su ser por haber estado a su lado en esos momentos.

Como si comprendiera las palabras silenciosas detrás de las mencionadas por Fanatio, el hombre de orbes acerados asintió y pese a la impotencia que estaba sintiendo en ese instante, apreció el hecho de no estar solo, comprendiendo que cada persona que había conocido dentro de Underworld, esas personas que ahora hacían parte de lo que era su realidad iban a estar ahí para acompañarlo y apoyarlo.

"Ayuha-sama iba a estar en el festival con su hermana Sones, la buscaremos y la enviaremos a la Catedral para que revise a Asuna-sama, aguanta un poco" – Le pidió la madre de Berchie, a lo cual él solamente asintió dándole a entender que lo dejaba en sus manos.

Hizo un leve saludo con su cabeza, y movió su cuerpo nuevamente para acercarse a Asuna.

"Parece estar soñando" – Mencionó Tiese a su sempai – "Su cuerpo está temblando" – Los ojos de la mujer mostraron preocupación, Kazuto se acercó y tocó la mejilla de la diosa de la creación.

"Gracias Tiese" – Y con delicadeza tomó entre sus brazos el cuerpo de la mujer de largos cabellos, los elementos aéreos comenzaron a aparecer a su alrededor iluminando de un color verde la llegada de Lunaria para seguidamente emprender camino hacia la Catedral.

Los ojos rojos como rubíes siguieron el cuerpo del hombre de trajes negros hasta que lo perdió de vista en la inmensidad del cielo.

"Tiese, Renri" – La voz de Fanatio rompió el silencio – "Busquen a Ayuha-sama y informenle la situación, acompañenla a la Catedral, es su prioridad. Cuando lleguen allí busquen a Linel y Fizel, por favor verifiquen que Berchie se encuentre bien. Nosotros terminaremos aquí y luego los alcanzaremos para proceder como ha pedido el primer espadachín" – Los dos jóvenes asintieron, la mujer miro a los demás – "Vamos, tenemos mucho por hacer" – Los caballeros de la integridad presentes asintieron y la siguieron.

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"Cuanto drama por cuerpo" – Siseó el hombre sentado sobre una de las enormes columnas de aquellas ruinas.

"Bien que lo has disfrutado" – La persona que le acompañaba lo miro esperando su confirmación – "Lo más importante de todo ha sido que lo hemos comprobado" – Miró el oscuro cielo dejando escapar una lúgubre sonrisa de sus labios.

"El poder de Stacia está dormido en su cuerpo" – Afirmó el otro, mirando las heridas que había ocasionado el poder emanado del cuerpo de la mujer. En definitiva, pese a haber estado fuera de sí, la rencarnación de la diosa de la creación había querido lastimarlos con aquel poder sagrado.

"Hemos adelantado un poco las cosas. Pero la realidad es que tarde o temprano, el ser que crece en su interior terminaría por desencadenarlo" – Bajo su vista nuevamente – "Parece ser que el destino nos está sonriendo" – Estiro su mano y sobre esta hizo aparecer una piedra similar a un rubí, el brillo no se encontraba en ella – "Pronto brillará, el verdadero dios de la oscuridad pisará de nuevo este mundo y el Ragnarok se cumplirá" – Una risa maniática escapó de su boca.

"Ya puede regresar" – Dijo aquel que permanecía sentado refiriéndose al sujeto que se encontraba controlando el cuerpo de la chica de ojos azules.

"No" – Respondió con rapidez – "Debemos desatar completamente el poder de Stacia, la criatura hará lo suyo, pero muy lentamente. Por lo cual la chica será fundamental para sacarlo, ya te lo había dicho, es una pieza en el tablero, estamos acorralando a la reina y ni siquiera su rey podrá hacer algo al respecto" – Las palabras salieron pausadamente de su garganta.

"La piedra consumirá el alma de la chica" – Le recordó el otro.

"Bueno, su huésped estará satisfecho con el alimento ofrecido" – Vio como su compañero se puso de pie – "El pánico en Centoria estará en las nubes, seguramente debamos esperar compañía del territorio oscuro, debemos prepararnos" – Con la misma velocidad que habían salido de Centoria sur siguieron su camino.

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Basta por favor.

No quiero verlo más.

No hice nada para salvarla.

Debí haber sido más rápida, anteponer mi cuerpo, haberla puesto detrás de mí, lanzarme por ella contra ese encapuchado.

Las imagenes no abandonan mi cabeza, su rostro mirándome esperanzado cuando había estirado mis brazos para recibirla. Todo pasó tan deprisa que la fe no alcanzó a abandonar sus ojos.

La sangre.

La espesa sangre cayendo sobre mi cuerpo, bañándome de culpa y desesperación.

No puedo seguir viendo esto. Mi corazón no va a soportarlo, pero mi cabeza insiste en repetirlo.

No puedo seguir escuchando sus sollozos, hacen que mi cordura se tambalee.

Si tan sólo pudiera ser una muñeca, sin vida, que no sintiera todo este dolor, me está aplaztando el pecho.

No quiero saber nada.

Kirito-kun sácame de aquí, no quiero estar sola, tengo miedo.

Kirito-kun por favor ven rápido.

Las lágrimas me están ahogando, por favor alguien ayúdeme.

Yuuki te necesito.

La oscuridad se está volviendo más densa.

Por favor.

Ya no puedo más.

Algo acaba de quebrarse dentro mío.

Kazuto sálvame.

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Habían arribado en poco tiempo a la gran torre de marfil, todo era un caos dentro de la misma, se había encontrado con Entokia y Nergius apenas había puesto un pie en el lugar, la cara de horror de los hombres no se había hecho esperar al ver el estado de la viceprimer espadachín.

"¿Qué ha sucedido?" – El hombre de cabellos como el color del cielo lo miraba buscando algún tipo de respuesta.

"Fanatio les dirá todo, por esta noche ella lo manejará" – Las palabras salieron de su boca por inercia.

"Asuna-sama debe ser revisada por Ayuha-sama, la buscaré" – Dijo atropelladamente y lleno de preocupación el caballero de la integridad de cabello verde oscuro. Sino sintiera que su mundo se estuviera desvaneciendo le habría hecho gracia ver el estado de Nergius, quien siempre parecía mantener la calma como si nada pudiera alterarle.

"Fanatio ya se está encargando de ello, deben ayudarla" – Respondió de la misma forma que la primera vez y continuó su camino entrando por la enorme puerta del lugar.

Rápidamente logró llegar al piso 30, caminaba con cuidado dirigiéndose hacia la habitación que compartían, sentía como el cuerpo de la mujer que tenía en brazos temblaba, pudo divisar las lágrimas abandonando sus cerrados ojos. La impotencia no demoró en hacerse presente, en suaves susurros la llamo incontables veces, esperando que su voz pudiera alcanzarla.

Entendía la desesperación que podría estar sintiendo, los pensamientos absurdos que podrían, tal vez, estar pasando por su cabeza. Él mismo se había sentido miserable al ver morir a Eugeo en sus brazos, se había sentido tan poca cosa, tan vacío, tan inservible, tan incapaz de proteger a aquellos que debía, pero necesitaba que alguna parte de su corazón le escuchará, no podía permitir que se encerrará en ella misma el mismo tiempo que él lo había hecho, no podría vivir viéndola en ese estado, no quería dejarla caer en un abismo de desesperación. Quizás si ella hubiera estado con él desde un principio, cuando abrió sus ojos en Underworld hace cinco años solo y desorientado, las cosas hubieras sido diferentes.

Abrió la puerta de la habitación, entró y con su pie la cerró nuevamente. Se dirigió a la habitación encendió una pequeña lámpara que se encontraba en la mesa de noche con su encarnación para iluminar un poco el lugar. Con delicadeza la depositó sobre la cama, dejándola un momento se dirigió al armario y tomó una pequeña toalla, haciendo uso de los elementos acuáticos la humedeció y comenzó a pasarla por su rostro, buscando retirar un poco la sangre.

"Asuna por favor déjame ver nuevamente tus hermosos ojos" – Susurró – "Vamos, muéstrame el mañana claro que nos espera, ese que solamente tus pupilas pueden reflejar" – Su voz se quebró un poco.

El paño detuvo su labor.

"Dime que solamente lloro cuando me dejas solo" – Las lágrimas nublaron su visión – "Para yo poder darte la razón a esa afirmación una vez más" – La primera lágrima cayó, posándose sobre la pálida piel de la mujer de largos cabellos, uniéndose en una suave danza con sus propias lágrimas.

"Asuna" – La llamo nuevamente, mal alto, desesperado – "No vayas a ese lugar, del que me ayudaste a salir. No puedo seguirte hasta allí, por favor Asuna" – Sentía como le costaba seguir hablando, las palabras pesaban.

Acerco su rostro al de su amada, depositó un beso sobre su frente y luego dirigió sus labios hacia los de ella dejando a su paso un suave rose.

"Asuna" – Volvió a llamarla nuevamente cuando recuperó su postura.

"Kirito-kun" – Escucho el sollozo salir de su boca, con una de sus manos tomó la de la mujer, la otra seguía sobre su mejilla sosteniendo aquel paño que ahora se encontraba manchado de rojo.

"Aquí estoy Asuna" – Intentaba hacerle sentir que estaba ahí para ella, sin falta, incondicionalmente. Rogándole al cielo que sus palabras pudieran llegarle como en su momento las suyas habían llegado hasta él.

"Kirito-kun" – Volvió a llamarle en medio de sollozos – "Yuuki" – Escuchó como llamaba a su amiga.

"Siempre vamos a acompañarte Asuna, Yuuki y yo siempre estaremos en tu corazón, abre los ojos" – Intentó nuevamente.

"Kazuto sálvame" – Lo llamo por su nombre, ese que solamente utilizaba en ese mundo que ahora encontraba tan distante y difuso.

"Por favor Asuna, te daré mi corazón" - Ese que ya tenía desde hace tanto en sus manos – "Mi vida" – La que le había entregado ya en múltiples ocasiones – "Y lo que necesites" – No importaba que, él haría lo que fuera, lo imposible por el bienestar de su mujer -"Pero tienes que despertar Asuna" – Terminó de repetir esas palabras, que habían llegado a su cabeza en aquel momento con tanta desesperación, en un vago intento por hacerlo despertar.

Un grito ahogado, seguido de un incesante llanto se escuchó en la habitación. Los ojos color miel de Asuna se abrieron y lo miraron con miedo, con tristeza, estaban apagados. Sintió como ponía las manos en su pecho y cogía su ropa jalando de ella para ayudar a sentarse, ubicó su frente sobre su pecho dejando salir todo aquello que tenía dentro.

Kirito apoyó su mentón sobre la cabeza de su reina y la abrazó fuertemente, intentando reconfortarla. Y lloró, lloró en silencio ante la impotencia de no poder arrancarle el dolor del alma, si tan solo todo fuera tan sencillo como el usar una Sword Skill para vencer al enemigo.

"Fue mi culpa" – Logró escuchar su voz quebrada entre el llanto.

"No ha sido tu culpa Asuna" – Le habló serenamente, esperando transmitirle un poco de la misma.

"Debí haber sido yo" – Dijo entre jadeos.

"No digas eso" – La tomó de sus hombros para hacer que sus ojos como el color del atardecer le miraran – "Yo enloquecería si te perdiera Asuna" – Las lágrimas seguían saliendo con total libertad por los orbes de la mujer, quien bajo su vista para encontrarse cubierta de ese rojo carmesí, lo cual solamente hizo acrecentar su llanto y hacer que unas fuertes nauseas la invadieran.

"No pu... pude protegerla, sus ojitos tenían esperanza en mí. Fallé Kirito-kun, le fallé" – No podía si quiera imaginar el momento desde los ojos de Asuna, ella debía estar viviendo la escena una y otra vez, aterrándose, lastimándose por algo que salía completamente de sus manos.

Igual que él había hecho con Eugeo.

"No fallaste" – Tomó con su mano su húmeda mejilla – "Siempre pones a los demás sobre tí, eres demasiado amable y gentil. Cargas con las penas y los problemas de los otros, por favor comparte está conmigo, vamos a llevar esta carga juntos, así como decidiste hacerme compañía con la mía, permíteme hacerlo con la tuya" – Le pidió, intentando transmitirle todo el amor y tranquilidad que necesitaba – "Será más liviana con el pasar de los días y en ese mismo tiempo comprenderás que no ha sido tu culpa" – Retiró con sus dedos algunas de las lágrimas que abandonaban los ojos de la rencarnación de la diosa de la creación.

Ella asintió con su cabeza en silencio intentando calmar los sollozos.

"Vamos a quitarte esa ropa y a limpiarte, pronto Ayuha-sama estará aquí" – Se puso de pie y la tomó en brazos para llevarla al pequeño baño que había en la habitación, modesto y sólo equipado con lo necesario, totalmente diferente al gran baño que se encontraba en el piso 90, la depositó en el piso y se dirigió hacia la pequeña tina, abrió la llave para que comenzara a llenarse, mientras esperaba que esto ocurriera se dirigió nuevamente hacía Asuna su mirada estaba perdida, sus ojos no tenían aquel brillo característico – "Permiso" – Murmuró, mientras comenzaba a desabrocharle el traje, rápidamente este cayó al piso, sintió como el cuerpo de ella temblaba un poco por el frio. Regresó a cerrar la llave, verificó la temperatura del agua, nuevamente volvió a ella y la tomó en brazos para meterla en el agua.

Comenzó a ayudar a lavar su cuerpo, ella no opuso resistencia en ningún momento, de ser una situación normal ella estaría completamente sonrojada y diciéndole que podía hacerlo sola.

"¿Qué viste?" – Preguntó, esperando que ella quisiera responderle. Lo mejor era que hablará de ello.

"Estaba todo tan oscuro, tan frío, tan solo" – Le respondió lentamente – "Sentí mis manos húmedas, pero no entendía la razón, más no queria recordarlo" – Nuevamente un sollozo escapo de sus labios.

"Es normal que queramos borrar esos recuerdos que nos lastiman" – Llevó agua hacia el rostro de la curandera frenética.

"Solo quería reducirme" – Lo miró fijamente – "Escapar de la realidad" – Se sintió miserable al pronunciar aquellas palabras – "No puedo cambiarlo Kirito-kun, no hay maquinas del tiempo que me permitan revertir esté presente" – Escuchó como la desesperación se estaba apoderando de su voz.

"Asuna" – La llamo, esperando que ella le prestará atención – "Tu y Eugeo me enseñaron que pese a las heridas que cargara conmigo, nunca podía dejar que mi corazón dejará de latir, que es normal querer escapar de la realidad, más cuando nos sentimos heridos, cuando sentimos que no vamos a ser capaces con el dolor y con nuestros remordimientos. Pero mientras tengamos presente todo esto aquí" – Puso la mano de ella sobre su pecho – "Podremos mirar el mañana" – El hombre de cabellos acerados le regalo una pequeña sonrisa una vez terminó su discurso.

Ella por su parte permaneció en silencio, sabía en el fondo que tenía razón, pero no se sentía en el momento capaz de mirarlo con tranquilidad, de admitir la veracidad de las palabras que ella misma en varias ocasiones le había dicho. Como una muñeca, dejó que la sacará de la tina, la secará y le pusiera aquel camisón blanco, la dejo sobre la cama y le pidió un momento para darse una ducha rápida.

Hasta ese momento se había percatado que el traje del hombre también estaba manchado con aquel líquido carmesí, inmediatamente sintió nauseas nuevamente. Cerró sus ojos buscando hacer que desaparecieran, pasaron unos cuantos minutos antes de que el espadachín negro se ubicará nuevamente a su lado, recuperando un poco de su compostura, busco los ojos como el acero líquido que tanta paz le traían.

"¿Encontraron lo que buscaban?"- Preguntó destello veloz, no sabía con exactitud cuanto tiempo había permanecido sumergida en la inconciencia.

"No sabemos qué es lo que quieren" – Le dijo – "Pero claramente tiene que ver contigo" – Respondió con total sinceridad.

"¿Conmigo?" – Preguntó nuevamente sin comprender, las dolorosas imagenes nuevamente vinieron a su cabeza, recordó como Kirito había interceptado la espada de aquel sujeto y como este mismo se había acercado a ella en cuestión de segundos para susurrarle en su oído – "Cuando se acercó a mí me dijo: No deberías estar peleando en tu estado, querida diosa, necesitamos que estén en plena forma" – Repitió las palabras del ser encapuchado.

Miró a su esposo encontrándolo pensativo.

"¿Acaso atacaron por qué sabían que estoy débil?" – Mencionó, buscando sacarlo de su letargo.

"Es mejor que descanses" – La miró sin poder evitar que la preocupación se apoderará de su rostro.

"Pero..." – Intentó replicar la mujer de ojos como la miel.

"Hablaremos de ello cuando te encuentres mejor" – Le prometió, ella solamente pudo asentir en respuesta.

"No me dejes sola" – El pedido salió de sus labios sin siquiera pensarlo, él sonrió y tomó su mano, los ojos color ámbar se cerraron rápidamente.

Paso su otra mano por su cabello dándole vuelta a las palabras que Asuna acababa de decir.

No deberías estar peleando en tu estado, querida diosa, necesitamos que estén en plena forma.

Era claro como el agua que necesitaban a Asuna para algo, pero quien era la otra persona que mencionó el sujeto, estén, se estaba refiriendo al plural.

Había alguien más que corría peligro y ellos no sabían quien era.

Continuará...

Importante

Ragnarok – En español traduce el destino de los dioses. En la mitología nórdica el Ragnarok es la batalla del fin del mundo, donde los dioses pelearan entre ellos provocando la destrucción del universo.

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Laura ʕ•́•̀ʔ