Harry se fue, curado, limpio y masturbado.
Pero sobre todo se fue con la sensación de que Draco no era como sus anteriores amos.
Para él parecía que Harry era sobre todo, eso, Harry.
Y desde los 17 años, sexualmente, había sido de todo menos eso.
Una digresión de sí mismo, dos Harrys, tan separados que a veces pensaba que se volvería loco.
No todo fue malo, debía reconocerlo. Y jamás reconocería ante otra persona que disfrutó con Voldemort, pero también que se alegró de haber acabado con él.
Eran dos sentimientos tan extraños, porque sexualmente nunca había sido tan compatible como lo había llegado a ser con nadie como con él.
Por primera vez, después de mucho tiempo, los dos Harry habían estado juntos teniendo sexo con alguien más.
No sabía qué sentir.
Así que decidió hacer como hacía siempre, vivir y punto.
Salvo que no podía dejar de pensar en Draco. Lo había reconocido en el momento en el que había entrado en la sala con su antiguo amo.
Era un puñetero auror, uno muy bueno para que una máscara camuflara a alguien con unos rasgos que conocía a la perfección.
Era tan humillante que lo viera así, deseó que no le reconociera, no tuvo suerte.
Cuando lo persiguió para que fuera su sumiso, Harry hubiera querido cortarse un brazo antes que admitir que no hubiera habido cosa que deseara más.
Pero es fácil soñar con lo que nunca vas a poder tener, hasta que lo tienes. Draco se había convertido en su dueño legal.
Y eso había llevado a Harry al punto de la imprudencia, nunca había sido conocido entre sus compañero por ser un auror calmado y prudente, pero ese grado de tendencia suicida era nuevo hasta para él.
Lo que había sentido cuando lo vio con otro sumiso, lo que eso le hizo por dentro era algo de lo que aún siendo suyo ahora, no podía superar, porque Harry no era capaz de eso.
Él no era sumiso, solo hacía lo que tenía que hacer, y eso era dejarse follar de mil maneras, a veces disfrutándolas, otras no.
No sentía pena por sí mismo, esa fase había muerto, y lo volvería a hacer si fuera necesario.
Hermione nunca supo qué fue lo que hizo, solo achacaba su poco éxito en el amor a ser una figura tan famosa.
Harry no podía emprender una relación romántica, no cuando pertenecía a otra persona.
Había tenido tantos amos, algunos ni siquiera lo usaron, era demasiado para ellos; otros lo heredaban y lo cambiaban rápidamente. Harry no era fácilmente domable y eso no era del gusto de todos.
Pero luego estaban lo que querían hacer de él algo que no era, esos eran los peores, porque al no conseguirlo se frustraban, frustración para ellos, frustración para Harry.
A los sádicos, Harry, directamente los aplastaba con magia, destruía cuanto encontraba en su camino.
Pero ninguno, en 15 años lo había tratado como lo hacía Draco, y eso era malo.
Hacía tiempo que no se sentía humillado, y Draco lo había conseguido, hacía tiempo que no se había mostrado como lo había hecho ante alguien, no sin una orden.
Y este le había rechazado, para hacerlo sentir mil veces mejor.
Era malo, porque cuando se cansara, se diera cuenta de que aquel contrato no podía romperse, lo cedería, y entonces Harry tendría que ir con otra persona.
No volvió a casa de Draco hasta que este le llamó, aunque se había sentido bien, no quería acostumbrarse.
Salvo, que Draco tenía otros planes, y Harry no había podido parar de pensar en él, y de desear algunas cosas.
Lo encontró tan elegante como siempre, con sus ropas caras y a medida, con su cabello rubio y corto, en un peinado moderno para alguien como él. Pero que nadie podría lucir mejor. Por supuesto que Harry estaba en problemas, porque Draco, era Draco, no un tipo cualquiera que lo usaba por una temporada.
Era el niño que había crecido junto a él, con el que había peleado mil veces por las cosas más estúpidas, pero también el que le había demostrado que podía cambiarse por los motivos adecuados.
Cuando le pidió ser su nuevo amo, como si solo fuera una decisión que Harry pudiera tomar, se enfadó, porque le hubiera dicho que sí.
Porque si con alguien hubiera deseado ese tipo de relación, era con el maldito Draco Malfoy.
Y en sus locas fantasías, pensó que ser heredado, cedido o comprado por él podría ser la solución. Dejó de desear cosas que no iban a suceder a los 20.
Y ahora, aparecía él con un plan magistral, le compraba dando a otro en su lugar, salvo que ese otro podría irse cuando quisiera.
Harry no, y Draco que le miraba con una sonrisa desde su maldito sillón de la mejor calidad, saldría de su vida.
—¿Qué tal ha ido tu semana?—Aquella pregunta le hirió, en serio, maldito Draco Malfoy, con su charla trivial, con sus "buenas intenciones" ojalá solo le follara y punto.
—Bien, no me he ganado ninguna amputación de mis miembros—se encogió de hombros—, yo diría que eso es éxito total.
La risa profunda de esta versión adulta del niño mimado que él había conocido le hizo temblar, le señaló un sillón gemelo. Y le preguntó por su vida.
Draco hablaba con esa voz modulada como de locutor de radio que erizaba su piel, le había dicho que era bueno, Harry no lo dudaba.
Y eso aún le molestó más, debía reconocer que una cosa era que aceptara su situación, y otra que controlara su carácter.
Su irritabilidad era uno de sus mayores problemas, pero también le había servido como escudo defensivo. A Harry le temían sus dueños, y a Draco le importaba una reverenda mierda que las cosas brillaran a su al rededor, que rompiera un jodido juego que costaría más que la mitad de su sueldo.
Tranquilo, sereno y dueño de sí mismo, y de Harry, dueño de Harry.
Estalló.
—Draco, porque no dejamos esto ya, fóllame y listos.
Los ojos plateados de los que no había encontrado otros iguales, salvo de los del padre de Draco, brillaron. ¿Cómo demonios los hacía brillar de ese modo?
—¿Es lo que quieres, Harry?
Odiaba su nombre en sus labios, porque sonaba especial, sonaba bien.
—Sí.
No había ninguna mentira en eso. Ninguna.
—¿Cómo quieres que lo hagamos?
—Creo recordar que sabes perfectamente cómo se hace para que yo tenga que recordártelo.
Harry se levantó, ¿por qué todo tenía que ser así? No era tan estúpido como para no darse cuenta que Draco estaba intentando demostrarle que su opinión contaba.
—Pero es que yo quiero que me lo digas.
Y esa sonrisa, la odiaba.
—Tú metes tu polla en mi culo, y lo haces muchas veces, así hasta que pongas tu semillita…
—No me lo estoy tomando a risa, así que te pediría que tú tampoco lo hicieras.—Su rostro cambio a uno que ya había visto antes, con otro, con un sumiso al que sí se había follado sin tanta charla en su cara.
Y entonces Harry lo supo, quería que se lo hiciera igual.
—Quiero lo que quería el otro día.
—Quieres que te domine.
Harry esquivó su mirada, el sexo era sexo, ¿por qué tenían que hablarlo tanto?
—Sabes que podemos tener sexo tradicional…
—¿Puedo irme?—Harry había tenido suficiente, no era un puñetero traumado que necesitara tantos cuidados.
—Siempre puedes irte, pero yo no quiero que te vayas.
Se retaron, porque Harry no sabía hacer otra cosa, y porque a Draco parecía venirle de serie.
—Ven.—Extendió su mano el rubio.
Harry volvió hasta Draco, pero no ocupó su sillón, sino que se quedó de pie delante de él.
—Ponte de rodillas.
Harry sonrió, se iban entendiendo.
De rodillas entre sus piernas Draco comenzó a contarle cómo le gustaban a él las cosas, cómo las hacía y qué esperaba de él.
Harry estaba excitado solo de oírle hablar así, de tener su cuerpo cuerpo entre las piernas abiertas de Draco.
—¿Hay algo de lo que te he dicho que te desagrade?
—No.—Su voz salió más ronca de lo que le hubiera gustado.
Sintió un pie en su entrepierna, como la primera vez que le vio.
Harry estaba duro, los ojos de Draco volvieron a brillar.
Se inclinó sobre Harry, casi besándole. A Harry casi nunca le gustaban los besos, pero sus labios se entreabrieron.
—¿Cuál es tu palabra de seguridad?
Harry se quedó en blanco, ¿palabra de seguridad? Obviamente un "Malfoy, para o te arranco los huevos" no iba a servir.
—Vainilla.
Draco sonrió entendiendo su chiste, pero no le besó.
Lo que sí hizo fue acariciar sus labios con los dedos.
Harry sacó la lengua para lamerlos, e introdujo uno de ellos dentro de su boca chupándolo.
Draco se reclinó sobre el sillón, dejando a Harry que hiciera lo que quisiera con sus dedos.
Continuará
Hola, amores. Pues aquí tenemos capítulo de viernes para ir abriendo boca con la visión de Harry.
Me alegro mucho de la buena acogida que tuvo el anterior capítulo, sé que los lemmon se comentan poquito, no os preocupéis.
Os deseo buen fin de semana.
Hasta el lunes.
Besitos.
Shimi.
