.
Antes del alba
Kenma x Akira
Disclaimer: personajes no son míos
Anteriormente: Kuroo ha desaparecido y Kei regresó a Sendai para sanar sus heridas. Kenma descubre que Akira tiene un novio llamado Hanamaki, y que sale con ambos a la vez. Por accidente, Kenma y Hanamaki se encuentran de camino a la residencia de músicos. Hanamaki reconoce a Kenma casi enseguida, y parece resignado. Kenma enfrenta a Kunimi y le pide una explicación. Kunimi le explica que su problema es el opuesto al de Kenma, y que no deja de enamorarse, y que aquello le produce dolor.
XIV
Es inevitable que, cada tanto, compare mi relación con Kunimi, con aquella que tuvieron, en su tiempo, Kuro y Kei.
Después que Akira me explicara lo que era el amor para él, y tras conocer el rostro de aquel chico Hanamaki-san, su novio desde hacía tantos años, decidí no definir mi relación, si acaso era posible aquella palabra.
Seguí asistiendo a sus recitales en el teatro, sin perderme ninguna. Al finalizar, dependiendo de su cansancio, volvíamos a veces andando, otras veces en auto, hasta su residencia. Tras intercambiar observaciones del recital, terminábamos besándonos en su dormitorio o en su sofá, solo besos, nada más. Me bastaba con eso. Si a Akira no le bastaba… no tenía ánimos de saber de sus andanzas. Pero ciertas noches, no podía evitar pensar lo que podría o no estar haciendo Akira a mis espaldas.
Le escribí a Fukunaga, porque sabía que solo podría conocer lo que pensaba de forma escrita, y a mí ya no me bastaba con desahogarme. Necesitaba que alguien me gritara qué hacer. De Fukunaga nunca obtendría un grito, pero me escribió unas cuentas palabras en respuesta. La conversación ocurrió rápida y sin demora, y no ayudó a sacudirme la desazón que sentía.
Me escribió:
Fukunaga (19:19): ¿Te considerabas una persona celosa?
Kenma (19:19): No lo sé…
Fukunaga (19:19): Pero pienso que quizá no sean celos, sino aquella competitividad que traes arraigada, la que te hace identificar a Hanamaki-san como un rival.
Kenma: (19:19): es cierto, identifico a Hanamaki-san como mi rival.
Fukunaga (19:19): Sin embargo, en este caso no existen los rivales. Ninguno vencerá por sobre el otro. Si las cosas son como dice Akira-san, tú y Hanamaki-san van jugando su propia partida. Partidas distintas. El verdadero problema de Akira-san es que, al no elegir, le falta tiempo para repartirse entre ambos. Intenta verlo de ese modo.
Kenma (20:20): Pero ese es también mi problema: que tengo que conformarme con el tiempo que él designe para mí.
Fukunaga (20:20): Si te estás «resignando», ¿vale la pena?
Medité sus palabras.
Hanamaki-san no era realmente mi rival, no cuando Akira no pensaba decidir por uno o el otro. ¿Valía la pena? A mí me afectaba. Pero también me afectaba cuando lo evitaba, y ya no quería evitarlo. «Qué bien te lo has montado, Akira», mascullé con resentimiento. Ojalá yo fuera como él. Ojalá pudiera enamorarme de alguien más, y poner a prueba a Akira. Estaba seguro que se le derrumbaría el teatro. Me imaginé visitándolo en su piso, llegando con retraso a alguna cita. Si acaso me reclamaba, le diría: «yo también estoy saliendo con otra persona», y ver qué cara se le quedaba. De seguro que no le hacía ni una gracia.
Tomé mi celular. Revisé las redes sociales de Akira. Si acaso era cierto de que tenía una multiplicidad de novios, era bastante discreto. La mayoría de sus fotos, videos y comentarios más recientes estaban relacionado a sus ensayos con el ensamble. Yo no aparecía en ninguna de sus fotos. Hanamaki-san aparecía, pero en muy pocas. En este tema, Akira actuaba con discreción.
Tentado por la curiosidad, busqué a Hanamaki-san. Su perfil era privado. Dudé unos segundos. No éramos rivales, Fukunaga tenía razón. No tenía nada de extraño enviarle una solicitud de amistad al novio de tu novio… o lo que sea que tengo yo con Akira.
Me aceptó enseguida. Me escribió.
HNMK: ¡Holssss!
Salté hasta el techo.
¿«Holssss»?
Empezaron a caer una cascada de reacciones y comentarios a mis publicaciones. Acababa de darle vía libre el novio de mi ¿Novio? Y resultaba que la curiosidad era recíproca.
Se me paralizó el corazón cuando comentó en un vídeo que subí de una pelea callejera de gatos (¡Peleaban en mis narices! ¿Cómo no podría grabarlo?) ¡Qué le sucedía a ese sujeto! Eran todos comentarios positivos o entusiastas. No había mala sangre en ellos. Me puse a revisar su cuenta. Allí solo había memes y más memes, y muchas fotografías de aves. No podía darle like a nada, sinceramente. Silencié mi teléfono y me dejé caer sobre el colchón de la cama. Qué rabia. ¿A qué jugaba? ¿Entonces éramos rivales o qué? ¿Me estaba aplicando juegos mentales? ¿Él a mí? No, imposible. Era una rivalidad mutua. Pasivo-agresiva, quizá, pero mutua.
Después de darme mil vueltas en la cama, lo hablé con Kei. Hacía tiempo no nos contactábamos. Encendí un cigarrillo junto a la ventana y derramé las primeras colillas en el cenicero de manekineko. Sostuve el teléfono en equilibrio, entre el hombro y la oreja. Después de preguntarle por su tratamiento, y su vida en Sendai, fue él quien me preguntó por Akira. Lo puse al día de mis predicamentos, incluyendo mi última estupidez de mandarle una solicitud de amistad a Hanamaki-san.
Oí a Kei reír. Podía imaginarlo perfecto, sentado en una ventana opuesta, también con un cigarrillo encendido.
—Así que ya conoces a Hanamaki-san.
—Conocer, así lo que es conocer… por eso es que te llamo. No sé cómo interpretar que de pronto se crea mi mejor amigo en social med.
—Ahh vamos, «mejor amigo». No seas exagerado. Estoy revisando tu social med. Y no es para tanto, de verdad. Lo que pasa es que tienes complejo de culpa porque sabes que el tipo es simpático.
—¿Tú lo conoces?
—He cruzado algunas palabras con él, sí.
—¿Y? ¿Qué opinas?
—Tiene mejor gusto musical que Kunimi o Kuroo-san…
—¿Eso es todo?
—De verdad, Kenma, no entiendo qué haces con Kunimi. Es obvio que la situación te incomoda.
Una parte de mí tampoco lo entendía, pero no tenía ganas de que me cuestionaran. A Fukunaga se lo aceptaba, porque sabía que en sus palabras no había sino preocupación. Pero lo de Kei sonaba más como un reproche, y yo comenzaba a desesperarme.
—Esto no es un matrimonio de conveniencia o algo así. Las razones lógicas solo tienen cabida en los matrimonios de conveniencia.
—De acuerdo… no existe la lógica en una relación fundada en el amor… hasta cierto punto. Te acepto que la lógica no tiene cabida para iniciar una relación, pero en muchos casos, son los hechos objetivos las razones que necesitamos para terminar con alguien.
—Qué pésimo colega eres. ¿De verdad me estás sugiriendo terminar con Kunimi? Pensé que tú, de todos, me entenderías.
—Sí que te entiendo. Te entiendo mejor que nadie. Por eso te digo lo que te digo. Mientras más alargues terminar con Kunimi, más agotarás la relación. Pero lo entiendo, todavía atraviesas esa etapa de «luna de miel», y yo no tengo ganas de pelear contigo. Además, lo que me sucedió con Kuroo-san no tiene por qué replicarse contigo. Cada caso es distinto.
—Lo siento… No quise…
—No, lo siento yo.
—He estado muy borde este último tiempo. Supongo que tienes razón…
—No, si se trata del amor, está más que comprobado que soy un nulo en la materia.
—¿Cómo has estado?
—Ya sabes… hay días y días.
No hablamos mucho más. En la noche, Kei me envió fotografías viejas que debe haber encontrado en las carpetas oxidadas de su computadora.
Eran fotos de los campamentos de verano, por nuestros días de preparatoria. Kei y yo no éramos amigos entonces, y yo usaba el cabello teñido. En la mayoría de las fotos que envió de mí, aparecía junto a Kuroo, pero también con Hinata, Fukunaga y Taketora.
Me quedé contemplando una fotografía rara para esos días, en la que aparecíamos Kei, Yamaguchi, Kuroo y yo, los cuatro sonriendo a la cámara, como un presagio de los días venideros. Mis dedos tocaron las pecas de Yamaguchi, y luego las mejillas de Kuroo. Ambos se veían tan felices, y ambos ya no estaban con nosotros. Encendí un nuevo cigarrillo. No logré recordar el contexto de la foto, ni cómo sucedió que los cuatro coincidimos para posar en ella. Pero de algo estaba seguro, y era que Kei todavía veía a hurtadillas las fotografías de Kuroo.
—¿Tú te acuerdas de dónde salió esa foto? —le pregunté a Kei, lo llamé solo para consultarle aquello.
Como yo, no lo recordaba. Tenía la esperanza de que yo lo recordara.
Mi mirada iba de Kuroo a Yamaguchi y de Yamaguchi a Kuroo.
—¿Has pensado en Yamaguchi? —me preguntó. Su pregunta me tomó por sorpresa.
—A veces, sí.
En su momento, me impresionó la muerte de Yamaguchi. Teníamos más o menos la misma edad. Nadie sabe dónde está el final del viaje, y por mucha precaución que pongamos en cada paso, en cada decisión, no somos como los árboles que pueden vivir hasta miles de años. Mucho menos somos rocas, que están en este planeta desde casi sus inicios. Sin embargo, incluso la roca se desgasta con los años. Y eso nos sucederá a todos. En el momento que nacemos, nos vamos erosionando, y todos estamos llamados a desgranarnos.
—Fue una gota de roció —dijo Kei, con la voz cortada—. Yamaguchi fue como una gota que empapó con su impronta a quienes tocó.
—Eso que has dicho es muy lindo.
—Yamaguchi era muy lindo, pero en su momento no me di cuenta. Lo siento. Es que he visto muchas fotografías.
Se despidió de mí. Dijo que, de seguir, acabaría llorando, y estaba evitando llegar a una situación así. Supongo que al final sí lloró, enterrado bajo un abismo de mantas. Yo seguí contemplando aquella foto testigo de esos días felices.
Lo único que deseaba, era que Kuroo no se hubiese convertido en una gota de rocío.
Abatido por la ausencia de mi mejor amigo, acabé escribiendo a Akira.
Me fugué por la ventana de mi habitación. En el dormitorio de Akira, nos llenamos a beso, y lo dejé hacerme el amor. Al acabar, me dejó un beso en la nariz, y dejó la cama. Una melodía se me metió dentro del alma y me arrancó todas las lágrimas que me negaba a botar. Todas mis gotas de rocío.
—¿En quien piensas? —me preguntó Akira, asomando su cabeza por la puerta.
Le dije en quien pensaba.
—Te gustaría que volviera, ¿cierto que lo extrañas mucho?
—Si Kuro no desea regresar, no me importaría, siempre que supiera qué le ha sucedido. o que se encuentra bien…
—¿Había hecho algo así Kuroo-san anteriormente?
Negué con la cabeza. Volvieron a brotarme unas lágrimas. Kunimi dejó la puerta abierta, regresando al vibráfono. Desde allí me dijo:
—Eres noble. Prefieres darle espacio a las personas, aunque eso vaya en contra de tu felicidad. ¿Te habías dado cuenta?
»No me has dicho en ningún momento "quiero que Kuro vuelva", aunque lo extrañas. Tampoco me has dicho que termine con Hanamaki-san, ni me has dado un ultimátum. Sé que no te agrada, me puedo dar cuenta, pero has decido que no vas a cambiarme. Y te lo agradecería si realmente no fuese en contra de tu voluntad…
Otra melodía volvió a sonar. Era un ritmo y una tonada muy distinta. Me desconcertó el cambio, pero me gustó lo que oí. Era algo nuevo, distinto, un poco siniestro incluso. Sentía fundirme en el colchón, intoxicado por unas hiedras venenosas que me inducían sopor. Cuando comprendí qué estaba sucediendo, la melodía había acabado, y Kunimi regresaba a la cama, junto a un pendrive.
—He mirado tu demo. No te mentiré, no pude pasar del primer nivel, pero Hanamaki-san me ha ayudado… en fin. No quería mencionarte a Hanamaki-san. He compuesto algunas melodías que podrían irle bien a los niveles que miré. No te sientas con la obligación de usarlas. Escúchalas, y ya me cuentas.
—Lo que acabamos de mirar…
—Sí, te diste cuenta. Esperaba que te dieras cuenta.
—Quiero escucharlo ahora, contigo.
.
.
Mi demo me dejó una calificación distinguida y varias ofertas de contrato, que preferí, en su momento, no mirar.
Estaba escribiéndole a Akira los resultados de mi evaluación. Había incorporado, además de los dos temas que Akira compuso, efectos de sonido según correspondiera. A todos les hubo encantado. Akira decidió llamarme.
—¿De verdad les gustó la música?
—No somos expertos en esas cosas como tú. Si hubiese puesto de fondo el Claro de Luna habría valido igual.
—Por qué. De todos los temas que te he enseñado, solo has podido pensar en Claro de Luna. El de Debussy o el de Beethoven.
—No tengo idea. Cómo iba a saber que había más de dos Claros de Luna. Qué repetitivos son ustedes los músicos para titular sus obras. Son todo sonata número ciento mil opus ochocientos, etcétera.
—Sé que conoces ambas versiones de Claro de Luna. Debes de conocerlos.
—A la comisión solo le interesaban los aspectos técnicos, de programación y visualización. No me des la tabarra con los clásicos.
Me empezó a reclamar no sé qué cosa del impresionismo y tal. Entré a una tienda de conveniencia a comprar un paquete de cigarrillos. Quería enseñarle a Fukunaga el OST del demo, pues si bien a la comisión le encantó, la opinión de Fukunaga para mí valía más, y aunque él insistía que era mi proyecto, yo prefería su visado.
Encendí un cigarrillo en lo que asentía a todo lo que me decía Akira. Una figura oscura apareció en el horizonte. El cigarrillo que acababa de llevarme a los labios se me cayó al suelo.
—Akira, ¿has hecho algo?
—¡No me estabas escuchando!
—Es demasiada coincidencia. Hemos hablado de esto hace muy poco. No te hagas el desentendido. No con esto, te lo pido.
—¿De qué estás hablando?
—Te llamo luego.
Corrí hasta Kuroo. Desnutrido, sarnoso, logré retenerlo con ambas manos, evitando que se diera de bruces contra el suelo. Le hablaba, no me respondía. Decidí llevarlo hasta su casa. La abuela salió corriendo a recibirnos, apenas nos vio por la ventana.
Corrí a casa a contarle a mamá.
—Kuro ha regresado.
Mamá llamó a papá, al señor Kozume. Horneó un pastel para el hijo pródigo. Ni siquiera intenté disuadirla. Tenía varias llamadas perdidas de Kunimi. Le escribí que Kuroo había vuelto, y luego apagué mi teléfono. Quería dormir. Quería no pensar y dormir, para que transcurriera rápido el día.
La cosa es que he escrito el camino en mis viajes de ida y regreso al worky, y pues la edición ha estado ahí no más, bien deficiente. Lo siento por la baja calidad. Estoy como la 4ta temporada del anime de Haikyuu fufu... Mi propósito es lograr acabar este fic antes que termine el año... y yo misma sé que es imposible, que ya basta del optimismo desmedido, que la calidad va a bajar muchísimo, pero... voy a intentarlo.
