Historia y personajes no me pertenecen
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LA MUJER DE NARUTO
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CAPÍTULO 8
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—¿Por qué trataste de irte de mi casa? ¿Qué hice que te enojo tanto?
Hinata cruzó los brazos sobre su pecho cuando lo miró.
—No comparto. Pensé que el vínculo significaba lealtad. No permitiré que te cojas a otras mujeres. Me iré, Naruto. Si tocas a esa mujer juró que me iré.
Él ladeó la cabeza.
—Ya veo.
—¿Lo ves? ¿Es todo lo que tienes que decir? Déjame decirte algo, Naruto. Yo soy humana. Tú Konoha. Sé que hay algunas diferencias, pero no voy a estar con un hombre que tiene relaciones sexuales con otras mujeres. No va a suceder. Si te quieres coger a esa perra... esa mujer... hazlo, pero no me tocarás nunca más.
—Eso no fue un problema mientras estábamos presos. Las mujeres eran escasas. Pero en mi mundo está permitido que un hombre se acueste con varias mujeres. No la invite a nuestra casa. Mi padre me la envió. Él quería que me uniera a ella. Pero yo le dije que no estaba interesado. No he querido estar con ella, Hinata.
—La dejaste regresar después de haberla echado. Se quitó el vestido y tu no hiciste nada para que se lo pusiera de nuevo.
—Es común que los de mi especie anden desnudos en casa.
—Se va o lo hago yo, Naruto. Es así de simple. Me heriste. —Ella se apartó de él para mirar por la ventana. —Realmente me lastimaste. ¿Cómo te sentirías si yo tuviera sexo con otro hombre?
Naruto gruñó. En cuestión de segundos estaba tocándola, la agarró por los brazos para girarla hacia él.
—Mataría.
—Así es como me siento, maldita sea. ¿Sabes, la rabia que sientes en este momento cuando piensas en otro hombre tocándome? Yo siento la misma rabia cuando pienso en ti con otras mujeres.
—Nuestra cultura es diferente, pero lo entiendo.— Sus ojos se suavizaron. —Te prometo no tocar a ninguna otra mujer. No era mi intención hacerte daño, Hinata. No quise lastimarte. Yo no la quiero. Le dije que no. Tú eres a la única que quiero en mi cama. Simplemente no pensé que consideraras ofensivo que estuviera desnuda. Ahora lo sé. No más mujeres desnudas en nuestra casa.
Hinata lo miró fijamente.
—¿Deseaste tener sexo con ella?
Él no apartó la mirada. Sus ojos estaban fijos en los ojos de Hinata.
—No. Le dije que no. Y sigo sin quererlo. Tú eres la única que me pone duro, Hinata. Eres diferente a las mujeres de mi mundo y soy adicto a esas diferencias. Podría tocar a otra mujer, pero no sentiría nada... —Vaciló. —Tú eres lo único que me importa. ¿He sido claro? Eres a la única mujer que quiero tocar.
—Ella se va.
Dudó.
—Me la regalaron. Si la echo no tendría donde vivir. Tendría hambre y moriría sin mi protección. Sería cruel.
—Dásela a otra persona. No la quiero con nosotros.
Él le acarició la mejilla.
—Voy a dársela a alguien más. Buen plan. Necesitamos ayuda en casa, pero voy a encontrar a una mujer mayor para que viva en una habitación de casa y se encargue de las tareas del hogar. Así no tendrás que preocuparte de que me acueste con ella y además las mujeres mayores no andan desnudas por la casa. Les da frío.
—No tenías ayuda antes.
Su sonrisa murió.
—La tenía. Pero me deshice de ella antes de llevarte a casa.
Hinata le miró. Él miró a lo lejos y luego la volvió a mirar. Parecía un poco avergonzado.
—Compartía la cama con dos mujeres. No quiero hacerte enojar o herirte, pero antes no estaba vinculado. Tengo un fuerte impulso sexual. Sabía que tendría problemas si no se las daba a alguno de mis hermanos. Se pusieron felices cuando las eche para compartir mi cama contigo. No tengo ningún deseo de tener relaciones sexuales con otras mujeres desde que estoy vinculado contigo. Me has arruinado.
Ella sonrió.
—Perfecto.
Se echó a reír.
—Tener ayuda en casa será bueno. No sabes cómo servir la comida. Y no quiero que vayas a la tienda. Me preocuparía y las mujeres son las que hacen la compra. Tenemos un sexo genial, pero moriríamos de hambre.
—No podemos permitir eso.
—¿Estás bien sabiendo que tuve dos mujeres antes que tú?
—No estoy demasiado emocionada. Pero me alegro de que te deshicieras de ellas. —Se colocó más cerca de él por lo que estuvieron pecho a pecho. Le abrió la camisa para acariciarlo. —Lo digo en serio, aunque si tocas a otra mujer te dejo, Naruto. Seré fiel, pero deseo que tú también lo seas.
—Esa es una promesa que puedo hacerte.
Ella sonrió.
—Es un acuerdo entonces.— Vaciló- —¿Qué es exactamente lo que nos hace estar vinculados? ¿Es como una ceremonia?
—Yo no salí de ti.
—No entiendo.
—Te doy mi semilla. La pongo dentro de ti.
—Oh.— Frunció el ceño. —¿No hacías eso con las otras mujeres?
—No. Nos salimos antes de derramar nuestra semilla. Contigo vacío mi semilla en lo profundo de tu cuerpo. Eso nos hace estar vinculados. —Su mano le frotó el vientre. —También bebiste mi semilla. Nuestras mujeres no hacen eso. Se alejan antes de que la derramemos. Te dije que no la tomaras, pero de todas formas lo hiciste. —Sonrió ampliamente. —Es increíble.
—Así que eso nos hace estar vinculados.
Él asintió.
—Estás ligada a mí. Te estoy ofreciendo a mis hijos con mi semilla.
—Si soy capaz de tener hijos contigo.
Él asintió con la cabeza.
—Si puedes. Sólo el tiempo nos dirá si es posible.
La idea de quedar embarazada de Naruto no la asustaba. Aunque debería. Hinata le sonrió.
—Me alegra que podamos hablar.
—Cuando nos vayamos vamos a tomar el programa y una conis para que podamos comunicarnos en nuestro dormitorio.
—Ese es el único lugar en el que no necesitamos hablar.— Ella se rió.
—Vamos a tomar las muestras e irnos.— Él retrocedió por lo que Hinata lo dejó en libertad. — Desnúdate y recuéstate.
Hinata miró con inquietud la sala.
—No seremos interrumpidos.
Hinata se quitó la ropa. Naruto hizo lo mismo. Miró a la camilla con una sonrisa.
—Es un poco pequeña para los dos.
—Sólo uno de nosotros la necesita. Ellos quieren nuestros fluidos. —Dejó caer su mirada. —Te pondré muy húmeda y tomaré una muestra para ellos. Tú puedes ponerme en tu boca para recolectar mi semilla. Yo te avisará antes de encontrar correrme.
—¿Quién va primero?— Los ojos de Hinata, vagaron por su cuerpo musculoso. Le encantaba ver cada pulgada de él duro. Con los ojos bajos a su gran erección y sonrió. —Te ves muy ansioso. ¿Serás el primero?
—Si. Me pondré duro de nuevo por tu sabor, y te voy a querer después.
Hinata sonrió ampliamente.
—Bien—. Tomo una almohada de la camilla. La dejó caer al piso y se puso de rodillas sobre ella. Movió los dedos hacia él. —Ven aquí.
Él se movió hacia adelante. Hinata se apoderó de su verga la quería más cerca. La envolvió con una mano y con la otra le masajeo los testículos, se puso más dura.
Naruto gruñó.
—Tu primero.
Ella sacudió la cabeza.
—Tu primero. Luego será mi turno.
—Te deseo.
—Primero recolectemos las muestras. Luego me tendrás.
Vio el fuerte deseo en su mirada. Su polla saltó en la mano.
—Buen plan.
—Tengo mis momentos. Entonces, ¿dónde está la copa de recolección?
Se dio la vuelta para llegar a ella. La levantó.
Abrió el recipiente y se coloco en la camilla de pie ante Hinata. Ella bajó la cabeza abriendo la boca.
—¿Así es como lo hacen las mujeres Konoha?— Ella lamió la piel dura en la parte superior de su cabeza.
—Sí—, se quejó. —Se siente tan bien.
—Dime como te gusta más.— Ella abrió la boca para introducirlo dentro.
Relajó la mandíbula y lo llevó más profundo. Dejó que su lengua se burlara de él. Rápidamente se dio cuenta de su lengua sólo podía lamer la parte inferior de él. La parte superior de la boca frotaba su punto más sensible. Naruto gruñó mientras frotaba los lados de su cara suavemente.
—Esto es delicioso. Me encanta.
Hinata lo miró cuando lo sacó de su boca.
—Tengo una mejor idea. Quiero probar algo
Él arqueó una ceja.
—¿Qué quieres probar?
Usando sus brazos ella se tiró a sus pies. Ella se rió de su mirada confusa.
—Acuéstate sobre la espalda para mí.
Él subió a la camilla. Parecía nervioso, pero lo intentaba. Hinata guardó el vaso de muestras, cuando su pierna desnuda lo golpeó y lo tiró encima. Volvió la cabeza para mirarla.
—¿Quiere arquearte sobre mí?
Ella sacudió la cabeza y se subió a la mesa con él.
—Quiero probar una nuevo posición, así que colabora.— Ella lo montó para que su culo estuviera frente a él y avanzó de nuevo hasta que se encontraron haciendo el sesenta y nueve.
Sus rodillas terminaron cerca de las axilas de él. Naruto gruñó. Sus manos temblaron ligeramente cuando se apoderó de los muslos de Hinata.
—Señor de las Lunas, Hinata. Me encanta esta vista de ti. —Deslizó sus manos por sus muslos hasta obtener una buena visión de su coño. Uno de sus pulgares rozó su clítoris.
Hinata se quejó.
—Has eso. Atorméntame. Pero recuerda no me hagas llegar. Dime lo que sientes.
Lo llevó a su boca. Ella disfrutaba de la dureza de su hais, disfrutaba de su sabor mientras lo atormentaba con su lengua. Su pre-eyaculación sabía a caramelo. Gimió mientras disfrutaba el su sabor. Inspiro, llevándolo más profundamente en su boca, moviendo la lengua sobre su hais para sacar más dulce.
La mano en el muslo se apretó casi dolorosamente cuando Naruto se quejó en voz alta. Su cuerpo se tensó debajo de ella. Acarició más fuertemente su clítoris, antes de deslizarse más arriba. Él empujó el pulgar en su coño. La estaba jodiendo con el pulgar, rozando su punto G.
Hinata se quejó contra su polla. Naruto gimió. No estaba segura de que fuera posible pero Naruto comenzó a ponerse más duro en su boca. Su polla se sentía más hinchada y caliente mientras continuaba atormentándola.
Su eje estaba rígido como el acero. Sabía que no iba a durar mucho más tiempo. Los músculos inferiores del estomago de Naruto comenzaron a temblar contra su pecho. Hizo un ruido que sonaba como a un quejido.
Dejó de acariciarla para sujetar sus muslos.
Ella lo dejó en libertad. Hinata volvió la cabeza sobre su hombro y levantó la parte superior del cuerpo para ver por encima de su culo. Los ojos de Naruto estaban fuertemente cerrados y su boca ampliamente abierta. Sus afilados dientes estaban expuestos. Parecía dolorido.
—¿Te hago daño? Oh, Naruto. Lo siento mucho.
Levantó la cabeza abriendo los ojos de golpe. El azul de sus ojos estaba tan oscuro que parecía que habían perdido su brillo.
—No me haces daño. Señor de las Lunas. Pero tienes que parar. Voy a correrme. Lo que haces se siente tan bien que pierdo el control muy fácilmente. Casi me corro en tu boca. Es demasiado.
El alivio la invadió. Pensaba que le había hecho daño. Se rió.
—¿Demasiado?
—Tus palabras me excitan. Me dan ganas de correrme rápido.
—Está bien. Entonces hagámoslo como antes.
—No. Solo prepárate. Estoy listo para correrme.
Cogió la copa de recolección y lamió la punta de su polla. Se estremeció debajo de ella. Ella lo metió en su boca. Usando su lengua y sus labios hizo un poco de succión. Naruto gimió.
—Ahora.
Ella lo sacó de la boca para poner la copa justo a tiempo para coger su semilla. Recolecto la mayor parte. Cerró la tapa del recipiente. Naruto seguía estando duro.
Abrió la boca y lo lamió como un helado. Ella cerró los ojos. Él sabía cómo algodón de azúcar derretido. Era mejor que el postre.
—Señor de las Lunas—, susurró Naruto. —Detente, Hinata. No puedo soportarlo. —Su cuerpo se estremeció. —Me haces sentir tan bien que casi duele.
Ella lo liberó. Se movió con cuidado para que la copa de la muestra no derramara. Vio la cara de Naruto, mientras se apartaba de la camilla. Estaba ruborizado. Tenía una sonrisa en sus labios mientras se sentaba.
—Estoy enamorado de ti—, dijo en voz baja. — Me acabas de recordar los buenos momentos. Este es uno de esos momentos.
Ella puso la copa de recolección en la mesa y se sentó en la otra camilla. Se volvió hacia él sonriendo.
—Tenemos una de las muestras. ¿Dónde me quieres?
Naruto se bajó de la camilla para llegar hasta ella.
Hinata siempre se asombraba de su fuerza cuando la levanto en brazos. Estaban casi al mismo nivel. Le plantó un tierno beso y la recostó en la camilla. La soltó y fue a los pies de la camilla para luego agarrarla por los tobillos. Sonrió mientras le daba un tirón para colocarle el culo en el borde de la camilla. Le soltó los tobillos.
—Extiende tus muslos.
Hinata abrió ampliamente sus muslos, agarrándose las rodillas. Vio cómo los ojos de Naruto tomaban nota de cada centímetro de su cuerpo. Nunca había sido consciente de su cuerpo. Pero ahora lo era. La expresión de Naruto se encendió. Se dejó caer lentamente sobre sus rodillas y le acarició el interior de los muslos.
—Me pongo puro cuando te veo así. Estás tan rosada y húmeda por mí. Me pongo duro con el sabor y aroma de tu excitación. Estas lista para mí.
—Siempre para ti—, susurró.
Naruto bajó la cabeza. Hinata cerró los ojos. Deslizó las manos sobre sus muslos y con los dedos pulgares le abrió los labios vaginales para obtener una mejor visión. Vaciló un momento antes de descender su boca.
Con el primer toque de su lengua Hinata gimió en voz alta.
Naruto no tuvo piedad. Su lengua encontró su clítoris inmediatamente. Le pasó la lengua con trazos duros. El placer atravesó su cuerpo. El hombre no sabía qué era un clítoris cuando la conoció pero había aprendido a manejarlo como un profesional.
Lo chupó y lamió. Una de sus manos se movió y ella empujó sus caderas mientras empujaba un dedo en su interior. Empujó otro dedo y los retorció en el interior para encontrar el lugar correcto. Hinata gimió en voz alta cuando lo encontró. Naruto comenzó a bombear dentro de ella con movimientos rápidos, mientras su lengua lamia y atormentaba su clítoris.
Hinata gritó. No iba a durar mucho tiempo más. Él sabía muy bien cómo tocarla. Gimió debajo de él. Él no se detuvo. Sus dos dedos se movían cada vez más rápido, succionó su clítoris cuando tuvo uno de los orgasmos más poderosos de su vida. Continúo atormentándola hasta que ella le pidió que se detuviera.
El placer se estaba convirtiendo en dolor. Se detuvo al instante. Su cara levantada mientras lentamente retiraba los dedos.
—Te quiero ahora—, gruñó.
Hinata abrió los ojos. Vio como Naruto se giraba para agarrar una de las cosas con forma de hisopo que Shisune había dejado. Él la miró y luego bajó a su sexo.
Él utilizó el hisopo rápidamente antes de meterlo en la bolsa de muestreo. Lo tiró encima de la pequeña mesa.
Sus manos se apoderaron de ella.
Hinata quedó sin aliento cuando él la levantó de la mesa. Ella lo envolvió con brazos y piernas. Quedaron cara a cara. Sus miradas se encontraron durante unos segundos. Naruto gruñó profundamente mientras la besaba. Fue un beso salvaje con mucha pasión detrás.
Ella gimió cuando uno de sus dientes le rozó el labio inferior. El sabor de su sangre parecía que aumentaba la pasión de Naruto. Metió una mano entre sus cuerpos para guiar su polla. La cabeza presionando su entrada.
Ella sabía que estaba empapada mientras se frotaba arriba y abajo contra su polla.
Ella esperaba que él entrara rápido y duro, pero entro lentamente mientras se deslizaba en su profundidad. Ella gimió. Cambió de posición para abarcarle el culo con ambas manos. Rompió el beso para mirarla a los ojos.
—Dime si te lastimo—, gruñó.
Hinata asintió. Naruto comenzó a moverse. Él se movió rápido y duro. Hinata apoyo la cabeza en su hombro.
Gritó por la maravillosa sensación de tener a Naruto en su interior. Él la llenaba, la hacía sentir increíble mientras se frotaba contra todos los nervios dentro de su coño. Él se movió más rápido y profundo. No le dolió. Se sentía tan bien, sus gemidos se convirtieron en sollozos de placer.
Su cuerpo comenzó a tensarse y luego su boca se abrió sobre su hombro. Lo mordió, gritando contra su piel, se corrió duro. Los músculos de su interior se apretaron entorno a su polla. Naruto echó la cabeza atrás.
Gruño cuando se corrió. Se sacudió violentamente mientras la llenaba.
Se dio cuenta de que le estaba enterrando los dientes en el hombro. Lo liberó y abrió los ojos. Vio las marcas de los dientes en su piel, por suerte no le había hecho sangrar. Levantó los ojos y se encontró con los de Naruto. Se rió entre dientes.
—Señor de las Lunas, Hinata. Nada se compara contigo.
—Wow.
—¿Qué significa eso?
—Increíble. Maravilloso. Impresionante. Te amo.
Se echó a reír. Su mirada bajó hasta su boca y su sonrisa desapareció.
—Te hice sangrar el labio. Lo siento. Está un poco hinchado.
—Estoy bien. No te preocupes. Yo también te mordí. Me alegro de no haberte echo sangrar.
Se encogió de hombros.
—No me hubiera importado que lo hicieras. Sería un honor que me marcaras con tus dientes. —Su mirada se dirigió a su boca y se rió. —Sin embargo, tus dientes no son los suficientemente fuertes para dañar mi piel.— Abrió la boca para mostrarle sus dientes más afilados.— Necesitarías unos como estos.
Hinata negó con la cabeza mientras le sonreía.
—Te hubiera hecho daño si tuviera unos dientes como esos.
Salió de encima de ella, sin dejar de sonreír.
— Hay que vestirse ahora. Quiero llevarte a casa.
—Quiero ir a casa contigo.
—No habrá otra mujer, Hinata. Te lo prometo.
Ella lo miró a los ojos.
—Me partirías el corazón.
—Entiendo. Si me dejas tú también me partirías corazón.
Continuará...
