DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi. Yo sólo los uso para escribir diversas situaciones hipotéticas y así, entretenerme y de paso, ver si entretienen a alguien más. Escrito sin fines de lucro.
Million Reasons
— XIV —
— Por el dedito —
Miró el folleto con las cejas fruncidas, no estaba de acuerdo con esa decisión, pero lamentablemente ella no era la que tenía la última palabra en ese asunto. Soltó un suspiro, llamando la atención de su padre, quien parecía confundido con su reacción.
—¿Qué ocurre, no te gusta?
Levantó la mirada para observar de frente al mayor, sus facciones demostrando de antemano la respuesta a la pregunta.
—No quiero cambiarme de escuela…
El hombre negó con un gesto ante las palabras de su hija, visiblemente en desacuerdo con ellas. Su semblante severo le dio a entender a la pequeña que su decisión no iba a cambiar, pese a sus deseos.
—Lo siento, Sango, pero quiero que estudies en un lugar que en el que puedo estar seguro de que te entregarán valores y enseñanzas acorde a nuestros principios —explicó, sentándose a su lado —. Como yo estoy la mayor parte del tiempo lejos de casa…
—Sería más fácil si te quedaras con nosotros —ella apretó los puños, la decisión de su padre junto con el hecho de que casi no lo veían, eran cosas que le molestaban —. Así no tendrías que esperar que una escuela me diera valores.
—Sabes perfectamente que mi trabajo me obliga a estar lejos —el tono cambió, volviéndose algo más firme —. Y esa no es forma de contestarme. ¿Dónde están tus modales? Definitivamente, necesitas que alguien corrija ese carácter.
—Lo que necesito es un padre, no una nueva escuela.
—No voy a tolerar ese comportamiento, señorita. La decisión está tomada, punto final. ¿Entendido?
Sango lo miró con el ceño arrugado, tenía deseos de gritar y llorar, y de decirle a su padre que esa era una decisión injusta y que no iba a compensar su ausencia. Sin embargo, frunció los labios y se guardó las palabras, sabía que no lograría más que hacerlo enfadar, y prefería evitar un castigo. Después de todo, desde que su madre falleció, el carácter de su padre se había vuelto más duro y lejos de acercarse a sus hijos, había impuesto una distancia enorme con ellos.
—De acuerdo… lo siento, padre.
—Está bien, entiendo que no te agrade el cambio, pero es lo mejor para ti. Luego lo entenderás —le dedicó una sonrisa, intentando aligerar el ambiente.
—Si tú lo dices… —Soltó un suspiro, se sentía frustrada. —¿Puedo salir a jugar con mis amigos ahora?
El hombre inhaló profundo antes de asentir con un gesto, a pesar de que hubiese preferido que su hija no saliera, sabía que ella necesitaba buscar el apoyo del grupo de niños que, en ese punto, compartían más con ella que él. Sango no esperó más y se marchó del lugar, dirigiéndose al parque de juegos donde solía juntarse con Miroku para sentarse en uno de los columpios a esperar. Aún era temprano para que él volviera de su cita, pero ella no quería quedarse en su casa más tiempo, temía no poder controlar el enfado que sentía y terminar discutiendo con su padre, causando que la castigara prohibiéndole juntarse con sus amigos el resto del verano. Eso sí que sería todo un desastre, y no necesitaba sentirse más sola de lo que ya se sentía por causa de la ausencia de su madre, la lejanía de su padre y, ahora debía sumar también el cambio de escuela. Soltó un suspiro, agachando la cabeza mientras las lágrimas se acumulaban de forma rápida en sus ojos para finalmente caer por sus mejillas. Extrañaba tanto su vida de antes, los cambios que experimentaba estaban resultando ser abrumadores y en esos momentos, sólo quería un abrazo.
—¿Estás llorando, machita? Yo pensé que no tenías sentimientos.
Levantó la cabeza al escuchar la burlona voz masculina, intentando retener las lágrimas para responderle, aunque no estaba segura de tener las palabras correctas para hacerlo.
—Ve a fastidiar a otro lado, Renkotsu.
—¿Por qué, no estás de humor? Vamos, hace tiempo que no jugamos —sonrió con malicia, haciéndole un gesto con su mano para que se levantara —. Ya casi no sales de tu casa. ¿Estás de niñera?
—Cierra la boca, eso no te incumbe.
—¿Qué está pasando aquí? —El líder de la pandilla llegó con ellos, mirándolos con curiosidad. —¿Estás triste? No sabía que podías llorar. ¿Tú lo hiciste? —Le preguntó a su compañero, la curiosidad predominando en sus ojos azules.
—Me gustaría decir que sí, pero ya estaba llorando cuando llegué.
—Lástima, aunque quizá podamos ayudarla a llorar con más ganas. Nos debe algunas, como cuando le dobló la muñeca a Mukotsu, o impidió que Ginkotsu consiguiera esas herramientas que necesitaba…
—Es cierto, Bankotsu, deberíamos aprovechar la oportunidad.
—¿Por qué no se meten en sus propios asuntos? Ahora no estoy haciendo nada —ella realmente no se sentía con ánimos para aguantar que la molestaran en esos momentos.
—Porque esto es divertido —Renkotsu se acercó a ella y le tomó el rostro, sonriendo de forma astuta —. Y en realidad, tenemos asuntos pendientes contigo.
—No me toques —Sango apartó la mano de sí con un movimiento, devolviéndole una mirada cargada de molestia.
—Haremos lo que queramos, ¿o quién nos va a detener? ¿Tú? Já, así de llorona como estás ahora, lo dudo. ¿Vas a llamar a tu mami? Oh, espera… creo que no puedes —ambos soltaron una carcajada y luego la miraron desafiantes, causando que la ira que sentía se mezclara con algo de impotencia y frustración, el pecho apretado y más lágrimas acumulándose en sus ojos.
—¿Cómo se atreven a…? —Se levantó del columpio con rapidez, empuñando las manos y con las lágrimas nublándole la visión. —U-Ustedes…
—Deberían irse antes de que se metan en verdaderos problemas —la voz de Miroku los tomó por sorpresa, los tres fijaron su vista en él para luego mirar la dirección que observaba con una sonrisa confiada, viendo al tutor del recién llegado acercarse a paso seguro a ellos —. ¿O también van a pelear con el señor Mushin?
—Tramposo. Sólo espera a que te encuentre solo…
—Renkotsu, vámonos —Bankotsu le hizo un gesto para que lo siguiera, mirando de reojo a Miroku y Sango con recelo —. Luego nos haremos cargo de ellos.
Ambos chicos se fueron, dejándolos solos. Miroku esperó a que estuviesen lo bastante lejos para abrazar a la muchacha por los hombros, en tanto el anciano llegaba con ellos y los saludaba con calma, entregándole un pequeño paquete al ojiazul antes de volver a su hogar. Luego, él le pidió a Sango que lo acompañara por unos helados, y se sentaron en los mismos columpios a disfrutarlos, ella mucho más tranquila en esos momentos.
—¿Puedo preguntar por qué estabas llorando? —Miroku había esperado a que ella se calmara, sabía que el remolino de emociones que sentía cuando él llegó no les sería de ayuda.
—Bueno, yo… —Sango agachó la mirada, recordando lo abrumada que se sentía al punto de romper en lágrimas antes de que él llegara. —¿Cómo sabes que estaba llorando?
El moreno sonrió con cariño, estirando el brazo para acariciarle la cabeza.
—Te conozco, lo vi en tus ojos —respondió con calidez —. Pero si no quieres hablar de eso…
—Si quiero… es sólo que… —Soltó un suspiro, la impotencia volvió a aparecer en su pecho. —Papá no quiere que siga en nuestra escuela. Dice que quiere que estudie en un lugar que me entregue valores y educación acorde a nuestros principios.
—Pero nuestra escuela no es mala —Miroku frunció el ceño, algo confundido.
—A él no le gusta del todo, así que me cambió. Ya no iré a la escuela con ustedes —las lágrimas volvieron a acumularse en sus ojos, no quería alejarse de ellos —. Como si no estuviese lo bastante sola sin mamá y con papá lejos por su trabajo, ahora me quedaré sin amigos. —Las lágrimas volvieron a salir, silenciosas porque ella había fruncido los labios en una muestra de la molestia que le causaba la decisión de su padre. —Es injusto y egoísta, ni siquiera es capaz de pasar más tiempo con nosotros y ahora quiere alejarme de ustedes también. ¡Yo no quiero cambiarme de escuela!
Miroku soltó un suspiro, acercando su columpio al de ella para abrazarla y apoyar su cabeza en la suya, comprendiendo el sentimiento de su amiga.
—Bueno, tu padre debe tener una buena razón para hacer todo esto —murmuró, intentando calmar a la castaña —. Y está bien que te sientas triste porque no estás de acuerdo con el cambio, supongo que es algo sorpresivo. Pero eso no significa que te quedarás sin amigos.
Sango negó con un gesto, se sentía pesimista respecto a eso.
—Nuestros horarios serán distintos, además mi nueva escuela queda lejos, así que no nos veremos. Seguro van a terminar olvidándose de mí…
—No seas tontita —él le dio un suave golpecito en la cabeza, en señal de regaño por sus pensamientos —. Seguiremos siendo vecinos, ¿no? A Kagome le gusta venir al parque, y a InuYasha le gustan los helados que preparan en la esquina. Además, ¿de verdad crees que vamos a olvidarte? Por supuesto que no. Quizá no nos veamos tan seguido, pero podemos juntarnos por las tardes o los fines de semana…
—¿Lo dices en serio? —Los ojos de Sango se iluminaron, algo incrédula. —Pero yo creí que tú… bueno, que con Hanako y además, InuYasha y Kikyō…
—Oye, ya te lo dije una vez: eres mi mejor amiga, y eso no va a cambiar porque yo tenga novia, te cambies de escuela o nos veamos menos. Sé que puedes sentirte sola a veces, pero siempre voy a estar aquí cuando lo necesites.
—¿De verdad…?
—Por supuesto que sí, lo prometo —levantó su mano derecha, mostrándole el meñique —. Por el dedito.
La muchacha sonrió, limpiándose las lágrimas y entrelazando su propio dedo meñique con el de Miroku, sellando ese compromiso.
—Entonces, es una promesa.
—Por supuesto. Y para que lo recuerdes, toma —le entregó el paquete que Mushin le había pasado antes, causándole extrañeza a la castaña —. Había olvidado dártelo, felicidades por haber terminado la primaria y bienvenida a secundaria.
Sango abrió el presente, sacando una pequeña caja de color rojo coral. La abrió algo indecisa, encontrándose con una cadena fina de plata que llevaba un colgante con la forma del kanji de su nombre, del mismo material. Lo tomó con duda, observando la joya y notando que tenía un grabado atrás que decía "Siempre serás mi Sanguito" y la fecha del día que se graduó de primaria. Levantó la vista para ver a su amigo a los ojos, negando con un gesto.
—G-Gracias, pero no puedo aceptarlo… Es demasiado…
—Es un regalo para ti. Quiero que lo tengas como prueba de nuestra promesa, Sanguito.
Ella sonrió, observando la cadena con emoción, era una joya muy bonita y le gustaba su sencillez, lo que la hizo pensar que su amigo realmente la conocía más de lo que imaginaba. Asintió con un gesto, volviendo a mirar a los ojos azules.
—De acuerdo, muchas gracias. Es un hermoso regalo —le dedicó una sonrisa cargada de cariño y gratitud, en tanto él le devolvía el gesto.
—No es nada, aunque se verá más hermoso cuando te lo coloques —no pudo evitar que el brillo coqueto se escapara de sus ojos —. ¿Puedo?
Sango asintió, por lo que él se levantó del columpio y se colocó tras ella, tomando la cadena y haciendo con cuidado el largo cabello a un lado, la puso en el lugar correspondiente y cerró el broche, para luego rodear a la muchacha y verla de frente. La castaña estaba levemente sonrojada, miró el colgante un segundo y luego levantó la vista para sonreír más notoriamente a su amigo.
—Gracias, siempre lo llevaré conmigo.
—Y así recuerdas también nuestra promesa —levantó nuevamente el dedo meñique con seguridad —. Amigos por siempre.
—Por supuesto, por siempre.
Ambos sonrieron con alegría, porque realmente deseaban cumplir esa promesa, su amistad era para los dos, un tesoro demasiado valioso como para permitirse perderla por algo tan trivial como un cambio de escuela.
"Porque cuando haces una promesa con el corazón, te esforzarás en cumplirla, aunque el mundo esté en tu contra."
Prompt: 67. El compromiso de una promesa valiosa.
¡Hola! Vengo hasta acá a decirles hola con mi mano.
Ejem, lo siento. Este fic siempre ha estado en mis pensamientos, pero muchas veces me cuesta darle forma, aunque eventualmente iré actualizando porque la idea siempre ha sido relatar todas las aventuras amorosas que vivan estos chicos, y más ahora que ya están siendo más grandes. adolescentes de hecho.
Siempre he pensado que Miroku es una persona detallista, suele estar al pendiente de las cosas que hacen feliz a los demás, y también es alguien listo y rápido de pensamiento. Así que esto es algo que veo muy posible tratándose de él.
En fin, espero poder actualizar pronto, pero mientras les dejo la promesa de que seguiré escribiendo hasta que ya no dé más. Un abrazo enorme, en especial a quienes dejaron su maravilloso comentario en el capítulo anterior: Mar Sea y AvrilGarcia, sus palabras son lo mejor del mundo (L) ¡Gracias por su apoyo!
Nos leemos espero que pronto~
Yumi~
