Luego de que la reunión de las hermanas finalizó, cada hermana se dirigió a su respectivo cuarto para pensar en sus actos.

Un nuevo día comenzó y Lincoln iba en la camioneta familiar, Vanzilla. El comienzo de la jornada escolar había pasado hace una hora, sus hermanas ya estaban dentro de clases.

— ¿Estás listo, Lincoln? La señorita DiMartino junto con otra profesora aceptaron darte clases especiales por tu condición. — habló el patriarca.

Lincoln dejaba que la brisa golpeara su rostro. No dijo nada, la verdad, él no quería ir a la escuela en esta condición.

— Sabemos que esto debe ser muy difícil para ti, Lincoln. Pero debes entender que hay que tomar todas las opciones que se nos presente. — siguió Lynn Sr.

— Lo sé, papá… lo sé. — Lincoln apoyó su cuerpo en el asiento. — ¿Pero crees es fácil volver a la escuela así? No puedo ver, mi garganta se irrita cuando alzó mucho la voz… incluso el más débil olor me causa nauseas. —

El señor Lynn miró a su hijo por el retrovisor. Lo notó muy decaído apenas comenzando el día.

La señorita DiMartino y Agnes esperaban en la oficina del director. El señor Lynn pasó por la puerta llevando a su hijo de la mano. Ambas mujeres se taparon la boca y vieron con tristeza la condición de Lincoln. Aunque Lynn ya les hubiera contado sobre la condición de su hijo, era aún más doloroso verlo por su propia cuenta.

— Lamento la tardanza. — expresó sus disculpas por llegar tarde.

— No se preocupe señor Loud. Y Lincoln, ¿cómo te sientes? —

Lincoln solo intentó localizar de donde venía aquella dulce voz.

— ¿DiMartino? — preguntó él. Tal vez DiMartino se sintió una estúpida al haber preguntado eso.

— Profesora DiMartino. — corrigió ella. La profesora sustituta le dio paso a la maestra Agnes.

— Hola Lincoln, soy tu muestra de aula. Tus padres nos llamaron para notificarnos sobre tu estado actual. Realmente siento mucho lo que te pasó, no te podemos asegurar que vivirás una vida escolar fácil, por eso, la señorita DiMartino y yo, nos ofrecimos ayudar a nuestro querido alumno. —

El señor Lynn sonrío al ver a Lincoln asentir con su cabeza.

— ¿Entonces? ¿Ustedes se encargaran de enseñarle a mi hijo? —

— Por supuesto señor Loud. La señorita DiMartino tomó clases de Braille, y su servidora comenzó a estudiar un poco también de ello. — comentó Johnson.

— Tomé clases en la Universidad de Arizona, pensando que un día me tocaría un niño con tal discapacidad visual. — la señorita DiMartino observó a Lincoln. — Pero no me esperaba esta clase de situación. —

— ¿Braille? — susurró Lincoln.

— Para leer en Braille, sólo usaras las yemas de los dedos, pasando sobre unos grupos de puntitos en relieve que representan las letras del abecedario. Las letras se combinan para formar palabras. — Dijo DiMartino.

— ¿Leer con los dedos? —

La señorita DiMartino tomó la mano de Lincoln y abrió la palma de su mano. — Antes usabas los ojos para leer y aprender, ahora, tus ojos serán las yemas de tus dedos. —

El chico estaba intrigado por la manera de enseñanza Braille que sus muestras mencionaban.

— Está bien. — Dijo Lincoln. — Estaré a su cuidado. — Lincoln estiró la mano.

Pensando que era un saludo, la señorita DiMartino apretó su mano.

— Cierto, como sabrán, Lincoln ahora no es consciente de sus sentidos cardinales. Así que~… donde sea que él deba ir, tienen que ir tomados de la mano. — explicó Lynn Sr.

Lincoln no se sonrojó por esto, en realidad, se sentía muy normal ir tomado de la mano. Sus padres lo estaban acostumbrando.

Lynn salió de la escuela de Royal Woods con alivio. Había visto como la alegría de Lincoln volvió en unos minutos, aunque no sea eterno, al menos era un paso más para Lincoln.

— Bueno, esta es la parte difícil de digerir… ¿listo? — preguntó Agnes.

Lincoln asintió, la maestra sintió la tensión en su mano.

Cuando la maestro entró al aula, todos hicieron silencio y fueron a sus respectivos puestos. Los amigos de Lincoln lo saludaron al verlo entrar junto con la maestra Johnson.

— ¡Estabas perdido amigo! — río Liam.

— ¿Ronnie Anne te tenía preso? — Dijo Zach en burla. La Latina se enojó.

— Silencio niños. — pidió la maestra. — Lincoln… — El chico dio un paso al frente guiado por su maestra. — Me duele decir esto pero, su amigo aquí presente, ha sufrido un accidente muy grave. — comentó la maestra.

Ronnie Anne se sorprendió al igual que los amigos del chico.

— Como sabrán, Lincoln faltó por varias semanas a clases, esto debido a que ahora no puede ver. —

Rápidamente Ronnie alzó su mano. — ¿Qué quiere decir eso? —

Al escuchar la voz de Ronnie Anne, Lincoln abrió sus ojos. — Hola chicos. — saludó Lincoln con una mirada perdida.

No era broma, algunos sintieron pavor al ver esa mirada, era como ver un cuerpo vacío moviéndose solo. Unas chicas quisieron gritar del miedo, pero sabiendo lo que esto podía ocasionarle al chico mentalmente, Ronnie Anne las hizo callar con una mirada feroz.

— Por favor, que alguien lo lleve a su asiento. — pidió la maestra Johnson.

Al ver que nadie se paraba a ayudar a Lincoln. Clyde y Ronnie Anne se levantaron de sus sillas.

— ¿Qué haces? —

— Ayudo a un amigo. — respondió Clyde.

— Gracias… — mencionó Lincoln. Ambos compañeros ayudaron a Lincoln.

Las clases de la maestra siguieron con normalidad, excepto para Lincoln que sólo podía escuchar con atención y memorizar lo que escuchaba. Por otra parte, la chica Latina no pudo desprender su vista del albino.

Después de dos horas, la suplente entró al aula buscando a Lincoln. Cuando la señorita DiMartino lo encontró, caminó hacia donde él estaba, tomó una silla y se sentó a un lado de él.

— ¿Preparado para mis enseñanzas, Lincoln? — susurró al lado del chico.

La maestra Johnson llamó la atención del resto para que prestarán total atención a la clase. Ronnie Anne veía como la profesora suplente; DiMartino, agarraba las manos de Lincoln y las guiaba por encima de una libreta llena de agujeros que formaban relieves.

En la hora del receso, los amigos de Lincoln lo acompañaron hasta donde él quería ir. Cuando llegaron al árbol que más sombra daba, las preguntas no tardaron en aparecer.

— ¿Es cierto lo que dijo la maestro, amigo? — cuestionó Zach.

Lincoln asintió. — Sí, mira. — Lincoln abrió los ojos para que sus compañeros pudieran contemplar aquellas pupilas totalmente blancas.

— ¡Que enfermo, hermano! — dijo Liam sorprendido.

— Pero… ¿cómo te pasó esto? — Lincoln escuchó la voz de Clyde.

— No lo sé… pasaron muchas cosas y no estoy seguro que fue lo que hice para terminar así. — Lincoln cerró los ojos mientras su sonrisa desaparecía.

— Es culpa de tu familia, ¿verdad? Ellos siempre te están tratando mal. — acusó Rusty. Lincoln guardó silencio.

Antes de que sus amigos pudieran decir algo más, una voz los interrumpió.

— Oigan chicos, necesito hablar con el albino. —

— No ves que nosotros- — Rusty se calló al ver como Ronnie Anne tensaba sus nudillos.

— Sólo quiero hablar con él por unos minutos, a solas. — la chica Latina juntó ambos puños asustando a los amigos de Lincoln.

— Está bien, no vayamos a pelear. — pidió Clyde. — Oye hermano, sabes que siempre nos tendrás como amigos... No dudes en hablar con nosotros. — Clyde le dijo a Lincoln palmeando su hombro.

Cuando los amigos de Lincoln se perdieron de la mirada de Ronnie, esta se acomodó a un lado del chico.

Sin saber cómo iniciar un diálogo, la chica solo pudo acercarse un poco más a Lincoln chocando sus hombros.

— ¿Qué debería decir? — habló Ronnie Anne.

—… — Lincoln siguió en silencio.

— Si no hablas, nadie te va a entender. — alzó la voz pero no tanto como un grito.

— ¿Qué debería decir yo? — Lincoln apoyó su cabeza en el hombro de la chica. — Yo no hice nada… — Lincoln abrió un poco sus párpados.

Ronnie se sintió algo mal por no poder ayudarlo, ella no sabe cómo debe sentirse alguien que antes miraba el mundo con felicidad, ahora no ve más nada que oscuridad. Haciendo la misma acción, la chica apoyó su cabeza en la de Lincoln, por un día, no quiso actuar como la chica fuerte de la escuela y se dejó llevar por el sentimiento de tristeza que Lincoln le transmitía.

Un horas más tarde. Vanzilla llegó a la casa Loud, las hermanas bajaron sin ánimos, y algunos vecinos agradecían que estos últimos días, la casa ruidosa del vecindario, haya sido la más silenciosa.

Rita estaba esperando afuera de la casa al frente de la puerta. Saludó a su esposo y a sus hijas, ya adentro, la madre preguntó. — ¿Y Lincoln? —

— Fue a la casa de su amiga Ronnie Anne. — Dijo Lynn Sr.

Las chicas se detuvieron a escuchar.

— Oh… espero que los Casagrandes se tomen esto con cuidado. — Rita se sentó junto a su esposo para seguir hablando.

— La señorita DiMartino al parecer estudio código Braille, es una manera de enseñar a los niños que sufren problemas como Lincoln. —

— ¿En serio? ¡Estoy muy feliz de escuchar eso! —

— Sí. Yo también estaba aliviado cuando vi la determinación de los maestros para enseñarle a Lincoln sin importar cuál sea el obstáculo. — Lynn Sr tomó la mano de su esposa. — ¿Quieres acompañarlo mañana a la escuela? — Rita sonrío después de asentir.

Las chicas escucharon desde las escaleras todo lo que habían dicho sus padres.

— ¿Lincoln fue a la escuela? — Luna fue la primera en hablar con asombro.

— Pero él no fue con nosotras en Vanzilla. — mencionó Lola.

— Tal vez papá lo llevó después de habernos dejado en la escuela. — dijo Lori.

— Tanto así no nos quiere cerca. — tristemente dijo Leni. Sus hermanas pensaron en eso también para cada una de ellas.

Luan se mantuvo con sus propios pensamientos. Aún no creía que sus hermanas no le quisieran echar la culpa a ella. Sentía que si decía algo, solo la culparían incluso más.

En la casa de los Casagrandes, dentro de la habitación de Ronnie Anne, se encontraba Lincoln sentado en la cama de la Latina hablando con ella.

— ¿¡Es en serio!? — gritó ella con furia. — ¿¡Cómo mierdas una broma te puede dejar en tal estado!?

— No grites Ronnie, aún tengo la audición sensible. —

La chica suspiró. — Lo siento, no fue mi intención. Pero, ¿qué demonios con tus hermanas? —

— Tranquila Ronnie… ya hablé con mis padres sobre mis hermanas. —

La chica lo observó de frente. — ¿Acaso no las odias, o ya las perdonaste? —

Un silencio abrumador llenó la habitación de la Latina.

— No lo sé… cuando quiero hacerlo, siento que no está bien, y cuando quiero perdonar a mis hermanas, siento lo contrario. — Lincoln bajó la cabeza. Ronnie pensó que iba a llorar y rápidamente le dio un abrazo.

— ¡Lo siento! No debí haber dicho eso. —

— No es tu culpa… —

— ¡Pero! — exclamó.

Lincoln tocó las mejillas de la chica. — Si me quieres ayudar, solo debes mantenerte a mi lado, apoyándome cuando lo necesite. — La chica se sonrojó.

— E-Está bi-bien. — desvío la mirada con vergüenza. Lincoln sonrío.

Lincoln no quito sus manos del rostro de Ronnie Anne, ahora su tacto era increíblemente más detallado que antes. Podía sentir hasta la más diminuta característica del rostro de la Latina. Por su parte, Ronnie Anne dejó que Lincoln siguiera tocando sus mejillas por un rato más.

Inconscientemente Lincoln abrió sus ojos. La chica vio esos ojos sin brillo alguno, unas lágrimas salieron de la chica por la impotencia de poder hacer algo por Lincoln. El chico sintió las lágrimas caer por los ojos de Ronnie y llegar hasta sus dedos que rápidamente limpiaron el rastro de lágrimas.

Sin saber qué cosa hacer por lo tan considerado que era Lincoln por otras personas en vez de preocuparse primero por él y después por los demás. Ronnie Anne acercó su rostro al de Lincoln.