CAPÍTULO 8
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Terry estaba sobre el escenario recitando sus diálogos con la emoción que el personaje lo requería, de repente se quedó callado, sin pronunciar una palabra por unos cuantos segundos, estático en medio del escenario, no supo que le pasó; sin embargo retomó el personaje, simulando que era una pausa para intensificar el sentimiento del personaje, el público no se percató del error; pero el señor Hathaway, el director así como actor, sí; sabía que tendría una llamada de atención por lo sucedido; pero le inquietaba más lo que había sentido y bloqueado en el escenario.
-Terry, qué sucedió allá? – dijo Robert señalando el escenario.
-Lo siento me bloqueé, no volverá a pasar. – sentía algo dentro de él, pero no sabía qué?
-Por suerte supiste arreglarlo. – dijo comprendiendo, ya que era la primera vez que el castaño cometía un error en el escenario; palmeando su espalda se dirigió a escena, pues su personaje ya entraría en acción.
-Qué me sucedió…? Candy… era tu voz… llamándome. Acaso estás pensando en mí, amor? – dijo queriendo convencerse de eso, aunque su interior estaba oprimido. – ya falta poco, pronto estaré cerca de ti y esta vez pecosa no te dejaré ir; no, sin luchar por ti.
Había decisión en sus palabras y mirada, estaba decidido a regresar con ella, sabía que sería difícil, que le costaría hacerla cambiar de decisión; incluso estaba dispuesto a rogarle si fuera necesario, pero lograría que lo aceptará de nuevo.
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París
-Necesito comunicarme contigo Candy… no puedo creer que el doctor Finochietto me haya trasladado a otro hospital. – André se lamentaba recostado en su habitación.
Dos semanas después de la partida de Candy André fue enviado al hospital Saint Honoré. El doctor Finochietto había tomado esta decisión al ver que André se estaba involucrando sentimentalmente con una enfermera; cuando el joven médico fue desesperado a su oficina para pedirle que lo enviará a él al frente en lugar de Candy, fue cuando el director del hospital tomó la decisión, pues no era correcto que ambos permanecieran en el mismo lugar, si lo hacían podría influir en su trabajo.
El día que partió al nuevo hospital, le pidió a Julia, amiga de Candy, que cuando la rubia enfermera regresará del frente le entregara una carta que le había escrito. La enfermera argentina, estaba más que feliz de ayudarlo, pues sabía de los sentimientos del joven hacia su amiga, y el tiempo que lo trató supo que era un buen hombre, alguien que sabría cuidar a su amiga, y por lo que la rubia le había contado sabía que ella merecía ser feliz, y que mejor que junto a un buen hombre que demostró amarla, aun estando ella lejos y siendo nada más que amigos. Vio como Marie se le insinuaba y éste muy cordialmente, las primeras veces, la rechazaba.
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Nueva York
-Mamá, ya compraste los pasajes del tren?
-Aun no hijita, falta poco más de una semana para nuestro viaje, así que tenemos tiempo.
-Debiste reservarlos, mamá. Qué pasará si no conseguimos para esa fecha, sabes que en esta época todo mundo viaja.
-Tienes razón, mañana mismo iré a comprar los pasajes.
-Gracias mamá. – dijo con una sonrisa la cual fue devuelta.
-Me alegra que ya estés mejor, ya te veo más recompuesta. Terry se pondrá feliz cuando vea lo bien que luces. – dijo acariciando sus mejillas. – iré a preparar la cena.
-Sí, ya falta poco para estar juntos, Terry, pronto te alcanzaré en Chicago, no dejaré que ella nos aleje de nuevo, tal vez con suerte nos casemos allá, sí eso sería lo mejor. – pensaba la rubia con una sonrisa llena de ilusión.
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Chicago
Las dos semanas restantes habían pasado con lentitud para Terry; pero al fin habían pasado, ahora finalmente, ya estaba en camino hacia la ciudad donde se encontraba su Pecosa.
-Chicago… en un par de horas estaré en la misma ciudad, ya no puedo aguantar las ansias de verte. Oh Pecosa, no rompas mi corazón, no permitas que te vea acompañada de alguien más… ahj que egoísta soy pecosa! lo sé… lo sé; pero quiero creer que aún estás esperando por mí, que no me olvidaste – Terry hablaba internamente a su pecosa, sin prestar atención a su alrededor había aprendido a crear una burbuja donde sólo él podría recluirse sin ser molestado por nadie ni por el ruido a su alrededor.
El tren arribó a la ciudad de los vientos, Terry estaba respirando el mismo aire que su preciada enfermera, se había propuesto buscarla una vez se instale en el hotel, pues como siempre tendrían la tarde libre, al día siguiente por la mañana irían a conocer el teatro para familiarizarse con el escenario.
-Ya llegué mi amor, estoy en tu ciudad. Iré a verte cuanto antes, necesito ver tu lindo rostro una vez más.
-Terry, Terry…! – el actor desvió la mirada hacia una multitud que sólo aclamaba por él, también pudo notar que otro grupo clamaba a varios de sus compañeros, al igual que en las otras ciudades eran recibidos por las fans, por casi una hora se dedicaron a dar autógrafos, Terry era uno de los más asediados. Una vez terminado la atención a los fans y Robert haber dado una pequeña entrevista a uno de los periódicos locales, se dispusieron a dirigirse al hotel, donde se quedarían por cuatro días dando dos funciones, cerrando la temporada en esa ciudad.
La compañía Stratford llegó al hotel, los actores estaban agotados por el viaje, incluso el castaño lo estaba; el motivo, pues durante el viaje no había dormido nada, la ansiedad de estar en la misma ciudad que su pecosa que pronto la vería, no lo había permitido cerrar los ojos y descansar; sin embargo sus planes se verían frustrados al ver quien lo esperaba en el vestíbulo del hotel.
-Terry! – fue una voz chillona la que atrajo la atención de todo aquel que estaba cerca.
-Susana… Qué haces aquí? –no pudo ocultar su asombro y molestia.
-Quería verte, mírame ya estoy bien, llegue esta mañana. – dijo animada ignorando el tono que uso el castaño.
Estaba enfadado, tenía que seguirlo hasta ahí. Estaba más que decidido a terminar de una vez por todas esta ridiculez, ya no aguantaba más; este tiempo solo, lejos de la ex actriz, se sintió libre, dueño de su vida; hasta llegó a pensar que podría volver con Candy, cosa que lo llenó de una ilusión, esa, que creyó perdida hace mucho; quería gritarle en ese momento que todo terminó que ya no había compromiso, pero lastimosamente Robert se acercó para saludarla, al ver la seriedad en el rostro de Terry, había notado que el último mes de gira había cambiado su actitud, su mirada.
-Susy querida!
-Robert! Cómo estás?- saludo a su ex jefe. - Vine a darle una sorpresa a mi prometido. – una vez mencionada la palabra Terry achicó los ojos y su mandíbula se tensó, algo que no pasó desapercibido por ninguno de los que atendían el reencuentro de la pareja.
-No debiste venir, debes descansar, recién saliste del hospital y el viaje…
-Ya dije que estoy bien, no hay problema con mi salud. Además, si estoy con Terry nada más importa. – Terry estaba molesto, estaba a punto de decir algo, pero...
-Terry, cómo estuvo su viaje? – la señora Marlow había cambiado su actitud ante el castaño, ahora era más amable con él, desde el momento en que vio el trato que tuvo con ella cuando su hija estaba en el hospital.
-Estuvo bien, gracias. – respondió de manera áspera.
-Terry, qué te parece si vamos a pasear por la ciudad, tendrán la tarde libre, cierto?
-Ahora estoy cansado, Susana. Iré a descansar.
-Pero Terry! Quiero salir contigo y…
-Susy, deja que descanse, ya saldrán en otra oportunidad.
Renuente Susana tuvo que aceptar, pues vio que Terry estaba realmente cansado; pero fue más porque lo vio molesto por su actitud.
Ya en su habitación el castaño se tiró cansado a la cama, cerró los ojos cubriéndose con el brazo su rostro, agotado así se sentía; pero no por el viaje, había creído que tendría paz, estuvo a punto de terminar con el compromiso en ese mismo instante de una vez por todas; pero se contuvo, romperlo ahí frente a todos, la hubiera humillado y eso, sabía bien que su pecosa se lo reprocharía. Decidido se puso de pie, seguramente la señora Marlow llevó a Susana a su habitación, así que podría ir a buscar a su pecosa sin que la ex actriz lo persiguiera, ya hablaría con ella después.
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-Cómo que asistirás a la presentación de la obra de ese!? – dijo molesto el joven Cornwell.
-No lo hago por diversión, me llegó la invitación del gobernador, después iremos a la fiesta que realizará.
-Iremos? Tío, si piensas que yo iré a ver a ese…
-Escucha Archie, no te pido que lo felicites o que hables con él; pero ya deja de culparlo por algo que no hizo; además en la fiesta estarán muchos políticos que podrían ayudarnos con hacer volver a Candy.
-Tienes razón, aunque no me desagrada la idea de tenerlo cerca, iré contigo.
Albert ya estaba desesperándose, no tenía noticias de Candy, le había enviado cartas cada semana sin recibir contestación, escuchó que las tropas alemanas estaban invadiendo territorio Francés; lo único que lo consolaba era que ella debía estar bien, ya que no habían recibido a ningún militar o responsable del hospital que aceptó el voluntariado de Candy para darles las condolencias, esas noticias son a primeras en llegar.
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La primera función había sido un éxito, estaban seguros que la próxima función también lo sería. El sábado después de la función el gobernador de la ciudad ofrecería una fiesta en honor a los actores.
Frustrado por su suerte, sentado frente al espejo quitándose el maquillaje que uso en la obra, maldijo el no haber podido encontrarla, sus planes se vinieron abajo.
El día de su llegada había ido al hospital para buscar a su pecosa; pero le dijeron que ella ya no trabajaba ahí, no quisieron darle más información, pues no era pariente; intentó usar sus encantos para conseguirlo, para su mala suerte lo atendió una mujer mayor que no cayó a su encanto. Posteriormente se dirigió al apartamento de la rubia, conocía muy bien la dirección, después de tantas cartas que se habían enviado lo tenía grabado en la memoria; pero al igual que en el hospital le informaron que hace más de un año que ya no vivía ahí, renegó de su suerte, luego pensó en los Andley, seguramente ahora que sabía la identidad del tío abuelo, se fue a vivir con su familia. Lastimosamente no podría presentarse ante ellos hasta después del cierre de la temporada, pues ese día ya pasaban las 10 de la noche, ya no podía presentarse en su casa, sabía que su tía era estricta y no iba a darles una mala impresión de su persona, no tenía más opción que esperar a que las presentaciones terminaran para verla. Se propuso hablar con Susana al día siguiente, muy temprano, para aclarar las cosas entre ellos.
-Ya supiste Terry, el gobernador nos invitó a una fiesta para el cierre de la obra, estoy tan emocionada! –mencionó en cuanto lo vio.
-Susana tenemos que hablar. – dijo poniéndose serio, cosa que asustó a la rubia ex actriz. Desde el día anterior que Terry quería hablar con ella y sabía cuál era el tema, por suerte supo zafarse de la conversación con la ayuda de su madre y en una ocasión en la que Robert los interrumpió, pero ahora no sabía qué hacer, no había nadie para ayudarla a detener lo que sabía se aproximaba.
-Oh Terry, podría ser después? Tengo que ir a comprar un vestido para la fiesta. – trató de dirigir su silla hacia la puerta; pero Terry se puso en frente.
-No Susana, será ahora. – dijo con decisión. – ya sabes de que se trata, no veo porque posponerlo más.
-Terry… no… - dijo con miedo y lágrimas en los ojos, sabía que con eso podría manipularlo, siempre le servía.
-Ya basta Susana, siempre supiste mis sentimientos y no veo la necesidad de lastimarnos más, tú no eres feliz y yo tampoco, qué caso tiene estar juntos.
-Quien te dijo que no soy feliz… tú me haces feliz… - dijo dejando escapar lágrimas de esos ojos azul pálido.
-Cómo puedes ser feliz sabiendo que nunca te amaré, date cuenta que eso no es justo para ti, y tampoco para mí.
-Quieres buscarla, cierto? – capto rencor y amargura en su voz.
-Sí.
-No te aceptará de vuelta.
-Lo sé, pero no me rendiré hasta que me acepte.
-Por qué me lastimas de esta manera? Acaso no sientes nada por mí? – susurró entre sollozos.
-Será peor con los años, si nos casamos nos destruiremos entre si, acaso es eso lo que quieres? Eres una gran mujer, no mereces a alguien como yo.
-Yo te quiero a ti…
-Por qué?
La chica no supo que contestar, esa pregunta se lo había hecho tantas veces y su respuesta no era la que él esperaba.
-Por- porque te amo. – susurró.
-Por qué? qué hice para que me amaras? – la cuestionó, pues él nunca hizo nada para llamar su atención.
Ella lo miró sorprendida, era verdad, nunca hizo nada para que ella lo amara, desde la primera vez que lo vio le gusto, era muy atractivo, después su actitud, el alejarse de todos, la intrigó, lo buscaba siempre, quería estar a su lado siempre.
-No sé por qué, sólo sé que te amo.
-Susana, escúchame por favor. – la vio asentir. – cuando Candy me pidió que cuidara de ti acepte, porque me sentía responsable por lo que sucedió, que perdieras tu sueño… sentí que era mi culpa, desde ese momento me propuse cuidar de ti, - vio ilusión en su rostro. – pero también deje que Candy se marchara dejándome destrozado y llevándose mi corazón… ahora entiendes porque nunca sentiré nada por ti más que agradecimiento… - vio que ella bajaba su mirada con tristeza – no quiero odiarte, de verdad; pero cuando pienso en Candy y que no puedo estar con ella, siento que odio a todo el mundo, tanto que prefiero no sentir.
-Perdóname… fui muy egoísta… - dijo llorando. – de verdad creí que llegarías a amarme.
-Susana…
-No te preocupes por mí, estaré bien.
-Sé que lo estarás, eres una mujer fuerte.
-La buscarás? – susurró sin poder contenerse.
-Eso pretendo una vez que termine la gira.
-Yo ya no estaré para entonces, pero podrías decirle que me perdone? – él asintió con la cabeza – puedo pedirte un favor?
-Claro.
-Podría ir contigo a la fiesta que dará el gobernador? – vio duda en el rostro masculino. –será como amigos, lo prometo. Después de eso no creo que volvamos a vernos; no, por un tiempo.
-De acuerdo, te lo debo. – sabía que sería la última vez, además sería buen momento de aclarar a los medios que no hay compromiso y que sólo existe una amistad entre ellos.
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París
La situación en los hospitales de París era crítico, de un momento a otro colapsarían, los heridos del frente de batallaba llegaban a cada momento, ya casi no había espacio así que la mayoría de los hospitales optaron por trasladar a los pacientes menos graves a otras ciudades. La situación no era diferente en el hospital argentino; el director de éste tenía mucho trabajo, recibía telegramas desde informando sobre la situación de los campos de batalla, informando sobre los pacientes que serían trasladados a su hospital, todo era una locura, los telegramas que le llegaban de Albert a veces lo dejaba pasar no tenía tiempo para responderlos, los alemanes estaban ganado terreno y los aliados estaban cayendo, Europa era un caos total.
-Doctor, ya se envió los informes al consulado americano sobre las baja.
-Gracias enfermera Hemmer.
-Doctor…
-Dígame.
-El doctor Laurent está esperando hablar con usted.
-Hágalo pasar. – suponía que él regresaría al enterarse del accidente en las trincheras. –doctor Laurent. – lo saludó en cuanto André entró a la oficina.
- Doctor Finochietto, necesito que me diga exactamente qué pasó.
El mayor observó con detenimiento a Laurent, su mirada era decidida, sabía que debía decirle todo lo que pasó, sin embargo también sabía que era capaz de ir a las trincheras o adonde Candy se encontrará.
Al salir de la oficina del director buscó a Julia, a quien encontró en uno de los pabellones del ala norte del hospital.
-Julia…
-André… - corrió a sus brazos. – te enteraste del accidente en las trincheras?
-Por qué no me dijiste cuando lo supiste. – le reclamó.
-Lo siento… no supe que hacer… Candy…
-No…
-André… - No dijo más sólo lo abrazó con fuerza, André se veía afectado.
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Chicago
La función había salido como lo esperaban, fue el cierre perfecto para la temporada, ahora seguía la celebración, todo el elenco se dirigió a la residencia del gobernador donde se llevaría a cabo la fiesta, la residencia se veía increíble, los jardines estaban hermosamente decorado con unas pequeñas luces que permitían la visibilidad del lugar, el salón era elegante y ostentoso, el gobernador se había esmerado en la recepción y decorado de la fiesta.
-Qué hermoso! – dijo la joven al ingresar al salón, Terry estaba detrás de ella empujando su silla.
-Lo es. – fue la burda respuesta del joven actor. No le gustaba ese tipo de acontecimientos.
Terry tuvo que alejarse de Susana, pues el gobernador lo había llamado para presentarle a su esposa e hija, la menor de las mujeres estaba emocionada de conocerlo, ya que Terry era su actor favorito, le gustaba su interpretación, y según ella, él volvería protagonista a cualquier personaje secundario.
-Así que tú eres la prometida del joven Granchester? – cuestionó una mujer mayor al ver a Susana unirse a su grupo.
-Buenas noches, soy Susana Marlow. Mucho gusto. – se presentó ante el grupo de mujeres que estaban reunidas. Sabía que debía aclarar la relación que tenía con Terry, pero no podía, quería sentir por ese momento que eso era, su prometida, ya al día siguiente se enterarían por los diarios, que sólo tenían una gran amistad, así lo había declarado el castaño.
-Es una lástima que no tenga un buen papel, fue obvio que él destacaba más que cualquiera. – fue el comentario de otra mujer.
-Eso es cierto, yo asistí más por ver su presentación. –dijo una de las mujeres con coquetería.
-Pero dime querida, para cuando se casan?
-Bueno… - agachó la cabeza, - dilo es ahora no seas patética. – se repetía para sí. Cuando estuvo a punto de aclararlo fue interrumpida.
-Me enteré que tuvieron que suspender la boda en dos ocasiones. – dijo una voz detrás de la rubia.
-Oh! Señorita Leagan, que gusto volver a verla.
-Lo mismo digo Señora Ohara. – se acercó a saludar. – pero miren a quien tienen aquí a la responsable de que nuestro querido Terry no tenga mejores papeles para deleitarnos. – con ese comentario todos se quedaron viéndola esperando que añada más información; pero el mutismo de la ex actriz tenía un motivo diferente, se sintió herida por el comentario lanzado.
-Vamos Elisa, no creo que tan encantadora joven sea responsable de eso.
-Bueno, que alguien que lo obliga a casarse es responsable de que haya perdido toda esa inspiración que solía tener.
En otro lado del salón Terry ahora estaba con un grupo de hombres, quienes empezaron a hablar sobre la situación por la que pasaba Europa con la guerra y como ésta afectaba la economía de América.
-Creo que no te gusta la conversación, cierto?
-Albert!
-Cómo estás Terry?
-He estado mejor, cómo estás tú, Tío abuelo?
-Jajaja te enteraste?
-Cómo no hacerlo si eres considerado el empresario más exitoso y joven de toda Norte América.
-Son títulos vanos y sin importancia.
-Albert… -quiso preguntar por ella, tenía miedo, pero lo haría. – Albert… ella… - fue interrumpido antes de hacerlo.
-Señor Granchester, lo necesitan en el salón, su prometida…
-Qué sucedió? – tenía miedo de que algo le haya pasado a Susana. Aunque ya había declarado a la prensa que él y Susana sólo eran buenos amigos, no lo dijeron a todo aquel que veían, así que debían pensar que lo eran.
-La señorita Leagan – Terry no necesito más información, se dirigió al salón con Albert detrás de él.
-Eso no es cierto! – dijo con lágrimas en los ojos.
-En serio?, pues si ese fuera el caso su actuación sería mejor. No lo crees?
-Él es un buen actor…
-Y eso nadie lo duda, pero desde hace dos años que es diferente; primero desaparece y deja la actuación; después regresa y no es la misma entrega y pasión y ahora que lo vi ni siquiera pude reconocerlo… - era mentira si vio algo diferente, sólo quería herir a quien creía era su prometida.
-Pues me disculpo por eso, señorita. – Terry estaba detrás de la pelirroja con la mirada dura.
-Terry… querido que gusto verte de nuevo.
-Pues no puedo decir lo mismo. – las mujeres veían atónitas el comportamiento del joven hacia la encantadora señorita Leagan.
-Creo que tu comportamiento no ha cambiado nada, sigues siendo el mismo aristócrata arrogante de antes. – dijo con intención y triunfo al ver el rostro molesto del castaño.
-Qué? – murmuró Susana.
-Ah… no lo sabías querida? Acaso tu querido prometido no te dijo que pertenece a la aristocracia inglesa? Creí que entre parejas se comparten este tipo de información.
-Elisa, ya basta! – Albert le llamó la atención. – retírate.
-Pero tío, no dije nada malo, es verdad eso, o no? – dijo dirigiéndose ahora a las señoras quienes asintieron con la cabeza.
-Ese no es asunto tuyo, así que no te metas en mi vida.
-No lo hago. Sólo creí que si una vez compartiste todo con Candy, también lo harías con la mujer con la que vas a casarte. No? – quería lastimar a la ex actriz y lo estaba consiguiendo.
Aunque sabía los sentimientos de Terry y asumía que con Candy era un libro abierto, igual le dolió que nunca le haya dicho nada sobre su vida, ahora se daba cuenta que nada sentía por ella; quería salir de ahí, olvidar todo lo que estaba pasando, la humillación a la que fue expuesta por no aclarar la relación que mantenía ahora con Terry, y lo que había escuchado la dejó desconcertada.
-Terry podríamos irnos, no me siento bien.
Terry quería insultar a Elisa, pero su amigo estaba ahí y estaba seguro que se ofendería si maltrataba a su sobrina, aunque ésta sea una víbora miserable; así que se posicionó detrás de la silla de su prometida para dirigirla a la salida; pero antes escucharía una última cosa de la pelirroja.
-Adiós Terry, le daré tus saludos a Candy. – vio que los hombros del castaño se pusieron rígidos mientras se marchaba – bueno si logramos que regrese de la guerra – dijo con intención.
Terry se giró inmediatamente ante lo escuchado, Elisa podría ser una desgraciada, pero siempre usaba información certera para poder herir.
-Qué dijiste…?
