La espera se había convertido en una tortura psicológica de la que no había forma de escapar. No obstante eso no era lo peor de todo, para nada. Ese mal presentimiento que tenía, esa impotencia y confusión que le detenían de al menos hacer algo por el temor a consecuencias desconocidas... Todo contribuía al que Fuwa Sho poco a poco pierda la cordura.

Y entonces sucedió, sucedió que se topó con ese tipo de revelaciones que te destruyen pero que necesitabas para comprender finalmente lo que te negabas a aceptar desde hace mucho tiempo pero que en el fondo sabías muy bien. En ese instante Sho quedó inmerso en un hoyo profundo, algo causado por haber llegado al entendimiento de varias verdades dolorosas exactamente en el mismo maldito segundo.

"Él la ama más"

No se dio cuenta cuando esa frase fue formulada en su cabeza, y se odió demasiado por hacerlo. Sin embargo, la sorpresa de encontrar a Tsuruga Ren durmiendo en el suelo frente a la puerta del cuarto de Kyoko fue demasiado y en el fondo sabía que él jamás sería capaz de eso.

La amaba, claro que la amaba pero él... Él la amaba como él jamás podría y como ella se merece ser amada.

Vio a Tsuruga Ren moverse incómodo, usando el tapete del cuarto de Kyoko como almohada. Un gran actor, deseado por toda mujer japonesa ahora estaba ahí, tirado, como un miserable vagabundo, esperando a que Kyoko salga de su habitación.

¿Él haría lo mismo en su lugar?

No.

Él sabía que no.

En su propia mente no iba a ser tan descarado como para negarlo. Mujeres jamás le faltaron y él incluso ahora jamás les ha rechazado. Pero para Tsuruga Ren las mujeres son invisibles, todas menos Kyoko.

Para él fue notorio en el funeral. Sho estuvo tanto en el funeral como en el entierro.

Por supuesto, no pudo ser más invisible, y lo entendía.

En ese momento lo principal era el dolor de Kyoko, y estaba tan destrozado por el sufrimiento de ella que todo pensamiento aparte se desvaneció.

Él se sentía tan inepto de saber que él no podría hacer nada por ella —y que ni para consolarla sería útil— que no sintió, como en otras ocasiones, la sangre llegar al punto de ebullición al ver que ella estaba en los brazos de ese hombre, prácticamente como una pequeña muñeca rota. Ya ni siquiera lloraba escandalosamente como Sho se imaginó que estaría cuando sus padres le contaron todo y le dieron la invitación al funeral.

Kyoko recibió el pésame de todos, pero aun así Sho no se atrevió a acercarse. Solo vio de lejos a sus padres acercarse a Kyoko y abrazarla fraternalmente. Quizás ese abrazo fue el único momento en que Kyoko no estaba rodeada por los brazos de Tsuruga Ren.

Era como si ellos se hubieran fusionado en una sola persona, como si voluntariamente se hubieran encadenado para uqe ni si quiera la peor de las tormentas pudiera separarlos.

No era necesario más de ese show para que Sho se dé cuenta de que ese imbécil gótico siempre fue el mismísimo actor de quinta disfrazado y se sintió bastante estúpido por no haber notado eso antes.

En un momento intercambiaron miradas a la distancia, él parecía querer advertirle que no hiciera algo, pero en el momento en que sus ojos conectaron con los suyos, cambió de expresión. Quizás al notar que en ese momento ambos estaban igual de preocupados por Kyoko y no tenía sentido que piensen en rivalidades o en otros asuntos que ahora no importan más. Ambos tenían el mismo dolor y era tácito que por el momento una tregua era lo más acertado y algo en lo que ambos estaban de acuerdo.

Fuwa Sho sentía que se quebraba al ver su llanto silencioso, se daba cuenta que este era mucho más doloroso que verla desesperada... Al menos eso denotaría más vitalidad. Pero, y no era una sorpresa, ahora ella estaba mucho, mucho peor que cuando sucedió lo de su madre.

Entonces apareció Saena en el entierro, pero no se acercó. Observaba a la distancia, y Sho se sintió identificado.

Estar ahí pero no estar, casi como un espectador desde otro mundo.

Él pudo observar cómo Tsuruga Ren se apartó de Kyoko, dejándola al cuidado de la mejor amiga de ella y del presidente de la LME, quien fraternalmente le acariciaba la mejilla y le dedicaba palabras que se notaban trataban de ser un consuelo. Truruga Ren se dirigió a Saena, quien al notar que era observada le dedicó una mirada de desagrado. Sho no pudo seguir observando esa conversación a la distancia por la vergüenza. No pasó mucho tiempo hasta que de nuevo vio a Tsuruga Ren prácticamente teletransportándose a lado de Kyoko, notó también que el representante del actor, junto con los trabajadores del presidente, se encargaban de ahuyentar a la prensa, y posteriormente a observarlo atentamente, como si no se decidieran en si debían de expulsarlo del lamentable evento, o no.

El hermano de Kyoko dio un discurso emotivo al que Sho no prestó atención, él solo tenía cabeza para pensar en lo injusta que era la vida; porque Kyoko, de todas las personas, lo que menos se merecía era algo como esto.

Encontrar a su padre y que de pronto la vida se lo quite, era demasiado crudo.

Sho se vio a sí mismo, en el reflejo del agua de una fuente, derramando lágrimas por haber visto a Kyoko dejando una flor delicadamente en el ataúd solo para, inesperadamente, aferrarse a este cuando ya estaban por empezar a enterrarlo. Solo en ese entonces gritó muchas cosas, ignorando por completo al público a su alrededor... Igual era lo menos importante.

Sus exclamaciones de dolor apenas se entendían por su llanto, y aun así, no era necesario entenderla para sufrir con ella.

Su hermano se acercó y la apartó del ataúd para confiarla de nuevo en los brazos de ese estirado infeliz.

Terminado el entierro no volvió a ver a Kyoko luego de la última mirada que le dedicó antes de entrar al auto

Ella solo estaba ahí con él rostro oculto en el pecho de quien a estas alturas probablemente sea su novio ya.

¿Y saben qué?

Sho estaba sorprendido porque en ese entonces a él no le importaba eso. Lo que más quería en ese instante era poder tener el poder de hacer que Kyoko no sufra de esa manera.

No obstante, con el tiempo, con los días que fueron pasando, esa indiferencia por la situación entre Kyoko y Ren se desvaneció. El efecto de la impotencia por no poder hacer nada al respecto del dolor de Kyoko perdieron peso en su mente y de nuevo ahí estaba él, enojado, insatisfecho e irritable.

Ya ni siquiera podía trabajar tranquilo. Todos sus pensamientos terminaban centrándose en Kyoko y en tratar de entender su situación con Ren. En sentirse patético por las ganas que tenía de intentarlo de nuevo, y es que sus padres no ayudaban mucho con su insistencia en recordarle lo patético y lamentable que era por quedarse de brazos cruzados y no intentar ayudar y recuperar a la que podría ser la mujer de su vida... La mejor mujer que conocerá en su vida, de hecho.

Esperaba como un acosador afuera del Daruma-Ya, pero ella no salía... Hasta que se decidió a entrar, fue entonces cuando vio lo que no quiso ver.

El matrimonio que cuidaba de Kyoko le invitó a quedarse a desayunar, porque era realmente bastante temprano. Despertaron a Ren y este se le quedó viendo de una forma indescifrable, solo para hacer algo que todavía no entendía. Lo jaló del brazo y lo dejó frente a la puerta de Kyoko, entonces tocó la puerta.

"Kyoko, vino a visitarte Fuwa... Yo sé que tal vez no puedas abrirte conmigo como lo harías con él, por favor... Si pudieras..."

Sho de pronto sintió el impulso de escapar, es que no entendía la situación y tampoco estaba muy tranquilo al respecto. Sin embargo, no dejó de tocar, le llamó, primero inseguro, y luego con cada vez más vehemencia. Tsuruga Ren no se quedó observando, tocaba con él, esperando que Kyoko abra esa puerta, pero no lo haría.

Luego de media hora, Sho no aguantó más y se fue, aunque demasiado enojado al notar que Tsuruga Ren se había acomodado para quedarse mucho más y quizás hasta ya se había mudado a ese pasillo.

Sho siguió con su vida pero estaba lleno de amargura contra ese actor de quinta, por tener que afrontar que él justificadamente se quedaría con Kyoko.

"¡No!"

"¿No?"

"No, no vas a dejar las cosas así, Fuwa Sho... No..."

Entonces volvió a surgir la sonrisa en Fuwa Sho, una noche en la que las luces neón de la fiesta no iluminaban más de lo necesario para que él pueda distinguir las generosas curvas de sus acompañantes.

Él no iba a seguir adoptando esa posición tan patética. No. Él iba a esperar el momento indicado, iba a aprovechar hasta la más mínima de las oportunidades una vez ella vuelva a salir de esa habitación.

El juego no había terminado, de hecho, recién había comenzado.

En un arrebató empacó sus cosas y se mudo a un pent-house en la zona más exclusiva de Tokio. Ahora viviría como toda una súper estrella, como todo un ganador, como alguien que va a ser el artista más grande de Japón y que vivirá a lado de su novia, la mujer más famosa y deseada del país.

Lo preparó todo como si ya fuera una realidad, porque justamente esa actitud ganadora es la que siempre le consiguió todo lo que quiso.

Ya establecido en su nuevo hogar, decidió que iba a lanzar un disco, uno que esperaba que Kyoko pudiera escuchar cuando esté lista para ello. Este tendría como tema principal los cuentos favoritos de Kyoko. Y, desde el primer momento, lo planeó para ser el número uno.

El sabía que unas canciones y un disco dedicado a ella no iban a ser suficiente para neutralizar todo el avance de Tsuruga Ren, esto solo era su modo triunfal de entrar a la batalla.

Sé que no es fácil

Pero, princesa, hay un sueño que aún existe

Volvamos nuestro mundo un sueño juntos

¿Podrías concederme esta última pieza?

Sho borraba y volvía a escribir, tal vez algo indeciso sobre los versos, pero decidido a que cada palabra será para recordarle a Kyoko su verdadera motivación para fugarse con él a Tokio.

Días y noches no paraba de escribir y perfeccionar. Shoko, preocupada iba constantemente a asegurarse que no se muera de inanición por lo concentrado que estaba en acabar con el álbum y lo incapaz que era de moverse del estudio de su casa para ir al menos a freirse un huevo frito. A regañadientes él se iba a duchar o se daba un tiempo para comer. Él a veces no dormía por días, pero terminaba cayendo rendido a Morfeo sobre su escritorio a medio proceso de escritura.

— Si no le das a tu cuerpo lo que necesitas, este simplemente lo tomará...

Shoko arrastraba a Sho a su cuarto para que duerma más cómodamente.

A Sho ya todo le daba igual, en verdad estaba completamente harto de volver a una realidad que no le gustaba para nada. Sola, triste y miserable... Era mejor escribir convenciendose de que la vida que no sabía que necesitaba estaba ahí, con él; no obstante siempre Shoko tenía que traerlo de vuelta y se deprimía al ver a su vacío al rededor. Pensar que eso cambiaría cuando Kyoko se mude con él era lo único que le consolaba.

Porque lo haría, ¿cierto?

Ella aceptaría tener una vida con él como ella misma siempre deseó, ¿no es así?

En el fondo seguramente sigue con ese deseo... ¿Verdad?

Odiaba esos pensamientos, pero los silenciaba porque él daría una dura batalla, y además, el corazón jamás olvida un sueño de toda una vida tan fácil.

Por su parte, Shoko hizo lo que pudo para asegurarse de que todo salga conforme a la visión de Sho y a la vez cuidarlo durante su explotador proceso creativo. Sin embargo, se le complicaba mucho llegar hasta donde vive para trabajar,por lo que pronto le dijo que mejor lo recibía en la casa que compartía con su esposo.

Sho estaba bastante incómodo por ello, no le agradaba el celoso esposo de su representante. No obstante tuvo que mantenerse profesional ante la situación en todo momento, cosa que no le era difícil pero sí irritante. Extrañaba las confianzas que tenía con su sensual representante. No, principalmente extrañaba tenerla a tiempo completo, cuidando de él y conviviendo con él. Estaba demasiado celoso, pero ese ya no era la principal de sus preocupaciones.

Pasaron las semanas, ya había acabado de componer el último detalle de la última canción.

Sho estaba muy orgulloso de sí mismo, yendo al estudio donde le esperaban su representante y su directora favorita para planificar los vídeos promocionales y hacer el casting para la actriz que será la estrella del video. Sho quería a alguien en específico, alguien que se vea como la Kyoko que le adoraba y soñaba un futuro con él.

Se sentía tan bien, tan motivado con ese nuevo inicio que tendría. Porque no sólo había decidido que habría un nuevo comienzo, se aseguró de que el mundo viera que es un nuevo Fuwa Sho, y se sentía demasiado excelente. Bailaba por los pasillos, sacando sonrisas a las trabajadoras de Akatoki, ahora con el cabello teñido de su color natural y no se veía menos fabuloso. Shoko se aseguró que la estilista haga de su look maduro y sensual, y por las reacciones de las mujeres supo que había funcionado.

De pronto escuchó a unas chicas comentar muy animosamente frente a una pantalla acerca de algo, no iba a pres ar interés hasta que escuchó el nombre de ella.

¿Viste la reaparición de Kyoko en la semana de la moda?

— La aparición nos tomó a todos por sorpresa, fue lamentable la muerte de su padre... Pero al menos se ve mucho mejor.

— Dicen que Tsuruga Ren podría estar saliendo con ella.

— Yo antes tenía dudas, porque se veía muy común pero... Tiene mucho porte y estilo, además es muy inteligente, su voz es increíble y... ¡¿Viste cómo la miraba nuestro Ren en ese show de variedades donde ganó la competencia?!

— Parece que te has vuelto más fan de ella que de Tsuruga Ren.

— No es eso, es solo que es increíble y creo que entendería por qué mi Ren se fijó en ella.

Sho bufó cerca de las chicas y continúa con su camino.