Saludos lectores, espero que estén en la seguridad de sus hogares, pero si salieron recuerden que en este momento la protección no es exageración. ( Lavarse las manos constantemente, como usar desinfectante en las manos, lavar la ropa de inmediato si se encontraban fuera de casa y en lugares públicos con mucha actividad, y si pueden usar desinfectante para ropa o un poco de alcohol en sus lavadas, especial mente si van a lavandería publicas, así también como usar los cubrebocas recomendados por los especialistas, mantener las defensas al cien% en su sistema inmune. No es exageración; es amor al progimo como al propio. Mis sinceras recomendaciones son con cariño. Jillvalentine.xx.

Ahora sí aquí está el CAPÍTULO 14.

No se había equivocado, Terrence no rechazaría a su hija nunca. A pesar de su confusión. Terrence miraba con adoración a Elynor, Lo vio tan perdido, al mismo tiempo muy concentrado en su hija, que apenas la había mirado, y las pocas veces parecía querer matarla. No sabía qué hacer, Terrence parecía como una tetera a punto de estallar. Estaba segura de que era Elynor quién lo contenía.

—¿Quién me busca? —Melinda quien hasta el momento apareció, se sorprendió de ver el cuadro, Elynor abrazada a Terrence.

—Hazlo seguir, princesa —Candice la miró horrorizada, Melinda la ignoro — no puedes dejar a mi hermano en la puerta, o cualquier conocido es de mala educación —indicó mirando a Candice como diciendo te dije que él tenía derecho a saber— Terrence se sorprendió del modo en que Melinda se refirió a él, y se lo agradeció con un gesto de gratitud inclinando su cabeza, pero no quería entrar, quería llevarse a Candice y su hija para algún lado, pero a lo mejor el estar con otra persona le aliviaría el genio que estaba a punto de salirse. Miro a Candice. La condenada de Candice lo miraba temerosa, por lo visto aún recordaba su temperamento. Bien. Que se preparara por qué no se lo iba a poner nada fácil. Elynor lo tomó de la mano y lo llevó a la sala a donde los siguieron Candice, Melinda, y Mary el ama de llaves, como en una procesión.

—Es tu hermano? Porque no me dijiste que tenías un hermano, tía Melinda? Entonces es mi tío? Eleonor atacó con preguntas, estaba muy confundida. — Entonces mi tío se llama como mi papá? ¿ Por qué Nadie me dijo nada? —Melinda hasta ese momento se dió cuenta de su descuido, pero reaccionó de inmediato.

—Bueno, por qué en verdad es mi medio hermano, pero que te parece si te explico más adelante. Ahora no es el momento adecuado. Mientras todo eso ocurría Terrence no dejaba de fulminar a Candice con los ojos, Ella sentía esa mirada que eran como cuchilladas, por eso fingió estar muy concentrada en su hija. Aún que no sabía nada de lo que estaba pasando por qué su mente pensaba solo en Terrence y la mala suerte que el destino se le hubiera adelantado, justo cuando pensaba contactar a Anthony y pedirle que le dijera como encontrar a Terrence para decirle que era padre. Pero todo eso ahora se había quedado en nada. No creía que Terrence le fuera a creer su explicación.

—Mi mami me dijo que mi papá era pintor. ¿Tú también eres pintor? Se acercó, subiéndose sobre las piernas de su padre, que ya se había sentado. ¿Te tengo que decir tío? Mientras le hablaba, Terrence, que estaba absorto en la conversación de la niña, hizo un gesto dubitativo.

—Solo dime Terry, después qué tú tía Melinda hablé contigo decidimos como me puedes decir. ¿Estas deacuerdo?

Elynor asintió con una sonrisa.

—Sabes, yo quiero montar en un caballo como este —le dijo, mientras enseñaba el juguete. Terrence miró el caballo algo viejo, con las patas dobladas hacia afuera

—Lo haremos en uno parecido. —Le acarició la mejilla. Melinda levantó una ceja. Terrence se acercó y le dijo a la niña en voz baja que le regalaría un caballo, Elynor abrió los ojos y ya iba a exclamar la noticia, pero Terrence se apresuró a decirle: —No le digas nada a nadie, será nuestro secreto. La niña hizo un gesto afirmativo con la cabeza y entonces exclamó:

—Yo fui donde hay muchos animales, había caballos, ovejas y patos, yo corrí detrás de los patos pero me caí. Yo llevaba curitas en la lonchera, mi mamá las echó porque dice que me caigo cada rato. — puso los ojos en blanco en un gesto que Terrence solo quiso abrazarla y nunca más soltarla—. La oveja tenía ovejitas y También había cerditos, la mamá cochina tenía cochinitos pequeños, me dejaron alzar uno, pero no pude tocar mas. Mi mamá no me dejó y después tuvimos que irnos. Candice nunca agradeció tanto la charla de su hija como en ese momento. No lograba dominar la consternación. Miro detalladamente a Terrence. Estaba más fornido, el cabello lo llevaba más largo, los años habían pasado en su rostro, pero se veía mucho mejor. La fotografía en el periódico no le hacía justicia. En resumen estaba mucho más guapo desde la última vez que lo vió.

Estaba muy concentrada en su examen visual que dio un brinco cuando escucho las palabras de Terrence:

—Cariño quiero hablar con tu mamá —indicó Terrence, ya más calmado, en apariencia. Candice lo miró, asustada.

—Claro, pueden hacerlo en el estudio. —Dijo Melinda. Solicita.

—No, gracias — No queria que la niña escuchará algo que la pudiera afectar, se dirigió a Candice—. Hay un parque cercas, te espero en cinco minutos. Luego se dirigió a la niña. —Preciosa, voy a hablar algo con tu mami y luego vendré y charlaremos un rato. ¿Te parece?

—¿Por qué no puedo ir al parque? —se quejó haciendo un puchero que a Terrence le recordaba a Candice.

—Elynor, tienen que charlar cosas de mayores —dijo Melinda. Terrence abrazó a su hija, le dió un beso en la cabecita y salió de la casa. Quería matarla. Tenía una hija a la que no conocía y que no lo conocía. Ese pensamiento le hizo hervir la sangre, quería devolverse y acercarse otra vez a su hija, se sentía enorme y perdido a su lado, quería mirarla y que le hablara con esa voz tan dulce. Perdió los estribos otra vez, quería coger el árbol que tenía enfrente a puños. Rememoró su rostro, era tan preciosa y una GrandChester de los pies a la cabeza. Vio a Candice venir a lo lejos. Lucía espectacular, la muy tunante. Vestía un jean pegado al cuerpo y un suéter a la cadera, estaba hermosa. Se había agarrado el cabello en una trenza de lado y unos mechones se escapaban del peinado haciéndola mirar mucho más joven. ¿Cómo podía experimentar sentimientos tan contradictorios por ella? Quería retorcerle el cuello y a la vez abrazarla y besarla. Candice lo vio y hizo más lentos los pasos hasta que estuvieron frente a frente. Los ojos de Terrence expedían llamaradas de fuego.

—¿Qué le has contado sobre mí? —exclamó, rabioso. Candice se armó de valor y lo miró a los ojos.

—Que eres un hombre que le gusta pintar, que tienes una empresa de barcos, que estuviste en un lugar del que no podías Salir, no preguntó mucho. —Las palabras salían atravesadas, él resopló, furioso, y ella continuó—: Que la has amado desde siempre, pero por cosas de vida no podías estar con ella. El corazón le latía temeroso y con un ritmo antinatural. Las manos le sudaban y le temblaba. Se sintió desprotegida y se abrazo a sí misma caminó unos pasos hasta una banca de piedra bajo un árbol que regalaba sombra. El día estaba algo nublado pero en estos los rayos del sol calaban en la piele.

—¿Cómo pudiste, Candice? —preguntó herido por su decisión. Se negaba a sentarse a su lado. Candice quiso encogerse en el banco y desaparecer.

—No querías hijos, esas fueron tus palabras, no podía ir corriendo y decirte que me dejaste embarazada —contestó con un asomo de ira. Terrence chasqueó, tratando de controlarse.

—Yo no te dejé embarazada, ¡tú te embarazaste sin importar mi opinión! Eso es muy distinto. —Suspiro fuertemente—. Pero eso ya no importa. Ella sintió como si le hubiera dado una bofetada.

—No entiendo tu ira. ¡Fuiste tú quien me sacó de tu vida o debo recordarte que me trataste como a una prostituta! —Estaba exagerando y lo sabía, pero de algo tenía que agarrarse.

—¡Esto no se trata de ti! ¡Fuiste una soberana egoísta! —Se acercó con el rostro congestionado de la rabia, tuvo que contenerse para no tocarla cuando el aroma de su piel lo golpeó recordándole que glorioso ers estar dentro de ella.

—¿Yo? ¿Egoísta? ¡Me tiraste como a un trapo viejo! —soltó, furiosa—. No te importaba nadie más que no fueras tú y tu tranquilidad. Pensabas que mi amor era tan poco que me iría con el primero que me dijera palabras bonitas. Sinceramente, no creí que te importaría —Estaba actuado resentida.

—¡Idioteces! —Terrence levantó el tono de voz, unos niños que jugaban cerca los miraron de manera curiosa—. ¡Sabes muy bien que hubiera respondido por ella! Candice se levantó como si la hubiera pinchando con una aguja.

—Yo he respondido muy bien por ella, tiene todo lo que necesita

—¡No tiene un padre!

—No necesita un padre —mintió y avergonzada, le dio la espalda. Terrence apoyó las manos con los puños cerrados en la cintura.

—¿Quién demonios eres tú? —indagó, consternado. —De la mujer que conocí no queda nada. Ella se volteó de pronto con los ojos oscurecidos de rabia.

—Soy la mujer que tuvo que levantarse del hueco al que tú tiraste, soy la mujer que te lloró y te rogó para que no la apartadas de tú lado. Soy la madre que tuvo que salir adelante por su hija.

Él la tomó del brazo de manera brusca, sin embargo, ella lo miró desafiante. No estaba dispuesta a aceptar toda la culpa

—¡Escúchame bien! — le mostró los dientes—. Esa niña ha pasado seis años sin mi apellido. ¡Es una GrandChester! Le negaste el derecho. Ella se soltó de su agarre con firmeza.

—¡Dijiste que no querías que tu hijo se avergonzara de ti! Qué nunca hubieras permitido que te visitara en ese lugar.

—Contestame algo. ¿Si no hubiese venido por casualidad hoy, me habrías buscado?

—Sí.

—Estas mintiendo.

—No tengo por qué mentirte, te me adelantaste. Ahora dime. ¿Qué hubiera pasado si te hubieses enterado de mi embarazo estando en prisión? No estaba en tus planes, no me querías y afrontabas una condena. ¿Qué más querías que hiciera?

—No me insultes, ni te insultes a ti misma, sabes que si lo hubiese sabido habría hecho lo correcto.

—¡No te creo, tendrás que hacerlo mejor! Le dio la espalda.

—Tú te vengaste de mí, Candice, y te vengaste de la forma más rastrera. —Él la giro y se inclinó más cerca y le dijo de manera deliberada—. Me privaste de mi hija durante años y te vas a arrepentir de ello. Candice sintió terror. Terrence expedía rabia por cada uno de los poros de su piel Ella no podría mostrar algún signo de debilidad o sería su perdición. ¿Y si le quitaba a su hija? — Es mía —ratificó, como si el le hubiera leído el pensamiento.

—No la concebiste tú sola. — un poco más cerca y le dijo, muy lentamente—: Créeme, eso lo recuerdo muy bien. Es mía tambien además le hablaste de mí.

—No iba a mentirle, cuando me preguntó por su padre, intenté ser honesta con ella. Él rio, sarcástico.

— ¿Acaso tengo que darte las gracias? —dijo burlándose—. ¿Hasta cuándo vas a estar en la ciudad de Nueva York?

—Estaré una semana, apenas llegamos ayer. Él negó con la cabeza.

—Creo que te vas a tomar más días. —Ella lo miró, confusa—. Necesito tiempo con ella, conocernos. Dijo desafiante.

—¿Qué quieres decir? No entendía que era lo que pretendía.

—Quiero que mi hija viva con migo.

Ella lo miró, sorprendida, estaba loco si creía que ella iba salir corriendo detrás de él. Tenía que volver a Chicago. Terrence, al ver que ella no comentaba nada, continuó:

—Quiero saber qué color le gusta, Cuáles son sus caricaturas favoritas, si le gusta Disney o un Power Ranger, quiero saber hasta el más pequeño detalle de su vida, si se ha enfermado, quienes son sus amigos del colegio, pero lo más importante…. — Dijo de tal manera que Candice sintió escalofríos—… quiero que esa niña tenga un apellido. Que me reconozca como su padre más que por lo que tú le hayas contado de mí.

—Pero yo tengo un trabajo, una vida en Chicago. No puedo tomarme un mes —dijo ella, completamente consternada. Había pedido una licencia de una semana. ¡No podía tomarse un mes para acceder al capricho de Terrence.

—Pregúntame si me importa —dijo, de manera sarcástica, algo que enfureció a Candice.

—No sé si te importa— respondió molesta—pero yo tengo una vida y tú no la vas a cambiar, si quieres ver a tu hija será bajo mis condiciones. Terrence la miró con ojos rojos. Se acercó amenazante y ella tuvo que retroceder. —Mi hija no necesita un padre. Me tiene a mí.

—Mira, Candice —dijo apretando los dientes— Vienen, tú, y Elynor con migo por las buenas, o contrato un jodido abogado, y si tengo que hacerme una maldita prueba de ADN y llevarte a la Maldita corte lo haré, y pido la custodia completa de Elynor Termino seguro de que tenía las de ganar. Candice se asusto. Sabía que Terrence tenía todo a su favor, ella en cambio dependía de su trabajo y si Terrence quería podría quitarle a su hija. Pero estaba tan molesta que no podía contenerse.

—Pues no voy. Y si tengo que irme con mi hija te juro que lo voy hacer y no volverás a mirarla nunca.

—¡No te atrevas!

— Estás siendo tú quien me está presionando.

— ¡Me privaste seis malditos años de mi hija!

—¡Basta!

Necesitaba controlar la situación de alguna forma y llevar las cosas por el lado difícil no era la opción más inteligente, ambos estaban de acuerdo en algo: deseaban lo mejor para la niña. Ella también tenía derecho a dictar sus términos.

Los intereses de Elynor estaban por encima de todos. Algo de sus sentimientos sepultados en costras de resentimiento trataban de aflorar al ver su reacción, pero el orgullo herido los pisoteaba para dejarlos en su puesto. Le tenía terror al futuro, al tiempo forzoso que tendrían que compartir mientras se relacionaba con Elynor. Se conocía, por más furiosa que estuviera con él, no podía negar que la atraía, se moría de curiosidad por saber de sus días.

Terrence la aferró del brazo y la llevó de regreso.

—Vamos, mi hija me espera.

—No puedes decirle nada todavía. Sin escucharla, Terrence regresó furioso ya sin decir una palabra más. Candice se sentía molesta, avergonzada y asustada a partes iguales, sin embargo, no le daría el gusto de verla nuevamente destrozada.

Una vez dentro de la propiedad, Terrence encontró a Elynor jugando con una diminuto juego de té diminuta. En cuanto él entró en la sala, la niña dejó lo que estaba haciendo y corrió hacia él, con una sonrisa radiante. Terrence se había enfrentado a hombres peligrosos de todo tipo, pero nunca había percibido el escalofrío que sentía frente a su hija. Ella lo tenía en sus manos y podía hacer lo que quisiera con él.

—¿Quieres tomar té? —preguntó la niña tan pronto lo vio.

—Sí, claro que sí.

Mientras la niña servía té con toda delicadeza y la elegancia de una dama que le recordaba a Candice cuando vivía Richard. Terrence se encontraba absorto en sus propios pensamientos, tan ensimismado, que no notó que Candice los observaba desdé el otro lado del recibidor.

—Cuando mamá no esta trabajando —señaló la niña, haciendo que Terrence dedicara su atención a ella—. Salimos al jardín, extendemos un mantel y tomamos el té, mi mamá hace galletas, a veces invito a mis amigas, pero estoy castigada —La niña se volvió a mirar a Candice—. ¿Cuántos días, mami?

—Lo sabes muy bien, tesoro, Cinco días después de que volvamos.

—¿Y por qué te castigó tu mami? —preguntó Terrence muy interesado.. La niña le pasó una taza diminuta y él no supo muy bien qué hacer con ella, así que solo la sostuvo.

Elynor entornó los ojos cuando miró a Candice.

—Le corte el pelo a la Barbie doctora que mi mami me regaló en Navidad. Terrence no supo qué debía decir. ¿Cinco días de castigo por trasquilar una muñeca? Se sentía más perdido que Alicia en el país de las maravillas.

Es que mi amiga tiene una Barbie modista yo quería que Beatriz se viera igual. Terrence se había perdido en el relato, cuando le preguntó:

—¿Beatriz?

—Sí, así se llama mi Barbie doctora. Terrence creía que todas se llamaban Barbie.

Una hora más tarde Terrence se despidió de la niña y le obsequió un gesto frío a Candice quien quiso desaparecer con esa mirada.

.

Terrence llegó a su casa, se quitó la chaqueta y se recostó en el sofá. Pensaba en su hija, le sorprendía el color de sus ojos, iguales a los suyos. Sonrió, orgulloso y preocupado. ¿Qué sabía él de niñas? En la cárcel, cuando soñaba con hijos, siempre se imaginó hombres, enseñar a sus hijos a montar a caballo, jugar con carros eléctricos, pero ahora tenía que aprender a tomar el té, y hablar de Barbie con nombres.

Se levantó de golpe y abrió el armario de licor, había una botella de whisky, se sirvió un trago que bebió de golpe.

Recordó a Candice y si furia se materializó..

Sí, deseaba a Candice como el primer día que la vio. Tenía ganas de golpearse la cabeza para ver si la sensatez volvía a él, pasaba de la ira por su omisión a recordar su boca, sus besos, tuvo unas ganas inmensas de abrazarla, decirle que añoraba su consuelo, pero el tiempo había cambiado y las circunstancias también. Toda la vida estaría unida a ella, quisiera él o no, y para ser sincero si quería verla todo los días aunque solo fuera la madre se su hija

Recordó sus reproches, La manera en que habían terminado. No era una justificación, ni más faltaba, la cólera, el remordimiento, el deseo y el amor se arremolinaban en su pecho y no sabía cómo iba a hacer para disimularlo y no afectar a la niña. Se tomó la botella de whisky, a media noche estaba más borracho que una cuba.

—Vaya, vaya, qué sorpresa, con mi hermano. — Dijo Melinda cuando estuvieron solas. Elynor no había querido dormír y Candice tardo leyendo cuentos para lograr que la niña descansase..

—Esta muy enojado con migo.

—Pienso que debes decirle a Elynor lo más pronto posible—le dijo esa noche, mientras se acomodaban en el sillón. —Oye ¿Y qué dijo Terrence de la noticia?

—Quiere que nos quedemos por lo mínimo un mes con él.

—Entiendo, pienso que podrías vivir aquí en la ciudad, hay sectores muy buenos, en Brooklyn hay muy bonitas.

—No, no voy a sacar a Elynor de su entorno, me costó un trabajo tremendo que aceptará que tendría que ser cuidada por una niñera. No podría hacerle eso, no ahora.

—Está bien. No te presiones. Candice la miró, agradecida.

—Lo que si creo que debes hacer a primera hora es hablar con Elynor.

—Lo sé...

Asintió, aunque no tenía idea de como hacerlo.

Al día siguiente se comunicó con Anthony.

—No entiendo por qué lo oculto —señaló su Anthony, con tono decepcionado.

—Me echa la culpa a mí.

—No quiero decir "te lo dije", pero pienso que te precipitaste al terminar la relación.

—No puedo retroceder el tiempo. —Terrence se masajeó la frente, el dolor de cabeza.

—George te pondrá en contacto con un buen abogado de familia, tienes que hacer las cosas bien y hacer valer tus derechos.

—No tengo mucho tiempo, volverán en una semana a Chicago.

—¿Y vas a permitirlo? —La voz de Anthony se escuchó desconfiada.

—No, por supuesto que no. Tengo cosas que hacer, te llamaré luego de hablar con el abogado.

Continuará...

Buenas noches lectores.