Invaluable
-8-
«Hinata»
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Me había quedado dormida en el medio del estudio de las obras de Edgar Allan Poe para una asignación de inglés cuando me desperté bruscamente en medio de la noche por un leve golpe, como si alguien estuviera golpeando apenas la puerta de mi recámara... oh, mi ventana.
Bostezando, me bajé la camisa que de alguna manera se agrupó hasta la mitad de mi torso, y luego me esforcé en levantarme para poder arrastrarme hasta el otro lado de la cama y mirar por el panel de vidrio.
En lugar de citar, "nunca más", el bombón de cabello rubio de pie justo afuera de mi dormitorio señaló al pestillo que lo mantenía fuera y pronunció las palabras—: Déjame entrar.
Suspiré y puse mis ojos en blanco. Qué demandante era. Uno pensaría que un simple por favor lo mataría.
A medida que me puse manos a la obra, para dejarlo entrar, me di cuenta de que eran más de las dos de la mañana. Debió haber venido hasta aquí directamente desde el bar después de que saliera del trabajo.
Mi irritación por haberme despertado de mi sueño se murió. No era raro que Naruto apareciera en mi ventana, pero nunca apareció tan tarde. Así que tan pronto como me las arreglé para abrir de la ventana, le pregunté—: ¿Qué pasa?
Unos ojos azules giraron con una emoción que no pude leer cuando dijo—: Mira afuera.
Me salí del camino al tiempo que él agarraba los lados de la ventana y se lanzaba al interior. Aterrizó con tanta gracia como un gato en mi cama, luego se volvió de espaldas a mí para que pudiera cerrar la ventana.
Los músculos de sus hombros parecían tensos; quería alcanzarlos y tocarlos, para deshacer lo que fuera que le molestaba.
—¿Naruto?
Suspiró y dejó caer su cabeza, luego se ocupó de sacarse los zapatos y de sacarse la sudadera con capucha negra del Club Shinobi's por encima de la cabeza hasta que usaba nada más que una camisa de vestir de Superman, vaqueros azules y medias blancas. Mientras arrojaba la sudadera sobre el asiento de la silla de ruedas que se encontraba vacía al lado de la cama, por fin me dio su atención.
Parpadeando como si estuviera sobresaltado, dijo—: Todavía tienes puesta tu ropa.
Hice un gesto al libro de texto, al bloc de notas, y al ordenador portátil, repartidos por todo el colchón entre nosotros.
—Me quedé dormida estudiando.
Con una sonrisa afectuosa, negó con su cabeza.
—Qué nerd. Probablemente, si pudieras, estudiarías mientras duermes.
—No lo haría. Ahora dime qué ocurre.
Su sonrisa murió, y se aclaró la garganta cuando se ocupaba de recoger mis libros de texto y mis cuadernos de notas antes de meterlos en mi bolsa de libros por mí.
—Sí, así que... oí acerca de tu cita.
Me tomó por sorpresa. Parpadeé con sorpresa y abrí la boca para preguntar cómo se enteró cuando adiviné la respuesta.
—¿Tokuma?
Asintió mientras deslizaba la bolsa de libros a un lado de mi cama y hacia el suelo, luego se acercó con un brillo más serio en su mirada.
—¿Por qué no me lo dijiste?
Negué con mi cabeza, frunciendo el ceño.
—Yo... no sabía que tenía que hacerlo.
Dejando salir una risa aguda, echó un vistazo alrededor de la habitación antes de volver su atención a mí.
—Me cuentas todo, Hinata. Una mejor pregunta sería por qué no me lo contarías.
—Tú no me cuentas nada de ninguna de tus citas —repliqué, sintiéndome incómoda y preguntándome por qué no le dije. Simplemente no había sentido como si fuera lo correcto.
—Eso no es lo mismo —espetó.
Entrecerrando los ojos, incliné mi cabeza. De verdad parecía enojado de que no hubiera corrido hacia él tan pronto como Utakata me preguntó qué iba a hacer este fin de semana.
—¿En serio? —exigí saber—. ¿Cómo es que es diferente? ¿Porque soy una chica? ¿Una minusválida? ¿Demasiado fea para que la inviten a salir?
—¿Qué? —Boquiabierto como si hubiera perdido la cabeza por sugerir tal cosa, negó con su cabeza—. No, porque nunca has estado en una cita en tu vida.
Gracias, quería murmurar. Trae ese hecho a colación, ¿por qué no? Hinata, la virgen de las citas de veintidós años, o simplemente llanamente virgen del todo, era patética. Lo entendí.
Salvo que Naruto siguió despotricando.
—Supongo que esto es importante para ti. Para mí, salir es como cualquier viernes por la noche. Así que, de nuevo, ¿por qué no me contaste algo tan significativo para ti?
Cada viernes por la noche, ¿eh? Mmm, no tenía ni idea de la frecuencia con la que salía con chicas. Nunca me contaba de sus hazañas; tenía que oír hablar de ellas por los pasillos. Solamente sabía que andaba por ahí. Frecuentemente. Lo que podría ser una de las razones por las que no le mencióné a Utakata. Si se suponía que éramos los mejores amigos que se decían todos nuestros más profundos y oscuros secretos, entonces ¿por qué nunca me mencionó ninguna de susconexiones?
Hería mis sentimientos que no pudiera confiar en mí con eso, así que de acuerdo, había sido un poco presumida y rencorosa cuando Utakata me invitó a salir. Al final tuve algo que ocultarle a Naruto.
Además, también existía la preocupación de que Naruto podría...
—¡Voy a matarlo!
Sí, eso.
—¿Qué? —Negué con mi cabeza, pasmada de que ya hubiera alcanzado el punto de vileza—. ¿Por qué?
—Porque estuviste obligada y decidida a ocultármelo por una razón, tal vez porque el tipo es un idiota y necesita una patada en el culo. Así que se lo voy a patear.
Sí, ahí estaba mi salvador sobreprotector. Como de costumbre. Excepto que esta noche eso no me llenó de las endorfinas habituales cálidas y felices porque me decía lo mucho que me amaba. No, esta noche me irritó muchísimo.
—Se te ha ocurrido —empecé con los dientes apretados—, que ¿tal vez no te lo dije porque en realidad quería ir a esta cita?
Mi respuesta lo detuvo en seco. Sus cejas hermosas y rubias se arrugaron por la confusión.
—¿Eh?
Me reí. Cuando frunció el ceño, mi diversión se desvaneció en un suspiro.
—Dime sinceramente, si te hubiera dejado saber esto desde el principio, ¿no habrías seguido a Utakata, hecho algún tipo de verificación de antecedentes sobre él, o tratado de intimidarlo, básicamente aterrorizarlo para que se alejara antes de que yo pudiera salir con él?
Solo arrugó la nariz y desvió la mirada.
—Oye, si el tipo no puede soportar un poco de calor, debería permanecer fuera de la cocina.
Con un gruñido, clavé mi dedo en su dirección.
—Excepto que esta es la única vez que alguien deambulacerca de mi cocina. No me lo jodas. Por favor.
Sus ojos se encendieron.
—Acabas de comparar una cocina con tu...
Cuando su mirada vagó hacia mi regazo, su expresión se llenó de consternación, como si acabara de traumatizarlo de por vida.
—¡Sí! Lo hice. —Me llevé las manos delante de su rostro, hasta que volvió su atención hacia arriba—. Y nadie ha comido en mi cocina... nunca, lo que me deprime muchísimo. No quiero morir siendo virgen, Naruto.
Ahogó un sonido ronco, y sus ojos se salieron de sus órbitas.
Seguí hablando. —Quiero experimentar todo, al menos una vez en mi vida. Y esto... esto es como por fin conseguir colocar mi pie en el umbral de la vida. Yo solamente... quiero ir a una cita, como una chica normal,sin que mi mejor amigo moleste al chico. —Agarré su cara entre mis manos y lo miré directo a los ojos—. Así que ¿puedes por favor no involucrarte de ninguna manera? —Cuando un ceño oscuro recubrió su cara, de inmediato corregí—: ¿Hasta, más o menos, la segunda cita, de todos modos?
Si lograba llegar a una segunda cita. Todavía me encontraba sorprendida de que Utakata hubiera estado lo suficientemente interesado como para pedirme salir en la primera.
Siempre había sido lo suficientemente educado cuando entró en el centro de escritura en donde trabajaba para ser tutor, pero nunca antes demostró, ya sabes, ese tipo de interés. Casi me había caído de la silla cuando se quedó después de nuestra sesión de ayer para preguntarme lo que iba a hacer este viernes.
¿Quién diría que el corregir sus expresiones haría que un chico se excitara? Pero como sea. Por el momento, ni siquiera me importaba por qué me lo pidió, solo estaba emocionada de que lo hubiera hecho.
Porque finalmente iba, por fin, a experimentar mi primera cita. Me negaba a dejar que mi mejor amigo me lo arruinara.
—¡Promételo! —exigí, con firmeza porque Naruto seguía boquiabierto como si estuviera mirando a una completa desconocida.
—Uh... —consiguió decir.
Dejé caer mis manos de su cara, suspirando.
—No vas a prometer que lo vas a dejar en paz, ¿verdad?
Sacudió la cabeza.
—¿Quién es este tipo? Dijiste Utakata, ¿verdad? ¿Utakata quién? ¿En dónde lo conociste? ¿Cómo demonios rompió tu zona de timidez? —Cuando mis labios apenas se fruncieron por la diversión, gruñó—: No vas a decirme, ¿verdad?
Negué con la cabeza y sonreí.
—No hasta que lo prometas.
—Maldita sea, no es un juego limpio. —Después de darme un ceño serio, colocó los ojos en blanco—. Bien. Lo prometo. Ahora habla. —Cuando lancé mi cabeza hacia atrás y me reí, él levantó las manos, curvando sus dedos en unas garras—. Hinata —advirtió—. No me hagas hacerte cosquillas hasta que te hagas pis.
Solté un grito ahogado y aparté sus manos.
—Como sea. Tu cosquilleo nunca antes me ha hecho hacerme pis.
—Bueno, ocurrirá esta noche si no empiezas a hablar.
Sabiendo que era un farol, rodé los ojos.
—Lo conocí en el centro de escritura cuando vino en busca de ayuda para un trabajo con plazo.
—Oh, así que eso es todo, ¿eh? —Levantando las cejas, me envió una mirada de te lo dije—. Bueno, si cree que salir contigo te engatusará para que escribas un trabajo para él, le voy a enderezar su rumbo en este momento. Eres demasiado honesta para hacer eso en la vida. Para cualquiera.
—Claro —dije lentamente—. Porque esa es la única razón por la que alguien va a querer salir conmigo.
Naruto frunció el ceño. Luego se inclinó y susurró—: Eso no es lo que quise decir. Sabes que no me siento de esa manera. ¿Por qué diablos me estás acusando de tanto esta noche?
La lucha al instante se desinfló dentro de mí. Abrazándome a mí misma, aparté la mirada.
—No lo sé. Tal vez porque eso es lo que sigo pensando, que tiene que haber algún motivo oculto detrás de esto. Es decir, nadie nunca antes pareció interesado en mí solamente porque de verdad le agradaba.
—Eso es mentira. —Frunció el ceño—. Me gustas por ser tú.
Volviendo mi mirada en su dirección, le envié una mirada seca.
—Me refería a ser material para citas.
La forma en la que su mirada fue intensa me hizo pensar que quería decir: "me gustas como material para citas", pero sabía que solamente lo diría para hacerme sentir mejor, así que me alegró de que no lo dijera.
Un segundo después, suspiró, luego miró al techo en busca de guía y volvió su atención hacia mí. Su voz fue suave mientras murmuró—: Ven aquí. —Después de agarrar mi brazo y arrastrarme contra su pecho, me besó la frente—. Lo siento. Sé que estoy exagerando, pero no sé cómo sentirme con esto de que salgas en citas. Es... raro. Nunca antes has hablado ni siquiera de estar interesada en chicos.
Fruncí el ceño contra su pecho antes de retroceder para mirarlo.
—¿Y qué? ¿Creíste que era gay?
—No. —Me frunció el ceño antes de cambiar su expresión a una mueca de dolor—. No, es que... siempre te he visto como, no sé, tal vez sin sexo. Como que el tema nunca antes te ha interesado.
Tomó todo lo que tenía para no demostrar lo mucho que eso me hizo daño.
Sabía que era patética, pero todavía en secreto albergaba un pequeño deseo de que algún día él me mirara y viera más, algo más allá de una amistad. Pero todo este tiempo, solamente había visto a la Hinata sosa y sin sexo.
Auch.
—Bueno, sí me interesa —murmuré. Sintiéndome patética, aparté la mirada.
—¿Desde cuándo?
Fruncí el ceño.
—Desde, algo así como, no lo sé... desde siempre.
—Eso es mierda —repitió, entrecerrando sus ojos hacia mí, como si tratara de meterse en mis pensamientos—. Cuando nos conocimos, me dijiste que besarse, salir en citas y todo eso era asqueroso.
—Oh, Dios mío. —Gemí—. Tenía trece años.
—Pero eso, ¿cuándo cambió? —insistió, mirándome tan de cerca que empecé a incomodarme.
—No lo sé. —Centrándome en mi regazo, recordé el momento exacto en el que había querido experimentar las mismas intimidades que todos los demás—. A los dieciocho, tal vez. —El día en el que lo escuché a él haciendo cosas con Sasame Fuuma.
Cuando dejó escapar un suspiro fuerte, alcé la mirada para hallar sus ojos vidriosos con una extraña especie de sorpresa. Fruncí el ceño.
—¿Es un problema para ti si de verdad quiero ser normal?
Debió haber habido suficiente ofensa en mi voz para conseguir que mis sentimientos lo atravesaran porque de inmediato alzó las manos y afirmó—: ¡No! De ningún modo. Siempre has tenido mi apoyo. Ya lo sabes. —Me atrajo hacia él y me abrazó, guiando mi cabeza hacia su hombro—. De acuerdo. Así que vas a hacer esta cosa de las citas. Bien. Pero primero hazme un favor.
—¿Qué? —Cerré los ojos y aspiré su olor. Durante el tiempo que he vivido, sabía que nunca había olido nada mejor que el olor de Naruto.
—No te metas en la cama con este tipo Utakata solo porque él es la primera persona en pedirte salir, ¿de acuerdo?
—¡Oh, Dios mío! —Fruncí el ceño, alejándome de su pecho para poder verlo—. ¿Quién ha dicho algo sobre sexo? Solamente voy a salir en una cita. Una. Cita.
Frunció el ceño, quejándose.
—Solamente digo... Sé que sientes como si nunca fueras a tener otra oportunidad de tener una relación con otra persona, pero... élte invitó a salir, así que otros más que harán. Eres increíble, Hinata, y alguien iba a darse cuenta de eso tarde o temprano. —Después de apartar un poco de mi cabello de la cara, se inclinó y me olió la sien.
Me estremecí por el amor y la paz que trajeron sus palabras, y me ordené que no me sintiera deprimida en absoluto simplemente porque solo me veía como una amiga. Él era el mejor amigo que he tenido y que jamás podría tener, y tenía el honor de ser solamente eso.
Especialmente cuando ahuecó mi cara, me miró a los ojos, y añadió—: Esto de aquí, cada pedazo tuyo, es una carga muy valiosa para mí. Si alguien lo maltrata, yo perdería el control. No eres solamente mi mejor amiga, eres mi cordura. Eres inestimable, Hinata.
Cerrando los ojos, me incliné y presioné mi frente en el centro de su pecho.
—Para. Me estás haciendo sentir como una mierda por no contarte antes sobre esto.
—Bueno deberías. Sé que puedo ser muy controlador y protector, pero siempre quiero que seas feliz. Y si salir con ese idiota te hace feliz, entonces... bien. ¿Cuándo vas a salir con él?
—Si insistes en llamarlo idiota, no te lo voy a decir.
Agarrando mi barbilla, levantó mi cara hasta que nuestras miradas se reunieron. Luego arqueó una ceja y trató de lucir todo paternal.
—Hinata.
Me reí en su cara y le di un empujón a su pecho, porque no pude evitar amarlo, incluso cuando me irritaba. Pero, honestamente, no iba a decirle nada acerca de mi cita.
—Eres muy molesto. Asumo que te quedarás por el resto de la noche.
Ahí tienes. Un cambio de tema para que deje de pensar en mi vida amorosa, aunque todavía no podía creer que en realidad pudiera tener una.
—Claro que sí, me voy a quedar el resto de la noche. Quién sabe cuánto tiempo tenemos antes de que tu novio se ponga celoso y me prohíba visitarte o incluso ser tu amigo.
Rodé los ojos.
—Como si eso fuera a suceder en algún momento.
Saliendo de mi cama y sentándome en mi silla de ruedas, agarré mi camisón y mis pantalones cortos de mi tocador antes de ir rodando hacia la puerta para cambiarme en el baño.
—Ya vuelvo.
—Podría suceder —gritó Naruto detrás de mí, y sonó lo suficientemente preocupado para que me mordiera el labio después de cerrar la puerta detrás de mí.
Sus preocupaciones no eran completamente infundadas, pero siempre había temido que sería a la inversa, que Naruto se enamoraría de una chica que le agradaba más que yo, y entonces nunca más vendría a visitarme, pararía de darme mimos por la noche, y, finalmente, nuestra amistad se extinguiría por completo. Pero que tenga miedo de que yo fuera la que conociera a un chico que me gustara más que él parecía ridículo.
Cuando volví a entrar en la habitación unos minutos más tarde, los hombros de Naruto decayeron cuando me vio.
—Ya te has cepillado el cabello.
Los dos sabíamos que había sido capaz de mejorar mi función motora lo suficiente como para cepillarme el cabello por mi cuenta hace unos años, pero a
A Naruto le gustaba jugar con él tanto, que por lo general lo cepillaba por mí en las noches en las que se quedaba a dormir.
Esta noche, por mi propia tranquilidad, no podía dejarlo. Siempre tenía sentimientos cuando me cepillaba el cabello, y necesitaba mantenerme alejada de tal intimidad.
Por eso acepté la cita con Utakata, como una manera de resolver el hecho de que nunca sería nada más para Naruto. Necesitaba dejar de suspirar, paralizar mi propia vida y tratar de empezar a vivirla.
Pero los ojos de cachorro de Naruto me decían que temía que el fin de nuestra amistad ya estuviera empezando solo porque no le permití cepillarme el jodido cabello. Así que evité el contacto visual mientras apagaba la luz y me dirigía hacia la cama. Ya se encontraba sentado en el colchón debajo de las sábanas y cuando me acerqué, se hizo a un lado para darme espacio.
Hice una pausa para ajustar la alarma antes de lo habitual para que tuviera tiempo de salir antes de que se despertara mi familia. No había ninguna razón para que él se colara en mi habitación ahora que teníamos veintidós años, pero creo que simplemente se convirtió en un hábito para él, así que lo siguió haciendo. No me estaba quejando ya que también me gustaba; era lo nuestro.
Además, Naruto Uzumaki era un increíble abrazador. Era seguro, cómodo y familiar. Una vez que me arrastré a su lado y aterricé sobre mi costado, dándole la espalda, se acurrucó detrás de mí, envolviendo un brazo alrededor de mi cintura. Con un suspiro de felicidad, cerré los ojos y me hundí en la almohada.
—Sabes —dijo en la oscuridad, ni diez segundos más tarde—, no hay nada malo en ser virgen. Todo ese bombo de tener que perderla a una cierta edad es una gran mierda. En realidad, respeto a las personas que quieren esperar hasta que encuentran el amor verdadero. Y, honestamente, el sexo realmente no es todo eso.
—¿Ah, sí? —murmuré, divertida de que aún se encontrara tan preocupado por perderme. Era gracioso que incluso pensara que eso fuera posible.
—No lo es —murmuró malhumorado—. Es solo piel golpeando contra piel, posiciones incómodas y extrañas, funciones corporales lanzándose por todas partes, sentimientos heridos cuando una persona siente más que el otro. Nada de glamour en absoluto cuando llegas a eso. Es algo así como... decepcionante.
Riendo entre dientes, metí las manos debajo de mi barbilla.
—Entonces ¿por qué no eres virgen?
Arrugó la nariz.
—Tal vez lo soy.
—¿En serio? —Con una risa, salí de debajo de su brazo para rodar hacia él en la oscuridad—. Entonces ¿nunca estuviste con Fûka Birmingham? ¿Con Sasame Fuuma...?
—¿Qué? ¿Cómo...? —Refunfuñó algo que no entendí antes de preguntar—: ¿Cómo sabes acerca de ellas?
—Porque no soy estúpida. Sé cuál es tu verdadero problema.
Se quedó tan cerca que podía sentir su cuerpo tenso antes de decir—: No sé de qué hablas. No tengo un problema. Aparte de preocuparme por ti, por supuesto.
Extendiendo mi mano hasta que encontré su rostro, ahuequé su mejilla, irritada y murmuré—: Nunca cambiará nada entre nosotros, ya sea si consigo un novio o no.
Estaba bastante segura de que no lo haría. Era lo suficientemente realista como para saber que una cita no significaba nada. Pero era dulce por parte de Naruto que pensara que así sería.
Inclinándose más cerca hasta que su aliento se esparció por mi cara, susurró—: ¿Lo prometes?
Cerré los ojos, preguntándome qué se sentiría presionar mis labios contra los suyos al tiempo que murmuraba—: Sobre la tumba de mi madre.
—Bueno. —Al parecer resuelto por mi seguridad, rodó sobre su espalda y me llevó con él hasta que me hubo colocado a su lado con la mejilla apoyada en su pecho—. Entonces, buenas noches.
Mientras se dormía, los latidos de su corazón haciendo eco en mi oído, robé un par de segundos para simplemente disfrutar sentirlo, caliente, duro y cómodo.
No había estado mintiendo cuando le prometí que nada cambiaría, porque así era cómo lo quería, y yo siempre sería lo que necesitara que fuera.
Eso es lo que los amigos hacían por el otro, y él era mi amigo más querido.
Continuará...
