Black Clover y sus personajes NO me pertenecen, yo solo los tomo prestados con el único fin de pasar el rato.


Caminaba con tranquilidad con ambas manos en los bolsillos, le había cortado en el momento que quiso hablar, no era que él estuviera huyendo, eso no iba con su personalidad. Hubiese sido fácil quedarse a escucharla, solo quedarse justo ahí y hablar, pero a su mente solo había llegado ese mensaje, su cerebro quería que se alejara y la llevara a otro sitio, un lugar donde estuvieran solo ellos dos, habían charlado por un breve momento, bueno tanto como tener una charla sería exagerar, él más bien la había molestado todo el tiempo.

Molestarla era divertido, en ocasiones ella hacía cosas interesantes, otras ocasiones cosas que no entendía del todo, unas más era fría e impenetrable, y algunas más era extrañamente más cálida. En un inicio no lo miraba normal, después comenzó a acercarse solo para divertirse, con el tiempo ya era una rutina en la que se sentía cómodo, se había convertido en una rutina agradable. No había notado cuando se había convertido tan necesario, pero cuando lo había notado se había quedado helado, lo había descubierto cuando al besar a una mujer la había imaginado a ella. No fue difícil unir las piezas que llevaban a esa situación, en realmente notar porque le gustaba tanto molestarla, en algún momento había dejado de buscar el lado divertido, en un punto que no podía señalar con exactitud; había comenzado a desear ver más ese lado nervioso, pero el que le emocionaba más era ese lado cálido.

Pero no había sido consciente hasta hace poco, tal vez ya era consciente, pero hasta hace poco lo había admitido. Esa revelación mental lo había mantenido en vela toda una noche, completamente en un silencio bestial, intentando recordar cuando precisamente había comenzado eso, no obtuvo respuesta, su intento realmente había sido en vano, mientras más indagaba más detalles comenzaba a notar, no se había dado cuenta cuando había ocurrido, ¿realmente en qué momento se había interesado tanto por ella?.

Sabía detalles de ella con el simple hecho de observar, tenía un par de manías, escuchaba realmente con detenimiento las estrategias de batalla, era como si escribiera mentalmente cada detalle de que haría cada quien, realmente era minuciosa con cada detalle, era como si mentalmente creara una idea de como acoplarse en la batalla, como si se creará cientos de estrategias para diversos escenarios. No conocía a nadie más capaz de hacer eso, tal vez solo Julius, -pero de eso no estaba completamente seguro-, él era más de la clase de persona que piensa en el momento, los demás eran parecidos a él, a excepción de un par, Jack solo pensaba en cortar hasta no poder más, o hasta que no hubiera nada más que cortar, lo que pasará primero no le importaba realmente; por otra parte, estaba Dorothy, ella realmente solo dormía y actuaba así, no lo entendería nunca realmente, pero así funcionaba ella. Ninguno de los que vestían su manto actuaba así, todos eran de su tipo, el único que lo pensaba demasiado era Luck, su deseo de encontrar a alguien muy fuerte era casi preocupante.

Rascó su nuca, se acercaba cada vez más al lugar de donde provenía su ki, las calles le eran tan familiares, pero no era de sorprenderse, después de todo podría llegar ahí con los ojos cerrados, no era un acosador, al menos él no se consideraba uno. El lugar al que se dirigía era justo a la base las Rosas Azules, era obvio que todos sus subordinados estaban disfrutando del festival, al parecer nadie los podría interrumpir por un buen rato. Se detuvo una vez que estuvo frente al lugar, no recordaba haber visto tantas rosas la última vez que había estado ahí, en realidad había estado más interesado en ella que en otra cosa.

Ella había tomado una rosa entre sus manos, inhalaba con tranquilidad su olor, realmente le gustaba cuando llevaba el cabello suelto, se llevaba gran parte de su aura de capitana, de cierta forma parecía que se permitía ser menos intensa, esa era la clase de vista a la que podría acostumbrarse, era una vista agradable, seguramente solo le parecía así porque era ella. Pero tenía que dejar de observar, se puso en marcha nuevamente, su paso ligeramente más lento que antes, quería gozar esa vista por un poco más, no importaba si eran solo un par de segundos más, solo un poco más estaba bien, no podía ser desagradecido con lo que recibía, no iba a intentar ponerse exigente al respecto.

Una vez estuvo lo suficientemente cerca, ella se giró para apreciarlo, ciertamente Yami había cambiado, pero en el fondo seguía siendo el mismo hombre del que se había enamorado, sentía su mirada tan fija en ella que parecía quemarle, su rostro tan tranquilo y serio como pocas veces, no tardó mucho en sentir ese conocido ardor en las mejillas, él seguía aproximándose en completa tranquilidad, su mirada no dejaba de ser tan intensa, era atrayente pero ligeramente intimidante.

— ¿Qué es lo que querías mostrarme?

— ¿Acaso hice despertar la curiosidad de la Reina de las Espinas?— ladeó ligeramente la cabeza antes de detenerse a un paso de distancia de ella, ahí estaba ese tono nervioso nuevamente, pero también estaba ese jodido sonrojo en sus mejillas, ¿cómo podía lucir tan bien?, negó ligeramente mientras la tomaba de la cintura, su única intención era desaparecer la distancia entre sus cuerpos— Seguramente el mundo está por terminar.

Yami usó su magia de oscuridad para elevarlos hasta la parte más alta del lugar, había escuchado de Julius que entrada la noche, se podría apreciar un espectáculo de destellos de mana, no tenía idea de porque le había mencionado eso específicamente a él, pero algo en su interior supo que tenía que hacer algo al respecto, en otro momento tal vez habría reunido a su escuadrón para apreciarlo juntos, pero desde el momento en que lo supo, bueno su mente solo pensó en apreciarlo con ella, aún cuando sabía que eso era algo imposible, quería solo disfrutar del pensamiento. Cuando noto que se acercaba a él, pensó que la posibilidad que se negó a abandonar rendía frutos.

— ¿Ya-Yami?

La solto una vez estuvieron sobre el techo, no había necesidad de explicar todo, solo decir lo suficiente, colocó uno de sus dedos sobre los labios de ella antes de señalar el cielo, no se necesitaba dar tantas explicaciones, una vez comenzara ella lo entendería, solo diría algo breve, ella no quitaría esa mirada confusa si no decía algo.

— Los lugares altos son los mejores para apreciar esta clase de cosas.

El capitán de los Toros Negros se limitó a contestar, usaba su usual tono despreocupado,una vez escucho ese característico ruido su rostro había cambiado, parecía que hacía tiempo no se tomaba el tiempo de ver uno, sus ojos brillaban y aunque sabía lo que vería, no pudo evitardirigir su propia mirada al cielo, lo había notado una vez lo miró, no eran simples destellos de mana detonandose en el aire, no logró evitar sonrió ligeramente. Cuando aún era miembro de los Ciervos Ceniza, había apreciado un espectáculo de destellos de mana, Julius parecía un niño pequeño al observarlos, pero a él no le habían parecido nada especial, después de todo había apreciado cosas similares antes de llegar al Reino del Trébol, era un sentimiento extraño saber que lo había escuchado con tanta atención, tendría que preguntarle después el motivo.

Pero en ese momento el espectáculo se veía opacado, sus ojos azules estaban mucho mejor iluminados que el cielo, aún si esos destellos de colores iluminaban todo el reino. Él sólo estaba concentrado en su rostro; en su miraba asombrada el espectáculo como si fuera algo hermoso.

Se obligó a apartar su vista de su rostro, si sentía su mirada tan insistente, sería demasiado probable que ese brillo se esfumara, así que se dedicó a observar el cielo con ella. No había realmente nada que lograra hacer que pensara en volver al País del Sol, pero apreciaba tener algo que le recordará los momentos que había vivido ahí. Ahora su vida y lealtad le pertenecían a ese reino, la idea de volver no le emocionaba en lo más mínimo, regresar sería volver a la soledad y ahora que tenía una clase rara de familia, ahora que había personas en quien confiar, la idea era inaceptable.

Sus padres habían muerto inclusive antes de que naufragara en el extenso océano, tal vez ese había sido motivo suficiente para quedarse ahí, si bien no podía entender nada de lo que los demás decían, él era un sobreviviente que se había adaptado, de alguna forma extraña había dominado ese idioma por su cuenta. Pero nada cambiaba el hecho de que no pertenecía a ese lugar, las personas en ese reino sólo lo despreciaban, y aunque no lo entendía, lo había aceptado, prefería mil veces el desprecio que la lástima.

El espectáculo no duró mucho, aunque había sido lo suficiente para él, había logrado aplacar eso que lo habían mantenido intranquilo por los últimos días, esperaba que ella le hubiera parecido algo refrescante, así lo había sentido él.

— Eso fue hermoso— Charlotte sonreía notoriamente feliz, él se limitó a asentir— ¿Cómo lo sabías?.

— Tal vez Julius mencionó algo— se encogió de hombros mientras apreciaba el cielo, ella siempre con sus preguntas tan directas— No entiendo porque no sonríes más seguido, luces más linda al hacerlo.

Las palabras de Yami causaron un leve silencio, ella era una mujer fuerte e independiente, claramente no necesitaba cumplidos sobre su belleza, seguramente le daba más satisfacción cuando alguien halagaba su fuerza. Charlotte no solía sonreír mucho, pero las pocas veces que la había visto sonreír, había pensado que era un desperdicio que fuera tan seria, pero a la vez, era interesante saber que no era tan sencillo lograr que ella sonriera, siempre le habían gustado los retos después de todo.

— Yami yo… Yo quería hablar sobre lo de la otra noche— Yami podía notar en el tono de su voz el nerviosismo, entendía porque le había hecho ir hasta ahí, ciertamente no era un tema del que se pudiera hablar rodeado de otras personas— Creo que para este punto ya debo parecer un bicho raro—su voz era casi un susurro, pero la intensidad del silencio en la zona era tanta, poco importaba si era un susurro o no, él podía escucharla claramente—Lamento haberme ido así, intenté… Intenté buscarte para hablar al respecto pero no lo conseguí— hizo una pausa mientras jugaba nerviosamente con su cabello— No quería salir huyendo así, es solo que mi cuerpo actuó automáticamente— a medida que hablaba su nerviosismo aumentaba, podía notar que su ki se volvía ligeramente inestable— Pero ya no puedo huir, ya no quiero huir más.

Yami sentía su propio nerviosismo crecer en su interior, Charlotte era más que conocida por ser fría y directa todo el tiempo, pero ella muchas veces con él era diferente, lo evitaba la mayor parte del tiempo, pero también se acercaba a él de manera ocasional. Unas veces huía y otras solo lo ignoraba, pero otras sentía su mirada en él y luego su ki se volvía extraño, saber que ella lo había intentado buscar era algo que no había imaginado, ahora la posibilidad de que esa noche ella hubiera llegado hasta él no era una completa casualidad, giró su rostro para verla pero ella realmente no tenía intención alguna de verlo, más no le importo, y se conformo con verla titubear si continuar o no.

Nuevamente parecía tener un debate mental, justo ahora no deseaba molestarla, quería que ella le dijera que era lo que pasaba por su mente, si se ponía a molestarla ella simplemente no hablaría, al menos no de la forma en que lo estaba haciendo ahora. Tal vez la ocasión no volvería a presentarse, se mantendría en silencio escuchando lo que ella tuviera por decir, si intentaba huir no se lo permitiría, ya no más, él también deseaba saber que era todo eso, sabía lo que era para él, pero no lo que todo esto significaba para ella.

— Estoy enamorada de ti.

La mirada de Charlotte estaba clavada en el cielo, sentía su corazón latir tan rápido que creyó que se saldría de su pecho, al fin había liberado de ese enorme peso a su alma. Sentía la mirada intensa de Yami en ella, pero no tenía la fuerza para verlo a la cara, se sentía ridículamente avergonzada, con un increíble deseo de salir corriendo hasta que sus piernas no dieran más, pero no volvería a faltar a su palabra, si él no correspondía a sus sentimientos le dolería, pero simplemente actuaría como si nada de eso hubiera sucedido, se esforzaría al máximo como la capitana que era, daría todo de ella en el campo de batalla, y con suerte algún día dejaría de amarlo.

Él, por otra parte, permaneció en silencio y apartó su vista de ella, su mirada se encontró con la luna, irónicamente estaba más hermosa y resplandeciente que nunca. No pensaba que ella hablaría por su cuenta, no que ella tomaría la iniciativa de buscarlo y hablar, pero ahí estaban, en el completo y absoluto silencio que esa confesión había dejado.

Sabía que ella sentía algo por él, ese beso no podía mentir, no quiso asumir nada en el momento, así que solo pensó que ella podría sentirse atraída, lo cual por sí solo era un milagro, pero que estuviera enamorada de él, que se lo confesará, eso no lo esperaba. Había comenzado a notar que ella actuaba distinto con él, se había abierto a la posibilidad de que ella sintiera algo no hacía mucho, no sabía si estaba viendo cosas por sugestión propia o no, pero una vez se hizo a la idea ella parecía más y más interesada en él.

Pero cuando había huido la última vez, eso le había dado problemas últimamente, había comenzado a pensar al respecto, tal vez él había malinterpretado las cosas, tal vez ella solo había tenido conflicto al verse en esa situación. Lo descartó una vez que ella le había dicho que lo estaba buscando, la idea de que ella se acercara de nuevo por su cuenta, eso le hizo pensar que tal vez sus deducciones no eran tan malas.

Que ella lo confirmará era lo que estaba esperando, él realmente deseaba que le confirmara, no estaba seguro de ser capaz de solo dejarlo pasar, pero también había estado su lado que la comprendía, seguramente para ella debería ser algo realmente abrumador, algo que realmente él no podía comprender, el sexo opuesto era realmente confuso en ocasiones.

Pero ella solo lo había dicho, sin prisa ni calma, con el rostro enrojecido y manos temblorosas, saber que ella estaba más que interesada en él, era una sensación de lo más agradable, se sentía extrañamente feliz.

— La luna está preciosa, ¿no crees?.

Se giró para quedar de frente a ella, quien lo miraba confusa, no esperaba que ella entendiera a qué se refería, después de todo era algo que en ese reino no conocían, las indirectas de ese tipo seguramente nadie las entendía ahí. Su rostro en ese momento era un verdadero poema, esa mezcla de expectativa y confusión, esa mujer realmente en ocasiones parecía irreal, pero en ese momento poco importaba, sólo quería sentir un poco de la calidez de su piel; por lo tanto, acarició su mejilla suavemente, la sintió temblar ligeramente por el roce de su mano en su suave piel.

— No lo...

Su voz salió casi en un susurro inaudible, de no ser por su cercanía no habría logrado escucharla, esta vez no iba a pedir su permiso, estaba claro que ella lo deseaba tanto como él. La acercó a su cuerpo tomándola de la cintura, ya no quería esperar; estaba cansado de esperar y verla huir, así que se acercó a sus labios y le robó un beso, le demostraría con sus labios lo que sus palabras querían decir. Su mano izquierda ahora acariciaba suavemente su cabello; sus labios seguían danzando sobre los de ella sin prisa, pero su cuerpo se sentía en llamas.

En aquel balcón sus besos estaban llenos de deseo, había pensado que ella tal vez buscaba algo meramente sin compromiso, cuando había huido después del beso creyó que solo había sido algo del momento, había perdido algo de confianza, pero ahora tenía mucha más que antes. Ahora que sabía que no era así, no quería contenerse un segundo más, solo deseaba conseguir ese contacto entre sus labios, un beso lento, suave y ligeramente tierno, era la primera vez que besaba a alguien así, en ese momento eso se sentía increíblemente correcto, era como si una parte de él temiera romper sus labios.

Saber que había captado las señales tan extrañas de Charlotte, eso le hacía sentir realmente bien, antes no lo habría notado, seguramente eso se debía a que él no era consciente de sus propios sentimientos. Había empezado a notar esos cambios en ella en relación con su propia descubrimiento, de cierta forma fue como si las cosas parecieran encajar a la perfección.

Separó sus labios de los de ella por un momento y nuevamente acarició su rostro con suavidad, se preguntaba si toda la piel de su cuerpo era tan suave y tersa como la de su rostro, el rojo de sus mejillas le daba un toque adorable, pero el brillo en sus ojos eran tan intenso como nunca antes, le miraba interrogante aún esperando su respuesta.

— Eres lista, deberías entenderlo sin problema— la observó morder ligeramente sus labios ante sus palabras— ¿No es así?.

Esta vez fue ella quien unió sus labios con los de él en un beso, uno intenso cargado de los sentimientos que había estado reprimiendo en su interior, sentimientos que ahora no hacía falta ocultar más; al menos no con él, estando así entre sus brazos y besando sus labios, esa sensación era lo suficiente como para olvidar todo lo demás. La mano de Yami que anteriormente había estado en su rostro, ahora descendía lentamente por su espalda hasta detenerse por completo en su cintura, justo donde su otra mano descansaba, y la apego con fuerza a su cuerpo.

La acción provocó un ligero jadeo escapar de sus labios, la deseaba como jamás había deseado estar con nadie en su vida, quería recorrer cada rincón de su piel con sus labios y sus manos. Jamás había sentido la necesidad de compartir nada con nadie, de manera ocasional había necesitado liberarse sexualmente, pero solo había sido eso, sexo sin compromiso con alguien que buscaba lo mismo que él, nunca la misma mujer, eso significaría un compromiso de cierta forma, jamás se quedaba y los besos eran lo de menos en su lista. Ya había pasado demasiado desde la última vez que había estado con una mujer, lo había intentado meses atrás, pero al final se había marchado sin siquiera permitirle a su acompañante tocarlo. Él había roto una de sus reglas y la había besado con ternura; cuando lo noto simplemente gruño y se marchó del lugar, nunca le había prestado demasiada atención a ese detalle antes, pero en ese momento todo cobró sentido.

Los últimos 6 años había tenido alrededor de 15 encuentros casuales; todas esas ocasiones habían sido mujeres rubias, había creído que era una preferencia la que tenía, le gustaba ese tono de cabello, o eso era lo que había pensado hasta darse cuenta del verdadero motivo. Cuando besó a esa última mujer, su embriaguez le había mostrado eso que se negaba a aceptar por sí mismo, al imaginarla a ella mientras besaba a esa mujer, comprendió que estaba completamente jodido.

Realmente quizás jamás descubriría cuando realmente había comenzado todo, podía tenerlo con seguridad desde la primera mujer rubia, en ese momento había comenzado a desearla sexualmente, de forma emocional aún no descubria cuando había iniciado, en un inicio quiso pensar en ello como deseo sexual, pero no podía estar más equivocado.

— Yami…— para Yami escuchar su nombre de los labios de Charlotte siempre había sido un placer, pero ese tono de voz tan necesitado fue como un nirvana— Adentro.

Ella le pidió entre besos, utilizando su magia de oscuridad de Yami los llevó hasta la ventana de la habitación de Charlotte, no era difícil saber que la única habitación con balcón era la de ella, la mejor habitación de cada orden siempre sería la del capitán, era una forma extraña de demostrar poder que no le quedaba muy clara. Empujó las puertas del balcón e hizo uso de su fuerza para elevarla del piso, acto que ella correspondió envolviendo sus piernas alrededor de él. Acto seguido cerró las puertas del balcón mientras acariciaba sus piernas con fervor, ya no quería esperar más; antes de hacer cualquier otra cosa se quitó el cinturón que cargaba con su grimorio, después de dejarlo caer al suelo hizo lo mismo con el de ella. No era un acto muy respetuoso a uno de los símbolos del reino, pero en ese momento no le podría importar menos, en ese momento no se sentía como el capitán de los Toros Negros, solo era un hombre más en la tierra dejándose llevar por el deseo, sólo era un hombre disfrutando de la mujer que amaba.

Los condujo hasta la cama donde se sentó con ella sobre él, pasaron un rato sólo besándose hasta que Yami decidió tomar la iniciativa, lentamente prestando atención a sus reacciones subió una de las manos que descansaban en sus piernas, rozo su abdomen hasta llegar a sus pechos, ella gimió al sentir el contacto de la mano masculina en su pecho. Yami apretó suavemente y un suspiro escapó de los labios de Charlotte, quien llevó sus manos a su capa intentando descubrir entre besos cómo deshacerse de la ahora estorbosa prenda.

Yami apartó sus labios de los de ella y apreció su rostro ruborizado, sus ojos con los párpados caídos y su boca roja por sus demandantes besos, la visión de ella perdida por el deseo, era una imagen que no quería sacar jamás de su mente. Se quitó la capa y la lanzó lejos, suspiró cuando sintió la humedad de sus labios sobre su cuello, el contacto de sus delicados labios contra su piel le dejaba una placentera sensación de ardor, volvió a llevar las manos a sus pechos. La sensación de sus suaves manos adentrándose debajo de su camisa era placentera, acariciaba suavemente su marcado abdomen y sus pectorales, la sensación de sus manos sobre su piel era incomparable, cerró sus ojos por un momento dejándose llevar por sus tímidas caricias, por sus cálidos besos húmedos, se sentía tan jodidamente bien.

Tomó su rostro entre sus manos alejando así sus labios de su cuello, solo con la intención de acercar su propia boca a la mandíbula de la rubia, realmente la ropa estaba estorbando en su camino, tomó el borde de su blusa con sus manos con la intención de removerla de su cuerpo, ella reaccionó a sus intenciones levantando los brazos, así la prenda corrió el mismo destino que su capa.

Se puso de pie y se dio la vuelta, su intención era poder colocarla sobre la cama, en ese momento lo único que le impedía tener una vista completa de sus senos, era ese sosten color negro. Él sonrió ligeramente mientras le quitaba el calzado, ciertamente el color negro no era algo que hubiera imaginado en la lencería de ella, el color de cierta forma resaltaba la palidez de su piel, subió a la cama apoyandose sobre sus manos y rodillas, volvió a besarla con ganas mientras se quitaba el propio calzado con sus pies, no quería perder ni un solo segundo.

Nuevamente rompió el contacto entre sus labios y comenzó a besar su blanco cuello, ella llevó una de sus manos al cabello negro, con la otra se aferró a las sábanas intentando controlar lo qje estaba experimentado. Charlotte arqueo la espalda cuando sintió como sus besos de abandonaban su cuello, ahora su lengua bajaba lentamente a sus hombros, su acción que no pasó desapercibida por él, quien aprovechando la situación llevó una de sus manos a su espalda, desabrochó el sostén mientras besaba sus hombros.

— Injusto...

Ella susurró cuando notó que el usuario de magia de oscuridad se deshacía de su sostén, pero él solo sonrió mientras volvía a besar su cuello, marcando un camino a sus labios, estaba seguro de que sus besos debían saber a sake, los de ella por otro lado tenían un sabor dulce, eran embriagantes.

Esta vez fue ella quien rompió el contacto entre sus labios, llevó sus manos al borde de su camisa, Yami se dejó hacer mientras la miraba, realmente era hermosa.

— ¿Mejor?

La voz ronca de Yami no pasó desapercibida a los oídos de Charlotte, ahora entendía a que se referían esas mujeres en la tienda de ropa interior a la que había ido meses atrás, un hombre ardiente de deseo tenía un tono que revolvía todo tu ser, un tono que no te dejaba pensar en nada más que en ese momento. No pudo evitar gemir cuando sintió la calidez de sus labios en uno de sus pezones, uno era lamido y succionado suave pero continuamente, mientras el otro era delicadamente apresado entre sus dedos.

Charlotte en un acto involuntario elevó ligeramente su pierna derecha, un gruñido se escapó de labios de sus labios, fue hasta ese momento que ella fue consciente del bulto que crecía en sus pantalones, gimió nuevamente antes de llevar una de sus manos a su masculina espalda, mientras más placer sentía hundía sus dedos en su musculatura e intentaba acercarlo más a ella, deseaba sentir más.

El calor que sentían ambos era demasiado, por lo que decidió llevar su mano desocupada al borde de su falda, luchó contra el boton por unos segundos antes de sentir una de sus manos ayudarle a deshacerse de ese jodido botón, ella elevó ligeramente su cadera facilitando la tarea de deshacerse de esa molesta prenda, se las apañó para deslizar la falda suavemente hasta que pudo sacarla por completo y arrojarla al suelo, dejándola únicamente con las bragas que hacían juego con el ya olvidado sostén. Sin embargo; antes de que pudiera retomar su trabajo sintió la mano de Charlotte en el borde de su pantalón, rozando suavemente con sus dedos el bulto de sus pantalones.

— Agh…

Yami jadeo ante el contacto y pero se mantuvo quieto mientras ella bajaba su pantalón, su erección comenzaba a doler, maldijo el hecho de tener puesto un fundoshi. Charlotte terminó de sacarle el pantalón presionadolo hacia abajo con una de sus piernas, él volvió a acomodarse nuevamente sobre ella y la besó apasionadamente, en un intento de sentir más comenzó a frotarse contra ella, acción que causó un jadeo en ambos.

Suavemente comenzó a descender lamiendo y besando todo a su paso, hasta llegar a su abdomen donde su ombligo fue víctima de su cálida lengua, ella no pudo hacer más que apretar con fuerza las sábanas, llevó sus manos a ambos lado sus caderas caderas hasta llegar al borde de la ropa interior, pero nuevamente regreso por el mismo camino que habían dejado sus labios al bajar, logró sentir que ella se había tensado ligeramente, una vez llegó a sus labios depositó un suave beso sobre ellos.

— ¿Quieres parar?— le preguntó mientras acariciaba su mejilla suavemente— Puedo detenerme si es lo que deseas.

No quería hacer nada que ella no deseara, aún si se estaba pudriendo en el deseo de hacerla suya, si ella quería detenerse él se detendría, jamás haría algo que ella no quisiera, su intención era hacerla disfrutar y disfrutar con ella, si ella no disfrutaba entonces no tenían caso continuar.

—N-No, no te detengas.

Tras su respuesta Yami procedió a capturar sus levemente hinchados labios en un suave beso, beso que no tardó mucho en volverse en uno apasionado, volvió unos momentos después a la tarea que había dejado pendiente, y terminó por remover su última prenda. Se alejó un momento de ella para poder apreciar esa imagen mejor, a su mente vino la idea de grabarla para siempre en su memoria, aunque si lo pensaba mejor quería verla así una y otra vez, sus curvas perfectas y totalmente tentadoras, sus pechos firmes, sus largas piernas blancas y suaves, su abdomen plano y sutilmente marcado; por último, su hermoso rostro angelical detallado por ese ligero sonrojo, esa mirada, su mirada era una mezcla perfecta de amor y deseo, la imagen de ella era casi surreal.

— Eres jodidamente hermosa.

Yami lamió sus labios mientras sonreía, volvió a descender su cuerpo sobre el de ella antes de besar nuevamente su cuello mientras acariciaba su abdomen.

— Yami...

Charlotte gimió nuevamente cuando él mordió suavemente la piel que unía su cuello con su hombro para succionarla por un momento, quería marcar cada parte de su delicado cuerpo como suyo, pero a su vez no quería arruinar su perfecta piel, así que liberó su piel y marcó un camino con la punta de su lengua hasta llegar a su oído.

— Abre un poco tus piernas para mí.

Se sorprendió un poco al escucharlo susurrar roncamente esas palabras en su oído, pero aún así cumplió su petición, abrió sus piernas ignorando la vergüenza que eso le causaba, la confianza y el amor que le tenía era suficiente para cumplir su petición.

Pasaron un par de segundos hasta que sintió su mano subir lentamente por sus muslos, sabía lo que vendría ahora, después de todo ella misma había sacumbido al placer de autosatisfacción en un par de ocasiones mientras pensaba en él, mordió sus labios expectante ante su próximo movimiento y cuando este llegó sintió su interior arder, su pulgar había comenzado a hacer suaves círculos sobre su clítoris causando una ola de calor expandirse por todo su cuerpo. Sintió que se volvería loca entre los besos en el cuello y las caricias en su zona íntima, pero eso no era todo lo que él le tenía preparado, lo supo cuando sintió uno de los dedos hundirse lentamente en ella.

Gimió ante la nueva sensación antes de llevar su mano a su boca, un claro intento de suprimir los gemidos que estaba provocando con el movimiento de sus dedos, la sensación de ese dedo avanzando y retrocediendo en su interior era agradable, cuando ella se tocaba a sí misma era placentero, cuando se permitía fantasear con él las sensaciones eran más intensas, cuando había soñado con él era un placer sofocante. Pero tenerlo y saber que era real, era mejor que cualquier fantasía, sentirlo aumentar ligeramente el ritmo de ese dedo era algo, era tan...

— No te contengas, me gusta oírte gemir.

Él gruñó contra su cuello cuando sintió sus uñas clavarse ligeramente sobre su hombro, aceleró el ritmo de su dedo mientras la sentía contraerse, esa fue su señal, agregó un segundo dedo, intentando reducir su estrechez. Ahora con dos de sus dedos en su interior, nuevamente desaceleró el ritmo de sus dedos dentro de ella, pero no bastó mucho para volver a acelerar ligeramente el ritmo guiado por ella, quien había empezado a mover su cadera en sincronía con sus dedos, él aún frotaba su clítoris con el pulgar.

Para ese momento ella sentía que no podría más de tanto placer, pero nuevamente estaba equivocada, los movimientos se hicieron ligeramente más lentos pero más profundos, unos segundos pasaron y Charlotte comenzó a sentir la tensión formándose en su vientre, un nuevo gemido escapó de sus labios al sentir sus paredes contraerse alrededor de sus dedos; sin embargo, él no se detuvo sino que aumentó nuevamente el ritmo y la profundidad de sus dedos en ella. Instantes más tarde un pequeño grito placentero escapó de sus labios cuando encontró su liberación, jadeando intentó volver a calmar su errático pulso mientras sentía sus dedos salir de ella.

Se sentía anonadado en la belleza frente a él y sin poder aguantar más la presión de su pene sobre esa jodida tela, removió su fundoshi quedando completamente desnudo frente a ella. Realmente no había otra cosa más en su mente, era un mero observador en ese momento, sus gestos, sus acciones, toda ella era algo tan erotico, su razonamiento no era el mejor en ese momento, sólo quería hundirse en ella, realmente lo necesitaba.

Charlotte se ruborizó aún más, apartó su vista de su hombría y buscó sus ojos nuevamente, era la primera vez que miraba a un hombre desnudo,sus fantasías eran una cosa, pero saber que era real era algo completamente distinto, la mirada que le dedicaba en ese momento era la de un depredador a su presa, nuevamente sentía su centro palpitar, esta vez era solo por la expectativa de lo que seguiría después.

Yami se dejó caer en la cama junto a ella, beso sus hombros mientras esperaba que ella recobrara el aliento, no tenía prisa alguna en ese momento, era un sentimiento extraño para él, deseaba deslizarse en ella de una maldita vez, pero también quería disfrutar con ella cada sensación al máximo. Ella no era cualquier mujer, no estaba solo descargando su frustración sexual, darle placer era su máxima prioridad, esta vez no era una mujer cualquiera que sólo necesitaba por un momento, de ser otra mujer ya estaría dentro de ella, ser tan delicado no era su fuerte. Pero nuevamente, ella no era cualquier mujer y eso hacía todo completamente distinto, comenzó a acariciar su cintura con sus dedos, no entendía que clase de dios la había creado, pero con ropa o sin ella, Charlotte era una mujer muy peligrosa para cualquier hombre, ese cuerpo realmente parecía haber sido tallado a mano.

Una vez su respiración pareció regularse, la acercó a su cuerpo y beso sus labios, esa mujer podría pedirle lo que sea y aún si era algo imposible se lo entregaría, ella le devolvió el beso de la misma forma en que él lo marcaba. Realmente esa mujer era peligrosa, pero ya poco le importaba, sus labios eran tan suaves y dulces, no importaba que tan peligrosa fuera ella, él correría casa peligro con ella, mientras fuera prudente hacerlo claro estaba.

— Ven aquí.

La subió con delicadeza sobre su cuerpo y acarició sus piernas mientras sonreía, ella apoyó ligeramente sus manos en el firme pecho masculino del hombre debajo de ella, ahora que podía apreciarlo mucho mejor, no podía evitar deleitarse ante la vista de su musculoso cuerpo. Él la miró lamer sus labios y sintió pulsar su miembro, la idea de sus labios lamiendo otras partes de su cuerpo había llegado a su mente, pero tal vez algo así no sería adecuado, tal vez después, por ahora la posibilidad estaba descartada. Tal vez podrían intentar algo más después, por ahora solo pensaba en por fin estar dentro de ella, suspiró suavemente; llevó sus manos hasta sus piernas y las separó dejándolas a ambos lados de sus caderas.

Charlotte sintió nuevamente su centro palpitar, sabía que era lo que venía ahora, pasó saliva mientras lo sentía acomodarse mejor debajo de ella, ese movimiento provocó un nuevo jadeo escaparse de la boca de ambos, por primera vez sus sexos se unían sin nada de por medio. Él llevó sus manos a sus caderas, la empujó ligeramente abajo y luego la arrastró hacia arriba, repitió nuevamente el movimiento y se permitió cerrar los ojos por un momento, soltó un gruñido ante el placentero roce que se produjo entre sus sexos, abrió de nuevo los ojos y la observó nada decorosamente; no obstante, cuando iba a repetir la acción fue Charlotte quien comenzó a moverse sobre él, imitando los movimientos que él había hecho antes.

No la había penetrado aún, pero las sensaciones que ella le estaba causando lo estaban llevando al límite, quería entrar en ella de una maldita vez, quería hacerla suya de una vez por todas, quería completar la entrega que se hacían el uno al otro, quería perderse en ella, la deseaba con tanta intensidad que podría perder la cordura. Pero era fácil dejarse llevar por el momento, no importaba mucho en ese momento porque ella seguía ahí, frotándose sobre él con los ojos cerrados, su cuerpo era un deleite visual, sentir como sus uñas arañaban su pecho ligeramente, ver su boca entreabierta, jamás había visto a una mujer tan jodidamente hermosa y sensual.

Ella había cerrado sus ojos ligeramente mientras se frotaba contra él, era una sensación de lo más placentera ese roce entre ellos, los jadeos y gruñidos que escapaban de los labios de ese hombre, sentía que entre más pasaban los segundos su cuerpo se resbalaba con más facilidad sobre él, sabía perfectamente porque era así, no había que ser un genio para asumir el motivo, pero estaba completamente excitada en ese momento como para pensar en algo más. Ninguna fantasía que hubiera tenido antes podría compararse con la realidad, sentir todo lo que él estaba provocando en ella, realmente ninguna fantasía le hacía justicia a todo lo que sentía, pero ver su rostro y escuchar sus jadeos era otro nivel, saber que ella provocaba placer en él hacía que todo fuera mejor.

— Eso es suficiente— gruñó mientras presionaba sus caderas intentando controlarse— Levanta un poco tus caderas para mi Charlotte.

Esta vez su tono no era autoritario ni una orden, era más bien una pequeña súplica, eso la hizo sentir extrañamente bien y en control, él la deseaba tanto como ella a él y de eso no cabía la menor duda. Así que se elevó ligeramente sonrojada mientras él se colocaba en su entrada, el simple roce causó una nueva corriente pasar por sus cuerpos. De cierta forma supo que aún cuando ella sabía que hacer, sería lo mejor ayudarla sin decir nada, estaba decidido a elevar sus propias caderas para introducirse en ella, pero pese a todas sus expectativas, ella bajó de una manera rápida su cadera adentrando totalmente el pene en su estrecha vagina.

Ella dio un pequeño grito por el dolor que le había causado el tenerlo en su interior, se quedó quieta unos segundos para acostumbrarse a la nueva sensación, para su suerte el dolor era menos intenso de lo que había imaginado, sabía que no sólo había apretado sus ojos, sentía la piel de Yami debajo de sus dedos y uñas. Es que una cosa era haber introducido sus dedos dedos, otra era haber tenido los de él, pero realmente no se comparaba con el tener su pene, pero sus palabras sin duda lo hacían mejor, ese tono preocupado le dió un vuelco a su corazón, no diría que sus palabras se habían llevado el dolor, pero él solo se había mantenido en silencio, aún cuando ella podía sentir la sangre en sus dedos, él actuaba como si nada sucediera.

— Tranquila, lo sé.

Él no quería lastimarla, pero sabía que en ese caso no había mucho que hacer, aún si ella no lo había dicho explícitamente, no necesitaba ser un genio para saber que él era su primera vez, se quedó completamente quieto mientras la miraba con atención, esperaba que su dolor no fuera intenso ya que, de momento, realmente no había nada que pudiera hacer, lo único que podía hacer era quedarse quieto y esperar a que ella decidiera cuándo continuar, no era muy sencilla debido a su estrechez, pero no era su decisión si moverse o no. No le importaba en lo más mínimo esa pequeña herida que le había causado, no era un masoquista tampoco, pero se había sentido bien ese pequeño dolor, era como ese pellizco que pides para saber si lo que pasa es real, y no podía importarle menos el dolor si ella seguía ahí sobre él.

No pasó mucho tiempo hasta decidió moverse para probar si el dolor había cesado, suspiró al sentir un ligero dolor pero volvió a repetir la acción, esta vez un gemido se escapó de sus labios, seguía doliendo pero no era un dolor insoportable, era más bien algo incómodo. Sintió sus dedos apretar ligeramente sus dedos en sus caderas, abrió sus ojos de nuevo y se encontró con los de él, eran tan intensos como nunca antes, eso la llevó a repetir la acción nuevamente, y al notar que la sensación era más placer que dolor al moverse decidió continuar, moviéndose sobre él en un lento vaivén.

En este punto no podía hacer más que jadear y disfrutar verla moviéndose sensualmente sobre él, el ritmo que marcaba era tortuoso pero jodidamente placentero, quería dejarla tener el completo control sobre el ritmo, al menos por el momento. Y es que los gemidos de Charlotte eran como una hermosa melodía para sus oídos, supo que el dolor había desaparecido un poco más cuando ella decidió acelerar un poco el ritmo del vaivén que antes había marcado, sabía que el dolor ya tenía que haber desaparecido, así que comenzó a enderezarse lentamente, removiendo las manos de Charlotte de su pecho, no era del tipo que no hacía nada.

Ella llevo su manos a su espalda, sus labios se habían ido en dirección a su cuello, y luego de unos momentos ella aceleró el ritmo de su vaivén, una de sus manos estaba en sus pechos, la otra descendía hasta llegar a su clítoris, eso le había arrancado un gemido ligeramente más intenso que los anteriores, el también lo había notado, lo supo cuando él decidió mover su cadera al ritmo que ella marcaba, ella quería darle un poco más de placer, pero en realidad no sabía cómo hacerlo, el sólo atacaba sus puntos más sensibles y le dejaba la mente vacía.

Cuando comenzó a mover sus propias caderas en el encuentro a las de ella, eso se había sentido realmente bien, había profundizado las embestidas, y eso hacía que gemidos salieran de la boca de la hermosa mujer sobre él, sus propios jadeos se unían al sonido de sus gemidos, llevó la mano de sus pechos a su rostro y había obligado a sus ojos a ver los de ella, la mirada intensa de Charlotte le dejó en claro que estaba tan perdida en cada sensación como lo estaba él. Así que unió sus labios con los de ella y llevó ambas manos a sus caderas, usó su fuerza en el agarre de sus caderas para ayudarla en sus movimientos, haciéndolos más rápido y profundos, sabía que estaba perdiendo el control, pero a ella no parecía importarle, había enredado una de sus manos en su cabello, le devolvía el beso con la misma intensidad y deseo que él.

Los movimientos erráticos de sus caderas contra las suyas era en todo lo que podía concentrarse en ese momento, moviéndose sobre él mientras comenzaba a sentir nuevamente esa tensión formarse en su vientre, pero esta vez era más intensa que la anterior, sentía que desfallecía por el placer, pero aún así quería más, quería sentirlo aún más intensamente. Cuando la había llevado al orgasmo con sus dedos pensó que el placer era sofocante, tenerlo dentro de ella era indescriptible, podía sentir como su pene se movía dentro de ella presionando sus paredes, cerró sus ojos ligeramente y echó la cabeza hacía atrás, rompiendo el demandante beso que él le daba. Sentía sus paredes expandirse y contraerse cada vez que él entraba y salía de ella, lo que estaba sintiendo en ese momento estaba volviendo loca, quería liberarse nuevamente, lo necesitaba.

— Ahh… Yami..

Una ola de placer recorrió su cuerpo entero cuando la escuchó gemir su nombre con fuerza, simplemente ya no pudo contenerse más al escucharla, rodó con agilidad en la cama con cuidado de no salir de su vagina, no quería abandonar esa sensación de calidez en la que lo envolvía su estrechez, ahora con él quedando sobre ella tenía absolutamente todo el control, comenzó a embestirla con fuerza,esta vez ella fue quien la obligó a unir sus labios, sus gemidos y jadeos eran acallados entre beso y beso. Podía sentir que sus paredes vaginales se contraían placenteramente alrededor de su pene, sabía que estaban cerca del límite.

Yami rompió el beso y soltó un gruñido, estaba cerca de alcanzar su clímax pero no podía permitirse llegar hasta ahí sin ella, aceleró el ritmo de sus embestidas un poco más y llevó sus labios a sus senos, sus embestidas ahora eran más desenfrenadas y profundas, los gemidos de ella hacían eco en sus oídos, sus piernas rodeándolo le permitían un mejor acceso a ella, esa mujer realmente lo llevaba al borde de la locura, nunca había sentido nada igual, ahora podía entender a que se referían los hombres que hablaban del sexo con sus parejas, a él no le gustaba ventilar su vida y mucho menos su vida sexual, pero alguna vez había escuchado que el sexo con quien amabas era mejor, ahora lo entendía.

Charlotte sintió la tensión llegar al límite y explotó en una oleada de placer que se expandió desde su centro a cada rincón de su cuerpo, se aferró a su espalda con sus uñas, y finalmente gritó encontrando su propia liberación.

— ¡Yami!

Su voz llena de placer fue su perdición, apartó su boca de sus senos, y dio un par de embestidas más antes de encontrar su propia liberación, calló su placer entre sus labios en un beso que ella no dudo en responder, la sentía temblar aún lidiando con su propio orgasmo, él ahora solo sentía su respiración levemente agitada. El beso pasó de ser intenso a lento y cálido, realmente ahora podía entender qué era hacerlo con alguien tan importante, vez Yami salió de ella rompió el beso, se dejó caer en la cama a su lado, sus cuerpos estaban cubiertos de una fina capa de sudor cortesía de sus más recientes actividades, pero no le importó en lo más mínimo, la acercó a su cuerpo en un acto posesivo, ella siempre olía tan bien, una mezcla floral y vainilla.

Charlotte sonrió tímidamente mientras recostaba su cabeza sobre su pecho, sintió los dedos de Yami hacer pequeños círculos sobre la piel desnuda de sus caderas, eso había sido intenso pero lo había disfrutado. Aunque no duró mucho en dejar de sonreír, pronto su mente comenzó a llenarse de dudas, ¿realmente qué significaban esos nuevos acontecimientos?, se había confesado al hombre que amaba y habían terminado en la cama, las palabras que le había dicho antes ¿significaban que él también se sentía de la misma forma?, ese beso que habían compartido había estado lleno de sentimientos, incluso más que el primero que habían compartido.

Necesitaba dejar de pensar de más las cosas, dejar atrás esa inseguridad porque honestamente no la llevaría a ningún sitio, tenía que confiar en él, de no sentir lo mismo que ella él se habría alejado, no la habría tratado con tanta delicadeza, no le habría dicho que si ella lo pedía pararía. Pero tampoco podía estar completamente segura de nada, eso sí que podría volverla loca si comenzaba a pensarlo tanto.

— ¿Qué piensas?— la voz de Yami la sacó de sus pensamientos— Podría jurar que puedo escuchar trabajar a tu cerebro.

— ¿Te quedarás esta noche?— preguntó mientras acariciaba su pecho con las puntas de sus dedos.

Yami permaneció en silencio por un momento, jamás había compartido la cama de esa forma con una mujer, pero bueno Charlotte no era una mujer cualquiera de la que solo estaba buscando sexo, quería estar con ella eso era seguro, pero no era algo tan sencillo, verse no sería algo realmente fácil, no cuando ella era alguien quien dirigía una orden de caballeros mágicos, orden que se suponía que repudiaba el poder de los hombres. De hecho si lo pensaba detenidamente él muy probablemente era el peor de todos, no tenía un rango social aceptable, era vulgar, un forastero, muchos lo llamaban el Dios de la Destrucción, el reino entero consideraba su orden la peor, muchos otros pensaban que ni siquiera debería ser un capitán.

Si se quedaba ahí esa noche, estaba seguro de que las miembros de su orden sentirían la presencia de su mana, ¿acaso no le preocupaba eso?, Charlotte siempre había sido un enigma y eso solía ser frustrante algunas veces, las mujeres eran realmente complicadas y difíciles de entender, ahí estaba de nuevo su ki hecho un desastre, realmente ella era sin duda la mujer más difícil de comprender de todo el mundo

— Me gustaría quedarme— la sintió apartarse ligeramente de él para poder mirarlo a la cara, antes de que ella pudiera decir algo decidió continuar— Y me quedaré si es lo que quieres no tengo problema con eso.

— ¿Pero?— preguntó mirando directamente a sus ojos.

— ¿Esto no será un problema para ti?, digo después de todo tu reputación uhm… Bueno tú sabes a lo que me refiero— hizo una pausa antes de continuar— No soy el mejor prospecto para ti siendo honesto, muy probablemente tus chicas van a querer asesinarme—sonrió ligeramente—No lo conseguirán, pero eso no las alejará de intentarlo.

— Ellas bueno...— un intenso sonrojo se apoderó de sus mejillas y desvió la mirada— Ellas dijeron algo sobre que seríamos como ese cuento de princesas para niñas.

Yami soltó una ligera risa antes de tomar su rostro entre sus manos para darle un corto beso, ciertamente Charlotte no era una mujer predecible y de cierta forma sentía envidia de esas mujeres, ¿cómo era posible que ellas se hubieran enterado antes que él?, pero si lo pensaba era una situación algo graciosa, ahora entendía porque la última vez que había entrado ahí todas parecían… ¿emocionadas?, ciertamente las mujeres eran complicadas.

— ¿Saben sobre lo que pasó la última vez?— preguntó mientras acariciaba su cabello.

— N-No, eso es demasiado privado— murmuró suavemente lo que causó que el riera nuevamente— ¿Qué?.

— Un beso es demasiado privado, ¿pero que me vean salir de aquí en la mañana no lo sería?— Charlotte volvió a recostarse sobre su pecho ignorando su pregunta por un momento.

— Las habitaciones de los capitanes tienen un hechizo especial para ocultar el mana de sus acompañantes— susurró contra su pecho mientras cerraba sus ojos— Por las mañanas todas desayunamos juntas, así que nadie te verá salir de aquí.

— La nobleza tiene costumbres raras— admitió Yami mientras usaba su magia para poner una sábana sobre sus cuerpos desnudos.

— Lo dice el que usa su magia para cubrirnos con una sábana.

El tono divertido de Charlotte no pasó desapercibido para sus oídos y suspiró en respuesta, no era algo que hiciera realmente pero no quería separar su cuerpo del suyo, estaba por descubrir que era quedarse con una mujer por una noche completa, una mujer que se había entregado a él, una mujer que lo amaba y a la que él amaba.

— Yo jamás dije que era un hombre normal—le dio un beso en la cabeza y cerró los ojos.

— Tal vez si lo fueras no me habría enamorado de ti— confesó en un bostezo mientras se acomodaba mejor entre sus brazos.

— No tienes de qué preocuparte— sonrió— Nunca podría ser un hombre normal.

Charlotte sonrió ante sus palabras, sabía a lo que se refería con eso y aun si no era un "te amo" explícito, sus palabras la habían hecho sentir feliz, realmente amaba a ese hombre con locura.


"La luna es preciosa/hermosa ¿no lo crees", en japonés antiguo se utilizaba esa frase a modo de indirecta a la persona de la cual estaban enamorados, era un volado prácticamente, confesarte sin ser muy obvio, eras afortunado si la otra persona lo comprendía, si no… bueno ya saben que pasa.

¡Hola de nuevo!

Este capítulo fue todo un reto de escribir pero creo que estoy conforme con el resultado, tal vez no es una gran obra de arte pero es lo que mi cerebro creo después de preguntas, lectura y otras cosas.

Nuevamente agradezco que leyeras un capítulo más y espero que nos encontremos en la siguiente actualización.

Recuerda que si tienes cualquier duda siéntete con la libertad de enviar un mensaje privado o dejar un comentario, intentaré contestar lo más rápido posible.

D.K.M.