Los personajes no me pertenecen exclusivamente a sus creadores Nagita e Igarashi mundo alterno época actual contenido adulto queda advertido.
Empieza la travesía.
Habían pasado varios días, y Candy se sentía con el corazón a explotar de amor. Sí, se había enamorado de este ser terrenal y no lo había podido evitar. Con Archie había sido diferente. Había sido un amor infantil, de adolecentes. Con Albert era sublime, si podía describirlo de alguna manera. Estos días de convivencia ambos se habían hecho muy cercanos y disfrutaban de su cercanía. Descubrió que era un hombre sencillo y le gustaba disfrutar de la naturaleza. Además, que era un hombre con valores, caballeroso y respetuoso. Ayudaba en la aldea y a las hadas más pequeñas les narraba historias de caballeros y guerreros de las high Lands. Y todas estaban encantadas.
El plan se había puesto en pausa, hasta que el invierno hiciera su aparición. Llegado el invierno era el momento de encontrar al hada de hielo. Y mientras tanto, Albert pasaba excelentes días con ellas. Pero, el plan era buscar al hada de fuego antes. Debían lograr llegar a ella antes de que se congelé todo. Ya estaba decidido y a dos días de partir en esa travesía y quizás la última. Debían viajar al aérea volcánica, ahí era el Reino de fuego. Y donde podían encontrarla. Cuando Candy le explicó todo respecto a esa opción. Albert de inmediato decidió que el mejor camino era apoderarse de ese talismán. No solo rompía el encantamiento si no que también podía dar muerte a la culpable de su desgracia. Albert se sentía esperanzado y deseaba con el corazón recobrar a su hermana, aún si él debía dar su vida por la de ella. Jamás iba a superar el hecho de que por culpa de esas hadas malas. Su familia se había visto destruida.
Ahora sólo debía esperar unos días para poner en marcha el plan.
Al pasar de los días Albert se sentía cada vez más atraído por Candy. Veía como la respetaban todas y lo que más le gustaba de ella, era su sencillez, a todas las trataba como su igual, no era arrogante. Si no todo lo contrario. Pese que era la mandamás de todas ellas.
Albert jamás podría olvidar el día que le vio en la poza de la cascada. Albert quería darse un baño y caminó hacia la cascada. Sin imaginar que Candy pensaba hacer lo mismo. Se detuvo en seco cuando de lejos le miró, cuando Candy se estaba despojando de sus ropas. Verla desnuda sobrepasó sus límites de excitación. Candy lucia un hermoso cuerpo escultural y bien proporcionado. Sus piernas y glúteos bien definidos y una cintura estrecha, sus senos llenos le hicieron que su boca se hiciera agua. Deseaba besarlos y saborearlos. Albert sabía que hacía mal en estar mirando en secreto. Pero, no podía evitarlo. Su miembro envarado por el deseo. Moría por correr hacía ella y recostarla en la hierba... Deseaba hundir su hombría en ella y tomarla hasta quedar desfallecido de cansancio. Le vio descender lentamente en esa agua cristalina y sin perder detalle observó como esa hermosa piel blanca se tornaba rosada por el efecto del calor del agua. Le vio nadar desnuda boca arriba y su respiración se agitó aceleradamente al ver como esos senos redondos, que flotaban a la superficie y deseaba con toda su alma lamerlos hasta el saciamiento. Albert quería volverse loco de deseo. Jamás había sentido tal atracción por una mujer. Aunque tuvo novias pasajeras. Ninguna se comparaba con esta perfecta mujer. Para él, no era prioridad liarse en alguna relación... después de la desaparición de su hermana, no podía hacer su vida como si nada. Por eso no se permitió enamorarse. Pero, con Candy... era inevitable. No sabía lo que sentía por ella. No encontraba la palabra correcta para definir sus sentimientos. Pero, de algo estaba seguro. La deseaba con locura y deseaba acariciar ese hermoso cuerpo, besar sus labios. Deseaba hacerla su mujer.
–Albert, Albert... –¿te sucede algo?– Daysi y Luisa lo sacaron de esos pensamientos.
–Hola pequeñas... –Estoy bien– contestó Albert tratando de ocultar su excitación.
—Albert ven con nosotras y cuéntanos un cuento de los caballeros de la mesa redonda, por favo—le decían ambas y lo jalaban hacía donde estaban todas las demás hadas pequeñas. Candy miraba con ternura la escena.
– Candy, te gusta...– ¿verdad?–le preguntó Annie puesto que para ella no había pasado desapercibido esa conexión que tenían. Candy se quedó muda no sabía que contestarles
–Candy, a nosotras no nos puedes engañar...– te conocemos desde siempre. Pero, sabes que es imposible una relación con los seres terrenales. Bien sabes lo que nos sucede cuando nos involucramos con ellos– Candy lo sabía y tarde lo había entendido. Al enamorarse de Archie estuvo a punto de morir. En ese entonces no lo sabía pero el amor las debilitaba, perdían energía. Pero, ahora no podía darse el lujo de enamorarse sería su fin. Aunque, ya era demasiado tarde.
—Chicas lo se perfectamente, sólo lo ayudaré a encontrar a su hermana y ambos regresarán a su mundo y como si nada hubiese pasado—dijo Candy intentando convencerlas. Pero Annie y Paty sabían que su querida amiga y líder ya había caído rendida ante este hermoso hombre y no la culpaban era todo un sueño.
—Candy... —nosotras te respaldaremos, se avecina otra batalla a muerte. Pero, debemos enfrentar a Eliza. Cada vez es más peligrosa. Pero, ahora nosotras somos más fuertes y debemos parar su maldad—cambió de tema Paty.
—Estoy de acuerdo con Paty. Debemos terminar lo que se quedó pendiente. Jamás le perdonare a Eliza, que me haya arrebatado a mi madre y hermanas. Y aunque tenemos una tregua lo cierto es que Eliza continúa destrozando almas—completó Annie con odio, al recordar con lágrimas la muerte de sus seres queridos. Paty y Annie eran amigas y aliadas de Candy. Paty era la líder del Reino del verano y Annie del Reino de la primavera. Ambos reinos se habían aliado con el Reino del otoño. Así que, si se llevaba a cabo otra guerra ellas apoyarían a Candy.
Candy entendia perfectamente su odio y tristeza. Candy había perdido a su hermana, a su madre y abuela, en esa guerra que jamás tuvo explicación.
—Debemos estar preparadas, mientras Laird William y yo vamos en busca del Talismán. Necesito que ustedes, reúnan a todas las hadas que desean pelear en contra de las hadas malvadas...—confío en ustedes, deberán convencerles—Tenemos menos de un mes para que termine el año viejo. Así que no podemos perder el tiempo. No permitiremos que se inicie otro ciclo más. Además, recuerden que tiene aliadas fuertes. Ésta batalla será épica, pero debemos ganarla—concluyó Candy firme y valiente. Annie y Paty asintieron.
Albert y Candy, partieron a tierras volcánicas en busca de la hada de fuego. Llevaban provisiones para no perecer en el intento. No sólo estaba el hecho de enfrentar al hada de fuego. Si no que, en el camino debían enfrentar algunos peligros. Después de un largo recorrido y dejé atrás la aldea y hermosos paisajes. Habían acampado. En un hermoso sendero y se sentía tranquilo y acogedor por lo que podía apreciar. El lugar eran rodeado por pinos de todos tamaños y su olor fresco se extendía por todo el lugar. Estaba por anochecer y Albert había encendido una fogata, mientras Candy acomodaba los aposentos para poder pasar la noche. De repente y sin esperar, fueron atacados por unos diminutos hombrecitos que querían apoderarse de sus alimentos. Aunque no eran una gran amenaza si les hicieron ver su suerte. Albert no veía lo duro si no lo tupido. Se le pegaban como lapas y todos estos gnomos le atacaban sin piedad, emitían horrendos chillidos, que lograron desesperar al pobre de Albert, que batallaba como con diez pequeñines, que le golpeaban sin descanso. mientras Candy volaba y arrojaba varios polvos mágicos que cayeron como si fuese una lluvia mágica y así logrando dormirles. Al caer todos estos enanitos, Albert pudo apreciarlos. Eran unos pequeños hombrecitos vestidos con pantaloncillos cortos y medias portaban unos zapatos de madera y enormes sombreros. Todos tenían barbas enormes. Algunos la tenían encanecidas y otros oscuras. Albert se sentía agotado y dolorido. De repente desaparecieron del lugar. Albert encontró todo esto increíble. Miró de inmediato a Candy., Estaba sana y salva.
–Te has tardado demasiado, ¿No crees?– expresó exhausto Albert, mientras se sacudia sus ropas.
–¿No podías con esas pequeñas criaturas?–contestó Candy divertida. Albert bufó molesto, pero al final sólo rompieron en risas. Albert le miraba bajo las llamas de la fogata y siempre lo dejaba sin aliento.
–¿sabes? Te ves tremendamente hermosa– Candy paró de reír y sorprendida le miró, ambos perdieron en esa mirada atrayente.
–Debemos dormir y...– descansar bien, el camino es largo y todavía tenemos que cruzar el sendero de los trolls y con suerte quizás pasemos desapercibidos ante ellos– cambio de tema rápidamente Candy. Si no lo hacía se lanzaría a él y lo besaría sin pudor alguno. Esta atracción era demasiado fuerte. Albert asintió, evitó hablar... porque si decía algo saldría... un jadeo de excitación. Su deseo le sobrepasaba. Así que se recosto en la hierba y se cubrió con su manta del kilt e intentó conciliar el sueño. Candy hizo lo mismo y ambos se perdieron en los brazos de Morfeo.
Continuará
Chicas buenas tardes noches aquí le dejo actualización. Este par no tarda en caer. La atracción se puede cortar en cualquier momento. Espero sus comentarios como siempre y agradezco su tiempo que emplean para leerme. Besos a todas...
