Los personajes de Inuyasha pertenecen a Takahashi Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.
La Maldición de Shikon
8. Hubiese.
Inuyasha veía con mucha preocupación a Kagome que estaba acostada en la cama, ya cubierta por una cobija, ella había despertado un poco de camino a la casa, pero desde entonces continuaba dormida. Veía a Yasha parado junto a la ventana, también estaba preocupado, no había apartado la mirada de la chica.
—Su temperatura ya es normal— dijo Miroku—. Igual su pulso.
—¿Por qué le pasa esto?, ¿y si se repite lo mismo que con…?
—Primero que nada— le interrumpió Miroku, ya sabía a donde iba su paranoia—. Kago no murió por enfermedad, fue…
—No está envenenada ¿verdad?— le vio con espanto.
—Claro que no.
—¿Y si solo presenta los mismos síntomas y la pierdo? Ya sabes, que sea como un ciclo que se repite y…
—Me vas a volver loco, siéntate— cuando Inuyasha estuvo sentado en la cama, se paró frente a él—. Si fuese un ciclo, le hubiese pasado en la adolescencia y no ahora.
—Ella va a estar bien— Inuyasha se sobresaltó al escuchar a Yasha, cuando lo vio, tenía una mano sobre la frente de Kagome—. Enfermó porque su cuerpo y alma se debilitaron, pero con reposo estará de nuevo bien, y si puedes, mantenla lejos de la mansión.
—¿Qué pasa?— preguntó Miroku al ver que Inuyasha miraba fijamente un lugar.
—Se parece a Miyatsu— dijo Yasha con una sonrisa.
—¿También él es…?
—¿Reencarnación?— Inuyasha sintió—. No, solo se parecen, pero tiene el mismo don espiritual que Miyatsu, solo que tu amigo no está entrenado.
—¡Espera!, ¿está aquí?—Inuyasha ya le había hablado brevemente sobre que veía al fantasma de su otro yo.
—Dice que le hagas caso a Mushin y entrenes tu espíritu, tu alma pervertida la contaminó.
—Me tomas el pelo.
—No, está aquí.
—Lo último fue de tu cosecha ¿cierto?— Inuyasha sonrió—. Bueno, dime algo más.
—Muchachos— interrumpió Sango al tocar a la puerta—. ¿Cómo sigue?
—Mejor, solo esperaba a ver si había otro cambio— contestó Miroku.
—Es un alivio— caminó hasta su amiga y se relajó al ver sus mejillas con mejor color—. Kohaku dice que Komori ya duerme, pero las gemelas no paran de jugar.
—Deberíamos volver.
—Los acompaño a la puerta, debo cerrar.
—Lo que necesites, llámanos, no importa la hora que sea— decía Sango al ir bajando las escaleras.
—Gracias, lo haré, otra cosa, se que les dijimos que pasaríamos el Año Nuevo aquí, pero necesito llevar a Kagome a Tokio.
—¿Por qué?, ¿qué está pasando? Dijiste que estaba bien— le reprochó Sango a su esposo.
—Y lo está, pero con lo que ha pasado puede que lo mejor es que estén allá.
—Algo más pasa, pueden decirme— ese par había actuado raro de un tiempo para acá, muy misteriosos.
Miroku miró a Inuyasha buscando su aprobación, hasta ahora no hablaron de contarle a Sango sobre sus experiencias sobrenaturales.
—Puedes decirle.
—¿Decirme qué?— Sango cruzó sus brazos.
—Sango, vamos a casa y te lo explico con detalle y calma.
—Pero…
—Sanguito, vamos a casa, las gemelas volverán loco a tu hermano.
...
Kagome despertó cerca de las 11 de la mañana, se sintió desorientada, apenas recordaba cómo es que había llegado a casa. Se levantó, por la ventana vio a Inuyasha barriendo las hojas, sonrió tranquila, tomó ropa limpia y fue a darse una ducha, sentía que la necesitaba. Mientras se bañaba, fue recordando que había dejado a Kikyou poseer su cuerpo y luego estar en el jardín de la mansión con mucho frío, cerró los ojos y pudo ver que Inuyasha la llevaba en brazos.
¿Qué había pasado?
Una vez se cambió, bajó para buscar a Inuyasha, conforme iba bajando las escaleras, le llegó el olor de comida, pero al pasar por la sala, le sorprendió ver tres maletas.
—Kag, despertaste— le dio un beso en mejilla—. ¿Cómo te sientes?
—Bien, Inu, ¿qué son estas maletas?
—Iremos a Tokio por dos semanas, ya le dije a tus padres.
—Creí que pasaríamos Año Nuevo aquí— estaba confundida.
—Cambio de planes, Sesshoumaru, Rin y la bebé, visitarán a mis padres y creo que una cena con todos sería genial, así la conocemos.
—¿La cena donde será?
—En el templo, hay más lugar, ¿no quieres?
—Si quiero, es que… me sorprendí.
—Me preocupaste, ¿por qué te quedaste en el jardín sin abrigo?
—¿En el jardín?— recordó que era de noche, comenzó a sentir el frío en el cuerpo y caer al suelo, tal vez eso había pasado cuando Kikyou abandonó su cuerpo—. Lo siento, estaba viendo los árboles y debí quedarme dormida, el frío debió afectarme— dijo sin verlo porque obviamente era una mentira, no le gustaba mentirle, pero ¿cómo le explicaba que intentaba ayudar a un fantasma? Él no le iba a creer.
Inuyasha frunció el ceño, sabía que ella le estaba mintiendo y eso le dolía, algo le pasaba y no se lo decía. Le dio un beso en la frente, para tranquilizarse él mismo y para de alguna manera hacerle entender que podía confiar en él.
—Hice el desayuno— la tomó de la mano y la llevó a la barra de la cocina.
—¿Cuándo nos vamos?
—Mañana temprano, si quieres puedes revisar tus maletas, por si olvidé guardar algo— dijo al servirle tres hot cakes con tocino.
—Debería ir al museo a avisar que…
—Sango ya se encargó de eso, come— no la iba a dejar volver allá.
—Aún así, no está lejos y…
—Kagome— le interrumpió—. Ya come, ayer no comiste, tu comida seguía intacta.
—Te aseguro que ya estoy bien— le sonrió para tranquilizarlo.
—Te amo— se sentó junto a ella—. Solo quédate hoy aquí, por favor.
—Está bien— Inuyasha había puesto esos ojitos de perrito a los que no podía negarle nada, volvió a sonreír cuando él le dio un corto beso y fue a servirle jugo.
Apenas bajaron del coche, Kagome e Inuyasha vieron en la entrada a los padres de la chica, al escuchar el coche salieron a recibirlos.
—Que bueno que llegaron bien— dijo la señora Higurashi—. Justo a tiempo, la comida pronto estará lista.
—¿Qué tal el viaje?— el señor Higurashi abrazó a su hija.
—Tranquilo, llegamos antes de la hora pico en la autopista.
—¡También vino este chico!— Yoko fue directo a Makoto, sabía que siempre le daba comida—. Tranquilo, aquí tienes— de su pantalón sacó la galleta que guardó antes de salir.
—Sabe que lo malcrías.
—Es porque es adorable— acarició a Yoko detrás de una oreja—. Ahora vengo, voy a la tienda por café y azúcar, ¿quieren algo?
—No, estamos bien, pero te acompañó— dijo Kagome.
—No, entra a descansar, ya vengo.
—Pasen, alguien ya los espera muy emocionada— la señora Higurashi abrió la puerta y en cuanto Kagome entró, fue abrazada por una mujer castaña.
—¡Kagome!, ¡Inuyasha! Me da tanto gusto que viniesen, llegamos temprano para recibirlos.
—Rin, ¿cómo has estado?— Kagome correspondió el efusivo abrazo de su amiga.
—Muy bien, vengan— les tomó de la mano—. Deben conocer a su sobrina— los llevó a la sala hasta el porta bebé donde descansaba su pequeña—. Airi, te presento a tus tíos Kagome e Inuyasha— la tomó en brazos y se las mostró.
—Es tan bonita— dijo encantada Kagome, Airi se veía tan tierna en su mameluco de conejo blanco.
—Cárgala.
—Rin, lo que dejaste en el horno, ¿lo dejo más tiempo?— interrumpió la señora Higurashi.
—Ya voy, hice lasaña.
Kagome se sentó en el sofá y arrulló a su sobrina, Inuyasha la imitó, pasó un brazo por atrás de Kagome y agitó una sonaja frente a Airi, la niña sonrió.
—Le agradas— dijo Kagome con ternura.
—Es bueno que salieras igual de risueña que tu madre— tocó la nariz de su sobrina.
—Deberías subir tus maletas o alguien se va a tropezar— dijo una voz desde el pasillo, Inuyasha suspiró al reconocerle, era Sesshoumaru.
—Ya vengo— no tenía ánimos para discutir.
—Te ayudo.
—Quédate aquí, está tranquila contigo— se levantó y saludó a su hermano con un gesto de cabeza.
—Hola Sesshoumaru— saludó Kagome—. Airi es hermosa.
—Es igual a Rin— respondió cuando se sentó en el sillón.
—¿Y cómo han estado?
—Bien.
Kagome sonrió, había olvidado lo incómodo que era estar con Sesshoumaru, él no hablaba mucho.
—¿Quieres que te pase a Airi?
—Parece que lo tienes en control.
—Eso creo— vio a su sobrina y ya dormía.
—¿Dónde está Inuyasha?— preguntó Rin—. Ya está la comida.
—Arriba, dejando las maletas.
—No creo tarde, ya vengan… se quedó dormida— Rin tomó su cámara y le tomó una foto a Kagome con Airi—. Tienes el don, espero pronto Airi tenga una linda primita con quien jugar.
Kagome sonrió, pero en realidad no estaba feliz, con todo lo que le pasaba últimamente, había olvidado sus intentos fallidos por quedar embarazada.
…
Inuyasha fue al baño a lavarse la cara, se vio al espejo y sintió que una gran carga se había ido de su cuerpo, aunque si era sincero, se sentía extraño al no sentir la presencia de Yasha. Salió del baño y en el pasillo estaba su suegro, parecía que le estuviese esperando.
—Señor, hola.
—Inuyasha, ¿todo bien?
—Sí— se sentía incomodo por la mirada que recibía.
—¿Cómo siguió mi hija?
—Mejor, no hay de qué preocuparse.
—Hay algo diferente, en ambos— pudo notarlo apenas verlos, pero no sabía qué era.
—Le aseguró que estamos bien, si le preocupa que estemos enojados o algo, puede estar tranquilo, nada de eso.
Debió suponer que imaginarían cosas que no eran cuando les avisó que sí pasarían Año Nuevo con ellos.
—¿Entonces?, ¿ocurrió algo en Tama? Porque no es normal que cambiasen de planes de un día para otro.
—Supe que Sesshoumaru y su familia vendrían a pasar tiempo acá con mis padres y quise aprovechar para conocer a mi sobrina— en eso no mentía.
—¿Solo es eso?— le vio fijamente, como queriendo descubrir alguna mentira.
—También creí que le haría bien a Kagome, ella se está obsesionando con la mansión, se olvida de comer o duerme poco.
—Creo que eso viene de mi parte— suspiró—. Yo solía ser así, pero cuando nació Kagome me di cuenta de que debía cambiar. Espero que estos días le sirvan de respiro, comida está servida, bajemos a comer.
El abuelo de Kagome vendía los amuletos típicos para el Año Nuevo a los visitantes e Inuyasha le ayudaba a acomodar las cajas de mercancía, mientras escuchaba atento las explicaciones que daba el abuelo de para que eran cada uno.
—Esto sirve para la buena fortuna, muy bueno para los exámenes y este es para el amor— les decía a unas estudiantes de universidad—. Con él no les va a servir— agregó cuando vieron con interés a Inuyasha—. Su corazón ya tiene dueña, mi nieta.
—Es una lástima, muchas gracias.
—Que tengan un buen día, eres un buen amuleto, contigo aquí las ventas se han incrementado— dijo a Inuyasha.
—¿En verdad esto sirve?— tomó un amuleto al azar.
—Claro que si, por ejemplo, ese es para la suerte en los negocios, por tu ayuda, elige uno, ¿cuál quieres?
—¿Hay algo para alejar fantasmas?— preguntó sin pensarlo mucho.
—Esto es para alejar las malas energías.
—¿Por qué necesitarías uno para los fantasmas?— preguntó el señor Higurashi que los había escuchado.
—Curiosidad.
—Más clientes— el abuelo se levantó y fue a atender a la pareja que llegó.
—No me mientas— advirtió el señor Higurashi—. No me gusta que lo hagan.
—Por la mansión— admitió—. Kagome pasa mucho tiempo allí y ya sabe, dicen que está embrujada.
—He escuchado eso, pero jamás creí que creyeses en esos cuentos.
—Uno nunca sabe— sentía que su suegro ya sabía algo y lo estaba poniendo a prueba.
—Acompáñame— Makoto le llevó hasta la bodega donde guardaban objetos antiguos que salvaguardaban—. Hace tiempo, tu padre vino aquí con el abuelo de tu amigo Miroku.
—¿Qué él qué?
—Vinieron aquí, creo que fue hace 30 años, me pidieron guardar esto— le dio una caja de bambú circular.
Inuyasha la observó y se dio cuenta que la tapa tenía grabado el kamon de la familia Takahashi.
—Se supone que un día, Tsujitani volvería por ella, pero falleció, le pregunté a tu padre qué debía hacer con ella y solo me pidió guardarla un tiempo más— Inuyasha escuchaba atento—. Cuando me dijiste lo de la mansión, algo me hizo venir a verla, la abrí y encontré esto— sacó un relicario y se lo pasó.
—Esto…— lo abrió y vio una foto, eran Yasha y Kago, abrazados.
—Quiero que me digas lo que está pasando, porque esa chica es mi hija y está contigo, pero es imposible que sean ustedes porque esto tiene más de 100 años.
—Yo… es que… va a creer que estoy loco y… hay un fantasma y…
—Makoto, Inuyasha.
Ambos voltearon a la entrada, el señor Taisho había llegado, por su cara, los había escuchado.
—Padre.
—Tenemos que hablar.
...
Inuyasha veía atento a su padre, su historia coincidía con lo narrado por Mushin, solo tenía una pregunta importante ¿Por qué nunca le dijo algo? Vio a su suegro, esperaba que él dijese algo, pero se mantenía tan callado que era desesperante.
—¿Me estás diciendo que mi hija es reencarnación de una chica que mataron en Tama hace 150 años?
—Se que es difícil de creer, pero es la verdad.
—No me cuesta creer eso, siempre he sabido que mi Kagome es especial, pero tú lo sabías y dejaste que fuesen a Tama— le reclamó.
—No podíamos intervenir, es algo que iba a pasar tarde o temprano.
—Por eso viniste aquí a dejar esto— Makoto vio la caja—. Ya sabias que íbamos a estar conectados en el futuro.
—No, ni Tsujitani, ni yo sabíamos, vinimos por recomendación de un amigo de Tsujitani, esto solo comprueba que al final todos estamos conectados de alguna manera.
—¿Cómo protegemos a Kagome? Porque algo definitivamente le quiere hacer daño.
—No lo sé.
—Debiste decirme algo— dijo Inuyasha a su padre—. Por mi culpa ella regresó a la mansión.
—No es tu culpa, te ofrecieron ese trabajo y se fueron, pero también le pudieron ofrecer un puesto a Kagome en la mansión e irse, o si la boda de Miroku y Sango hubiese sido en Tama y no aquí, hubieran ido, hay tantas posibilidades. Además, ¿me hubieses creído si te hubiese contado esta historia? Porque recuerdo que tú eras la persona más escéptica del mundo— le recordó—. Ni siquiera creías en el ratón de los dientes.
—Si me hubieses mostrado las fotos, tal vez.
—Eso ya no importa— interrumpió Makoto—. Solo quiero saber la manera de proteger a mi hija.
—Creo que debemos averiguar quién comenzó todo— dijo Inuyasha.
—Haré algunas llamadas y esperó alguien tenga más información, o alguna pertenencia que ayude.
—Makoto, en verdad lo siento— dijo Touga.
—Me hubiese gustado que me lo contases antes, cuando conociste a mi hija y la reconociste, porque lo hiciste— no le podía mentir en eso—. Yo te habría creído.
—Lo sé, lo siento— Makoto salió de la bodega, Touga e Inuyasha se miraron—. Hijo.
—¿Hay algo más que me ocultasen?
—No.
—Así que mi madre también es parte de esto— le dolía pensar que su amada madre le había mentido toda la vida.
—Tu madre quería decirte, pero la convencí de no hacerlo.
—Ella me animó a salir con Kagome, ya sabía que…
—Nunca vio la foto, solo le contamos la historia, después de tu llamada cuando preguntaste por tu nombre, le conté, se enojó tanto conmigo que… Por dos semanas dormí en la sala.
—Te lo mereces, ¿vino contigo?
—Está en la sala con Asako, Kagome y Rin hacían galletas en la cocina.
—Iré a saludarla— guardó las cosas de nuevo en la caja y vio un objeto muy peculiar, otro adorno para el cabello.
—Inuyasha, deberías conservar la caja.
—Luego vuelvo por ella— en ese momento, lo único que quería era olvidar que le habían ocultado algo tan importante toda su vida.
Kagome estaba sentada sobre la tapa de la taza del baño mientras Inuyasha se bañaba, le platicaba sobre su salida al centro comercial con Rin, de sus compras de último momento.
—Es bueno que se divirtieran.
—Fue bueno que encontrásemos los tazones que Rin quería para el Toshikoshi.
—¿Te compraste algo?— preguntó al cerrar la llave del agua.
—No, había mucha gente y solo fuimos por lo de Rin, además debíamos volver a tiempo para ayudar a tu mamá y a la mía con la cena.
—Seguro pueden ir otro día— abrió la puerta y tomó una toalla.
—Rin dice que irán a visitarnos, le hable de la mansión y quiere conocerla.
—Kagome, olvídate de la mansión un momento— en verdad creyó que ella olvidaría el tema de la mansión en ese descanso, terminó de salir de la ducha con la toalla en su cintura—. La ampliación del hospital está por terminar y ya que tienes mucha información con la cual trabajar, podrías pasar el tiempo aquí en el templo, escribiendo.
—¿Ya no me quieres contigo?— preguntó dolida, él quería volver solo.
—Nada de eso— se hincó para quedar a su altura—. No me gusta que estes sola, yo podré quedarme en el motel cercano al hospital y vendré cada fin de semana.
—Claro, manejaras por ocho horas, solo llegaras a dormir y te tendrás que ir de nuevo— se cruzó de brazos—. ¿Y qué va a pasar con la verdad?
—¿Qué verdad?
—¿Quién va a descubrir lo que en verdad pasó con las muertes?
—Déjaselo a Tsukiyomi y Hōjō, ellos…
—No puedo— se levantó molesta.
—¿Por qué no?, pasó hace más de 100 años, que importa si nunca se resuelve, el culpable ya está muerto.
—¡A mi me importa!— ella se lo debía a Kikyou, por su culpa no pudo ser feliz con la persona que amaba.
—Ya lo sé, pero…
—Es algo que tengo que hacer, ¿por qué no lo puedes entender?— le vio fijamente esperando una respuesta—. La verdad es que me quieres lejos.
—¡Te quiero lejos de Kagewaki!— explotó, dejándola acorralada entre el lavamanos y su cuerpo—. No me fío de él, sé que trama algo y tiene interés más que profesional contigo.
—A mi no me interesa él.
—No quiero que se te acerque— junto su frente con la de ella.
—Voy a estar bien.
—No te quiero perder— con una mano le tomó la cara y la vio a los ojos.
—¿Y si ya trabajo desde la casa y solo voy cuando Sango me pueda hacer compañía?— ofreció, podía ver en los ojos de su esposo que realmente estaba preocupado por ella.
—¿Ya no estarás sola en la mansión?, ¿lo prometes?
—Te lo juro.
—De acuerdo— se inclinó a ella y la besó, podía aceptar ese trato, mientras estuviese en casa, Yasha la cuidaría.
—¿Qué haces?— preguntó divertida cuando las manos de Inuyasha se colaron bajo su falda y le bajó sus mallas.
—¿Qué crees que hago?, disfrutando de mi esposa.
—Estás loco, alguien podría venir.
—Si no quieres…— hizo el intento de separarse, pero fue atraído nuevamente por las piernas de Kagome y la toalla cayó al piso.
…
La hora de la ceremonia de Año Nuevo estaba próxima, en el patio del templo los visitantes comenzaban a llegar, luego de la ceremonia podrían admirar el espectáculo de pirotecnia.
Inuyasha ya estaba listo con su kimono negro y haori rojo, veía desde la cama como Kagome se arreglaba el cabello, no entendía que quería hacerle, suelto le gustaba a él, la siguió viendo y realmente se veía hermosa con su kimono de invierno. La escuchó suspirar frustrada, se levantó y fue a darle el adorno que encontró, tal vez eso le ayudaría.
—Es para ti— Kagome le vio con sorpresa y tristeza—. ¿No te gusta?
—Es muy bonita, es que…— esa peineta era muy hermosa, verde con dos aves blancas, pero el diseño le recordaba a cierta horquilla.
—Dime.
—Me recordó a la horquilla es todo.
¿Por qué de todas las cosas que él podía darle le regalaba precisamente algo que Kikyou usaría?
—¿Y?— preguntó con un tono de esperanza, ¿podría ser que Kagome recordase algo de su otra vida?
—Nada, no me hagas caso, lo llevaré suelto— se levantó, pero antes de salir por la puerta, Inuyasha la detuvo.
—¿Qué tienes?
—Es complicado.
—Puedes confiar en mi, puedes decirme lo que sea.
—Yo…— tomó aire antes de seguir—. Siento que eso debería ser de alguien más.
—No digas tonterías, ¿Para quién más podría ser?, es tuya.
Inuyasha la besó y Kagome le rodeó el cuello con sus brazos, en cuestión de segundos, ambos tenían la ropa abierta y estaban contra la pared junto a la puerta, besándose desesperadamente.
—No, tenemos que ir a…— suspiró cuando Inuyasha hizo a un lado sus bragas.
—Será rápido— dijo al comenzar a penetrarla.
—Sabes que es imposible— se mordió el labio—. Y lo hicimos hace rato y…
—Kag, eres deliciosa— dijo al tomarla mejor de los muslos.
—Hermana, mamá te busca— la pareja maldijo, Souta no podía ser más inoportuno.
—Dile algo— le susurró Inuyasha.
—Ya voy.
—Entonces te espero.
—Me estoy peinando— no podía concentrarse en hablar si su esposo la seguía embistiendo.
—Entonces voy abajo, no tardes.
—Inu… debemos ir…— debió ahogar un grito con la mano cuando fue penetrada por el duro miembro de su esposo con más fuerza.
Inuyasha no paró, su Kagome era tan perfecta para él, gruñó al sentir que ella le mordía el hombro para ahogar sus propios gemidos. Kagome sabía que era imposible resistirse a ese placer tan adictivo. Solo le quedaba una cosa por hacer, aferrarse bien a ese musculoso cuerpo y disfrutar de lo que su esposo le proporcionaba.
—Inu… no creo poder… más— sentía que su clímax estaba próximo e Inuyasha aumentó la intensidad de las embestidas.
—Te amo… Kago… Kago… te amo pequeña.
Kagome se sorprendió, al principio pensó que no alcanzó a decir su nombre por los gemidos ahogados, pero lo había repetido.
¿Por qué la había llamado Kago?
¿Por qué sentía que su corazón se aceleró al escuchar ese nombre provenir de su esposo?
¿Por qué sintió que una calidez la embargaba?
—¿Qué tienes?, ¿te lastime?— preguntó preocupado al verla llorar mientras ambos se recuperaban de su reciente orgasmo.
—No, es que… te amo tanto.
—Me alegra escuchar eso— la besó lentamente, de alguna manera se sentía más conectado con ella—. KagoMe— la chica le sonrió.
—Inu… ya debemos bajar.
—Está bien, voy primero— se acomodó la ropa y sonrió al verla hacer lo mismo—. No tardes.
...
En el patio, ya todos estaban reunidos, solo faltaban Inuyasha y Kagome. Asako e Izayoi veían como Touga jugaba con Airi, mientras Sesshoumaru los observaba y Rin les tomaba fotos.
—Touga se ve feliz con su nieta— dijo Asako.
—Lo está, espero pronto poder tener esa misma felicidad, no es que no quiera a Airi, pero no es lo mismo.
—Te entiendo, yo también espero que pronto nos den esa noticia.
—Honestamente creí que no tardarían tanto.
—Perdón la demora— dijo Inuyasha.
—Hijo, ya estás aquí— saludó Izayoi.
—Kagome no tarda, no le gusta como queda su cabello.
—Está bien, pero no nos referíamos a que se tardaban en bajar.
—¿Qué?— él claramente escuchó que su madre dijo que se tardaban.
—Olvídalo— ambas mujeres rieron.
—Debería ir a ayudarla— dijo Asako, pero antes de poder entrar a la casa, su hija ya venía.
—Hermana, ¿para eso tardaste tanto?— dijo Souta al verla solo con el cabello suelto y usando una peineta a un costado.
—No la molestes a tu hermana— regañó la señora Higurashi a su hijo—. Apresuremonos, tu padre y abuelo ya están por comenzar la ceremonia.
—Te la pusiste— dijo Inuyasha sorprendido.
—Sí, tu me la diste— si era sincera, no la iba a usar, pero antes de salir de su dormitorio la vio sobre el tocador, la volvió a tomar y se sintió bien, sintió que era lo correcto.
—Vamos— le ofreció su brazo y Kagome lo tomó, ella se sentía feliz, justo como antes o tal vez más.
Mientras Kagome preparaba la comida, Inuyasha desempacaba la ropa de las maletas y Yasha le veía con atención, le seguía pareciendo tan peculiar cómo había cambiado la ropa.
—¿Qué es eso?— preguntó al ver la caja de bambú.
—Me lo dio el padre de Kagome, creo que pertenecía a tu familia— señaló el kamon.
—¿Qué tiene adentro?
—No he tenido oportunidad de ver todo bien, un libro, un relicario— fue sacando las cosas.
—Lo recuerdo, lo llevaba siempre conmigo, sobre todo, cuando salía de viaje.
—Una peineta verde con dos aves que ya le di a Kagome, espero no te molestase.
—No, después de todo, es de ella, yo se la di.
—Un pincel de caligrafía— siguió sacando cosas.
—Fue regalo de su padre.
—Una de estas cajas que no recuerdo su nombre.
—Inrō, era mía, Kago me la regaló en mi 16vo cumpleaños.
—Otra horquilla, tiene la punta de una flecha— le extrañó—. Y una ¿cartera?— Yasha río.
—Es una hakoseko, sirve para que las chicas guarden sus cosas, se la di a Kago en la cena del compromiso y esto— señaló la horquilla—. La mandé hacer cuando acertó por primera vez en el blanco— Inuyasha le vio con cara de confusión—. Te mostraré— le tocó la frente con dos dedos.
Había ido con su padre a dejar un encargo a la casa Igarashi y aprovechó para saludar a su prometida, Jinenji le dijo que se encontraba practicando kyudo en el jardín trasero. Se acercó con cuidado para no hacerla perder la concentración, pero conforme se fue acercando, se percató que la mano derecha de ella estaba lastimada a causa de no usar el guante de protección.
—Te vas a lastimar, usa el guante— le reprendió, por un breve instante la chica le vio con sorpresa, pero luego volvió a lo suyo.
—No, Kikyou no lo usa.
—Pero no eres ella.
—¿Por qué no puedo?— dijo con frustración, seguía sin poder dar en el círculo rojo.
—¿Si le das al centro usarás el guante?
—Sí.
—Tu codo más arriba— le corrigió la postura—. Espalda derecha, tensa bien la cuerda, ambos ojos en el blanco, calma— podía notarla tensa—. Respira y cuando estés lista sueltas la flecha— Kago hizo lo que le dijo y cuando la soltó, la flecha dio en el centro—. Eso es todo, ahora ven a limpiarte— la mano de ella tenía sangre.
—Le di— no podía creérselo—. ¡Le di!
—¡Kag!, tu mano.
La muchacha pereció reaccionar y le siguió a la pequeña fuente de bambú.
—¿Puedes enseñarme más?— preguntó mientras Yasha le limpiaba su herida.
—¿Por qué tan feliz?— preguntó el señor Igarashi, pero su semblante cambió al ver la mano de su hija—. ¿Qué te pasó?
—Finalmente le di al centro.
—Practicaba sin guante— Yasha respondió la otra pregunta.
—¡Pero ya pude!— para ella la herida de su mano pasaba a segundo plano.
—No vuelvas hacerlo— regañó Igarashi a su hija—. Yasha, gracias por cuidarla.
Mientras Kago convencía a su padre para practicar con Yasha, el chico fue por la flecha y la guardó, tenía planeado hacerle un obsequio a su prometida.
Inuyasha sacudió su cabeza, aquello fue raro, pero menos raro que cuando tocaba la katana.
—Luego de eso, practicábamos juntos, pero siempre con la señora Igarashi presente.
—En el cofre hay un arco.
—Yo se lo di, el primer Año Nuevo luego de que se hizo oficial nuestro compromiso.
—¿Crees que si ella toca algo como el arco recuerde todo?— tenía esperanza de que fuese así.
—No lo sé, no lo hizo con la horquilla— Inuyasha suspiró decepcionado.
—Hay esta libreta, pero no entiendo mucho.
—¿Por qué?
—La escritura, es complicada— la abrió en una página y se la mostró.
—Yo la leo bien.
—Es porque eres de esa época.
—Un día podría leerla, solo deberás ayudarme a cambiar las páginas.
—Es buena idea, podemos hacer eso— cerró la libreta, pero algo cayó.
—Se cayó algo— dijo Yasha, e Inuyasha recogió la hoja cuadrada—. ¿Qué pasa?— preguntó al verle petrificado.
—Es Kagewaki, no tengo duda, es él.
—¿El inversionista de la mansión?— Inuyasha asintió—. Quiero ver— de inmediato reconoció al hombre—. Es Naraku.
—No jodas.
—Ese lenguaje— le regañó.
—¿Es posible que Kagewaki sea la reencarnación de Naraku?
—Es posible, o un descendiente de él, como con Hōjō o Miroku, solo puedo saberlo hasta verlo.
—Si lo es, ¿Crees lo recuerde e intente tener a Kagome?
—Todo es posible, de ser él, debemos tener más cuidado.
—Debe haber una manera de protegerla mientras está allá— ahora más que nunca estaba preocupado.
—Miyatsu hablaba de objetos que tenían la cualidad de proteger, siempre y cuando estuviesen impregnados de sentimientos puros.
—¿Y qué puede ser?, ¿cómo consigo algo así?
—Debe ser algo que tú le des, algo especial que simbolice lo que sientes por ella. Yo tenía planeado darle un collar el día de la boda, por eso me ausenté— bajó la mirada—. Si no me hubiese ido, ella hubiese estado bien y nunca la hubiese perdido— ese era tal vez su mayor arrepentimiento, no estar con ella y fallar en protegerla.
—¿Qué es lo qué pasó con exactitud?
—Cuando me fui ella estaba bien, pero al volver…— Inuyasha le vio ponerse alerta—. Luego, Kagome viene.
Yasha desapareció, Inuyasha apenas tuvo tiempo de poner la sábana sobre la caja, cuando la puerta se abrió, Kagome entró aún con su delantal, le fue pedir ayuda para abrir un frasco de vidrio.
—¿Qué hacías?— vio la cama llena de ropa.
—Acomodando la ropa, toma— le devolvió el frasco.
—La comida ya va a estar lista.
—Ya voy.
Inuyasha guardó de nuevo todo dentro de la caja, fue al cobertizo y la dejó junto al cofre, debía pensar en una buena manera de contarle todo a Kagome.
15/12/2020
Toshikoshi: El fideo es especialmente largo y delgado y existe una creencia de que al comerlo obtendrá una vida larga y próspera.
Kamon: blasones heráldicos de los diversos clanes que existieron durante el periodo feudal de Japón.
Inrō: caja tradicional japonesa para guardar objetos pequeños
