El frío aire de la noche de invierno le golpeaba el rostro mientras corrían en la oscuridad; alertas.

En silencio.

Siempre avanzando.

Saltó una rama tras otra, con mucha más precaución porque la nieve las hacía más resbalosas y quebradizas.

Fugaces ruidos de pisadas se escuchaban a su alrededor, de pies que no eran los suyos, ni los de sus compañeros.

Y el bosque se acabó.

Frente a ellos, un terreno plano y descubierto, completamente blanco, se imponía con majestuosidad en aquella noche iluminada con destellos azules provocados por la inmensa luna llena.

Se detuvieron; preparados.

Juntó su espalda a la de Shino y Kiba, mientras esperaban el inminente ataque.

Estaban listos; siempre lo estaban.

- ¡Byakugan! – activó el ojo blanco – son 5 y vienen por la izquierda, a un kilometro.

Escuchó el leve, casi imperceptible, sonido de los insectos de Shino; preparándose para la batalla.

Akamaru gruñó, expectante; y Kiba tomó posición.

Tal como Hinata indicó, 5 ninjas aparecieron entre los árboles y la batalla comenzó.

La batalla no fue dura, ni muy larga; solo se trataba de un par de ninjas renegados que buscaban hacerse un nombre atacando un poblado.

Otra misión de rutina.

Y la noche se fue diluyendo para convertirse en día.

El camino de vuelta a la aldea fue tranquilo y sin interrupciones; arribaron durante la madrugada, y cansada, simplemente se sacó los zapatos y se recostó rendida en su habitación.

Estaba exahusta.

Despertó pasado el medio día, sintiéndose débil, y más agotada de lo normal; pero se sentó con energía. Porque ese día era su cumpleaños y sus amigos vendrían a celebrarlo con ella.

Sería un buen día; un gran día.

Pero una fuerte puntada de dolor en su costado, le hizo recordar porque se sentía así: había sido herida en el combate. Y lo había ocultado tan bien, que ella misma lo olvidó.

Las sábanas y su ropa estaban cubiertas de sangre, y ahora su cama era un desastre.

Se levantó con cuidado e ingresó a la ducha; necesitaría lavarse y limpiar esa herida antes de arreglar su dormitorio.

Debería ir al hospital, pero no lo haría.

No si podía evitarlo.

Aguantaría, si eso significaba no ser tratada por Sakura.

Era infantil e irresponsable, pero no tenía deseos de verla ni de mostrarse débil.

Porque la dulce y tímida Hinata Hyuga tenía orgullo.

Dejó que el agua de la ducha recorriera su cuerpo y limpiara sus heridas mientras se relajaba. Y evitó que su cabeza girara en los recuerdos del porqué, en ese momento estaba así y en tan mala condición física.

Hoy no.

Tal vez otro día.

Desinfectó y luego cubrió su herida con vendas para luego vestirse rápidamente y desechar la ropa con sangre; e hizo una nota mental de pasar por una farmacia más tarde por medicamentos.

Decidió arreglarse con un bonito vestido de invierno y un chaleco para luego recostarse a la luz del sol en su sofá ubicado en su gran ventanal.

Tomó su libro, encendió la estufa y se relajó.

Completamente ajena a un par de ojos negros que la observaba con una timidez poco común, desde el edificio del frente.

Porque desde el último encuentro que habían tenido, desde que él había descubierto que la quería, Sasuke no había tenido otra oportunidad de acercarse.

Hinata había desaparecido de la faz de la tierra en una misión de un par de días; dejándolo solo y desamparado, con un universo de sentimientos nuevos.

Y ella no tenía idea.

La luna aún no notaba que la noche la acompañaba, la seguía.

Apretó una pequeña cajita de terciopelo que tenía en su mano, mientras sus ojos se mantenían fijos en la figura lejana de la mujer que no lo miraba.

Ese día era su cumpleaños, y él no lo había olvidado.

Buscó un presente con antelación, como todos los años; entendiendo cada vez que buscó en el pasado un regalo para ella, lo hizo con los mismos sentimientos de ahora, pero sin ser totalmente consciente de ellos.

Creyendo, ilusamente, que buscaba algo para una amiga; para la esposa de su mejor amigo.

Siempre esforzándose en encontrar algo especial, que la hiciera sonreír.

Fue ingenuo al no darse cuenta de que solo era su cumpleaños el que recordaba; y que vagamente notaba el de Sakura o Naruto. Ciego, al no ver antes lo que le ocurría con la esposa de su amigo; pasivo frente a una mujer inalcanzable.

Pero ahora ella estaba libre, y él podía mirarla.

Y podía hacer algo.

Podía quererla.

Se estremeció ante sus propios pensamientos, pero aceptó que esta era su realidad; Sasuke Uchiha había caído por la persona más inesperada.

Unos golpes en su puerta de entrada lo distrajeron.

Y la verdad estaba a punto de ser descubierta.

- ¡Hey Hinata! – la voz de Kiba la despertó luego de que se quedara dormida al sol mientras leía - ¡Abre la puerta!

Se levantó de un saltito con emoción, olvidando que estaba herida y recordándolo inmediatamente con dolor. Se recompuso, sin quitar su sonrisa y abrió su puerta.

Frente a ella cuatro cabezas se asomaron: Kiba, Shino, Hana y Shikamaru.

Definitivamente, este sería un buen día.

Sasuke abrió la puerta de mala gana y poco interesado en quien sería su visitante, y esperando que no fuera algún anbu para una misión. No hoy.

Y su sorpresa no fue grata al encontrar a su mejor amigo detrás de aquella puerta con gesto cansado y ansioso: Naruto.

El rubio sonrió y Sasuke lo hizo pasar, guiándolo deliberadamente a la mesa de la cocina para que él no pudiera ver lo que por su ventana se observaba.

No quería que Naruto encontrara a Hinata.

Se sentaron mientras Sasuke le ofrecía una tasa de té y Naruto dejaba una pequeña bolsita con un gran moño rosa en la mesa; que no pasó desapercibida por él.

- Sasuke – comenzó – necesito tu ayuda.

Se sentó incómodo al escuchar aquellas palabras, porque suponía lo que buscaba su amigo; sobre todo al ver ese regalo que llevaba.

Esperó, deseando que no preguntara eso que él sabía que haría.

- Quiero saber donde se está quedando Hinata – habló – sé que lo sabes.

Los azules ojos de Naruto miraron directo a los oscuros de él, con decisión.

El Uchiha mantuvo su mirada, como si aquello fuera un desafío; como si con ello pudiera espantarlo. Pero era inútil, conocía a su amigo y sabía que podía ser insistente cuando lo quería; de esa forma era que lo había traído de vuelta a Konoha.

- ¿Porqué?

- Hoy está de cumpleaños – respondió – le tengo un regalo, y quiero hablar con ella.

La quería de vuelta.

Y el miedo, ante la idea de que Hinata regresara con Naruto se hizo presente.

Miedo por él, que perdería cualquier oportunidad que pudiera tener de que ella alguna vez lo viera.

Miedo por ella, porque Hinata estaba comenzando a armar su vida otra vez, y estaba aprendido a mirar más allá de su amor. Hinata estaba volviendo a vivir.

Si Naruto insistía, si la recuperaba, Hinata no sería feliz, estaba seguro.

Su corazón jamás sanaría.

Sus ojos jamás lo mirarían, y perdería una batalla que ni siquiera había comenzado a luchar.

Porque él solo se daría por vencido, cuando ella eligiera y su corazón estuviera tranquilo, aún si no fuera él quien la hiciera sonrojar.

Así que, por mucho que Naruto fuera su amigo, no podía permitir aquello: por él y por ella.

- Debes dejarla ir – respondió.

La mirada del rubio se ensombreció y la tristeza lo embargó, porque él no podía hacer eso.

- No puedo – indicó – no puedo dejarla si sé que ella aún me quiere; porque yo la quiero.

Los ojos del Uchiha se clavaron con violencia en los del Uzumaki, como si estuvieran encendidos, en llamas. Ardiendo de pura rabia y Naruto lo notó, y se sorprendió.

- Ya le has hecho suficiente daño.

Esa mirada de fuego dejó ver mucho más de lo que debería, aun cuando su voz se mantuviera fría y calculada; y Naruto comenzó a entender algo que no había querido aceptar: Sasuke veía a Hinata, y no como miraba a los demás.

Porque sí, Naruto, durante esos tres años, había dejado pasar ciertas actitudes extrañas del Uchiha al ver que Hinata no prestaba atención.

- Eso no puedes saberlo.

- Lo sé.

Y Sasuke soltó la verdad.

Habló de sus intentos por conversar con ella para traerla de vuelta con el Uzumaki.

"Por favor, no continúe"

"Estás evitándome ¿es por Naruto?"

"No quiero estar relacionada con él, en lo posible."

Le comentó que tuvo una misión con ella y que descubrió como se sentía, de sus propios labios; como creía ser la su segunda opción.

"¿Y para mi, Uchiha-san? ¿es justo que el equipo siete se burle de mi?"

"No es así"

"Sí lo es, Naruto me tomó como su segunda opción, y cuando Sakura-san reveló sus sentimientos, me desechó. Y usted, que sabía de todo eso, me busca solo para que regrese con él."

Naruto se mantuvo en silencio, con la mirada en la mesa mientras escuchaba; rompiéndose con cada palabra de Sasuke. Sabiendo que Hinata guardaba mucho más de lo que decía y que eso solo era la punta del iceberg.

Que aquello solo había sido causado por él.

Y Sasuke continuó; porque si ella no decía las cosas, él sería su voz.

Le contó como ella se negaba a hablarle porque su presencia le traía recuerdos de él, y como sus inseguridades crecieron al punto de ni siquiera considerarse bonita; comparándose con Sakura, la mujer por la cual él la había cambiado.

"Y tal vez, si yo hubiese sido… si yo hubiese tenido ojos bonitos, o un cabello llamativo, o una personalidad fuerte…"

"Quizás, le hubiese gustado a alguien; quizás Naruto se hubiera volteado a mirarme como lo hacía con Sakura cuando jóvenes, o incluso, incluso…. incluso ahora yo…"

Naruto se sintió cada vez peor.

Porque había hecho todo mal; porque su error había gatillado dolor a la persona que amaba; porque no había medido las consecuencias reales de lo que había provocado.

Ni jamás le había tomado el peso a lo que ella sacrificado por él.

Se sintió un estúpido.

Un idiota por creer que ella siempre estaría para él.

Un maldito por haberla descuidado tanto.

Un imbécil por haberse dejado llevar por una obsesión infantil y haber roto el corazón de la única persona que lo había dado todo por él, sin pedirle nada.

Porque el sol, siempre creyó que la luna lo seguiría.

Y no supo, sino hasta que desapareció, lo mucho que la necesitaba.

Los ojos de Naruto volvieron a los de su amigo, con una expresión de derrota. Al fin comprendiendo que hay cosas que no tienen vuelta atrás.

Que a veces amar, significa dejar ir.

- Ya no la merezco – dijo en un susurro - ¿cierto?

Sasuke, seguro de que Naruto había entendido, se levantó de su puesto y caminó a la ventana. Hizo un pequeño gesto para que se acercara; porque merecía ver la realidad.

Y ahí, después de meses de espera, Naruto pudo ver a Hinata.

Aquel corazón roto que comenzaba a recuperarse.

- ¡Feliz Cumpleaños! – dijeron los cuatro al mismo tiempo.

Ella sonrió avergonzada pero emocionada y estiró sus brazos para ser abrazada, en un gesto infantil e íntimo con aquellos que ella confiaba.

Kiba fue el primero en tomar esos delgados brazos y rodearla con los suyos de forma efusiva, como él siempre era, y levantarla mientras sonreía, y ella reía.

El siguiente fue Shino, que, a pesar de lo que todos pensaran, era cariñoso. No levantó a Hinata del suelo, porque él no era Kiba, pero la acurrucó en un abrazo protector; y cuando se hubieron soltado, le entregó una pequeña bolsita con un par de aros con forma de bichito que Hinata adoró y se colocó inmediatamente.

La siguiente fue Hana, que venía con la torta y una gran sonrisa; así que Hinata tomó la torta, la dejó en la mesa y abrazó a la hermana del Inuzuka con quien muchas veces había compartido. La compañía femenina que muchas veces le faltaba.

Y, por último, él más nuevo del grupo: Shikamaru.

La abrazó con ternura y Hinata se dejó tomar por aquel hombre que había aprendido a conocer y en quien confiaba.

Ambos sonrieron.

- Feliz cumpleaños, bonita – le dijo en un susurro alegre que solo ella escuchó

Hinata, lejos de sonrojarse, sonrió de forma traviesa; con esa complicidad que habían logrado luego de meses de paciencia y compañía.

- Gracias, guapo.

Ambos rieron y él le entregó su regalo; un accesorio sutil y delicado para su cabello.

Corrió a un pequeño espejo y se lo colocó inmediatamente.

Porque ella era así, y esa era su forma de demostrar cuan agradecida estaba.

Shino observó toda la situación y sonrió tranquilo mientras se ubicaba al lado de su amiga; porque esta Hinata, era una versión mucho más recuperada que aquella que recibió esa fatídica noche, hace cuatro meses atrás.

Todavía faltaba mucho, pero esto era mejor, mucho mejor.

- Kiba – habló Hinata con curiosidad - ¿Dónde está Akamaru?

El Inuzuka miró a Shino con complicidad y sonrió mostrando sus colmillos; como si estuviera esperando aquella pregunta.

Abrió la puerta del departamento, otra vez, y por ella apareció su fiel y gigante amigo, cargando un pequeño cachorro en su hocico.

Hinata miro a Kiba, que solo sonreía, mientras Akamaru se acercaba a ella y dejaba en el suelo el animalito.

Miró con ternura la pequeña bola de pelos que obviamente no era un perro Inuzuka sino uno completamente normal; café, como el chocolate; con orejas caídas y grandes ojos castaños; con una apariencia que le asemejaba a una pequeña ovejita.

Y a Hinata le picaron las manos por acercarse y tocarlo.

- Hina – habló su amigo- ese es nuestro regalo.

Akamaru aulló con alegría mientras todos se acercaban a ver al pequeño animal.

Ella, inmediatamente se agachó y miró a Kiba, comprobando que lo que él decía era cierto.

- ¿De verdad es para mi?

Él asintió con sorpresa al ver la expresión de seriedad de su amiga.

Y una gran sonrisa apareció en el rostro de Hinata, que le iluminó la mirada como hace mucho tiempo no ocurría.

Sus brazos tomaron al pequeño animal, y lo acunó en sus brazos mientras lo acariciaba sin poder dejar de sonreír.

- ¿Como se llama? ¿es niño o niña?

Kiba se acercó y acaricio esa cabecita motuda y café.

- Es niña y debes ponerle nombre.

Ella miró el cachorro, emocionada ante la idea, y sus ojos brillaron al mirar a su pequeña perrita.

- Lili.

La mirada de Naruto, al ver aquella escena se entristeció aún más, porque hace solo un año atrás, era él quien celebraba con ella en su pequeña casita y ambos bailaban alegres antes de que llegaran los invitados. Jugaban, sonreían y se besaban mientras preparaban las cosas y era él quien podía abrazar aquella figura.

Suspiró con pesar, alivianando el nudo que comenzaba a formarse en su garganta.

Se alejó de la ventana, entendiendo lo que Sasuke había dicho.

Era hora de dejarla ir.

El sol, ahora solo tenía derecho a mirar la luna en el atardecer.

Sasuke lo siguió mientras él se acercaba a la puerta, respetando el silencio y dándole espacio. Porque sabía que debía ser fuerte haber visto como Hinata comenzaba a dejarlo atrás.

Incluso para él era difícil mirar aquellas escenas donde antes estaba incluido; para Naruto, debía ser peor.

Se detuvo antes de tomar la perilla de la puerta y apretó sus manos en un puño contenido.

Aún faltaba una conversación.

- La quieres ¿cierto?

Sasuke se quedó quieto al escuchar las palabras del rubio, impresionado de haber sido descubierto tan fácilmente.

Pero no estaba asustado. No estaba haciendo nada malo.

- Sí.

Fue completamente honesto, porque Naruto merecía su verdad y porque él no tenía intensiones de escondérselo. Esta era una conversación que tarde o temprano tendrían si él quería a la Hyuga.

Naruto apretó sus puños con frustración y en un rápido movimiento, le dio un golpe de puño en el rostro a Sasuke.

Y él no lo esquivó.

Porque lo merecía, porque él se había enamorado de la esposa de su mejor amigo, aunque fuera sin saberlo, mientras ellos estaban juntos. Y si ellos no hubiesen terminado, si Naruto no hubiese roto el corazón de Hinata, Sasuke se hubiese dado cuenta tarde o temprano de lo que sentía.

Así que recibió aquel golpe, porque aún cuando no hubiese hecho nada por separarlos, miró aquello que tenía prohibido; y si él fuera Naruto, haría lo mismo.

Se dejó golpear, porque esta era la forma en que ellos solucionaban sus cosas, la forma en que ambos podían perdonarse; y porque ahora, tenía la libertad de hacer lo que quisiera.

- Ella te…

- Ella ni siquiera me mira – cortó – solo tiene ojos para ti.

Naruto desvió la mirada y se alejó.

- Si te elige – continuó Naruto – No le rompas el corazón.

El rubio le dio una última mirada, con una pequeña sonrisa que no llegaría a sus ojos en un buen tiempo y se fue.

Probablemente estaría molesto por un par de días, y costaría un buen tiempo que lo aceptara, pero ambos ya habían solucionado sus problemas y eso no afectaría su amistad.

Ambos lo sabían.

Eran hermanos.

La nieve caía en las calles de Konoha, y la noche llegó.

La celebración terminó y Hinata salió, junto a la pequeña Lili en sus brazos y en vuelta en una bufanda, como ella.

Miró a su perrita con una sonrisa, porque ahora ya no estaría sola. Porque ahora había una criatura que dependía totalmente de ella; que compartiría sus momentos tristes y alegres; serían compañeras.

Porque ella se transformaría en el universo para su nueva familia y ese pensamiento le hizo feliz.

Sentirse necesitada, saber que podría entregarle amor y que se acompañarían en los días difíciles que vendrían le produjo una cálida sensación.

- Lili – le dijo mientras acariciaba su pequeño rostro y la dejaba a su altura – seremos felices.

- ¿no es una promesa demasiado seria para una mascota?

La voz de Sasuke se dejó oír a su lado y Hinata dio un pequeño saltito al escucharlo. No lo esperaba.

De hecho, su idea era salir y no encontrarse con nadie.

- No es una mascota – corrigió ella con seriedad – es mi compañera.

Él asintió con una leve sonrisa mientras le seguía el paso.

- ¿Te puedo acompañar?

Hinata volteó a mirarlo y Sasuke no pudo evitar reparar en que aún con lo arropada que se veía, ella lucía adorable.

- Voy a la farmacia – respondió – ¿está seguro?

Asintió.

Estaba seguro porque no importaba donde fuera hoy, solo quería acompañarla un rato; y que, en el futuro, ella también lo recordara en este día.

Un nuevo recuerdo, de él y de ella; sin Naruto.

Avanzaron en silencio, mientras la nieve caía; solo el ruido de sus pies quebrando el hielo interrumpía.

Y la agitada respiración de Hinata.

Sujetó firme a Lili en sus brazos, mientras resistía un poco más el dolor de su herida que había logrado disimular muy bien durante la tarde; quedaba muy poco para al fin descansar.

Sasuke lo notó, pero si ella no quería decir nada, él respetaría su silencio.

Luego de haber comprado todo lo que necesitaba, caminaron de vuelta en callados y si no fuera por su malestar, Hinata le hubiese preguntado porque realmente estaba ahí. No parecía que hubiese un asunto en particular que él quisiera tratar con ella.

El ritmo de aquella caminata se hacía cada vez más lento y dificultoso, y Sasuke se preocupaba más y más de aquel silencio pesado.

Llegaron a la puerta de su edificio y cuando ella se giró para despedirse y él supo que esta era la última oportunidad.

- Hinata ¿estás bien?

Ella asintió, pero sus ojos y su expresión no decían lo mismo; parecía afiebrada y adolorida.

Se despidió, y giró para comenzar a subir las escaleras y perderse en la oscuridad del pasillo, cuando perdió el equilibrio, agotada y se sostuvo de la pared.

- No estás bien – habló el Uchiha y ella cerró los ojos de frustración y vergüenza.

- Puedo sola.

- No. No puedes.

Sin que ella pudiera hacer algo, pasó su mano por sobre su hombro y la tomó con firmeza para ayudarle a subir.

Llegaron a su departamento y le ayudó recostarse en el sillón, le quitó a Lili de sus brazos y la dejó en el suelo, para luego hincarse a su altura.

- Cuéntame.

Hinata desvió su mirada, con un silencio obstinado mientras su mano hacía presión en su herida y la cabeza comenzaba a sentirse ligera.

Aun así, no quería hablar, porque eso sería aceptar que era débil. Que la habían herido en una simple misión por estar fuera de forma.

Sasuke, se sentó en el suelo, dándole la espalda y apoyando se en el sillón; entregándole un poco de privacidad, pero indicando claramente que no se iría sin una respuesta.

Hinata era terca cuando quería y él también podía hacerlo.

Y en el silencio, otro recuerdo llegó al él, aclarándole el panorama.

Estaba en una misión con Naruto, cuando este recién se había casado y volvían a Konoha; Naruto sonreía y lo invitó a cenar a su casa. Caminaron con tranquilidad, y mientras conversaban, pasaron por una tienda de plantas e ingresaron; Naruto buscó un libro y compró un par se semillas. Y la curiosidad le ganó a Sasuke.

Naruto, alegre como siempre, le comentó que habían decidido que Hinata dejaría de hacer tantas misiones para que pudiera dedicarse a estudiar plantas medicinales y hacer medicamentos; aquello era su pasión. Y él se dedicaría a la vida de ninja para ser Hokage; al fin y al cabo, Hinata solo se había dedicado a esa profesión por su familia.

Sasuke suspiró apesumbrado, porque esa era la razón por la que ella estaba así ahora.

Había tenido que volver a esa vida que no le gustaba, y dejar lo que realmente quería hacer.

- Es normal que estés así – comenzó – no tuviste muchas misiones en años.

Hinata se removió incómoda y no dijo nada.

Y él se mantuvo ahí, en silencio, acompañándola.

Cerró los ojos, aceptando esa realidad que no quería pero que era lo único que podía hacer para mantenerse. Y se resignó.

Y abrió un poco su corazón.

- Supongo que – comenzó – es el precio por dejarme estar.

Él se giró para verla y se encontró con que ella lo miraba; que sus ojos estaban en él y estaban tranquilos.

- Y por dejar a Naruto – continuó.

Quiso decir algo, pero Hinata no lo dejó; en su lugar, sonrió con tranquilidad y se incorporó con dificultad. Porque ella había decidido que era hora de recordar e intentar que no hubiese dolor en aquello, porque serían cosas que la acompañarían por el resto de su vida.

Luego de haberse tomado la medicina para el dolor y cambiado sus vendajes, Hinata apareció desde su dormitorio más compuesta y encontró a Sasuke mirando con curiosidad a Lili que dormía en unas mantas.

La escena le causó ternura, y una pequeña sonrisa apareció en sus labios la ver que esta era la primera vez que él estaba con ella celebrando su cumpleaños sin la presencia de alguien más.

Esto, ahora sería parte de su nueva vida.

- Sasuke – llamó, deliberadamente utilizando su nombre - ¿celebramos mi cumpleaños? Aún me queda pastel.

Él la miró con sorpresa, curioso por su cambio de ánimo y la disposición que estaba mostrando con él. Y entonces lo notó: Hinata lo había llamado por su nombre.

No más Uchiha-san.

No más distancias.

Y sonrió.

Se sentaron a la mesa con una conversación simple mientras él le preguntaba por su misión y la celebración; y ella preguntaba por su día y como se sentía.

Comieron tranquilos, como en aquellos recuerdos que él tenía con ella, en ese ambiente cálido que siempre los rodeo cuando compartían y Sasuke supo, que al fin estaba armando su propia realidad.

Su propio universo con ella. Y que Hinata lo estaba dejando entrar.

En medio de la conversación, Sasuke sacó su regalo y se lo entregó, porque él no lo había olvidado.

- Es hermoso – dijo ella.

Sus dedos recorrieron el prendedor de plata con forma de flor, admirando el fino detalle artesanal de la joya, y sonriendo al notar que era una de sus favoritas.

- Tú eres así – respondió – y me pareció adecuado para ti.

Él la miró algo avergonzado de su forma de decirle que ella era hermosa, consciente que Hinata se había dado cuenta, y muy poco arrepentido de haberlo dicho.

Y no se cansaría de decirlo, si eso era necesario. Aún cuando sonara fuera de lugar, ni poco propio de él. Porque si esa verdad alegraba su día, y si eso lograba que ella volviera su mirada a la noche, entonces no se detendría.

Ella se sonrojó, pero sonrió con tranquilidad.

Sin saber que aquellas simples palabras, aquel regalo, escondían mucho más que un deseo de compañía y amistad.

Sin saber que ella ya era querida y que había alguien que esperaba, paciente, por ella. Por el día en que su corazón soltara a Naruto.

- Gracias Sasuke – respondió – por estar aquí, hoy.

Esta ves, la noche perseguiría a la Luna, de la misma forma en que ella buscó al sol.

La mañana siguiente llegó.

Despertó un poco mejor, y con Lili durmiendo a su lado; ambas aprovechando el calor de las frazadas.

Sonrió y divertida, pensó en que Kiba, definitivamente, le había hecho el mejor regalo de todos: una compañera.

Se vistió y mientras jugaba con su pequeña perrita y preparaba el desayuno, llamaron a la puerta.

Distraídamente abrió, probablemente eran sus amigos, y la sorpresa fue grande al encontrarse con alguien inesperado.

- ¿Hanabi?