Súper soldados
Diana dejó que Shoot agarrara a su amigo, que miró detenidamente a la yegua.
- ¿Segura qué puedes sola?
- Soy una amazona, y por lo visto, muchísimo más fuerte que una común. Creo que podré con esto.
- ¿Qué hacemos con el?- dijo Show mirando al grifo aún atado con el lazo de la verdad.- Algo me dice que necesitarás ese lazo, pero nosotros también. ¿Cómo lo mantendremos a raya y nos aseguraremos de que nos indique el camino correcto a la salida?
- Po... podéis confiar en mí...- dijo el aludido con miedo en su voz.
- ¿Tú?- comentó Shoot antes de empezar a reír.- ¿Y por qué deberíamos creerte?
- Tiene el lazo de la verdad- dijo Diana mientras se acercaba.- ¿Por qué quieres ayudarnos?
- Soy lo suficientemente listo como para saber que contigo y ese viejo libres, está base esta condenada. Si me dais vuestra palabra de que no voy a morir, os guiare fuera, hasta dejaré que me arresteis.
Diana observo en silencio al grifo antes de girarse a Trevor, que asintió.
- Tienes mi palabra de que vivirás.
El grifo miró a la yegua antes de asentir, y fue cuando Diana agarró el lazo y libero al soldado. Tal como prometió, no hizo intento alguno por escapar, por lo que el grupo se dispuso a irse, salvo por la amazona y... el anciano terrestre. La terrestre lo miro detenidamente, aún sin saber como era posible que le tuvieran tanto miedo.
- ¿No quieres escapar de aquí?
- No sin recuperar lo robado o asegurarme de que esta base lo sepulte para siempre.
- ¿Y que vas a hacer tú, anciano?- dijo Shoot con una risa.
El viejo semental observo al terrestre con una ceja alzada, peor decidió cayarse. Diana suspiro y se encaró a sus amigos dispuesta a no perder más tiempo.
- Salid de aquí e id a Kurts.
Dando una última mirada al anciano, al final obedecrieron, deseando suerte a su amiga una última vez. Una vez se fueron, Diana observo al viejo terrestre, dando un suspiro, pensando en cómo diablos hacer lo que tenía que hacer y a la vez mantener a salvo al terco semental.
- No te preocupes por mi- dijo el anciano, sacando a Diana de sus pensamientos.- Se cuidarme solo, y puedo serte de gran ayuda.
- Agradezco su oferta, pero...
El terrestre le dio una sonrisa antes de observar al techo del pasillo.
- ¡Shazam!
Diana pudo escuchar un trueno lejano y, al instante, un rayo atravesó el techo, cayendo sobre el viejo cuerpo del terrestre y sustituyéndolo por el de un unicornio de la misma altura que Celestia, pero con una crin común. Una capa cubría parte de su cuerpo y una capucha ocultaba su rostro, del que ahora colgaba una gran barba que le llegaba al pecho, cubierto por un traje rojo que vestía en todo su cuerpo y un gigantesco rayo amarillo en su torso. El nuevo poni se estiró un poco, extendiendo unas alas que la yegua no vio antes, revelándose como un alicornio. Dando una sonrisa, observo a su compañera.
- Listo para el combate.
- ¿Cómo...?
- ¿Cómo un anciano terrestre pasa a convertirse en un alicornio?- dijo con una sonrisa.- Fui elegido para esto, normalmente, nunca vuelvo a mi forma base.
- Entonces... ¿por qué estabas en esa forma?
El alicornio se quedó cayado un momento, pensando la respuesta.
- Nunca me nege el hecho de enamorarme y formar una familia, una vida larga, como bien sabrás, amazona, no es agradable si la pasas solo. Le especifique a cada uno de mis seres queridos la importancia de guardar el secreto... pero mi nieta... no pudo evitar decir que su abuelo era un mortal capaz de convertirse en un ser todopoderoso- el alicornio dio una pequeña sonrisa al recordar a su nieta, antes de desaparecer.- La noticia llegó a ese general Cratar, un fanático de lo oculto, y digamos que consiguió infiltrarse en mi hogar, aún no se como lo hizo, robar un amuleto de máximo poder y engañarme para retornar a mi forma poni, usando a mi nieta como amenaza.
- Supongo que ese amuleto es lo que le dio esa fuerza a ese grifo- dijo Diana mientras empezaba a caminar junto al alicornio, haciendo este lo mismo, y mirándolo siempre con un asombro claro en sus ojos.
- Así es- comento el semental mientras asentía.- Es el Amuleto del Alicornio, capaz de dar el poder de uno a cualquier especie, ya sea unicornio, terrestre, pegaso, grifo... Pero tiene una desventaja, corrompe al usuario, cosa que averiguaron gracias a mis adviertencias. Esa doctora veneno ha estado trabajando en la forma de condensar las habilidades de un alicornio en un suero a través de ese artefacto. Hasta ahora, sólo han conseguido su fuerza, agilidad y regeneración acelerada, pero tienen problemas con la corrupción intrínseca del amuleto.
- Si consiguiera traspasar aunque sea solo las habilidades carentes de magia...
- Todo el mundo estaría en peligro.
Amazona y alicornio se dieron prisa por encontrar los laboratorios principales, y al abrir una puerta, se encontraron frente a frente con un almacén gigantesco. A un lado había una gran cantidad de maquinaria pesada que soltaba vapor cada poco tiempo y con tubos que transportaban el suero de súper soldado, fabricado por Poison Maru, convertido en gas y enganchados a prisiones hechas de cristal. Este era un cristal encantado para evitar que lo que estuviera dentro recibiera una fuerte descarga en caso de tratar de romperlo, y todas las jaulas estaban llenas de prisioneros. Además de estos, habían cientos de científicos y soldados que los miraron detenidamente, antes de que estos últimos les apuntaran con sus armas.
- Se que no quiere matar, pero esta base debe ser destruida de inmediato- dijo el alicornio mientras se preparaba para pelear.
- ¿No hay otra opción?- comento Diana con disgusto mientras hacía lo mismo que su compañero.
- A menos que quieras un ejército de súper soldados marchando a Ecuestria y masacrando a inocentes... No.
Con un gemido de disgusto, Diana se preparo mentalmente para pelar, sin retener su fuerza. Los soldados empezaron a disparar, y en el mismo instante, un escudo gigantesco cubrió a los dos, dando tiempo a Wonder Mare de coger su espada y empuñarla en su boca. El alicornio empezó a volar, cargando sus alas con electricidad y mandando un poderoso rayo hacia el grueso de grifos, dando una oportunidad a la yegua, antes de lanzarse al resto del almacén. Con un grito de batalla, la amazona se lanzó hacia adelante, calvando con fuerza la espada en el pecho del primero de ellos, arrancándola con la misma velocidad y cortando la cabeza del siguiente. Los únicos que se libraban de su furia, eran lo suficientemente listos como para huir de allí.
Desde la sala de control, Poison Maru observo a Wonder Mare y a un alicornio destruyendo sus instalaciones, este último más que la primera por su magia. Las explosiones empezaron a desencadenarse por la sala, por lo que la unicornio se dirigió con prisa a su mesa, recogiendo varios diales del suero más reciente, el que había probado ser más eficaz, y guardándolos en unas alforjas. Miró de reojo el Amuleto del Alicornio, pero el sonido de una explosión detrás de ella le sobresaltó, saltando justo a tiempo de esquivar un gran fragmento de metal de una de las maquinarias de abajo. Bajo este, pudo ver el artefacto mágico, apagando su brillo, aparentemente inservible. Con el tiempo en su contra, salió de allí y se dirigió a la salida de las instalaciones.
Abajo, Wonder Mare sacó su espada de otra de las máquinas, saltando luego al suelo y viendo a un grupo de cuatro grifos apuntando con terror a la yegua. Esta los miro fijamente, viendo en su mente a los jóvenes que mató el día anterior, suspirando profundamente.
- Largaos antes de que esta base sea destruida.
Los grifos se miraron entre sí antes de empezar a correr, dejando atrás sus armas. Wonder Mare los observo satisfecha, girándose para ver al alicornio usar su magia para destrozar maquinaria y las jaulas que contenían a los prisioneros a los que se les había inyectado el suero. Diana miró las celdas cercanas a ella, notando como los grifos y ponis la miraban con ira, exactamente igual que un depredador admirando a su presa. Podría simplemente dejar abiertas las puertas y alejarse, confiando en que podrían escapar a tiempo, pero sabía que no podía. No sólo habían perdido por completo su cordura, sino que eran peligrosos. Sino los encontraba el general Cratar, dañarían a los inocentes. La amazona observo detenidamente a uno de los que estaban apresados, un unicornio de 18 años, algo que sólo le provocó una profunda tristeza. Justo en el momento en el que el sujeto rugia, una llamarada mágica había chocado con su contención y se extendió a las otras jaulas, matando a todos los ocupantes.
- Se que es duro- dijo el alicornio mientras aterrizaba.- Pero te aseguro que no tenían salvación. Uno puede desprenderse del Amuleto del Alicornio, pero ellos... están más allá de cualquier cura.
- Eso no significa que deba gustarme.
- Supongo que no...
- ¿Ya tienes tu amuleto?- dijo Diana indiferente, aún observando las llamas.
El alicornio observo el ventanal que daba a la sala que sabía tenía el amuleto, notando el gran fragmento que había destrozado la habitación. Negó con la cabeza y observo a la amazona.
- No detecto su poder, es probable que el uso que le daban le debilitó, y los daños a su contención debieron acabar con su magia. Es muy poco probable que recupere su antigua gloria, mucho menos aquí, lejos de toda magia de la que alimentarse. ¿Nos vamos?
Diana asintió y se acerco al alicornio, que observo el almacén ardiendo, y envolvió a la yegua en una burbuja mágica y alzó el vuelo, atravesando las paredes de roca como si no estuvieran. Al fin, salieron a la luz del sol, a cincuenta metros de la iglesia, rodeados de grifos y ponis que huían despavoridos. El alicornio se poso y camino hasta el borde del bosque junto a Wonder Mare, y una vez ahí, se dio la vuela. En cuanto todos hubieron abandonado las inmediaciones, iluminó su cuerno y se encabrito sobre sus patas traseras, dando un fruete pisotón a la vez que un rayo tan grueso como una casa caía desde las nubes que cubrían el cielo del amanecer. Los terrenos del pueblo abandonado tembalron y se vinieron abajo, sepultando definitivamente el laboratorio y el Amuleto del Alicornio, al menos eso esperaba el alicornio. Satisfecho, se giro a la yegua y se inclino en señal de respeto.
- Gracias, amazona, has sido de gran ayuda.
- No podía dejarte ahí... y supongo que tampoco teníamos otra opción- dijo Diana con un suspiro.
- Lo se, pero ten en mente que has salvado innumerables vidas. Como muestra de gratitud, eres bienvenida a venir a mi hogar siempre que quieras. Estaré encantado de hablar con una amazona fuera de una batalla. Siempre he considerado interesante tu cultura.
- Gracias... supongo.
- Si un día quieres visitarme, colócate ante una puerta, y piensa en mí. Ahora, ¿quieres qué te lleve a algún sitio?
- No, puedo llegar por mi misma- dijo la amazona con una sonrisa.
- Bien, hasta la vista, Diana, princesa de Temyscira.
Dando una sonrisa ante el asombro de la yegua, alzó el vuelo y creo un portal en el cielo, uno con siete símbolos distintos, y desapareciendo al traspasarlo. Diana observo el punto en el que estuvo antes de suspirar, si se era sincera, le caía medianamente bien, y tenía curiosidad. Prometiéndose a si misma ir a hablar con el después de terminar esa guerra, se interno en el bosque, rumbo al pueblo donde había estado. Cuando el sol ya empezaba a acercarse a su punto más alto, vio la silueta de los edificios desde la distancia, sonriendo ante esto. Los grifos de la pequeña población saludaron a la amazona, saludos que ella devolvió encantada. Cuando llegó a la plaza, se topo con algo que no esperaba. En una de las mesas de uno de los bares, rodeada de los habitantes y disfrutando de la música de los artistas locales, estaba la mismísima princesa Celestia.
Cuando entró en su campo de visión, la princesa sonrio y giro la cabeza, hablando con uno de sus guardias. Este entró rápidamente en el edificio, saliendo al cabo de muy poco junto a Trevor, que tenía unas cuantas vendas cubriendo sus heridas. En cuanto localizo a Diana, dio una gran sonrisa y fue corriendo hacia ella, ignorando el dolor en su pecho, y abrazándola con fuerza, correspondido por la yegua, que enterró su rostro en su cuello.
- Gracias a Celestia, pensé que te habría pasado algo.
- No te preocupes- dijo Diana con una sonrisa.- Soy más dura de lo que piensas.
- Eso parece- contesto Trevor separándose con otra sonrisa, muriendo al no ver al anciano cerca.- ¿Dónde está...?
- Ya te lo explicaré, ese anciano no era lo que parecía- dijo la yegua con una sonrisa enigmática, a lo que Trevor alzó una ceja curioso, pero no pregunto.- ¿Por qué esta la princesa aquí?
Trevor se giro para ver a la princesa degustar con gusto una taza de lo que Diana supuso era chocolate caliente.
- Poco después de que liberaras al pueblo, le mandé una carta dándole un informe. Llegó esta mañana, dijo que quería ver por si misma los frutos de tu trabajo, y cuando le dijimos lo que habías hecho, ha expresado su deseo de saber de palabras tuyas el resultado.
Diana asintió, alejándose de Trevor y acercándose a la princesa, quien le sonrio. Se levantó tras escusarse con los habitantes del pueblo, en un perfecto griffin, y se acerco a los dos. Tanto la yegua como el terrestre se inclinaron respetuosamente antes de volver a ponerse en pie.
- Un placer verte nuevamente, Diana Prince.
- Lo mismo digo, alteza.
- ¿Le apetece dar un paseo y así contarme sus avances?
Diana acepto mientras sonreía, observando a Trevor, quien indicó que estaría esperando en el bar. Juntas, las dos yeguas se pusieron a pasear tranquilamente, con dos guardias reales unicornio detrás, a una distancia respetuosa. El paseo fue en un silencio bastante cómodo, sólo roto por los saludos ocasionales de los habitantes del pueblo, que reconocían o a la yegua que les salvo o a la gobernante de los soldados que ahora protegían su hogar. Tras unos minutos, las dos llegaron a las trincheras, y la princesa Celestia camino por uno de los pequeños puentes y se internó en las llamadas tierras de nadie, que aún después de todo, seguían siendo así, pues nadie se atrevía a acercarse. La alicornio tomó asiento en el centro de esos territorios, con la amazona siguiéndola poco después, y se quedaron en silencio, roto por Celestia al poco tiempo.
- Hiciste bien en liberar este pueblo, es algo muy loable de tu parte.
- Gracias, alteza.
- No obstante, hay algo que no puedo evitar preguntarme. ¿Quién eres realmente? Que yo sepa, los ponis normales no tienen tanta fuerza o velocidad, y uno de los ancianos del pueblo afirma haberte visto alzar sobre tu cabeza lo que sólo puede ser un antiaéreo Griff 37, y esas cosas pesan casi una tonelada.
- Yo...- Diana pensó detenidamente, Trevor quería que, aparentemente, guardara todo lo de las amazonas en secreto, pero se estaba desmoronando rápidamente, y además, era la princesa.- Soy Diana, princesa de Temyscira, hija de Hipólita, reina de las...
-... Amazonas- terminó Celestia mirando detenidamente a Diana, con gran curiosidad, antes de dirigir su vista al cielo.- Mis padres, las pocas veces que pudieron venir a vernos a mi y a... mi hermana... nos contaban historias de tu gente. Lo que no entiendo, es que haces aquí, tengo entendido que abandonasteis a los mortales.
- Trevor se estrelló en nuestro hogar, huyendo de un ejército enemigo. Me proclamaron como Wonder Mare para escoltarlo, nada más, pero no podía quedarme de cascos cruzados.
- Entiendo- dijo Celestia mientras asentía.- Pero sigo sin comprender como eres así de fuerte, que yo recuerde, erais solo un poco más fuertes que un mortal, no infinitamente superiores.
- Honestamente, ni yo lo sé... Supongo que es un don otorgado por los dioses. Fui esculpida en arcilla y Zeus me dio vida con su aliento, hará ya poco más de 800 años.
- Zeus... mi tío... Es posible- confirmo Celestia.- Una vez resuelto esto, ¿qué tal en ese laboratorio? Trevor me contó que el asalto al primer laboratorio fue un éxito, pero el segundo...
- Fue... también un éxito... No queda nada de esos súper soldados...
- ¿Pasa algo?- dijo Celestia en un tono preocupado, observando a Diana con sus ojos maternales y amables, una amabilidad casi infinita.
- Yo... solo pienso que debería haber salvado a los sujetos... Tal vez podríamos haber hayado una cura. Y además, me prometí no matar a nadie más, pero lo hice, lo hice...
Diana observo el suelo con el ceño fruncido, sintiendo las lágrimas llegar a sus ojos. No importaba como lo viera, había vuelto a matar, era una asesina. El toque suave del ala de la princesa abrazándola la saco de sus pensamientos, observando la mirada comprensiva en la alicornio.
- Diana, escúchame, escucha el consejo de alguien muchísimo más vieja que tú. No tuviste elección, hay veces en las que uno debe preguntarse si lo mejor es seguir tu código moral y no matar a nadie y arriesgarte a que mueran miles de inocentes, o salvar cientos de vidas matando unas pocas. Dime, ¿te arrepientes genuinamente?
- Si...
- Entonces, no eres una asesina sanguinaria, eres una pobre yegua que tuvo que hacer algo terrible para salvar a otros. A veces, eso es inevitable, créeme, lo sé por experiencia propia.
- Gracias, alteza...
- Por favor, llámame Celestia, si es verdad que Zeus te insuflo vida, y creo a las Amazonas, técnicamente somos casi familia- dijo la alicornio sonriente.
Diana sonrió encantada, volviendo a entrar en un silencio bastante cómodo. Después de un rato, las dos se marcharon de allí, con la princesa dirigiéndose a su carruaje tirado por dos pegasos y escoltados por quinientos más, por si acaso, nunca se sabía en época de guerra.
- Me gustaría quedarme, pero la verdadera razón por la que me llamaron espera a diez kilómetros al oeste. Una reunión organizada por los generales grifo con las otras naciones en un alto al fuego.
- ¿Estará bien?
- No te preocupes, Diana, intentar eliminar a cualquier gobernante cuando tu nación es la que está perdiendo es un billete seguro a la derrota.
Con una última sonrisa, y despidiéndose alegremente de los habitantes del pequeño pueblo, Celestia se subió al carruaje y este y el escuadrón de quinientos soldados pegaso se pusieron en marcha. Cuando se perdieron de vista, Diana se acerco al bar, observando a Shoot jugando a las cartas junto a Show.
- ¿Dónde está Trevor?
- Descansando en su habitación- dijo Show con una sonrisa.
Tras agradecerle, la yegua entró en el bar, que también servía de posada, y subió al segundo piso. Avanzó hasta la puerta del cuarto de Trevor, entrando y topándose con una escena que sólo hizo que se preocupara aún más. El semental trataba de limpiarse las heridas infligidas, en ese momento, de la espalda, sin éxito alguno.
- Déjame ayudarte- dijo Diana rápidamente, cerrando la puerta tras de si y cogiendo el trapo que estaba usando Trevor, ignorando sus quejas.
- Puedo hacerlo yo.
- No hagas ese truco conmigo, llevo 800 años haciéndolo yo misma.
Con un suspiro resignado, el terrestre permitió que Diana limpiara las heridas en su espalda, pasando con mucho cuidado por las mismas. Los minutos pasaron en un silencio agradable, roto por Trevor en cierto punto.
- No te lo dije antes... Gracias por salvarme.
- Tenía que hacerlo, no podría vivir conmigo misma si te pasara algo.
- Ohhh, me quieres...- dijo Trevor en tono de broma.
- Tal vez...- contestó la yegua con una sonrisa.
Así, el silencio volvió a reinar entre los dos, al menos hasta que Diana empezó a tararear una canción amazona para ella misma. Una vez limpias las heridas en la espalda, indicó a su amigo a que se diera la vuelta para seguir en el pecho, cosa que incómodo a Trevor, pero acabó obedeciendo ante la insistencia de la yegua. Tras varios minutos más, el terrestre se obligó a hablar.
- Oye... se que lo de antes fue broma, pero...
- ¿Si...?- dijo Diana aún centrada en la herida.
- Bueno... yo... Olvídalo, es una estupidez.
- ¿El qué?- pregunto Diana deteniéndose, observando la actitud de Trevor, sonriendo al percibirlo algo adorable.
- Nada, nada... solo...
- ¿Querías saber si me gustas?- dijo Diana al fin, empezando a reír al ver la cara de Trevor, centrándose nuevamente en las heridas.- Si te soy sincera, al principio no... Pero últimamente, estoy empezando a verte muy... interesante, capitán Trevor.
- ¿Entonces...?
Con una sonrisa, Diana se aproximó para darle un pequeño y rápido beso en la mejilla del semental. Este la miró fijamente, impactado, a lo que Diana solo pudo empezar a reír ligeramente. Cuando todas las heridas fueron limpiadas y debidamente vendadas, observo la cara de Trevor, mirándose a los ojos, siendo el semental el primero en apoyar su casco derecho en la mejilla de la yegua antes de adelantarse para un beso. Con una sonrisa dibujada en sus labios, Diana profundizó en el mismo, quitándose la armadura a la vez que avanzaba junto al terrestre a la cama.
Hacia poco que había caído la noche, y Diana había estado durmiendo desde antes del anochecer, y aún así, se despertó al escuchar ruido fuera. Abriendo sus ojos, lo primero que vio fue el rostro de Trevor, sonriendo ante eso, desperezándose y dirigiéndose a la ventana. La luna brillaba intensamente en el cielo, pero eso no era lo único que iluminaba la noche, no, también era alumbrado por el tétrico fulgor naranja del fuego, que ardía libremente en varios edificios de la ciudad. La yegua observo el espectáculo con horror, antes de darse la vuelta y empezar a vestirse con su armadura.
- ¡¡TREVOR!!
El aludido se despertó alarmado, viendo a su poni especial prepararse para la batalla, y un rápido vistazo a la ventana le explico porque. Atándose su mosquete a la espalda, salió para avisar a sus compañeros mientras que Diana corría escaleras abajo. Al salir, vio cientos de soldados apuntando a una figura solitaria que había entrado en la plaza. Era un grifo, vestido igual que aquel al que se enfrentó la amazona a las puertas de aquella iglesia abandonada. Varios ponis dispararon, pero su oponente siguió avanzando, sin siquiera parecer que le hubieran afectado las balas. Sintiendo un mal presentimiento, Wonder Mare corrió a gran velocidad para enfrentarlo y golpear con su casco izquierdo en su pecho.
Tal como temió, el golpe no hizo más que abollar un poco el acero, pero al menos sorprendió al grifo, demostrando que al menos si sentía algo. Hechando su casco derecho hacia atrás, golpeó con gran fuerza en la cara, tirando a su adversario al suelo, que la miró con odio, pero uno más racional y no animal. Si este era otro súper soldado, era uno sin el efecto secundario de perder su cordura, por ende, muchísimo más peligroso. Diana se alzó en sus patas traseras y trato de aplastarlo bajo su peso, confiando en que solo le dejaría K.O. gracias a su resistencia mejorada. No obstante, su objetivo rodó por el suelo y se puso nuevamente en pie, tratando de atacar por el lado izquierdo de la amazona, que ya lo había previsto y desplegó el escudo. Acto seguido, fue a golpearlo en la cara, pero el soldado mejorado esquivo, extendiendo sus alas y alzando el vuelo. Desde el aire, trato de derribar y golpear a Wonder Mare, fracasando estrepitosamente, pues está vez, estaba preparada para un combate contra un súper soldado.
No obstante, el sonido de unas alas batiendo con fuerza viniendo del lado derecho alertó a Wonder Mare, que se giro justo a tiempo de ver a otro grifo volar hacia ella con el objetivo de asestarle un poderoso golpe. Diana apenas tuvo tiempo de reaccionar, por lo que fue mandada varios metros hacia atrás. Trato de levantarse, pero dos garras, pertenecientes a un tercer grifo, la agarraron por su estómago y la lanzó con fuerza a un edificio, que se derrumbó sobre la yegua. Cuando se levantó y salió de entre los escombros, con varias heridas curándose a una velocidad inmensa, vio tres grifos acercarse, y pese a no poder ver la sonrisa en sus picos por los cacos, sabía que lo estaban haciendo.
Apretando los dientes, salió del edificio derruido y se acerco a los grifos, quienes apresuraron el paso. Diana pudo escuchar varias explosiones por todo el pueblo, pero aún así tuvo que ignorarlos, en ese momento, su objetivo era otro. Corrió hacia el primero que había luchado contra ella, aprovechando su mayor experiencia militar para lanzarlo hacia atrás y estamparlo contra una pared, arrancando el casco por la fuerza misma del impacto. Golpeó varias veces con gran fuerza, logrando dejarlo inconsciente, y dándose la vuelta para ver a los otros dos arremeter contra ella justo a tiempo. Con un gruñido, Wonder Mare se lanzó al combate, abriendo su escudo y colocándolo en la posición justa para que el de la derecha impactara su garra en el metal divino mientras ella daba un poderoso golpe al otro con su pata libre y mandarlo hacia una pared cercana.
Centrándose en el otro, le vio retroceder y tratar de pensar una nueva estrategia, pero ella no se lo permitiría. Sin darle tiempo a pensar, avanzó a gran velocidad, tirándose al suelo y girando para golpearlo en sus patas y hacer que perdiera el equilibrio. Una vez así, se preparo para dejarlo fuera de combate como a su compañero, pero al que había mandado a la pared cargo hacia ella, listo para derribarla y obligándola a retirarse. Los grifos, ahora tomándose en serio la amenaza, se quedaron apartados, estudiándola como Wonder Mare les estudiaba a ellos. No obstante, cientos de alas batiendo a la vez llamaron su atención, y al girarse, Diana vio a casi doscientos grifos alejándose del pueblo, que estaba ya totalmente en llamas. Esa fue la señal de sus dos contrincantes para salir volando, llevándose a su compañero herido con ellos, y para cuando la yegua se dio cuenta, ya estaban muy lejos. Dio un gran salto, tratando de alcanzarles, peor era tarde, y sabía que el lazo no llegaría tan lejos, habían escapado.
