Naruto Y Hinata en:
Helium
EPÍLOGO
Estaba haciendo largos en la piscina. El ardiente sol de mayo caía de plano sobre su cabeza. El ejercicio le sentaba bien, distendía los músculos que notaba agarrotados. Había echado de menos la piscina y el pequeño gimnasio, tan bien equipado, donde Naruto y ella habían superado tantas crisis.
Esa mañana había ido al hospital de Konoha y la habían contratado en el acto; echaría de menos la intensidad de su dedicación exclusiva a un paciente, pero el horario regular le permitiría estar con Naruto por las noches y seguir haciendo el trabajo que adoraba.
—¡Eh! —la llamó una voz profunda—. ¿Te estás entrenando para las Olimpiadas?
Hinata comenzó a chapotear.
—¿Qué haces aquí tan temprano? —preguntó mientras se apartaba el pelo de los ojos.
—Menuda bienvenida —gruñó el que desde hacía dos semanas era su marido.
Se quitó la chaqueta, la colgó en una de las sillas y se aflojó el nudo de la corbata. Hinata lo miraba mientras se iba desvistiendo sistemáticamente, dejando caer la ropa en la silla hasta que quedó desnudo como el día que nació. Se metió en el agua con una limpia zambullida y en un par de poderosas brazadas llegó hasta ella.
—Si te pillan así, no me eches a mí la culpa —le advirtió ella.
—Hace demasiado calor para vestirse —se quejó él—. ¿Conseguiste el trabajo?
—Claro que sí —resopló ella.
—Engreída —le puso la mano sobre la cabeza y le hizo una ahogadilla, cosa que a ella no le molestó en absoluto. Buceaba tan bien como nadaba, y se alejó de él agitando sus bonitas piernas. Naruto la alcanzó cuando llegaba al borde.
—No me has dicho por qué has llegado tan temprano —dijo Hinata volviéndose hacia él.
—Para hacerle el amor a mi mujer —contestó él—. No podía concentrarme en lo que hacía. No paraba de pensar en lo de anoche — añadió, y vio fascinado cómo sus ojos se enturbiaban al recordarlo.
Se arrimó más a ella y la besó al tiempo que posaba la mano sobre su nuca y la atraía hacia sí con ansia. Sus lenguas se encontraron y Hinata se estremeció y dejó que su cuerpo flotara contra el de él. Entrelazó las piernas con las suyas, y las encontró firmes.
—Estás de pie —dijo, apartando la boca.
—Lo sé —movió las manos sobre su espalda y desabrochó hábilmente la parte de arriba de su biquini. Se la quitó y la arrojó fuera de la piscina. Aterrizó sobre las baldosas con un «flop». Tocó sus pechos, juntándolos, mientras se inclinaba para besarla de nuevo.
Ella dejó escapar un gemido y le rodeó el cuello con los brazos. Luego se enroscó a su alrededor como una hiedra. Daba igual lo a menudo que hicieran el amor: cada vez era mejor, a medida que su cuerpo aprendía nuevos modos de responder al de Naruto.
El agua fresca se agitaba a su alrededor, pero no refrescaba su piel caliente. El fuego que ardía dentro de ellos era tan intenso que no podía apagarlo un poco de agua.
Naruto la levantó hasta que sus pechos quedaron al nivel de su boca, fuera del agua. Luego devoró las curvas turgentes que le atraían irresistiblemente.
—Te quiero —gruñó mientras tiraba de los lazos que sujetaban la minúscula parte de abajo de su biquini.
—¡Naruto! ¡Aquí no! —protestó ella, pero su cuerpo yacía contra el de él en dulce abandono—. Pueden vernos. Omoi... Alberta...
—Omoi no está —musitó Naruto, deslizándola a lo largo de su cuerpo —. Y nadie puede ver lo que estamos haciendo. El resplandor del sol sobre el agua se encarga de eso. Rodéame las caderas con las piernas —dijo.
De pronto ella se echó a reír a carcajadas, echando la cabeza hacia atrás y levantando la cara hacia el tórrido sol de Konoha.
—Sigues siendo un temerario —ronroneó, y contuvo el aliento cuando Naruto la penetró con un largo y delicioso roce de sus pieles—. Te encanta arriesgarte.
Se aferró a sus hombros, aturdida y deslumbrada, empapada por la belleza del día. Naruto observaba su cara, estudiaba el maravilloso juego de emociones de sus ojos exóticos, los vio enturbiarse, vio cómo sus dientes mordían su labio inferior, carnoso y apasionado, mientras el deseo que iba agitando en ella la hacía estremecerse.
—Cariño —dijo—, eres sólo mía, ¿verdad?
Ella se rió de nuevo, ebria de placer. Levantó los brazos al sol.
—Hasta que dejes de quererme —le prometió.
—Entonces te irás a la tumba siendo mi esposa —contestó Naruto—. Y ni siquiera entonces acabará esto.
El tiempo paso, no solo era la felicidad de estar juntos, si no que a los meses de estar casados Hinata quedo embarazada, un niño rubio y de ojos azules como una mini copia de su esposo llego a llenarles mas el corazón. Era tan enérgico y curioso como su padre, y Hinata derramo en ese niño todo el amor que tenia y que alguna vez ella no recibió.
Un mes casi después de que su hijo cumpliera su segundo año de vida, llego al mundo una pequeña tan hermosa como su madre. Naruto era un padre orgulloso, su deseo de tener una hija se había cumplido y no paro de hacerle mimos a esa nena que era tan parecida a su mujer.
Los días de la madre eran un momento de celebración para la familia. Aquel día como siempre Shikamaru y Temari junto a su pequeño de seis años Shikadai estaban en la finca. Alberta les complació con una cena especial, donde celebraron todos juntos.
La orgullosas madres se ahogaban en lagrimas al ver los regalos que habían hecho sus niños, era la primera vez que Hinata recibía un regalo de ellos. Después de un largo día de juegos y de celebración ambos niños cayeron rendidos, normalmente ambos se encargaban de los pequeños a la hora de dormir, Naruto les contaba historias para hacerlos dormir y Hinata adoraba esa forma de ser de su esposo.
— Estoy rendido, — Dijo Naruto al entrar a la habitación después de acostar a los niños.
— Fue un día maravilloso, Viste los dibujos, estoy segura que alguno de tus hijos va a seguir tus pasos en el futuro.
— No importa lo que quieran ser, si no que los haga felices.
Después de desvestirse y de alistarse para dormir, Hinata ya esperaba a su esposo en la cama, cuando Naruto saco una caja de su cajón de noche. y se lo tendió. Ella lo miro extrañada y le recibió.
— ¿Que es?
— Un regalo
— Pero no es mi cumpleaños —Le dijo con una mirada risueña.
—Si lo se, pero cualquier día es bueno para hacerle un regalo a mi hermosa mujer. ¡Vamos ábrelo!
Después de darle un beso apasionado a su esposo, Hinata abrió el regalo. Era otro corazón parecido al que le regalo la vez que le propuso matrimonio, ella lo miro extrañada pero luego noto algo diferente, el corazón se abría y dentro podía ver una foto, Naruto, ella y los dos niños. Lagrimas surcaron sus ojos al ver ese maravilloso regalo.
— Es precioso.
— Esto es muy poco para todo lo que mas has dado Hinata, soy muy afortunado de haberte conocido. No estaba equivocado al querer compartir mi vida contigo, te quiero y siempre sera así.
— Yo también te quiero, me haz hecho muy feliz, gracias por insistir y no rendirte.
Y Naruto una vez mas le demostró todo el amor que aun después de siete años de casados sentía por su esposa.
Es el final, el nombre original es "Amanecer contigo" la autora es Linda Howard y nos presenta a:
- Blake Remington como Naruto Uzumaki
- Dione Kelley como Hinata Hyuga
Gracias por sus comentarios y por acompañarme en una historia mas.
Nos leemos en la próxima cuídense mucho por favor.
