Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Capítulo 7
Rukia
R: Ha pasado un mes desde que te fuiste cuando te vea no te voy a reconocer.
I: No. La verdad de es que no. Me han salido dos cabezas y me he vuelto verde.
Sonrío, recordando el último mensaje que me mandó Ichigo esta tarde. En este mes
hemos hablado mucho, más de lo que esperaba, teniendo en cuenta que se fue de
misión. Casi cada noche me llamaba para preguntarme por tonterías o por el último
libro que había leído. Cenábamos juntos sin colgar el teléfono... suerte que ahora hay
aplicaciones para poder llamar gratis. Hemos llegado a ver alguna peli juntos y me he
quedado dormida mientras la veíamos. Al despertarme siempre tenía un mensaje de
Ichigo diciéndome que era una floja y me dormía en nada. Y que roncaba, cosa que
espero que no sea cierta. En este tiempo lo he conocido un poco más y cuánto más
conozco de él, más me gusta, y aunque quiero creer que sólo como amigo, una parte de
mí sabe que Ichigo, sin hacer nada para conquistarme, me está conquistando con su
forma de ser y eso me da más miedo. Las anteriores veces que creí que alguien me
gustaba de verdad me había enamorado de lo que hacían para enamorarme, de esos
pequeños detalles donde yo esperaba que hubiera algo más. Pero con Ichigo todo es
diferente, más intenso. Él me trata como a una amiga, y no hace nada para que me
guste. No quiero que pase de un atontamiento. Es evidente que lo deseo, cualquiera
que tenga ojos en la cara lo haría, el problema es que algunas noches, cuando el sueño
me atrapa, y no controlo mis decisiones, ha acabado soñando con Ichigo, él y yo
juntos íntimamente. Despertarme anhelado unos besos que nunca recibiré no es bueno
para mi paz mental. Y cada día es peor. Además, su madre no ayuda a que me guste un
poco menos.
El otro día trajo fotos. Como empieza a hacer más frío por las tardes, no viene
mucha gente. A veces he pensado que me paga por no hacer nada, ya que ella sola
puede encargarse perfectamente de todo. En los álbumes había fotos de sus hijos. Vi a
Kaien e Ichigo de niños, se parecen salvo por pequeñas diferencias, el color de cabello y los ojos.
De pequeños se les veía alegres, felices, tal vez más a Ichigo. Su madre me dijo que
Kaien siempre fue un niño más serio, pero que Ichigo era todo cariño y, de repente,
las fotos cambian y casi no hay fotos de ellos, sólo alguna robada en la adolescencia.
Masaki dijo que sus hijos, de pronto, decidieron que no querían más fotos. No le dio
más importancia y pensé que era algo normal a esa edad. En mi casa ha habido
siempre pocas fotos y no sé cómo lo viven en otros hogares. Vi en una foto de Ichigo
junto a una chica, vestido con traje y pajarita. Era un joven muy apuesto aunque ahora
lo es más, eso sin duda, pero me atrevo a pensar a que traía de calle a sus compañeras
de clase. A partir de los dieciocho años las fotos disminuyen aún más, hasta
desaparecer. Su madre me dijo que hacerle una foto a Ichigo cada vez fue más difícil y
que al final desistió. Masaki me preguntó por mis padres y le conté lo mismo que le dije
a Ichigo, que me abandonaron cuando tenía doce años y viví en un orfanato. No vi
lástima en sus ojos sino dolor, como el de una madre que sabe que su polluelo ha sido
herido. Me abrazó y cuando notó que me tensaba y podía hundirme en sus brazos me
mandó a ordenar libros. Agradecí el detalle y que supiera entenderme tan bien.
Ahora mismo no tengo pensado irme a ningún sitio, deseo como nunca que este
pueblo sea mi hogar y que nada me haga tener que salir corriendo. Estoy cansada de
huir. Estoy cansada de vivir a medias. Estoy harta de tener miedo.
—¿Dónde estás? Y no me respondas que aquí —miro a Gin, que se ha puesto a mi
lado en la mesa donde estamos tomando algo.
He salido con los chicos del trabajo a tomar algo y como es sábado no estoy
pendiente de la hora. En este mes Gin se me insinuó de manera sutil y de la misma
manera sutil yo le rechacé y parece que lo entendió, porque desde entonces nos
llevamos bien y no siento que busque algo más. He salido con ellos alguna vez y son
buena gente. Con los que mejor me llevo de la empresa son con los compañeros de
Gin que trabajaban en fotografía o rodaje, uno de ellos no para de insistirme en que
debería dejarle usar mi imagen para algunos anuncios, se llama Renji y siempre le
digo que ni en sus sueños.
—Estaba pensando en mis cosas...
—Pues deja de pensar y disfruta de la noche —choca su copa con la mía y le doy
un trago. Traen una ronda de chupitos y cuando acabo la copa me tomo uno a sorbos y
lo dejo por imposible tras dos tragos, no me gusta la bebida tan fuerte.
—¿No lo quieres? —me pregunta Renji. Se lo termina de un trago y me guiña un
ojo.
—Mira quién está allí. No sé hasta qué punto es bueno que los jefes nos vean de
marcha —me giro hacia donde señala Gin y enseguida veo a Ichigo con Kaien.
El corazón se me acelera. No se ha percatado de mi presencia. La oscuridad de pub
no me deja ver bien sus facciones. Pese a eso, lo encuentro más atractivo que nunca
con esa camisa negra arremangada y esos vaqueros. Me divido entre saludarlo con
una sonrisa e ir hacia él o ignorarlo. Estamos en un pub de la ciudad, no sé si el que
esté aquí con su hermano se debe a que ha regresado o a que ha venido sólo a tomar
algo y luego regresa a dónde quiera que esté, pues no me lo ha dicho alegando que si
lo hiciera tendría que matarme. Es muy gracioso cuando quiere. Aparto la mirada para
no cometer alguna estupidez y acepto ir con Gin a la barra a por otra copa. Me pide
un refresco, no me apetece seguir bebiendo.
—No pienso dejar que me amarguen la fiesta —me dice Gin—. En mi tiempo
libre hago lo que quiera, al igual que ellos.—No creo que os digan nada.
—Ya, pero a nadie le gusta salir de fiesta y cruzarse con sus jefes. Entre otras
cosas, porque se sale para despejarse del trabajo.
—Es mejor hacer como que no están.
—Sí, va a ser lo mejor —regresamos donde están nuestros compañeros y me fijo en
que han llegado Riruka y sus amigas. Me saludan pero ni yo las trago a ellas, ni ellas a
mí. Sé porque no las trago yo, porque me miran como si fueran superiores, pero
ignoro qué les he hecho para que me miren de esta forma. Y es algo a lo que no pienso
darle más vueltas. Gin tira de mí para bailar y Renji me hace algunas fotos donde
salgo sacándole la lengua o poniendo caras.
—Qué fea te pones —me dice, tras mirar las fotos.
—Es que si me quieres fotografiar me tienes que pagar —bromeo con Renji.
Miro hacia donde está Ichigo y me percato de que me está observando. Le sonrío
pues no quiero explicar a nadie por qué saludo al jefe. Su gesto no cambia, parece
muy serio. Más si cabe, aunque conmigo siempre suele relajarse o, incluso, bromear.
De repente, una castaña se cuelga de su brazo y le da un beso en la mejilla. No puedo
verle la cara pero todo en ella me hace saber que es atractiva. Aparto la mirada,
dolida. Sí, dolida. No me ha gustado verlo con su ligue o lo que sea. ¿Y qué
esperaba? He hablado con Ichigo de sus relaciones sexuales y siempre me ha quedado
claro que es activo y que le gusta el sexo. Es evidente que lo practica con alguna
mujer. Una cosa es saberlo, otra cosa verlo y aceptar que me molesta.
Sigo bailando como si no sintiera un lacerante dolor en el pecho. Como si me
estuviera imaginando a Ichigo con esa castaña en la cama mientras se pierde en su
cuerpo y le hace el amor hasta quedar saciados. No me gusta imaginar sus bronceadas
manos recorriendo cada rincón de su piel y no soy tonta para no admitir que lo que
siento son celos.
Me tomo la otra copa que no me apetecía y bailo con mis compañeros influenciada,
entre otras cosas, por la rabia y los celos. No he vuelto a mirar a Ichigo, no soportaría
verlo besarse con ella. No quiero que me guste más, no quiero sentir nada por él salvo
amistad. Un amigo de Renji se acerca a mí para bailar. Le sonrío, animada por el
alcohol y bailo con él sin acercarme mucho porque no me apetece darle a entender
nada. Es por eso que cuando se me acerca y me coge la cara entre sus manos para
besarme me cuesta reaccionar, pero me aparto.
—¿Qué haces?
—¿Vamos a mi casa? Aunque si prefieres que vayamos a mi coche...
—¡No! —le digo, tajante.
—Vamos, Rukia, te lo voy hacer pasar muy bien —trata de acercárseme pero lo
aparto. Busco mis cosas y me despido de los demás para irme. Ya está bien de hacer
el tonto, hace rato que sólo me dejo llevar por el ambiente sin disfrutarlo.
—¿Te llevo? —me pregunta Renji—, tengo que madrugar mañana para quedarme
con mis hermanos pequeños. Pone mala cara.
—Está bien. Pero como intentes algo conmigo te corto los huevos —le digo, con
voz dura, ganándome una risa de Renji.
—Anda, vamos.
Lo sigo hasta su coche. Gin se une a nosotros cuando estamos a punto de irnos. Me
dejan en mi casa. Subo y me pongo el pijama para meterme en la cama. El sueño no
tarda en atraparme y mientras lo hace me juro que encerraré todo lo que sienta por
Ichigo más allá de la amistad, ya que no quiero que nada me haga perderlo como
amigo.
El pasado siempre acaba volviendo...
