Como cada descanso en el que Mayoko tenía práctica de baile, ella lograba escabullirse en aquella sala y deslizar sus suaves y alargados dedos por aquellas teclas, traduciendo sus movimientos en un dulce sonido. La profesora de música había prestado su consentimiento a ello, e incluso en algunas ocasiones se atrevía a presenciar aquella escena a fin de poder disfrutar de la música. Sin duda aquella adolescente tenía oído y talento de pianista.
A través del pasillo, los pasos de un joven, que se había desviado de su camino hacia la cancha por el sonido que había ido adentrándose en sus oídos causándole gran interés, resonaban. Era imposible que supiera que era ella quien tocaba aquel instrumento de cuerda, y sin embargo, podría afirmar categóricamente que lo intuía y que verla de espaldas frente a aquel piano no le sorprendió.
Su intención había sido practicar durante el descanso, es el momento en el que puede hacerlo con mayor libertad porque no muchos de sus compañeros quieren practicar durante aquellos minutos, su dedicación y esfuerzo era lo que le diferenciaban del resto de jugadores. Pero aquellas notas musicales lo habían envuelto, viéndose obligado a caminar dirección a ellas y descubrir su procedencia.
El leve crujido que la puerta emitía cada vez que se abría llegó hasta sus oídos. Pero lo ignoró, pensando que sería la profesora de música que en algunas ocasiones presenciaba su actividad y la evaluaba.
Sin embargo, un suave aroma masculino logró alcanzar su olfato, y fue entonces, cuando por primera vez desde que había comenzado a tocar aquel día, abrió sus ojos. Lo hizo sin cesar en su actividad, mostrando plena tranquilidad y continuando, acariciando las teclas del instrumento de cuerda.
Podía ver a través de la sombra que el cuerpo reflejaba en el suelo y que llegaba hasta su visión sin necesidad de girarse, que aquel sujeto se encontraba fijo en la puerta, con su cuerpo dirigido hacia ella y con una actitud que no indicaba que fuera a marcharse.
Quería acercarse sin duda, hacerle muchas preguntas, conversar con ella. En aquel momento, solo pensaba que quería saber más sobre aquella compleja mujer, pero sobre todo, que quería seguir oyendo como tocaba el piano. En aquel instante, podría jurar que había sido hipnotizado por aquella melodía.
Ella parecía intuir quien era la persona allí situada, quizás por el aroma que desprendía en aquella pequeña aula, un olor varonil, en el que parecía distinguirse levemente el aroma al mar. Pero no pretendía girarse, no hasta que hubiera acabado de tocar la pieza.
Él no se movió hasta que ella finalizó y pudo ver cómo recogía sus manos y las situaba sobre su regazo. Continuando su figura inmóvil de espaldas a él, únicamente pudiendo observar su cabello recogido en una larga trenza, podía imaginarse cómo algunos mechones del flequillo se escapaban de aquel peinado y adornaban su rostro. También podía imaginarse como probablemente sus grandes ojos color mar estarían cerrados centrándose únicamente en su sentido auditivo. Pero no podía recordar el momento exacto en el que se había percatado de tantos detalles entorno a aquella joven.
Ninguno parecía moverse, y los segundos tardaban en pasar, instantes eternos rodeaban aquella escena, que por la rigidez de ambos cuerpos se traducía en tensa. Si alguno de los dos se movía, el equilibrio sería roto.
Finalmente, fue el moreno quien decidió llevar a cabo las primeras palabras, confirmando las pocas sospechas que en Gina aún quedaban en torno a su identidad.
"No sabía que tocaras el piano" Pudo ver a pesar de estar de espaldas a la joven, como esta elevaba la cabeza que hasta ahora estaba algo inclinada, fruto de la mirada fija sobre el teclado del instrumento de la joven.
Silencio, nuevamente. Los instantes tardaron en pasar, nuevamente. Tensión entre ambos, nuevamente.
En aquel momento pensó que ella no se dignaría a responderle. Detalló con su mirada cada movimiento de la joven mientras esta se levantaba del banco y se giraba hacia él. Entonces pudo ver sus ojos, muy diferentes a los que presenció cuando la vio en compañía de sus amigas, y diferentes a los que presenció días anteriores en la playa. Una mirada similar a la que le había parecido presenciar el día en que ella y su amiga vencieron en las carreras de relevo a Kyota.
Sus ojos azules parecían estudiarlo con la mirada y la vez le mostraban indiferencia y frialdad.
"Claro, es que las jóvenes barriobajeras y conflictivas no acostumbran a tocar bien el piano, pero bueno siempre hay excepciones" Había anunciado aquellas palabras con suma tranquilidad, sin siquiera mostrarse levemente alterada, él recordó la conversación que había tenido con su compañero de equipo, ¿Habría sido Jin capaz de contarle aquello a la joven? Desechó ese pensamiento tan rápido como llegó a su mente, su amigo no era ese tipo de persona, las siguientes palabras de la joven confirmaron sus pensamientos "Lamento haber escuchado conversaciones ajenas, pero ya sabes, hay cosas en la naturaleza de las jóvenes sin educación que no puedo evitar".
Ahora podía apreciar como su mirada era desafiadora y fría. Su mirada felina no lograría dejar indiferente a nadie en aquel momento. Sin aportar ninguna palabra más, y habiendo dejado a aquel espontáneo acompañante asombrado y aún más rígido por tal encuentro, pasó cerca de él para llegar hasta la puerta.
Maki solamente se movió una vez ella hubo salido del aula para presenciar aquella figura alejarse en la distancia. Nuevamente se había quedado sin palabras, mejor dicho, aquella mujer lo había dejado sin palabras.
Habían expuesto el baile ante la profesora de danza y de gimnasia, y esta había aprobado que lo más justo es que el equipo de animadoras pasase ahora a estar conformado no solo por mujeres, sino también por hombres, y que el proceso de selección se fundamentase en otros criterios distintos de los que hasta ahora marcaban quien formaba o no parte de dicho grupo. Sin duda alguna, aquello fue considerado como una amplia victoria de Gina y Mayoko sobre Kaori, la cual aún no lograba procesar aquella información.
Cuando se enteró de aquella noticia estaba aún en la práctica de baile extra que tenía aquel día, y fue la profesora quien se la comunicó directamente. Ante la coreografía que habían expuesto las chicas con la ayuda y participación también en ella de Kyota y Jin, los cuales habían decidido ayudar a sus amigas, aquello había sido posible.
Pero el hecho de dejar de controlar el equipo de animación como hasta ahora lo hacía la alarmaba. Quizás si hubiera pensado mejor y se hubiera tomado cierto tiempo para recapacitar no habría actuado de la forma en la que aquel día lo hizo, tras enterarse de la noticia.
Aquella tarde ambas se encontraban más silenciosas de lo habitual mientras presenciaban la práctica, a pesar de haber vencido a su acérrima enemiga, no estaba muy habladora. Al llegar a la práctica de baloncesto, había sentido la escrutadora mirada del capitán del equipo, él lo había querido así.
Podría haberla mirado discretamente como hasta entonces había hecho, pero no, aquel día había optado por no esconderse y examinarla detalladamente, consiguiendo así lograr que la joven se sintiera incómoda, aunque no lo mostraría, continuaría mirándolo fríamente, como la última vez que lo había visto, el día anterior había hecho cuando él había irrumpido en su práctica de piano.
No lograría amedrentarla, ella no apartaría la mirada antes que él.
Finalmente, él cedió al llamado de sus compañeros y peticiones de que se incorporase al grupo y había dejado de posar los ojos sobre ella.
La práctica transcurría serenamente, Mayoko lanzaba ocasionalmente algún grito de ánimo que Kyota interpretaba como si él fuera el único destinatario. Al oír su voz acostumbraba a despistarse y fallar en los tiros, sintiéndose avergonzado, y siendo después regañado por la falta de concentración.
Probablemente fuera la tranquilidad con la que la práctica se estaba desarrollando aquel día, que los acontecimientos que siguieron sorprendieron tanto a los jugadores, así como a los espectadores.
Una Kaori cegada por el enfado, interrumpió a gritos la práctica, el sonido de su voz era tan elevada que se había sobre puesto al ruido ocasionado por las pelotas de baloncesto al botar y por los vitores del público. Todos los jugadores presenciaban como aquella joven se dirigía a pleno grito hacia alguien en concreto, instantes después descubrieron que la destinataria de ellos era la rubia de cabellos largos que tanto llamaba la atención.
"No soportas que sea superior a ti, no vas a destruirme, ¿me oyes?" Gina presenciaba aquella escena con los ojos tan abiertos y con una expresión tan sorprendida como cualquier espectador más, algunos jóvenes la detuvieron antes de que llegase a la destinataria, sus pasos eran firmes y agresivos y se dirigían hacia la joven de cabellera rubia.
"¿Pero qué le pasa? ¿Está loca?" Preguntó Gina a quienes la rodeaban en aquel instante, acercándose lentamente hacia la morena, Mayoko la acompañaba a su lado discretamente.
"Eso quisieras tú, que yo estuviera loca, pero sé muy bien lo que estás haciendo ¿escuchas bien?" Algunas amigas de aquella joven comenzaron a acercarse a ella pidiéndole, sin éxito, que intentase calmarse, toda la atención en el gimnasio estaba puesta en ellas.
"Porque grites más no vas a llevar razón" Sentenció con voz serena a la vez que fría la joven de cabellos rubios, por primera vez desde que había pisado el gimnasio se había olvidado de la presencia del capitán de baloncesto y de la mirada color café de este que en aquel momento estaba firmemente puesta en ella presenciando aquella discusión "No voy a participar en tu espectáculo".
"Primero fue Sendoh, no paraste hasta que me lo quitaste, y ahora el club de animadoras, pero no te equivoques que sé muy bien lo que buscas y lo que pretendes" Aquellas palabras habían calado hondo en un público lo suficiente aficionado al baloncesto colegial como para preguntarse si aquel Sendoh era el mismo que el año anterior había sido nombrado novato de oro, el único capaz de tutear dentro de la cancha al capitán Maki.
Aunque hasta aquel momento se había mantenido tranquila, aquel comentario y puesta en evidencia ante tanta gente la había enfadado lo suficiente como para sacarla de control, ahora avanzaba de forma más amenazadora. Sintió la mano gélida de su mejor amiga sobre su antebrazo, y al mirarla y observar su expresión de advertencia recordó quien era ella, donde se encontraba y qué sucedía.
"Sólo busca llamar la atención, si la ignoráis dejará de dar el espectáculo" Dijo por primera vez en una voz lo suficientemente alta como para ser escuchada por la mayoría del gimnasio, que realizaron una exclamación de sorpresa.
Parte del público aún intentaba procesar los datos expuestos sobre el posible trío amoroso entre las jóvenes, había llegado a oídos de muchos el conflicto existente entre ambas con motivo del club de danza, y ahora sabían cuál había podido ser el detonante de aquella mala relación.
Kaori se zafó del agarre que sus amigas hacían sobre ella con violencia y se marchó a ritmo rápido de aquel lugar. Con la práctica paralizada por el escándalo, gran parte de los asistentes en aquel gimnasio mantenían los ojos puestos sobre Gina que se ruborizó levemente.
Mayoko sabía que su amiga difícilmente se alteraba por altercados de este tipo, pero vio como estaba afectada por los hechos y como su postura corporal indicaba incomodidad. Gina fue apartando a gente hasta llegar a la salida de aquel lugar, su amiga la seguía detrás llamándola, pero esta no parecía escuchar.
Maki observaba atónito los hechos, ¿Gina y Sendoh? Semanas antes había visto como en el partido contra el Miuradai ambos estaban intercambiando algunas palabras, pero no podía imaginar que ellos hubieran tenido una relación ¿Continuarían teniendo sentimientos el uno por el otro? ¿Sería por esto por lo que la joven lloraba aquel día que la encontró en la playa? ¿Por qué se detenía en pensar en ello?
"Continúen corriendo ¿Qué hacen parados sin hacer nada?" Los gritos del entrenador captaron la atención de los jóvenes integrantes del equipo que a fin de calmar los nervios de su entrenador se pusieron nuevamente a practicar. Aunque gran parte de ellos mantenía la cabeza en los hechos acontecidos previamente.
Ya se encontraban en la calle, fuera del instituto, pero Gina al contrario de reducir el ritmo con el que avanzaba, lo aumentaba, Mayoko a sus espaldas era ignorada. La joven castaña aumentó el ritmo llegando a correr hasta ponerse a su altura y detenerla cogiéndola del brazo. Solo en ese momento la joven de cabellos rubios se detuvo.
Al situarse frente a su amiga pudo apreciar las mejillas sonrojadas de esta, no supo si eran fruto de la vergüenza sentida en aquel momento, de la rabia contenida o del ejercicio físico.
Su amiga parecía altamente inquieta, intentaba relajarla inútilmente. Cuando Gina perdía los nervios actuaba de forma similar a Sakuragui, de forma incontrolable e impredecible. La joven castaña presenció como su amiga se dirigía hacia la farola cercana a ambas y clavaba su puño en esta logrando que dicho aparato se tambalease levemente.
Los ojos de Mayoko se abrieron de la sorpresa y un leve grito escapó de sus labios, algunos transeúntes se sorprendieron al presenciar dicha escena.
"Me humilló, maldita sea" Fueron las únicas palabras que escaparon de aquellos labios, y las únicas que Mayoko esperaba oír en aquel día.
Unas gotas de sangre corrían por la mano izquierda de Gina y terminaban su recorrido estrellando contra el suelo. Los ojos de la castaña se perdieron durante unos instantes en el recorrido de dichas gotas. Cuando levantó la vista pudo ver el rostro de su amiga perdido, y solo se le ocurrió abrazarla.
"No se lo perdonare jamás" Ante estas palabras su amiga la abrazó aún más, Mayoko hacía fuerza para mantener a Gina entre sus brazos, la cual intentaba zafarse del agarre, notaba en el tono de su voz la impotencia y el enfado que se estaban apoderando de la joven, pero no dijo nada más.
Se mantuvieron durante unos instantes en aquella posición, hasta que la respiración y los latidos de ambas se regularizaron, Gina dejó de mostrar resistencia y se dejó caer en el abrazo de su amiga.
"No le digas nada a mi hermano, ni mucho menos a Yohei, les diré que un chico te molestó, intercedí y por eso la herida en la mano" Mayoko asintió a medida que colocaba uno de los mechones rubios de su amiga tras su oreja, arreglándole el cabello, nunca dejaba de sorprenderle la capacidad de frialdad y pensamiento racional que manifestaba su amiga.
"No se enterarán, no te preocupes" Gina asintió levemente, aún su cuerpo era dominado por la ira "Estás preciosa hoy" Observó su amiga, una leve sonrisa escapó de los labios de la rubia.
Los días siguientes transcurrieron con incomodidad para Gina. Su hermano y sus amigos habían creído la versión dada de los acontecimientos otorgada por ambas jóvenes sobre el estado de la mano de la rubia, a excepción de Yohei Mito que pensaba que había algo más detrás de aquello, prefirió no preguntar y esperar unos días a que la joven se sincerase.
En la preparatoria podía sentir miradas a su paso, no creía que fuera imaginación suya. La miraban y sentía como hablaban de ella con aire especulador.
No volvió a ver a Kaori, probablemente aquella muchacha sentía vergüenza de su comportamiento, después se enteraría por Jin que había estado faltando durante los días sucesivos al conflicto. Los alumnos que habían presenciado aquella escena destacaban la pérdida de nervios de esta y la actuación con plena madurez de la rubia. Sin duda nunca habían sido testigos de un espectáculo como tal en aquella preparatoria y por muchos días fue lo único de lo que se habló.
Y, sin embargo, aquellos días comenzaron a levantar en ella sentimientos extraños fruto de un suceso particular.
Todos los días, durante la hora de descanso, se dirigía al aula de música a practicar con el piano algunas partituras o melodías, utilizando al instrumento para relajarse y poner paz a sus pensamientos.
Comenzó una rutina extraña, todos los días, Maki se dirigía a aquella sala y presenciaba la música que emanaba de aquel instrumento de cuerda tocado por la joven de cabellos rubios, a la par que la figura de esta.
Probablemente él se preguntaba muchas cosas sobre ella, pero nunca llegó a decir nada.
Aquella práctica tenía su encanto, y pronto Gina logró acostumbrarse a ella. Algunos días estuvieron tentados a intercambiar palabras, pero pensaban que quizás el hechizo se rompería.
Ambos juntos en soledad en aquel espacio. Ella sentada deslizando sus finos dedos sobre el teclado, él de pie junto a la puerta observando. Ninguno rompió nunca el silencio, no intercambiaban miradas. Y sin embargo tanto el uno como el otro eran conscientes de la presencia del otro.
