CAPITULO SIETE

ISABELA

Mis manos tiran frenéticamente de las garras que me sostienen con fuerza. El extraño dragón me había arrebatado del agarre de Edward y ahora está volando conmigo. Sus garras rasgan mi piel desnuda, lanza otro rugido de furia, uno lleno de ira y rabia. Uno que no he escuchado en Edward en días. El miedo me asfixia y me quito el cabello de la cara para intentar ver a mi captor. Es otro dragón dorado, no tan grande como Edward, pero mucho más marcado por la batalla. Desde aquí, puedo ver una masa de cicatrices y laceraciones a medio curar subiendo por las escamas de su garganta y mandíbula.

Las garras que me sostienen están cubiertas con marcas blancas más antiguas que muestran que a mi nuevo captor le gusta pelear. ¿Por qué yo? ¿Por qué me tomó? Pienso en Edward y sus risueños ojos dorados y entonces pienso en su erección casi constante y trago fuerte. Las cosas pueden volverse muy, muuuy malas con este nuevo dragón. Edward es paciente y dulce conmigo, pero no conozco a este extraño. Más que eso, no quiero conocerlo. El dragón gira y gira más alto y me aferro a sus garras, ahogando el grito que sale de mi garganta. El viento es salvaje a esta altura, y el nuevo dragón extiende sus alas, elevándose en una corriente ascendente.

Está volando fuera de la ciudad, lejos del edificio al que he llamado a hogar durante los últimos días... y lejos del Fuerte Dallas. Esto no está bien. No es bueno en absoluto. No me pueden llevar. Tengo que regresar con Ángela. Miro detrás de mí frenéticamente. Edward está cerca, lanzándose de un lado a otro detrás del otro dragón. Vuela un poco por debajo de él y no ataca. Me preocupa que sea porque tiene miedo de que el otro dragón me deje caer. De cualquier manera, estoy en un doble problema, porque los ojos de Edward son de un negro oscuro e implacable, y mientras lo miro, ruge furioso. Una, dos veces. Cada rugido solo hace que las garras del nuevo dragón se aprieten más a mi cuerpo. Las empujo, entrando en pánico. ¿Qué puedo hacer? No quiero que me suelte, pero tampoco quiero estar atrapada entre una pelea de dragones en el aire.

No sobreviviré a eso, estoy indefensa entre estos gigantes, un peón por el cual pelear. El nuevo dragón gira en el aire, volteando la cabeza de forma exagerada para ver a Edward, quien se mueve detrás de él. El ojo que puedo ver es negro y lleno de furia de dragón, mientras me preocupo, me mueve casualmente entre sus garras y un grito de miedo se me escapa. Edward también ruge con ira por ese movimiento. La otra pata del dragón me aprieta, y esta vez me aferro a sus garras, jadeando de miedo. No me importa que el hecho de "atraparme" provocara que mi frágil overol se destruyera.

Eso se sintió demasiado cerca, no quiero que me deje caer. El suelo está muy lejos, demasiado lejos para mi comodidad, así que me agarro fuerte, y desde este lado, me doy cuenta de que este bastardo con cicatrices solo tiene un ojo, el otro se ha ido, no queda más que una masa de tejido cicatricial. Edward vuelve a rugir, y lo miro para ver que se está acercando a mi captor, sus movimientos en el agitando el aire, sus alas se sacuden y baten, sus ojos arremolinándose furiosamente como galaxias negras. Aguanto la respiración, observándolo acercarse. Es curioso cómo estoy alentando a un dragón en este punto; es solo que... es Edward.

Creo que, si puedo sobrevivir a cualquier pelea que tengan estos dos, sé que puedo hacer que sus ojos vuelvan a ser dorados. Puedo tratar con Edward. El dragón cicatrizado desciende en picada, deslizándose hacia las calles en ruinas en las afueras de la ciudad, nos deslizamos por los caminos, esquivando edificios, y en un momento nos deslizamos tan cerca del suelo que levanto las piernas, aterrorizada de que no sea más que una mancha en el pavimento, mi estómago está revuelto y enfermo de tanto girar y girar. Luego da un pequeño salto y el nuevo dragón aterriza, posándose sobre un viejo autobús.

Me agarra con una pata delantera contra su pecho cicatrizado, claramente sin tener intenciones de soltarme. Escucho el enorme golpe de Edward aterrizando en el suelo cercano un momento después. El dragón dorado que me sostiene ruge enojado, desafiando. Edward lanza un rugido furioso, su cola moviéndose de un lado a lado, dispersando los autos rotos. Se pone en cuatro patas y comienza a avanzar, humo saliendo de sus fosas nasales. El nuevo dragón suelta una ráfaga de llamas de advertencia y reprimo un grito, porque no es seguro llamar la atención de ninguno de los dos. Estoy extremadamente frita en ese momento.

EDWARD

Mi compañera.

La furia palpita con fuerza en mi mente, mezclándose con la locura que es demasiado familiar. Is-be-la es mi mujer. Mía. La había tenido entre mis brazos, su suave cuerpo olía a excitación, su carne presionada contra la mía. Había estado tan cerca de reclamarla como mía, solo para que un rival me la arrebatara. El gran Drakoni macho que la tomó probablemente reclama este territorio como suyo, pero no tuve otra opción. Los humanos la habían puesto en peligro con sus armas punzantes, y su terror se había metido en mi mente de tal manera que temí perder la cabeza otra vez. Así que la había alejado de mi propio territorio para mantenerla a salvo.

Sé que soy lo suficientemente fuerte como para desafiar a cualquier otro hombre, he luchado muchas veces antes y he ganado. Pero nunca he tenido una pareja, y nunca una tan vulnerable como Is-be-la. Nunca he tenido que preocuparme por su seguridad o pensar en cómo otro Drakoni podría conspirar para robármela. Este nuevo Drakoni probablemente la había olfateado en el viento y siguió el rastro para ver qué era ese delicioso olor. Probablemente olfateó su deseo -y la falta de mi reclamo en su sangre- y supo que no había anclado nuestro vínculo. Sabía que mi hembra era vulnerable y que estaba lista para ser reclamada. Así que se la llevó. Rugo con indignación, mi grito de furia es tan fuerte que hace temblar las estructuras cercanas, las aves llenan los cielos, huyendo.

No me importa. Este rival ha tratado de quitarme a Is-be-la. Ella es frágil, vulnerable, si no tiene cuidado con ella, podría hacerle daño. El miedo a eso es mayor que cualquier enojo que tenga, no puedo dejar de verlo agarrándola con sus garras y arrastrándola lejos, su pequeño cuerpo arrojado como una hoja en el viento. Is-be-la es pequeña y no tan robusta como una Drakoni, debe tener cuidado con ella. Es más preciosa que la vida misma. Acecho, mirando de cerca al gran macho cicatrizado.

No puedo atacarlo abiertamente, porque mi preciosa compañera está sujeta contra su pecho y no arriesgaré su seguridad por nada. Debo esperar. Si el macho desea desafiarme, tendrá que bajar a Is-be-la. Entonces lucharemos y haré que se arrepienta de haber tocado a mi hembra. No le permitiré vivir, no después de tocar a Is-be-la, no después de ponerla en riesgo. Morirá violentamente y con gran dolor. Así que espero, mi cuerpo hirviendo, mi mente es un furioso embrollo de rabia. Acojo con satisfacción los pensamientos de Oscuridadhambremuerteenojo. Ni siquiera los pensamientos de mi Is-be-la penetran en mi mente volátil, estoy perdido en la oscuridad de la locura una vez más y me alegro por ello.

Recuperaré a mi compañera, le advierto con la mente y enviándole un pensamiento de muerte. Recuperaré a mi compañera y sufrirás.

Ella no es tuya, responde el otro dragón. No la has reclamado. No hay fuego en su sangre. ¡La haré mía!

Mia, gruño. Mi Is-be-la. Mi compañera. No es tuya.

Enfurecido, caigo al suelo frente al dragón. Podría haber sabido su nombre alguna vez, los Drakoni fueron una vez personas muy unidas. Ahora, no importa, es un intruso, un ladrón de compañeras y va a morir por tocar a mi Is-be-la. Por asustarla. Incluso ahora, puedo oler su miedo, sutil y espeso en el aire cálido, su encantador olor está manchado por el hedor acre de mi rival: joven, fuertemente marcado por las peleas y a punto de morir. No va a ganar. Nunca. Enseño mis dientes en un gruñido salvaje cuando lanza una columna de llamas en desafío. Demasiado cerca de Is-be-la y su suave mata de cabello. ¿No se da cuenta de lo peligroso que es nuestro fuego para ella? Furioso, levanto la cabeza y rujo mi aceptación de su desafío.

Vamos a arreglar esto entre nosotros, declara el macho. Tendré a la hembra como mi compañera.

Tendrás que destruirme primero.

¡Entonces ven!

Me tenso mientras mi rival aleja sus garras y baja a Is-be-la. Cae de rodillas, su cabello cayendo frente a su cara. Gruño bajo en mi garganta, esperando a que se levante para salir del camino, para ponerse a salvo. Después de un largo y tenso momento, se pone de pie con las piernas temblorosas, su rostro está completamente lleno de miedo mientras me mira, luego retrocede unos pasos. En el momento en que está fuera del alcance, salto, golpeando mi peso contra el cuerpo del otro macho.

Mi oponente nunca tiene una oportunidad, aunque el macho más joven está muy marcado y obviamente ha sobrevivido a muchas batallas, está claro que ganaré. Sabe destrozar con sus poderosas mandíbulas, pero no es tan rápido como yo, cuando sus dientes se traban en mi miembro anterior, le doy un fuerte golpe en la cabeza con mi cola para distraerlo y luego desgarro su ojo restante. Es casi demasiado fácil. El macho grita de dolor y de inmediato retrocede, siseando. Retrocede unos pasos, azotando la cola con rabia y dolor mientras extiende sus alas, listo para volar.

Ya ha terminado con la lucha. Pero no voy a dejarlo ir, amenazó a Is-be-la, y por eso, pagará con su vida. Voy tras su ala, mis garras cortan las gruesas fibras del hueso. Mi oponente grita de dolor y su cabeza se mueve salvajemente, me ataca, pero sus golpes no llegan a ningún lado. Me muevo para matar, mi mandíbula se engancha en la parte inferior de suave cuello. Con un movimiento feroz y exuberante, arranco la garganta de mi oponente, la sangre se vierte en mi boca, y con ella viene la locura.

Oscuridadhambremuerteira...

Escucho un grito ahogado en algún lugar detrás de mí. Muevo la cabeza de un lado a otro, rociando sangre, y el cuerpo de mi oponente cae al suelo bajo mis pies. Me vuelvo para ver a Is-be-la mirándome con grandes ojos verdes, se apoya contra un marco de metal esquelético, como si sus piernas no pudieran sostenerla. Su mirada con los ojos muy abiertos se dirige al dragón que sigue retorciéndose bajos mis patas.

-Oh Dios mío. Lo has destripado- sus manos cubren su boca, amortiguando sus palabras -Oh, mierda- no entiendo sus palabras, pero su tono me frustra. ¿Por qué está molesta?

Oscuridadhambremuerteira.

¿No le mostré que puedo protegerla? ¿Qué puedo cuidar de ella?

Oscuridadhambremuerteira.

¿Qué está a salvo conmigo? ¿No he sido paciente?

Oscuridadhambremuerteira.

Me acerco a ella con mi mente otra vez, pero no encuentro nada allí. No hay conexión, nada a lo que sujetarse, nada a lo que aferrarse y aleje la oscuridad de mi mente que se extiende hasta los límites. Se siente como un insulto. He intentado entenderlo con todas mis fuerzas, pero con la sangre de mi oponente corriendo por mi garganta y la lujuria de la batalla corriendo por mis venas, es difícil concentrarme en los ojos verdes de Is-be-la y la calma que existe ahí.

Oscuridadhambremuerteiraoscuridadhambremuerteiraoscuridadhambremuerteira.

Cierro los ojos, luchando por el control. Se tarda un momento, pero me las arreglo para aferrarme a la cordura. Abro los ojos lentamente, y luego noto un nuevo olor en el aire, el miedo de Is-be-la. Instintivamente bajo la cabeza y me acerco a ella, sin desear nada más que consolarla. Retrocede con miedo en sus ojos. Algo dentro de mí se rompe. La furia se desborda. No hacia ella, nunca hacia ella. Pero todo lo demás extingue mi calma. El macho muerto bajo mis pies, el hedor de este lugar horrible, la falta de conexión con Is-be-la. Porque tuve que defenderla y ahora me teme de nuevo. ¿Por qué no está orgullosa de mí por derrotar al intruso? ¿No puede ver lo feroz que soy? ¿Qué tan completamente dedicado estoy por su felicidad y protección?

Oscuridadhambremuerteiraoscuridadhambremuerteiraoscuridadhambremuerteira,oscuridadhambremuerteiraoscuridadhambremuerteiraoscuridadhambremuerteira,oscuridadhambremuerteiraoscuridadhambremuerteiraoscuridadhambremuerteira,oscuridadhambremuerteiraoscuridadhambremuerteiraoscuridadhambremuerteira,oscuridadhambremuerteiraoscuridadhambremuerteiraoscuridadhambremuerteira,oscuridadhambremuerteiraoscuridadhambremuerteiraoscuridadhambremuerteira.

Me acerco mentalmente a ella de nuevo, desesperado por conectarme, anclarme a ella. Pero no hay nada a lo que aferrarse. Su mente está cerrada para mí. Todo porque aún no la he reclamado. Si lo hubiera hecho -si le hubiera dado mi fuego- el otro dragón nunca me habría desafiado. Su olor se mezclaría con el mío y los machos no emparejados y en celo no la tocarían. Pero nunca me dejará tocarla. Han pasado días y todavía no estoy más cerca, ahora me mira con shock y miedo en sus ojos. La rabia es demasiado, la necesidad de mi Is-be-la es demasiada. Carcome mi mente y no deja nada atrás.

Debo reclamarla. Debo poseerla. Ponerla a salvo. Hacer que nadie más pueda reclamarla. He sido paciente el tiempo suficiente.

Mía.

ISABELA

Esa oscuridad endemoniada está arremolinándose en los ojos de Edward. Mi aliento se aloja en mi garganta y el miedo hace que mis piernas se bloqueen. Estoy de pie en medio de una calle y hay cosas para esconderse Detrás -autobuses volcados, autos abandonados, edificios cercanos Destruidos- pero no puedo huir de él. No cuando claramente está luchando por el control. Sé que no me hará daño. Ha tenido muchas oportunidades de hacerlo y no lo ha hecho antes. Sé que cuando sus ojos se vuelven negros, todo lo que se necesita son unas pocas palabras murmuradas y volverán a ser dorados.

Sin embargo, no significa que no esté asustada. Acabo de ver a Edward arrancarle la garganta a otro dragón. Un maldito dragón. Las balas rebotan en sus malditas pieles y los humanos no pueden hacerles daño. ¿Pero Edward? Él simplemente tomó el cuello de la maldita cosa entre sus mandíbulas y lo arrancó. Todavía puedo sentir el chorro de sangre caliente cuando salió por los aires y salpicó mi cara, aún puedo escuchar el gorgoteo moribundo del dragón. Casi perdí el control de mi vejiga al verlo, especialmente porque sucedió justo delante de mi cara. Todavía estoy mirando como Edward se acerca a mí, la sangre goteando de sus colmillos, sus ojos negros como la noche.

Este no es el cariñoso y afectuoso Edward de los últimos días. Esto es algo completamente distinto. Al verlo así, recuerdo que solo se necesita un dragón para diezmar una ciudad. Cierro los ojos mientras me asalta. Es peligroso cuando está enojado y esto definitivamente califica como un ataque de ira. ¿Me matará? ¿Me cortará por la mitad con un solo golpe y me destruirá tan fácilmente como lo hizo con el otro dragón? Había sido uno de los suyos. Podría haber jurado que se había comunicado con él en algún nivel, pero lo había destruido tan fácilmente como respirar. ¿La seguridad que he sentido con él en los últimos días? Es mentira. Pensé que tal vez podría ser su amiga. Que estaba segura con él. Está todo mal.

El Fuerte Dallas quería que controlara un dragón, pero no hay nada que controle a Edward. Es una fuerza de la naturaleza. Y como un tornado o un huracán, destruirá todo lo que encuentre en su camino para conseguir lo que quiere. Y... me quiere. Edward se cierne sobre mí, todavía en su forma enorme y aterradora de dragón, el calor de su cuerpo irradiando de él e inundándome. Cierro los ojos, instintivamente me estremezco mientras se inclina. Pero... la enorme cabeza solo acaricia mi mejilla. Su aliento, todavía con olor a sangre, carbón y cobre, me envuelve como una ola. Todo lo que hace es olfatear mi cabello, luego desliza su hocico a lo largo de mi overol roto, como si se asegurara de que no estoy herida. Hay algo de control allí después de todo. Parte de la terrible tensión deja mi cuerpo, y exhalo el aire que he estado conteniendo.

-Solo soy yo, Edward- digo suavemente -estoy aquí contigo- me mira de nuevo y luego sus garras rodean mi cintura. Me atrae hacia él mientras se eleva por los aires y todo lo que puedo hacer es aferrarme a mi vida y esperar que su locura desaparezca pronto.

Pierdo la cuenta de cuánto tiempo hemos estado volando. El mundo se mueve de un lado a otro mientras Edward monta las corrientes del viento y yo me balanceo indefensa entre sus garras. Mi estómago se revuelve con cada caída en picada, y hace que sea difícil concentrarme para saber adónde estamos yendo, porque abrir los ojos significa querer vomitar. Pero al final, el vuelo irregular y salvaje se detiene, abro los ojos para ver que hemos regresado al edificio de oficinas con el agua, el edificio del que fui secuestrada hace poco. Se siente como toda una vida. Edward aterriza y me retuerzo entre su agarre, tratando de liberarme.

Suavemente afloja sus garras y me suelta, y en el momento en que tropiezo en el suelo, lo que queda de mi overol cae. Maldito traje. Este día solo es un pastel de mierda. Me quito los restos y los pateo, dirigiéndome hacia el baño. Quiero salpicarme la cara con agua, todavía puedo oler la sangre del otro dragón sobre mí, todavía puedo oler el humo en mi nariz. Necesito limpiarme. Necesito alejarme y respirar por unos minutos.

-Is-be-la- retumba una voz demasiado familiar detrás de mí. Alguien ha vuelto a ser humano y probablemente quiere coquetear. Pero todavía estoy temblando por el shock. No me doy vuelta. No quiero coquetear en este momento. Quiero saber que estoy a salvo. Quiero acurrucarme con mis brazos rodeando mis piernas y esconderme en una pequeña habitación con paredes de cemento donde nada pueda agarrarme de nuevo.

-¿Is-be-la?- esta vez el tono de Edward es confundido. Siento sus pasos mientras se acerca desde atrás y toca mi hombro, pero la mano que acaricia mi piel desnuda es suave. Tan rápido como me toca, se aleja de nuevo -Is-be-la... Ed-ward- me muerdo el labio, contemplando mis opciones. ¿Cómo va a actuar si lo ignoro? No muy bien, sospecho. Así que me vuelvo hacia él con los brazos cruzados, mi cuerpo inmóvil por la tensión.

-¿Qué es lo que quieres?- En el momento en que lo veo, jadeo con sorpresa. La sangre fluye de una esquina de su boca y hay una larga herida en uno de sus brazos que gotea sangre. Su pecho está salpicado por todas partes de sangre seca y parece que acaba de salir de un matadero -¡Oh, Dios mío! ¿Estás herido?-

-Is-be-la... Ed-ward- esta vez, cuando lo dice, no hay duda de la posesividad en su voz. Hace un gesto hacia su brazo, luego hace el movimiento de una garra, imitando al otro dragón al arrancarme de su agarre -Is-be-la- muestra sus dientes, enseñando sus largos colmillos -Ed-ward- aunque solo tenemos dos palabras en nuestro vocabulario compartido, sé exactamente lo que está diciendo.

El otro dragón lo hirió cuando me robó de su agarre. Y Edward había ido tras de mí, porque ante sus ojos, soy suya. No sé cómo me siento al respecto. Una parte de mí está irritada porque me considera como una posesión. Y otra parte de mí está muy agradecida de que haya decidido que soy suya y así me salvara del otro dragón. Estoy un poco horrorizada por sentirme feliz por eso. También estoy un poco halagada. Solo un poco, un poquito, pero aplasto ese sentimiento de inmediato, consciente de la culpa que causa.

-Lo tienes merecido por secuestrarme- le digo, pero las palabras son groseras en el momento en que salen de mi boca. No tenía que salvarme. Tal vez sea mi tono de voz, pero sus ojos se entrecierran.

Mira su brazo y luego a mí. Sus ojos todavía son negros, pero el dorado destella más a menudo, dejándome saber que está cerca de volver en sí. Cuando mis ojos se cruzan con los suyos, se endereza y hace un ronroneo bajo en su garganta. Dejo caer mi mirada y... sí, Edward se ha excitado de nuevo. Su polla se agita y alarga, endureciéndose mientras lo veo.

-¿Eso tiene que suceder cada vez que hablamos?- le pregunto, extrañamente sin aliento. Mientras observo, levanta el brazo y lame la herida, pero su mirada todavía está firmemente enfocada en mí. Eso es casi... sexy. Dios, no debería estar fascinada por eso -No, Edward- le digo, usando mi voz más firme. Cualquier cosa que me distraiga de él -me doy cuenta de que eres tan dragón como humano, pero así no es como se limpia una herida.-

-Edd-waard- imita, extendiendo la mano y pasando los dedos por su brazo. Sus ojos se vuelven más oscuros y él avanza, su piel rozando la mía -heeerida- a medida que se acerca, me doy cuenta de lo grande que es. Piel moteada y un pecho musculoso llenan mi visión, pongo mi mano en su brazo herido y no puedo evitar notar que ambas manos no pueden rodear un bíceps. Me estremezco.

-Tal vez más dragón que humano- me murmuro a mí misma -ven. Vamos a limpiarte al menos. Me doy cuenta de que estás excitado, pero también estás cubierto de sangre y espero que no sea toda tuya.-

-Sannggree- agacha la cabeza y mira mi boca, luego trata de deslizar su pulgar -su sangriento pulgar- sobre mis labios. Me alejo.

-¡No!-

-¿No?- Sus cejas se juntan y mira las manchas rojas en su piel.

-Sí, sangre- repito, exasperada. Mis dedos rozan los suyos y toco la sangre pegajosa secándose en las yemas de sus garras. Las yemas de mis dedos se manchan de un rojo oscuro y se lo muestro -sangre. Y está sobre ti. Así que vamos- tomo su mano entre la mía, ignorando lo grande y familiar, pero a la vez extraña que es para mí. Su mano es grande pero masculina, su piel caliente, pero un poco demasiado caliente.

Cinco dedos fuertes, al igual que la mano de un hombre, pero con garras en lugar de uñas. Es humano, pero no del todo. Simplemente ignoraré ese "no del todo" por ahora. Ciertamente no parece encontrarme carente, después de todo. Me quiere tal como estoy: sucia, desnuda e incapaz de comunicarnos. Guiando a mi hombre dragón de la mano, me dirijo de vuelta al baño que he reclamado como parte de nuestras nuevas excavaciones y saco otra pila de toallas de papel desgastadas. Dejo correr el agua y luego abro uno de los dispensadores de jabón para sacar un trozo de jabón seco. Es lo único que tengo, así que tendrá que funcionar. Lo froto sobre una toalla de papel mojada y miro a Edward mientras hago espuma.

-Me doy cuenta de que estás muy juguetón en este momento, pero no voy a sentarme aquí e intentar hablar contigo mientras estás herido y cubierto de sangre- me mira con curiosidad mientras me dirijo hacia él con las toallas de papel mojadas. Sus fosas nasales se ensanchan, agarra mi mano mientras la extiendo para alcanzarlo y huele el jabón en la toalla, arrugando la nariz -Es para limpiar- cuando sigue frunciéndole el ceño, cambio el tono de mi voz, haciéndolo suave y tranquilo -voy a limpiarte. Quitarte la sangre- me limpio los dedos en la toalla para demostrarle y luego señalo su cara y su brazo, sonriendo -¿No te gustaría estar limpio? ¿Limpiar toda esa sangre?-

-Limpiar... sangre- repite, mirando mis labios. Es la mejor oración que ha hecho hasta ahora, pero no puedo dejar de sospechar que no es porque esté aprendiendo. Es más como si estuviera tratando de impresionarme. Es suficiente.

-Síp. Prefiero la piel limpia- además, puedo distinguir las heridas de las manchas. Decido comenzar con su brazo primero, ya que ir por su rostro puede hacerlo desconfiar. Tomo su mano en la mía y uso la otra para limpiar cuidadosamente la herida, levantando la vista de vez en cuando para ver su reacción.

No tiene ninguna.

Le toco la herida de nuevo. Todavía sin reacción. Si duele, no duele mucho. Al menos eso es bueno. La herida es larga pero poco profunda, y está cubierta de sangre. Sangra como un humano, supongo que debería alegrarme por eso. Y no está reaccionando negativamente a mis atenciones. En cambio, sus ojos se mueven entre el dorado y el negro, y está haciendo ruidos bajos y complacidos con la garganta. Y por alguna razón, esos sonidos me hacen sonrojar.

-Tranquilízate, Romeo- murmuro, dándole una última pasada a su brazo antes de moverme hacia su pecho -quiero terminar con esto- me siento aliviada al ver que toda la sangre se lava de su pecho y que no tiene más que unos pocos rasguños. Se me ha ocurrido que soy completamente dependiente de él en este momento, y si planeo volver con Ángela -o simplemente, seguir viva- necesita estar completo y en una sola pieza.

Me doy cuenta de que debería estar pensando más en Ángela y me siento culpable. Cómo voy a volver al Fuerte Dallas y con mi hermana. En cambio, me he concentrado en Edward y en el aterrador secuestro de hoy. Si pienso en lo que pudo haber pasado... Pero no, no voy a caer por ese agujero de conejo. No puedo ir con Ángel en este momento. El problema del otro dragón se ha solucionado, por lo que ahora solo necesito concentrarme en lo que puedo manejar. Y ahora mismo, puedo manejar a Ángel. Así que presiono las servilletas húmedas en la comisura de su boca, notando lo llenos que están sus labios a pesar de los dientes afilados que amenazan justo detrás de ellos.

Si mantuviera la boca cerrada para ocultar los colmillos y controlara los ojos, creo que luciría lo suficientemente humano. Sus rasgos son marcados, pero no demasiado inhumanos o poco atractivos. Es bastante guapo, en realidad. Al principio pensé que tenía un aspecto sorprendente, pero ahora descubro que no puedo dejar de mirarlo. También tiene las pestañas más largas que cualquier hombre que haya visto. Largas y gruesas, al igual que las espesas ondas de cabello ámbar en su cabeza, me imagino. Es grande, aterrador y exagerado, pero estoy acostumbrada a eso. Y no me da miedo. En todo caso, está completamente centrado en mí. Pienso en su reacción cuando el otro dragón me tomó. Edward había enfurecido, pero se había quedado atrás en caso de que el otro me dejara caer. Era como si realmente estuviera más preocupado por mi seguridad que por el hecho de que le quitaron su juguete favorito. Limpio suavemente su mejilla, mirándolo mientras trabajo.

-No sé lo que habría hecho si ese otro dragón me hubiera llevado y no hubieras ido tras de mí- no me gusta pensar en eso, pero es algo muy real. Casi muero hoy. O... casi termino siendo la mascota de otra persona. Edward me quiere -lo ha dejado muy claro- pero también es paciente, atento y amable en su forma dragón. Es como si mi felicidad realmente le importara.

¿Habría sido así otro dragón? De alguna manera, lo dudo. Puedo imaginarme al hombre dorado con cicatrices arrancándome la cabeza de una mordida. Pero... tal vez no quería eso. Me había arrebatado de Edward y había tratado de mantenerme en lugar de solo darme un gran mordisco. Eso debe significar que quería algo similar a lo que quería Edward conmigo, físicamente. Y eso no hubiera sido bueno. A pesar de todas nuestras diferencias, siento que tengo una conexión con Edward. Nos comunicamos -más o menos- y hay afecto entre nosotros. Una vez más -más o menos- hay una extraña atracción. El otro dragón no era tan paciente como Edward. Es extraño pensar en "dragones" y "paciente" en la misma oración, lo que me hace reflexionar. Termino de limpiar la sangre de su cara y luego le sonrío.

-Me guste o no, si tuviera que estar atrapada con un dragón, tengo suerte de tenerte, Edward- Sus ojos se oscurecen ante el sonido de su nombre y me atrae hacia él.

-Is-be-la- me sonrojo al sentir la punzada de su erección presionando contra mi estómago, y me hace muy consciente de lo desnuda que estoy con él. Parece que pierdo más ropa alrededor de este hombre. Dragón. Lo que sea.

-No eres bueno para tomar un no por respuesta, ¿verdad?- su cabeza se inclina y un destello negro aparece en sus ojos.

-¿No?- por supuesto que usaría esa maldita palabra. Sin embargo, estoy un poco nerviosa por el negro destellando en sus ojos. Probablemente aún se sienta posesivo por su reciente batalla y decirle que no en este momento probablemente no sea una buena idea.

-No es lo que quise decir- le doy una pequeña palmadita y me muevo para abrir los grifos para obtener más agua. Sostiene mi brazo, sin dejar que me aleje de él. En cambio, lanza un gruñido bajo y trata de llevarme entre brazos. Me volteo hacia él con el ceño fruncido, pero tiene un remolino negro en sus ojos. Bueno, aparentemente, incluso alejarme unos cuantos pasos lo está provocando -Solo estoy buscando más agua para limpiarte- cuando no me deja ir ni siquiera después de eso, le doy una mirada exasperada -Isabela es toda de Edward, ¿de acuerdo? No quiero a nadie más- me libera ante eso. Me muevo a los lavamanos y abro el grifo, dejando que el agua salga de golpe. Incluso después de días de tener agua potable, todavía se siente como un regalo, y estoy aterrorizada de que se vaya a secar, por lo que nunca la dejo abierta. Pero en el momento en que abro el agua, su brazo rodea mi cintura, haciendo que mi parte trasera se presione contra su longitud dura y erguida. Acaricia mi cabello por detrás y puedo sentir su aliento en mi hombro.

-¿Is-be-la... Ed-ward?- Oh, chico. El calor se precipita por mi cuerpo al mismo tiempo que un tintineo de alarma. Lo miro en el espejo roto. Sus ojos son negras rendijas de placer, y el gran brazo que envuelve mi cintura es amable.

Desliza su boca por mi hombro y siento sus caderas moverse, frotando su polla contra mi parte trasera en un gesto descarado. Podría... haberle comunicado algo incorrecto. Mi objetivo era decirle que era suya y de nadie más para que se calmara. Parece pensar que le he dado mi consentimiento, bueno, que era suya... en todos los sentidos imaginables. Hago un pequeño ruido de protesta en mi garganta cuando se presiona contra mi parte trasera de nuevo, acariciando su longitud a lo largo de la hendidura de mi culo. Bien, eso está mal en todos los sentidos... Y se siente increíble. Dios, soy una mujer enferma, enferma porque quiero que lo haga de nuevo.

-Is-be-la- murmura con esa voz increíblemente profunda, y suena tan increíblemente complacido de tocarme que hace que mi cuerpo se estremezca. Mis pezones se endurecen en respuesta y puedo sentir mi pulso latir entre mis muslos. ¿Quién ha dicho alguna vez mi nombre con tanto placer?

-Edward- comienzo, tratando de llamar su atención -no estoy segura...- mis palabras son interrumpidas con un jadeo cuando su mirada captura la mía en el espejo. Hay una mirada de puro placer sensual en su cara. Es el aspecto de un hombre extremadamente excitado, codicioso y sexual a la vez.

Y me está mirando en el espejo, como si estuviera notando mis reacciones ante sus caricias. Cuando me doy cuenta de esto, su mano grande se flexiona sobre mi estómago, e inhalo profundamente cuando se desliza hasta acunar de uno de mis senos. La garra del pulgar roza mi pezón en una exploración suave. Y su mirada siempre está fija en la mía. No puedo evitar el gemido que se escapa de mi garganta. No debería sentirse tan bien, ¿verdad? Se frota contra mí mientras observo, sus fosas nasales se ensanchan.

-Is-be-la- gruñe con voz áspera. Su otra mano se mueve para acunar mi otro pecho, y mientras lo miro en el espejo, comienza a jugar con ambos, acariciando y provocando a mis duros pezones.

Por supuesto que respondo. ¿La sensación del hombre grande y protector presionándose contra mi espalda y sus manos acariciando mis senos? ¿Saber que esto es incorrecto y un poco sucio porque es el enemigo y peligroso? Todo me pone increíblemente excitada. Un pequeño gemido se escapa de mi garganta y cierro los ojos, inclinándome hacia sus caricias mientras continúa provocando mis pezones muy gentilmente con esas grandes y aterradoras garras. Puedo sentirme cada vez más resbaladiza entre mis muslos. Edward inhala profundamente otra vez y luego dice mi nombre una vez más.

-Is-be-la- prácticamente está ronroneando.

-Sí, lo sé- murmuro, ambos excitados y avergonzados por el hecho de que está oliendo la humedad de mi coño en el aire. Sin embargo, no es como si pudiera detenerlo. No con la intensidad con que me está mirando en el espejo. Como si mi placer fuera lo único que importa. Y eso es un estimulante increíble. Debido a que estoy excitada, tal vez mis instintos naturales de tener cuidado con Edward se están desvaneciendo. Porque también quiero tocarlo. Deslizo una mano hacia atrás, alcanzando esa melena gruesa e inusual de cabello. Entierra su cara contra mi cuello, inhala profundamente y sus dedos se deslizan sobre mis pezones nuevamente. Dios, me estoy mojando mucho por esto.

-Is-be-la- murmura de nuevo, y en el espejo veo como su mano deja mi pecho izquierdo y se desliza entre mis muslos. Un dedo grande y grueso separa mis labios vaginales y se desliza a lo largo de mi carne, luego se sumerge en mi núcleo. Sé que estoy mojada y lista, prácticamente puedo sentir mis jugos deslizándose por mis muslos.

Y me pregunto qué va a pensar. Sus ojos son aberturas negras, pero en lugar de dar miedo, es feroz e increíblemente sexy. La mirada posesiva está estampada en su cara, observo mientras su gran mano acuna mi vagina. Puedo sentir sus garras jugando contra mis pliegues, sin embargo, es increíblemente cuidadoso, y cuando la yema de un dedo grueso se presiona contra mi núcleo, flexiono un poco mis caderas. Su gruñido de placer me pone aún más caliente y presiona su cara contra mi cabello. Ronronea mi nombre otra vez y luego retira su mano...

Y podría llorar por lo vacía que me siento por la pérdida. Pero solo levanta la mano en el aire, girándola y admirando el brillo de mi excitación en su piel. Luego se lleva la mano a la boca y lame sus garras, saboreando. Estoy fascinada cuando sus labios se curvan en un gruñido salvaje. Me empuja contra los lavabos, sus caderas presionándose contra mí. Una pierna se encaja entre las mías y empuja mis muslos para separarlos, su peso me sujeta contra el mostrador. Me va a tomar, aquí y ahora. A pesar de que estoy excitada, entro en pánico.

-¡Espera! ¡No!- Edward se detiene, pero vuelve a gruñir, furioso. Sus dedos van a mi vagina y los sumerge de nuevo, arrastrándolos a lo largo de mi humedad como para demostrar que estoy excitada.

-Is-be-la, Ed-ward- gimo ante la caricia, pero todavía encuentro la fuerza para mover la cabeza de alguna manera. Con mucho cuidado, aparto su mano mientras intenta tocarme.

-Te estas moviendo muy rápido. Baja la velocidad un segundo- agacha la cabeza, mirándome, y el negro se arremolina furiosamente en sus ojos. Cada músculo en su gran cuerpo vibra con una tensión apenas contenida. Necesito arreglar esto, o me arrojará al mostrador y me follará si lo quiero o no. Así que es mejor si realmente lo quiero. Y lo deseo. Dios, lo hago. Solo necesito un poco más de preparación. Tengo que mostrarle eso.

-Edward- murmuro, mi voz baja y reconfortante -no te estoy rechazando. Solo necesito mostrarte cómo hacer que Isabela esté lista para ti. ¿Entiendes?- pero no habla español, así que, por supuesto, no entiende. Alejo su mano y me giro lentamente. Cuando me alcanza de nuevo, tomo su mano y la coloco en mi mejilla, apoyándome contra su palma -Edward, te deseo. Isabela desea a Edward. Pero déjame mostrarte lo que me gusta primero, ¿de acuerdo?- Esos ojos que no son del todo humanos están hipnotizados por el tono de mi voz, y lo siento temblar cuando presiono un beso en la palma de su mano.

Y así de fácil, tengo el control de él otra vez. Fijo mis ojos en los suyos y luego salto hacia atrás sobre el mostrador del baño, equilibrando un poco nuestras alturas. Jalo a Edward hacia adelante hasta que está entre mis piernas, pongo las manos en su pecho, notando músculos duros como rocas debajo de esa piel moteada y ambarina. Es fuerte y letal, su poder apenas contenido. Cuando lo toco, puedo sentirlo saltar con conciencia, pero no se aleja. De acuerdo, entonces intentaré besarlo. Mi mano se mueve detrás de su cuello y lo empujo suavemente. Se pone rígido, retirándose. Sus ojos se entrecierran.

-Is-be-la- gruñe, agarrando mis caderas y jalándome hacia adelante en el mostrador, su polla descansando contra mi sexo. Empuja ligeramente, presionando la cabeza contra mi coño.

-Lo sé- le digo, deslizo las yemas de mis dedos a lo largo de las líneas de su cuello y clavícula como si no estuviera tratando de ser una completa mandona -esa podría no ser la forma en la que los dragones hacen las cosas, pero soy una humana y nos gusta tomarnos un poco más de tiempo. Así que déjame hacer las cosas a mi ritmo, ¿eh?- Pongo mis dedos sobre mi boca y luego los coloco contra sus labios, indicando que quiero poner los míos allí. Los ojos de Edward se entrecierran y chasquea los dientes. Retrocedo, sobresaltada -no morder. Solo quiero besarte- aunque mirando sus afilados dientes otra vez, estoy empezando a tener mis dudas.

Muevo mis labios, pensando, luego tomo su mano grande con la mía. Me deja hacerlo mientras sus ojos se vuelven otra vez dorados por el placer. Muy bien, es un progreso. Con mi mirada fija en la suya, me llevo el pulgar a la boca y lo chupo suavemente. Eso llama su atención. Vuelve a hacer ese gruñido bajo y sexy en su garganta, pero no se aleja. Ahora estamos llegando a alguna parte. Lamo suavemente la almohadilla de su pulgar, acariciándola una y otra vez con mi lengua, con cuidado de evitar que la garra incline su dedo. Lamo y chupo sugestivamente y después saco lentamente su pulgar de mi boca. Extiendo la mano y rozo mi pulgar sobre sus labios. Él los separa para mí, tomando mi pulgar en su boca y acariciándome de la manera en que yo lo había hecho. También hace ese gruñido bajo y complacido en su garganta.

-Eso es bueno- respiro, mi excitación regresando por la pura mirada de intensidad en su rostro. Me alejo de su boca y luego le hago un gesto para que ponga mis labios en los suyos y trato de empujarlo hacia mí otra vez. Mi cuerpo está zumbando de deseo y emoción y la idea de poder besarlo me está volviendo loca. Esta vez, él me deja.

Su gran cuerpo se inclina y apoya las manos en la encimera de mármol del lavamanos, una a cada lado de mí. Su cara está a centímetros de la mía. Todo lo que necesito hacer es cerrar la brecha. Con cuidado coloco mis manos sobre sus mejillas, inclino mi boca y me muevo hacia él. Edward está rígido e inflexible cuando pongo mi boca contra la suya, así que me concentro en la línea entre sus labios, rozando mi lengua contra ella, decidida a hacer que se abra para mí. Después de un momento de vacilación, él separa sus labios y deslizo mi lengua en el calor de su boca, tratando de no pensar en esos dientes increíblemente afilados. Él no me haría daño. Para mi sorpresa, su lengua inmediatamente se enreda con la mía y comienza a frotarse con un movimiento erótico que hace que mis dedos se curven.

Gimo de placer, sorprendida de lo bien que se siente su boca sobre la mía. Parece que también está disfrutando el beso, el gruñido bajo y ronroneo regresa a su garganta. Sus manos agarran mis caderas y me aprieta contra él, su boca saqueando la mía. Está claro que cualquier renuencia inicial que Edward haya tenido se ha ido, es un besador entusiasta y está claro que va a dominar el juego entre nuestras bocas. Me quedo sin aliento, sorprendida por la intensidad del beso. Finalmente se aleja de mí el tiempo suficiente para que sus labios rocen los míos en el más suave de los besos.

-Is-be-la- murmura, y las sílabas de mi nombre hacen que mi piel se estremezca.

-Chico, aprendes rápido- le digo sin aliento. Un momento después, lo demuestra aún más besando mi boca de nuevo, luego comienza a besarme a lo largo de mi mandíbula y cuello, acariciándome con cada movimiento. Lo devoro, mis manos moviéndose sobre su piel cálida y dorada. Es tan grande y fuerte. Realmente grande y fuerte en todas partes, y mi atención se dirige a la barra de hierro que es su polla presionada contra la rodilla de mi pierna una vez más.

-Is-be-la- murmura, y su boca se mueve hacia abajo, hasta la base de mi garganta.

-Mmm, sigue- le digo. No me canso de sus caricias. Mañana me preocuparé de lo mal que está. Por ahora, solo voy a disfrutar. Pero luego se arrodilla frente a mí, y para mi sorpresa, entierra su cara entre mis muslos. Inhala bruscamente y el gruñido bajo y complacido retumba a través de su cuerpo. Grandes manos cubren mis caderas y me inclina hacia adelante, luego comienza a lamer mi coño de la forma en que lo había besado.

Oh, querido y dulce Jesús.

Pierdo cualquier apariencia de cordura. ¿Pensé que alguna vez tuve el control? Él siempre ha estado a cargo. Grito cuando desliza esa áspera lengua de gato sobre mis pliegues. El placer me invade y me aferro a su cabello cuando encuentra el botón de mi clítoris. Parece sorprendido por mi feroz reacción al movimiento exploratorio de su lengua y se vuelve más entusiasta.

-Edward. Oh. Dios. Yo... espera... eso es demasiado- mis sentidos explotan con cada lamida sobre mi clítoris.

-Is-be-la- murmura, no deja de lamerme, burlarse y atormentarme con cada movimiento de su lengua. Mis manos agarran sus gruesos mechones y mis caderas comienzan a sacudirse en respuesta a cada lamida áspera y caliente que me da. No puedo evitarlo. Es demasiado bueno con su boca y necesito esto. Demasiado. Pequeños gemidos escapan de mi garganta, y redobla sus esfuerzos, cada vez más entusiastas con cada movimiento de su lengua. Siento que mis ojos van a rodar en mi cabeza por la intensidad de todo esto. Y no tengo ninguna intención de detenerlo en absoluto.