CAPÍTULO 7
–Sí, Rick. es Archer. –respondió Max–. Solicito permiso para regresar inmediatamente e ingresar la cabina a la nave. También necesitaremos un equipo médico disponible a nuestra llegada.
–Permiso concedido –contestó Rick–. La comandante Porter te dará instrucciones.
–Enterado.
Sin embargo, Max se preguntaba por qué Lisa no había intervenido en la comunicación, por lo que quiso despejar esa duda.
–Y Lisa, es decir... La capitana Hayes, ¿escuchó la noticia? –preguntó el capitán de pelo azul.
–No, ella salió, necesitaba un momento a solas –respondió Rick.
–¿Vas a decirle?
–Sí, voy a buscarla enseguida para decirle.
–Enterado. Cambio y fuera.
–Cambio y fuera, capitán –contestó el almirante–. Comandante Porter, se queda a cargo en lo que yo regreso, voy a buscar a la Capitana Hayes.
–Sí, señor –respondió Sammy.
Instantes después, Rick salió del puente para buscar a Lisa. No sabía bien dónde buscarla, quizás en el observatorio, la sala de oficiales o su dormitorio. Así que se dirigió de prisa al observatorio, que fue el primer lugar que pasó por su mente. Evitó tomar la ruta convencional para no encontrarse con mucha gente, pues todos estaban celebrando con euforia y no quería ser demorado en su misión de encontrar a la capitana.
El almirante caminaba muy rápido, pasando por estrechos pasillos solitarios con la única finalidad de encontrar a Lisa. Se sentía contrariado pues tenía mucho dolor en su corazón porque Lisa estaba casada con alguien más y no con él. También le dolía que ella estuviera sufriendo pensando en que la vida de su esposo se había extinguido en esa batalla pero a su vez, se sentía esperanzado con la noticia que iba a darle aunque no se sabía la condición de Jack.
Al final de un pequeño pasillo vio una conocida figura femenina que estaba cerca de un ventanal, observando hacia la inmensidad del espacio. Se dirigió hacia ella y le habló, siendo su voz casi un susurro.
–Lisa… –dijo Rick con su voz apenas audible.
Lentamente, Lisa volteó hacia la dirección en que escuchó esa conocida voz. Rick vio el bello rostro de ella, sus hermosos ojos tenían las lágrimas contenidas que se negaban a salir y podía ver el dolor en ellos.
–Rick… –dijo ella con suave voz.
Poco a poco, Rick fue acercándose a ella. Lisa se giró completamente hasta quedar frente a frente y en un impulso, corrió hacia él, apoyando su cabeza en el amplio espacio que ofrecía el hombro del almirante, recargó sus delicadas manos en el pecho de éste y finalmente, dejó salir las lágrimas que tenía contenidas.
El corazón de Rick se estremecía al escuchar el llanto de la mujer que amaba. También le dolía saber que esas lágrimas eran por el hombre que ella amaba. El atractivo militar se limitó a abrazar de forma protectora a la capitana. Posó uno de sus brazos cubriendo la espalda de ella, mientras con el otro, la sujetaba por su breve cintura.
De cierta manera, Lisa encontraba consuelo en Rick, con quien había compartido todo durante un periodo de poco más de dos años. Ellos habían creado un lazo de comprensión que no necesitaba palabras. Rick sabía lo mucho que ella estaba sufriendo en ese momento, por lo que solo esperó a que Lisa se desahogara de esas emociones para lograr calmarse.
–Tranquila, Lisa… –dijo Rick haciendo el abrazo más estrecho.
Lisa bajó sus brazos pasándolos por el dorso de Rick hasta llegar a su espalda y correspondió a ese abrazo. Lo abrazaba tan fuerte, como si de esa manera su dolor desapareciera. Rick sólo la abrazaba y quitando lentamente la mano que tenía en la cintura de ella, la movió hacia la cabeza de su capitana favorita, a manera de protección, tal como había pasado en el puente de mando, solo que esta vez evitó besarle el cabello pues ya sabía lo que sucedería con este hecho. No quería que Lisa se alejara de él, quería consolarla, decirle que contaba con él y que había la posibilidad de que Jack estuviera vivo.
Poco a poco Rick sentía la respiración acompasada de Lisa y los sollozos iban disminuyendo, por lo que consideró que era el momento justo para darle la noticia.
–Lisa… –habló él muy bajo–. Tengo algo que decirte… sólo quiero que estés tranquila, por favor.
La dulce voz varonil de quien había sido su compañero años atrás, tenía un efecto tranquilizador en Lisa, misma que permanecía inmóvil, con la mirada perdida. Se limitaba a escuchar lo que Rick tenía que decirle.
–Existe la posibilidad de que… –Rick se detuvo, no sabía bien cómo seguir– Bueno, quiero decir, Max encontró la cabina del varitech de Jack.
Sin romper el abrazo, Lisa levantó su cabeza y miró fijamente a los ojos de Rick, como esperando la confirmación de él, pues ella aún no daba crédito a lo que estaba escuchando. Rick la observó con ternura y entendió esa mirada por lo que prosiguió con su diálogo.
–Sí, Lisa, es su cabina –confirmó Rick–, pero está extremadamente dañada y...
–¿Quieres decir que murió? –preguntó Lisa.
–No lo sabemos –añadió él–. Ellos llegarán en un tiempo estimado de 20 minutos… Ya envié al cuerpo médico al área de hangares –dijo Rick sin dejar de ver a Lisa a los ojos.
«Te amo tanto, Lisa… Si tan sólo pudiera quedarme abrazándote así, para siempre. Extraño mucho tus abrazos, tus besos, tus caricias. Añoro tenerte entre mis brazos, únicamente para mí, pero sé que es imposible. Me duele que estés con alguien más pero al mismo tiempo, me da gusto que seas feliz aunque en estos momentos estés sufriendo. ¡Cómo quisiera protegerte y evitar el dolor que sientes ahora!» pensó Rick. Lentamente Lisa se fue separando de él.
El rompimiento del abrazo por parte de Lisa le provocó un gran dolor a Rick. Sabía que era de las pocas oportunidades que él tendría de abrazarla, si no es que era la última de ellas, porque había la posibilidad de que Jack hubiera sobrevivido. Lisa pareció leer los ojos de Rick y entendió el conflicto emocional que él estaba sintiendo en esos instantes. Ella le sonrió con dulzura y con su mano izquierda, sujetó la mano de él. Ese contacto piel con piel le ocasionó miles de sensaciones a Rick, recordando la época en que ellos fueron pareja.
Con la mano que tenía libre, Lisa acarició la mejilla derecha de Rick, quien por inercia, inclinó su cabeza hacia esa mano que le brindaba las caricias que añoraba con todo su corazón y dejó escapar algunas lágrimas.
–Rick… –dijo ella con un susurro de voz–. Te agradezco enormemente lo que haces por mí –añadió mientras que con sus dedos, secaba una de las lágrimas de él.
–Lisa, yo… –respondió Rick, quien no pudo seguir hablando porque un nudo se había formado en su garganta.
Lisa seguía acariciando su mejilla, mirándolo con sus hermosos ojos verdes. Era una mirada de admiración, comprensión y cariño.
–Perdóname por estarte causando tanto dolor –añadió la capitana–. Sé… exactamente cómo te sientes.
–No, Lisa, no hay nada qué perdonar.
–Sí, Rick. Yo ya lo viví. Tener tan cerca a la persona que amas y saber que no va a ser para ti... Duele, duele muchísimo –afirmó Lisa con voz serena–. Sé lo mucho que te habrá costado darme la noticia de que Jack probablemente esté vivo y también sé que tuviste que reunir fuerzas porque tu corazón ha de sentirse destrozado… ¡Perdóname! –dijo Lisa y las lágrimas comenzaron a salir copiosamente–.
Rick puso ambas manos en el rostro de Lisa, acunando su cara y con los pulgares, limpiaba las lágrimas de ella.
–No llores, bonita, por favor… No tengo nada que perdonarte –respondió él, mirándola a los ojos–. Tuve tu amor y lo dejé ir por un espejismo. Dejé ir a la única mujer que verdaderamente me ha amado, por seguir a una obsesión. Lo que me está pasando es consecuencia de mis acciones. Quizá me merezco sentir tanto dolor...
–Claro que no, no te mereces vivir con dolor. Yo sé que tienes un corazón noble –le dijo Lisa, sujetando aún su rostro–. Lo que mereces es ser feliz, muy feliz.
«¿Y cómo puedo ser feliz, si no estás conmigo?» dijo Rick enseguida, para sí. Lisa pareció leerle la mente y prosiguió con la conversación.
–Lo serás –añadió Lisa y sonrió–. Tarde o temprano, llegará alguien a tu vida con quien compartas tus días, tus sueños y ambos se sentirán felices de tenerse a su lado.
Lisa dio una mirada profunda a esos bellos ojos azules que alguna vez había amado. Acarició una vez más la mejilla de Rick y se separó de él. Ambos sonrieron. Rick todavía tenía el rostro de ella entre sus manos y la besó en su frente.
–Gracias, Lisa –respondió él con ternura–. Ahora, ve a esperar a tu esposo, no tardan en llegar. Todo va a estar bien, preciosa. Tómate el tiempo necesario para estar con él, te voy a autorizar unos días de descanso.
–Gracias a ti, Rick. Te agradezco de todo corazón –contestó ella quien haciendo un movimiento rápido, se soltó de las manos de Rick y lo abrazó por su cintura.
Este movimiento tomó desprevenido al almirante, quien solo se limitó a abrazarla y a sentir la cercanía del cuerpo de la mujer que amaba, pues no habría otra oportunidad de tenerla así de cerca.
Lisa rompió el abrazo, se miraron por última vez y ella se dirigió hacia la zona de hangares.
El escuadrón Skull llegó y Max depositó la cabina del varitech de Jack. El equipo médico especializado comprobó los débiles signos vitales del capitán e hizo su labor para pasarlo a la camilla. Lisa observaba sin interferir. Únicamente se acercó para ver de cerca a Jack cuando éste era trasladado al hospital.
El traje de piloto espacial modificado que usaba Jack así como la propia cabina del varitech, lo protegieron de sufrir quemaduras graves por la radiación de las armas del SDF-3. Sin embargo, el capitán había sido expuesto a esas ondas radiactivas por lo que debían revisar su condición, además de llevarlo al quirófano para operar una fractura de su brazo izquierdo.
Lisa estuvo en el hospital todo el tiempo, hasta que el médico responsable le informó de la condición de salud de Jack, quien había salido con éxito de la operación, sin embargo, se encontraba inconsciente y lo pondrían en cuarentena para tratar los efectos de la radiación.
–¿Cuál es su expectativa de vida? –preguntó Lisa con preocupación.
–No lo sabemos con exactitud –respondió el médico–. El capitán fue expuesto a radiación, la cual puede generar cambios en su ADN y afectar las funciones de sus órganos. Todo dependerá de la fortaleza de su organismo, mismo que podrá tener altas y bajas. Las próximas 48 horas son decisivas.
–Entiendo, doctor… –Lisa hizo una pausa–. ¿Cuánto… cuánto tiempo vivirá? –preguntó ella con temor.
–Capitana, es difícil decirlo. Podría variar desde varias semanas o en el mejor de los casos, podrían ser algunos meses –respondió el médico–. Siento darle estas noticias.
Lisa contuvo las lágrimas, pues ella hubiera querido escuchar que Jack viviría muchos años más, aunque ella bien sabía que él había estado expuesto a la radiación que generaron las armas de la fortaleza. Sin embargo, el hecho de que Jack estuviera con vida, era ya un milagro, el cual trataría de aprovechar al máximo.
–No se preocupe, doctor –dijo Lisa tratando de guardar su serenidad–. ¿Cuándo podré verlo?
–Por ahora se encuentra en el área de recuperación de cirugía. Posteriormente, irá al área de cuarentena. Haré los trámites necesarios para que pueda pasar a visitarlo.
–Muchas gracias... ¿Puedo esperar aquí hasta tener más noticias?
–Claro, capitana. Le informaremos de cualquier avance o cambio en el estado de salud del capitán.
Las horas transcurrieron. Lisa se encontraba en la sala de espera del hospital y solo le habían informado que Jack sería transferido al área de cuarentena, en cuidados intensivos y que al día siguiente podría verlo solo unos minutos.
–Si quieres, puedes ir a descansar y a ver a tu bebé –dijo una varonil voz–, yo haré guardia aquí en espera de novedades y te aviso enseguida.
De inmediato, Lisa levantó su cabeza en dirección a esa voz que la reconfortaba en esos momentos difíciles. Su rostro denotaba preocupación pero aún así le sonrió.
–Gracias, Rick. Prefiero esperar. Fui a ver a bebé Jack, la asistente de la guardería me está apoyando y lo está cuidando en casa –respondió ella.
Rick se sentó al lado de ella. Quería abrazarla, consolarla, llenarla de besos y confirmarle que todo estaría bien, pero había límites que no deberían ser sobrepasados por lo que prefirió guardar distancia.
–Está bien, Lisa. Si no te molesta, me quedaré un par de horas aquí. Al fin y al cabo, si estamos vivos, es por él, por su valentía y compromiso –dijo Rick–. Elegiste a un gran hombre y un valeroso ser humano como tu compañero de vida –añadió él con sinceridad.
–Muchas gracias. He sido afortunada de encontrarme con gente tan valiosa como Jack y… como tú –dijo Lisa dirigiendo una mirada de admiración hacia Rick–. También como Max y Miriya, que se han convertido en mi familia y tengo que agradecerle a Max por rescatar a Jack.
–Ya habrá tiempo de agradecer, Lisa. Lo importante es que Jack se recupere, lo digo de corazón –añadió Rick.
Esa noche, Rick se quedó acompañando a Lisa hasta que llegó el turno de entrada de él. Lisa tenía una dispensa para no presentarse a laborar, sin embargo, su alto nivel de cumplimiento y responsabilidad la hicieron ir a trabajar todos los días. Después, iba por su bebé a la guardería, estaba unas horas con él en lo que llegaba la cuidadora de la guardería para atenderlo. Posteriormente Lisa se iba al hospital para ver a Jack. Así que tuvo que hacer uso de todos sus recursos para coordinarse y dividirse entre sus actividades de trabajo, de madre y esposa.
Los días siguieron su curso. Finalmente Jack fue dado de alta y Lisa lo llevó gustosa a casa. Aparentemente, el capitán se veía bien, solo más delgado y algo demacrado, pero su ánimo y sentido del humor estaban al máximo. Él estaba muy contento de volver a ver a su familia.
–¡Bienvenido a casa, amor! –dijo Lisa con alegría.
La capitana trataba de abrir la puerta del apartamento pero fue detenida por Jack quien la sujetó de la mano e impidió que se moviera.
–Gracias…
–¿Sucede algo, amor? –preguntó Lisa un poco confundida.
–Es solo que ya te extrañaba, mi amor...
Jack se acercó a ella tomándola por la cintura con su brazo derecho. Lisa colocó sus brazos en torno al cuello de él. Los hermosos ojos verdes de Lisa brillaban al ver los ojos ámbar de Jack, ambos se veían con tanto amor. Se habían echado tanto de menos esos días en que Jack estuvo en cuarentena y recuperación en el hospital que necesitaban sentirse cerca. Lentamente sus rostros se aproximaron y sus labios se unieron en un beso muy tierno que se convirtió en un remolino de sentimientos que tenía pasión, deseo y amor.
Lisa subió sus manos para hundir sus dedos en el sedoso cabello de Jack y lo acariciaba con ternura mientras que Jack la envolvía con su único brazo libre, pues tener enyesado su brazo izquierdo, le impedía moverse y sujetarla completamente.
Ese beso tierno se fue haciendo cada vez más profundo. Ambos tenían la necesidad de sentirse más y más cerca, por lo que sus labios permitieron total acceso a cada uno. De ser posible, se podrían devorar allí mismo sin importar que estuvieran fuera de su dormitorio, pues en ese momento, no existía nadie más, sólo eran Lisa y Jack, Jack y Lisa.
Sin embargo, alguien los observaba. Era el dueño de unos bellos ojos azules que regresaba a su habitación, después de terminar su jornada de trabajo y los pendientes para ese día.
Rick sintió un dolor en su corazón al ver a la pareja tan enamorada y a su vez, sonrió, pensando en que Lisa se encontraba feliz, aunque no se supiera por cuánto tiempo.
«Mi amor… ahora entiendo cuánto te hice sufrir cuando presenciaste cada uno de mis besos con Minmei, inclusive ese día en que la rescatamos del cautiverio con Khyron. Ella me besó sin más ni más y no sé por qué yo correspondí a ese beso, que fue tan frío y tan vacío. Nunca fueron como nuestros besos. Debí haberte roto el corazón, pues en ese tiempo tú y yo éramos… bueno, no sé ni cómo describirnos… Convivíamos todo el tiempo, estábamos juntos, hacíamos el amor… Éramos como una pareja pero nos negábamos a aceptarlo, o al menos yo...»pensaba Rick mientras veía la escena. Por fin, decidió que era mejor entrar a su dormitorio y no invadir la privacidad de la pareja.
Jack y Lisa terminaron de besarse, ambos tenían una hermosa sonrisa en sus labios. No había necesidad de tantas palabras pues sus ojos lo decían todo.
–Te amo, Jack –dijo ella mientras acariciaba el rostro de su esposo.
–Yo también te amo, Lisa –respondió él con ternura mientras tomaba la mano de ella y le daba un beso.
–También te extrañé, mi amor… Pensé… pensé que no… –intentó decir Lisa pero Jack la interrumpió.
–Amor, ya no pienses en eso. Estamos juntos de nuevo… Te amo y a mi bebé también. Por cierto, ¿dónde está él?
–Está aquí, en casa, amor –respondió Lisa mientras abría la puerta del apartamento–. Habilité el estudio como cuarto de juegos para él y como recámara temporal. Lo está cuidando personal de la guardería que Rick… –Lisa hizo una pausa–, es decir, el Almirante Hunter, asignó para apoyarme en su cuidado y con mis labores militares.
Entraron a su apartamento, Jack cerró la puerta y Lisa esperaba que él se molestara al escuchar el nombre de Rick, pero Jack continuó con la conversación.
–Lisa, mi amor, sé lo mucho que me amas y sé lo fiel que eres a nuestro amor –dijo Jack mirándola a los ojos, con una leve sonrisa–. Así que no te preocupes cuando hables de Rick. Él es tu pasado y yo soy tu presente. No tengo la menor duda de tu amor y quiero que sepas que estás completamente correspondida por mi amor. Te amo, hermosa… y te amaré por siempre.
–¡Oh, Jack! Mi amor, me alegra tanto que estés aquí –respondió ella.
Lisa estaba conmovida hasta las lágrimas con tal declaración de amor. Sabía que esta nueva oportunidad de tener a Jack con ella era incierta, así que se propuso aprovechar cada día y ser muy feliz con su esposo. Ella tomó la mano de Jack, lo besó tiernamente y lo dirigió al cuarto del bebé, quien en ese momento se encontraba dormido.
–El pequeño Jack cenó, le lavé sus dientitos, lo bañé y se quedó profundamente dormido –dijo la sargento, asistente de la guardería.
–Muchas gracias por cuidarlo.
–Capitana, puedo retirarme si ya no me necesita, para no invadir la privacidad de usted y del capitán.
–No invade nada, sargento Ross, pero ya es hora de que vaya a descansar. Le agradezco su valioso apoyo durante estas semanas –respondió Lisa con una sonrisa.
–Gracias, capitana –respondió la sargento–. Capitán, es un gusto conocerlo y en nombre de todos, le agradezco su labor heróica por salvarnos.
–Gracias, sargento Ross. Lo haría las veces que fuera necesario.
La sargento se despidió haciendo el saludo militar, dejando a la pareja contemplando a su hermoso bebé de cabello castaño y que pronto cumpliría dos años.
–¡Cuánto ha crecido! –dijo Jack –. Lo he extrañado muchísimo.
–Nosotros también te hemos extrañado, Jack. No sé cómo vamos a hacer cuando… –Lisa no pudo continuar y miró a Jack.
Jack tomó la mano de Lisa para guiarla hacia la sala. Se sentaron en el sofá y él secó las lágrimas que empezaban a invadir el rostro de Lisa.
–Amor, tratemos de no pensar en ello. Vamos a vivir cada día al máximo, para que tengamos los mejores recuerdos juntos –dijo Jack.
–A veces me siento tan egoísta por haberte pedido que regresaras con nosotros –mencionó Lisa.
–¿Por qué lo dices? No entiendo, amor… –preguntó Jack con confusión.
–Porque… regresaste, estás con nosotros, pero ¿a qué precio? No sé cuánto dolor tienes, si sufres, si te cuesta trabajo caminar, respirar o hacer tu vida normal. No sé… –respondió ella muy consternada mientras derramaba más lágrimas.
–Mi amor… me siento bien, en verdad. Te prometo que las veces en que me sienta mal, te lo voy a decir. Lo que más quiero, es estar contigo y con mi hijo, el mayor tiempo posible. Voy a seguir el tratamiento médico al pie de la letra, voy a dar lo mejor de mí y lo demás, estará en manos de Dios, del universo y de la vida misma. –contestó Jack mientras le sonreía tiernamente a Lisa–.
–Sí, mi amor. Seamos felices todos y cada uno de los días.
–Sí, amor… A ser felices…
Jack y Lisa volvieron a besarse con amor y pasión, como si no hubiera mañana. Fue difícil acabar con el momento, pero era necesario que Jack comiera algo pues debía alimentarse muy bien.
–Creo que esto amerita una deliciosa cena, amor. Prepararé algo para comer –dijo Lisa más tranquila.
–¿Y... habrá postre también? –preguntó Jack con una sonrisa pícara.
–Eso depende de qué tan bien coma su cena, capitán.
–Y si me acabo toda la comida, ¿tendré alguna recompensa?
–¡Claro! Mmm… podría ser una suculenta porción de pastel con el toque Hayes –respondió ella siguiendo el juego de Jack.
–Prefiero únicamente la porción Hayes, sin el pastel… ¡Ya me estoy saboreando! –contestó Jack juguetonamente humedeciendo sus labios con su lengua mientras arqueaba sus cejas y lanzaba una mirada sexy hacia Lisa.
–¡Ya veremos qué tan hambriento estás! –añadió ella con una sonrisa coqueta.
La pareja siguió de buen humor. Lisa comenzó con los preparativos para la cena. Jack quiso ayudarle pero ella prefirió que él descansara, pues era su primer día fuera del hospital, así que le dijo que la esperara en el sofá mientras veía la televisión o escuchaba música. Jack siguió las instrucciones de Lisa, aunque no muy convencido de que ella hiciera todo el trabajo.
Una vez que la cena estuvo lista, se prepararon para degustarla, en un ambiente de armonía en el cual se respiraba el cariño y amor que sentían el uno por el otro.
–Mi amor, la cena estuvo deliciosa. Después de ser alimentado por sondas y comer varios días sin sal, esta comida es un manjar y me siento tan privilegiado de estar compartiendo contigo –dijo Jack mientras sujetaba la mano de Lisa–. ¡Te amo!
–¡Yo también te amo, amor! Me alegra que te haya gustado lo que preparé, es tu cena favorita –respondió Lisa con amor–. El postre ya casi está listo, sólo falta que se enfríe un poco. Hice el flan que tanto te gusta.
–¿Amor? ¿Te importaría si comemos el postre mañana? Me… estoy sintiendo cansado y con mucho sueño. Quizá es reacción de los medicamentos que acabo de tomar, son algo fuertes.
Lisa no pudo evitar sentirse consternada. Jack siempre había sido muy activo y era muy raro escucharlo decir que estaba cansado, sin embargo, la situación ahora era diferente.
–Claro, amor. Ningún problema –respondió Lisa con preocupación.
–Prometí decirte cómo me siento. Lamento mucho preocuparte. Perdóname –dijo un somnoliento y preocupado Jack.
–Amor, no hay nada qué perdonar. Lo entiendo perfectamente. –contestó ella con mucho amor–. Ven, te ayudo a cambiarte de ropa y a acostarte, mi vida.
Así, Jack se quedó profundamente dormido mientras Lisa lo contemplaba. «Te ves tan tranquilo durmiendo, mi amor. Tu rostro refleja tanta paz. Te admiro y te amo tanto. Poco a poco te ganaste mi corazón, con tu seguridad y esa arrogancia que en un principio me molestaba. Eres tan atractivo y estoy tan enamorada de tí. Descansa, amor mío» pensó Lisa mientras le daba un pequeño beso en los labios a su esposo que estaba plácidamente dormido.
Al día siguiente, después de su jornada de trabajo, Lisa pasó por el pequeño Jack a la guardería y llegó a casa, encontrándose que Jack había preparado la comida y los recibió amorosamente, cargando a su bebé y dando un tierno beso a su bella esposa.
–¿Cómo están mis amores? Bebé, ¿extrañaste a papá? –dijo Jack con una sonrisa.
El pequeño Jack se quedaba observando a su papá y movía sus manitas colocándolas en el amplio pecho de su progenitor. Lisa los veía con gusto, grabando esas escenas para la eternidad. Ella los abrazó a ambos.
–¡Ya pronto vas a cumplir años, Jack! –le decía Jack a su bebé –. Lisa, amor, ¿qué piensas de hacer una pequeña reunión por el cumpleaños de Jack? Podrías decirle a los Sterling, así aprovecho para agradecerles que me hayan rescatado.
–Claro, mi amor. Planeamos todo y les decimos.
–También puedes decirles a las chicas, a tus compañeros del puente y al Almirante –mencionó Jack con naturalidad.
–Sí, mi amor. El cumpleaños de Jack ya está próximo, así que tengo que apresurarme para tener todo listo.
–Siendo la mejor estratega, organizar un convivio para tu bebé debe ser como comerse un dulce.
Ambos rieron con el comentario y procedieron a degustar sus sagrados alimentos, incluso Jack Jr. estaba comiendo también de la comida de ellos. Posteriormente, Lisa bañó y durmió al bebé.
–¿Me bañarías a mí también? –dijo Jack en un tono muy sexy.
–Por supuesto, capitán. Lo bañaría todas las veces que fueran necesarias.
Jack sujetó a Lisa de la cintura y le dio un beso cargado de necesidad y deseo.
–Entonces, no perdamos tiempo, capitana…
Se dirigieron al cuarto de baño de la habitación principal. Con pequeños besos y caricias, Lisa comenzó a desvestir a Jack, prenda por prenda, hasta que quedó completamente desnudo. Lo que el capitán estaba sintiendo quedaba expuesto ante los ojos de Lisa, quien cerró el espacio entre ellos y comenzó a besarlo.
Jack abrió la llave de la regadera. En cuanto el agua empezó a salir tibia, con un movimiento intempestivo, entró al agua y jaló a Lisa con él.
–¡Hey! Se supone que yo iba a bañarte –reclamó Lisa mientras comenzaba a mojarse con todo y su uniforme.
–Yo también quiero bañarla, capitana. ¿Me va a negar ese placer?
–No, capitán, el permiso está concedido –respondió Lisa con sensualidad.
Jack comenzó a desvestir a su esposa, removiendo primero el saco del uniforme, después su blusa reglamentaria, procedió con la falda, hasta dejarla en ropa interior. Se detuvo a observarla. Sus perfectas y hermosas formas femeninas lo provocaban a querer más y a desear tomarla en ese momento, pero se controló y comenzó a hablarle dulcemente al oído.
–Eres tan bella, mi amor.
–Y tú sigues siendo tan guapo como el primer día en que te conocí –dijo Lisa mientras lo abrazaba y lo miraba a los ojos.
Empezaron a utilizar el shampoo de ducha y a jugar con la espuma que invadía sus cuerpos. Entre risas, mutuamente aplicaron el shampoo en sus cabelleras y comenzaron a besarse, mientras las cálidas gotas de agua recorrían sus cuerpos y quitaban la espuma que se había formado. Debajo del agua, Jack comenzó a hacerle el amor a Lisa, cuyas largas piernas le ayudaban para facilitar el encuentro con su esposo. Sin embargo, Jack perdió un poco la concentración al tratar de que su brazo enyesado no se mojara, a pesar de tenerlo protegido contra el agua.
Con la respiración entrecortada, Jack pidió a Lisa que continuaran en la habitación, únicamente secaron sus cabellos y aún con sus cuerpos húmedos, se dirigieron a la cama y continuaron con su escena de amor. Se hicieron uno tantas veces como sus cuerpos lo permitieron. Habían estado separados por varias semanas, por lo que hacer el amor nuevamente había sido un momento mágico, lleno de ternura, amor, pasión y locura.
Esa noche, después de tantas demostraciones de amor, ambos quedaron exhaustos y durmieron sin despertarse hasta la mañana siguiente.
A posterior, llegó el día de cumpleaños de Jack Jr., quien se convertía en un hermoso bebé de dos años. Sus sedosos cabellos castaños y sus ojos color almendra eran una combinación perfecta de las características físicas de sus padres.
En el apartamento de los Archer-Hayes, los invitados comenzaban a llegar, siendo los Sterling los primeros en estar presentes. Max, Miriya y Dana saludaron efusivamente a los anfitriones, mientras que la segunda bebé de los Sterling solo observaba desde su portabebé. A Dana le gustaba mucho jugar con Jack Jr. Asimismo, Jack agradeció a Max y Miriya el que lo hubieran rescatado después del ataque alienígena.
–Max fue quien te encontró, él es quien merece todo el crédito –mencionó Miriya.
–De acuerdo, le agradezco a Max, pero también a ti, Miriya porque tú siempre cuidas la espalda de tu esposo.
–Fue tarea en equipo, Jack –añadió Max–. Y no tienes nada que agradecer, es más, nosotros somos lo que tenemos que agradecerte por salvar la vida de todos.
En eso, tocaron a la puerta. Se escuchó la algarabía en el pasillo, por lo que enseguida supieron que Sammy, Kim y Vanessa habían llegado. Los comandantes no pudieron asistir porque se habían quedado de guardia en el puente. Detrás de ellas, llegaba Rick quien fue recibido por Jack. Inmediatamente el ambiente empezó a ponerse tenso y todos quedaron a la expectativa.
–¡Almirante! Gracias por venir, pase por favor –dijo Jack amablemente.
–Gracias, capitán. Estamos fuera de servicio, así que preferiría que me llamara por mi nombre –afirmó Rick mientras extendía su mano para saludar a Jack.
–Como digas, Rick –respondió Jack, sujetando la mano de Rick.
Con ese saludo, ambos caballeros limaron asperezas y la tensión en el ambiente comenzó a descargarse. Lisa observaba la escena y poco a poco comenzó a liberar el estrés que había sentido al pensar que podría haber un enfrentamiento entre Jack y Rick.
Max llamó a Rick para que se sentaran juntos, pues sabía bien lo difícil que era para Rick ver a Lisa con su esposo.
–Ánimo, jefe –dijo Max–. Espero que pronto llegue la persona indicada para ti.
–Llegó y la dejé ir. Ahora ella es feliz con alguien más –afirmó Rick con nostalgia, dejando escapar un suspiro.
–Es un buen tipo. Arrogante algunas veces, pero adora a Lisa y a su bebé. No titubeó en dar su vida por ellos… y por todos –mencionó Max.
–Sí, Max. Si estamos vivos ahora es gracias a él –respondió Rick.
–Estaba pensando en que si se hará algún homenaje para reconocer su acción heroica.
–Sí, Max, he pensado en una ceremonia de reconocimiento a su heroísmo y… quizá…
–¡Un baile! –dijeron las conejitas, que siempre estaban atentas a todas las conversaciones.
–Bueno, chicas, ¿es que a ustedes nada se les escapa? –cuestionó Rick con una sonrisa.
–No, señor. ¡Nada! Es nuestro sello característico –dijo Kim –dejaríamos de ser el trío informativo si no nos enteráramos de todo.
–¡Vaya que sí! –respondió Max entre risas.
–¿Cuándo será el homenaje? –preguntó Vanessa.
–¿Y cuándo será el baile? ¡Tengo que buscar un vestido que ponerme! –dijo Sammy –. ¿Será baile de gala?
–Pues, no lo he pensado todavía, sólo era una idea –respondió Rick.
–¡Nosotras podemos organizar todo! Solo necesitamos saber la fecha y tendremos todo listo –afirmó Kim con entusiasmo.
–Podría ser en dos semanas, exactamente… –dijo Rick.
Dos semanas después, en el salón principal de conferencias de la milicia, se llevó a cabo el homenaje para Jack, por su valor y heroísmo en la batalla librada contra los enemigos alienígenas. Se hizo acreedor a la medalla Titanium y al siguiente rango superior. Los escuadrones se organizaron para hacer una demostración en el espacio para honrar al capitán.
Asimismo, también hubo un reconocimiento para Lisa, Max y Miriya, quienes también fueron ascendidos en sus rangos.
El Almirante también reconoció a los militares que perdieron la vida en el encuentro.
El capitán Sterling, en nombre de la tripulación del SDF-3 y la mayor Hayes, en nombre de la tripulación del SDF-2, dirigieron un discurso de reconocimiento a la labor del Almirante Hunter, hecho que Rick no esperaba que sucediera y se sentía muy complacido con ello, pues significaba que estaba haciendo un buen trabajo en dirigir a las Fuerzas Expedicionarias Robotech.
Esa misma noche se celebraría una cena-baile para continuar con el homenaje. La velada había sido organizada por las chicas, que estaban ocupadas en que todo saliera a la perfección. En una sola mesa, habían acomodado a los Sterling, Archer-Hayes, el almirante y ellas junto a los tres comandantes del puente.
–Las chicas hicieron un gran trabajo –afirmó Max.
–Así es, Max. Son muy eficientes, además de curiosas –respondió Rick con una risilla.
–Se ven muy hermosas, qué bueno que los comandantes pudieron asistir. Hacen bonitas parejas con ellas –dijo Miriya.
–Sí, mi amor. Ojalá puedan encontrar el amor con el que tanto sueñan, así como tú y yo, que nos enamoramos profundamente –dijo Max mientras abrazaba a su esposa.
–Y espero que alguien más, también pueda encontrar una pareja –afirmó Miriya mientras veía a Rick.
–¿Por qué me miran a mí? –preguntó Rick tratando de disimular.
–Porque no has dejado de ver a Lisa durante toda la noche –respondió MIriya a quemarropa.
–Es que me es imposible dejar de admirarla. Se ve hermosa…
–Es cierto, Lisa es una mujer muy hermosa, al igual que mi preciosa esposa –dijo Max, dándole un pequeño beso a Miriya.
En la pista, Lisa y Jack estaban bailando la música romántica que se escuchaba en ese momento. Ambos se miraban con tanto amor y felicidad, que lo transmitían a quienes los veían.
Jack usaba un smoking color gris oscuro y Lisa tenía un peinado que recogía su cabello y que combinaba perfecto con su vestido negro de cuello alto dejando su espalda descubierta, formando un contraste perfecto entre el color oscuro del atuendo y el tono claro de su piel. Jack la abrazaba, esta vez con ambos brazos pues ya le habían retirado el yeso. Le decía palabras al oído que la hacían sonreír y reposaba su cabeza en los pectorales de él.
–Te ves hermosa, mi amor –le decía Jack dulcemente.
–Y tú estás tan guapo, mi vida –respondía Lisa, mientras le daba un pequeño beso en los labios.
–Si la fiesta no fuera en mi honor, en este preciso momento me escaparía contigo a nuestra habitación.
–¿Y nuestro bebé?
–Pasaría por él, lo pondría en su recámara y a tí… te devoraría.
Lisa sonrió ante tal comentario, sin embargo, comenzó a hablar con seriedad.
–Fuera de toda broma, amor, me dices cuando ya te quieras ir o si te sientes cansado, para retirarnos… –dijo Lisa con preocupación–. Mientras, tratemos de disfrutar de la velada. Lo bueno que Max y Miriya están cuidando a Jack, así podemos tener estos momentos a solas.
–Sí, amor. Ellos parecen guardería –dijo Jack entre risas–. Cuidando a sus dos bebitas y además, a nuestro hijo.
–Sí, aunque las chicas también les han estado ayudando.
–Son buenas personas, Lisa. Qué buenas amistades tienes.
–Lo sé, Jack. Son como mi familia.
–Y… Hunter no ha dejado de verte...
–Jack... por favor…
–No lo digo por molestar, sino que pienso en lo difícil que ha de ser para él, verte conmigo… aunque solo sea por poco tiempo.
–No pienses en eso, Jack. Vamos a vivir mucho tiempo juntos.
–Eso no lo sabemos con seguridad, pero evitemos pensar en ello, mi amor. Pero… –Jack detuvo la conversación.
–¿Pero?
–Amor, como te lo dije esa vez de la batalla… Cuando… cuando yo ya no esté aquí, sé feliz. Sola o acompañada, como tú lo decidas, pero sé feliz. Yo siempre querré tu felicidad y si es con él, yo… bueno… –trataba de decir Jack pero fue interrumpido por Lisa.
–Soy feliz contigo, mi amor. Por ahora, no pensemos en nada ni en nadie más, ¿de acuerdo? –dijo Lisa prodigándole un tierno beso en los labios.
–Lo que tú digas, mi amor –respondió Jack con una sonrisa.
Los eventos de la velada sucedieron como estaba planeado. Los asistentes habían disfrutado de un momento de relajación, entre el estrés que se vivía con los patrullajes o con la cruel batalla que habían tenido con esas extrañas criaturas.
El Almirante felicitó a las chicas por la organización del evento, así como también, agradeció públicamente a su equipo militar por haber librado la batalla y salir vencedores.
Algunos minutos más tarde, Lisa y Jack felicitaron a Rick por su desempeño como Almirante y le avisaron que se retiraban de la velada, pues ya era tarde y tanto Jack Jr., como Jack, necesitaban descansar. Lisa fue por bebé Jack, hecho que propició que Jack y Rick se quedaran solos por unos instantes.
–Almirante, le agradezco por los eventos que preparó para nosotros. Eso nos muestra que es un líder que sabe reconocer las capacidades de su equipo de colaboradores –dijo Archer.
–Capitán, agradezco sus palabras, sin embargo, somos nosotros quienes tenemos que darle las gracias por su valentía. Principalmente por usted, es que seguimos con vida –afirmó Rick,
–Pierda cuidado, Almirante. Lo volvería a hacer, sin dudarlo. Mis tesoros más grandes se encuentran en esta nave, además de todas las vidas que están a bordo. –Jack hizo una pausa–. ¿Puedo hablarle fuera de protocolo?
–Adelante, Archer.
–La conversación que tuvimos el día de la batalla, lo dije en serio, ahora más que nunca. Sé que Lisa es una mujer independiente y sé que cuidará de Jack, sin embargo, llegado el momento, quiero pedirte que la apoyes cuando lo necesite. Lo mismo le pedí a Max y Miriya, que son como una familia para ella.
–Jack, yo…
–Déjame continuar, Hunter –interrumpió Jack–. Sé que suena como una locura que te esté pidiendo esto, pero soy realista. No sé cuándo me iré de este plano, así que no podré hacer mucho por ella y mi hijo de lo que he hecho ya. Quiero irme con la tranquilidad de que mi esposa y mi bebé van a estar bien, apoyados por sus amigos cercanos.
–Como te dije esa vez, te doy mi palabra. Yo vigilaré por ellos a la distancia, sin intervenir en sus vidas. Sólo les dejaré saber que estaré ahí cuando ellos lo necesiten –respondió Rick con sinceridad.
–Hunter… Hunter… La vida da muchas vueltas –dijo Jack.
–¿Qué quieres decir? –cuestionó Rick.
–Que algunas veces, no importa los caminos que sigamos, los enlaces del destino permanecerán intactos –respondió Jack mientras en sus labios se formaba una aguda sonrisa hacia el lado derecho de su rostro y en sus ojos se veía un brillo suspicaz–. Debido a ese destino, lo que es para ti, lo será, sin importar cómo o cuándo.
–Te entiendo, Jack… –afirmó Rick con serenidad. Es solo que no creí que tuvieras esa filosofía de vida y mucho menos esperé tener esta plática contigo.
–Estar en el límite entre la vida y la muerte hizo cambiar mi visión de las cosas. –mencionó el capitán–. Cuídate, Hunter. Tienes una gran labor a cuestas –añadió–.
Diciendo esto, Jack hizo el saludo reglamentario y ofreció su mano como despedida, gesto que fue correspondido por Rick.
–Larga vida, Jack.
–Larga vida, Rick.
Max, Miriya y Lisa observaron la escena desde lejos. Jack regresó con ellos mientras Rick se ocupaba de algunos detalles con las conejitas. Los Archer-Hayes se retiraron del evento y una vez que llegaron a su dormitorio, colocaron al bebé en la cunita de su recámara.
–¿Cómo estás, amor? –preguntó Lisa mientras acariciaba el rostro de su esposo.
–Bien, mi amor. Sólo me siento un poco cansado.
–Es que ha sido un día con muchas actividades –respondió Lisa–. ¿Quieres acostarte y te ayudo con la pijama?
–Claro, princesa. Ser desvestido por ti es tan excitante… –dijo Jack con un brillo oscuro en sus ojos.
–¡Jack! ¿Qué no se supone que estás cansado?
–Mi mente no lo está, amor… –respondió él mientras se aproximaba de forma sensual a ella para darle un abrazo.
–Qué abrazo tan delicioso…
–Y podría darte otras cosas deliciosas también… –dijo Jack mientras comenzaba a besarla.
La pareja se dirigió al dormitorio, dejando un camino trazado con las prendas de Jack, quien ya solo tenía puesto su bóxer. El apuesto militar comenzó a besar a su esposa en el cuello, lo que hacía que ella se derritiera en sus brazos. Él aprovechó el momento para desabrochar el vestido desde el cuello alto, haciéndolo caer instantáneamente al suelo mientras dejaba al descubierto el pecho de Lisa y su lencería de encaje negro, lo cual provocó que miles de descargas recorrieran el cuerpo de Jack, concentrándose en un punto específico que no pasó desapercibido por Lisa.
–Es que eres hermosa… –dijo Jack con una voz ronca llena de deseo.
–Ámame, Jack –respondió ella con el mismo deseo que veía en los ojos de su esposo.
Así, las únicas prendas que cubrían sus cuerpos fueron removidas y la pareja comenzó a amarse, recorriendo sus figuras con besos y caricias. Dulcemente, Jack colocó a Lisa de espaldas sobre la cama. Ella ya estaba lista para recibirlo y se hicieron uno siguiendo el compás de sus deseos. Después cambiaron de posición y ahora fue el turno de ella para prodigar amor a su esposo, quien la acariciaba con la misma sincronía con que ella lo amaba. En un movimiento repentino, Jack invirtió posiciones para continuar haciendo el amor con la mujer que amaba. Ambos se dejaron llevar por sus emociones y llegaron a la cúspide de su encuentro amoroso, dejándose caer pesadamente sobre las almohadas, mientras que sus manos y piernas seguían entrelazadas y sin siquiera notarlo, el sueño se apoderó de ellos.
Después de algunos días, Jack fue a control médico al hospital, obteniendo su alta médica para laborar, por lo que sería reincorporado a sus funciones militares, mismas que habían tenido una reestructuración de actividades, reduciendo los patrullajes al mínimo y la mayor parte del tiempo, se dedicaría al entrenamiento militar de los nuevos reclutas y a la capacitación de vuelos por simulador.
Jack regresó al área de los escuadrones y fue recibido con respeto y agradecimiento.
–Bienvenido, Archer. ¡Ya extrañabamos tu arrogancia por estos lugares! –dijo Miriya quien se caracterizaba por emitir sus comentarios de forma directa y sin suavizar sus expresiones.
–Con semejante recibimiento, no sé entenderlo como un cumplido o una queja –respondió Archer entre risas.
–Claro, colega, en verdad, eres bienvenido –dijo Max palmeando el hombro de Jack.
Aparentemente la rutina había vuelto a la vida de los Archer-Hayes, quienes cubrían su horario de trabajo y al finalizar sus actividades, iban por su bebé a la guardería. Cierto día, Lisa tuvo que quedarse a trabajar horas extra pues tenía una reunión con el almirantazgo y el equipo científico. La capacidad estratega de Lisa y su visión a largo plazo en operaciones tácticas eran sobresalientes por lo que siempre se encontraba pensando en mejoras para las fuerzas Robotech.
De este modo, se reunieron los equipos de trabajo para crear estrategias que les permitieran generar nuevo armamento y otras formas de energía que no estuvieran basados únicamente en la protocultura, pues era bien conocido por Lisa, que existía la flota invid, la cual estaba ansiosa por obtener la protocultura del universo y poderla reproducir a través de lo que ellos llamaban "flores de la vida". Así que el SDF-3 funcionando en su totalidad con protocultura, sería un objetivo de conquista para los invids, una vez que la fortaleza fuera detectada por ellos.
La junta de trabajo se prolongó algunas horas. Una vez que fueron tomados los acuerdos y los cursos de acción, se dio por terminada la reunión. Rick y Lisa se quedaron unos minutos deliberando lo acontecido. Tan bien conocía Rick a Lisa, que sabía que algo le preocupaba.
–¿Qué sucede, Lisa? Algo te tiene intranquila –preguntó Rick.
–A ti no puedo ocultarte nada... Me conoces tan bien… –respondió Lisa.
–Tanto como tú a mí. Cuéntame, por favor…
–Bueno… Independientemente de las preocupaciones de mi situación personal, me inquieta que aparezcan los invids. Nos estamos acercando a Tirol y es posible que los invids estén rondando ese planeta. El SDF-2 tiene otras formas de energía, las creamos en un lapso de 5 años, después de que nos enfrentamos a esa raza que casi nos destruye. Pero ahora el SDF-2 está inactivo, no podríamos defendernos y estaríamos en la mira con el SDF-3 funcionando completamente con protocultura.
–Comprendo, Lisa. Tendríamos que trabajar a marchas forzadas para lograr replicar el sistema de energía del SDF-2. Aunque ya llevamos ventaja pues nos ahorraríamos los años de investigación y prueba que ustedes tuvieron que hacer.
–Aún así, Rick, replicar el sistema de energía nos puede llevar años.
–Mira, ya nos pusimos a trabajar en ello, solo nos queda dar nuestro mejor esfuerzo y esperar que no nos encontremos con esa raza alienígena.
–Eso es lo que me preocupa. Que tengamos que depender de condiciones que están fuera de nuestras manos.
–Lo sé, Lisa. A mí también me estresa. Tengo la responsabilidad de esta expedición y…
–Recuerda que no estás solo, Rick. Me tienes a mí y cuentas con el apoyo de los militares a bordo.
–Gracias, Lisa –respondió Rick sonriéndole con orgullo.
Lisa correspondió a esa sonrisa y le informó que se retiraba. Rick se quedó solo en su oficina. Su cabeza era un torbellino de pensamientos, la fortaleza, las investigaciones científicas, las amenazas alienígenas y Lisa, esa mujer a la que tanto amaba, que admiraba como persona y como profesional. Tenía mucho que agradecerle y tanto que aprender de ella.
En otra parte de la nave, Lisa entraba a su dormitorio. Se encontró con la tierna escena de Jack durmiendo en sus brazos a su bebé, quien cada día crecía más. Con sus pequeñas manitas, Jack Jr. acariciaba el rostro de su papá, quien se sentía gozoso de compartir esos momentos con su hijo.
–Pa...pa, paapaa –repetía el pequeño Jack casi a punto de dormirse.
Jack acariciaba la carita de su bebé y sus hermosos y suaves cabellos. Finalmente, sostuvo su manita con su fuerte mano.
–Te amo, hijo mío –dijo Jack mientras daba un beso en la mejilla a su bebé.
Jack levantó su mirada y le sonrió a Lisa.
–A tí también te amo, amor de mi vida –le dijo a Lisa con una voz cálida.
–Yo también te amo, mi amor –respondió Lisa con amor.
Lisa se acercó a ellos y se sentó a su lado.
–Se ven tan hermosos –afirmó Lisa.
–Así como tú, mi vida.
–Iré por la cámara, ¡quiero capturar este momento!
Lisa tomó varias fotos y un video de ese momento. Bebé Jack ya se había dormido y Jack lo depositó en su cunita.
–Mi amor, preparé comida italiana, tu favorita –dijo Jack mientras sujetaba a Lisa por la cintura.
–Muchas gracias, amor –respondió Lisa, colocando sus brazos en el cuello de él mientras lo besaba tiernamente.
–Debes estar con hambre y cansada, amor. Esa junta duró muchas horas.
–Sí, amor. Pero olvidémonos del trabajo y vamos a probar esa deliciosa cena.
–Con gusto, mademoiselle.
–¿Mademoiselle? Mejor en italiano, amor, para que esté de acuerdo con la cena –dijo Lisa entre risas.
–Molto bene, signorina! –respondió Jack riendo también.
Era palpable el ambiente familiar de amor y cordialidad en que vivían Lisa y Jack, diciéndose siempre palabras de amor y teniendo atenciones el uno con el otro. Disfrutaron de la deliciosa lasagna y el spaghetti a la bolognesa que Jack había preparado.
–Mi amor, ¡la cena está deliciosa! Es la lasagna más exquisita que he probado –decía Lisa con entusiasmo–. Muchas gracias por consentirme y cocinar para mí.
–Me alegra que te haya gustado, amor. Jack me ayudó también –dijo entre risas.
–Oh, quizás es por eso que todo quedó riquísimo –dijo Lisa con una sonrisa.
–Ahora ya sabes el secreto –respondió Jack guiñandole un ojo–. Y amor…
–¿Sí?
–Cuando yo falte, háblale de mí a Jack. Dile cuánto lo amo y que lo protegeré desde donde quiera que esté. Los amo, mi vida –habló Jack con melancolía.
–¡Oh, Jack! Falta mucho para ese día, quedamos en disfrutar cada momento al máximo, así que pensemos positivo. ¿Te parece? –dijo Lisa, tratando de controlar las emociones que se agolpaban en su garganta.
–De acuerdo, mi amor. ¡Te amo! –dijo Jack con mucho sentimiento.
–¡Te amo también! –replicó ella, sujetando la mano de su esposo.
Terminada la cena, Jack quiso lavar los platos pero Lisa se lo impidió.
–Amor, tú cocinaste, ahora me toca a mí lavar los platos. Puedes ir a descansar y enseguida estoy contigo –dijo Lisa y le dio un beso a Jack.
–Está bien, amor, te espero en el sofá –respondió Jack.
–Sí, mi vida.
Cuando Lisa terminó de lavar la vajilla y los cubiertos que habían utilizado, vio que Jack estaba casi dormido en el mueble de la sala.
–Amor… vamos a que te acuestes. Debes estar cansado de cuidar a Jack, de cocinar y de esperarme… –dijo Lisa con voz dulce.
Jack apenas lograba abrir los ojos al escuchar la voz de Lisa.
–Ven, amor. Te ayudo con la pijama.
–Gracias, amor. Me está venciendo el sueño.
–No te preocupes.
Se dirigieron a la habitación. Lisa le puso la pijama a Jack y lo recostó en la cama.
–Mi amor, me voy a bañar y enseguida estoy contigo –dijo Lisa con un susurro de voz.
Se acercó a darle un beso a su esposo, que ya casi se dormía por completo. Jack respondió a ese beso y abrió sus hermosos ojos ámbar. Acarició el rostro de Lisa y le sonrió.
–Te amo, Lisa... –dijo Jack con tanto amor en su voz.
–Te amo, Jack –respondió ella.
Jack sonrió y atrajo la cabeza de Lisa hacia él, para darle un beso en los labios y cerró sus ojos para dormir plácidamente en la tranquilidad de su recámara, junto a la mujer que amaba.
El apuesto militar con uniforme azul marino, caminaba por los pasillos de la nave, pues necesitaba tranquilizar su mente y aclarar sus pensamientos. Sus pasos lo condujeron al observatorio, que era su lugar especial para calmarse y reflexionar. Utilizó su código de acceso pues por el horario, el lugar ya estaba cerrado. Caminó hacia su banca favorita y visualizó a una delicada silueta femenina, con uniforme blanco y que se encontraba parada junto al ventanal principal. Se dirigió hacia ella y se colocó a su lado izquierdo, guardando cierta distancia.
El rostro de ella se reflejaba en la superficie del ventanal. Asimismo, vio el reflejo del rostro del militar que acababa de llegar y que estaba junto a ella, sin embargo, pareció no inmutarse y continuó viendo la inmensidad del espacio.
–Fuera del horario de trabajo, no había tenido la oportunidad de encontrarte o de hablar contigo –dijo el militar.
–Pues aquí estoy… Puedes hablar conmigo ahora… –respondió Lisa sin emoción.
–¿Me has estado evitando? –cuestionó Rick.
–No –contestó ella secamente.
–Bueno... Creo que no es el mejor momento para hablar contigo –respondió él con decepción.
–Disculpa, Rick. Es solo que… nada… –respondió ella dulcificando un poco su voz–. ¿De qué querías hablarme?
–Solo quiero saber cómo estás, cómo está tu bebé, si necesitan algo… –preguntó Rick–. Te veo todos los días en el trabajo, pero nunca conversamos de temas personales y terminando nuestro horario de labores, te desapareces y parece que evitas hablar conmigo.
–No es así... –respondió Lisa sin voltear a ver a Rick–. Aprovechando este momento, quiero agradecerte…
–¿Agradecerme? –interrumpió Rick.
–Sí, nunca te agradecí el homenaje y la cena que hiciste principalmente en honor a Jack…
–Nada hay que agradecer, Lisa. Me gusta honrar a las personas en vida, cuando pueden disfrutar de los reconocimientos adquiridos por su labor y valentía.
–Y también quisiera… agradecerte por… el homenaje póstumo –dijo Lisa y su voz comenzó a quebrarse.
–Lisa… –respondió Rick con una voz muy cálida.
–Han pasado varias semanas y…
Lisa no pudo seguir, porque los sentimientos se agolparon en su garganta, de pronto las palabras se fueron y las lágrimas comenzaron a brotar copiosamente. Rick no podía verla llorar, pues le rompía el corazón. Lentamente se fue acercando a ella, no sabía exactamente qué hacer para consolarla.
–Llora… Tienes que desahogarte y liberar esos sentimientos retenidos que has estado acumulando –habló Rick con voz pausada–. Eres una mujer fuerte. Tienes a tu bebé y recuerda que quienes te queremos, también estamos para apoyarte.
En ese momento, Lisa volteó a verlo con una mirada de infinita tristeza. Rick se giró en torno a ella y ofreció sus brazos abiertos. Ella se abalanzó sobre él, abrazándolo con todas sus fuerzas, dejando salir el llanto que había contenido durante tantos días y escondiendo su rostro en el espacio que se formaba entre el cuello del almirante y sus amplios hombros. Sin decir palabra alguna, Rick se limitó a abrazarla como si fuera una niñita a la que había que proteger.
–Todo va a estar bien, Lisa –decía Rick mientras le acariciaba el cabello, a manera de consuelo–. Todo estará bien...
Poco a poco, Lisa fue calmándose hasta que las lágrimas cesaron. Se sentía cobijada en esos brazos que le ofrecían consuelo pero prefirió apartarse de ellos, volviendo a su coraza interna, pues había decidido evitar la comunicación con los demás en lo que vivía su etapa de duelo. Agradeció el gesto de su amigo, colega y superior. Posteriormente, ella se retiró del lugar, dejando a un Rick Hunter con sentimientos encontrados y pensamientos revolucionados. «Te conozco, Lisa… La Reina de Hielo ha regresado».
Continuará...
Notas de autor:
Capítulo dedicado a quienes dejaron este plano terrenal y a quienes han sufrido la pérdida física de un ser querido.
Su recuerdo vivirá en los corazones y pensamientos de las personas que los aman
¡Hola a todos! Redactar este capítulo ha sido emotivo y a la vez difícil. Si bien, las ideas ya estaban estructuradas, el proceso de edición fue minucioso y se llevó más tiempo de lo esperado.
Agradezco sus opiniones y comentarios, tanto en español, como en inglés. Es bueno enterarse de las diversas reacciones generadas por los fics de mi autoría y asimismo, conocer la forma de pensar de los lectores.
Saludos y espero sus reviews.
