La navidad llegó. Pronto los terrenos de Hogwarts se llenaron de nieve y un día se toparon con Hagrid mientras llevaba un enorme abeto arrastrando hacia el colegio. Albus se adelantó.
—¡Hagrid! —exclamó, contento de ver al semigigante—. ¿Necesitas ayuda con eso?
Hagrid le sonrió. De todos los niños, Albus era el que estaba más cerca de su corazón. Por supuesto quería a James, a Lily, a Rose, Hugo, pero Albus, que era una copia idéntica de Harry, era con quien más convivía y a quien más quería.
—¡Al! —bramó— No te preocupes, éste es el último. ¿Cómo están? ¿Qué tal las clases?
A Rose no se le escapó que la miraba directamente y le guiñaba un ojo a ella al preguntar por su estado. Hagrid no era bueno para ser discreto. Rose se sonrojó. No sabía cómo agradecerle la ayuda que les había prestado a ella y a Scorpius, se había planteado muchas veces visitarlo pero la sola idea de entrar a la cabaña y recordar todo la hacía estremecerse.
—Al lo sabe— le dijo.
El semigigante pareció desinflarse, y Rose no notó lo tenso que había estado hasta ese momento.
—Eso es un alivio—gruñó—. ¿Cómo estás, Rosie? ¿Tú, Malfoy?
Rose abrió la boca para responder, pero encontró que no le salía voz. Lo único que pudo proferir fue una especie de chillido, pero Hagrid no necesitó que le dijera más. Soltó el abeto y la abrazó, mientras la chica le devolvía el abrazo. Escuchó a Hagrid sorber la nariz.
—No se los dije antes, Rosie, Malfoy, pero lo lamento mucho.
Rose tomó la mano de Scorpius.
—Gracias, Hagrid. De verdad —dijo el rubio.
Albus pasó el brazo sobre los hombros de Rose, con lo que ella se sintió reconfortada.
—Mi papá te envía saludos, Hagrid.
—Dile que no me extrañe tanto, lo veré en navidad. Bueno, ahora debo despedirme. ¡Hasta pronto, chicos!
Pocos días habían pasado desde el encuentro cuando se subieron al expreso de Hogwarts, en dirección a sus casas. Scorpius iría a la fiesta de su abuela a la Mansión Malfoy y luego se reuniría con ellos en la Madriguera para la fiesta de Navidad. Rose sintió un terrible nudo en la garganta cuando lo vio alejarse en la estación, con el brazo de su madre a su alrededor. Su padre le revolvió el cabello con cariño, con un brillante anillo aristócrata reluciendo en su mano. Rose apartó la vista.
Sus padres la esperaban, de pie junto a los tíos Harry y Ginny. Rose no supo si correr a los brazos de su madre. Probablemente le habían llegado ya las noticias de las desastrosas últimas semanas de su hija.
Albus la empujó en dirección a ellos y no le quedó más remedio que caminar. Hugo ya estaba abrazando a su madre, que se veía bastante complacida. El papá de Rose sonrió cuando la vio. Y luego ella lo abrazó.
Su olor era de las cosas más reconfortantes que podían existir en el mundo.
Hugo habló todo el trayecto hacia casa, pero Rose guardó silencio, sentada en el asiento trasero del auto, y sólo respondió a las preguntas que le hacían de forma directa.
—Rosie, hija, estás muy callada, ¿está todo bien en Hogwarts? ¿discutiste con Albus? —le preguntó su madre una vez que llegaron a casa.
Rose dejó sus cosas en la sala.
—Estoy bien, mamá. Un poco cansada —mintió, y le echó una mirada feroz a Hugo, retándolo a hablar. Él desvió la mirada, tal como ella esperaba.
Subió las escaleras a su habitación. Todo estaba tal como ella lo había dejado, en orden. La cama tendida, las cartas que Scorpius le había escrito en verano ordenadas y guardadas en una caja. Sus vestidos y túnicas colgadas, un sombrero morado que había comprado en el callejón Diagon en verano sobre el tocador… Rose cerró la cortina de su ventana, sacó de su túnica de viaje el sombrerito y se echó en la cama. Como ya era costumbre, se quedó dormida con el objeto en las manos.
Despertó poco antes de la cena. Tenía la garganta seca, así que se dirigió descalza a la cocina. Aún estaba un poco dormida. Rose se detuvo abruptamente al escuchar las voces de sus padres viniendo de la cocina. El suelo estaba helado y se le había olvidado ponerse un suéter al despertar. Estaba a punto de volverse y correr por una manta cuando escuchó que su madre decía su nombre. Entonces se congeló ahí.
—…Rosie, estoy preocupada.
—Debe ser la edad —aseguró Ron—Ya lo sabes, Hermione, la adolescencia te vuelve estúpido.
Casi pudo imaginarse la mirada que su madre le estaba dirigiendo a su padre en ese momento.
—Lo dirás por ti, Ronald Weasley. Rose no es así. Siempre ha sido tan tranquila y respetuosa. Es algo apasionada, lo reconozco, pero de ahí en más… Hugo no me quiere decir nada, pero sé que algo pasa, soy su madre, después de todo.
Scorpius no estaba divirtiéndose. La fiesta anual de su abuela estaba siendo un éxito, por supuesto. Los invitados estaban charlando entre ellos y él habría podido hacer lo mismo. Podría haber sido un buen hijo como cada año y charlar con los hijos de los Nott, los Zabini y los Flint. Podría haber sacado a bailar a su madre a la pista que se elevaba en el jardín, bajo la carpa encantada. En cambio, se quedó sentado en una esquina, debajo de uno de los arbustos altos y con un pavorreal como compañía. Pensó que a Rose le habrían encantado las decoraciones: el alto pino de la sala, adentro en la casa, y las guirnaldas y miles de ramilletes de muérdago. Sin duda, a él le hubiera encantado besarla ahí.
No quería preocupar a sus padres, pero verdaderamente no se sentía con el menor ánimo de fingir. No habría servido de nada porque, al final, su madre terminó acercándose a él. Astoria Malfoy vestía un elegante vestido de seda verde, que combinaba con sus ojos. Tenía el largo y negro cabello suelto, coronado sólo por su sombrero de bruja favorito.
Se sentó a su lado, sonriéndole. Lo rodeó con un brazo y lo atrajo hacia ella. Le dio un beso en la coronilla. Scorpius era más alto que ella, pero eso no le impedía tratarlo como si fuera él el que necesitara protección. Porque así era.
—¿Vas a contarme lo que te sucede, cariño? —le preguntó. Tomó con suavidad el rostro de su hijo y la hizo mirarlo, y entonces Scorpius supo que no podía mentirle. No a ella.
Suspiró.
—Mamá, ¿podemos ir a la biblioteca? —estaban en medio de la fiesta, Draco mirando en su dirección, pero Astoria le sonrió con cariño y se dirigieron adentro. La mansión Malfoy había cambiado mucho desde que su padre era adolescente, o al menos eso le dijeron a Scorpius. Las paredes estaban pintadas ahora de un verde claro, que combinaba con las decoraciones navideñas que Astoria había puesto por toda la casa. La biblioteca tenía su propio pino con obsequios y muérdago, y Scorpius olfateó tristemente un olor cálido que se parecía demasiado al del shampoo de Rose, debía ser canela y manzana, o algo así.
Su madre se sentó con él en el sillón, pidió a un elfo doméstico con cortesía que les llevara el té, y cuando cada uno tuvo su taza, exhortó a Scorpius a hablar.
—Tú y papá son los mejores padres que pude haber tenido —comenzó Scorpius, inseguro. No soportaría ver una mirada de desaprobación o desilusión, pese a que jamás se la habían dado. Quería que Astoria supiera que ninguna de sus acciones había pretendido herirlos. Vio en los ojos de su madre que podía seguir hablando—. Mamá, hay una chica en Hogwarts de quien estoy muy, muy enamorado. —la mirada de Astoria se iluminó, y Scorpius sintió una punzada en el corazón. —Ella es brillante, amable, graciosa, muy hermosa… y me hace feliz.
—No entiendo entonces por qué te ves tan triste. ¿Tuviste una pelea con ella? ¿Cómo se llama? —indagó la esposa de Draco.
Scorpius se mordió el labio inferior, dejando que su mirada se concentrara en las nochebuenas.
—Ella es… bueno, no te enfades. Yo nunca los lastimaría, a ti y a papá. Pero ella es mi aire. Sin ella… su nombre es Rose. Rose Weasley. —Vio la cara de sorpresa de su madre, sin embargo, no parecía que fuera a regañarlo, por lo que continuó, sabiendo que si no lo hacía perdería el valor—. Rose también me ama, y tampoco se lo ha dicho a sus padres. Los dos temíamos lo que pudiera pasar, así que nos escondimos.
—Oh, mi cielo. Scorpius, tu padre le besaría los pies a Ronald Weasley por ti, aunque por favor no le digas que te lo dije. Él te ama tanto, igual que yo, ¿cómo crees que podríamos hacerte algo así? —ella atrajo a su hijo en un abrazo, acariciando el brazo de Scorpius como hacía cuando él era un niño pequeño y tenía pesadillas. —Rose siempre me pareció muy guapa. ¿Son novios? ¿Desde cuándo?
Scorpius tragó con nerviosismo.
—Desde hace un par de años, mamá. Y bueno…—se rascó la cabeza. A nadie le gustaría admitir ante sus padres que estaba teniendo relaciones sexuales, lo cual era evidente porque Rose no había concebido por sí misma. Sus siguientes palabras debían ser rápidas, precisas. De eso dependía todo. —No estaba planeado, pero en el verano Rose quedó embarazada. Lo supimos en septiembre, pero hubo un juego de quidditch donde ella cayó de su escoba. No pude llegar a tiempo y… Rose tuvo un aborto. Lo perdimos.
Scorpius miró directo a los ojos de su madre, donde encontró confusión más que cualquier otra cosa. Tenía la boca entreabierta por la sorpresa. Hizo ademán de querer decir algo, pero durante unos segundos no pudo proferir sonido. Finalmente habló.
—Scorpius, esto es muy serio. ¿Cómo está ella, hijo? ¿Cómo estás tú? ¿Por qué no me dijiste? ¿Alguien más lo sabe? ¿Los Weasley? —inquirió, angustiada.
Fue entonces cuando Scorpius se echó a llorar. Como un niño pequeño e indefenso.
—Oh, Scorpius. Ven aquí, hijo. Lo lamento, de verdad lo lamento mucho.
—Rose está muy mal. Nadie lo supo, sólo Albus hace un par de semanas. Al principio estábamos en shock, pero después…después dolió tanto. Sabemos que no estaba planeado y que quizá todo fue mejor así. Pero no puedo creer lo mucho que duele. Lo perdimos, se fue, mamá. —soltó todo eso mientras era abrazado por Astoria.
Su madre se secó algunas lágrimas.
—Rose se culpa a sí misma, igual que tú, ¿verdad, Scor?
El chico asintió.
—Tenía casi tres meses y estábamos asustados. Empezábamos a hacernos a la idea y luego comenzamos incluso a estar felices. Creí que Rose se iba a morir en mis brazos, cuando la encontré. Y no pudimos decirle a nadie, tuvimos que fingir que nada pasaba cuando nos estaban arrancando el corazón.
Astoria sollozó.
—Scorpius, debiste decírnoslo. Habríamos ido por ti, por ella, al colegio. Los habríamos protegido. No hay dolor más atroz, más grande… debió ser demasiado terrible hacerlo solos. —acarició el cabello rubio de su hijo. Le dolía el alma por saber que Scorpius había sufrido tanto sin que ella pudiera hacer algo. El pensamiento de que había estado por ser abuela…no, de que era abuela, aunque el pequeño ya no estuviera con ellos, la embargó de una nostálgica felicidad. Lo que podría haber sido, aunque su hijo era todavía joven y no habría sido fácil. Pero habrían sido Astoria y Draco los que lucharan por él. Incluso por Rose, que si hacía tan feliz a Scorpius como él decía era más que bienvenida en la familia.
Scorpius ahogó un sollozo, tratando de controlarse. El abuelo Lucius le habría dado un golpe con su bastón al verlo llorar, pensó amargamente. Sacó el pequeño zorro de su túnica de gala y lo puso en el regazo de su madre.
—Lo nombramos, Rose y yo. Ella cree que era un niño, porque lo sueña. A veces también yo lo hago. Rose escogió el nombre de Antares.
Astoria sonrió con tristeza.
—El corazón de Scorpius —dijo, acariciándole la mejilla con ternura. —Qué apropiado, mi cielo. Quiero que sepas algo, hijo. No importa que él no esté físicamente con nosotros, tú y Rose ya son padres. Él vive en sus corazones para siempre, nunca dejes que te digan lo contrario. Ahora, Scorpius, tendrás que decírselo a tu padre antes de ir a casa de Albus, ¿entendido? Esto debes hablarlo con él. Nosotros siempre te vamos a amar y a apoyar. No lo dudes.
Él se sintió más agradecido que nunca.
Días después, Rose estaba preparada para la llegada de Scorpius. No quería lucir demasiado sospechosa, por lo que le pidió a su abuela que la dejara ayudarla en la cocina, incapaz de estar quieta. Él no tardaría en llegar. Albus y tía Ginny habían ido a recogerlo al pueblo diez minutos atrás.
La Madriguera era un verdadero espectáculo. Todos los tíos y tías de Rose estaban reunidos a la mesa, charlando animadamente. Los primos estaban reunidos en la sala, tratando de arreglar los obsequios debajo del árbol para que cupieran todos. Rose vio que Hugo trataba de echar un vistazo a uno de los paquetes sin romperlo, y en ese momento se oyó un chasquido y luego las voces quedas de tía Ginny, Albus y Scorpius, que sin duda acababan de aparecerse en el patio. Rose creyó que el corazón se le iba a salir.
—¡Llegamos, familia! —llamó feliz tía Ginny, abriendo la puerta. Una ráfaga de aire frío entró a la casa, pero la calidez de la casa volvió de inmediato.
Los ojos de Rose buscaron con rapidez a Scorpius, sintiendo más que nunca la terrible necesidad de abrazarle, de esconderse en él.
—¡Scorpius, querido, bienvenido! —la abuela Molly lo recibió alegre. La mirada azul de Rose y la gris de Scorpius se cruzaron y ella supo que la necesitaba tanto como ella a él. Había sido terrible pasar los últimos dos días en casa, intentando parecer feliz.
Se acercó para saludarlo, aprovechando que todos estaban ensimismados en otras cosas. Rose sintió que se moría cuando lo abrazó y su olor la llenó. No podía creer cuánto amaba al chico. Él le susurró un tranquilizador "ya estoy aquí" y hundió la nariz en el cabello rojo de Rose. El intercambio no duró más de medio minuto, pero cuando se separaron Rose vio que su madre los miraba, por lo que, con tristeza, decidió no sentarse junto a él en la cena. Albus pareció tener el mismo pensamiento, porque se sentó en el asiento entre su prima y su amigo.
La comida de la abuela estaba deliciosa. Rose se preguntó si habría tenido algún tipo de extraño antojo de haber seguido embarazada. Sabía que su madre no podía dejar de comer ranas de menta cuando la estaba esperando a ella, un gusto particular suyo. De pronto la comida no pareció tan especial.
La tristeza de Rose pareció pasar desapercibida durante la cena, porque todos estaban riéndose de las bromas de James y Fred, y luego la charla se dirigió hacia el nuevo trabajo de Victoire en el Ministerio. Al parecer ese era el motivo de su retraso esa noche, porque ni ella ni Teddy habían llegado aún.
Hagrid llegó a la mitad de la cena, junto con Andrómeda Tonks, que era tía abuela de Scorpius, así que en algún momento la mesa estuvo repleta y todos se pegaban con los codos entre ellos al comer.
—¡Hora de abrir los regalos, ya quiero ver sus expresiones! —anunció la abuela Molly—. Arthur, querido, ayúdame a mover la mesa.
Rose vio a su padre tomar tres tartas de melaza antes de que sus abuelos levantaran la mesa con magia y la movieran a un lado para hacer la sala más espaciosa. El clan Weasley se sentó en los sillones, en el piso y donde pudieron, todos alrededor del árbol. Entonces Lucy comenzó a repartir los regalos y hubo un momento de confusión donde sólo se veían cintas de colores y envoltorios y se oían risas y exclamaciones de sorpresa. Rose recibió un suéter Weasley, igual que Scorpius, Albus, y todos los demás. Desenvolvió "Volando con los Cannons", regalo de su papá, que sabía que ella amaba el quidditch y los libros, pero que le provocó un pinchazo de dolor. Hugo le aventó un paquete mal envuelto donde encontró plumas nuevas, tinta cambia color y golosinas, cosas que sabía que su hermano había comprado en la última salida a Hogsmeade. Libros de James, Fred, Dominique y Louis (que ya no estaba tan molesto con ella). Y entonces desenvolvió los últimos dos regalos. El primero era de Scorpius, y era un sobre que contenía una extensísima carta, y un anillo con un brillante diamante en forma de estrella. Era de plata y dentro tenía grabado un nombre, que no era el suyo ni el de Rose, sino el de su hijo. Rose sintió que se le saltaban las lágrimas. Para disimular, abrió el último paquete, una caja pequeña y rosada. Era de Teddy y Victoire.
—¡No! —susurró, dejando caer el paquete. ¿Cómo podrían haberlo sabido? No era posible que ellos… esto era una broma muy cruel, demasiado. Pero entonces levantó la vista y vio que todos desenvolvían paquetes similares con interés. La mano de Rose comenzó a temblar con la ropita de bebé en la mano mientras se daba cuenta de que no le habían dado ese obsequio por haber descubierto su secreto. Era aún peor, era lo más cruel y doloroso que podía estarle sucediendo.
Vic sonrió, radiante, y compartió una mirada con Teddy mientras todos los volteaban a ver. Se quitó el abrigo y entonces fue visible para todos el vientre abultado.
—¡Estoy embarazada, familia! ¡Teddy y yo vamos a ser padres!
Muchas cosas pasaron en ese momento. Muchas personas se acercaron a felicitarlos, pero eran demasiados y no todos pudieron hacerlo al mismo tiempo. La abuela Molly y Andrómeda Tonks lloraban de alegría y Bill y tío Harry se daban la mano (tío Harry era casi el padre de Teddy). Rose…Rose sintió que le habían dado con una bludger en el estómago, desconectada de la realidad salvo para escuchar las frases inconexas de su prima.
—Ya tengo cinco meses…, estamos muy felices… la doctora dice que está todo bien, nacerá en abril. Es una niña.
—Qué alegría —escuchó decir a su madre—, felicidades, Vic, ¡serás mamá! Un bebé siempre es una bendición.
Entonces Rose sintió que sus piernas cedían y se dejó caer de rodillas, sin poder sostenerse. Se tapó la cara con las manos y comenzó a llorar. ¿Por qué? ¿Por qué le hacían esto? ¿Por qué no había podido tener lo mismo que Vic, el mismo apoyo y amor? Rose y Scorpius habían estado solos, sin familia, sin amigos. Solos con su dolor.
Scorpius vio cómo caía Rose, se acercó sin dudarlo y la sostuvo, permitiendo que ella lo abrazara mientras intentaba hacer el menor ruido al llorar. Ni siquiera podía tener eso, llorar en público. La expresión que tenía le partió el alma a Scorpius. Rose sentía un agujero enorme en el corazón.
Hagrid y Albus intentaron distraer al resto de la familia, y como había tanto alboroto la mitad ni siquiera se dio cuenta, pero la otra mitad, entre quienes estaban Lily, la madre de Rose, tía Ginny y tío Harry, sí que se dieron cuenta. Sin saber qué hacer o qué estaba pasando, se quedaron congelados, viendo cómo Rose apretaba en su puño la ropita como si su vida dependiera de ello.
Scorpius la ayudó a levantarse al tiempo que Al llamaba la atención de sus padres, y tía Hermione, y sacó a Rose por la puerta, en dirección al patio. Fuera de la casa, la llevó al garaje del abuelo Arthur. Rose se dejó caer entre los cachivaches y ahora sí, lloró y gritó todo lo que quiso.
—No pretendían hacernos daño, Rose, ellos no sabían. No podían saberlo —intentó razonar con ella.
—¿Por qué ellos sí pueden tenerlo, Scor? ¡Si se lo hubiera dicho a mi familia Antares estaría con nosotros!
—Él está con nosotros, Rose. Siempre estará aquí —le tocó el corazón—. Yo… se lo conté a mis padres.
Rose lo miró sorprendida.
—¿Lo hiciste?
Su novio asintió.
—Les dije todo. Mamá quiere saber si estás bien, dice que la pérdida de un bebé es uno de los peores dolores que se pueden sentir. No lo dice abiertamente, pero creo que ella tuvo un aborto antes de que yo naciera. Mi padre… mi padre dijo que está orgulloso de mí por amarte, que nos protegerán de todo.
Rose se lanzó sobre él, decidida a besarlo. Lo amaba tanto, sólo él podía calmar su dolor. Sólo él podía entenderla. Scorpius la besó con todo el amor que pudo reunir. Rose era la más hermosa, la más amable y brillante y fuerte chica que él hubiera conocido. Ella era todo para él.
Rose tiró de Scorpius hacia ella, deseando sentirlo. Desde que se habían enterado del bebé no habían tenido ningún tipo de acercamiento como ese, y después del aborto de Rose ni siquiera lo habían pensado, pero se sentía tan natural y correcto. Scorpius quería que Rose sintiera cuánto la amaba, cuánto la deseaba.
Le hizo el amor entre los cachivaches del abuelo Arthur, entre una mezcla de nostalgia, tristeza y esperanza.
Anna LC: ¡Muchísimas gracias por tu comentario! Me alegra que a alguien le guste la historia, me motiva mucho a continuarla. ¡Espero que este capítulo sea de tu agrado!
Y para quienes han seguido o puesto en favoritos la historia, ¡igual mil gracias! El apoyo se aprecia.
