Capítulo 7
Jean lo condujo a su dormitorio y encendió una lamparilla junto a su mesita de luz. Hizo un gran esfuerzo para ayudarlo a recostarse en la superficie cómoda de su cama.
—Ya vuelvo. No te muevas—le advirtió.
Mientras ella iba apresurada a buscar un botiquín del baño, Scott se removió un poco para sentarse, pero se sentía muy dolorido. Se le escapó un quejido al tiempo que regresaba Jean.
—Te dije que no te movieras—le recordó.
—Me siento incómodo.
— ¿Por qué?
—Porque estoy en tu habitación—se sonrojó sólo al decirlo.
—Logan ya no regresará. Tranquilo—dijo sonriendo al ver cómo él se sonrojaba.
Suspiró al fijarse en los vidrios rotos de sus anteojos.
— ¿Qué sucede?
—Tus anteojos...
Delicadamente le quitó los anteojos para encontrarse por primera vez con sus hermosos ojos azules. Se sorprendió a tal punto que se quedó sin habla. Scott se dio cuenta de aquello.
—Antes veía...—dijo como si estuviese leyendo sus pensamientos.
—Yo... lo siento, no quería...—contestó colocando los anteojos en la mesita de luz.
—No te preocupes.
—Tienes un corte en la ceja—le advirtió antes de pasarle suavemente un algodón con antiséptico y aplicarle una vendita.
Con un paño húmedo limpió cuidadosamente toda la sangre de su nariz.
— ¿Qué haces?—preguntó Scott sintiendo sus manos sobre él.
—Tienes que sacarte ese abrigo porque estás manchado de sangre.
Ella le ayudó a sacarse la campera. Debajo traía una camisa blanca cuya manga larga derecha estaba también manchada de sangre.
—La camisa también.
— ¿Qué?—se sonrojó.
—También está manchada—dijo desabotonando y concentrándose en la prenda.
A medida que iba aflojando la camisa quedó hipnotizada de la musculatura de Scott. Había quedado concentrada en su tórax y abdomen. Tenía una complexión física en la medida justa. Le ayudó a despojarse de la camisa. No podía apartar la mirada de su torso desnudo y su esculpida espalda. De pronto, se fijó en la raspadura de su brazo derecho.
Acercó una silla y la situó frente a Scott sentado en la cama. Se sentó frente a él.
—Extiende el brazo.
Comenzó poco a poco a pasarle delicadamente algodón con antiséptico desde la mano hacia la parte superior de su brazo. Él no emitió ningún quejido. Cuando llegó a su bíceps lo sostuvo concentrándose en sus ojos. Se preguntó cómo un hombre tan bello no podría ver. Sacó material del botiquín y le aplicó un vendaje a su brazo.
—Gracias por esto—agradeció sonriendo.
Ella desviaba su mirada de sus ojos a sus labios y viceversa. Una cosa tenía que comprobar. Se inclinó de la silla un poco hacia delante y posó la mano sobre uno de sus pectorales.
Jean no tenía idea de cómo hacía sentir a Scott quien inmediatamente se relajó a pesar de lo dolorido que estaba. Su caricia lo tranquilizaba.
Posó también su otra mano y, ahora que tenía ambas sobre su firme pecho, las elevó pasándolas suavemente por su cuello hasta acunar su rostro con las manos. Cerró los ojos y se aproximó a él. Era ahora o nunca. Hizo lo que venía deseando hacer. Posó sus labios sobre los de él y así se unieron en un delicado beso.
Jean se separó abriendo sus ojos. Sorprendida reconoció que era el mejor beso que había sentido. Estaba sorprendida observándolo, ahora que lo veía desde otra perspectiva, pues tenía frente a sí al verdadero amor. Podía asegurarlo ya que cuando Jean tomaba contacto con algo y se concentraba, podía obtener visiones de acontecimientos futuros y esta era precisamente una favorable, muy favorable. Dejó caer su frente sobre la de él mientras aún acunaba su rostro. Dos lágrimas de felicidad caían por sus mejillas mientras lo miraba.
Scott abrió los ojos y podía sentir la frente de ella contra la suya. Luego sintió como ella lo besaba de nuevo así que la separó delicadamente.
—Lo siento, Jean... pero tengo sueño—mintió.
Su modo de hablar le sonó poco convincente, pero de igual forma lo respetó.
—Descansa—le deseó ella.
— ¿En tu cama? ¿Dónde dormirás tú?—se preocupó.
—En el suelo.
—De ninguna manera—dijo incorporándose y tocándose el brazo vendado.
—El herido eres tú—le recordó.
—Dame mi ropa.
— ¿Para qué?
—Pues dormiré sobre ella.
—De ninguna manera—se negó arrancando una manta de la cama y entregándosela.
Él la aceptó y la acomodó sobre el suelo para luego echarse sobre ella.
—Eres un testarudo.
—Buenas noches, Jean—le deseó.
No le contestó porque a fin de cuentas se sintió rechazada.
Se fijo en sí misma y comprobó que también estaba manchada de sangre. Fue hasta uno de sus muebles y sacó ropa. Miró hacia atrás, él estaba acostado de espaldas, además ni siquiera podía verla, aunque si pudiera, a ella mucho no le importaría. Allí mismo se cambió toda la ropa y se puso su camisón. Se recostó en la cama observando su espalda. Aún tenía el recuerdo de ese beso. ¿Podría conciliar el sueño teniéndolo tan cerca? Después recordó al Scott valiente y furioso que se enfrentó a Logan por ella. ¿Quién sabe qué le podría haber hecho Logan si Scott no intervenía?
—Buenas noches, Scott—sonrió apagando la lamparilla de la mesita de luz.
Al no escuchar nada, supuso que ya se había dormido. Así había sido, Scott durmió profundamente soñando con ese beso que lo había dejado hechizado, tanto que al otro día se despertó tarde. Junto a ella perdía la noción del tiempo. Se sintió algo dolorido y recordó que había dejado su bastón en la habitación donde se había peleado con aquel sujeto. Como pudo se las arregló para llegar hasta ella.
Jean se sorprendió de verlo en la cocina. Se había levantado muy tarde. Ella no había dormido muy bien al tener una grata compañía cerca. Lo observó a la luz del día, sus ojos azules tenían un brillo intenso y sus músculos se exhibían mucho mejor que a la luz de aquella lamparilla.
—Buenos días, Jean.
—Buenos días, Scott—saludó fascinada con su sonrisa.
— ¿Puedo pasar al baño?—preguntó avergonzado.
—Claro. ¿Necesitas que te acompañe?
—Puedo solo. ¿Por dónde es?
—A tu derecha, sigue de largo—dijo con un ademán como si él pudiera verla.
Ella, mientras tanto, preparaba el desayuno. Ambos tenían que hablar.
