Alastor nunca usaría un disfraz, a no ser que la situación lo amerite. O que también, no fuese risible. Sin embargo... Charlie siempre tiene planes contrarios a los suyos.
Es por eso que ella captó su atención en primera instancia.
Y también, es por eso que, no pudo evitar arquear una ceja y profundizar más su sonrisa ante su pedido y sobre todo, ante las ropas que ella le estaba mostrando.
— Así que, ¿Quieres que me ponga este traje de mayordomo, querida?
Charlie asintió, efusiva, mostrando una gran sonrisa.
— ¿...Y qué pretendes que haga vestido así? (¿Qué es lo que quieres?)
Y la sonrisa de Charlie vacila un momento, picando más la curiosidad del pelirrojo. Pues, no cree que Charlie quiera vestirlo de mayordomo para atraer la atención a aquellos pecadores para su —absurdo— proyecto.
Hay una intención oculta ahí.
— ¿Querida?
Charlotte se muerde el labio con nerviosismo mientras sus ojos comienzan a relucir la culpa. Y aunque Alastor se esté haciendo la idea de lo que ella planeaba hacer, quiere escucharlo de su boca.
Y no tiene que presionar, pues ella, abochornada, comienza a confesar.
— Y-Yo, quería intentar un juego de rol... — y cuando ella está por proferir más palabras en una torpe disculpa, él posa un dedo en sus labios, silenciándola.
Y con una sonrisa, dice —: Podemos intentarlo. Siempre y cuando, estemos en igualdad de condiciones, My Charming Demon Bell.
No era fanático de lo que él juego de rol implicaba, pero, siempre estaría interesado en las reacciones interesantes que la heredera del averno podía ofrecerle.
— ¿E-Estás seguro, Alastor? — ella de verdad lo deseaba, pero si su colega (pareja) no quería, no volvería a insistir.
Sin embargo, Alastor sólo le sonrió.
De que ambos se divirtieron, lo hicieron. Pero eso, es otra historia.
