Esta historia es sin fines de lucro.

Los personajes de Candy Candy son propiedad de Mizuki e Igarashi.

Mini Fic creado para el aniversario delgrupo de Facebook: Biblioteca Grandchester (TerryFics). Corte erótico.

La historia es de mi autoría, por lo que queda prohibida su reproducción, manipulación o adaptación sin mi permiso, tanto en FanFiction, como en cualquier otra aplicación.

CAPÍTULO 8.

La hermosa rubia estaba hecha un manojo de nervios, tanto así que, durante la cena, apenas y probó bocado, dejando a sus amigas muy preocupadas.

-¿Sucede algo Candy? –Preguntó Patty.

-¿Ehh? Ahh no, je je. Disculpen, estaba distraída.

-Sí ya lo notamos. Tú tan tragona y no has comido casi nada.

-Si… bueno, no creo morir de hambre si no como hoy. Y bien, ¿nos dirás qué te hizo Archie para que te molestaras con él? –Cuestionó Candy para cambiar el tema.

-¿Qué les parece si hacemos una videollamada y se los cuento? Aquí es peligroso.

Las chicas asintieron y pasado un tiempo se retiraron a sus habitaciones. Para cuando la rubia llegó a su recámara, aún eran las 7:45p.m. El tiempo se le estaba yendo lento, demasiado lento para su gusto. Minutos después, ya estaba enzarzada en la plática de sus amigas y la trágica historia donde les contaba que Archie le había faltado al respeto tremendamente al insinuarle que había subido unos kilos de más. ¡Drama total! Dos horas más tarde:

-Y eso fue lo que pasó, ¿qué piensas de él Candy?

-¿Ehhh? Este sí, creo que hizo bien.

-¿Crees que hizo bien en llamarme gorda sutilmente? –Exclamó Annie.

-¡Ah no! je je, quiero decir, que tú hiciste bien… en… ¿molestarte?

-¡Claro que hice bien! No le permitiré que me falte al respeto desde ahora, si no cuando nos casemos será peor.

-¿En verdad crees que Archie y tú terminarán casados? –Cuestionó Patty.

-Pues claro, ¿acaso tú no crees eso de Stear y tú?

-Es lo que más deseo, pero el futuro es incierto. Si las cosas se dan, adelante.

-Pues trabaja en ello para que funcione, ¿no es verdad Candy?

-¿Ehhh?

-¡Ay mujer!, ¿en qué mundo andas? Te digo que uno debe buscar la manera de hacer que la relación funcione y termine en matrimonio.

-Pues… no sé, yo creo que cuando el amor es real, no hay nada que forzar. Los sentimientos fluyen y las almas se reconocen a través del tiempo y la distancia… No, definitivamente en el amor no hay que trabajar, hay que cultivar, como las flores, hay que abonarlas y limpiarlas de a poco de toda la maleza y dejarlas florecer, porque cuando lo hagan, no sólo habrá belleza, sino también grato perfume…

-Wow Candy, pero qué inspirada estás esta noche. –Comentó sorprendida Patty.

-¿Habrá alguien que te esté motivando? –Insinuó la pelinegra.

-¡Ay chicas, no!, es sólo que, con el matrimonio de mis padres, viví muy cerca del verdadero amor, y puedo reconocer sus señales apenas lo veo. –Sonrió misteriosamente. –Bueno chicas, debo irme, muero de sueño.

-Ok nena, descansa. –Dijeron sus amigas.

Se dirigió a su armario para elegir el atuendo que usaría esa noche. Debía ser especial, tanto como el acontecimiento que estaba por ocurrir en su vida… Estaba eligiendo un vestido ligero para evitar combustionarse, cuando un whatsapp entró a su celular.

Se dirigió a leer y el pulso se le aceleró al notar que era de Terry… Sonrió, le gustaba llamarlo así, y de ahora en adelante así lo haría.

-"Vístete de negro, para pasar desapercibidos".

¿De negro? ¡Ay, ay! Casi no usaba el negro, bueno, tenía uno, no era tan… sensual, pero serviría para el propósito, además, lo de menos sería lo que usaría… Se sonrojó furiosamente.

- "Ok". –Fue su escueta respuesta.

Se metió a la ducha y decidió darse un prolongado baño aromático, con su esencia favorita, rosas… Se sumergió en el agua y ahí quedó por largo rato.

Mientras tanto, Terry ya había hecho algunas llamadas, supervisado los movimientos y ahora estaba recostado en su amplia cama. Giró su rostro hacia el libro que estaba sobre la mesita de noche y lo tomó, extrayendo una fotografía de él. Era su madre.

Esa foto se la había enviado cuando él terminó el nivel elemental, y de eso ya hacía bastante tiempo. Recordó los años felices que pasó junto a sus padres y cómo todo terminó por una lucha de conveniencias y orgullos tontos.

Definitivamente él no sería como Richard, jamás. Dejó el libro nuevamente en su lugar, regalo de ella, y su fotografía sobre éste, y se levantó para darse una buena ducha. Eran las 11p.m. y lo más probable es que él terminara yendo por la rubia, pues era una impuntual incorregible. Dejó la luz de la lámpara encendida, y se metió a ducharse.

Candy terminó de arreglarse. A las 11:30p.m ya estaba lista e impaciente. Una idea le cruzó por la mente. Sorprendería a ese arrogante llegando temprano, seguramente no lo esperaría. Una voz se dejó oír en su interior antes de atreverse a salir:

-"¿Estarás haciendo lo correcto?"… Sí, se respondió internamente. Así como sus padres lo supieron, algo dentro de ella le decía que ese engreído era el correcto… Su corazón, y algo más, habían sido capturados a bordo de ese barco. Con esa idea en mente, se perdió entre la espesura de la negra noche y sus eternos árboles aliados.

Al llegar al ala masculina, todo estaba oscuro; parecía una boca de lobo. Una pequeña luz se dejaba entrever a través de las finas cortinas que cubrían una ventana abierta. La chica se dirigió hacia allá con paso veloz, escaló un árbol cercano y saltó de la rama más cercana hasta la ventana. Aterrizó de nalgas, pues su planeo fue mal calculado.

-¡Auch! Lo que hago por… -Cerró la boca abruptamente ante la desfachatez que iba a comentar. Observó si Terry andaba por ahí pero, para su buena fortuna el chico no figuraba en ese espacio.

Se levantó lo más rápido posible y se introdujo en la habitación. Todo era muy masculino. Tonos grises oscuros y claros, con azules marinos inundaban la estancia. El tocador en color antimonio, de un fino material. Las mesillas y sus lámparas… Entonces reparó en el libro que estaba sobre una de las mesas de luz.

Curiosa como era, se acercó para ver qué era lo que el joven leía, cuando se percató de una imagen, parecía un recorte pero, no, era una fotografía, y nada más y nada menos que de la gran actriz americana Eleonor Baker. Una ráfaga de viento entró por la ventana abierta haciendo caer la estampa.

Candy se agachó para recogerla, entonces se percató de la inscripción en la parte trasera de ésta: "Con amor para mi amado Terry". La impresión la golpeó poderosamente, evitándole notar que el chico salía del baño justo en ese momento.

-¿Candy? –Cuestionó Terrence con gran asombro.

La rubia se giró con la imagen en mano y entonces él reparó en ese detalle. Su rostro se volvió duro, ninguna emoción afloraba en su semblante. Sus manos se cerraron en puños, conteniendo la ira que hervía en su interior.

Con paso firme caminó hasta una atemorizada Candy quien, por el sobresalto, no tuvo tiempo de reaccionar. El chico le arrebató la fotografía haciéndola pedazos.

-¡Terry, no!

Ella había visto la fecha, hacía mucho que él guardaba ese recuerdo. Levantó su rostro hacia él, y lo que vio la hizo estremecer. Sus ojos se habían vuelto fríos, peligrosos… La tomó fuertemente por sus hombros y la zarandeó al tiempo que decía:

-Si dices algo, ¡te mato! ¿Oíste? ¡Te mato!

-Terry yo… -Intentaba decir algo.

-No estoy jugando Candy, si te atreves a contar algo de lo que leíste yo… -Su voz se quebró y sus ojos se cristalizaron. Se giró para evitar la mirada de la chica y con voz estrangulada dijo: -Vete…

Candy estaba asombrada, aunque en un principio le pareció que él en verdad la mataría, al ver sus ojos y la forma en que su voz se quebraba, supo que estaba sufriendo… Ese chico, ese arrogante insufrible con su característico porte aristocrático en realidad no era más que un joven herido, con una herida tan grande y profunda que, si no era curada a tiempo, podría causarle la muerte, y no se refería a lo físico, sino a lo emocional.

Con paso decidido se acercó hasta él y lo abrazó por la espalda. Puso su mejilla contra su cuerpo y se quedó ahí sin decir nada. Él seguía con los brazos rígidos y sus manos empuñadas. Después de lo que le parecieron horas, él por fin se relajó, quitando sus manos de su cintura y girándose hacia ella, la invitó a sentarse junto a él en la cama.

-Es mi madre, Pecosa. Pero…

-Shhh… no es necesario que me cuentes, no tienes por qué.

-Quiero hacerlo. Mis padres están separados y en sus propios mundos, cada uno intentando triunfar en lo laboral aunque fracasen como pareja y como padres. La actual mujer de mi padre me odia a muerte y me recuerda, cada que puede, que soy el hijo mal querido… Soy un bastardo, Pecosa, soy la persona que menos te conviene…

-No eres ningún bastardo, eres un joven admirable que ha pasado sus días más difíciles y fríos, y ha logrado salir adelante, y sé que, sean los sueños que sean, los alcanzarás, porque eres valiente, terco y decidido, pero también eres un alma noble que se esconde detrás de esa dura fachada… Tú me ayudaste a mí, sin tener porqué, eso quiere decir que eres capaz de ayudar sin que te lo impongan… Terry, tú eres como los narcisos… has pasado duros inviernos, pero eres el primero en florecer para anunciar la llegada de la colorida primavera…

Las palabras de Candy le atravesaron no sólo la mente, sino el corazón. Esa chica hablaba de él con tanta vehemencia que lo dejaba pasmado de tan intensas palabras, tanto así que no sabía que responder.

-Pero es que, en verdad ante los ojos de la sociedad soy un bastardo…

-Y yo soy una huérfana rica.

-Pero no por elección.

-Tú tampoco… Ese día en el caballo me dijiste que viviera y que honrara a los que ya no están conmigo, y eso estoy haciendo Terry… Si yo soy feliz, ellos también lo serán. Ahora te digo, vive Terry, hónrate a ti mismo y tápale la boca a todos aquellos que no han creído en ti y que han minimizado tu potencial… Yo creo en ti, y sé que lo lograras…

Terry apretó fuertemente a Candy en un abrazo, al cual ella correspondió, y sintió que algo cálido brotaba de sus ojos… Estaba llorando… Se tomaron su tiempo, sin soltar el abrazo, pero cuando al fin se separaron, la mirada del joven se había tornado cálida y una suave sonrisa adornaba su bello rostro.

-Vamos Pecas.

-¿Ir? ¿A dónde? Creí que en tu habitación tú y yo… nosotros… bueno… pero si estás indispuesto puede ser cualquier otro día.

Terrence contuvo una sonrisa al oír el nervioso parloteo de la rubia, no había duda, le encantaba.

-¿Confías en mí?

Esa pregunta no había ni qué hacerla, pensó ella.

-Sí. –Dijo con determinación.

-Entonces sígueme.

-¿Por qué me llamas Pecas, Pecosa, Pecosilla? ¿No podrías dejarme sólo uno?

El chico rió abiertamente y eso fue música para los oídos de Candy.

-Cuando te portes mal, te diré Pecosilla. Cuando te portes bien, te diré Pecas, y cuando te portes muyyyy bien, entonces te llamaré: Pecosa… Mi Pecosa…

El corazón de la ojiverde se aceleró cuando él dejó un suave beso en sus labios, y antes siquiera de poder reaccionar, ya era arrastrada para saltar por la ventana e internarse en el bosque.

Se dirigían a su lugar mágico, aquél que los uniría de una forma determinante…