Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.


CAPITULO 9

Me voy con Terry

Cuando Candy se marchó del despacho del abogado. Se fue al hospital para ver a su amiga Dorothy y contarle lo que pensaba hacer.

—¿Estas segura de que quieres irte con Terry? –le preguntó Dorothy notando que su amiga no estaba muy convencida de hacerlo.

—No lo sé…estoy muy confundida, pero ya le dije a Terry que me iría con él.

—Tienes que pensar bien las cosas…

—Y lo he pensado y siempre llego a la misma conclusión que es mejor que me aleje de Albert.

—Para que no descubra lo de tu hija, ¿verdad?

—Si…y también porque me hace mucho daño estar cerca de él, sobre todo cuando me dice que me ama.

—Candy y si él hubiera cambiado y te amara de verdad.

—Me encantaría pensar en eso, pero yo sé que es una mentira –dijo Candy con los ojos llorosos –. Albert nunca va cambiar, tiene de amante a la tal Karen, anoche ella llego al cumpleaños de Anthony, por eso es mejor que me aleje de él.

—¿Y tú tía Pony se ira con ustedes?

—No… ella no está de acuerdo que me vaya con Terry, se dio cuenta que sigo amando a Albert y que debería decirle que tengo una hija de él.

—Y no deja de tener razón, Katherine tiene todo el derecho de conocer a su padre.

—Ese canalla no merece saber que tiene una hija.

—Pero, ella si merece tener un padre, ¿acaso nunca te ha preguntado por él?

Los ojos de Candy se llenaron de lágrimas.

—Muchas veces…y siempre le digo la misma respuesta que su padre vive muy lejos y que no puede venir a visitarla.

—Pero esa mentira no te durara toda la vida, algún día tendrás que decirle la verdad.

—Lo sé...pero por ahora es mejor que se lo siga ocultando.

—Bueno…amiga sea cual sea tu decisión, yo siempre te voy a poyar.

—Gracias Dorothy, eres una gran amiga –le dijo Candy dándole un abrazo –. Ya debo de irme, tengo que ir a la mansión Andrew a buscar mis cosas.

—¿Vas hablar con tu esposo o te iras sin decirle nada?

—Creo que me iré sin verlo, no tiene sentido que le diga nada a Albert…

—Muchas suerte amiga y cualquier cosa me avisas.

—Claro que lo are, Dorothy.

Cerca de las tres de la tarde Candy llegó a la mansión Andrew, para hacer su maleta y marcharse lo antes posible de la vida de los Andrew, sintiendo una gran tristeza, porque en el fondo de su corazón, le dolía alejarse del padre de su hija. No sabía por qué, pero lo amaba más que nunca y si se quedaba más tiempo a su lado, corría el riesgo de caer nuevamente en los brazos de él y eso no lo podía permitir.

Cuando entro al salón se encontró con su esposo, Elroy y Sara y Elisa Legan que la estaban esperando.

—Vaya aquí llego Candy –dijo Sara con una leve sonrisa -. William pregúntale a ahora a tu esposa lo que acabamos de decirte.

—¿Que pasa conmigo? –preguntó la rubia -. Me van a reclamar de lo que sucedió anoche con mi novio Terry.

—¡Eso fue un gran escándalo! -exclamó Elroy molesta -. Pero es otro asunto lo que deseamos tratar contigo.

—¿Qué asunto?

—Candy…¿es verdad que tienes una hija? -le preguntó Albert directamente.

—¿De dónde sacaste eso?

—Nosotras se lo contamos –contestó Elisa con una mirada desafiante –. Hace días atrás te vimos en la ciudad con tu tía y una niña rubia.

La rubia quedo helada, sintiendo que el secreto de su hija se había descubierto. Sin embargo, como fuera tenía que negarlo hasta el final.

Candy se echó a reír…

—¡Realmente ustedes son unas arpías!

—¿Por qué te burlas de esa manera? –la regañó Elroy.

—Esa niña es la hija de mi amiga Dorothy –contestó Candy mintiendo –. Ella me pidió que se la cuidara, así que tuve que salir con la pequeña.

—Entonces, ¿no es tu hija? –le preguntó Albert confundido.

—Claro que no. ¿No me digas que creíste que tenía una hija y no te había dicho nada?

—Bueno…si por un minuto pensé que esa niña…

—No mientas Candy, esa niña es idéntica a ti –replicó Elisa.

—¿Por qué es rubia…?

—Si…

—Pero, si hay muchas niñas rubias y no son mis hijas.

—Candy tiene razón –la apoyó Albert –. No sé qué lo que pretenden inventar tal cosa.

—Ella está mintiendo, William. Yo averigüe que Candy vive con esa niña en su departamento -replicó Sara con seguridad.

—La hija de mi amiga siempre va a mi departamento, así que prácticamente vive conmigo. No tengo ninguna hija. Ahora voy a mi habitación –la interrumpió Candy marchándose rápidamente con sus ojos llenos de lágrimas, por tener que haber negado la existencia de Katherine una vez mas.

Albert la siguió a la habitación.

—Candy, te pido disculpa por las intrigas de mi familia –le dijo él.

—No te preocupes, no tiene importancia –le contestó la rubia dándole la espalda, para que no la viera llorar.

Él se acercó a ella por detrás.

—Por un momento pensé que esa niña podría ser hija tuya y de tu novio Terry.

—¡Te equivocaste!

—Yo me sentiría feliz tener una hija de los dos.

Candy no dejo de sentir una gran emoción en su corazón con las palabras de su esposo…sin embargo, no le debía creer.

—¡No te creo nada!

—Es la verdad…te amo Candy y me encantaría tener hijos contigo.

Ella volteo su cuerpo.

—Albert hasta cuándo me vas a estar mintiendo, no te das cuenta que no soy la misma estúpida de antes que creyó en tus palabras de amor. Por qué no le pides a tu amante que te de hijos.

—¿De que estas hablando?

—Por favor, William Andrew, se perfectamente que tienes una relación con la actriz Karen Kless.

Albert negó con la cabeza.

—Yo no tengo nada con ella. Es Karen la que me anda persiguiendo.

—Sabes me da lo mismo. Yo me canse de esta situación.

—¿A qué te refieres?

—Que me voy de aquí para siempre -dijo Candy caminando hasta el armario donde saco una maleta para guardar su ropa.

—¿A dónde crees que vas? –le preguntó Albert quitándole la maleta.

—¡Me voy! ¡Ya no quiero seguir casada contigo!

—No Candy…no voy a dejar que me dejes. ¡Yo te amo!

—¡No te creo! Me voy con Terry muy lejos para ser feliz con él.

—No me hagas esto mi amor… –le dijo Albert acercándose a ella y apoderándose de sus labios.

La rubia trataba de zafarse de su esposo. No quería que el la besara, no quería sentir su cuerpo cerca del suyo, su loción masculina…quería romper ese beso…cálido, lleno de deseo que la estaba estremeciendo por completo, haciéndola sentir la misma sensación de cuando se entregó a él. Tenía que terminar con ese beso…que la estaba llevando a la locura…

—¡Déjame Albert…!-le gritó zafándose de él con brusquedad.

—No…te amo y yo sé que también me sigues amando. Además, tenemos un acuerdo nuestro matrimonio tiene que durar un año.

—Lo se…pero ya no soporto vivir cerca de ti.

—¿Y que va pasar con las acciones de tu abuelo?

—Te las regalo…no es lo que querían los Andrew para ser los únicos dueños de la empresa hotelera.

—No las acepto, entiende que no quiero esas acciones, te quiero solo a ti.

En ese momento sonó el móvil de la rubia. Ella contestó de inmediato viendo que era su tía Pony.

—¿Qué pasa, tía?

—Candy…la niña se puso muy mal, tuve que traerla al hospital. Ven pronto.

—¡Dios mío Katherine! –gritó Candy saliendo corriendo de la habitación.

—¡Katherine! –exclamó Albert sintiendo una extraña sensación.

Con su corazón lleno de angustia Candy llego al hospital, donde el doctor Martí estaba revisando a su hija. Pony se encontraba en la sala de espera rezando por la salud de la pequeña.

—¿Tía como esta mi hija? –le preguntó Candy afligida.

—No lo sé, el doctor Martí la está atendiendo.

—¿Qué le sucedió?

—Estábamos arreglando sus cosas para el viaje, cuando de repente se desmayó.

—¡Dios mío que no le pase nada a mi pequeña!

—Tranquila sobrina…ella va estar bien, es una niña muy fuerte –le dijo Pony abrazándola.

Minutos después apareció el doctor Martí.

—Doctor, ¿cómo está mi niña? –le preguntó Candy acercándose a él.

—No sé qué pasó…pero a Katherine le dio una fuerte recaída, está muy delicada.

Candy se echó a llorar.

—¡No puede ser…!

—Cálmese Candy, la niña está estable y la estamos atendiendo lo mejor posible.

—Por favor doctor…no permita que la niña se muera –le pidió Pony.

—Doctor Martí déjeme verla…-le rogó Candy.

—Claro vamos…

—Yo te espero aquí sobrina.

La rubia saco de su cartera su móvil.

—Tía avísale a Terry y dile lo que ocurrió y a Dorothy también –le dijo pasándole su móvil.

—Si sobrina.

Minutos después Terry y Dorothy llegaron al hospital donde la rubia estaba en la sala de espera con su tía.

—Mi amor… ¿cómo está la niña? –le preguntó Terry abrazándola.

—Muy mal –respondió Candy llorando.

—¿Y ya la viste?

—Si…solo un momento.

—Tranquila amiga, Katherine se va poner bien –le dijo Dorothy para apoyarla.

—Si…yo tengo fe que mi pequeña va salir de esto.

—Hay que rezar mucho para que Dios la ayude –añadió Pony.

—No te preocupes, mi amor…tu hija se recuperará y cuando eso pase seguiremos con nuestros planes de irnos de Chicago -le dijo Terry.

—Ya no sé si quiero irme.

—¿Por qué me dices eso?

—Ahora no puedo decirte nada…pero cuando pase todo esto te lo diré –le dijo Candy pensando que iba contarle a Terry que Albert era el padre de su hija.

Una semana despúes...

Los días pasaban y Katherine lentamente comenzaba a recuperarse. Candy se pasaba casi todo el día cuidándola con mucho cariño en el hospital. Ella era lo más valioso que tenía en su vida y no iba a permitir que nada malo le pasara.

—Mamá, quiero ir al departamento con tía Pony –le dijo la niña.

—No puedes todavía, estas enferma –le contestó Candy –. Tienes que quedarte aquí, para que el doctor Mártí te cure. Ahora cierra tus ojitos y duerme.

—Si mamá.

Cuando la niña se durmió, Candy le dio un beso en la frente y salió de la habitación para ir un rato a su departamento, necesitaba darse un baño y cambiarse de ropa.

—¿Candy como quedo Katerine? –le preguntó Pony al verla entrar al departamento.

—Bien…la deje dormida –respondió Candy sentándose en unos de los sillones de la sala sintiéndose muy cansada y con el rostro pálido –. Vine a cambiarme de ropa y regreso al hospital.

—¿Por qué no descansas un poco? Yo puedo ir a verla.

—No…no podría dormir, quiero estar con mi hija.

—¿Quieres que te prepare algo de comer?

—Bueno…pero primero voy a bañarme –dijo Candy parándose del sillón.

Pony se le acercó.

—Candy hay algo que tengo que decirte.

—¿Que pasa tía?

—Hace un rato vino tu esposo.

—¡Albert! –repitió Candy sorprendida.

—Si…vino a preguntarme dónde estás viviendo.

—¿Y qué le dijiste?

—Bueno le dije que tú no querías que supieras donde te encontrabas.

—Entonces, el piensa que me fui con Terry.

—Si…

Candy pensativa dio unos pasos por la sala.

—Tía, lo he reflexionado mucho y voy a decirle a Albert que tengo una hija de él.

—¿Está segura?

—Si…

—Con la recaída que tubo Katherine, me dado cuenta que ella debe conocer a su padre.

—Es lo mejor…ya basta de ocultar la existencia de tu hija. ¿Y cuándo será eso?

—Hoy mismo, le diré a Albert que tenemos una hija.

Albert se encontraba en su oficina. No obstante, no se podía concentrar no dejaba de pensar en Candy, cuanto la extrañaba y la amaba que sentía como si le faltara una parte de su corazón. Su vida no era lo mismo sin ella, sin embargo, tendría que aprender a vivir lejos de la mujer que amaba. Todos los intentos que había hecho por recuperarla habían sido en vano. Ella estaba con otro, otro que, si merecía su amor, porque, aunque Terry era su rival, tenía que reconocer que si amaba a Candy de verdad.

—Señor Andrew, lo buscan –le dijo su secretaria entrando a la oficina.

—No quiero recibir a nadie –contestó Albert desanimado.

—Es que es su esposa…

—¡Mi esposa! -exclamó colocándose de pies.

—Si…desea hablar con usted.

—Hazla pasar de inmediato.

—Si, señor Andrew.

La secretaria salió y entro Candy.

—¡Candy que bueno verte! –le dijo Albert con sus ojos iluminados -. ¿Como has estado?

Ella con paso lento caminó hasta él.

—No muy bien.

—Te contó tu tía que fui a tu departamento.

—Si, por eso estoy aquí. Tenemos que hablar algo muy importante.

—Es…por nuestro divorcio, ¿verdad?

—No…es otro asunto muy delicado.

—Toma asiento, por favor…-le dijo Albert indicándole la silla que estaba frente su escritorio.

Candy con las manos templando se sentó frente de él.

—Albert…lo que te voy a decir no es nada de fácil…

—¿Qué es lo que ocurre? –la interrumpió ansioso.

Ella suspiró.

—Yo te mentí, si tengo una hija. La supuesta hija de mi amiga Dorothy es mía.

Él la miró asombrado.

—¿Ósea que la hija de tu amiga es tuya?

—¡Sí!

—¿Porque me mentiste? –le preguntó Albert molesto –. ¿Es hija de Terry?

—No Albert…esa niña es tu hija.

Continuará...


Hola mis lindas chicas.

Espero que se encuentren muy bien. Aquí les dejo otro capitulo de este fic, con mucho cariño para cada una de ustedes, que me han apoyado en esta historia y en las otras anteriores que he publicado.

Para las chicas que me han preguntado, si Dios quiere estaré actualizando dos veces por semana.

Les mando un cariñoso abrazo a la distancia y que tenga un lindo fin de semana.