Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen, son propiedad deJ.K.Rowling. La historia tampoco, es dethecellarfloory fue beteada porAusie Adeline.
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Capítulo Final parte 1
Una vez tuve un agujero en el pecho, pero ahora no lo tengo.
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Una bomba. Un arma de destrucción masiva explotó en las bóvedas subterráneas donde se almacenaban cosas preciosas. Los muggles eran inteligentes. La magia no habría tenido oportunidad contra esa arma.
Nunca hubiera sospechado que él había pensado en usar algo tan muggle, tan completamente diferente a lo que Malfoy representaba. Pero, de nuevo, así era como operaba. Ella nunca podría entender cómo funcionaba su mente. Él había estado aquí, mostrando preocupación por ella después de que Astoria Greengrass había destruido por completo su poción. Hermione sintió una sensación horrible en el estómago y una fuerte necesidad de vomitar, unos minutos después, regótodo el contenido de su estómago en el suelo.
La realidad finalmente se había derrumbado sobre ella, sorprendiéndola. El Denovorum ya no estaba. Dennis iba a morir y Draco... Draco la había traicionado para huir con los Mortífagos.
Era injusto que cosas las horribles sucedieran todas a la vez. No podía entender por qué Draco la traicionaría. ¿Había estado planeando esto desde el principio? Le había hecho una promesa, había prometido que ya no mataría a nadie. Y no había matado a Astoria gracias a esa promesa.
Quizás él realmente no la estaba traicionándola, tal vez solo quería mantenerla lejos del peligro. Pero ella sabía que todo eso era una ilusión. Nada parecía silenciar los pensamientos en su cabeza, pero al menos sus pensamientos eran una distracción de la realidad.
Cuanto más pensaba, menos escuchaba los gritos desde abajo.
Recorrió el laboratorio con la varita de Astoria en la mano. Draco había tomado su varita mágica, pero por pura suerte había olvidado la de Greengrass. Hermione se sintió tan aliviada por eso y ni siquiera lo pensó dos veces antes de arrancarla de las manos inconscientes y perfectamente cuidadas de Astoria.
Las probabilidades estaban en contra de ella. Draco había planeado el ataque y lo había planeado bien. La aparición no funcionaría, nada lo haría. Estaba atrapada allí hasta que revirtiera cualquier maldición que hubiera colocado alrededor del perímetro. No podía hacer nada más que enviar un Patronus para encontrar a Harry y pasar los siguientes minutos esperando en silencio.
Pronto se dio cuenta de la falla en su plan, tal vez Harry ya tenía las manos llenas al tener que ocuparse de los Mortífagos y como consecuencia le tomaría mucho tiempo llegar hasta aquí. O tal vez estaba herido... o tal vez no vería su Patronus, o tal vez un hechizo lo había...
«Ugh.»
Eso era enloquecedor, muy pronto, ya no podría ignorar los gritos. Soltó un gemido ansioso y golpeó su hombro contra la puerta del laboratorio varias veces, sabiendo que no se movería sin importar cuántas veces intentara forzarla a abrirse.
Finalmente, se dio por vencida y golpeó de nuevo el duro concreto. Dejó que su cuerpo se desplomara, descendiendo lentamente al frío suelo. Se llevó las manos al rostro y murmuró varias maldiciones. Ella seguía pensando cuánto iba a hacer sufrir a Draco por esto. La venganza sería dulce. Él y sus estúpidas bombas.
«Espera, ¡eso es!»
Ella soltó un fuerte jadeo y saltó de su posición. Frenéticamente, buscó en el laboratorio los materiales: litio, tritio, deuterio, torio...
La magia no tendría ninguna posibilidad.
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Correr por un tramo de escaleras fue más fácil después de que rasgó la falda de su vestido unos centímetros por encima de sus rodillas. No tardó mucho en llegar al vestíbulo donde se estaba celebrando el baile. El enorme espacio, una vez adornado con las mejores flores y fuentes, era apenas reconocible. Ahora era un páramo destruido por los Mortífagos. Atrás quedaron los estandartes, las decoraciones y las luces de colores. Lo que quedaba era un campo de batalla con manchas de sangre en los pisos y cadáveres diseminados por todas partes.
Era como revivir la Gran Batalla.
Hubo duelos a su alrededor y una o dos veces tuvo que agacharse cuando un hechizo casi entró en contacto con su piel. Algunos Aurores conducían a los invitados restantes a un lugar seguro. Ella vio a Padma defenderse de algunos de los Mortífagos con complicados hechizos.
—¡Hermione! —otro hechizo se precipitó hacia ella, demasiado rápido para que ella saltara fuera de su camino. De repente, alguien la derribó. No supo quién hasta que vio un brillante cabello rojo—. Merlín, ¿estás bien? —Hermione simplemente asintió, jadeando.
—Se suponía que debía ayudarte a salir del Laboratorio, ¡pero ha habido un retraso!
Dos Mortífagos las habían visto y ahora las estaban atacando con la maldición asesina. Buscaron cubrirse a medida que más y más hechizos se elevaban justo por encima de sus cabezas, apenas fallando por pulgadas. Saltaron detrás de una mesa volcada, disparando sus propios hechizos a los dos Mortífagos ahora escondidos detrás de unas columnas.
—Estoy bien, Ginny —susurró, tratando de recuperar el aliento. Ella disparó otro hechizo desde detrás de su cubierta y dejó inconsciente a un Mortífago—. Logre salir. ¿Dónde está Harry?
—Fue a por Malfoy a las bóvedas subterráneas —respondió ella—. Los otros Inefables fueron enviados a casa, aunque no todos ellos tuvieron tanta suerte —frunció—. Luna es la única que se quedó para ayudar a Harry. Es peligroso allá abajo.
—Pero tengo que ir. Tengo que detener a Malfoy.
—¿Estás loca? Es demasiado peligroso. Harry me dijo que no… —pero Hermione no quería escuchar. Ella se asomó una vez más, solo para encontrar que el otro Mortífago tenía lo que parecía ser una bomba en su mano. Por reflejo, agarró a Ginny del brazo y la arrastró a un lugar seguro.
—¡Cuidado!
Sonó un fuerte golpe de exactamente donde habían estado agachadas momentos antes, el sonido fue tan estruendoso que quedo temporalmente sorda. La fuerza de la explosión las había arrojado a ambas hacia atrás. Hermione se estrelló dolorosamente contra el suelo, su espalda rozo el frío pavimento. Dejó escapar un fuerte gemido por el dolor. El aire estaba lleno de humo negro, polvo y escombros, por lo que le era imposible ver.
Se dejó caer al suelo, tosiendo por los vapores que entraron en sus pulmones.
Su cuerpo dolía en todas partes, pero tenía que moverse y salir de allí.
—¡Ginny! —gritó a través del humo, nerviosamente—. ¡Ginny!
—¡Por aquí!
Se forzó a sí misma a rodar sobre su estómago y gatear hacia el sonido de la voz, aliviada de escuchar a su amiga con vida. La piel de Hermione se raspó contra las rocas, pero forzó a su cuerpo a seguir moviéndose.
Ginny yacía boca abajo en el suelo y se agarraba el estómago con ambas manos. Hermione se arrojó al lado de Ginny inmediatamente y rodó a la chica sobre su espalda. Los ojos de Ginny estaban cerrados y su expresión era de inmenso dolor. Solo entonces Hermione notó la gran herida en su estómago, goteando sangre por todas partes. Se encogió al verla, repentinamente recordando a Viktor y cómo lo había visto morir.
Lentamente, Ginny abrió los ojos y sonrió tímidamente, algo parecido a lo que Fred Weasley hubiera hecho si estuviera en esta misma situación.
—Nada de un pequeño hechizo curativo no pueda reparar —dijo como una cuestión de hecho. Hermione no necesitaba que se lo dijeran dos veces. Ya estaba curando el enorme corte de Ginny y la sanación estaba progresaba bastante bien.
La herida tenía aproximadamente tres centímetros de profundidad; casi le llegaba al pecho y el rojo carmesí contrastaba horriblemente contra la pálida tez de Ginny. Pedazos de su piel sobresalían en forma irregular e incluso algunas secciones de piel habían sido arrancadas de su cuerpo cuando la herida había sido hecha. Hermione comenzó a quitar la piel desprendida tan cuidadosamente como pudo.
—¿Sabías que hay un agujero negro en la mansión Malfoy? —susurró Hermione, intentando con todas sus fuerzas evitar que su voz se resquebrajara. Sabía que la única forma en que podía distraer a su amiga del dolor era hablando con ella. «Hazla pensar en otra cosa.»
—¿De verdad? —Ginny dijo con voz ronca, sonriendo levemente otra vez. Parecía que iba a desmayarse en cualquier momento. Estaba luchando por mantener la conciencia y hablar ayudaba mucho—. ¿Cómo se las arregló para conseguir uno allí?
—Fue el resultado de una poción Denovorum que salió mal —dijo Hermione. Estaba limpiando la herida con su magia, sintiéndose aliviada que la herida no fuera tan grave como la de Viktor. Incluso con su entrenamiento como Sanadora, las manos de Hermione temblaban tanto que tuvo que hacer un esfuerzo para mantenerlas estables—. Una de las razones por las que el Denovorum es tan rara. Un simple error y crearás un agujero negro. Los ingredientes son tan poderosos que un desequilibrio sería mortal.
—Estás bromeando. Quieres decirme que… —respiró Ginny. A medida que la sangre desaparecía lentamente, su voz volvía a la normalidad otra vez. Hermione había terminado de limpiar la herida y ahora procedió a sellarla—. ¿Malfoy intentó hacer Denovorum?
—No estoy segura de sí fue él. Espera, eso me ayudará —respondió Hermione. Ginny mantuvo apretada su mano izquierda—. Ha habido rumores de que la Mansión Malfoy tenía un agujero negro escondido en su interior por generaciones —Ginny dejó escapar un fuerte gemido de dolor mientras el hechizo curativo funcionaba. Sus uñas se clavaron en la piel de Hermione, extrayendo sangre. Ignorando el dolor de su agarre de hierro, Hermione continuó trabajando en sus heridas—. Escucha Ginny, tengo que hacer esto. Tengo que ir allí... es... —reforzó el hechizo curativo, lo que le valió otro fuerte gemido de Ginny. Su mano izquierda se sentía como si se rompiera por el fuerte agarre de Ginny— soy la única que puede detenerlo.
Ella todavía estaba sangrando un poco. Hermione intentó evitar que la sangre saliera, pero no fue suficiente. No era mucho lo que un sanador no profesional podía hacer. A pesar de esto, el hechizo de curación había curado casi toda su herida. Unos minutos más y Ginny se habría desangrado. Hermione arrancó tela de su ropa ya rota para utilizar como vendas.
—Tienes que irte —dijo Hermione cuando finalmente termino.
—No —dijo Ginny con dureza. Se apartó de Hermione e intentó ponerse de pie—. Me quedaré aquí y lucharé contra ellos.
—¡Merlín, Ginny, mírate! —Hermione exclamó en voz alta, irritándose con su terquedad. Ella estaba realmente preocupada. No quería que nadie más saliera lastimado—. Estás herida. Debes ir a San Mungo, no durarás un…
—Necesitarás una distracción, ¿no? —indicó Ginny con urgencia, ignorando el arrebato de Hermione. La sangre todavía se escapaba de su estómago, manchando sus ropas. Hermione trató de ignorar el hecho de que Ginny tenía razón, necesitaba una distracción. Pero sus pensamientos eran un lío, llenos con la voz de Snape diciéndole que tenía que arreglar a Draco a toda costa. A toda costa o lo lamentaría—. Para llegar a Malfoy, ¡tienes que superar a estos Mortífagos! ¡Tú misma lo dijiste, eres la única que puede detenerlo! ¡Los distraeré! Yo también puedo...
Antes de que pudiera siquiera terminar, capas con capuchas y máscaras blancas aparecieron de la oscuridad, moviéndose rápidamente hacia ellas. Más Mortífagos, Hermione levantó su varita para disparar hechizos, pero Ginny, con su fuerza bruta, comenzó a arrastrarla hacia la entrada de las Bóvedas. Cuando intentaba protestar, Ginny solo la jalaba con más violencia, literalmente la arrastraba para que se moviera.
Las paredes temblaban a su alrededor, migajas de concreto caían sobre sus cabezas. Las vigas que soportaban el techo colapsarían en cualquier momento.
—¡Ve Hermione! —gritó, con un ligero tinte de desesperación en su voz. Hermione estaba perdida, dividida entre quedarse y marcharse. Lanzó más hechizos hacia los Mortífagos, había unos diez. Un hechizo rozó su hombro, pero ignoró el dolor. Ginny no podría...— ¡te daré algo de tiempo!
—¡Estás loca si crees que te dejaré aquí! ¡Ven conmigo…!
—¡Solo vete! —ella gritó.
Antes de que Hermione pudiera discutir, Ginny disparó un hechizo directamente a las vigas que soportaban el techo.
El efecto fue inmediato. Grandes pedazos de concreto descendieron. Más polvo espesó el aire ya contaminado. Hermione corrió hacia la entrada cuando una gran parte del techo se derrumbó entre ellas, separándola de Ginny.
Ella iba a quedar enterrada viva.
—¡Ginny!
Continuó por unos segundos, pero se sintió como toda una vida. Pasó un tiempo hasta que el concreto dejó de caer y la niebla desapareció.
—¡Dónde estás! —gritó, tosiendo mucho e intentando histéricamente encontrar un camino a través de las rocas—. ¡Ginny!
Pero Ginny no respondió a sus llamadas esta vez.
—¡Ginny!
Lo último que Hermione escuchó de ella fue un grito femenino, un grito ensordecedor de dolor.
Y luego silencio.
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No pudo encontrar un camino de regreso.
Los caminos habían sido destruidos por las rocas y los rodados; la única salida era continuar hacia las bóvedas. La aparición no estaba permitida adentro.
El primer nivel había sido destruido por completo como el vestíbulo, pero no había encontrado ninguna señal de la flor de Hufflepuff en ningún lado. Los Mortífagos probablemente la tomaron para su propio beneficio. Dios sabe cómo usarían una planta que anula la magia.
Ahora corría hacia el segundo nivel, equipada solo con su determinación, su conocimiento de los hechizos y la varita de Astoria. El lugar era como la Sala de los Menesteres de Hogwarts. A su alrededor, los artefactos se apilaban al aire libre. Ella maniobró para atravesarlos, teniendo cuidado de no tocar nada.
¿Y qué le había pasado a Ginny a las manos de los Mortífagos? Lesionarla. Torturarla. Hermione intentó con todas sus fuerzas no pensar en ella, porque si lo hacía, seguramente se echaría a llorar.
No quería procesar los eventos de la noche. Su mente los rechazaba, reprimiéndolos. Ella no quería creer que Ginny estaba muerta. En su mente, Ginny todavía estaba luchando contra los Mortífagos, recibiendo ayuda de otros Aurores que acababan de llegar.
Ella no estaba muerta.
«Ahora no es el momento de llorar» habría un momento para llorar, pero no era ahora. En este momento, tenía que seguir caminando.
Recordando que habría monstruos carnívoros en el sexto nivel, Hermione sacó una botella de una poción de los muchos artefactos y la metió dentro del bolsillo de su túnica de gala.
Estaba agradecida de que el segundo nivel fuera solo un espacio de almacenamiento para los artefactos raros que no eran peligrosos. Finalmente, Hermione lanzó un fuerte hechizo de calentamiento sobre su piel para prepararse para la tormenta de nieve en el nivel tres.
Cualquier otra bruja o mago habría tenido problemas para atravesar cada nivel con vida, pero como ella era una Inefable, ya sabía las preparaciones necesarias para cada nivel y los atajos más rápidos para atravesarlos de manera segura.
—Casi estás allí, Hermione —se decía a sí misma cada cinco minutos. Ella se lo repetía a cada paso. Era su mantra para atravesar las pilas de nieve que se formaban bajo sus pies. Y también lo decía después de cada paso en la arena del siguiente nivel.
En ese otro nivel había una piedra, una piedra de fuego que podía elevar el calor y llevar arena a cualquier lugar, día y noche, por la eternidad. Dicha piedra estaba escondida en algún lugar en el cuarto nivel, mientras que una piedra de hielo estaba oculta en el tercero.
Mientras corría a través de la tormenta de nieve subterránea de nivel tres y la tormenta de arena de nivel cuatro, no pudo evitar pensar en lo que iba a enfrentar una vez que alcanzara el séptimo nivel. Había sido su tarea detener a Draco desde el principio, pero aparentemente no había hecho un buen trabajo. Debería haber pasado más tiempo con él, debería haberle mostrado cuánto le importaba. Ella podría haber hecho mucho más.
¿Aunque, hubiera sido suficiente? Estaba segura de haber visto al verdadero Draco detrás de su máscara de indiferencia, pero ¿qué la hacía estar tan segura de poder ayudarlo? Por lo que sabía, esta falta de emoción era algo permanente. Tal vez estaba demasiado roto, demasiado marcado por la tortura que Voldemort le había hecho pasar. Quizás Snape estaba equivocado. Tal vez Draco ya se había convertido en un monstruo.
No. Ella no debía perder la esperanza, era lo único a lo que podía aferrarse en este momento. Ella tenía que creer en Draco. Era lo único que tenía. ¿Quién más podría creer en él si no fuera ella?
Por fin, Hermione había llegado a un agujero en medio del desierto. Lo llamaban el agujero del conejo. Era la entrada a la selva del nivel cinco.
Ella cerró los ojos y saltó.
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Cuando abrió los ojos, una escena diferente apareció ante ella. Los árboles rodeaban el perímetro, además de diferentes plantas nunca antes vistas por los ojos humanos. Había un árbol con hojas de color púrpura y hierba con luces parpadeantes. La arena y la nieve se habían ido, reemplazadas por la selva. Echó un vistazo al lugar en busca de signos de movimiento. Su mirada se posó en las vides no muy lejos de ella; los arbustos Vinewhip que Astoria trajo de Rusia.
Evitando las grandes enredaderas tachonadas de espinas y hojas, se abrió paso a su alrededor y comenzó a dirigirse a la entrada del nivel seis.
Entro en silencio, tan quieta como una sombra en la noche, para no perturbar el bosque donde moraban animales monstruosos que podrían atacarla en cualquier momento. Al llegar al claro, escuchó a diferentes personas gritando, probablemente hechizos, no muy lejos de ella.
Detrás de un par de enormes árboles, encontró a Harry y Luna luchando contra más Mortífagos. Eran claramente superados en número, aproximadamente por quince. Hermione se escondió detrás de los árboles para mantenerse fuera de la vista. Uno de los quince era Blaise Zabini, parado junto a uno de los árboles, con la varita a un lado, simplemente disfrutando del espectáculo.
Hermione sintió la ira correr por sus venas al verlo, pero no tuvo tiempo de pensar en él. Tenía que salvar a Harry y Luna.
—¡Hey! ¡Ustedes! —le gritó a los Mortífagos. Los hechizos se detuvieron. Todos se volvieron para mirarla—. ¿Se acuerdas de mí? ¡Hermione Granger! ¡La sangre sucia se casó con el precioso heredero de Voldemort!
Enfurecidos, abandonaron a Harry y Luna e inmediatamente corrieron detrás de ella. Salió disparada, obligando a sus piernas a correr lo más rápido que pudieron a cualquier destino. Tenía la intención de distraerlos, pero ahora no tenía idea de cómo alejarse de ellos. Maldiciones fueron disparadas contra ella desde todas direcciones. Ella gritó cuando un hechizo le picoteó la espalda, dos más le pincharon las piernas y casi la hacen estrellarse contra el suelo.
—¡Hermione, ten cuidado! —escuchó su nombre. Pero la voz fue ahogada por los fuertes gritos, los gritos de angustia de los Mortífagos. Se giró, solo para descubrir que los aplastaban los arbustos Vinewhip que había evadido antes.
Ella miró horrorizada cómo las enredaderas ataban a los Mortífagos al suelo, impidiendo cualquier escape. Las gruesas enredaderas ansiaban carne humana. Disparó maldiciones para sacarlos, pero no sirvió de nada. Había tanta sangre brotando de todas partes, las espinas perforaban la piel, los ojos, las bocas. Oyó que se les rompían los huesos, uno por uno.
Y luego su visión se volvió borrosa y sus piernas amenazaron con colapsar. Estaban todos muertos. Ella había causado eso.
—No hay nada que puedas hacer —le dijo Luna. Quien inmediatamente estuvo al lado de Hermione, ayudándola a ponerse de pie.
No podía dejar de mirar el baño de sangre frente a ella.
—No fue tu culpa.
Pasaron los minutos y Luna trató de arreglar las heridas en su espalda y piernas.
—Quédate quieta —ordenó Luna. El hechizo de curación se apoderó de sus laceraciones, mientras luchaba por mantenerse consciente.
Mientras tanto, Harry había acorralado a Blaise Zabini. Su varita apuntaba directamente a su corazón y esta vez no dudaría en atacarlo. Blaise no tomaría represalias. Su mano aun sostenía su varita inerte a su lado. Ni siquiera trató de defenderse.
—Estás con ellos —respiró Hermione, mirándolo con desconfianza. Luna la estaba ayudando a ponerse de pie, todavía trabajando en sus heridas—. Tú ayudaste a orquestar esto.
—¿Por qué siempre asumes que es mi culpa cuando siempre es Draco quien tiene la culpa? —él replicó. Miró a los Mortífagos asesinados junto a los arbustos con disgusto—. No es como si pudiera planear algo como esto, Hermione. Fui neutral en la Batalla Final, ¿o lo has olvidado?
La resolución de Hermione amenazaba con romperse, pero se mantuvo firme. Ella siguió viendo a Ginny en su cabeza, escuchando sus gritos. Probablemente Blaise aún no sabía sobre la muerte de su esposa.
—¿Qué va a hacer en la cámara fantasma? ¿qué es lo que quiere?
Blaise la miró intensamente a los ojos como si tratara de decidir si decirle la verdad, ignorando por completo a Harry y a Luna. Su paciencia estaba disminuyendo. Ella se alejó de Luna y disparó una maldición rápida, pero él la bloqueo. Ella disparó otra, pero siguió esquivando. Él siempre estaba en el modo de defensa, pero no atacaría.
—¡Dime o te mataré!
—Lo dudo. Soy el único que tienes en este momento —razonó Blaise solemnemente—. Yo diría que soy bastante importante…
—¿Has olvidado quién mató a Voldemort, Zabini? —Harry se burló, lanzando maldiciones—. Podría hacer lo mismo con alguien, contigo y…
—Ah, pero no lo sabes, ¿verdad Potter? —dijo, dándole a Harry una mirada de desprecio—. La cámara fantasma puede devolverle la vida a Voldemort.
Luna quedó sin aliento. Harry se quedó boquiabierto. Hermione dejó de disparar hechizos.
—¿Qué? —las palabras no podían explicar la conmoción y la ira que sentía. Ella se acercó a donde estaba Blaise y con furia lo agarró por el cuello de su túnica—. ¡Qué estás diciendo! —siseó.
Hermione apretó más fuerte el borde de su varita, su ira causó que chispas rojas salieran de la punta. Ella conocía una maldición, una maldición particular que se ajustaría a la ocasión. Estaba en la punta de su lengua.
Pero Blaise no levantó su varita y eso la enojó aún más.
—Está tratando de detenerlo —susurró, finalmente. Tenía una expresión de pura incredulidad en su rostro, como si pensar en ello fuera una locura—. Draco, él está... está tratando de detenerlo.
—¡Él está mintiendo! —Harry gritó—. ¡Atúrdelo, Hermione! ¡Atúrdelo ahora!
Hermione trató de buscar signos, cualquier cosa que pudiera decirle que Blaise estaba mintiendo. Y recordó que Blaise nunca le había mentido. Ni una sola vez.
—Draco está tratando de evitar que Voldemort se levante nuevamente —susurró de nuevo. Ella lo soltó, mezcla de sorpresa e incredulidad se registró en sus rasgos.
Pasó un minuto sin que ninguno dijera nada. Harry estaba teniendo problemas para comprender la información. Luna estaba callada. Hermione solo parecía perdida. Furiosa, Blaise agarró sus dos brazos bruscamente, sacudiéndola con fuerza.
—¿No me oíste, Granger? ¡Draco está tratando de detenerlo! ¡Está tratando de detenerlo por ti! ¡Créeme!
Ella no estaba segura de qué creer. Todo estaba sucediendo tan rápido; sintió ganas de gritar. Sin saber qué hacer, se volvió hacia Luna en busca de seguridad, quien le dio un asentimiento alentador con un brillo en los ojos.
—Yo… sí —suspiró Hermione—. Te creo.
Cuando volvió a mirar a Blaise, la dejó ir de inmediato. Sus puños estaban apretados y temblaba. Era la primera vez en años que lo había visto así de enojado. La última vez fue cuando los periódicos anunciaron la ejecución de sus padres. Puso un frasco de vidrio en las manos de Hermione. Ella lo reconoció de inmediato, el frasco de vidrio que contenía la muestra de su primer Denovorum terminado.
—Quería que le diera esto esta noche. Draco no va a sobrevivir en esa cámara y él lo sabe. Intenté convencerlo, pero no escuchó. No fue una enfermedad lo que atacó a Creevey. Granger —dijo Blaise con seriedad—. Fue una maldición.
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Fin Capítulo Catorce
Link historia original: www . fanfiction s/ 6525006 / 1 / Her-Sweet-Decadent-Smile
Naoko Ichigo
