El sol todavía brillaba en lo alto, al día siguiente, el barco llegaría al sitio que Raidne deseaba llegar con ansias. Bianca pensaba que ese sería el último día que pasarían juntas en ese buque. A menos que decidiera acompañarla.

Al igual que Shun, quien sentía una terrible responsabilidad por intercambiar destinos con su hermano mayor, Bianca sentía que en el pasado, le había fallado a Raidne dejándola en manos de desconocidos. A pesar de ello, los relatos de las experiencias vividas en las profundidades marinas de su amiga, le ayudaron a atar algunos cabos sueltos respecto de la información que había intentado recolectar todo ese tiempo desde que su madre había desaparecido.

Uno de ellos era el nombre de Dragón de Mar, el cual le generaba una sensación extraña… la primera imagen que se le venía a la mente al oír ese conjunto de palabras combinadas, era la de sangre...

Quizá ella era muy pequeña, pero las imágenes las tenía claramente grabadas…

Recordó a un hombre muy malherido en las costas cercanas al Cabo Sunión, al que daba la ventana de la cocina del orfanato que dirigía su abuela Evanthia.

Meditó unos momentos hasta que sintió la necesidad de revisar aquel viejo diario que Sorrento le entregó aquel día años atrás. intuía haber leído algo sobre ese episodio.

Incluso, una descripción de una "scale".

Buscó el diario y encontró el relato que su memoria conservaba algunas cosas parcialmente, había varias notas tachadas y las páginas siguientes, estaban arrancadas.

"...Esta mañana, mientras discutía con mamá, por la ventana de la cocina de la capilla, que daba hacia la playa donde jugaban los niños, lo vimos llegar.

Un hombre de cabellos azules, cubierto por una armadura con aspecto de escamas de oricalco tallado. (Tomar muestra para análisis). Estaba tambaleándose, bañado de sangre y con un bebé recién nacido en brazos, se desplomó y salimos en su auxilio..."

Cuando logramos entrarlo a la cocina (el sitio más amplio para poder auxiliarlo), Evadne entró con una fuente con agua hirviendo que mamá le había encomendado, y pegó un grito de terror. Mamá pensó que se debía que se había quemado con el agua, pero yo, que vi la expresión de su rostro, jamás olvidaré unos ojos observando a alguien con tanto terror como aquella muchacha mirando al desconocido"

Si ese hombre estaba tras Raidne, probablemente sería alguien de temer, especialmente si había logrado escaparse dos veces de su custodia.

A Bianca le maravillaba el modo en que Raidne había logrado burlar a ese guerrero y salir de aquellas profundidades marinas por su cuenta.

Finalmente decidió acompañar a su amiga. Pero antes, debía comunicarle a Saori que tenía un asunto pendiente que resolver antes de volver a Tokyo tal como lo había planeado.

Saori quería que estuviera para los preparativos del torneo que le había ayudado a organizar, de hecho, si bien Shun no lo sabía, hacer llegar ese pequeño barco a la isla, había sido parte de una misión.

Revolvió su pequeño bolso y encontró su block anotador y una pluma… Le escribió una carta.

Sabía que podría disuadir a su amiga si le informaba algo que Raidne le había confiado, ya que sería una pista para averiguar o bien el paradero de los diarios perdidos de su madre, o completar parte de su contenido… Volvió a pensar en ello y no le pareció adecuado escribirlo; se lo diría cuando la viera en persona.

Una vez cerrado el sobre, buscó a Shun quien seguiría solo el viaje hasta Japón.

Cuando llegó a donde estaba y le pidió el favor:

—Shun, necesito pedirte algo muy importante.

El muchacho observó el sobre que Bianca sostenía en su mano y luego la miró a los ojos.

—Necesito que entregues esta carta en persona...

Shun recordaba aquella noche Raidne había llegado, Bianca sostenía entre sus manos, las de aquel hombre misterioso.

— ¿Shun? ¿Estás prestando atención? Es muy importante que le hagas llegar a Saori esta carta ni bien arribes a Tokyo.

— Oh, ¿es para la señorita Saori?…

— Por su puesto… Y a quién otra persona pensabas que sería?

— No, no… es que como aquella noche estaba ese muchacho...

Bianca se quedó estupefacta, no sabía que Shun había visto a Sorrento, ni mucho menos que hubiera logrado intuir algo entre ellos.

—Entonces... esa noche estabas despierto…

—Él… ¿es tu novio?

Bianca dio un giro sobre sí misma, como colocándose al lado de Shun y mirando a la nada le respondió:

—No lo sé… Lo conozco desde hace tanto que no logro distinguir si es amor o simplemente un inmenso cariño...

Detrás de esa duda, había una larga historia. Pero ¿Por dónde empezar a contarla?

Cerró sus ojos y volvió a sus siete años, el mar Egeo… su madre y ella viajando a visitar a su abuela, al Cabo Sunión, el sabor de los kourabiedes robados de aquella cocina del lado griego de su familia, su primo lejano pateando una pelota, una moneda rodando en el aire, ella trepando una reja celeste de la capilla del orfanato junto al mar desde la que se veía el Templo de Poseidón, el sonido de una flauta, el árbol en el que lo vió por primera vez, las lágrimas de aquel niño que lloraba sentado en su maleta porque había quedado huérfano recientemente, y el pañuelo blanco que le obsequió luego de limpiar sus lágrimas que llevaría luego siempre consigo.

De nuevo en el presente, la cabeza de Bianca le responde a Shun:

—El amor no falta, pero no siempre es lo único para que las relaciones funcionen, quizá no sea nada más que una bella amistad.

Shun no lograba comprender del todo las palabras de Bianca. Hasta que recordó a June; quien se convirtió en su ángel guardián en aquella isla, habían pasado tanto tiempo juntos que en algún momento sintió cierta confusión, pero su falta de confianza para con él y sus capacidades, fueron disipando esa nebulosa y consolidando aquellos sentimientos de afecto hacia la amistad.

—Creo que te entiendo…

—¿Tienes a alguien especial?

Shun hizo un breve silencio. El único vínculo que Shun había mantenido toda su vida, siempre había sido el de su hermano mayor quien lo había cuidado siempre. Cuando se separaron para viajar hacia sus lugares de entrenamiento, June cubrió esa vacante de cuidados. No sólo era una muchacha que lo acompañaba durante el entrenamiento, sino que además, solía suplicarle al maestro de ambos que le pusiera fin a aquellos en los que Shun resultaba muy mal herido.

Si bien las intenciones de la muchacha eran nobles, con el correr del tiempo, lo perjudicaron en su aprendizaje, y le significó que tanto ella como su maestro, lo considerasen una "causa perdida". Durante esos años, él fue casi un autodidacta, que en soledad intentaba comprender la esencia del "cosmo"...

— Sí, pero… no sé si podría afianzar un vínculo de ese estilo con alguien que no confía en mí lo suficiente.

—¿Te refieres a fidelidad?

—No, no me refiero a eso… me subestimó durante tanto tiempo intentando cuidarme, que al final terminé por dudar de mí mismo; a sus ojos, sigo siendo el niño que ella conoció hace 6 años.

Shun finalmente logró encontrarle sentido a aquella necesidad imperiosa de demostrar a su maestro de que era realmente digno portador de la armadura de Andrómeda. Aquello no era más que una reafirmación para sí mismo

—Hay personas adultas que les toma mucho tiempo darse cuenta de esas cosas… ¡Felicitaciones! En pocas palabras pudiste resumir cómo te hace sentir… Estas madurando. Cuando quieres a alguien lo quieres cuidar, es casi instintivo, pero hasta las madres saben que sus hijos deben afrontar ciertos obstáculos dolorosos para crecer y convertirse en adultos.

— ¿No creen que están siendo un poco injustos?… —Raidne no pudo evitar meter bocado en la conversación luego de escucharlos hablar— Para empezar, Bianca, si él se siente en deuda con la familia que lo acogió desde niño y le dió la posibilidad de seguir dedicándose a su pasión, no es nada personal contigo, eres muy egoísta si piensas que deben ser totalmente devotos a tu ser. Y respecto a tí Shun, tener un hermano que haya cargado con la responsabilidad de cuidarte desde muy pequeño, también debió influir mucho inconscientemente, la forma de amor que conoces es cuidado y la protección, seguramente esa persona de la que hablas también está aprendiendo a querer...

Shun y Bianca se quedaron sin palabras frente a aquella intervención, el aire parecía la hoja de un cuchillo.

Momentos después, se escuchaba a lo lejos una hermosa voz de mujer entonando una melodía.

El agua del mar se tornó roja. Dependiendo de qué parte del barco se tratara, las voces de la tripulación se dividían en gritos de "Piratas" versus los gritos de "Sirenas". Ambos grupos corrían en direcciones opuestas hacia sus camarotes, para resguardarse del peligro inminente.

Una hermosa muchacha de cabello rubio y ojos azules, cubierta por una armadura con la apariencia de escamas del color del coral, camina elegantemente por la proa, llamando a Raidne por su nombre:

—Raidne, pequeña Raidne, no te ocultes de mi. Tranquila… he venido en son de paz… sólo quiero hablar contigo.

Raidne reconoció esa voz… y maldiciendo para sus adentros, escuchó a Shun quien preguntaba.

—¿La conoces?

—Es Thetis.. si ella está aquí, no ha venido sola… estén atentos

En efecto, la muchacha había llegado junto a un grupo de soldados marinas rasos. Shun recordó que su Pandora Box estaba en su camarote, y luego de hacerles una seña a las chicas para que lo siguieran, se dirigió velozmente a buscar aquel contenedor de su armadura. Apenas dio unos pocos pasos, un soldado marina que le llevaba 2 cabezas, se le adelantó y se interpuso en el medio del camino.

Raidne, que corría detrás del muchacho, siguió sin detenerse en la misma dirección, pero giró su cuerpo hacia su lado izquierdo, llevando su cadera al raz del suelo, para deslizarse con su pierna izquierda en el suelo, logrando pasar por debajo de aquel soldado marina, para luego empujar sus manos contra el piso con tanta fuerza que volvió a incorporarse y salir corriendo sin dificultad. Finalmente, exclamó en un tono muy confiado:

—No te preocupes, te la alcanzaré.

Las Pandora Box poseían una cualidad muy particular; cuando la misma poseía un dueño, ya no podían ser manipuladas por cualquier persona, siendo muy probable que la misma reaccionara con alguna descarga eléctrica, o bien elevara su temperatura en el caso de que quien la tocara no fuera ell portador original. Sin embargo Shun no había tenido oportunidad de advertir de este detalle a la muchacha.

Miró hacia atrás pero Bianca había desaparecido.

Se dispuso a saltar para retroceder hacia el lugar dónde la había visto, pero el Marina, se había adelantado a aquella reacción y lanzó un golpe con su pierna derecha con tanta fuerza que parecía una fuerte corriente que arrastraba como un pequeño ciclón y cuando parecía que iba a perder altura y estaba por ser alcanzado por el fuerza del remolino, unos brazos cubiertos por una "cloth" lo envolvieron, arrastrándolo fuera del peligro y se elevó aún más por los aires.

¿Acaso era la misma mujer con la que había estado hablando minutos antes?

—¿Bianca? ¿Eres tú?

Ella sonrió, vestía una armadura que parecía ser de un mochuelo, y respondió

—Soy una Saintia al servicio de Athena: Bianca de Noctua, lamento no habertelo dicho antes

—¡Shuuuuuuun! — Raidne tenía su Pandora Box. la cargaba como si fuera una delgada mochila, y sin presentar ninguna reacción adversa por haberla tocado, la colocó en el suelo, y jaló de aquella cadena que abría su contenido— ¡Tu armadura!