Episodio 5: Night Stalkers

- Vale, repasemos la operación

Un muchacho alto, musculoso y con una corta melena color paja repasaba minuciosamente las notas escritas en una pequeña libreta de bolsillo; iba ataviado con unos pantalones anchos grises y un chaleco antibalas negro, adaptado con unas placas que protegían especialmente el tórax y los abdominales; unas botas militares negras con cierre de velcro y unos guantes oscuros con placas de metal acopladas completaban el conjunto, con una piedra color azul eléctrico engarzada en la placa protectora del dorso de la mano izquierda, que brillaba pálidamente bajo la luz de la luna.

- Entraremos a las 23:00, uno de nosotros custodiará la entrada y el otro explorará el interior del almacén en busca de nuestro objetivo. Una vez lo encontremos procederemos a su rescate. Todo ha de suceder sin crear ningún tipo de riesgo – cerró la libreta de una sacudida – tenemos que haber acabado a las 00:00.

A su lado, otro joven, menos voluminoso, pero de porte atlético, se ajustaba una corbata de color rojo anaranjado, vestía camisa de manga larga y pantalones de pinza negros con zapatos del mismo color, su piel tenía un color tostado y su cabello, largo hasta el final de la espalda, era de una tonalidad castaña rojiza; en conjunto, resultaba más elegante que su fornido compañero.

- Joder, Luis ¿Tanta parafernalia sólo para decirme que tenemos que darnos prisa para que puedas llegar a tu cita? – preguntó con una sonrisa mientras abría una bolsa de deporte alargada.

- Anda, calla y dame el comunicador – contestó el otro – Esther está de un humor de perros últimamente.

- ¿Has pensado alguna vez en decirle que te pasas las noches dándote de hostias con vampiros y demás bichos nocturnos?

- Erik, eso no puede ser, sabes que tenemos prohibido revelar eso a la gente normal.

Sin mediar palabra, Erik sacó un pequeño auricular con micrófono que entregó a Luis y el mismo se colocó otro, después extrajo de la bolsa dos fardos alargados y una doble correa.

- ¿Las espadas? – Preguntó Luis – Creí haberte dicho que no las trajeras, no las vamos a necesitar.

- La última vez acabamos a hostias con un grupo de íncubos porque no llevábamos las espadas ¿Recuerdas? – Contestó mientras alargaba a su compañero una katana cuya vaina era de color ébano – He pensado que por si acaso…

Luis ajustó su arma a la espalda de un movimiento rápido mientras Erik se calzaba los dos cinturones y enganchaba a uno de ellos la suya, una espada larga cuya vaina, según como se la mirase, recorría un espectro de colores entre el rojo y el negro.

Finalmente, tras intercambiar unas últimas palabras, se pusieron de camino al puerto en el más absoluto silencio.

Cuando llegaron. no tardaron en advertir que el ambiente era muy denso, demasiado para ese lugar. Dieron una vuelta hasta llegar a un almacén que, supuestamente, estaba abandonado.

- ¿Aquí? – preguntó Erik.

- Según nuestras informaciones, si – Luis se acercó a la puerta y la examinó – aún la usan, no está oxidada ni corroída – guardó silencio durante un momento y se volvió hacia Erik – Bien, organicémonos, uno de nosotros ha de entrar y examinar el almacén, el otro vigilará por si viene alguien.

- Vale – aceptó el pelirrojo – yo entraré.

Y sin mediar palabra, Erik se acercó al portón y, armando un escándalo tremendo, derribó la puerta de una patada.

- ¡Bestia! – le regaño Luis - ¿Tienes la más mínima idea de la que puedes armar?

- A esta hora aquí no hay nadie, y lo sabes ¿Qué era lo que buscábamos, por cierto? Para esta misión me has traído de improviso.

- Las chicas que han desaparecido desde hace dos meses hasta esta semana, son seis en total – Luis se sacó una botellita del chaleco y se la entregó a Erik – toma, si están sedadas esto anulará los efectos.

El pelirrojo sonrió y se metió el frasco en el bolsillo.

- Te informaré por el comunicador de cualquier cosa que vea – dijo agarrando el micrófono del aparato - ¡Nos vemos!

Tras ello, se introdujo en la oscuridad del edificio.

Luis se apoyó al lado del portón, sonriendo.

- Espero que no sea una noche muy larga…