Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente de la maravillosa Victoria Vílchez, yo solo hago la adaptación. Pueden encontrar disponible la saga "Antes de que… " de venta en línea (Amazon principalmente) o librerías. Todos mis medios de contacto (Facebook y antigua cuenta de Wattpad) se encuentran en mi perfil.
¿Qué hace uno el día en el que tiene planeado pedirle matrimonio a la chica a la que ama? Pues estar jodidamente nervioso, entre otras cosas. La mañana del sábado se convirtió en un infierno. Apenas dormí la noche anterior. Bella no se había quedado en casa, ya que tenía su habitual noche de amigas y María, Rosalie, Esme y ella habían salido a cenar y a tomar algo.
Poco antes de que amaneciera, yo ya estaba preparado para salir a correr un rato e intentar distraerme un poco. Ni que decir tiene que no sirvió de mucho. A pesar de que creía que la respuesta de Bella a mi proposición iba a ser afirmativa, las dudas que me había planteado dos días antes no contribuyeron a mantener la escasa serenidad de la gozaba en aquellos días. ¿Estaría Bella segura acerca de lo nuestro?
Apreté el paso y, más que trotar por el parque, parecía que estaba corriendo los cien metros lisos. Aun así, mi mente continuó dándole vueltas y más vueltas al asunto. El resultado fue que acabé acudiendo a casa Jasper para ver si este me daba algo de tranquilidad.
—Vaya cara que tienes —soltó nada más abrirme la puerta. Se frotó los ojos y se hizo a un lado para dejarme entrar.
—¿María y Rosalie?
—Durmiendo —respondió, sin reprimir un bostezo—. Que es lo que estaría haciendo yo si no me hubieras despertado. No te estarás arrepintiendo, ¿no?
En realidad, echarme atrás no era algo que me hubiera pasado por la cabeza en ningún momento. Si algo tenía claro, era que valía la pena intentar cualquier cosa que me uniera más Bella. Y aunque sabía que un matrimonio no garantizaba la felicidad, yo era consciente de que quería estar en la bueno y en lo malo para ella. Lo de hasta que la muerte nos separe siempre me había sonado algo tétrico. Antes de eso, nos quedaban muchas experiencias por vivir, lugares que visitar... tal vez tener un niño o dos...
«Un momento, ¿por qué estoy pensando en tener hijos?», me planteé, al darme cuenta del rumbo que tomaban mis pensamientos.
—Te has puesto pálido, tío —señaló Jasper. Estaba seguro de que se lo estaba pasando de miedo con todo este lío.
—Tráeme un vaso de agua.
Jasper miró alrededor, como si no supiera que hablaba con él. Puse los ojos en blanco.
—¿Me ves pinta de camarero? Mueve el culo y sírvete tú mismo.
Opté por no discutir con él y me dirigí a la cocina.
—No sé cómo María te aguanta y, por cierto, eres camarero —comenté, solo para fastidiarle.
—Yo tampoco. Por cierto —recalcó—, tú también lo eres.
Tuve que reírme. Él acabó acompañándome, y eso era algo que antes no hacía a menudo. Estar con María era, desde luego, el mejor momento de Jasper.
—Me aguanta por la misma razón que Bella va a decirte que sí —comentó cuando nuestras risas se apagaron—. No voy a ponerme en plan cursi, así que lárgate a tu casa a prepararlo todo para que yo pueda meterme en la cama con mi chica, que es un plan mucho más agradable que estar aquí contigo.
No me moví del sitio.
—Yo también te quiero, Jasper.
—Ah, lo sé, lo sé —se jactó, sonriendo—, todos lo hacen.
Aproveché que estaba aún medio dormido y que parecía de tan buen humor para soltar la bomba:
—Por eso vas a llevar a Bella hasta el altar.
La afirmación lo hizo despertarse de golpe. Se me escapó una carcajada al ver la expresión horrorizada de su rostro.
«Dónde las dan, las toman», pensé para mí.
—¿Que yo qué?
Suspiré, armándome de paciencia.
—Bella no tiene quién ejerza de padrino. Tú eres mi mejor amigo y sé que Bella te adora —Jasper alzó una ceja—. Te adora —insistí—, y lo sabes.
—Teniendo en cuenta que es probable que se case contigo, no creo que su criterio sea el más acertado —se burló.
Tomé una silla y la coloqué frente a él, que se había acomodado en el sillón.
—Hablo en serio, Jasper, necesito que hagas esto por mí.
Permaneció en silencio, mirándome, con el rostro inexpresivo. Era consciente de que sus reticencias no eran debidas a que no nos apreciara a Bella y a mí. Odiaba la excesiva atención sobre su persona, incluso cuando le tocaba bailar en el Level, cumplía porque no le quedaba más remedio. No disfrutaba con el grupito de chicas que babeaba por él y le ponía ojitos desde el otro lado de la barra.
Dudó unos instantes.
—Lo pensaré, pero no creas ni por un segundo que voy a ponerme un esmoquin o un chaqué.
Hice un esfuerzo para no reírme al imaginarme a mi amigo vestido de pingüino. No es que no tuviera planta para ello, era que no le pegaba en absoluto.
—No será necesario. Si Bella acepta lo que tengo pensado, la boda no se celebrará en una iglesia —confesé, con la esperanza de que eso ayudara a convencerlo.
Se frotó una vez más los ojos y decidí que sería mejor no presionarlo y dejarlo regresar a la cama. Estaba seguro de que, en cuanto María estuviera al tanto, me echaría una mano.
—Vete a dormir, anda.
Me puse en pie y me dirigí a la puerta. Jasper me imitó.
—Por cierto, hueles de puta pena —señaló, mientras la atravesaba y salía al descansillo—. Asegúrate de darte una buena ducha antes de proponerle nada a Bella o dudo mucho que considere el acercarse a ti siquiera.
Sonreí y le di una palmada amistosa en el hombro. Ese era mi siguiente destino: la ducha. Luego solo me restaría esperar a que las horas pasaran lo más rápido posible y llegara el momento de preguntarle a mi novia si quería convertirse en mi esposa.
ESOOOOOOO, y este Jasper me encanta. Y pues sí, esta vez le cambie un poco y puse como su pareja a María.
—Ariam. R.
