Este Fic es una adaptación de la novela "El beso del Arcángel" de Nalini Singh (y continuación de la novela "El Ángel caído")
el cual les comparto sin fines de lucro, sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo.
Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Cursivas, comunicación/ vinculo mental
Capítulo 7
Ichigo volvió a enredar los dedos de ambas manos en su cabello.
—Nuestras habilidades están ligadas a quienes somos. Espero no ser capaz de
crear renacidos nunca.
Estremecida, Rukia le rodeó el torso con los brazos.
—¿Has conseguido habilidades nuevas en los últimos años? —Como lo
conocía, sabía lo delgada que era la capa de hielo sobre la que caminaba. Poco
tiempo atrás, Ichigo le había roto todos los huesos del cuerpo a un vampiro
mientras la pobre criatura permanecía consciente. Había sido un castigo que
Manhattan no olvidaría jamás—. ¿Ichigo?
—Ven. —Se elevó hacia el cielo.
Rukia soltó un grito y cambió de posición para aferrarse a su cuello.
—Podrías haberme avisado.
—Tengo fe en tus reflejos, Rukia. Después de todo, si no hubieras disparado a
Aizen, Nueva York podría haber acabado ahogada en sangre.
Ella soltó un resoplido.
—No fui yo. Creo recordar que eras tú quien le arrojaba bolas de fuego.
—Fuego de ángel —murmuró Ichigo—. Un mero roce de ese fuego te habría
matado.
Rukia frotó la cara contra su pecho mientras Ichigo volaba sobre la bella y
peligrosa cadena de montañas que rodeaba las luces del Refugio.
—No resulta fácil matarme —le dijo.
—Ten cuidado, cazadora. —Descendió y voló hacia el borde de una cascada
—. Aún pueden herirte.
Estaban tan cerca que Rukia pudo deslizar los dedos sobre la preciosa
superficie del agua. Las gotas eran como diamantes atrapados bajo la luz de la
luna. La admiración estalló dentro de ella.
—¡Ichigo!
Tras elevarse, se acercó de nuevo al glacial cielo nocturno en el que las
estrellas parecían talladas en cristal.
—Dijiste que un vampiro fuerte podría matarme —señaló Rukia, que sentía
el frío en las mejillas y el viento que agitaba su cabello—. Y, al parecer, también
el fuego de ángel. ¿A qué otra cosa soy vulnerable?—El fuego de ángel es el método más fácil, pero los arcángeles que no pueden crear ese fuego tienen otros medios.
—No tengo pensado relacionarme con los miembros de la Cátedra, así que
me da igual.
Los labios masculinos se acercaron a su oreja, y el roce la abrasó de la
cabeza a los pies, pero sus palabras...
—Las enfermedades ya no son tus enemigas, pero hay también unos cuantos
ángeles que podrían matarte. Eres tan joven que, si te desmembraran
parcialmente, morirías.
Rukia tragó saliva con fuerza al visualizar semejante imagen.
—¿Eso ocurre a menudo?
—No. El método más habitual es cortar la cabeza y quemarla. Muy pocos
sobreviven a eso.
—¿Y cómo es posible que sobreviva alguien?
—Los ángeles son muy resistentes —murmuró él, que cambió de posición
para virar.
—Este sitio es enorme —dijo Rukia mientras contemplaba las luces a lo lejos
—. ¿Cómo es posible que nadie sepa que existe?
Ichigo no respondió hasta que aterrizó en la terraza del dormitorio que
compartían.
—Puede que los inmortales estemos en desacuerdo en muchas cosas, pero
hay algo en lo que estamos unidos: los mortales no deben enterarse jamás de la
existencia de nuestro Refugio.
—¿Y qué pasa con Miyako? —Apretó los dedos sobre la parte superior de sus
brazos—. ¿Le has hecho algo a su mente?
—No. —Esos ojos ámbar implacables se clavaron en ella, eclipsando todo lo demás
—. Pero si habla de ello, tendré que silenciarla. Y también a todos a quienes se lo hay a dicho.
Rukia sintió un nudo helado en el estómago.
—¿Aunque eso me parta el corazón?
—Asegúrate de que no lo cuente. —Le cubrió las mejillas. Tenía los dedos
fríos a causa del aire de la noche—. Y eso no pasará jamás.
Rukia se apartó de él. Esa vez, Ichigo se lo permitió, dejó que se acercara al
otro extremo del balcón para contemplar esa profunda herida en las entrañas de
la tierra. En esos momentos quedaban pocas luces en el cañón, como si los
ángeles se hubieran acostado y a.
—No soy parte de tu mundo, Ichigo. Por dentro, todavía soy humana... No
me cruzaré de brazos mientras mis amigos son asesinados.
—No esperaría otra cosa. —Abrió las puertas—. Venga, ve a dormir.
—¿Cómo quieres que duerma después de lo que me has dicho? —Se quedó
donde estaba y lo miró a los ojos. Ichigo le devolvió la mirada. Rukia todavía
no podía creerse que un ser tan poderoso la amara. Pero ¿amaban los arcángeles
como los humanos? ¿O sus sentimientos eran más profundos, de esos que arrancaban
sangre al corazón?
—Olvidé —dijo él— que eres muy joven. —Se acercó a ella para acariciarle
primero la sien y después la mandíbula—. Los mortales se desvanecen. Es un
hecho.
—¿Debería entonces olvidar a mis amigos, a mi familia?
—Recuérdalos —replicó él—, pero recuerda también que un día y a no estarán aquí.
El dolor era como una bestia furibunda en su interior. No podía imaginar un
mundo sin Miyako, sin Momo. Los vínculos que había formado con su hermana
pequeña se habían visto erosionados por las decisiones que ambas habían tomado,
pero Rukia no la quería menos por eso.
—No sé si tendré el coraje suficiente para sobrevivir a ese tipo de pérdida.
—Lo tendrás cuando llegue el momento.
El dolor de la voz masculina se clavó como una daga en su corazón.
—¿Quién?
En realidad no esperaba una respuesta. Puede que Ichigo la amara, pero
también era un arcángel. Y los arcángeles habían convertido en todo un arte lo de
guardar secretos. Así pues, cuando él deslizó los nudillos sobre su rostro y dijo
« Grimmjow» , Rukia tardó varios segundos en reaccionar.
—Fue Convertido contra su voluntad —intuyó ella al recordar la conversación
que había mantenido con el vampiro sobre los niños. ¿Había visto Grimmjow cómo
envejecían sus hijos? ¿Había perdido a una esposa a la que amaba?
Ichigo no respondió esta vez. En cambio, la empujó hacia la habitación.
—Debes descansar, o no estarás preparada para volar cuando llegue el
momento de asistir al baile.
Ella lo siguió, estremecida por la verdad que él la había obligado a afrontar.
Ichigo colocó las manos sobre sus hombros.
—Quítate las correas. —El calor de su cuerpo era una caricia lasciva,
invisible, ineludible.
Y en un instante, las alas de Rukia se llenaron de sensaciones, de una
necesidad que le hizo olvidar todo lo demás. Le costaba esfuerzo respirar, hablar.
—Ichigo, ¿estás dentro de mi mente? —preguntó mientras tiraba de las
correas que sujetaban el tejido entrecruzado sobre sus pechos.
—No. —Unos dedos largos jugueteaban sobre sus clavículas, sobre la
hendidura del esternón—. Tienes una piel muy suave, cazadora del Gremio.
Cada centímetro de la piel de Rukia parecía arder con una sed que no podía
ser saciada.
—¿Qué es lo que me ocurre, entonces?
—Todavía te estás convirtiendo. Le quitó la camiseta, y Rukia notó el roce de cada hilo.
Se puso a temblar al sentir la caricia efímera de las yemas de sus dedos.
—¿Sabes qué es lo que saboreo en la curva de tu cuello? —Apretó los labios
sobre ese lugar—. Fuego y tierra, huracanes primaverales amarrados con una
pizca de acero.
Rukia se estremeció de nuevo y echó la mano hacia atrás para enredar los
dedos en los sedosos mechones masculinos.
—¿Así es como me ves?
—Así es como eres. —Movió la mano hasta la curva de su cadera en un
movimiento lento y seductor que hizo que a ella se le encogiera el estómago.
Sin embargo, nada podría haberla preparado para el estallido eléctrico que
sintió cuando Ichigo colocó la mano sobre su pecho con intenciones muy claras.
No pudo hacer otra cosa que observarlo, y a que todo su ser estaba pendiente de
cada uno de los movimientos del arcángel.
En esos momentos, Ichigo volvió a besarle el cuello, y los sentidos de Rukia
se hicieron pedazos. Cerró los dedos que tenía hundidos en su cabello. Luego se
dio la vuelta para cubrir el rostro masculino con sus manos y apoderarse de esa
boca hermosa y cruel. Fue un beso salvaje, lleno de la necesidad imperiosa de
una cazadora y del implacable instinto posesivo de un arcángel. Ichigo apartó la
mano de su cadera para sujetarle el cuello: se negaba a dejar que se apartara.
Rukia sentía los pechos apretados contra el tejido de la camisa, que tenía una
textura exquisita (casi dolorosa) y abrasaba sus sensibilizados pezones. Le mordió
el labio inferior a modo de venganza por lo que le había hecho. Ichigo le devolvió
el mordisco, pero retuvo la carne un instante entre los dientes antes de liberarla,
con un movimiento lento que hizo que la cazadora apretara los muslos para
contener la explosión de calor húmedo que había estallado en su entrepierna.
Rukia intentó meter la mano bajo su camisa, pero Ichigo le sujetó la muñeca.
—No, Rukia.
—No soy tan frágil —dijo, frustrada—. No te preocupes.
La mano masculina se tensó sobre su muñeca durante un segundo antes de
soltarla. Tras eso, Ichigo dio un paso atrás y rompió el contacto. Rukia estaba
preparada para luchar contra él por lo que deseaba, pero miró hacia arriba y ...
se quedó paralizada.
—Ichigo...
De los ojos del arcángel surgían llamas, tan letales como el fuego
de ángel que le había lanzado a Aizen en esa última y cataclísmica batalla.
—Vete a la cama —dijo él con una voz tan uniforme como una capa de hielo.
Sin embargo, el fuego no había dejado de arder. Rukia sintió un vuelco en el
corazón al comprender su carácter letal, y se cubrió los pechos con los brazos.
No sabía si se estaba protegiendo a sí misma o a él.
—¿Volverás?—¿Estás segura de que quieres que lo haga? —Ichigo se dio la vuelta y
atravesó las puertas de la terraza antes de que ella pudiera responder.
Rukia lo observó mientras remontaba el vuelo y se alejaba hacia la infinita
oscuridad de una noche montañosa antes de cerrar las puertas con unos dedos
que habían dejado oscuras marcas en forma de media luna sobre la palma de sus
manos. Luego se metió en la cama. Sin embargo, aunque se cubrió con todas las
mantas que tenía, tardó mucho tiempo en dejar de temblar.
Había pensado que sabía, que comprendía. Pero no era cierto. Desde que
despertó del coma, se había comportado como si estuviera a salvo con Ichigo.
Esa noche había supuesto un duro golpe. Nunca estaría segura con Ichigo. Si
cometía un pequeño desliz, él la mataría.
¿Era lo bastante fuerte como para aceptar ese riesgo, esa posibilidad?
« Me has convertido en un poco mortal» .
Le había dicho eso la noche que le pegó el tiro, la noche que había estado a
punto de desangrarse mientras ella intentaba contener la hemorragia con manos
temblorosas y sin dejar de llorar. ¿Él había tenido miedo en aquella ocasión?
¿Sabía Ichigo lo que era el miedo? Rukia no estaba segura, y tampoco tenía claro
que él le respondiera si se lo preguntaba.
Rukia conocía el miedo a la perfección. Pero, pensó mientras sus músculos se
relajaban, al final no había tenido miedo. Cuando su cuerpo yacía destrozado en
los brazos de Ichigo, no estaba asustada. Y esa era la respuesta que buscaba.
Sí, le dijo a Ichigo, aunque no estaba segura de si la fuerza de su conexión
mental sería suficiente para llegar hasta él. Sí, quiero que vuelvas.
Él no respondió, así que Rukia no supo si la había escuchado. No obstante, en
mitad de la noche sintió la caricia de unos labios sobre la curva del cuello, sintió
el calor siniestro de un cuerpo masculino pegado al de ella y sus alas atrapadas
entre ambos... Sintió la intimidad indescriptible que existe entre dos ángeles.
