[Capítulo modificado y resubido].

Prompt de este capítulo: rivalidad.

Palabras: 436.


IX

Sana competencia

Se despertó con las primeras luces del alba. Se desperezó en la cama, pasó entre Jon y Robb y tras vestirse, bajó a paso ligero a desayunar. Saludó con la cabeza a los hombres de la guardia y se sirvió un poco de panceta.

―Hoy Greyjoy te ha ganado ―le anunció ser Rodrik, tomando asiento frente a él―. Ya está en el patio de armas.

―Ha debido de ejercitarse a oscuras, porque acaba de amanecer ―respondió sin disimular su fastidio―. Sus flechas habrán volado entre los árboles.

―Creo que sus flechas estaban bien clavadas en la diana.

Vorian resopló. No había duda de quién era el mejor con lanza y con la espada, pero la arquería se le resistía. No le habría importado de no ser por Theon Greyjoy, que no dudaba en recordárselo a la menor ocasión. Greyjoy le hacía pensar en Estrellaoscura, por lo que no tardó mucho en detestarlo. El sentimiento se hizo mutuo.

―Los arqueros son lo peor de las batallas.

―¿En cuántas batallas has estado?

―En ninguna ―Vorian se encogió de hombros―. Pero lord Beric y mi tío Amos solían decirlo.

―Los arqueros son muy importantes.

―Que los Otros se lleven a los arqueros.

Ser Rodrik se atusó los bigotes.

―Ya eres el mejor en todo lo demás, déjale a Theon la arquería ―le propuso―. Nunca había visto a un muchacho de quince años con tamaña destreza. Desde luego, lo llevas en la sangre.

―Tengo un puesto en la Guardia Real esperándome ―comentó, sonriendo.

Antes de salir del comedor, el maestre Luwin le puso un pergamino en la mano.

―Avísame cuando tengas las respuestas.

Vorian comprobó el lacre. Era de Aegon, para variar, el único que le escribía a parte de su tía Allyria. Les debía unas cuantas cartas.

Robb y Jon se encontraron con él en el patio de armas, despertándose con la brisa fresca de la mañana. Su tío les había prometido que podrían manejar a Hielo ese día, y Vorian se notaba vibrar de entusiasmo. En Campoestrella nunca le habían dejado practicar con Albor; pero allí, de vez en cuando, podía sentir el acero valyrio entre sus manos.

―Entremos en calor ―sugirió―, vosotros dos contra mí.

―Eres un engreído, Arena ―replicó Robb, colocándose la armadura―. No quiero oírte llorar cuando pierdas.

―Os estoy dando una oportunidad para poder luciros.

―¿No sabes que siempre te dejamos ganar? ―A Jon le picaba el orgullo al principio, pero había aprendido a disfrutar de las intensas sesiones de entrenamiento―. El tío Ned nos ha pedido que seamos buenos contigo.

―Qué raro, a mí me ha dicho que haga lo mismo con vosotros.