Capítulo 14


Quiero saber (Parte 1)


Mi corazón se acelera como si se tratara de mi propia historia, emocionándome y haciendo que sostenga mis esperanzas.


Leona ya solo trataba de concentrarse en ir un paso a la vez.

Ya había estado en esos valles antes, cuando buscó la piedra para el collar de Diana, pero esa vez iba a su ritmo y por un sendero diferente.

Levantó la vista.

Colina arriba, a la par, inclusive si uno echaba la vista hacia atrás, se podía ver como muchas parejas trataban de subir juntos.

Era un día soleado y cada tanto alguna nube les daba el respiro de poderse relajar en la sombra mientras seguían la travesía que, para ese momento del tramo, ya dejaba de ser para cualquiera.

Cuando comenzó el camino había notado que eran más el número de las parejas que se atrevían a comenzar el recorrido. Inclusive le pareció tierno ver una pareja de ancianos, que se notaba llevaban demasiado años en su matrimonio como para recordar el número. Ambos solo avanzaron unas horas y luego se quedaron en uno de los primeros hostales.

Las demás parejas siguieron sin descanso por muchas horas esa mañana y ahora, ya de tarde, solo quedaban unas cuantas siguiendo a pie, tratando de subir por el camino a la vista u otros donde los arboles le daban más sombras pero se hacía más dificultoso.

Aquella vez en busca de las piedras, Leona no necesito llegar a las cima de los valles. Ya se comenzaba a preguntar si la meta de su compañera era esa.

— ¿En qué piensas tanto? ¿Ya te cansaste? ¿Quieres que te empuje?— se burló la de la luna.

Diana acaba de subir una roca y le ofrecía la mano a Leona que aún se encontraba en el nivel bajo del camino.

— ¿Bromeas? Puedo hacer esto todo el día— contestó con contundencia mientras aceptaba la ayuda y de un fuerte tirón Diana logró tenerla a su lado.

Luego de sacudirse un poco el polvo, contempló un poco a la rubia. La resolana de ese día le estaba pasando factura a su blanca piel.

Diana llevaba una camiseta sin mangas, por lo que sus hombros ya estaban sonrojados al igual que sus mejillas y la punta de su nariz.

Leona rio por lo bajo a sabiendas que su compañera no tenía idea de cómo el sol estaba haciendo que su piel tomara diferentes colores de forma tan notoria y aun así hacerla ver de una forma tan atractiva. Creía que se veía tierna cuando se sonrojaba, tenerla ahora tan relajada y natural por la caminata solo acrecentaba esa imagen, mas allá de eso, la chica parecía de buen humor.

—Todo… el día…— repitió de nuevo la del sol, haciendo que la otra la mirara extrañada pero sin desanimarse comenzó a caminar de nuevo— Entonces… ¿De qué va esto?

—Ya te lo dije.

—No lo hiciste, solo me levantaste temprano con un "Sígueme, subiremos los valles hoy"

— ¿Lo ves? Te lo dije… es lo que estamos haciendo.

—Estoy bastante segura que no me dijiste todo.

— ¿Es así?— preguntó sin darle la cara. Leona notaba que se le estaba ocultando algo.

—Bueno, puede que sea una casualidad, pero parece que muchas personas tuvieron la misma idea tuya hoy.

—Puede ser… quizás…

—Y todas esas personas parecían haberlo planificado de antemano— comentó notando antes como algunas parecían llevar comestibles y cargar con cosas que le ayudarían en el día.

— ¿Quién sabe?

—Y todas esas personas son parejas.

—No lo había notado.

—Que están juntas el segundo día del festival de los afortunados.

—Ciertamente es el segundo día… ¿Y?

—….Diana.

—Ya…— se resignó la otra, parando para tomar un poco de agua— es una tradición del segundo y tercer día, no todos lo hacen…

— ¿Y de que va?

— ¿Recuerdas ese incidente? Ese en el que como estúpida viniste a regalarme ese collar del que no tenías idea.

—El "estúpida" estaba de más… pero si, lo recuerdo— confesó la del sol, aceptando la botella de agua que la otra chica le ofrecía— vine por esta zona… por lo materiales.

—Sí, muchas parejas en esta fecha buscan esas piedras para hacer un regalo... ya sabes… para esa persona especial. Se dice que si a la travesía la hacen juntos es más "significativo" o algo así. Estas colinas son duras de subir, ya habrás notado como varios quedan en el camino y no está mal. Los hostales más bonitos en esta zona ya los pasamos, y por aquí sé que puedes conseguir de esas piedras, así que se cumple el cometido con cierta facilidad.

—Pero hay parejas que siguen subiendo.

—Sí. Se cree que las mejores piedras para hacer esos regalos solo están reservadas para las personas que llegan lo más alto. Aparte muchos toman el desafío como algo por… "Juntos frente a las adversidades pero llegando a la cima"… es tan estúpido y cursi.

Leona pudo notar que realmente Diana lo creía así, pues veía que le daba gracia solo contemplar las otras parejas y como estas sufrían ante la fatiga.

—Entonces… nosotras…— trató de adivinar Leona— ¿Quieres que lleguemos a la cima para que te hagas con una piedra especial para regalármela?

— ¡Por supuesto que no!— exclamó dejando de reír, encarándola. Leona rio al ver como ahora no sabía si el sonrojo era por la resolana— no tengo ningún interés en estas tradiciones estúpidas o en regalarte una piedra que te dé permiso para tener intimidad conmigo ¡Dios! ¡¿Cómo se te ocurre?!

—Bueno… estamos subiendo este valle… por horas… y no pareces querer parar… y me pediste venir… juntas.

—Sí, pero no es para nada de esto— le aclaró de inmediato— He visto algunas pinturas.

— ¿Pinturas?

—Cuadros, son muy bonitos, de una anciana que tiene cierto talento para el arte. Le regaló al templo de la Luna uno de esos cuadros como ofrenda para que su viñedo tenga una buena cepa… era un cuadro precioso, lo hice colocar en una de las salas de meditación. Ella me dijo que siempre tiene en sus recuerdos esa imagen de cuando vino con su esposo a la cima, de jóvenes. Pensé que será una buena idea verlo por mí misma, es todo.

— ¿… estas inventando todo eso para que no tengas que decir que querías venir conmigo?

— ¡No!— contestó igual de convencida— de verdad quería verlo por mi cuenta… no sé cuándo tiempo estaré aquí, quizás no tenga otra oportunidad. Decidí que llegaría a la cima.

—Seguramente lo lograras— contestó con un suspiró de resignación— este valle no tiene comparación con otros en las regiones de Targón. No… más que eso. El mismísimo Monte Targón, contada son las personas que pudieron subir hasta la cima de él, y tu estas entre esas personas. Este valle, por más que lo intente, no es rival para ti ¿No es así?

Diana le sonrió de lado y asintió, volviendo su vista hacia adelante.

—Ya, ya… entonces será mejor seguir— admitió Leona— por cierto, recomiendo que nos desviemos de la senda principal y tratemos de avanzar por el bosque.

—¿Mmm? ¿Y eso por qué?

Leona no le contestó, simplemente se acercó a ella y le tocó la punta de la nariz con su dedo.

—Porque… mi aliado, el sol, está haciendo de las suyas en tu piel.

Diana se miró la punta de la nariz sin entender en un primer momento, la expresión perpleja en su rostro le dio un arrebato de cariño a la castaña, pero no dijo nada.

—Oh, claro, entiendo.

—Sí, vamos— concordó Leona, tomando al delantera mientras comenzaba a caminar por el pasto en dirección a la sombra de los árboles.

—Tienes razón.

— ¿Ah sí? ¿Con que?— se interesó, volviendo a ver a Diana.

—Si quiero ver lo que vio esa anciana… pero pensé… que todo era muy conveniente.

— ¿Conveniente?

—Si… para venir contigo— terminó admitiendo con algo de incomodidad— Es verdad que soy una de las pocas personas que pudo subir el monte Targón, con todo lo que eso implica, pero tú, Leona, tú también fuiste capaz de subirlo… y lo hiciste por buscarme.

Diana se adelantó ahora sin medir palabra, ya no quería verla de nuevo.

—De todas las personas en este reino, si había alguien que era capaz de seguirme el ritmo hasta la cima eras tú, eso es todo— admitió para quitarle importancia el asunto— seguramente cualquier otro me atrasaría, que molesto.

—Oh ¿Es eso?

—Si.

—… también podías venir sola ¿Sabes?

—Agh…

—Pero querías mi compañía ¿No es así?— siguió molestándola mientras caminaba deprisa para alcanzarla— solo tienes que admitirlo, me quieres.

—No te cansas de ser idiota.

—Tú no te cansas de ser idiota… "y" necia.

—Pues tú no te cansas de ser idiota, necia "y" engreída.

—Tú también eres engreída. Mira que decirme que te acompañe ciegamente, sin considerar lo largo que sería el camino y que yo pudiera decir que no en algún momento… tengo hambre ¿Sabes? Eres idiota, necia, engreída "y" desconsiderada.

— ¡¿Tienes hambre?! Me hiciste comprarte todo un tazón de Cataplana de mariscos solo porque viste a otros comiéndolo y comenzaste a llorar que tú también querías.

—… estuvo rico. Gracias.

—Como sea.

—Está bien, quita eso de la lista, no eres desconsiderada. Eres idiota, necia, engreída "y"… linda.

—…

—Realmente linda.

La vio suspirar frustrada, pero no discutiendo a la ultimo. Leona lo tomó como una buena señal.

—En realidad ya comienzo a sentirme un poco cansada— admitió la castaña, tomando con cuidado la mano de Diana para seguir caminando así.

Había visto como muchas parejas lo hacían y ya entrando en el bosque no tenía idea de porque sería una mala idea que ella imitara lo mismo.

—De esta forma será más fácil para mi avanzar ¿Está bien para ti?

Diana no contestó de inmediato, se limitó a asentir débilmente.

—Realmente el sol te dio bastante, también tus orejas están rojas.

—Cállate.

—Cuando lleguemos déjame untarte un poco de crema o alguna loción para tu piel.

—No, no es necesario.

—Déjame, así podre agradecerte la comida.

—No quiero.

—…Lo hare de todas formas.

— ¡Agh! ¡¿Si vas a hacer lo que quieras, para que me preguntas?!

—Quería que me imaginaras untándote crema

— ¡¿Y cómo para que voy a…?! ¡Eres insufrible!

— ¿Por qué querías subir todo el día una montaña con alguien insufrible, Diana?

— ¡Estoy comenzando a preguntarme lo mismo!

Leona se esforzaba por no reír, pero era verdad, disfrutaba mucho meterse con la de la Luna, casi tanto como ella lo hacía.

—Es porque me quieres a tu lado… solo dilo.

—No lo hare— siguió neciamente la rubia.

—No dirás que me quieres.

—No.

—Pero sí que lo sientes ¿Verdad?

—No mucho en este momento.

— ¿De qué hablas? Me llevas la de la mano para que no me aleje de ti.

— ¡Solo hace un minuto atrás "tu" me tomaste de la mano porque estabas cansada!

—Eso no tiene ningún sentido, Diana. ¿Cómo tomarnos de la mano me ayudara a avanzar? No es como si me estuvieras jalando o algo así. Deja de mentir.

Recibió una amenazante mirada de la rubia, la cual la hizo sonreír sin poder evitarlo, develando así que solo estaba molestándola.

Diana suspiró y se entregó al silencio, sintiéndose derrotada. La castaña entonces aprovechó la acercarse más a su brazo.

— ¿De verdad no vas a decirme que me quieres a tu lado?

Ahora ya no se molestó en negarlo, sencillamente siguió caminando tratando de ignorar lo que se le preguntaba.

—Estoy segura que si subía el Monte Targón contigo así… juntas… hubiera estado bien.

—"Hubiera estado bien"— repitió con ironía la rubia, recordando lo difícil y tormentoso que había sido la experiencia.

—Si— contestó con contundencia sin dejarse desanimar por la burla— puedo entender… de lo que va esta actividad del festival entonces. De verdad entiendo. Ascender… juntas… creo… creo que me gusta esa idea— admitió, pensando en eso, viendo sus memorias pasar— No, estoy convencida que me gustaría.

—… a mí también.