Cinco:
¿Confiar en él?
Menma no estaba. Y él siempre estaba donde se suponía que tenía que estar. Habían dejado el coche en el aparcamiento de la gasolinera hacía ya veinte minutos. Naruto volvió a llamar a su hermano al móvil, pero estaba fuera de cobertura.
—Tal vez haya encontrado caravana —dijo Hinata.
—Imposible. —Naruto se pasó la palma de la mano por uno de los cuernos, y luego salió del coche para pasear frente al letrero de la estación de servicio. Pasaron diez minutos más. «Algo va muy mal», pensó.
Esa misma noche, Menma le había dicho que Toneri enviaría a todo el que estuviera disponible a interceptarlos. ¿Habría caído en manos de ese vil bastardo?
Naruto no podía seguir con la misión sin su hermano, ni siquiera sabía dónde estaban las bases en las que tenía que reportar, y nunca había hablado con Momoshiki en persona. «Necesito a Menma para que me diga qué tengo que hacer. Lo necesito para que me recuerde cuáles son mis prioridades.»
Había pasado ya media hora más cuando un Bentley rojo se detuvo detrás de ellos, derrapando en la curva con las ruedas chirriando.
—Vaya, es la jodida loca de Mito —murmuró Naruto para sí mismo mientras ésta aparcaba el maltratado coche.
Nunca había visto un Bentley tan hecho polvo como el de la valquiria. Tenía la chapa llena de golpes, las ruedas cubiertas de barro y el capó echaba humo por lo que parecían dos agujeros de bala. En la ventana trasera había pegado un Garfield.
Seguro que Menma la había mandado allí para decirle que había cambiado de planes. Pero había un problema. Naruto no podía correr el riesgo de que Mito se acercara a Hinata y pusiera en evidencia que le había mentido sobre lo de dar marcha atrás al proceso de transformación.
Corrió hacia el coche justo cuando la adivina estaba apagando el motor y la estridente música.
—¿Dónde diablos está mi hermano? —le preguntó tan pronto como ella abrió la puerta. Un montón de arena cayó de dentro.
Mito salió con mucha elegancia y se colocó bien la espada que llevaba colgada a la espalda. Vestía una camiseta que decía «Guarda las distancias».
—Menma anda algo liado.
—¿Qué mierda significa eso? —exclamó, mirando a los ojos de la valquiria en busca de algún signo de lucidez. Los había visto confusos demasiadas veces como para fiarse de ella. —Mito, ¿te ha pedido él que vinieras a buscarme?
—No. Pensé que podría venir a verte y así saludar a mi sobrina. —Pasó por su lado hacia donde estaba Hinata y se detuvo delante de la joven.
—Para Menma no hay nada más importante en el mundo que esta misión. Si sabes dónde está, tienes que decírmelo.
—Tanahi, la Reina de los Espejismos le ha tendido una trampa y lo ha capturado —explicó como si no tuviera importancia.
A Naruto se le hizo un nudo en el estómago.
Es la hermanastra de Toneri y Momoshiki. —Y se decía que era mil veces más cruel que ellos. —¿Y para qué quiere a Menma?
—Mi teoría es que quiere que la deje embarazada —contestó alegremente y Naruto se quedó boquiabierto. —Hasta los más rebeldes de vuestro reino se sentirían obligados a reconocer al heredero de tu hermano como su rey... pase lo que pase.
—Pero Menma no puede dejarla embarazada. A no ser que Tanahi sea su compañera.
—Estoy convencida de que a ella ya se le ocurrirá algo.
—¿Está aliada con Toneri? ¿Menma está preso en Konoha? —«Nadie escapa de las mazmorras de Konoha.»
—No sé si Tanahi está aliada con Toneri o si tiene sus propios objetivos. Y no puedo ver exactamente dónde está encarcelado Menma. Lo único que sé es que se trata de una celda oscura.
—Ahora más que nunca necesito esa espada —dijo Naruto, y se pasó los dedos por el pelo. —No sé cómo contactar con Momoshiki, ni siquiera sé dónde se halla el primer punto de encuentro.
—Yo sí, pero no sé nada más.
—¿Qué? ¡Eso es lo único que necesito! Dímelo.
—Das por hecho que voy a permitir que entregues a mi sobrina a un brujo malvado.
—¡Fue idea tuya! —soltó él.
—Pero entonces no sabía que la Vestal iba a ser una de las mías.
—Tú sabes lo que está en juego.
—Sé lo que para ti está en juego —replicó ella. —Hinata es una de las nuestras.
—Entonces, ¿por qué estamos discutiendo?
—Porque soy así de mala —contestó guiñándole el ojo.
Mito se dirigió hacia Hinata, y como el único modo posible de detenerla sería recurriendo a la violencia, el demonio la dejó pasar. Quizá Naruto fuera un mercenario, pero nunca le haría daño a una mujer.
Al instante, recordó a la novia vampírica a la que había asesinado. De acuerdo, digamos que Naruto nunca haría daño a una mujer a propósito. «Deja de pensar en eso...» —Sal un momento, cariño —dijo Mito al llegar al coche.
Hinata abrió la puerta, y al salir, se envolvió bien en la cazadora de Naruto. Miró a Mito a los ojos.
—Bienvenida a la familia. —Mito le dio un sonoro beso en cada mejilla, ajena a la expresión casi horrorizada de Hinata. —Soy tu tía Mito, la Adivina. Y también soy una valquiria y entendida sin igual.
—¿Eres una valquiria? —preguntó la joven, desviando la vista hacia las orejas, que Mito llevaba al descubierto.
—Una de las más antiguas y más poderosas —respondió ella.
—Es una poderosa adivina —explicó Naruto.
Mito tenía los ojos oscuros llenos de emoción.
—Eres la viva imagen de tu madre. Tienes el mismo pelo azulado y los mismos ojos color gris perla.
—¿Tú y mi madre eran parientes?
—Hanna era mi hermanastra.
—Hanna —repitió Hinata despacio, como perpleja al descubrir por fin el nombre de su madre.
—Era una guerrera muy famosa. Murió hace dos décadas, tuvo el privilegio de hacerlo en una gloriosa batalla.
—¿Guerrera? ¿Batalla? Creía que las valquirias eran muy pacíficas.
Mito se rió.
—¿Eso es lo que te ha dicho el demonio? —Chasqueó la lengua. —¡Naruto Uzumaki! Debería darte vergüenza.
—Sólo le estaba gastando una broma.
—¿Cómo era Hanna? —preguntó Hinata.
—Era mitad furia...
Naruto hizo un ruido de sorpresa que trató de disimular con un ataque de tos. —¿Qué?
Se trataba de la raza de guerreras más fieras de la Tradición. Las valquirias eran violentas. Las furias eran... incontrolables.
Si Naruto entregaba a Hinata a Momoshiki, tal vez la joven acabase matando al brujo con sus propias manos.
—Fíjate en los ojos de Hinata, en el círculo negro que le rodea el iris: ojos de furia.
—¿Por qué me abandonó? —Preguntó la chica. —Estoy convencida de que tuvo que tener un buen motivo para hacerlo.
Y eso era lo que la hacía tan segura de sí misma. No sentía resentimiento ni amargura por el hecho de que la hubieran abandonado al nacer.
—Te he preparado un paquete de bienvenida con una carta en la que te lo cuento todo. Pero ahora tienen que irse. Corres peligro quedándote aquí.
—¿Ah, sí? ¿Y adónde se supone que voy a ir? —quiso saber Hinata.
Mito negó con la cabeza.
—Ah, verás, no te lo estaba sugiriendo, Hinata.
—Bien dicho —intervino Naruto.
—Creía que teníamos que reunimos aquí con el hermano del demonio.
—Y así era —contestó Mito. —Pero Menma no está por aquí.
—De acuerdo —suspiró la joven, impaciente. —Pero al menos dime cómo he llegado a convertirme en esto.
—Lo dices como si fuera una tragedia.
—Yo... no, no quería decir eso. Lo único que deseo es recuperar mi vida normal. Estoy muy cerca de doctorarme, y tengo que impartir un montón de clases...
—Sí, bueno, si yo tuviera unos alumnos tan cachas como tus guapísimos jugadores de fútbol americano, también estaría impaciente por volver. Hay que ver qué...
Naruto le dio un codazo.
—Céntrate, Mito. A ver, ¿cómo ha llegado Hinata a convertirse en esto?
La valquiria los miró confusa, como si no terminara de entender la pregunta, pero al final respondió:— La semilla siempre estuvo ahí, pero hasta que no le cayó encima ese rayo no tuvo ni el agua ni el sol necesarios para florecer. —Se volvió hacia Hinata. —Y ahora te convertirás en la valquiria que siempre estuviste destinada a ser.
—Naruto me ha dicho que el proceso es reversible —explicó la joven con un tono marcadamente incrédulo.
—¿En serio?
Él se frotó el puente de la nariz dispuesto a aguantar el chaparrón.
—Así es —prosiguió Mito, dejando atónito al demonio al continuar con su mentira. —Y sólo hay un hombre que puede hacerlo; lo llaman Momoshiki el Herrero. Es un hechicero muy poderoso. Si consigues llegar hasta él antes de convertirte en inmortal, podrá hacer que vuelvas a ser humana —explicó sin pestañear, a pesar de que Naruto era consciente de que la adivina sabía que tal cosa era imposible.
Sin decir nada más, la valquiria se encaminó a su coche, con lo que a ellos no les quedó más remedio que seguirla.
—Veamos —dijo, —me he tomado la libertad de ir a tu edificio, que, por cierto, estaba infestado de vampiros, y hacerte el equipaje. Supongo que tendrás ganas de cambiarte de ropa.
Mito abrió el maletero, donde llevaba una maleta, que asimismo estaba encima de un montón de arena. Levantó el pesado equipaje con un solo dedo y lo depositó en el suelo.
—Oh, y aquí tienes tus gafas de repuesto. —Se las sacó del bolsillo de la chaqueta y se las pasó a Hinata. —Me encanta su nombre: «Gatita seductora».
—¿Gatita seductora? —Naruto pronunció despacio cada sílaba al repetir la marca.
Mirándolo algo incómoda, Hinata se las puso.
Mito continuó con la explicación:—Está claro que dentro de poco no te harán falta, pues a cada día que pase tu vista irá mejorando. Y aquí tienes el collar de perlas.
Le entregó un collar idéntico al que Hinata solía llevar. Naruto pensó que era típico de la chica tener uno de repuesto. —Estas cosas son tus talismanes —prosiguió Mito.
—¿Mis talismanes?
—¿Te sientes más fuerte cuando las llevas puestas?
Hinata se mordió el labio inferior y asintió.
—Entonces sí, son tus talismanes. Veamos, he hechizado las perlas. Mientras las lleves puestas, te protegerán de miradas oscuras.
Hinata miró a Naruto en busca de traducción.
—Significa que no puedes quitártelas. —Le cogió el collar de las manos y, sujetándola por un hombro, le hizo dar media vuelta. —Levántate el pelo.
Cuando ella apartó aquellas mechas azuladas, Naruto tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no agacharse y darle un beso en la nuca.
Sacudió la cabeza y le abrochó la joya.
—Tienes que abrigarte un poco más —dijo Mito. —Todavía eres una pequeña mortal vulnerable a las enfermedades. Huy, me olvidaba de que quieres seguir siéndolo. —Se llevó un par de dedos a la mejilla, fingiendo que reflexionaba y que la idea le parecía adorable.
Una aturdida Hinata aceptó la bolsa y se dirigió hacia el baño de la gasolinera.
¿Qué crees que estás haciendo? —le preguntó Naruto furioso. Casi le arrancó la bolsa de las manos, cogió el primer par de zapatos que encontró para calzarla y luego, con la bolsa en los brazos, la escoltó hasta el baño de señoras.
Hinata gimió, mortificada, cuando él se metió también dentro para asegurarse de que el lugar estaba vacío. Antes de irse, le cogió la barbilla con los dedos.
—Cariño, si alguien se mete contigo aquí dentro, dale un poco de lo que les diste a los demonios. ¿Está claro?
Siempre que alguien le preguntaba a Hinata qué había hecho la noche anterior, ella respondía:
—Estudiar, ir a la biblioteca y nadar un rato.
La única variación era que, de vez en cuando, las dos primeras actividades las llevaba a cabo con Kiba. ¿Y qué respondería si le preguntaban qué había hecho ese día?
—He descuartizado a unos cuantos demonios a sangre fría, me han disparado unos vampiros con metralletas, me han perseguido en coche por el pantano. He descubierto quién, y qué, era mi madre biológica. He averiguado que existe un mundo secreto dentro del nuestro...
«Son demasiadas cosas al mismo tiempo.» Hinata no se adaptaba bien a los cambios ni siquiera en las mejores circunstancias. Y en ese momento, bueno, estaba en estado de shock, limitándose a aguantar todo lo que iba sucediendo.
Al menos eso era lo que le gustaba creer. Si no estuviera estupefacta, significaría que los asesinatos que había cometido esa noche no la habrían afectado lo más mínimo.
Sí, aquellos demonios eran unos monstruos, y, sí, Hinata estaba convencida de que se merecían lo que les había sucedido, pero ¿no debería sentirse culpable por lo que había hecho? ¿No debería sentir asco? ¿Miedo?
Se paró frente al espejo y se quedó mirando el reflejo de sus ojos. Los círculos que siempre habían rodeado sus iris destacaban más que antes. «Porque, por si no lo sabías, soy en parte furia.»
Fuera lo que fuese eso.
Mito también tenía unos ojos negros muy especiales. Pero el color de los de la valquiria quitaba el aliento, mientras que el gris perla de Hinata era simplemente raro.
Se recogió el pelo y le fue imposible seguir fingiendo que no veía que sus orejas eran ahora puntiagudas. Las de la valquiria parecían exóticas e interesantes; las de ella, fuera de lugar.
Uno de los síntomas más comunes del trastorno obsesivo-compulsivo era el miedo a dejar de ser uno mismo. Pero en el caso de Hinata ese miedo tenía base. Estaba dejando de ser ella misma poco a poco. «Si tuviera mis...»
Abrió los ojos. Si Mito le había hecho el equipaje, seguro que habría visto los botes de pastillas que Hinata tenía alineados en el baño.
Se inclinó sobre la maleta y abrió la cremallera sin perder un segundo. Dentro encontró todo lo que llevaba en el bolso que había perdido cuando la secuestraron: el portátil, la carpeta, el teléfono móvil, incluso las toallitas desinfectantes.
Pero ni rastro de las pastillas...
La valquiria había encontrado el bolso y se había deshecho adrede de los dos botes de pastillas. «¿Por qué, Mito?» Se apoyó contra la pared, tentada de escapar, de salir huyendo de todo aquello.
Pero Naruto y Mito eran los únicos que podían ayudarla a regresar a su estado normal, por lo que no le quedaba más remedio que seguir con los planes que ellos hubieran trazado.
Planes que implicaban abandonar la ciudad.
Hinata no había salido del distrito en quince años. De hecho, apenas se alejaba de su piso y de la facultad. La universidad era todo su mundo, un microcosmos ordenado y perfectamente compartimentado, donde cada cosa tenía sentido. Los días se dividían en horas de clase, las semanas en días escolares, y los años en dos semestres.
Y ahora se sentía como si estuviera temporalmente exiliada.
Negó con la cabeza y cogió el móvil para llamar a su amiga Tenten. Cuando ésta no respondió, le dejó un mensaje:—Hola, Tenten, soy Hinata. Me preguntaba si podrías hacerte cargo de mis clases durante unos días. Sólo unos pocos. Eh, he tenido una urgencia familiar, y supongo que estaré fuera... —¿cuánto tiempo iba a estar fuera? —... una semana.
Tenía la sensación de estar hablando desde fuera de su propio cuerpo, sorprendida de sonar tan normal en vez de al borde de un ataque de nervios.
—Llámame al móvil si sucede algo. Te debo una.
Después de colgar, suspiró nerviosa. «Tengo que cambiarme y salir de aquí.»
De rodillas junto a la maleta, inspeccionó el compartimiento de la ropa interior, y al ver lo que contenía, se quedó atónita. Estaba lleno de medias de ligas, tangas, sujetadores escotados... y todos tenían aún las etiquetas colgando. Todos eran de su talla, y todos eran provocativos.
¿Por qué demonios había cambiado Mito las comodísimas braguitas de Hinata y sus sujetadores reductores por aquello?, Como no tenía alternativa, Hinata se puso las medias y, por primera vez en su vida, un tanga.
Vestida, con el collar de perlas y las gafas, se peinó furiosa las mechas rebeldes hasta dominarlas, y se aseguró de que le tapaban aquellas orejas tan raras.
Tras colocarse la última horquilla se observó en el espejo. ¿Cómo era posible que tuviera el aspecto de siempre cuando su mundo se había puesto patas arriba? Los ojos se le llenaron de lágrimas, y se aferró al lavabo para no caerse.
Después de todo lo que le había sucedido esa noche, sólo tenía claras dos cosas: «Tengo que hacer retroceder el proceso de transformación. Y no puedo estar cerca de Naruto Uzumaki».
La loza del lavabo se desmenuzó bajo sus dedos.
—Naruto, te veo mal —le dijo Mito, sentándose de un salto en el capó del Veyron.
—¿Y eso es nuevo?
—Supongo que sabes que Hinata no confía en ti.
—¡No debe hacerlo! Y en ti tampoco. Así que no me dejes en ascuas, ¿por qué le has mentido?
—Quería ver hasta dónde estabas dispuesto a llegar.
—Voy a seguir adelante con el plan.
Le dio al botón del maletero y abrió su bolsa. Buscó la petaca y la cogió para dar un buen trago de cerveza demoníaca. Por desgracia, tardaría en hacerle efecto, pero seguro que tarde o temprano se sentiría algo atontado.
—¿De verdad crees que serás capaz de entregar a Hinata a un malvado hechicero en vez de hacerla tuya? Has esperado nueve siglos para encontrarla.
—Tengo que hacerlo, aunque no quiero. Dios, no quiero. Pero ahora, esa bruja de Tanahi tiene a mi hermano, y le debo tanto a Menma... Éste es el único modo de compensarlo por todo lo que le he hecho. El reino y toda su gente dependen ahora de mí, y sólo de mí.
La verdad de esa frase le alcanzó de lleno en mitad del pecho, como un puñetazo en el plexo solar. «Maldición.» El destino de todos los de Konoha estaba en manos de la oveja negra de la familia, en el bueno para nada.
«Hablando del asunto...»
—Le dijiste a Menma que la mortal Hotaru había muerto. ¿Estás segura?
—Pues claro.
Naruto no se dio cuenta hasta entonces de las esperanzas que había depositado en que no fuera así. «No pienses en eso...» Mito se quedó mirándolo.
—He decidido seguirte el juego con Hinata porque estoy convencida de que no serás capaz de entregársela a Momoshiki. Y, no, no he visto el futuro. Es sólo un presentimiento. Y también porque creo firmemente en lo de «educar con mano dura». Necesita que la espabilen, lisa y llanamente, y no se me ocurre nadie mejor para eso que tú.
—¿Qué quieres decir con que «la espabilen»? Hinata es la mujer más lista que conozco.
—Quiero que aprenda a vivir la vida. Quiero que le saques la venda que se ha empeñado en llevar ante los ojos y de la que tanto depende. Creo que eres el tipo de persona adecuado para mostrarle todo lo que no sabe y no quiere saber. Mi sobrina es muy inocente, y llega un momento en la vida de una mujer en que la inocencia equivale a ignorancia.
—¿Cuan ignorante puede ser en los tiempos que corren?
—Ha estado evitando todo lo que pudiera desencadenar sus tendencias valquíricas, todo lo que la excitaba o la ponía nerviosa. En su ordenador tiene un sistema de vigilancia de las páginas de Internet, y en su casa no tiene satélite. Hasta ahora, su vida ha sido apta para menores. En su intento por controlar dichas tendencias, ha llegado incluso a ponerse enferma.
—¿De eso va ese rollo de controlarlo todo?
Mito asintió.
—Y cuando no lo logra, toma pastillas.
Lleva horas pidiéndolas.
—Bueno, como tía suya digo que no vamos a dárselas. Seguro que otras valquirias habrán detectado esa energía emergente. Pronto empezarán a buscarla.
—Tienes que distraerlas.
—Lo haré —contestó Mito tras un largo silencio. —Si tú me juras no hacer ninguna parte del viaje en avión.
—Me lo pides porque sabes que así estaré más tiempo con ella y que me enamoraré todavía más; y sabes que al final terminaré por acostarme con Hinata y decidiré quedármela para mí.
—Sí.
—Maldita sea, tardaremos muchísimo en llegar, quizá semanas. El campamento de Momoshiki podría estar en Alaska. —Naruto dio otro trago. —Y Menma me dijo que la fecha límite para la entrega es la próxima luna llena. ¿Qué pasará si no llegamos a tiempo?
—Esa es mi condición.
—Así correrá más peligro. Piénsalo... Cuanto antes lleguemos a donde esté Momoshiki, antes estará segura.
—O lo tomas o lo dejas. Pero sin mi ayuda no pasarás de la primera base.
—Está bien —farfulló Naruto. —Acepto la condición. —Más tiempo con Hinata. Más tiempo para encariñarse con ella.
En ese preciso instante la muchacha salió del baño. Llevaba el pelo recogido en un moño perfecto, todos sus «talismanes», un jersey de lo más normal, y una de aquellas faldas tubo que se le pegaban a las nalgas y que hacían que todos los hombres que la veían desearan ser el elegido para destapar la pasión que se escondía en aquella mujer de apariencia tan recatada.
Tenía los hombros echados hacia atrás y la barbilla erguida. Había recuperado la seguridad en sí misma. Esa seguridad propia de una mujer atractiva y que a él le resultaba tan sexy. Naruto quería besarla hasta hacer que se le doblasen las rodillas.
—¿Hacia dónde tenemos que ir? —le preguntó a Mito sin prestar demasiada atención. Lo de pasar más tiempo con Hinata cada vez le parecía mejor idea.
—Suna —respondió la valquiria. —Kilómetro setecientos setenta y cinco. Tienes que ir al norte de Amegakure y buscar a una demonio llamada Fûka. Encontrarás más información en el pack de bienvenida que he metido en la maleta de Hinata.
—Aja. —Se tropezó al coger la maleta de la chica, y se juró a sí mismo que se quedaría callado hasta recuperar la compostura, o hasta que le hiciera efecto todo lo que había bebido.
—Quiero hablar con mi tía a solas.
Hinata estaba convencida de que Naruto se lo discutiría, pero en vez de eso, el demonio se puso un viejo sombrero de piel, farfulló algo sobre que iba a comprar comida para el viaje y que tenía que poner al día a Bee, y entró en la gasolinera.
—Míralo, con ese sombrero —comentó Mito. —Debería estar prohibido ser tan sexy. —Se quedó mirándolo hasta que desapareció de su vista. Ronroneó y, con movimientos bruscos, se ajustó la espada que llevaba colgada a la espalda.
Sí, quizá Naruto fuera atractivo, pero seguía siendo un demonio... con cuernos incluidos.
—Los de ahora no son como los de antes —suspiró Mito, mirando a Hinata.
Hinata se sorprendió de nuevo al ver lo guapa y peculiar que era su nueva tía.
— Quería darte las gracias por traerme mis cosas, pero ¿a qué viene lo de la ropa interior nueva?
—Toda la que tenías era práctica y de diario. —Puso cara de asco. —Y a las valquirias nos gustan las cosas sexys y bonitas; tu ropa interior práctica no reunía ninguno de esos dos requisitos. Así que he decidido regalarte un pastón en cosas nuevas.
Hinata necesitaba esa ropa interior tan poco sexy precisamente para eso: para sentirse poco sexy.
—¿Cogiste por casualidad alguno de los botes de pastillas que había en mi casa?
—Ah, ¿te refieres a esos que estaban perfectamente alineados y en grupos de tres? En tu apartamento todo está en línea recta. O en grupos de tres. O en ángulos de noventa grados — comentó la valquiria con sus ojos mirando, primero hacia el interior de Hinata en busca de su alma, y quedándose después vacíos. —Lo he pasado muy bien desordenándolos y alterando todos tus patrones de clasificación.
A Hinata le dio un vuelco el corazón. La imagen de su perfecto e inmaculado piso, tal como ella lo había dejado antes de irse, la había ayudado a superar aquella noche. Estaba convencida de que, cuando todo aquello acabara, podría regresar allí y retomar su vida como si no hubiera pasado nada.
—¿Desordenándolos?
Justo cuando creía que iba a vomitar, un rayo iluminó el cielo a su espalda.
Mito sonrió al verlo, satisfecha consigo misma.
—Ya no necesitas esas pastillas. Las utilizabas para acallar tus instintos de valquiria, porque no los entendías. Pero ahora ya no tienes que hacerlo.
—No, yo quiero anular todo este proceso. Necesito hacerlo. Odio los cambios... no los puedo soportar —dijo, llevándose las manos a la cabeza. —¿Cuánto tardaremos en llegar hasta donde está ese hechicero?
—Entre una semana y un mes.
—¿De cuánto tiempo dispongo para dar marcha atrás a la transformación?
—Más o menos del mismo. Después, serás una valquiria en toda regla.
—Si las píldoras conseguían acallar mis instintos de valquiria, ¿no podrían retrasar la transformación? ¿No me darían más margen de tiempo para encontrar al hechicero?
—Es posible. —Mito se encogió de hombros y se echó hacia atrás la melena pelirroja más sedosa que Hinata había visto jamás. —Pero no estoy segura. No tengo ninguna visión, y se me escapan los conceptos farmacéuticos de los humanos.
—Mito, por favor, tal vez no lo parezca, pero ahora mismo estoy a punto de tener un ataque de nervios.
—Lo sé —asintió severa. —En el baño has tenido ganas de gritar y de tirarte de los pelos. Y, querida, ya han mandado a alguien a limpiar todo el estropicio que has hecho.
«¿Cómo lo sabe?»
—Soy adivina, yo lo sé todo.
—Entonces, dime, ¿ese rollo de la Vestal es cierto? —preguntó Hinata.
—Sí, por desgracia lo es. Y será mejor que escojas al padre de tu pequeño con cuidado.
—¿Por qué yo?
Mala suerte, supongo —contestó Mito.
El rostro de Hinata se deformó en una mueca. La mala suerte era algo aleatorio que nunca iba a favor de nadie.
—¿Y si consigo retroceder el proceso de transformación, seguiré siendo la Vestal?
—No creo que eso sea posible. La Vestal tiene que pertenecer a la Tradición.
—Así que si consigo volver a ser como antes, la gente dejará de tratar de matarme. —Había encontrado el modo de anular aquello. Podía hacer algo para luchar contra el azar.
—En teoría sí.
«El razonamiento es el siguiente: dar marcha atrás a lo de convertirme en valquiria equivale a perder la categoría de Vestal. Es decir, dejar de tener a asesinos inmortales pisándome los talones y a vampiros atacándome. Eliminar la dicotomía de morir o tener un bebé. Volver a mi vida anterior y doctorarme. A la larga, tener un bebé normal. Nada de seres malignos.»
—Pero creo que, cuando llegue el momento, te gustará más la persona en la que te habrás convertido —añadió Mito. —Al menos serás alguien.
—¿Qué quieres decir con eso?
La valquiria le soltó un mechón de pelo del tirante moño para hacerla rabiar.
—¿Quién eres, querida? No tienes ni idea, pero pronto lo sabrás. —Mito le sonrió como si supiera algo que la joven no sabía. —Bueno, me tengo que ir. Lo de ser una valquiria y adivina sin igual es un trabajo agotador, pero alguien tiene que hacerlo.
—¡Espera! —Hinata la siguió hasta el destartalado Bentley. —Tengo aún muchas preguntas. ¿Mi madre murió joven? ¿Y quién era mi padre? ¿Cómo puedo ponerme en contacto contigo? ¿Hay más gente como nosotros por ahí? ¿Cómo puedo reconocerlos?
—Todas tus preguntas serán contestadas a su debido tiempo.
Eso en sí ya era una respuesta.
—¡Por favor, llévame contigo! Has dicho que era de la familia. —Y, además, tenía el presentimiento de que si pasaba más horas con Naruto acabaría por perder el control.
—Si quieres ser una valquiria para siempre, ya puedes meterte en el coche. Nos espera una noche movidita —la invitó Mito, señalándole el asiento del acompañante.
Hinata miró el interior del coche y se quedó horrorizada. Estaba lleno de vasos vacíos, globos deshinchados, paquetes de cacahuetes y cajas en las que ponía «¡Peligroso! Goma C-4».
Dio un paso atrás sin darse cuenta.
Mito siguió hablando sin inmutarse:
—Pero si estás decidida a retroceder la transformación, yo no puedo llevarte hasta donde está Momoshiki. Su campamento permanece oculto, y hay que alcanzar una serie de bases, donde recibir la información necesaria para llegar hasta él. Como mínimo, tardaríamos una semana y, dado que estoy en medio de una Ascensión, ahora no puedo permitirme tomarme tantos días libres. Piénsalo, Hinata. —La rodeó por el hombro, y con el otro brazo dibujó un círculo frente a ella. —Una Ascensión, un Apocalipsis; el caos total.
Ella se estremeció.
—¿De verdad quieres que por tu culpa no pueda evitar que eso suceda? —le preguntó Mito soltándola.
—Bueno, por supuesto que no, pero...
Si tan decidida estás a rechazar este regalo, me aseguraré de que Naruto te lleve sana y salva hasta el hechicero a cambio de su espada. ¿Es eso lo que quieres?
—¡Sí! Pero no quiero estar a solas con él. ¿No podrías encontrar a alguien que fuera menos...?
—¿Atractivo? ¿Sexy? ¿Con unos cuernitos que no dieran tantas ganas de besar, o con un acento menos demoledor? —Negó con la cabeza y cerró la puerta del coche. —No. Naruto puede mantenerte a salvo. Es fuerte y despiadado.
Hinata se quedó boquiabierta. «¿Cuernitos que daban ganas de besar?»
—Oh, casi se me olvida. —Mito cogió un enorme petate del asiento del acompañante. —Aquí tienes tu pack de bienvenida. Me tengo que ir. ¡Chao!
—Una última pregunta —dijo Hinata mientras la valquiria ponía el coche en marcha.
—De acuerdo, querida.
—¿Puedo confiar en Naruto?
Mito esbozó una radiante sonrisa que no alcanzó sus ojos oscuros.
—Sólo cuando duerma.
.
.
Continuará...
