Los personajes empleados en este escrito pertenecen a J. K. Rowling
CAPÍTULO 14: Sin intermediarios
Que ya podría estar viéndolo todo el callejón y él ni se enteraría, sentía la calidez de su mano encerrada en la de él y su corazón iba a mil, estaba hecho un facha de oclumante si no podía moderar las reacciones de su propio cuerpo, pero era ella, caminando de su mano, ¿cómo no estar descontrolado? Solo le alcanzaba la concentración para medio esconder la sonrisa de loco que ella le producía. Su mano se perdía en la de él tan grande. Ni siquiera le había pedido permiso para tomarla de la mano. ¿Sería extraño si se diera de golpes contra una de las vitrinas de algún negocio? Seguro que sí y para hacerlo tendría que soltarla y no estaba dispuesto a eso. Disminuyó la velocidad del paso al notar que prácticamente la arrastraba por Diagon en lugar de caminar con ella.
-Creo que debo disculparme por haber tirado de usted de esa manera, no era mi intención incomodarla. - dijo sonando un poco incómodo y aun sin mirarla directamente.
-No me incomodo, tenía tantas ganas de salir de ahí como usted – paro de golpe al punto que ella había terminado tirando de él al dar el siguiente paso, la mirada fría en sus ojos le mostró que había dicho algo que no era bien recibido – no, no por no estar ahí, o porque no quisiera que me vieran, o sea no por Draco, bueno si por Draco, pero no porque Draco viera, no me importa lo que Draco ve, no, no es que se algo sin importancia haber estado ahí…
Estaba tan sonrojada y enredada con sus propias palabras, viéndose tan hermosa que sintió un fuerte tirón de callarla con un beso, pero hizo fuerza y solo alzó su mano colocando dos dedos sobre la boca de la chica, apenas rozándola, para impedir que salieran más atropelladas palabras sin sentido y se sintiera más mortificada de lo que ya estaba
-Entendí el punto, por mucho que sea mi ahijado no me agrada que crea que puede decidir sobre lo que hago o con quién lo hago, imagino que es algo similar para usted – la aun sonrojada chica movió la cabeza afirmativamente y suspiro cuando él alejó su mano de ella.
-Creo que aún no pierdo la mala costumbre de hablar demasiado. - hablo ella manteniéndose aun sonrojada y ahora algo triste por la distancia.
-Para ser sincero, ya lo extrañaba, Hermione yo… - un empujón de una persona pasando junto a ella lo devolvió a la realidad y al hecho de que estaban parados a mitad de una acera de un abarrotado Diagon, impidiendo el paso y llamando tremendamente la atención sobre ellos. – creo que debemos seguir.
-Sí, claro. Se giró con una mueca mortificada en su rostro al tiempo que intentó soltar la mano que aún estaba en la del hombre, pero el firme agarre de él se lo impidió, talvez no todo estaba perdido pensó la chica sonriendo hacia la espalda de el alto hombre que ya camina llevándola casi a rastras de nuevo.
-Aquí - dijo entrando en una tienda pequeña, manteniendo la puerta abierta para ella. Parecía un pequeño bazar, lleno de todo tipo de chucherías, detrás del mostrador un hombre bastante anciano dormía sentado en una silla, el silbido de su respiración al dormir le causo gracia a la chica.
-Buen día - el tono molesto de Snape despertó de golpe al hombre que se apresuró a atenderlos con una sonrisa somnolienta – marco para fotografías.
-Claro señor, eh buen día. Bien, tengo de algunos tipos hay estáticos y móviles, cambia formas, con aroma, luego están los que se iluminan, creo que aún me quedan los que hablan y los que tienen un hada vuela dentro del marco. Ya me dirá cual prefiere – dijo dando un bostezo y restregándose los ojos.
La esquina de la boca de Snape se alzó en mueca de fastidio, ¿en serio había tantas opciones? ¿No podía ser un cuadrado negro y ya? Notó la calidez de la mano encerrada en la de él y reculó, se supone que iban a elegir algo entre los dos, ese era el punto – ¿nos los puede mostrar?
Vio de reojo la sonrisa de la chica
- ¿Cuales? - dijo en encargado sin terminar de despertar del todo.
- ¡Todos! - casi grito el mago haciendo al otro saltar y correr a la trastienda.
La risita baja de ella llamó su atención, era bueno que sus actitudes extrañas no la asustaran o la alejaran.
-Gracias. – soltó Hermione antes de poder controlarse.
- ¿Por pedirlos todos? - dijo alzando una ceja con intriga.
- No… por regresar, por ofrecerme tu casa, solo quería decirte que...
-Estos son todos – la presencia del vendedor la hizo cortarse en seco, casi le había dicho lo muy enamorada que estaba de él, ahí, en medio de una tienda de Diagon. La mortificación le subió por la garganta y coloreo sus mejillas.
Un buen número de portarretratos estaban frente a ella en el mostrados, todos lucían coloridos y agradables, Snape se paró tras ella, dando un vistazo desde su imponente altura, sin parecer haber notado lo que ella estuvo a punto de decirle. La chica pasó sus manos entre los objetos intentando encontrar algo que le llamara la atención.
-Con un sencillo hechizo puede cambiarles el tamaño a todos, señorita. - el vendedor se veía más despierto ya y se acercó al otro extremo del mostrador tomando unos anteojos que estaban sobre el mismo.
Snape no terminaba de sentirse cómodo, no estaba seguro de cuál debería ser su siguiente paso y lo único que tenía en mente era besarla, ¿podía simplemente tomarla por los brazos y besarla hasta hacerla perder la cordura? Casi lo había hecho cuando ella le estaba agradeciendo. Le agradeció por regresar, eso fue bueno, lo demás no tanto. Su mente le había dicho que sonaba como una despedida, tal vez estaba planeando irse este día a casa de Potter o a cualquier otro horrible lugar lejos de él. ¨Solo quería decirte que te agradezco todas las molestias y decirte que ya no incomodare más, porque me mudare¨ sí, eso sonaba muy de ella, luego diría que se mudaría a Japón o Australia y eso sonaba muy a la suerte de él. Cuando por fin sentía la felicidad al alcance de la mano algo sucedía y se la arrebataban de un tajo.
Ella continuaba escarbando entre los montones de portarretratos, se escandalizó un poco al verla alzar un horror en color fucsia y morado con brillantina, tras este apareció uno que al menos no le pareció tan malo, ella dejó de lado el anterior y estiró la mano al tiempo que él para tomar ese pequeño de color negro, ella volteó un poco el rostro para verlo y sonreírle.
-No esta tan desastroso como los demás – dijo con voz gruesa, aun sosteniéndolo.
-Ah eso significa que te gusta. - su sonrisa era radiante.
-Tiene un pequeño sol y una luna, se mueven alrededor y se cruzan formando un eclipse, es sencillo, pero – el hombre cortó su frase y ambos voltearon a verlo, la luz del reconocimiento se había hecho en sus ojos – usted es... Hermione Weasley, la heroína de guerra.
Un pequeño tic nervioso en la mejilla de Snape hizo que uno de sus ojos de cierre una fracción al escuchar el nombre, odiaba profundamente la conjunción de su nombre con el apellido de la comadreja vividora.
-Y usted... Oh Merlín bendito, ¡usted! - la manera en que se cubrió la boca con la mano, le dijo a Snape todo lo que quería saber su reacción y definitivamente no estaba para aguantar histerias ni ataques de pánico, con premura metió una mano a su bolsillo y saco una pila de galeones que dejó sobre el mostrador, más que suficiente para pagar.
-Vamos - tomó a la chica de la mano y tiró de ella hacia la salida, ella solo darle una sonrisa de disculpa al aun impactado hombre tras el mostrador.
Avanzaron algunos pasos caminado entre la gente que hacia sus compras hasta que encontró un callejón menos transitado al que la llevó, si dar explicaciones se detuvo y la envolvió en sus brazos haciendo una aparición.
-Hay un sitio que deseo mostrarte – dijo soltándola – déjame guardarte esto.
Con un pase de varita encogió el portarretrato y lo metió en uno de sus bolsillos.
-Si, bueno yo, hay algo que quería decirte – la chica miraba al suelo, parecía avergonzada y eso no le gusto, nada que pudiera decir viéndose tan avergonzada podía ser bueno.
-No – dijo poniendo dos dedos sobre sus labios, para retirarlos inmediatamente como si el tacto quemara, retrocedió dos pasos alejándose de ella – lo que sea que ibas a decir, no lo digas.
Estaban a mitad de un vacío callejón, al parecer en Londres muggle, la calle más cercana no se veía muy transitada por personas, pero podía ver el ir y venir de autos, lo vio alejarse hacia allá a paso decidido, aun podía sentir el tacto de sus dedos sobre sus labios, soltando un suspiro lo avanzó tras él.
-Sabes que no tengo piernas tan largas ¿verdad? Me cuesta un poco seguirte el paso – dijo casi corriendo y tomándolo por una manga de la camisa, él se paró en seco, volteó hacia ella y la tomó de la mano, alzándola hasta la altura de sus ojos como para acentuar lo siguiente que iba a decir.
-Por eso no te suelto, aunque bien podrías probar a dar pasos más largos, no es muy difícil – y diciendo eso se volteó y continuó caminando hasta que salieron del callejón y se unieron a los pocos transeúntes de la calle principal, entonces pudo ver que era al parecer algún tipo de zona industrial moderna, llena de fachadas de vidrio y metal, edificios con nombres en relieve en lo más alto. ¿Qué debían ver ahí?
Caminaron en silencio unos pocos minutos y pese a su declaración de que debía dar pasos más largos, él sí redujo la velocidad de los suyos, acomodándose a ella, todo en completo silencio. Aprovechando el tiempo se dedicó a observar al hombre, su porte alto y su espalda de hombros anchos, la camisa de vestir negra le sentaba de maravilla, aunque si era sincera, extrañaba la levita negra de infinitos botones. Su cabello estaba un poco más corto y no tuvo más remedio que agradecer a Ron que hubiera hecho que el hombre dejara la gabardina en casa cuando salieron, así podía recrearse en la contemplación de ese cuerpo sin metros de tela ondeante que la obstaculizaran.
-Es aquí - estaban frente a una construcción con una imponente fachada de piedra interrumpida solo por el ventanal de vidrio del ingreso, no había nombre, pero resaltaba junto a los demás edificios que relucían en vidrio, este se veía más serio y fuerte, eso era, se veía muy fuerte. Lo vio sacar unas llaves del bolsillo y abrió la puerta de vidrio dejándola pasar primero. Dentro, la conjunción de los grises y blanco hacían que el ambiente fuera solemne. La chica se volteó con expresión confundida hacia él.
- ¿Qué es?
-Mi nuevo apotecario. - dijo con sencillez. Metiendo las manos en los bolsillos.
- ¿Tuyo? Pero ¿no trabajabas con los de Diagon y San Mungo?
-Decidí que podría deshacerme de intermediarios – dijo caminando hacia unas puertas dobles en una pared lateral y abriéndolas – pienso quedarme por algún tiempo, necesito un sitio para trabajar, contratar algunos asistentes tal vez.
Su mirada negra se fijó firmemente en ella, esperando su reacción, la mirada esperanzada de ella le dijo mucho más que cualquier gesto o palabra.
-Aquí haremos la magia – dijo indicándole que cruzara las puertas con él. Dentro era un enorme galpón de doble altura, la planta baja estaba completamente libre, la planta alta se desarrollaba dejando un perímetro cuadrado libre en el centro por el que se podía ver un techo abovedado de tiras metálicas y vidrio, casi como un invernadero. - a falta de mejores ideas, he pensado que en esta área central libre irán los mesones de elaboración de las pociones de venta, por detrás el almacén, ahí hay una salida a un callejón con un área de carga y descarga, de este lado algún área para empleados, supongo que alguna vez deberán comer.
Su sonrisa malvada solo pudo alegrar más a la joven que disfrutaba imaginando cada cosa que él decía.
-También deberemos tener un almacén de ingredientes, al menos de los comunes y una pequeña biblioteca, la planta alta será para investigación, algún almacén de ingredientes más exóticos, todo lo que he estado recolectando estos años y el área de oficinas, lo normal, algún contador y al menos un investigador senior – se encogió de hombros y giró dándole la espalda a la chica – alguien que sea de mi confianza y que pueda terminar ciertos trabajos que he iniciado, tengo tanto material que no estoy seguro de poder yo solo.
Hermione no cabía en sí de gozo, él se iba a establecer en Londres, él se iba a quedar e iba a investigar en el maldito Londres, no en otro continente, ni a miles de kilómetros ¡en el maldito Londres! Y que la aspen si ella no renunciaba a su trabajo y venia aquí, aunque sea a limpiar los pisos, si así se le permitía espiar sobre el caldero del hombre.
- ¿Has pensado en alguien? ¿Draco? - por favor por favor dime que me darás la oportunidad rezó como una letanía en su mente.
-Ahg! Esta demasiado metido en los asuntos de su familia, quiero a alguien que se dedique a esto por completo, había pensado en alguien, pero resulta que ya trabaja en otro sitio.
Los hombros de la chica cayeron con decepción – sería un tonto si no renuncia para venir a trabajar contigo, es una oportunidad única para investigación, además del contrato que conseguiste con el Ministerio.
-No lo sé, tiene una buena posición en ese trabajo – dijo el hombre mirando hacia el vidrio del techo sobre él. - puede que le sea más cómodo continuar ahí.
- ¿Ya se lo ofreciste? Dime quién es, para saber quién es el idiota que no tiene idea de pociones y procurar jamás trabajar con él.
-Aun no le he dicho nada, y jamás dije que fuera un él. - escucharlo le abrió un agujero en el estómago, era una mujer, planeaba trabajar hombro a hombro con una mujer, apretó con fuerza los dientes para contenerse de llorar o reclamar, obviamente ella no tenía por qué reclamarle, pero la verdad es que se sentía traicionada. Ahora que por fin regresaba a la ciudad y a su vida, planeaba asociarse con alguna mujer pocionista que seguramente caería sobre el con uñas y dientes, solo en el Ministerio conocía un par que darían su mano derecha por atrapar a ese hombre y sobre todo a sus galeones. Sintió la boca amarga al imaginarse convirtiéndose en el tercero en discordia entre él y su socia, a la larga teniendo que mantenerse a distancia viéndolo hacer una vida sin ella.
-¿Puedo pedirte algo Granger? - ¡oh por Dios! ¡oh por Dios! Acaso él...
-Sí, claro sí, dime – el corazón le saltaba en el pecho ¿podría ser? Aun no podía verle el rostro, seguía mirando al techo de espaldas a ella.
-Es tarde en la mañana ya, no hemos desayunado y por la hora creo que tendremos que recurrir a hacer un almuerzo adelantado – lo vio revolverse un poco el cabello mientras sus esperanzas se volvían añicos, él no iba a pedirle que trabajaran juntos – ¿podrías quedarte conmigo el resto del día? Finjamos que somos los mismos que hace diez años, solíamos llevarnos bien ¿no?
-Creo que aún es así – dijo ella con la voz baja, emocionada por su pedido que no era sino su deseo hecho realidad, pero preocupada por lo que dijo después.
-Pero eres la señora Weasley – lo vio bajar la cabeza y llevarse la mano a la cara, sabía lo que hacía, apretarse el puente d la nariz, lo hacía cada que debía hablar de algo que no le agradaba.
-Por ahora – dijo ella alzando los hombros, sintiéndose culpable, como si hubiera estado engañándolo todos estos años.
-Finjamos que nada de eso pasó - se volteó y vio la intensidad de sus ojos negros clavándose en ella – solo por hoy, solo tu y yo, daremos vueltas por Londres, comeremos, iremos a alguna librería, tal vez leer en un parque, recuerdas la veces que salimos ¿así?
-Aquí nadie te conocía, nadie podría molestarte – dijo ella con voz triste, cuando él se recuperaba lo habían hecho por indicación del medimago, el profesor necesitaba salir, tomar algo de sol y en ningún sitio mágico podría hacerlo sin ser reconocido e incordiado, se habían escondido a plena vista en el Londres muggle, al inicio a regañadientes, luego sintiéndose él más cómodo.
-No deseo esconderme, como te dije antes, no me importa quién me vea contigo.
-A mí tampoco – respondió ella rápidamente.
-Pero no deseo escuchar más gente llamándote ¨señora Weasley¨ él no merece haber puesto su apellido junto a tu nombre. El suspiro de ella calmó un poco los nervios del mago. No sabía cómo ella reaccionaria antes ese extraño pedido, él tampoco había planeado hacerlo, solo le salió.
-Errores de juventud supongo.
-Bueno, te pido pasar este día haciendo cualquier cosa que quieras sin recordar esos ¨errores de juventud¨ - se acercó a ella y tomándola por la mejilla presionó para que acercara su rostro a su pecho, envolviéndola con un brazo mientras su otra mano se mantenía acariciando dulcemente su mejilla – siendo solo nosotros dos, como en los meses después de la guerra.
Ella envolvió sus brazos alrededor de la cintura del hombre, cerrando los ojos con gusto ante su tierno gesto – si quiero, claro que quiero.
-No dirás nada y yo no diré nada, será solo sobre hoy, ni pasado, ni futuro – eso la asustó un poco.
- ¿Podré preguntar por tus viajes?
-Bueno supongo que eso podría ser, del resto nada, por hoy y solo por hoy, tu no tendrás un pelirrojo imbécil y yo no habré pasado diez años sin verte. - paso la mano hasta su barbilla para levantarla hacia él y suavemente deposito un beso en su frente que le quito todos los huesos del cuerpo de la chica. - ya tendremos después muchos días para preocuparnos del pasado y del futuro.
Holi
Bueno, aquí retomando este fic que también ya está muy cerca de terminar, espero les guste y en dos días nos vemos con el siguiente cap. Gracias a quienes no han abandonado y siguen aquí leyendo.
Reviews!
Tequila: Jjajajaja vaya con mi respuesta a los siglo pero bueno aquí estoy y esta vez hasta termianrlo, estoy escribiendo mucho últimamente, me sirve para relajarme. Y sigo amando a Snape siendo el puto amo jajajajaj
ChiaArtemisa: Awwww gracias por tan bonitas palabras y si ya viene pronto otra tanda para Ron y luego una para el abogado. Vale, gracias por el comentario y mil disculpas por la demora.
Dinas´moon´E53: Ah gracias, esa es la idea un poco aquí, estar cerca y luego pum lejos jajajajaj gracias mil por acompañarme a terminar mi otro fic y espero que sigas acá. Gracias mil por dejar tu review.
YazminSnape: ajjajajaj solo retándome! Na mentira, la verdad creo q la presión es buena, aquí está el cap prometido, y jueves el siguiente para que no me retes xD en fin espero que te guste.
Y gracias a todos a quienes leen y a ver si se animan y dejan un review para hacerme feliz.
Saludos
KAD
