VI

Draco abrió sus ojos al sentir los tenues rayos de luz bañando su rostro, talló sus párpados y terminó por abrirlos, observando las delgadas telas de seda que decoraban su cama estilo victoriano. Normalmente mantenía las cortinas cubriendo la ventana —sinceramente, no era bueno que lo primero que viera al despertar fuera un calamar gigante rondando el cuarto—, pero por alguna razón, ahora estaba abierta; podía ver el agua turbia, algas y cosas extrañas —de las que no quiere saber— nadando por fuera del cristal.

Estiró sus brazos hacia arriba para destensar los músculos de su espalda y respiró hondo; al menos todo lo que vivió el día de ayer había quedado relegado como un recuerdo de un día intenso. Un momento creado por su tan fantasiosa mente.

Un sueño.

—Buenos días, Draco.

Escuchar la voz de Harry tan temprano era un ataque cardiaco directo, casi un infarto. Su respiración se aceleró de forma evidente, abrió completamente sus ojos y cuando volteó a verlo, se percató de que el otro no tenía lentes puestos, llegaron a él todos los recuerdos del día anterior; como conocer a ese Harry decía que llegó de otro mundo y por consecuente, como fue obligado a compartir su habitación con él.

Y, sobre todo, como se sintió ser besado por aquellos delgados labios con los que había fantaseado gran parte de su estancia en el colegio. Tal vez desde quinto grado, cuando era parte de la brigada inquisidora y se dedicaba a buscar cualquier pretexto para fastidiar a Harry mucho más de lo que lo hacía.

O podría, ser incluso desde antes, pero aquello no lo reconocería nunca.

Quiso recordar qué pasó después del beso que compartieron, pero sacudió su cabeza para mejor negar la imagen que aparecía en su mente; de sólo evocar un poco los sucesos de la noche anterior, sintió de nuevo el calor de sus labios por el ferviente contacto; era suficiente para evadir la insistente mirada del otro. Intentó reprimir el ligero temblor de su boca y el sonrojo en su rostro al mirar hacia la ventana, esperando, ahora sí, ver un monstruo marino que le espantara.

—¿No tenías que ir con McGonagall a primera hora? —Draco quería evitar lo mayormente posible mantener contacto con ese Harry. Le movía demasiadas cosas por dentro como para hacer visible la debilidad que sentía al tenerle cerca.

Al menos por el simple hecho de ser idéntico al Harry Potter de su mundo —exceptuando los lentes y el peinado—.

—Lo hice. Tuve que explicarle nuevamente lo que sucedió para que ella pudiera anotarlo en un pergamino y guardarlo bajo llave —respondió colocándose el uniforme de Slytherin—. Por cierto, tú y Granger tendrán que ayudarme a investigar en libros de aquí y muggles que pueda conseguir, todo lo referente a las dimensiones. Yo podré dar algunos nombres por supuesto, pero en realidad no revisé mucho de ello…

—¿Y por qué he de ayudarte? —Preguntó nuevamente, sintiendo en ese momento el surgimiento de la molestia inicial.

—Porque dice que tú y Granger son los estudiantes más inteligentes de la generación.

Bueno, eso sonaba a un buen cumplido y alimentó su ego unos instantes. Sabía que era uno de los más destacables, pero que McGonagall reconociera su talento y lo pusiera a la par de un cerebro come libros como Hermione Granger —y claro, Gryffindor como lo era la casa favorita de la directora—, era muy destacable.

—Bien, te ayudaré. —Draco, por primera vez en la mañana, fijó su mirada hacia Harry y vio como el otro casi saltaba de alegría—. Mientras más rápido te vayas, más pronto tendré nuevamente la habitación para mí solo.

—Qué cruel —dijo Harry, y aunque hizo un acto de drama llevando su mano derecha al corazón, siguió sonriendo—. Como sea, esto nos mantendrá mucho tiempo juntos y eso es suficiente para mí.

—Y antes de hacerlo, tengo una condición. —Draco alzó su mano, intentando colocar una barrera entre ellos—. No me interesa saber qué tramas, pero lo de ayer nunca sucedió, ¿de acuerdo? Y sabes a qué me refiero.

Harry permaneció cerca de él, y aunque seguía con una sonrisa en el rostro, el brillo en sus ojos se desvaneció por completo, dejando a su paso una inusual y fría tranquilidad que en nada tenía punto de comparación con los ojos verdes de su mundo que brillaban con fulgor ante todo reto, o incluso, al solo comer dulces de Honeyducks.

Si, él también cogió el hábito de observar a Harry. Desde hace muchos años.

—Entendido y anotado —contestó Harry después de unos breves momentos, y regresó nuevamente ese brillo esmeralda. Caminó a su armario y sacó una de las capas de Slytherin que le había hecho McGonagall la noche anterior—. Anda, vístete. Si nos damos prisa, podremos llegar a la tercera clase.

—Bien —dijo, aunque muy rápido su rostro cambió al entender lo que dijo el otro— ¿Tercera? ¿Qué hora es? —Preguntó Draco con terror en su voz y arrojó el conjuro tempus frente a él con su varita.

—Cerca de las diez. —Harry continuó metiendo cosas a un pequeño portafolio que tenía para sus clases, pero seguía mirándolo.

Con esa mueca petulante en su rostro. Una que, por cierto, le estaba provocando un sonrojo.

—¡Idiota, yo nunca he faltado a ninguna clase! ¿Por qué no me despertaste?

—Quería dejarte descansar más —respondió alzando los hombros, como si fuera lo más obvio del mundo—. Sé que con eso te recuperas pronto de tus jaquecas.

Draco no pudo responder nada, y en su lugar, se levantó a tropezones de su cama y cogió el primer cambio de ropa que encontró en su armario, caminó al baño y cerró la puerta con fuerza.

Se sentía consternado, porque sí, aquello era algo que sí hacía para aliviar sus dolores de cabeza, no eran cosas que salían en una plática entre amigos o que compartía con cualquiera; era más bien un ritual de sanación, pues antes de dormir, solía comer las frituras que le arrojó Harry a su cama en la noche que él diligente comió sin chistar y, además, era usual que durmiera un par de horas extra para que el malestar desapareciera por completo, y así volver a ser el mismo cretino que todos aman.

Y la única forma de saberlo, es haberlo visto. Nadie sabía esos pequeños detalles sobre él que el Harry del otro mundo conocía tan bien; no sabía cómo sentirse al respecto, algo parecido al cariño surgió por debajo de la molestia que sentía, incluso la comprensión y lástima, pues recordó vagamente su reacción cuando el idiota de Weasley le preguntó por el Draco de su mundo y como algo muy similar al deseo de sangre brotaba de su magia.

Era mejor no preguntar. Y dejar de pensar en lo que ese Harry le provocaba.

Suficiente tenía con lo que sentía por el Harry de su mundo.

—Te esperaré para llegar tarde, así nos regañan a los dos juntos.

Eso sonaba mucho a problemas.

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N/A: ¡Feliz año 2021! Chicos, me hace mucha ilusión traerles este capítulo, pues entre todas estas fechas (que son caóticas en el buen sentido), no pude postearlo antes. Peeeero, si tengo tiempo, espero traerles muy pronto el siguiente *corazón* Mil gracias por todos los comentarios, los votos, los favoritos... me los llevo al corazón.

Y si les gusta la ship, aprovecho el espacio informativo para que lean el one shot que subí para año nuevo donde hay mucha obscenidad.

Besitos de café.