Personaje: Penélope Clearwater.

Prompt: biblioteca.


El ataque de la serpiente (Parte I)

La primera vez que fue atacada, Penélope Clearwater acababa de salir de la biblioteca. Recordaba haber sostenido su espejo en alto, incapaz de evitar el temblor de su mano, mientras Hermione Granger le aseguraba que no correrían peligro si evitaban mirar al basilisco directamente. Entonces, al doblar por una de las esquinas, se encontraron con el reflejo de unos espeluznantes ojos amarillos.

Despertó con un grito de horror atorado en la garganta, pero aunque tenía la boca abierta no consiguió articular ningún sonido, convirtiéndolo en una especie de grito mudo. Inmediatamente Madame Pomfrey posó una mano sobre su hombro y le pidió que mantuviera la calma, ya que el basilisco estaba muerto y nadie más corría peligro. Mientras su mente intentaba procesar lo que acababa de decirle, reconoció a su lado un rostro pecoso que la observaba con preocupación.

La enfermera se retiró y Percy se acercó a tomarle la mano, todavía pálido. Luego de constatar que estuviera bien procedió a explicarle lo acontecido los últimos meses, pero ella lo interrumpió con inquietud:

—¿Y mis padres?

—Les escribí en cuanto… ocurrió. También saben que hoy te despertarían.

No le sorprendía que lo hubiera hecho. Percy Weasley siempre fue una persona pragmática, y eso era precisamente lo que le gustaba de él. Sus amigos consideraban que eran la pareja ideal porque ambos eran excelentes estudiantes, meticulosos y obedientes de las reglas. Pero eso era solo lo que se veía en la superficie, porque también compartían el gusto por el Quidditch, las visitas a Honeydukes y los besos en los rincones ocultos del castillo. Incluso actuando con impulsividad, ambos eran metódicos: ocupaban aulas vacías y al concluir el encuentro salían uno después del otro tras un margen de diez minutos, para evitar sospechas. Aquel había sido uno de los períodos más felices de su vida en Hogwarts, al menos hasta que aparecieron las letras escritas con sangre en la pared y comenzaron los ataques.

Aunque en ese momento apreciaba la compañía de Percy, habría deseado ver a sus padres. Los Clearwater, ambos doctores de diferentes especialidades (él cirujano, ella psiquiatra), desde un principio tuvieron dificultades para aceptar la existencia de un mundo mágico y de que su hija perteneciera a él. Por eso Penélope sabía que tendría que mentirles sobre lo ocurrido, no porque no merecieran saber la verdad, sino porque no la comprenderían. No la comprenderían porque les era un mundo desconocido, y Penélope procuraba esconder todo lo que podrían temer de él: los prejuicios de la sangre, los magos tenebrosos, la magia oscura, los monstruos escondidos en las sombras.

Al finalizar el ciclo escolar se reencontraron en la estación de King Cross. Sus padres la abrazaron y Penélope les dirigió una sonrisa tranquilizadora, tratando de restarle dramatismo a la situación para no alarmarlos más de lo que ya estaban. Durante esas vacaciones de verano actuó con tal normalidad que ellos ni siquiera sospecharon que, de vez en cuando, todavía tenía pesadillas con una gigantesca serpiente.