Primer outtake: "La charla"

— Clover, lo que sea que necesites, llámame — respondió Isabella mientras sonreía con amabilidad, tomando su bandeja dispuesta a retirarse del lugar. Casi por instinto, al ver esa mueca, Edward se sintió como… como en casa. Era natural en ella, puesto que siempre se esforzaba porque todos se sintieran acogidos y bienvenidos en la biblioteca. Después de todo, era lo menos que podía hacer por sus fieles clientes, quienes mantenían de pie aquel pequeño negocio. Sin embargo, para Ed, todo era distinto… Principalmente porque él no solía hablar mucho con la gente por placer. Su oficio le había enseñado a desconfiar de todo y de todos, incluso hasta de él mismo, y por eso se limitaba a tener el mínimo contacto con cualquier persona, solo cuando necesitaba obtener algo de alguien. Además, carecía de amigos, y su familia… su madre…

— Por supuesto que lo haré, cariño — respondió con una seguridad más que fingida, regresándole la sonrisa. Mientras que la cortesía era propia de la naturaleza de Bella, las mentiras lo eran en la vida de Edward. Vivía rodeado de ellas, y, de hecho, también vivía gracias a ellas. En ocasiones, incluso le costaba distinguir qué era real y qué era producto de su imaginación. Nunca se mostraba como realmente era ni en público ni en soledad, ya que nunca podía bajar la guardia. Usaba su personalidad confiada, atractiva y misteriosa como un escudo para ocultar a un muchacho que preferiría mil veces más morir que seguir delinquiendo. Sin embargo, no podía hacerlo. No importaba cuánto lo deseara, no podía dejar el negocio. Tenía una razón muy importante para mantenerse en ese mundo.

— ¿Puedes dejar de coquetear de forma tan descarada y decirme por qué demonios viniste tan temprano? — masculló el menor de los hermanastros mientras se sentaba frente a Clover intentando disimular el enojo que cargaba. Edward se sintió orgullosamente divertido de haber fastidiado de esa forma a su pariente. Aunque, siendo honestos, se trataba de Jasper… No era muy difícil hacerlo enfadar. El muchacho andaba por la vida como si tuviera un palo metido en el trasero.

— Sabías que vendría. Carlisle dejó muy claro que, luego de este robo, nuestra sede se trasladaría aquí. ¿Acaso no lees las noticias? Salí en todos los periódicos. Ya soy toda una estrella — le respondió mientras cruzaba ambas manos por detrás de su cabeza y elevaba el abdomen en señal de victoria. En momentos como esos, le gustaba ser Clover, ese delincuente al que no le importaba nada que no tuviera un signo de peso marcado en él, ese malandrín que burlaba la seguridad de los edificios más vigilados, que se escabullía por los rincones como la rata que era, que se sentía orgulloso de ser un criminal. Edward nunca podría ser así… Cuando un robo tenía lugar, Edward se ocultaba y dejaba que Clover tomara el control de todo. Con los años, cada vez le había resultado más fácil ceder el mando de su vida, hasta que Clover lo había tomado casi por completo. Lamentablemente, era la única forma de poder continuar con todo eso.

— No me parece para nada gracioso. De hecho, eres terriblemente torpe y descuidado con tu trabajo. Tu forma de ser nos traerá problemas.

— Tu padre no piensa lo mismo.

— Por desgracia, Carlisle carece de algunas neuronas. De lo contrario, no hay explicación razonable para que te haya enviado aquí a supervisarme — susurró Jasper intentando mantener una mueca impasible en su rostro. Sin embargo, Edward sabía que el hecho de que un hombre que no era su padre confiara más en él que en su propio hijo era algo que no solo había dañado el orgullo de Jasper, sino también el poco cariño que sentía por Carlisle. Le había dolido su desconfianza, y eso se evidenciaba en sus palabras. — Y gracias por hacerme pasar vergüenza frente a la empleada. Siempre tan oportuno, Edward…

— No mentí al decir que la chica fue sumamente amable conmigo. Parece una excelente persona, aunque demasiado inocente, quizá… ¿Hace cuánto trabaja aquí?

— Más tiempo del que me gustaría. Y de tonta no tiene ni un pelo… Hay que tener mucho cuidado con Isabella. La única razón por la que aún no la he sacado de aquí es porque Alice me rogó que no lo hiciera. Ambas son amigas… pero la maldita me exaspera. Por eso me molesta que papá te haya enviado aquí. Eres torpe… si cometes un solo error en frente de ella, todo se irá al demonio.

— No es cierto… un buen susto y algo de dinero bastarán para que mantenga la boca cerrada — contestó Clover simplemente por decir algo. Le molestaba de sobremanera que Jasper hablara de esa forma de una persona, principalmente porque era algo inherente a él. Era igual de desagradable con todos… con su pareja, su amante, hasta con Elizabeth… la madre de Edward.

— No deberías estar tan seguro de eso.

— ¿Por qué lo dices?

— No sé mucho del tema, solo lo que he escuchado de Alice y del pueblo. Pero hace algún tiempo, el padre de Isabella intentó delatar a una banda de narcotraficantes que se había instalado aquí, y las cosas no salieron bien.

— Vaya, me apena que no seamos los primeros en haber escogido Forks como base de operaciones. Ahora me siento triste… aunque, ¿qué tendrá este pueblo que atrae a tantos delincuentes? — se cuestionó Clover. Quizá, todo se debiera al hecho de que estaba en medio de la mismísima nada. — En fin, ¿y eso qué tiene que ver con Bella?

— El idiota de su padre era policía y quería probar que era el mejor a toda costa. Cuando comenzó a involucrarse con el tema, recibió muchas advertencias de que no se metiera con esa gente, que iban a aniquilarlo, a él y a su preciada hija, y el necio siguió adelante con su plan. Por cuestiones éticas, supongo… En cuanto tuvo la más mínima prueba de la banda criminal, delató a los delincuentes. No importó cuánto lo asustaron, cuánto dinero le ofrecieron… el imbécil quería ser el héroe de la historia, y lo único que logró fue que lo dejaran en una maldita silla de ruedas.

Aquella revelación dejó a Edward conmocionado. No era idiota… sabía que las personas como él le arruinaban la vida a mucha gente. Pero el haber conocido a una víctima del tráfico tan de cerca y haber notado la pureza de su alma amenazaba con hacerle otra grieta a su corazón. Ahora, aquella muchacha tan encantadora no sería más que un recordatorio de lo condenado que estaba a arder en el infierno.

— Y Bella es igual de estúpida que él. Ambos se rigen por un código moral poco realista para este mundo. No importa qué tanto la amenaces, cuánto intentes silenciarla… la idiota lanzará todo en cuanto tenga la oportunidad de hacerlo. Aunque… puede que sea capaz de guardar el secreto justamente por él, por Charlie Swan. Ella lo idolatra, lo tiene en un pedestal… ¡Imagínate! Trabaja aquí para mantenerlo, puesto que cuando le di el empleo poco faltaba para que saliera a buscar comida al vertedero del pueblo. Renunció a su juventud y a sus propios sueños por mantener a ese viejo inútil. Si fue capaz de posponer su vida por él, quizá también pueda dejar su moral de lado por eso.

Edward comenzó a toser, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones y llamando la atención de Jasper, quien lo miró con desagrado… Una muchacha trabajando con un jefe nefasto, dejando de lado su propia vida, por su padre… un muchacho… por su madre… No podía ser cierto, ¿cómo podía serlo? No había forma de que lo fuera. Sentía que estaba a punto de romperse, de enviar al demonio su compostura y perder los estribos. Y lo peor de todo era que sospechaba que Jasper había dicho eso a propósito, porque sabía que eso lo desestabilizaría, lo dañaría. Debía hacer algo para evitar que eso sucediera, y rápido. No podía dejar que algo que acababa de escuchar o alguien a quien acababa de conocer expusieran la fragilidad de su ser. No frente a aquel desagradable sujeto…

— Sin embargo, será mejor que no la pongamos a prueba, ¿verdad? Hablando de eso, tengo el cargamento en el departamento. ¿Crees que pueda traerlo ahora? Necesito sacármelo de encima.

— ¿Estás loco? ¡Está lleno de gente aquí! Guardo esa clase de libros en el sótano, y para llegar allí tienes que pasar justo por el salón principal. Creo que no debo recordarte que saliste en las noticias… Imagina lo que sucedería si alguien te viera cargando esos libros denunciados en el periódico como si nada. No seas tan torpe, maldita sea…

— Si te deja más tranquilo, ¿prefieres que armemos un plan de acción?

— Supongo que será la única opción de trabajar en armonía, o al menos de colaborar sin que quiera arrancarte la cabeza a cada minuto. Le diré a Isabella que eres algo así como un vendedor de libros…

— Pero yo le dije que éramos amigos.

Jasper clavó los ojos en Clover de forma recriminatoria. Sin embargo, suspiró y se llevó las manos al cabello, dispuesto a jalar algunos mechones. Su hermanastro lo sacaba de los cabales con demasiada facilidad.

— ¿Qué querías que hiciera? Era la única opción. Ella empezó a cuestionarme y le dije que te vendía libros, que éramos viejos amigos.

— No llevas ni una hora aquí y ya arruinaste todo. Pero bueno, supongo que tendremos que manejarnos con eso. Le diremos que trabajarás aquí por un tiempo, que estarás organizando algunas cosas en el sótano.

— ¿Y si baja y ve todos los libros?

— ¿Por qué crees que aún no se ha enterado de los robos? La puerta siempre está cerrada con llave, y el único que tiene una copia soy yo. Dejaré el cuarto abierto para que hagas tu trabajo, pero deberás evitar que se acerque a toda costa.

— Bien, supongo que puedo lidiar con eso. ¿Entonces? ¿Qué sigue?

— Te quedarás dando vueltas por aquí durante el día, y cuando todos los clientes se vayan, comenzarás a transportar los libros. Le diré que se quede contigo hasta que termines, así cierra todo cuando se vayan.

— ¿No sería más fácil darme una llave y ya?

— No todavía. Sería muy sospechoso quitarle tantas responsabilidades de pronto. Ni siquiera tuve tiempo de avisarle que vendrías, y eso ya es un problema. Trabajaremos así por un tiempo, y si funciona, luego veremos. Eso es todo. Ocúpate de los negocios que Carlisle te asigne y mantenme al día. Yo me haré cargo de los míos.

— Bien, suena muy… muy "Jasper", organizado y aburrido. Pero no hay otra opción, ¿o sí? — susurró Clover para nada convencido y con unas ganas enormes de tomar a su hermanastro por el cuello y sacudirle la cabeza, para ver si los cables que se le habían desconectado finalmente entraban en contacto. Cuando Carlisle le había dicho que debería trabajar con Jasper y supervisarlo, había pensado que era la oportunidad perfecta para arruinarle la vida y hacerlo sufrir por todo lo que el muchacho les había hecho a su madre y a él. Sin embargo, no contaba con que la tarea asignada presentaría ciertas complicaciones en forma de una joven que, a pesar de ser en extremo diferente de él, no podía ser más parecida. No sabía de qué forma lidiaría con ella, pero suponía que lo averiguaría sobre la marcha. Después de todo, ¿qué podía salir mal? — ¿Es un trato?

— Por desgracia — contestó Jasper, mientras estrechaba su mano con la de Clover, sellando un pacto no de vida, sino de muerte… y para ambos.