V.
Pasaba de la media noche. Hyde miraba las luces de los autos con ansiedad, cada vez más seguro de que en algún momento vería el auto rojo. Cuando un coche de ese mismo color se acercaba se contagiaba de algún escalofrió dinamito que al final de la tarde lo había dejado mareado. Se congelaba. Las piernas le temblaban pero no tenía una chamarra más caliente que la que llevaba puesta, tal vez debió haberle hecho caso a Forman y usar uno de los suyos cuando se lo propuso. En su lugar, el muy imbécil había dicho "esta soleado en alguna parte del mundo".
Sacó la mano de su bolsillo para frotarla contra la otra, el pedazo de papel que había estado en su refugio cayó al suelo sin que lo notara. Una voz desde el otro lado de la calle llamó su atención.
— ¡Hyde! ¡Oye Hyde!
Hyde volteó. Eran sus amigos Eric y Kelso que se acercaban caminando con creces por el esfuerzo de sus grandes abrigos. Hyde sintió envidia.
— ¡Hombre! — Saludó él cuando llegaron— ¿de dónde vienen?
—El Hub. Donna nos dijo que tienen ponche mexicano. Fuimos a probarlo.
— ¿Y?
Kelso sacudió la cabeza
—Creo que era agua de calcetín.
Los tres amigos se rieron.
— ¿Vas a tu casa?
Hyde negó despacio con la cabeza. No quería decir que no porque entonces comenzarían las preguntas. Pero si decía que si…
—Todavía no. Estoy esperando a alguien.
— ¿Una chica? — Kelso movió las pestañas de forma que creyó se veía coqueto.
Eric le sonrió.
—Algo así
—Que galán, Hyde. ¿Quién lo diría?
—Ya te dije que soy un romántico — les dijo— ¿Ya se van?
—Podemos esperar contigo.
Hyde negó con la cabeza.
—No quiero que los vea. Me avergüenzo de ser su amigo.
Kelso frunció el ceño.
—Pero si todos saben que somos amigos ¿no, Eric?
Eric negó mientras se reía.
—Entonces, te veremos mañana.
Hyde asintió.
—No, espera. —Kelso insistió— quiero ver qué clase de adefesio podría fijarse en él.
—La ves todos los días en tu casa, Kelso— contestó Hyde— A tu papá le gusta tanto como a mí.
— ¿Melanie Dornhall?
Eric soltó una carcajada. Hyde se volvió extrañado.
— A propósito… ¿Ya regresó tu mamá? Mi mamá dice que la invites a la fiesta de navidad. A Red no le hace mucha gracia, deberían venir.
Hyde se las ingenió para sonreír sin dejar de apretar los labios.
—No creo que pueda, está muy ocupada ahora
Eric dejó de sonreír sin querer. Kelso comenzó a reírse con ese tono de desentendido.
— ¿Haciendo el amor con ese camionero? ¿Eh? ¿Eh?
Hyde se relamió los labios porque sintió que se le estaban secando. Pero no dijo nada. Kelso continuó picando a Eric con el codo para contagiarlo de la risa de su broma.
— ¿Sabes qué? Tal vez tú puedas venir… —aseguró Eric con un todo compasivo en la garganta, Hyde odiaba ese tono. Era el tono de la lastima. — Pasarte un rato… ya sabes…
—No, está bien hombre, ella volverá para entonces.
— ¿Estás seguro?
—Por supuesto. Esto pasa siempre.
Eric asintió.
—Bueno. Pero si cambias de opinión, a mi mamá le encanta tenerte en casa.
— A mí no— dijo Kelso, riéndose otra vez — a mí me odia. Soy una gran influencia para ti ¿No, chiquitín?— le dijo a Eric, y le alborotó el cabello.
Eric se escapó de la caricia.
—Cool. — se limitó a responder, Hyde.
El auto rojo se acercó por el lado contrario de la acera. Hyde miró a sus amigos y luego al auto.
—Nos vemos mañana. — les dijo
—Bien.
—Nos…—Kelso estiró la mano para despedirse de su amigo chocando las palmas, pero Hyde había seguido su camino sin prestarle atención. —Bueno.
Hyde cruzó la calle y caminó hacia abajo. Quería que el auto lo siguiera lo más lejos posible de sus amigos. Si Forman se enteraba de lo que hacía, le diría a su mamá. Dos cuadras más abajo, cuando estuvo seguro de que sus amigos lo habían perdido de vista, atendió al pitido del automóvil y se detuvo. Un hombre bajó el vidrio de la ventana y le gritó.
— ¿A qué crees que estás jugando, mocoso? ¿Te parece que esto es un juego?
Hyde tragó saliva y volteó los ojos. Era una clara expresión de fastidio que había estado tratando de evitar.
—No. Creí que había mucha gente arriba, eso es todo.
— ¿Esos eran tus amiguitos?
—No. —se apresuró a decir— Se acercaron con una propaganda de navidad.
—Deberías conseguirte unos cuantos. Para que te ayuden a vender.
Hyde se quedó callado.
—No— dijo el otro, el del lado del conductor— Nosotros somos tus amigos, ¿verdad? no necesitas otros.
Hyde se mordió el labio inferior.
—No señor.
—Bueno ¿y dónde está el dinero?
Hyde se sacó la mano del bolsillo, esta vez tenia sujeta una bolsa de plástico que les entregó de la forma más discreta que pudo. Aunque de todas formas no hubiera nadie cerca para atestiguarlo.
— ¿Esto es todo?
— Es navidad, hombre. Vamos… Nadie compra en estas fechas.
El hombre de la ventana le arrojó el paquete de vuelta.
— ¡Esta miseria no sirve! ¡No quieras pasarte de listo conmigo, mocoso!
—Es verdad, es todo lo que puedo vender en vacaciones, mis compradores están en la escuela.
—Pues soluciónalo. Porque esto no va a pagar la deuda de la puta de tu madre ¿oíste? A este paso vas a trabajar para Ritchie hasta los 40. ¿Qué te parece eso? O tal vez debería picarte las tripas ¿eh? ¿Eso te gustaría? De todas formas no nos sirves de nada. Servirías mejor de colador.
Hyde recogió el dinero y se lo paso de vuelta.
—Traeré más la próxima vez.
—Mañana.
Hyde resopló.
—Vamos, hombre, mañana es nochebuena.
—Entonces dile a Edna que pasaremos a desearle feliz navidad.
—Ella no está, ya te lo dije.
—Pues entonces mejor haz lo que te digo. Ella nos debe mucho dinero. Mañana vas a traer todo lo que te dimos, y devuelve la mercancía que te sobró. Sé exactamente cuántos gramos había en esa bolsa ¿oíste?
Hyde no respondió. El hombre de la ventana más cercana sacó una navaja y la llevó hasta su abdomen. Hyde retrocedió un paso.
—Eso, hijo. Hay que tener miedo. ¡Órale, a trabajar!— le quitó las gafas oscuras y las arrojó a la carretera. —Y quítate esas chingaderas, es de noche ¿sí? Pareces chula.
Hyde asintió con la cabeza siguiendo las gafas con la mirada.
—Mañana— le recordó el conductor— A la misma hora, aquí mismo.
El de la ventana volvió a enjutar la navaja.
—Y si no vienes— hizo algunos movimientos acercándole la punta, simulando las estocadas. Los dos se rieron.
El auto se movió y pasó por encima de sus gafas, se escuchó un crujido debajo y luego el auto desapareció entre la penumbra y la calle contigua. Hyde esperó un momento hasta que ya no alcanzara a divisarlos y entonces corrió hacia sus gafas y las recogió. Habían perdido el tronco pero estaban relativamente bien, bastaría con pegamento. Cuando caminaba a su casa, se metió la mano en el bolsillo. Preocupado, comenzó a buscar en el otro. Había perdido el papel. ¿En dónde lo había perdido? Hyde regresó sobre sus pasos. La calle estaba desierta y los pocos autos que pasaban se limitaban a alejarse de inmediato, así que no tenía luz suficiente para buscar por el suelo.
— ¿Estás buscando esto?
Hyde se giró sobresaltado.
—Forman, hombre. Me asustaste. ¿Qué demonios haces ahí parado en medio de la noche?
Eric agitó el papel en su mano.
—Ah, eso. Si… gracias por encontrarlo. Devuélvelo. — Eric lo alejó de su alcance.
— ¿Quiénes son los de la lista?
Hyde dejo la mano estirada tratando de quitárselo.
—Amigos.
— ¿Amigos? ¿Qué amigos? Nosotros somos tus amigos.
—Dios, Forman. Otros amigos… no importan, devuélvelo.
—No hasta que me digas la verdad.
— ¿No se te hace tarde para la hora de dormir, Forman? Tu mami debe estar preocupada por ti.
— ¿De qué son todos estos números? ¿A quién intentaban llamar?
—Forman, no seas ridículo. Solo dámelo.
— ¿Quiénes son?
—Personas, devuélvelo.
—Entonces dime quienes… — Eric se detuvo y luego miró hacia abajo— ¿Qué le paso a tus gafas?
—Bien, quédatelo, ya no sirve.
Eric se le acercó.
— ¿Qué le paso a tus gafas?
—Olvídalo hombre. Vete a casa.
—Es Edna ¿verdad? tratas de llamarla por navidad.
Hyde se quedó callado. Hubiera contestado algo sarcástico y genial pero no se le ocurrió nada y no quería tartamudear tratando de sacarse algo de la manga.
—Sí. ¿Y qué?
—Hyde, esto no está bien. ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Y todos estos números? ¿Y los que están tachados? No sabes donde esta ¿cierto?
—No, Forman, no lo sé ¿feliz?
—Hyde… ¡CIELOS! ¿Ni siquiera sabes dónde está? Hombre yo…
—No empieces con eso, con tu maldita lastima de nuevo.
— ¿Qué lástima, amigo? Me preocupo por ti ¿no puedo?
—No puedes porque estoy bien.
—Pasas las noches en teléfonos públicos tratando de localizar a tu madre, eso no es estar bien.
—Lamento que mi desgracia te provoque agruras hombre, pero estas exagerando. Ella va a regresar, hombre, estoy seguro. Y si no regresa mejor, porque estoy harto de ella de todas formas.
—Hyde…
—La única razón por la que le llamo es para saber que está bien ¿sí? Los camioneros son criminales en ruedas
Hyde se detuvo a reflexionar sobre lo que estaba diciendo y se dio cuenta de que estaba hablando de más.
—Oye… tranquilízate Oppie. Pasaré navidad en tu casa y para año nuevo volverá. No es la gran cosa ¿sí?
Eric frunció los labios, incrédulo.
—Y si no vuelve, siempre puedo pasar el verano calentándome el trasero en la casa de playa de tu abuela, ¿no?
Eric se rio.
— ¿Te quedas esta noche?
Hyde sonrió.
—Como se ve que no puedes vivir sin mí. ¿Qué harás cuando me muera?
—Una fiesta. Tal vez te envíe cartas al infierno.
Hyde se rio.
—No creo que tengan servicio postal.
Por la noche, antes de acostarse, Hyde había forcejeado con la camilla de base y se había llevado un buen golpe en la cara que le partió el labio. Eric volvió del baño con su pijama de spiderman, y se burlaron el uno del otro.
—Casi lo olvido— dijo Eric recuperando el aliento, se estiró y le entregó sus gafas como nuevas. —Pude salvarlas.
Hyde las tomó con un brillo en los ojos que le costó trabajo disimular.
—Cool, hombre. Que buena onda.
Eric asintió.
—Ya sabes… por si… esta soleado en alguna parte del mundo.
Hyde sintió un apretón en el estómago. Pero no uno como el que sentía cuando pensaba en Edna o en las drogas que tenía que vender para pagar la deuda de su madre. Fue un apretón bueno, como si una voz en su cabeza le dijera "todo va a estar bien."
—Que sentimental te pones Oppie. Debería romperte la cara.
Eric se rio.
—Pero no lo harás porque me amas.
—No golpearé a un tipo en pijama de spiderman, eso dañaría mi reputación.
Esa noche rio hasta quedarse dormido. Con un dolor ligero en el estómago y el sabor metálico de la sangre en la boca.
¡VETE DE AQUÍ FORMAN! ¡VETE! ¡SAL DE AQUÍ!
