SIETE


Invierno del '98

Mansión Nott

Le echó dos cucharaditas de azúcar al té y comenzó a revolver. La mirada perdida en el vacío, su mente vagaba por cualquier lugar menos esa habitación.

La guerra había pasado como tenía que pasar. Los juicios llegaron y Daphne marchó a Wizengamot para ver a sus padres ser juzgados, a su amigo Draco y a él. Aún no sabe de dónde sacó las fuerzas para no llorar ese día mientras lo veía esposado, parado frente a un público que lo único que quería hacer era castigarlo. Le había pedido que no fuera, pero ella, acostumbrada a desobedecerlo, fue igual.

Su padre testificó a su favor y argumentó que todo lo que había hecho había sido porque él lo había obligado.

Daphne no quería saber a qué se refería con 'todo lo que había hecho'. Aprendió que hay cosas que es mejor no saber. Vivir en la ignorancia la hacía feliz, o al menos eso pensaba.

Theodore salió libre.

El Sr. Nott fue condenado a cadena perpetua en Azkaban.

Él tomó su mano desde el otro lado de la pequeña mesa y comenzó a acariciarla con su pulgar. Desde todo lo sucedido en Hogwarts y en sus vidas el último año, Daphne y Theo se habían vuelto más inseparables aún. Pasaban todos sus días juntos, ella sabía que él necesitaba compañía y, por más que lo negara, todo lo que había sucedido con su padre lo había golpeado fuerte.

Era algo esperable, predecible, escrito en el destino dirían algunos.

Theo insistía en que todo estaba bien y no quería continuar revolviendo el pasado innecesariamente. Ella le creía la mayoría del tiempo.

"¿Pasa algo, Daph?" Preguntó en un tono pacífico, tal como solía hacerlo siempre.

"No, ¿por qué?" Intentó disimular todo lo que pasaba por su mente.

"Ya casi no nos vemos."

"Eso no es verdad." Negó. "¿Por qué lo dices?"

"Sí que lo es. La última vez que viniste fue el viernes, ya casi pasó una semana."

"Tengo trabajo, Theo." Retiró su mano de su agarre, se levantó de la mesa y se cruzó de brazos, como si se tratara de una niña caprichosa.

Le dio la espalda para no tener que observar esos ojos azules que podían sacarle la verdad en cuestión de segundos.

Sentía una presión en su pecho que cada vez le apretaba más. Como si cargara con un peso encima que no sabía de dónde provenía y no lograba comprenderlo. ¿A qué le tenía tanto miedo?

"Yo también, pero siempre me hago un espacio para tí." Suspiró. "Mira, si esto es demasiado, lo entiendo."

"¿Hablas de lo sucedido en Wizengamot?" Lo miró con los ojos bien abiertos.

Theo asintió. "No soy tonto, Daph, sé como la gente nos mira, lo que susurran a nuestras espaldas. Ya ni siquiera puedo llevarte a cenar a un restaurante porque, de casualidad, nunca tienen lugar."

Eso era verdad. Habían pasado meses pero todo seguía siendo igual de difícil como al principio. Ella no era ajena a esa realidad. Los murmullos, las miradas cada vez que entraba al Ministerio, el desprecio con el que los comerciantes le respondían cada vez que hacía una pregunta.

"No es eso, sabes que a mi no me importa lo que digan los demás. Te quiero y no necesito nada más."

"¿Entonces?" Daphne volvió a darle la espalda y Theo se hartó. Caminó hacia ella y la obligó a encontrarse con la mirada, tomándola de ambas manos, susurró. "Dime qué es lo que pasa."

"Tengo miedo."

"¿De qué? No va a pasarnos nada."

"No de eso, ya sé que la guerra terminó." Explicó. "Tengo miedo por nosotros, de que no podamos con todo esto."

"¿Por qué piensas eso?"

"Te quiero tanto, Theo."

"Yo también te quiero mucho, Daph, pero no estás respondiendo mi pregunta."

"No lo sé, es que… Mira a Draco y Pansy." Sentía como los ojos le ardían y comenzaban a aguarse. Era la segunda vez que Theo la veía llorar. "Mira a mis padres, al tuyo, ¿qué te hace creer que nosotros vamos a terminar bien?"

"¿Quieres…" No fue capaz de formular bien la pregunta. "¿Quieres dejarlo?"

"¡No! No es eso." Lo miró con esos ojos verdes aún llorosos. "¿Por qué? ¿Tu si?"

Todas las inseguridades que siempre escondió se revelaron.

Se sentía desnuda.

Con ropa, pero desnuda.

Él sabía todo lo que le pasaba. Tenía la posibilidad de destrozarla y volver a recomponerla en cuestión de minutos. Nunca nadie había tenido tanto poder.

Pero sin responderle, sin decirle nada, Theo la abrazó. El peso que sentía en su pecho fue disminuyendo lentamente. Se quedó ahí inmóvil, él la sostenía fuerte, como si tuviera miedo de que ella volviera a intentar escaparse, mientras una de sus manos estaba en su cintura, la otra acariciaba su pelo suavemente.

"No quiero dejarlo nunca."

Es gracioso cómo resultan las cosas.

Aquí estaban, casi diecinueve años, una vida sin demasiados planes, pero sabiendo que iban a pasarla juntos.

Pensó en todo lo que habían vivido. En cómo se enamoró de él casi sin darse cuenta, cómo lo buscó y buscó hasta que obtuvo la respuesta que necesitaba, cómo él la protegió de todo los males del mundo, cómo juntos sobrevivieron los peores momentos.

Y aquí estaban.

Un sinfín de posibilidades frente a ellos y a ella le daba miedo dar un paso adelante por miedo de que todo se demoronara.

"Prometeme que siempre estaremos juntos."

"Siempre." La besó. "Eres la única, Daphne, la primera y la única."


Era su principio y su final.

Un poco más cursi de lo que estamos acostumbrados a ver entre Theo y Daphne. Pero así es como me imagino su relación, llena de altibajos y emociones intensas.

El próximo capítulo ya lo tengo listo así que probablemente lo suba esta semana.

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