Capítulo 7
Naruto fue muy tierno conmigo la primera vez que compartimos cama. No pasó de los besos ardientes, aunque le hubiera permitido llegar donde quisiera. Se controló en todo momento de una manera notable porque, cuando se apretó contra mí, pude notar lo duro que estaba a través de las capas de tela que nos separaban. Saber que era Naruto y que era su erección lo que sentía contra mi cadera hizo que me excitara todavía más.
No estaba desnudo, como me imaginé cuando salí del cuarto de baño y le vi esperándome. No, llevaba puestos unos bóxers, y las capas de sábanas también se amontonaban entre nosotros cuando mis piernas inquietas se agitaron sin control. Fue una suerte que existieran esas telas y su contención, porque yo estaba desatada.
Cuando las cosas se ponían demasiado ardientes, él se retiraba y me miraba, me acariciaba la mejilla o los labios con un dedo mientras esperaba que los dos nos enfriáramos.
Le miré en la penumbra, notando que el aleteo que sentía en mis entrañas se había convertido en un remolino por culpa de aquellos besos embriagadores. Me pregunté hasta dónde íbamos a llegar.
Incapaz de permanecer quieta, me arqueé hacia él al tiempo que apretaba las piernas para aliviar un poco el anhelo.
—T-te necesito... Naruto. T-te...
—Sé exactamente lo que necesitas, cariño. Sé lo que necesitas igual que sé lo que quiero hacer contigo.
Él movió las caderas contra mí, así que me hice una buena idea de en qué estaba pensando. Su erección era enorme, aunque tampoco supuso una sorpresa para mí. Naruto era un hombre grande y eso estaba en consonancia. No pude alejar las manos de él; le acaricié la espalda al tiempo que me apretaba contra su cuerpo, embargada por el deseo. En ese momento habría hecho cualquier cosa y sabía que sería cosa suya refrenar aquella pasión. Pasé la mano por la parte delantera de sus bóxers, colocando lentamente los dedos sobre la dura cresta que la llenaba.
Él soltó un siseo cuando apreté la erección. Su mano cubrió la mía al instante.
—No vamos a hacer nada de eso esta noche —me dijo en voz baja, al tiempo que entrelazaba sus dedos con los míos para retirar mi mano.
—¿De verdad?
—No. No lo haremos aquí ni de esta forma. —Apretó los labios contra el hueco de mi garganta y habló sobre mi piel—. Significas demasiado para mí como para consumar nuestro deseo con un polvo apresurado en medio de la noche. —Se movió hasta mi boca—. No lo haremos así. Cuando hagamos el amor será especial. Y lo haremos... —murmuró contra mis labios—. Oh, sí, cariño, y cuando lo hagamos, será muy... muy bueno.
Naruto me encerró entre sus fuertes brazos y me enseñó lo que se sentía al percibir junto a ti el cuerpo del hombre que amas.
Era una sensación hermosa, maravillosa y perfecta.
También hablamos. Las palabras fluían entre nosotros sin esfuerzo al tener años de experiencias compartidas a nuestras espaldas.
—¿Recuerdas la primera vez que viniste a casa para cenar? —le pregunté.
—Claro. —Naruto me recorría el brazo de arriba abajo con la punta de los dedos, como si necesitara tocarme en todo momento.
Yo tampoco tenía suficiente de él y quería que me tocara constantemente. Su roce suponía una especie de reafirmación. Lo hacía todo más real y yo necesitaba casi desesperadamente creer lo que estaba ocurriéndome. Todas mis esperanzas y sueños dependían de ese sencillo hecho.
—Me enamoré de ti cuando me guiñaste un ojo por encima de la mesa. — Me miró a los ojos y vi que chispeaban de risa. Incluso aunque no dijo nada, Naruto era capaz de comunicarse con claridad sin hablar, y lo hacía todo el tiempo. Estoy segura de que era una buena habilidad para un militar, en especial cuando estaba al mando de las tropas. No era de extrañar que hubiera conseguido ya el grado de capitán en la British Army.
—Recuerdo haberlo hecho. Pensaba que eras muy generosa porque me estabas ofreciendo el último de esos deliciosos bollos que hace tu madre.
—Fuiste muy amable conmigo —añadí—, así que podía permitirme el lujo de ser generosa. No son muchos los chicos de diecisiete años que prestan atención a una cría de diez ni, por supuesto, le guiñan el ojo.
En lugar de responder a mi confesión, Naruto se cernió sobre mí, buscando de nuevo mi boca y presionándome con su cuerpo contra el colchón mientras me besaba hasta dejarme sin aliento.
Él puso la mano sobre mi corazón y la mantuvo allí. No había nada sexual en la manera en que tocó mi torso, solo quería sentir el lugar donde mi corazón latía con fuerza bajo la piel.
—Este corazón es tan hermoso ahora como cuando tenías diez años. Tienes un corazón de oro, sunshine girl.
«Igual que tú, Naruto».
—Creo que lo tenía —puntualicé.
—¿Qué quieres decir con que lo tenías?
Me acurruqué contra su pecho y dibujé con un dedo el hueco de su garganta.
—Después de que mi p-padre muriera, c-cambié y ya no s-soy la misma persona que antes. No soy la chica que recuerdas de hace años, Naruto. Quiero que lo sepas.
—Sí que eres la misma —aseguró—. Sé que no es verdad lo que estás diciendo. ¿Por qué piensas tal cosa? —Me abrazó con más fuerza.
—He hecho cosas que no habría hecho jamás si mi padre todavía estuviera vivo.
—Todos hemos hecho algo de lo que no nos sentimos orgullosos, sunshine girl. —Me besó lentamente antes de volver a hablar—. Ojalá hubiera podido estar aquí en ese momento. Estuve muy preocupado por ti después de que falleciera tu padre.
—Todavía lo echo de menos...
—Claro que sí. Es lo normal.
—Pero se avergonzaría de mí y de lo que he hecho durante los últimos años.
—¿Y qué has estado haciendo exactamente?
No sabía qué responder. Si le decía la verdad, podría enfadarse conmigo. Si no lo hacía, me convertía en una mentirosa, aunque fuera por omisión, y no quería hacerle eso a Naruto. Consideraba que nuestra relación se encontraba en un nivel superior y, de alguna manera, sabía que él también.
—Bueno, no soy inocente. He hecho cosas que me avergüenzan. He andado en malas compañías y... con muchos chicos. Mi padre me educó para ser mejor y para respetarme más a mí misma de lo que he hecho hasta ahora.
—Si te refieres a este capullo de Ōtsutsuki, entonces estoy de acuerdo. No es digno ni de respirar el mismo aire que tú.
Me reí por lo bajo.
—Lo sé. Mi padre jamás habría permitido que Toneri me mirara siquiera, imagínate qué habría dicho de que saliera con él.
—Tu padre era un hombre muy listo —dijo Naruto en tono irónico.
—Me he quedado muy sorprendida en el pub, cuando me defendiste. No entendía por qué estabas tan interesado... en mí. —Mi voz se apagó en el silencio de la noche.
La respuesta de Naruto fue hacerme rodar hasta que quedé tendida sobre la espalda, y besarme con bruscos envites de su lengua. Como si intentara, casi con desesperación, convencerme de que sí era digna.
—¿Lo entiendes ahora?
—Lo cierto es que no —respondí con timidez—, pero agradezco que estés interesado en...
—Voy a enseñarte algo. —Abrió la mesilla de noche y sacó un objeto pequeño—. Extiende la mano, por favor.
Lo hice y sentí que me ponía una pulsera en la muñeca.
—¿La has conservado todos estos años? —pregunté, notando que volvían a llenárseme los ojos de lágrimas, que podrían derramarse en cualquier momento. Sostuve la muñeca en alto para poder ver mejor con la escasa luz. El brazalete que había hecho para Naruto con idea de que fuera un amuleto de buena suerte que le mantuviera a salvo en la guerra parecía un poco desgastado por el uso, pero todavía estaba intacto. Todavía tenía los colgantes con las dos lechuzas y el símbolo de infinito que había añadido.
—Sí, lo he guardado durante todos estos años. Lo hiciste para mí. ¡Joder!, me lo puse cada vez que pude. La llevé conmigo a todas partes.
Pude darme cuenta de la evidencia de sus palabras en la suavidad de la textura y el color que había adquirido el cuero. La acerqué a la nariz para olerla. Percibí el aroma de Naruto en aquel pequeño trozo de nudos con dijes metálicos, y supe que había estado en contacto con su piel.
—Todavía guardo la mía —comenté.
Él me envolvió en la curva de su brazo y me frotó la nuca con los dedos.
—¿Sabes que considero a tu hermano y a tu madre como mi propia familia?
—Ellos te quieren, Naruto.
Una vez más percibí el dolor en su voz. Naruto no hablaba de su patética vida familiar ni de que había estado prácticamente solo desde muy joven. Él no se compadecía de sí mismo, así que saber que conmigo sí podía sacar ese tema me resultaba muy revelador.
—Yo también les quiero. Y si tú me amas, sunshine girl, no necesito nada más.
Mientras yacía acunada por sus brazos, miré al techo del dormitorio y pensé en lo feliz que era en ese momento en que Naruto me estrechaba con fuerza y disfrutaba de sus suaves caricias y besos lentos. Naruto y yo... juntos.
—¡Oh, Dios mío! Tenemos que contarles que estamos juntos.
Él se echó a reír.
—Podemos hacerlo mañana.
—Está bien. Mañana lo haremos. Me muero por ver la reacción de mi madre.
—A mí la que me preocupa es la de Gaara. —Puso una mano en la entrepierna—. Me gustaría conservar esto intacto.
Esta vez me tocó a mí reírme.
—Creo que tus preciadas posesiones estarán a salvo.
—¡Gracias a Dios!
—Naruto, te estás olvidando de algo.
—¿Ah, sí? —Arqueó una ceja interrogativamente al mirarme.
—Sí. De que la familia Sabaku te reclamó hace mucho tiempo y no vamos a renunciar a ti.
A él le gustó eso. Me besó durante un buen rato solo para demostrarme lo mucho que le gustaba.
Más tarde tuvimos oportunidad de hablar un poco de los chicos que había habido antes. Esa parte no fue agradable, pero era necesario confesarlo todo y me sentí feliz cuando lo hube hecho. No quería que se hiciera a la idea de que era virgen. Había estado con algunos tipos y, últimamente con Toneri Ōtsutsuki, y él debía saberlo. Noté que endurecía la mandíbula cuando llegué a esa parte, pero no me arrepentí de contárselo. Era necesario que lo supiera. Mi Toneri era como su Samui.
Mi único consuelo era que Naruto despreciaba a mis ex tanto como yo detestaba a Samui, y a otras chicas con las que lo había visto en los últimos años. Odiaba a esa zorra.
El aspecto más importante de todo esto, sin embargo, era lo mucho que queríamos estar juntos y que necesitábamos lo que solo el otro podía ofrecer. Ahora que teníamos una idea de cómo podría ser, nadie más nos satisfaría. Para mí era Naruto... o nadie. Él me amaba a pesar de mi pasado, y yo sentía lo mismo por él.
Pasamos nuestra primera noche juntos susurrándonos en la oscuridad, compartiendo nuestros sueños y expulsando nuestros demonios. Dormí en paz rodeada por los brazos de Naruto. Sabía que su olor era real cuando lo inhalaba.
Todas nuestras esperanzas estaban puestas en el futuro. No me imaginaba que existiera algo que me pudiera arrebatar aquella victoria tan duramente ganada.
«La vida no puede ser tan injusta para Temari Sabaku después de lo que ya ha pasado».
Su amor era algo que jamás me cuestioné, lo tenía y punto. Podía mirar hacia atrás y decir con absoluta convicción que, sin duda, Naruto me amaba.
Su amor fue mío por un tiempo. Un tiempo lejano, demasiado corto.
Tuve el amor de Naruto hasta que el destino me lo robó y me lo arrebató... otra vez... Hasta que lo perdí una vez más.
Y me quedé sola. De nuevo.
