Holi! Aquí una avegonzada Aki-chan91 después de años para terminar el bendito capítulo 13. ¿Saben lo gracioso? Tenía la mitad escrita hace 5 años (me quiero moorirsh por el tiempo que ha pasado), pero entré en una etapa muy oscura y turbia de mi vida que se me hizo imposible escribir. Era observada y criticada por lo que hacía, cuestionando mis principios, por lo que estaba avergonzada incluso de mis aficiones. Sin embargo, gracias al cielo pude salir de allí y ser libre por lo que amo y siendo apoyada al máximo. Tampoco dejaré de agradecer a cada una de las personitas que me estuvieron alentando en volver por años. Fui muy desconsiderada al respecto, por lo que pido mis sinceras disculpas por ello.

Originalmente pensaba en subir el capítulo el día de 02 de agosto, por el cumpleaños de Taiga. Pero no quería que quedaran con un sabor amargo por subir solo lo que tenía en ese momento hace 5 años. Así que ahora, medianoche en Chile, terminé de concluir el capítulo como lo diseñé en un principio :).

Candy Nyu, NIGHT, LEGNAEL, LuXi3l, Laquesis, rinachi, karla-eli-chan, Autum, Xiang Li 17, Chokito12, Eirin Halliwell, Shiroyasha, ZH, No Name, Arale HiKi, Kuroko Pink, Malew, Angelneverchange, Alia Orange, Bartholomew-Cubbins , Dark artemisa, Fuu-Joshi .

Debo hacer una mención honrosa a Eirin (eres un sol y aliento enorme, bella 3), Sandra (por face, cada cumple y ocasión me recordabas sobre la historia. Gracias por el apañe 3), a la querida waifu Fer (siempre serás mi waifu que enloquecía por Daiki 3). Son maravillosas, chicas!

Para este capítulo, la inspiración fue la canción que hicieron los seiyuus de Kuroko, Kagami y Aomine: Ono Kenshou, Ono Yuuki y Suwabe Junichi.

Espero que sea de su agrado.

DISCLAIMER: Kuroko no Basuke no me pertenece, sino a Fujimaki Tadatoshi.


Capítulo 13: Resonancia.

"Todo el mundo está tratando de superar el pasado.

Independiente de lo que dicte la lógica, algunas emociones son sencillamente imposibles de racionalizar".

(Breaking through!)

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Kagami Taiga no había avanzado más que algunas cuadras cuando logró percatarse que, dentro de su bolso, se encontraban escondidos unos "simpáticos" y particulares juguetes que sugerían ser para el cachorro que Kuroko había decidido por cuidar.

Suspiró exasperado ante la situación, puesto que, seguramente, sus superiores los habían infiltrado aprovechando el momento de descuido que había tenido al ir a desechar sus maltratadas zapatillas a mitad del entrenamiento. Las mismas que Nigou había orinado por malicia (aunque realmente no podría asegurarlo; era un simple perro después de todo), evitando que las utilizara ante su suciedad y desgaste. Una característica que había ignorado por completo en su afán de superación y el hecho de que ese pequeño animal hubiese hurgado en sus artículos personales, le resultaba enigmático y escalofriante. Demasiado escalofriante, si debía de ser más preciso.

Sin embargo, dejando de lado aquel punto que le tomaría un esfuerzo sobrehumano por aceptar como una normalidad más en su vida, regresar a casa de Kuroko —tras su bochornosa actuación—, era algo que le generaba cierto conflicto interno que no podía negar. No por nada había corrido con todas sus fuerzas para huir de allí con tal de que el peliceleste no fuese testigo de cómo su minuto de confianza flaqueaba ante la impetuosa demanda que había nacido desde su interior: una pequeña chispa de anhelo que había surgido ante la insistencia de Kuroko por su cumpleaños.

Pese a que odiaba recordar ese día, le provocaba cierta nostalgia recordar el júbilo que sentía por celebrar esa fecha con alguien.

Taiga frunció sus labios mientras cogía uno de los juguetes de hule con disgusto y lo elevaba al nivel de sus ojos.

Ciertamente, no le hacía ninguna puta gracia tener que regresar con el rabo entre las piernas, pero estaba aún a tiempo para entregarle a Kuroko esos objetos que no cuadraban en lo más mínimo con su personalidad. También podría pasar más tiempo con él…

"A veces te hacen reaccionar".

— ¡Ack! —Se quejó avergonzado, lanzando el objeto al interior del bolso.

Se abofeteó a sí mismo, intentando calmar el los vergonzosos pensamientos que le traían consigo una posible respuesta de Kuroko. De todas formas, ¿qué sería lo peor que podría suceder para él? ¿Ver a Kuroko reírse en su cara?

¿O quizás…?

Sacudió su cabeza frenéticamente a la vez que aceleraba el paso. Resultaba absurdo detenerse a pensar en improbables y desafortunados escenarios que pudiesen amenazar en demoler parte de su fortaleza.

No eran nada más que circunstancias vagas; prácticamente imposibles de ser tangibles… Pero que bien podían ser auxiliadas por un factor fundamental y trascendental: la realidad, la cual en muchas ocasiones superaba con creces a la ficción al ser demasiado inverosímil y maldita; llena de expectativas como también de escabrosos resultados.

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—Eres un gran necio, Tetsu.

El aliento de Kagami cesó por un par de segundos al escuchar esa voz a unos cuantos metros de distancia.

La realidad, cuando se lo proponía, podía resultar verdaderamente la tortura misma.

Dentro del gran abanico de caminos y opciones, parecía que el peor escenario de todos se estaba desatando frente a él. Como queriendo demostrarle que no debía osar a menospreciar los hilos del destino.

Al menos, no cuando se trataba de ese par tan desigual.

Luz y sombra

Taiga permaneció en silencio. Completamente incapaz de apartar sus ojos de las figuras de Aomine y Kuroko que, totalmente inmersos en su propia burbuja, se besaban con cierta nostalgia y amargura.

Muy dentro de sí, sabía que era un terreno al que ya no podía ni debía intervenir.

No tenía la fuerza suficiente para hacerlo dado por el impacto que le estaba causando en su mente y corazón. Y no le servía de nada ver cómo Kuroko respondía —pese a la débil renuencia en su postura— a los besos de Aomine.

La pesadilla, que muchas ocasiones lo había acosado, se estaba concretando de forma despiadada ante él. Era simplemente absurdo, ya que al menos dentro de sus sueños solía ser más generosa que la realidad: podía intentar despertar. En cambio aquí no tenía tal poder.

Reafirmando aquel espacio que jamás podría superar y solo podía silenciar.

Ya no se trataba de una treta por parte de su imaginación. Tampoco de alguna clase de engaño, porque bien sabía a lo que se exponía al estar en medio de las cenizas que permanecían activas de esa relación inconclusa. De esa maldita combinación entre la luz y sombra que lo opacaban cada vez más.

Cerró sus ojos, desconcertado.

Lo había aceptado todo bajo su propio riesgo.

Esto no era más que uno de los tantos precios por los que debía de pagar: la realidad de la desventaja ante un amor contrariado.

Y dolía tanto aceptarlo.

—Kuroko —bufó Taiga ya con aspereza, esperando que su voz alcanzara a ser lo suficientemente audible no solo para que el par lo escuchara. Sino también para que sus propios sentidos espabilaran y su cuerpo lograra moverse por la imagen plantada frente a él.

Si no lo hacía, perdía. Y si perdía, confirmaría de la más infame manera que sus sentimientos nunca habían sido lo suficientemente fuertes para alcanzar a ese fragmentado chico del cual se había llegado a enamorar.

Había sido advertido por Alex en pensar más las cosas. No debía atarse; no iba a ser el único chico o chica que conocería en su vida.

Taiga tensó su quijada al reconocer ese hecho.

Pero aunque su raciocinio le dictaba alejarse de allí y no soportar más a que su orgullo fuera herido, gran parte de sí luchaba iracundamente por quedarse allí y avanzar hacia a ese par para desatar el caos.

No podía dejarlo ir así tan patética y simplonamente. No toleraba la idea de que nuevamente parte de ese pasado inconcluso con Aomine arrebatase a Kuroko de sus manos y aún más terminara destrozándolo.

Incluso si el propio destino no estaba a su favor.

Incluso si esas dos personas resultasen ser dos imanes que sin importar el tiempo y espacio terminaran uniéndose… Tenía que ser capaz de revertir la situación y corregir la tensión de ese hilo que los mantenía atados en un punto asfixiante.

Podía desafiar al destino mismo y reescribir otro, siempre y cuando Kuroko Tetsuya estuviese dispuesto en estar de su parte.

Dicha resolución se reafirmó con mayor ahínco al ver los ojos atemorizados de Kuroko por percatarse de su presencia.

A diferencia de sus pesadillas, verlo de esa manera era una escena imposible. En ellas ni siquiera existía atisbo de algún cambio en su expresión, más bien solo permanecía impertérrito al lado de su ex, sin vida alguna iluminando sus ojos. Dejando en claro que no tenía oportunidad de pensar en él como algo más.

Pero aquí, este chico que lo observaba anhelante y carcomido por la culpa, tenía dos historias por hilar: un pasado por concluir y un futuro por el cual luchar.

—Kagami-kun —murmuró Kuroko, tortuoso y contenido, lidiando con su propia negligencia.

El pelirrojo exhaló aire parcialmente al escuchar nombrarlo con su voz tenue. No tardó mucho en centrar su vista en Kuroko, quien comenzaba a apartarse de Aomine con una lentitud que lo fastidiaba, probablemente debido a la falta de oxígeno, como también por lo tenso de la situación.

Frunció sus labios con irritación, obligándose a apartar su mirada del peliceleste. Pero justificar lo injustificable no era más que un intento inútil e inadmisible para sí mismo.

Negar ese inmensurable hecho solo sería cegarse a la verdad que bien sabía y que aun así resultaba difícil por aceptar.

—Así que te dignaste en regresar, Kagami.

Taiga tensó su postura de inmediato al oír la voz de Aomine. Irritado, volteó su mirada hacia a él, quien no solo parecía jactarse de la situación con su mirada, sino que también aprovechaba de desafiarlo abiertamente tal como en su encuentro anterior.

Si su intención era molestarlo, ese objetivo era innecesario: su mera presencia ya lo había conseguido exitosamente.

— ¡Eso debería decir yo, Aomine! —Respondió Kagami arrastrando cada una de sus palabras con acritud—. ¡Ni siquiera deberías ser capaz de acercarte con todo lo que has hecho!

El moreno soltó un par de carcajadas a medida que se encogía de hombros y alzaba una de sus cejas.

—Hey, hey. Suenas demasiado confiado para alguien que no ha obtenido nada aún —Aomine reclinó su cuello hacia atrás, mirándole con autosuficiencia—. Las noticias se dispersan mucho más rápido de lo que uno piensa. Siendo una de las personas que más conoce a Tetsu, no podía desaprovechar la oportunidad de darle mis felicitaciones. —El tono de Daiki se tornó más severo a medida que continuó—. Después de todo, nunca está de más matar el tiempo. ¿No, Tetsu? —insinuó, ladeando su rostro hacia al más bajo para contemplarlo con frialdad.

Kuroko se abstuvo de centrar la mirada en el rostro del moreno al escuchar y comprender lo conciso de su mensaje.

Resultaba perturbador e irónico que fuese él, de todas las personas posibles, capaz de mencionar a Kagami como alguien que solo representaba un pasatiempo para pasar más rápido su tiempo libre. Específicamente, ese tiempo que se mantenía apartado de él por las circunstancias generadas por ambos.

Mordió su labio inferior con impotencia, aún doloroso por los arriesgados e impetuosos roces arrancados por el moreno. Aquellos que solo le recordaban lo débil que podía ser por permitirse caer nuevamente.

Pero Aomine estaba equivocado si pensaba que seguía siendo el mismo chico que había encontrado retraído en los camarines tras su derrota. Ahora tenía razones suficientes para seguir en pie aún.

Dirigió su mirada con determinación hacia Kagami.

Dicha razón se encontraba frente a él, esperando su resolución. Y si no era capaz de hacerlo ahora frente al mismísimo pelirrojo, ya podía dar todo por perdido.

Kagami también lo sabía; era una de las tantas pruebas que debía enfrentar si deseaba reescribir su destino.

—No hagas aseveraciones por otros, Aomine-kun —objetó Kuroko, tomando una considerable distancia del mayor para poder enfrentarlo sin verse obstaculizado por aquella química que en la mayoría de las ocasiones lo cegaba—. Por favor, controla tu boca.

Aomine lanzó una risita.

—Cuando estaba sobre la tuya no parecías quejarte demasiado, Tetsu —enfatizó sarcásticamente.

Kagami estuvo a punto de avanzar para golpearlo, pero Kuroko fue más rápido y le interrumpió:

—Estar con Kagami-kun no es un entretiempo como planteas, Aomine. Mucho menos para reemplazar tu lugar. Nos escogimos mutuamente; él me escogió como su sombra y yo a él como mi luz —Kuroko alzó sus ojos, enfrentándose con osadía a la mirada resentida de Aomine ante su aclaración—. Tienes razón en algo, Aomine-kun. Es inevitable que nos crucemos. Probablemente, ambos estamos atados aún a un ciclo que es difícil de rechazar o ignorar. —Volteó hacia Kagami—. Pero mientras él esté conmigo, lo imposible se volverá posible. No lo insultes como si no supieras el valor de su existencia.

Frenando cada pensamiento con aquella declaración, Kagami solo fue capaz de entreabrir su boca con total perplejidad.

De todas las cosas posibles que Kuroko podía decir, tenía que elegir la más vergonzosa para él.

— ¿Ah? ¡Creo que esperas cosas muy nobles de mí, Tetsu! ¿Con quién diablos crees que estás hablando? —Reprochó el moreno sonriendo, socarronamente, dando un par de pasos hacia la vereda con sus largas piernas. La luz de los faroles otorgaban una visión más agresiva y felina en su caminar. Tampoco era de extrañar, debido a que había conseguido parcialmente su objetivo: recalcar su espacio en la vida del más bajo. Aomine se dirigió despreocupado hacia Kagami, quien al percibir que se había posicionado a su lado, solo tensó su postura esperando lo que quisiese decir—. Podrás tenerlo a tu lado por ahora, Kagami, pero ¿serás capaz de hacerlo en su totalidad? —Desafió alzando una ceja. Sin permitirle a que el pelirrojo tuviese la reacción suficiente, Aomine pasó de él rozando contra su hombro, susurrando—: Ni en tus putos sueños.

Ante sus palabras, Kagami permaneció estoico y lo jaló del hombro con su mano izquierda para que retrocediera.

—Tu pasado te condena, Aomine —masculló con braveza, dejando entrever en sus pupilas la seriedad que conllevaba sus palabras en contra del desafío que Aomine pretendía imponerle—. No te pertenece, no es un objeto.

El moreno giró por sobre su hombro, mirándolo impasiblemente por el rabillo de sus ojos azul metálico.

—Tch. Claro que no —chasqueó de inmediato, frunciendo el ceño, sin la menor intención de perder a la provocación que él mismo había causado—. Pero te equivocas en algo: Tetsu siempre ha sido mío.

Tras ese breve intercambio de palabras en privado, Aomine abandonó el lugar, ignorando monumentalmente la tensa atmósfera que se había construido gracias a su intervención.

Su figura se fue alejando de la acera, perdiéndose por completo entre uno que otro auto.

—Detesto cuando se toma ese tipo de atribuciones —comentó, finalmente, Kuroko con su habitual apatía.

— ¿Sí? Pues realmente no se nota —criticó ácidamente Kagami, tronando su cuello de un lado hacia a otro.

Sinceramente, a veces no entendía a Kuroko.

Tras unos segundos de silencio, éste último procedió a hablar.

—Lamento mucho lo que tuviste que presenciar, Kagami-kun —manifestó el peliceleste, mordiendo sus labios desgastados. Castigándose así mismo por haberse rendido unos segundos a Aomine—. No tengo excusas sobre lo que viste. Entiendo si estás molesto conmigo y quieres terminar todo.

El aludido se sobresaltó, y no por la cautelosa mirada que le dedicaba el ojiceleste, sino que no pensaba que Kuroko sería capaz de querer hablar sobre la insensible circunstancia que lo había enredado, una vez más, a Aomine Daiki.

Definitivamente, para Kagami, no se trataba de su tema predilecto.

Ya que, ¿quién en su sano juicio querría tener un enfrentamiento de ese tipo? Si hubiera sido el mismo de hace un año atrás —sin la existencia de Kuroko en su vida— no se habría permitido jamás en exponerse a una situación tan escandalosa y humillante. Incluso, siendo más sincero consigo mismo, Taiga se habría rendido en el primer momento mandando todo al mismísimo infierno.

Frunció sus labios.

No obstante, ¿por qué permitía que este chico le diera mil puntapiés a su orgullo?

¿Por qué lograba doblegarlo con esa expresión tan indolente como fachada, pero que tras ella solo lanzaba un llamado silencioso de sobrecogimiento?

Era un verdadero idiota.

Cerró sus ojos por un instante, resoplando por lo bajo ante lo que diría a continuación.

—Desde un principio sabía a qué tendría qué atenerme, Kuroko. Prefiero enfrentar esto a ser un estúpido ciego —admitió Kagami, para su propia perplejidad. Las palabras salían sin control de su boca, aunque tampoco estaba haciendo un verdadero esfuerzo por contenerlas. Sin embargo, la decepción y los celos seguían manifestándose entremedio, por mucho que no lo deseara de esa forma—. ¡Yo…! ¡Arg! ¡Maldición! ¡Siempre supe que esto podía pasar eventualmente! —masculló, ya con un tono más desagradable.

Por un abrupto segundo, el rostro de Kuroko reflejó completa agonía.

—Kagami-kun.

No obstante, el pelirrojo estaba tan enfrascado en sí mismo que ni siquiera consiguió apreciar ese cambio.

Estaba harto de todo.

—Toma. —De un momento a otro, Kagami comenzó a lanzarle con experticia los juguetes que inicialmente habían sido el motivo principal de su regreso, pero que por razones de mayor conmoción resultaron ignorados—. Los echaron por error a mi bolso. Nigou te debe estar esperando, así que dáselos.

A pesar de que Kagami ya le había dado la espalda para comenzar a retirarse, y a sabiendas que la pregunta que formularía a esas alturas sonaría hasta absurda de su parte...

— ¿Lo de mañana sigue en pie? —se atrevió a decir Kuroko, sosteniendo con fuerza los objetos de plástico que había logrado atrapar entre toda esa fluctuación. Incluso para él, aquello había sonado absolutamente egoísta de su parte.

Kagami tenía todo el derecho de rehusarse. Sobre todo, tras haber presenciado tan indignante acto de su parte con Aomine. No tenía atribución alguna para detenerle… Por más que lo deseara en el fondo.

Kagami se limitó a exhalar ruidosamente mientras sus hombros caían en el proceso.

Parecía ser que estaba bajo la misma postura que Kuroko había previsto.

—No lo creo —logró pronunciar Kagami con cierta pesadez en su garganta. La adrenalina había abandonado su cuerpo, al igual que su deseo de estar con Kuroko lo que restaba de ese día. Lo único que ansiaba en ese momento era estar en su casa y darse un baño de agua caliente para calmar sus nervios; dejar en blanco su mente—. Deseo estar solo.

Realmente, estaba agotado y hastiado.

Y pese a que tenía plena conciencia sobre su posible decisión (una decisión de lo más juiciosa cabía destacar), el ojiceleste no pudo evitar paralizarse ante dicha declaración, sosteniendo su mirada en la ancha espalda del pelirrojo que, sin mayor explicación que exponer, se alejaba de él.

— ¿Tetsuya?

Sin embargo, aún más sin palabras se quedó al escuchar la voz proveniente de su madre por detrás.

Dio un vistazo rápido hacia la dirección de su progenitora, quien venía por lo demás acompañada de su abuela. Probablemente, venían juntas tras una de las evaluaciones médicas de rutina de la mayor.

Compuso su expresión a la brevedad.

Tenía que dejar a Kagami de lado por el momento.

—Bienvenida a casa, madre —saludó Tetsuya, en su habitual tono formal—. Abuela, ¿te encuentras bien? —Preguntó acercándose hacia a ellas, sosteniendo con cuidado los objetos entre sus manos para evitar que se cayeran.

La mayor hizo ademán de responder, no obstante, su propia progenitora la interrumpió al visualizar cierta silueta que se alejaba del lugar.

— ¡Oh! Ese chico pelirrojo, es tu compañero de equipo, ¿no, Tetsuya? —señaló curiosa—. ¿Por qué no lo invitaste a que se quedara en casa como agradecimiento?

El ojiceleste alzó sus cejas, alarmado. Le llamaba demasiado la atención que su madre pudiese ser capaz de reconocer a Kagami, puesto que no le había platicado sobre nadie del equipo de Seirin en particular cuando salía el tema escolar a colación.

— ¿Agradecimiento? ¿Lo conoces, madre? —prefirió preguntar para sonsacarle información, cosa que no sería muy difícil de efectuar. Su madre era un libro abierto, lo cual la convertía en una pésima mentirosa en el caso de que se propusiese.

—Bueno, el día que te desmayaste él te cargó y llevó a casa —explicó tranquilamente a medida que se introducían a la vivienda—. Afortunadamente, estaba a tu lado cuando sucedió eso. Debe apreciarte mucho, Tetsuya —dijo sonriéndole abiertamente.

Mientras su madre comenzaba a divagar, Tetsuya aprovechó de observar con suspicacia a su abuela. Si su memoria no le fallaba, recordaba que ésta le había señalado que esa persona había sido Aomine.

—No me mires así, Tetsu-chan. Ese chico me pidió que no te lo dijera —apresuró a excusarse la mayor al percatarse de su mirada, elevando ambas manos a modo de disculpa.

Brevemente, Kuroko se limitó a asentir a modo de respuesta para no sobresaltarla. No debía disculparse con él, ella solo había hecho lo que Kagami le había pedido. Y dado que por ese periodo se encontraban enfrentados por un denso ambiente, era esperable por parte del pelirrojo que no quisiese que se enterara de que lo había ayudado.

—De hecho, me recuerda mucho a Da… —quiso proseguir la mujer más joven, no obstante, un pequeño evento ante sus ojos la silenció.

Detrás de ella, Tetsuya movió su cuerpo a la izquierda para ver qué estaba observando con tanto espasmo. Fue allí que los objetos que tenía en mano conectaron nuevamente a los sucesos que habían ocurrido durante el día, en particular con cierto cachorro que los contemplaba desde el piso, sacudiendo su lengua y meneando su cola, alegremente, mientras a su alrededor yacían destrozados —y mojados— todos los conjuntos de sandalias para el hogar.

—Ah. Se llama Nigou —dijo Tetsuya a modo de presentación a su familia, mientras el aludido ladraba ante su nombre—. Tengo que cuidarlo por unos días.

Aunque por el rostro anonadado de su madre, Tetsuya supo que sería, en definitiva, una larga noche por convencer sobre su estadía permanente.

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Si se pudiese saltar de lo más alto de un edificio y sobrevivir en el proceso, Kagami no hubiera dudado en hacerlo con el fin de desechar todos sus pensamientos, incluso si se trataban de los más inofensivos. Lamentablemente, era una idea poco práctica, por lo que su única vía de escape era escuchar música a todo volumen. No obstante, ni siquiera ésta en su máximo lograba dicho objetivo, lo cual estaba siendo una clara señal de que debía de hallar otro medio para lidiar consigo mismo, ya que quedar sordo tampoco era la solución más óptima a su problema.

Suspirando exasperado, Taiga retiró de sí los audífonos beats a un lado de la cama, estampando por enésima vez su cabeza contra la almohada.

La habitación se encontraba en penumbras, pero aun así podía ver de reojo cómo su reloj digital ya marcaba las tres de la mañana. Sería terrible levantarse al día siguiente, sin embargo, su mente no paraba de procesar todo lo que había transcurrido horas atrás y mucho menos ser capaz de filtrar los acontecimientos para calmar su ánimo.

Apretó los ojos con fuerza, poniendo las manos sobre ellos.

Era en este tipo de situaciones que deseaba regresar a aquellos tiempos en que la ignorancia de sentimientos románticos no le sobrecargaba el cerebro, en donde el único problema en su vida era cómo mejorar en el básquet y por ende, jugando desesperadamente olvidando todo a su alrededor.

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Kuroko observó con detenimiento su celular por enésima vez, esperando que la pantalla apareciera alguna notificación de mensajes por parte de Kagami. No obstante, ya eran alrededor de las una de la tarde y aún no existían señales de su parte. Por ende, la práctica había acabado y todos estaban haciendo planes para aprovechar el resto del día libre.

Ni siquiera los reclamos por parte de la entrenadora habían bastado para que el pelirrojo hiciera acto de presencia en el entrenamiento breve que habría ese día. Sus compañeros tampoco se atrevieron en insistir ante las reiteradas negativas de Kagami en acudir al juego de práctica.

Hacer eso ya era sacrilegio, ya que conocía a la perfección el amor que tenía el pelirrojo por el básquet. Y enfrentar el mal humor de Riko y del capitán en conjunto, ya lo exponía a que fuese torturado para el siguiente encuentro de práctica del equipo.

Alejado de la algarabía del resto de sus compañeros, Kuroko permanecía sentado en al banquillo apretando con fuerza sus manos.

Era su culpa. Era su maldita culpa que Kagami estuviese tan molesto y esquivo. Era su cumpleaños y lo había arruinado por sus propias falencias del día anterior. ¿Y cómo no? Encontrarlo acorralado y cediendo ante su ex luz como si fuese la primera vez, era sencillamente indignante y chocante.

No podía culparlo por odiar o repudiar su existencia por completo.

Era lo mínimo que merecía.

— ¡Ya basta, Kuroko-kun! —gritó Riko dándole un certero golpe en la cabeza con su tabla de ejercicios.

El menor agachó su cabeza adolorido y parpadeó confundido por la reacción de la entrenadora.

— ¿A qué se debe eso?

La castaña lo miró exasperada por la situación.

—No sé qué habrá sucedido entre Kagami-kun y tú—resopló Riko poniendo sus manos sobre la cintura—. Pero no es difícil de imaginar la situación si el idiota número uno inventa que no tenía ropa de entrenamiento limpia y el idiota número dos tropieza cada cinco segundos con sus pies.

Tetsuya quiso desaparecer en ese instante.

¿Era tan mala su imagen ante ella?

Riko lo golpeó una segunda vez en la cabeza ante su pasividad.

— ¡Deja de martirizarte y ve a hacer las paces con ese idiota! —Bramó la chica—. Ya decidí aumentarles los ejercicios como castigo. Si no vuelven a entrenar con la mejor disposición, el equipo completo asumirá las consecuencias de sus torpes actos. ¿Quieres eso, Kuroko-kun?

Ante la amenaza, Hyuuga apareció de inmediato por detrás de Riko alzando sus brazos en modo de "x" para que captara el mensaje y le respondiera adecuadamente.

El ambiente ya era tétrico de por sí por sus expresiones faciales. La sola idea de la combinación de sus autoritarios ejercicios, el pesado calor de verano y sus batidos proteicos mal ejecutados, era suficiente tortura para todos.

—Haré lo que pueda.

El resto del equipo de Seirin palideció ante su escueta y apática respuesta.

— ¡¿Qué clase de actitud de mierda es ésa, Kuroko?! —Increpó Hyuuga agarrándolo por el cuello de la camiseta, mientras era avivado por Koganei e Izuki—. ¡Trae el maldito trasero de Kagami mañana a primera hora a limpiar el gimnasio! ¡Es una orden de tu superior! —Luego apuntó al trío restante de primer año—. ¡Ustedes también tendrán que venir por culpa de estos dos idiotas!

— ¡Pero si es domingo, capitán! —protestaron Kawahara y Fukuda, mientras que Furihata temblaba ante la sola mención de pasar su único día libre limpiando pisos.

—Mañana es domingo, Hyuuga —puntualizó Izuki intentando razonar con el chico de gafas tras mirar los ojos llorosos del trío.

— ¡Me valen mierda las excusas! —Respondió Hyuuga, tratando de ser detenido por Mitobe y Tsuchida por los hombros—. ¡¿Escuchaste, Kuroko?!

Tetsuya asintió como pudo durante el forcejeo para apaciguar la ira del mayor. Logró respirar más tranquilo cuando el chico se alejó lo suficiente para que Mitobe le entregara una energética de su sabor favor favorito y los chicos de primer año trataban de cambiar el tema de Kagami.

Tenía que dar lo mejor también de sí.

No solo por él, sino también por sus compañeros.

De pronto, sintió una mano en su hombro. Alzó su mirada, encontrándose con la de Kiyoshi Teppei, quien le sonreía abiertamente mientras depositaba en su regazo una bolsa de regalo.

—Esto es para Kagami en nombre del club. Riko nos avisó ayer y le compramos esto. De todos nosotros, sigues siendo el más apto para ir con él y entregárselo.

Tetsuya lo observó detenidamente mientras un pequeño calor nacía en su vientre y lo envolvía por la calidez de sus palabras.

—Gracias, Kiyoshi-sempai.

—Si Kagami no regresa aquí mañana, organizaremos tu funeral. ¿Comprendes, Kuroko? —recordó de igual forma Kiyoshi, sin dejar de sonreír abiertamente en lo absoluto.

Kuroko aceptó la ofrenda de paz que le confiaban sus compañeros, aprendiendo por lo demás que debía de ser más consciente de sus acciones y no alterar la salud mental de sus superiores.

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Tetsuya contempló el prominente condominio en el que vivía Taiga mientras repasaba las indicaciones de Riko mentalmente.

Acorde a la base de datos que manejaba la chica, debía de asegurarse de ubicar el departamento correcto en un edificio de cuatro pisos, como también debía de prepararse psicológicamente para enfrentar la furia del pelirrojo.

Kagami no respondía el teléfono, ni tampoco los mensajes. Parecía realmente estar desconectado de sus redes sociales con el fin de evitar todo contacto con el mundo exterior.

Y de él por sobretodo.

Sacudió su cabeza mientras procedía a avanzar hacia una de las escaleras que dividían el recinto.

No, no podía ser tan presuntuoso en pensar que era la única razón por la que esquivaba todo tipo de contacto e interacción. Kagami había mencionado que odiaba su cumpleaños sin especificar la razón de ello. En otras palabras, ya era emocionalmente cargado este día como para lidiar con otros problemas adicionales.

Exhaló.

En verdad esperaba que Kagami fuera capaz de recibirlo. Y si bien comprendía que no tenía ningún derecho en hacerlo, la parte más egoísta de sí mismo anhelaba poder ver su figura y ser capaz de hablar con él como antaño. Sabía que esto sería difícil; demasiado para ser más exacto, pero perdería más en no intentarlo en vez de plantarle la cara a los problemas.

Kuroko se acercó hacia al inicio de las escaleras, cuando unos estrepitosos pasos comenzaron a resonar por los pasillos como si no existiese el mañana.

— ¡Mierda! ¡Tengo que comprar palillos nuevos! –se quejó Taiga saltando, sin mayores inconvenientes, desde el descanso de las escaleras hacia al primer piso. Fue al levantar su mirada que vio a un estupefacto peliceleste a escasos metros de él—. ¡¿Q-Qué demonios haces aquí, Kuroko?! ¡¿Me quieres dar un infarto?!—vociferó atónito, retrocediendo de inmediato unos escalones.

El chico lo contempló por unos segundos en un tortuoso silencio.

Realmente no tenía un discurso o un plan para enfrentar a Kagami. Por lo mismo, ver al pelirrojo allí boquiabierto hablándole tan familiarmente había superado completamente hasta el mejor escenario posible.

Sin nada aún por decir, Kuroko se situó frente al ansioso y defensivo Kagami.

—Lo siento mucho, Kagami-kun —inició Tetsuya con total honestidad mientras hacía una perfecta reverencia. Taiga quedó aún más anonadado por la situación, pero Tetsuya continuó—. Aunque sé que en este momento no tengo el derecho de buscarte o hablarte, aun así vine por mi cuenta deliberadamente para traspasarte también los buenos deseos de nuestros compañeros. Solo necesito unos minutos de tu tiempo para poder…

Taiga miraba al chico incapaz de procesar lo que estaba sucediendo ante sus narices: ver a Kuroko Tetsuya verborreico entre un mar de disculpas. No obstante, eran palabras que con suerte alcanzaba a escuchar con detención por lo insólito que resultaba la escena.

Parecía una perfecta máquina contestadora de un departamento diplomático.

—Kuroko —le llamó con cierta pesadez, intentando ser lo más sensato posible.

— ¿Sí, Kagami-kun? —respondió el ojiceleste, posando su mirada imperturbable en él obedientemente.

Eso fue lo último que colmó la paciencia de Kagami Taiga,

— ¡Cállate! —Ordenó exasperado el pelirrojo, golpeando la frente del más bajo con su dedo medio—. ¡Cielos! ¡Nunca pensé que diría eso! —agregó para sí mismo mientras frotaba su cabello y veía de reojo a Kuroko. El chico parecía estar fuera de sí por la acción, sin embargo, aún era capaz de estar atento a sus movimientos. Taiga resopló molesto—. Hablemos luego de eso, ¿bien? Espérame adentro. Iré a la tienda.

Los ojos de Kuroko brillaron de ansiedad.

— ¿Qué quieres decir? —Murmuró confundido, irguiendo su postura de inmediato.

Pero sin darle mayor tiempo para replicarle, Taiga avanzó hacia a él poniendo en su mano un juego de llaves.

—Volveré en unos diez minutos. ¡Solo ve al último piso y entra! —mencionó antes de retirarse rápidamente.

Kuroko miró perplejo el conjunto de llaves en su mano. ¿Cómo Kagami le otorgaba tal cantidad de confianza, si no se la merecía en lo absoluto?

Apretó su mano y procedió a subir tal cómo le había indicado el pelirrojo. Lo curioso es que se daba cuenta que cada departamento individual era un piso, lo cual se trataba de todo un lujo si se trataba de una propiedad en Tokio.

Al llegar al último piso, procedió a abrir la única puerta visible allí con la llave más grande para la cerradura.

—Permiso —musitó mientras dejaba sus zapatos en la entrada que dividía la puerta con el pasillo del departamento.

Con sigilo, Tetsuya caminó por el piso flotante encontrando una amplia sala de estar que no contaba más que con un sencillo sillón y tres muebles. El principal de éstos mantenía consigo un equipo de música con diversos álbumes, mientras que el de su lado derecho era básicamente para utilizarlo como estante principal con revistas y libros de básquetbol. La mesa de centro contenía cuadernos de estudio, pero al darles un vistazo rápido, Kuroko pudo comprobar que prácticamente eran hojas con dibujos de pelotas de básquet.

Ante eso, no pudo evitar sonreír por lo predecible que podía ser Kagami.

La extensa cocina americana al final de la habitación demostraba de inmediato que era parte del refugio principal de Kagami, pero aparte de eso, no existían mayores distracciones… A excepción de una foto en particular que destacaba.

Tetsuya tuvo cuidado de no pisar algunas pesas que estaban tiradas en la sala de forma aleatoria. En dicha foto se encontraba Kagami de niño sonriendo abiertamente con otro chico de, aparentemente, su misma edad. Ambos estaban siendo abrazados efusivamente por una joven de cabello rubio con gafas. Kuroko se preguntó si eran familiares que también vivían allí, pero no parecía que el vestíbulo pudiera dar indicios de ellos.

Tetsuya sacó de su bolso el paquete que le había confiado el equipo de Seirin como regalo de cumpleaños a Kagami. Fue allí que cayó en cuenta que no tenía ninguna clase de presente para el pelirrojo. Literalmente, había ido con las manos vacías.

La puerta principal se abrió.

Kagami entró con un par de bolsas de la tienda de conveniencia y rápidamente procedió a distribuirlas en la nevera y despensa. Al ver a Kuroko plantado en la sala de estar sin saber qué hacer, le produjo cierta incomodidad.

No supo por qué lo había hecho pasar cuando claramente el día anterior le había comunicado que era mejor no reunirse tras los eventos con Aomine. No habían quedado en buenos términos y muchas cosas por resolver. Sin embargo, tampoco podía estar enojado por siempre con él.

Abrió unas de las bolsas y sacó de ellas dos paletas.

Kagami estaba totalmente consciente de la situación en la que estaban. Y había aceptado por lo demás los términos de la relación de esa forma, incluso cuando Kuroko quiso que desistiera para no hacerle daño con sus sentimientos.

Pero era demasiado tarde. Al estar enamorado de él, era imposible que no sintiera nada. Puede que Alex lo reprendiera y le diera la famosa charla del amor propio. No obstante, éstas eran sus decisiones: quería estar al lado de Kuroko, no solo como simples compañeros de juego o luz y sombra; quería a ese chico de ojos celestes que había dado vueltas su limitado mundo más allá de lo improbable.

Siendo suyo.

Caminó hasta alcanzar al más bajo, quien lo contemplaba sereno pese a que por dentro se encontraba lidiando consigo mismo por no tener nada para él.

—Toma —dijo Kagami ya más calmado, ofreciéndole una paleta de crema—. No sabía que podía gustarte además de esa maldita malteada de vainilla. Es algo parecido, así que puede gustarte —agregó mientras desviaba la mirada ofuscado consigo mismo por lo extenso de su explicación.

Aunque fuera una excusa de lo más banal para iniciar una conversación, seguía siendo un punto que aún le resultaba dificultoso a Taiga por efectuar. Y el peliceleste lo sabía, por lo mismo no pudo evitar observarle de reojo cuando relajó su postura para calmarlo en modo de agradecimiento por su acción.

—Gracias por la consideración, Kagami-kun —respondió Kuroko, aceptando el helado.

Kagami avanzó hacia al balcón, apoyando sus brazos en la baranda. Kuroko lo siguió imitándolo. No podía quedarse atrás cuando el pelirrojo parecía querer hablar más seriamente.

—Lo de anoche… —comenzó a decir desinteresadamente Taiga, masticando con fuerza parte de su paleta—. Sabía que ese tipo volvería algún día y que pudiese terminar pasando… lo que pasó ayer.

El más bajo solo asintió pesadamente.

No podía negar esa aseveración, puesto que él, de todas las personas posibles, era quien más conocía al moreno y sus imprevistas acciones. La impulsividad de Aomine no podía desconocerse ni pasarse por alto, mucho menos cuando había sido Midorima uno de los causantes para que fuera hacia a él con la finalidad de reclamarle, avivando aún más el fuego de sus acciones.

No obstante, también había sido su culpa el no haber puesto un alto definitivo a la situación con mayor determinación.

Taiga lo miró por rabillo del ojo.

—Pero también sabía que dependía de ti en detenerlo —regañó Taiga, desviando nuevamente su mirada hacia el cielo. Sabía que lo que diría a continuación sería como una patada en el estómago—. Si no eres capaz de hacerlo, no tiene sentido intentar algo. No puedo hacerlo solo… Por mucho que me gustes.

—Lo sé —afirmó el peliceleste, cabizbajo.

Era lógico que Kagami pensara que no había intentado frenar las acciones de Aomine; no podía contradecirlo cuando había sido el principal testigo ocular de la escena.

—Pero también te conozco, Kuroko —sentenció Kagami, sin mirarlo, botando el resto de la paleta en un basurero del edificio contiguo—. Y sé que no eres el mismo idiota que se quedó con él pasivamente tras nuestro partido. Ya no eres ese chico patético que no sabía hacia dónde ir o a quién recurrir.

Kuroko se quedó pasmado al ver que su mano derecha—apoyada en la baranda— estaba siendo cubierta por una más grande y bronceada, entrelazándose con total naturalidad.

—Eso lo tienes presente, ¿no, Kuroko?

Taiga estudiaba con absoluto detalle sus facciones y reacciones, como nunca antes, esperando escuchar la respuesta que volviese a construir los cimientos entre los dos.

—Kagami-kun…—la sola pronunciación de su nombre le estaba causando un sinfín de emociones acumuladas. ¿Cuánta determinación podía tener ese chico que solía no pensar nada más que en el básquet? Lo había subestimado—. Sería muy tonto de mi parte decir que no —acotó, estrechando la mano del pelirrojo mientras guardaba en su bolsillo el palillo restante con la otra.

Sus orejas ardían. Estaba consciente de ese hecho, como también que Kagami era lo suficientemente capaz de apreciarlo ante su prominente altura.

El pelirrojo solo se detuvo a observarlo. Había aprendido que más que sacarle palabras a Kuroko, debía conocer cada cambio de sus expresiones para saber cómo reaccionar.

Lo estuvo pensando durante toda la noche, lo cual claramente le impidió dormir e ir a la práctica con el equipo de Seirin. Sin embargo, la única conclusión que podía a tener a esas alturas del caso es que no se daría por vencido mientras ese chico siguiese posando su mirada en él.

No como su luz, sino simplemente como Kagami Taiga.

Palabras duras eventualmente saldrían de su boca por el calor del momento. Era lógico. No obstante, la responsabilidad de estar en ese punto también era parte suya; no daría marcha atrás a su declaración de guerra.

—Te lo dije una vez antes: sería un verdadero idiota en dejarte. No cometeré ese error.

Kuroko cerró sus ojos, dejándose llevar por el calor de la mano de Kagami sobre él.

Era lo único que necesitaba.

—Yo tampoco cometeré más errores de esa índole, Kagami-kun —prometió Kuroko, intercambiando una decidida mirada con el pelirrojo.

Taiga sonrió fieramente.

— ¡Ja! ¡Eso en verdad lo quiero ver! —desafió soltando una carcajada. Ante la respuesta, Kuroko lo miró impávido mientras pisaba su pie—. ¡Ay! ¡Oye! ¡¿Por qué hiciste eso…?!

Pero antes de que pudiese terminar su frase llena de reproche contra el chico fantasma, éste rápidamente lo jaló desde el cuello de la camiseta con una fuerza inusitada para quedar a su altura. Probablemente, la misma que hacía para efectuar el ignite pass, pero esta vez solo con un único y pretencioso motivo: cazar con rapidez sus labios y callarlo de una vez.

Taiga se quedó completamente rígido y aturdido por la inaudita iniciativa de Kuroko en besarlo; era la primera vez que lo hacía por su cuenta. La respiración del menor se mantenía acelerada por el forzoso movimiento de sujetarlo y besarlo al mismo tiempo, lo cual de cierta forma le causaba un poco de gracia, pero debía de reconocer su esfuerzo.

— ¿Puedo decir algo sobre tu cumpleaños? —murmuró Kuroko, separándose un poco de su boca. El pelirrojo asintió levemente, un tanto incómodo por el recordatorio—. No tengo un obsequio para ti. Realmente, en menos de 24 horas era imposible encontrar algo apropiado. Pero lo tendré en cuenta para el futuro —musitó esperanzado por lo último—. Lo único que puedo darte de mi parte son las gracias por existir, Kagami-kun. Sin ti, no sería capaz de estar en este punto. Por lo que tu existencia es valiosa y espero estar a tu cuidado.

Las mejillas de Kagami se tiñeron de rojo intenso a igual que del color de su cabello.

— ¡¿P-Pero q-qué demonios estás diciendo, tú, tonto?! — exclamó Taiga alejándose de Kuroko mientras escuchaba los trastornados latidos de su corazón en la base de su garganta. Se sentía morir por la osadía del chico, que ahora solo desviaba la mirada para esconder su sonrisa.

—Solo demostré mis sinceros sentimientos hacia Kagami-kun —retomó la palabra Kuroko al igual que su rostro inalterable.

— ¡No hagas esa cara como si no has dicho nada! —bramó aún más incontrolado Taiga. Su mente y corazón estaban explotando de forma aleatoria ante tales palabras, y para qué señalar que estaba sufriendo una taquicardia peor que la que hacía al ejercitar. Al menos ésa sí era controlada.

Kuroko suspiró y avanzó hacia al agitado pelirrojo.

—Tienes razón. Me haré responsable de mis acciones —musitó mientras daba el último paso frente a Taiga y tomaba su mano—. Aunque no lo creas, también estoy nervioso por todo esto, Kagami-kun.

Taiga abrió sus ojos, sorprendido, al sentir la mano sudorosa del menor. Viéndolo mejor, Kuroko tenía en sus mejillas un ligero rubor al igual que en sus orejas. Aunque sus ojos celestes, inexpresivos para el mundo entero, podía apreciar de cerca como lucían con un particular destello.

Tragó saliva con torpeza, intentando recuperar su postura y calmándose a sí mismo.

Mirando esos ojos que lo transportaban a otro mundo —a su propio mundo— podía olvidar todo el estremecimiento que le habían causado las palabras y sinceridad de Kuroko.

Uno frente al otro, totalmente absortos en las nuevas expresiones que generaban en el otro.

Puede haber sido porque el viento de verano resopló con fuerza y el calor se estaba volviendo insoportable a esa hora. Pero, sinceramente, a Taiga ya no le importaba justificar más sus acciones. Solo le importaba jalar a Kuroko hacia sí mismo con ambas manos, escuchando como el menor respondía con un simple jadeo de sorpresa, mientras sus labios tomaban contacto nuevamente y era guiado por él para retroceder hacia a la sala principal.

Cerciorándose de reojo que el chico ya había entrado a la habitación, Taiga cerró el ventanal de un portazo. Prendió de inmediato el aire acondicionado con un control remoto y lo aventó sin perder más tiempo hacia a un lado del sofá. Su atención regresó hacia al más bajo, que lo observaba con cierta sutileza y expectación.

Taiga sonrió de medio lado mientras acorralaba a Kuroko contra el sillón principal, dejándolo caer. Realmente no tenía ni una puta experiencia o idea de lo que estaba haciendo, pero en ese instante lo único que cegaba su cabeza eran las reacciones que tenía el chico por sus acciones. Su aliento agitado, no por entrenar, sino por lo excitante del momento, sus labios enrojecidos por su propia posesividad en ellos y su mirada siendo cada vez más reactiva a su toque. Definitivamente, quería todo de él.

Kuroko sintió el peso del mayor sobre él. Kagami no tenía intenciones de dejarlo escapar, pero él tampoco deseaba hacerlo. Se sentía atrapado por su mirada rojiza y demandante, por sus grandes manos que recorrían su cuerpo; por su boca que daba torpes y acalorados mordiscos a través de su mentón y cuello. Sus manos envolvieron el cuello de Kagami. Éste se detuvo para observarlo, un tanto preocupado de sí había hecho algo que le molestara. No obstante, ante esa mirada, Kuroko no pudo más que contener una sonrisa para no molestar al pelirrojo y besarlo sorpresivamente. Estaba extasiado por ser su prioridad.

Taiga se separó brevemente de Kuroko para poder retirar su camiseta, lo cual para éste fue un espectáculo al ver todos sus definidos abdominales. Ahora podía comprender a Riko por qué había quedado perpleja por su estructura. Realmente era una imagen digna de grabar.

Sin más demora, Taiga se puso entre sus piernas, rodeándolo por completo con las suyas. Podía sentir la enorme erección que tenía el pene del pelirrojo, ya que éste se frotaba contra el suyo. Sentía que su raciocinio se estaba yendo con el calor de su cuerpo.

—Dime si quieres que me detenga, Kuroko—le susurró Kagami en la oreja para luego tomar entre sus manos el rostro del chico en cuestión.

— ¿Tú quieres detenerte, Kagami-kun? —contra preguntó Tetsuya sin inmutarse, tomando la misma acción del pelirrojo. Podía sentir como sus cuerpos calientes rozaban, palpitantes y rogantes por continuar.

— ¡Por supuesto que no…! —masculló Taiga, cerrando sus ojos por unos segundos—. Solo que no tengo condones ni nada por el estilo —añadió frustrado y un tanto avergonzado.

Fue en ese momento que el raciocinio regresó de manera veloz en Tetsuya y pudo comprender la última frase de Kagami.

Aún con su corazón desbocado por las acciones del chico que estaba sobre él, Kuroko tocó la mejilla de Kagami para que volteara a verlo.

—No hay necesidad de apresurarnos. Ya somos uno —dijo el peliceleste con mesura, mientras era observado sin aliento por el pelirrojo.

Taiga lo contempló por unos segundos, cediendo finalmente todo su peso contra el menor. Claramente ante ello, Kuroko no evitó resoplar adolorido por la acción, sino también por el brazo que obstruía su cuello casi asfixiándolo. No obstante, no era nada contra la empalmada entrepierna que tenía el chico molestando sobre su pantalón sin piedad.

—Me siento tan ridículo —gimió Kagami por lo bajo en el oído de Kuroko.

Tetsuya parpadeó un par de veces, ya sin poder ocultar su curiosidad.

— ¿Es tu primera vez, Kagami-kun? —Preguntó, sin tener respuesta de su parte a excepción de un gruñido—. Realmente, no es importante.

—Créeme que no quiero escuchar eso de ti —masculló Kagami, un tanto irritado.

El peliceleste posó sus manos con dificultad contra el musculoso y ardiente brazo de Kagami. Ciertamente, era un tema delicado. El pelirrojo debió haber estado demasiado absorto con respecto a todo lo relacionado con el básquet y el cambio entre Estados Unidos y Japón.

Pero Tetsuya tampoco era un erudito y experto en ese ámbito.

Su mano se posó en la nuca del pelirrojo, acariciando sus cabellos de arriba hacia abajo con lentitud.

—Yo solo… quiero estar con Kagami-kun —murmuró en su oído con lentitud, intentando respirar adecuadamente.

Realmente, Taiga nunca había pensado sobre este tipo de situaciones ya que nunca las había experimentado. Claro, puede ser que su padre, Alex o Tatsuya hablaran de cosas relacionadas, pero él jamás les había prestado atención. Lo veía innecesario, puesto que no contribuía para nada con respecto a sus avances en el básquet.

Ahora estaba junto al chico que ponía al revés todo lo que había pensado en su momento. Y por Dios, qué lamentaba no haber estado preparado para este momento.

Taiga giró su rostro hacia él.

—Tienes razón… ¡¿Kuroko?! —gritó alarmado por ver al peliceleste inconsciente. Sacó rápidamente el brazo que estaba sobre el chico entorpeciendo su respiración.

Vaya cumpleaños.

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Después de haber recuperado el conocimiento y aclaradas las cosas entre ambos, Kuroko se marchó a su hogar excusándose que tenía que convencer a sus padres de mantener a Nigou en la casa. Al parecer, era su madre el problema con la adopción del pequeño cachorro. Pero seguramente, con el poder del convencimiento del ojiceleste, podría permanecer en la residencia.

Kagami bostezó sin pudor alguno mientras abría el obsequio que los integrantes del club de Seirin habían preparado para él. Éste era el tercer regalo que abría. Primero su padre le había enviado una mesada generosa para gastos propios en Japón, Alex le había enviado otro nuevo par de zapatillas por envío a su domicilio.

Realmente, no esperaba regalos de nadie y tampoco deseaba complicar a los demás para que pensaran en eso por él.

Rasgó sin menor cuidado el envoltorio, quedando boquiabierto por lo que caía en el piso flotante.

Dentro del presente que sus compañeros del club habían preparado, estaban algunas películas pornográficas de la colección privada de los superiores y una caja de condones de látex.

Quería matar a esos tipos, pero al mismo tiempo, por primera vez en su vida, se lamentaba de no haber abierto antes el paquete.

Se habría evitado su minuto de sinceridad con Kuroko.

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Notas:

Gracias al cochino dinero, pude comprar tomos originales de Kuroko para apoyar al autor ;_;. Tanto tiempo que terminó la historia, pero no lo he podido superar xD.

¿Saben? No sé si fue mi mente fujoshi, pero en algún momento pensé que Kuroko en la serie original ya sabía del departamento de Kagami y las reacciones que tuvo fueron poco creíbles, al menos para mí. Quedé siempre con esa bala metida y pues ¡alá! la convertí en una realidad para Kimi Ga xD.

Ahora, el lío que muchos tienen... ¿Qué pasará con Kise? Sinceramente, cuando escribo desde su punto de vista, todo se vuelve impredecible. No tengo mucho control sobre él. Por mucho que quiero que vaya en una dirección, se me va a otra y le doy el visto bueno porque me agrada su ambigüedad xD.

Taiga me hace tan feliz. Es tan claro y simple con sus pensamientos. Como diría mi novio: es un hombre concreto xD.

Espero que estén bien con sus familias y seres queridos, sobre todo en este tiempo de caos por el covid.

¡Gracias por su tiempo y lectura! Cualquier cosa se recibe, no soy quisquillosa: amenazas, patadas voladoras, tomatazos, reviews, favoritos, tos sin mascarilla akjsjas Todo señores! xD.