Respiró profundo queriendo controlar sus nervios, lo cual no servía de mucha ayuda.

Había llegado el día de la boda y Harry se había movido de un lado a otro para corroborar que todo estuviera de la mejor manera, nunca en su vida había tenido la necesidad de ser tan perfeccionista.

Las cosas se harían en una de las propiedades de su familia, el gran jardín apartado para la toma de votos, cosa que le había gustado mucho a Harry, aunque nunca hubiera ido ahí en algún momento. La había escogido junto a Rodolphus y coordinado a distancia.

Miró a su alrededor y sonrió complacido, era un lugar hermoso aún sin los adornos que habían colocado. Un cuidado pabellón de plantas que guiaban sutilmente al centro de todo el lugar y las luces que se habían colocado estratégicamente para bañar el sitio de un ambiente lleno de calidez.

Harry no podía creer que todo eso fuera real.

En el centro se encontraba una pequeña arquitectura de cemento y madera, dándole ese toque delicado y majestuoso que era digno de una boda. El pasillo principal adornado con lirios blancos y rosados, aunque también debía admitir que el uso de rosas rojas no fue totalmente descartado, pero sí colocando en una escasa cantidad para lograr resaltar su color.

Había estado tan aterrorizado con la idea de la boda que, ahora que puede observar el lugar, sólo parecía que todo eso fuera un momento mágico... Mágico, como debía de ser una verdadera boda.

Todo se planeó para que los votos fueran dados casi al anochecer, para que la fiesta se disfrutara por la noche y, aunque faltaba que los rayos del sol se fueran minimizando, Harry pudo imaginar a las pequeñas luciérnagas que alumbrarían las zonas libres de personas.

En el año en el que se encontraban no existían las típicas luces con las que Harry hubiera adornado su árbol de navidad, pero había algo más hermoso que eso, algo completamente natural y espléndido.

Asintió feliz cuando notó que hasta los asientos parecían tener ese toque elegante aún cuando se encontraban al aire libre. Se sentía orgulloso de todo ese logro.

La fiesta sería en el salón un poco alejado de esa parte del jardín, el cual también se había encargado de adornar horas atrás con los mismos juegos de colores, aunque aprovechando más las grandes ventanas para lograr poner ligeras cortinas de unos colores más oscuros, todo eso logrando que las flores resaltaran su verdadero esplendor.

Se retiró para dejar que los sirvientes lo prepararan. Tom tomaría el trabajo de recibir a los invitados mientras él se alistaba, habiendo hecho lo propio mientras Harry revisaba que todo estuviera en orden.

Era como convertirse en una muñeca por un largo tiempo. El único consuelo era que no tenía que sufrir ese tratamiento seguido. Pero hoy se esperaba que brillara.

Cuando finalmente se paró frente al espejo, no se reconoció. Estaba vistiendo el traje blanco de la última prueba, pero unas cadenas y un enorme broche de oro ajustaban una capa a su espalda. En sus oídos brillaban pequeñas esmeraldas, y una corona de laurel de otro trepaba por su sien.

Su rostro lucía más sano que nunca, con algunos brillos cerca de los ojos. Hasta Harry sentía que se veía como parte de la nobleza por primera vez.

Agradeció el trabajo de los sirvientes y fue unirse a la fiesta. A diferencia del Duque, él saludaría luego de la ceremonia. Dado que no había tenido una presentación formal en sociedad, el ser presentado por el Duque era la mejor elección para dar buenas impresiones.

Cuando fue anunciado, caminó hacia un gacebo, donde se reunió con Tom.

No recordaba bien cómo había ido la ceremonia. El hombre se veía demasiado apetecible con rubíes en las orejas y la corona de laurel estilizando su cabello. Era una visión hipnotizante.

Había practicado lo suficiente para que su cuerpo actuara por él, porque llegó el momento sin problemas. Tom se inclinó hacia él y Harry sintió un escalofrío de emoción recorrerlo. Lo iba a besar. Ayer había pensado que no era gran cosa, pero en ese instante quería gritar, huir y lanzarse a sus brazos a la vez.

Por suerte, estaba congelado como una presa ante el miedo. Los ojos rojos entrecerrados se veían tan hermosos como peligrosos. Y una mano lo atrajo hacia él de manera inexorable.

Por alguna razón esperó que los labios fueran fríos, pero eran calientes y suaves. Se derritió en el beso y el Duque aprovechó a profundizarlo. No era un beso apto para una ceremonia así, pero era un gesto muy Tom. Harry se agarró de él sintiendo sus rodillas ceder.

Ese hombre sí que podía besar.

"Cada beso solo me hace sentir más sediento. Sus labios son adictivos, su piel es adictiva. Y no puedo dejar de desear marcarla como mía, una y otra vez."

¿Debía afrontar una fiesta después de esto?

Tom se alejó de él con una sonrisa satisfecha, pero mantuvo una mano en su espalda todo el tiempo. Para cuando miró a los aristócratas, su rostro volvía a ser frío como el hielo, pero la mano que aseguraba a Harry contra él daba un mensaje muy claro.

Perdió la cuenta de la cantidad de gente que se acercaron a saludar. Dejó que su esposo liderase con quién hablaban. Muchos nombres le sonaban del libro y alguno que otro ya había visto, pero el primer encuentro importante fue alguien que era inconfundible.

"Lucius era un hombre elegante de cabello plateado lacio y largo, con fríos ojos grises y una personalidad snob sarcástica. Me divertía tratar con él, pero si lo demostraba demasiado su ego no pasaría por la puerta."

—Duque Malfoy, es un placer contar con su presencia en este importante día para nosotros —saludó Harry con una leve reverencia.

—Duquesa —arrastró la palabra con ironía—, nunca pensé ver el día en que los territorios Gryffindor y Slytherin se unieran.

—Sin momentos inesperados la vida sería demasiado predecible —contestó con una sonrisa. Si Lucius creía que podía hacerlo sentir mal, estaba equivocado. Venía de vivir con los Dursley.

—Uno hubiera esperado otras cosas del Duque Riddle, sin duda. Pero me imagino que la unión era demasiado tentadora.

Traducción: no mereces ese puesto, solo te compraron. Pfff. No tienes ni idea, yo me vendí.

—Sé que no merezco a Tom. Pero no iba a dejarlo ir solo porque no lo mereciera.

Su esposo, que estaba a punto de contestar, lo miró sorprendido. Harry le sonrió y puso una mano en su pecho.

—Y no creo que nadie pueda culparme por querer tenerlo.

El silencio de Malfoy era completamente satisfactorio. Una mirada por el rabillo del ojo le mostró que no sabía qué decir. ¿Cómo discutir contra un recién casado demostrando su amor sin perder los modales? Presionar sería de mal gusto. Tendría que esperar otro día. Probablemente uno donde no estuviera frente a Tom.

El Conde de Hufflepuff, Amos Diggory había delegado su invitación a su heredero, Cedric. El joven era alto y principesco, y les regaló una sonrisa afable a pesar de que era sabido de la mala relación que la familia Diggory tenía con Tom.

—Felicitaciones a ambos, es mi enorme placer extender los sentimientos de jolgorio de mi familia para la vuestra. En especial ver una vez más al legítimo heredero Gryffindor tomar su lugar en sociedad.

Harry apretó la mano de Cedric con una sonrisa algo tensa. El joven lo estaba mirando solo a él, y su segunda frase… bueno, suponía que la manzana no caía demasiado lejos del árbol.

—Gracias, espero con ansias poder reconectar con los lazos que se perdieron en la muerte de mis padres. Tal vez pueda convencer a vuestro padre algún día que me cuente historias de ellos.

—¿Historias? —Preguntó Cedric con una sonrisa algo confundida.

—No sé mucho de ellos.

Era obvio que el joven heredero no sabía qué hacer con la información, y Harry no planeaba explicarle sobre los Dursley, así que solo se sonrieron.

—Estoy seguro de que mi padre estará encantado.

No había mucha otra respuesta sin ofenderlos, por lo que Harry asintió. Lo primero era plantar la semilla de interés, ganar aliados era algo que se hacía con el tiempo.

El encuentro más notorio de la noche fue con el Emperador, a quien habían visto de lejos, pero Tom había intentado evitar lo más posible. Eventualmente, no tuvieron otra opción que acercarse.

Era un hombre muy mayor, con barba blanca parecida a un mago de los cuentos… y un horrible sentido de la moda al juzgar por su túnica naranja. Era una figura misteriosa en el libro, una casi incomprensible. ¿Cómo podía un hombre pacifista haberse convertido y mantenido el puesto de Emperador? Tal vez se veía influenciado por la visión de Tom sobre él, pero sentía que había un secreto terrible detrás de esa mirada amable.

Con una profunda reverencia de parte de Harry… y una bastante leve de parte de Tom, esperaron la indicación de acercarse.

—Su Majestad. Muchas gracias por bendecirnos con su presencia en nuestra boda —Tom asintió a su lado como si dijera "eso". Harry evitó reír ante la clara falta de protocolo de su esposo para con el Emperador.

—El bendecido he sido yo. Nunca creí en vivir lo suficiente para ver a Tom casarse.

El brazo del Duque se contrajo en su espalda. Era una falta de respeto de Dumbledore llamarlo así en público.

—Me sorprende haber tenido la oportunidad. El hombre más codiciado del Imperio eligió decirme que sí. Aún no puedo creerlo.

Tom lo pegó más contra sí y Harry arriesgó una mirada. ¿Estaba complacido por sus palabras de defensa? No estaba seguro, el rostro del Duque estaba limpio de toda emoción. El Emperador, en cambio, mostraba alegría e intriga en sus ojos celestes.

—¿Eso quiere decir que el que propuso la unión fuiste tú, Harry?

Oh, wow. "Harry". No era el único que detectó la falta de los adecuados respetos, pero por suerte su esposo estaba evitando moverse o decir algo que desataría el caos.

—Sí. Siempre había admirado al Duque de lejos, y cuando tuve la oportunidad en un banquete, declaré mis sentimientos.

Sus sentimientos de querer huir de los Dursley… pero no era una mentira, era solo una elección de palabras. El Emperador palmeó su hombro como encantado con la historia.

—Me alegra escuchar eso. Espero que toda esa bondad que se puede ver en ti, pueda iluminar el de Tom.

El Emperador tomó su mano y le dedicó una sonrisa inocente y brillante.

—¿Sabes, Harry? Tus padres eran muy estimados para mí. Todavía recuerdo cuando eras tan solo un bebé. Me honraría si alguna vez que necesites ayuda, acudes a mí.

Tom lo atrajo contra su pecho con una expresión de ofensa.

—Tiene un esposo que puede solucionar sus problemas.

—Aun así… Haría muy feliz a este viejo.

Ese hombre… problemas había tenido toda su vida, y nunca había recibido ayuda. Pero ahora se animaba a insinuar que necesitaría ayuda por culpa de Tom. El único que realmente lo estaba ayudando. Aun así, no era bueno ofender al líder de un Imperio.

—Le agradezco el sentimiento, Su Majestad. Lo tendré en mente.

Tom se relajó ante esa respuesta que no se comprometía a nada. Harry había pensado que iba a ser el más estresado aquella noche, pero su esposo parecía estar pasándola aún peor conteniendo las ganas de causar un incidente al atacar a sus invitados.

El resto de la fiesta, Harry dejó que el Duque hablara mayormente. La anticipación sobre la retirada crecía, y con esto sus nervios. Solo quería irse a dormir, pero dudaba mucho que Tom fuera partidario de esa idea.


El Duque le ofreció una copa, la cual no dudó ni un segundo en agarrarla y llevársela a sus labios. Habían estado saludando y hablando con tantas personas que Harry ya estaba dispuesto a ir al baño para esconderse en caso de que llegarán más invitados. No quería saber cómo se encontraba el mayor, quien era el que había estado manteniendo la mayoría de las conversaciones.

Miró a su alrededor para comprobar si ya se había presentado a todos los asistentes, sonriendo en satisfacción cuando no notó ninguna cara desconocida.

A su lado, el Duque simplemente tomó de su copa con elegancia, sospechaba que se encontraba haciendo lo mismo que él. Cuando se dio cuenta que los ojos verdes estaban fijos en él, Tom asintió.

—¿Cansado? —Cuestionó tranquilo. Harry asintió volviendo a dar otro sorbo a su bebida—. Ya conoces a todos los presentes, podríamos ir a descansar.

—¿No nos quedaremos hasta el final?

El Duque lo miró por arriba y ocultó su sonrisa mientras daba el último trago y dejaba la copa con un sirviente que iba pasando, haciendo lo mismo con la copa del menor.

—Estoy seguro que nos podemos escapar de nuestra propia boda —argumentó colocando de nuevo su brazo en su espalda, comenzando a guiarlo a un pasillo en las laterales del salón, pasillo que estaba custodiado por unos caballeros—. Confío en que Rabastan y Rodolphus se encarguen de todo.

Asintió sin decir nada, dejándose llevar por el fuerte brazo que lo aferraba cerca del cuerpo contrario. Habría pensado que, después de separarse lo suficiente del salón, el Duque retiraría su agarre, pero fue confortable saber que era así.

Harry supuso que se quedarían ahí hasta la mañana siguiente cuando sus pasos los encaminaron hacia las escaleras para llegar al piso de arriba, donde se encontraban las habitaciones y lugares de descanso para aquellos viajantes que venían de un largo camino.

No había explorado ese lugar, sólo había estado en la habitación donde lo arreglaron para esa noche, no había tenido tiempo de sobra para ir a otros lugares que no fuera el salón de la fiesta y el jardín.

Aprovechó ese viaje para analizar el pasillo y algunos retratos o armaduras que se encontraban en el camino. Era un lugar acogedor, si tenía que decir algo.

Cuando se dio cuenta, pudo notar que ya estaban lejos de las habitaciones de los invitados y del ruido de la fiesta, la noche se podía contemplar en una ventana y, a esas alturas, la voces de la naturaleza también lograban transmitir un tranquilo sentimiento.

Se pararon frente a una puerta cuando estuvo a punto de preguntar hacia dónde se dirigían. El Duque fue cortés al abrir la habitación y dejarlo pasar, cosa que hizo sin cuestionamiento alguno para terminar parado pasos después analizando la habitación.

Una hermosa cama matrimonial se encontraba adornada con telas blancas y verdes al mismo tiempo que la habitación delataba ser lo suficientemente grande como para una persona. En el transcurso y con el cansancio se le había olvidado completamente lo que tradicionalmente se hace después de las bodas.

Tragó un momento antes de mirar atrás. Un Tom Riddle se encontraba cerrando la puerta mientras se quitaba el saco... Por todos los emperadores, si el Duque se veía perfecto en ese saco, sin él sólo parecía...

Harry no encontraba ninguna palabra digna para dicho esplendor.

Tom mordió el dedo de uno de los guantes y tiró para sacarlo de su mano en un sensual movimiento. Desabrochó la camisa descubriendo un torso ancho y tonificado, con pequeñas cicatrices aquí y allá.

Harry se había quedado congelado apreciando la imagen y solo reaccionó cuando los pantalones también cayeron al piso y los ojos rojos se elevaron hacia él.

Apartó la mirada, pero ya era tarde. El Duque lo había agarrado mirándolo apreciativo y se acercó hacia él. Unas hábiles manos se concentraron en su persona, comenzando a sacar el saco con cuidado.

Capa y saco cayeron de sus hombros de pronto. Las manos del Duque siguieron el movimiento y una ellas se coló dentro de su guante, tocando la palma. No sabía por qué ese gesto se sentía tan extrañamente íntimo. Las manos retiraron los guantes. Tomó una y la trajo a sus labios, depositando un beso en el dorso. Y otro en los dedos.

—Mi esposo... —susurró en tono posesivo antes de meter uno de sus dedos en la boca y succionar.

Un pequeño gemido de sorpresa salió por sus labios y el calor se instaló en su rostro al darse cuenta de los hechos. Uno de los mechones del Duque se volcaban sobre su rostro, Harry estiró una mano y lo acomodó con devoción. El cabello de Tom era tremendamente suave y atrapante.

El hombre giró la cabeza y cerró los ojos disfrutando de la caricia. Harry sintió que sus rodillas iban a ceder. Tras un momento los irises rojos reaparecieron, y una de las manos del Duque lo atrapó por la cintura, atrayéndolo en un beso.

Si había pensado que el beso en la boda había sido inadecuado, este estaba en otro nivel. Sentía que iba a ser devorado. Dientes rozaban sus labios, mientras la lengua exploraba cada rincón de su boca. Se separaba apenas para cambiar de posición. Era intenso y caliente.

Una mano comenzó a desabrochar los botones de su camisa, pero encontró resistencia. El Duque se separó un momento y con una mueca de molestia tiró de la camisa. Harry apenas pudo comprender que lo que escuchó era el sonido de la tela rompiéndose y los botones cayendo al suelo, antes de sentir labios y dientes lamiendo y mordiendo su cuello. Y una ardiente mano quemando un camino por su pecho.

—Mi Lord…

No sabía de dónde le había salido la voz ni las fuerzas para que se escuchara entendible, sólo sabía que era lo único que podía pasar por su mente en ese momento.

Levantó más su cabeza para dejarle más espacio mientras cerraba sus ojos. Se sentía bien, era cálido, placentero e íntimo… No podía negar que le gustaba eso cuando su cuerpo reaccionaba diciendo lo contrario. Dejó caer la mano que anteriormente se encontraba acariciando el cabello del Duque y sólo pudo llevarla al cuello del contrario para aferrarse a él.

Joder, ver el cuerpo marcado con algunas cicatrices era una cosa totalmente distinta a sentirlo. Si así se sentía el cuello de Tom no quería imaginarse cómo se sentiría otros lugares.

La mano descendió a sus pantalones, abriéndolos con maestría, y en cuando estuvieron en el suelo, el mayor lo levantó, sentándose en la cama con él a horcajadas.

Con una sonrisa lo observó. Harry creía que hacía un cuadro bastante ridículo con la camisa rota y el pantalón enganchado en uno de sus zapatos.

—Luces delicioso —declaró el Duque inclinándose a lamer un pezón.

Un suave gemido salió de su boca por la nueva sensación para luego morderse el labio. No estaba acostumbrado a soltar esos sonidos y, lo más seguro, era que se escuchase horrible.

Se aferró aún más al cuello del contrario, esta vez proporcionando unas ligeras caricias en este, algunas subiendo hacia el cabello, otras simplemente quedándose en un mismo lugar por mucho tiempo. No sabía qué hacer, se sentía como un estúpido inexperto.

Su pecho estaba siendo mordido y succionado. Marcándolo como había prometido. Era una deliciosa tortura. Pero lo peor eran las manos. Aquellas manos que obligaban a sus piernas a separarse más, a sentir la dureza que presionaba contra su trasero.

Se aferró un poco del cuello contrario para tener un poco de apoyo en la parte baja de la cama y lograr quitarse lo que faltaba del pantalón y los zapatos.

Tom lo levantó y tiró sobre la cama. Agarró los bordes de su ropa interior y se la sacó, exponiéndolo al frío aire de la habitación. Fue a un costado de la cama y metió la mano en una jarra, la cual emergió chorreando aceite.

—Abre las piernas para mí —solicitó su esposo con una sonrisa ladina.

Estaba seguro que, después de eso, el sonrojo que había cubierto sus mejillas ahora se encontraba dominando más territorio dentro de su cuerpo, sintiendo el calor colocarse también en su pecho.

Un tanto indeciso, decidió cumplir la orden dirigiendo su mirada hacia otro punto de la habitación, no siendo capaz de poderle ver la cara a su esposo.

Sintió una mano entre sus piernas y un dedo lo penetró apenas. Muy lento fue abriendo paso con el dedo. Aún así ardía. Tom comenzó a morder y lamer sus muslos. Podía verlo considerar si la marca dejada era suficiente, y en algunos casos insistir en el lugar para agrandarla. El brillo posesivo de aquellos ojos casi lograba distraerlo del ardor.

Con el segundo dedo no fue tan fácil. Soltó un quejido e intentó apartarse. Tom se inclinó hacia él y lamió toda la extensión de su miembro. Fue demasiado, y tan poco a la vez. Con una sonrisa, lo tragó por completo.

Harry se arqueó hacia atrás, el placer y el dolor se entremezclaban. Levantó la cabeza para grabar esa imagen en su mente. Todo a lo largo del libro, nunca esperó que un hombre que se describía adicto a una única mujer pudiera estar en esa posición… y fuera tan bueno en ello.

Sus manos habían perdido el agarre del cuello ajeno, causando que Harry clavara sus uñas en las sábanas. Suspiró tratando de relajarse y concentrarse más en el placer de las acciones. Chupetones y mordidas. Apretones y caricias. Dedos fuera y dedos dentro.

El Duque retiró su mano y la limpió en una toalla antes de volver a empapar su mano en la jarra y untar su propio miembro, el cual comenzó a crecer con los toques.

—Gírate boca abajo —indicó aún acariciándose.

Tragó un poco de saliva y volvió a morder su labio, pero no puso objeción ante la orden. Algo tembloroso se colocó en esa posición. Se sentía expuesto, vulnerable.

El colchón se inclinó cuando el Duque se posicionó encima. Podía sentir su respiración en la nuca. Entró un poco, y cuando Harry se tensó, frenó. Sintió mordidas en la espalda. Era más placentero de lo que esperaba. Su cuerpo temblaba ligeramente, y Tom colocó la mano encima de la suya.

Poco a poco fue entrando hasta el final. La siguiente embestida fue dolor. Pero empezó a sentirlo, el placer inició un crescendo cada vez que se movía. Podía sentir la caliente respiración de Tom contra su oreja. Gimió de placer.

Justo en ese momento, su esposo salió de él y dejó de sentir el peso en su espalda.

¿Había hecho algo mal? No lo sabía. Miró hacia atrás para saber con más detenimiento porqué el mayor se había alejado. Pero en el momento que logró mirar hacia atrás, una mano lo empujó por el hombro volteándolo del todo. Tom agarró una de sus piernas y la colocó en su hombro antes de alinearse y volver a entrar.

Oh, eso se sentía… íntimo. Gimió de nuevo sintiendo una embestida, llevando su mano a su boca para evitar eso y, al mismo tiempo, cerrando los ojos.

—Eso solo me incita a esforzarme más —declaró su esposo con una sonrisa antes de embestirlo con fuerza.

Silenció otro gemido mientras mordía su mano, no había esperado eso. Tal vez fue la voz grave de su esposo o el pensar en el reto que acababa de autoimponerse, pero un ligero escalofrío placentero recorrió su espalda.

El Duque reaccionó con una risa oscura y se inclinó a lamer y morder sus pezones, mientras sus movimientos iban más rápido y más profundos. Una mano se coló entre sus cuerpos y tomó posesión de su entrepierna, comenzando a moverse al mismo ritmo.

Era mucho, no sabía que su cuerpo podía experimentar tantas sensaciones. Gemidos escaparon sin control de su boca y su cuerpo se convulsionó en éxtasis al llegar de golpe al climax.

—Terco —murmuró Tom, y Harry se sintió humillado, habiendo olvidado que su cuerpo actual no tenía resistencia para algo así.

Sin embargo, cuando levantó la mirada, todo pensamiento de ese estilo voló de su mente. El Duque sudado, con los músculos contrayéndose y los mechones de cabello cayendo sobre su frente, era un delicioso espectáculo.

Con las manos en sus caderas, lo maniobró, moviéndose con rapidez. Se inclinó hacia adelante, la respiración agitada, pequeños jadeos surgiendo entre sus labios. Su cuerpo se tensó, y con un profundo gruñido descargó contra su cuerpo, antes de desplomarse a un lado.

Harry miró hacia su lado, directamente a los ojos cerrados del Duque, los cuales se abrieron un momento para corresponderle la mirada. No sabía porqué, pero algo le llamó a moverse y colocarse suavemente en el pecho del ojirojo.

Contrario a sus pensamientos, no obtuvo alguna muestra de desagrado por el contrario, si no todo lo contrario. Las mismas manos que sujetaban sus caderas minutos atrás se volvieron a colar por su cuerpo, llegando ahora a su cintura para sujetarlo cerca.

Suspiró. No se sentía incómodo, como había pensado. Esa posición lo hacía sentir cercano al Duque y, al mismo tiempo, protegido.

Con eso en mente, el cansancio le ganó, quedando profundamente dormido en el pecho de su esposo.


N/A: ¡Feliz Navidad!

Con esto concluye el primer arco de la historia. La historia entrará en un hiatus por un tiempo (ya no tendremos posteos semanales los viernes) hasta que lleguemos a tener el segundo arco de la historia lista ;)