13 Misericordia
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
Danzo Shimura es un hombre con carácter fuerte, pero sin duda es tambien malvado. No necesitaba que un jinete llegue a su puerta para que ese sea el caso.
La cualidad que redime a nuestro anfitrión, en lo que a mí respecta, es que ama a su familia, aunque incluso este es un tipo de amor posesivo y egoísta. Más de una vez he visto el blanco en los ojos de sus hijos mientras se mueven rápidamente mirando hacia su padre y la mayoría del tiempo su esposa mantiene su cabeza agachada y su mirada baja.
Todo el siguiente día, Danzo me observa, su odio está claramente grabado en su rostro, sus labios presionados en una línea delgada. Peste podía ser el hombre responsable de esparcir la plaga, pero está claro de a quién culpa Danzo Shimura.
No veo nada más además de ese odio hasta que esa tarde. La esposa de Danzo, Koharu una hermosa mujer con ojos oscuros, y cabello castaño, calculo que se encuentra en los treinta, todavía me pregunto cómo se pudo habe rcasado con Danzo. Me encuentra en el exterior, acariciando a Kyūbi.
—Hinata —llama, acercándose más.
Me detengo, mi mano descansando contra el impresionante abrigo blanco de Kyūbi.
— ¿Sí? —Mis ojos caen sobre ella con recelo. El rostro de Koharu está sonrojado con los primeros signos de la fiebre. Como el resto de la familia, la plaga ya está hundiendo sus garras en ella.
— ¿Cómo... cómo te convertiste en la acompañante del jinete? — pregunta, llegando a mi lado.
Me giro de nuevo hacia Kyūbi, mi mano moviéndose por encima del cuello del caballo una vez más.
—Intenté matarlo —digo sin emoción—. No muere —añado, solo encaso que Koharu o Danzo se estuvieran haciendo ideas.
Koharu furtivamente se acerca más.
— ¿Hace cuánto tiempo fue eso? —pregunta.
—Semanas. —Parece que fue hace varias vidas.
—¿Cómo es que sigues viva? —pregunta, casi maravillada. Mis dedos se hunden en la melena de Kyūbi.
—Es su manera de castigarme.
Después de varios segundos, dice:
—¿Así que intentaste matarlo?
Puedo escucharlo en su voz, un plan formándose.
Me giro por completo para quedar frente a Koharu. Sus mejillas están tan rosas que parecen recién abofeteadas.
—No funcionará —digo.
—¿Qué no...?
—Intentar hacer que los perdone a ti o a tu familia. Si piensas que te salvará de la muerte como lo hizo conmigo, estoy aquí para decirte que no lo hará. Desde que me secuestró, ha matado a todos los demás que han intentado terminar con su vida.
Sus ojos buscan los míos.
—¿Por qué te perdonó?
Sacudo mi cabeza.
—No lo sé.
Quiero decir, sigue diciendo que necesito sufrir, pero ha pasado un rato desde que realmente me hizo sufrir.
—¿Así que no hay esperanza? —presiona—. ¿No hay manera de ayudar a mi familia?
—No conoce la misericordia —le digo.
¿Pero lo hace? Siente el odio y la lujuria y el anhelo, quizás se ha sentido misericordioso una o dos veces...
Koharu frota sus ojos.
—No puedo ver a mis hijos morir —dice—. ¿No lo entiendes? Les dila vida. Los contuve dentro de mí, luego los sostuve en mis brazos. Todos estos años los he protegido, así que si hay una manera de salvarlos, cualquier manera que haya, por favor dime.
La tristeza una vez más me tiene agarrada, me pregunto cuándo lo superaré, cuándo estaré desensibilizada de todo el dolor y el sufrimiento a mí alrededor.
Sus ojos buscan los míos.
—¿Hubo algo que hicieras, un trato que acordaras...? Trago. Creo saber hacia dónde se dirige.
—Koharu, si hubiera algo que pudiera hacerlo, lo haría. —Si darle mi cuerpo al jinete pagar por la vida, lo haría con mucho gusto.
Pero no lo hará.
Una lágrima se desliza por el rabillo de su ojo. La tomo del brazo.
—Necesitas ir adentro...
—¿Qué importa eso? —dice, la frustración ahora cubriendo sus palabras.
Tiene un buen punto, aunque no me molesto diciéndolo. En cambio la acompaño de regreso a su dormitorio.
—Descansa —le digo, quedándome en la puerta. Danzo no se ve por ningún lado—. Les traeré a ti y a los chicos un vaso de agua.
La casa está siniestramente silenciosa mientras camino de regreso hacia la cocina. Si no lo supiera mejor, diría que soy la única persona en el interior de la casa. Es solo cuando paso uno de los dormitorios de los hijos que escucho el llanto ronco y masculino detrás de una puerta cerrada. Sé sin mirar hacia el interior se que es Danzo, roto por su tristeza.
Poco tiempo después que entro en la cocina, escucho a la puerta principal abrirse y luego las pesadas pisadas de Peste, ataviado en su traje completo. Mi corazón idiota se acelera ante el sonido. Esta lenta quemadura que siente por el jinete es agonía. Agonía cruda y exquisita.
Mientras tomo vasos de la alacena, Peste viene a colocarse detrás de mí. Apartando mi cabello del camino, posa un tierno beso en la parte trasera de mi cuello, sus labios deteniéndose ahí.
Me olvidó de mí por un minuto. Un largo minuto.
—¿Lo dejas tocarte?
Me sobresalto, casi dejando caer los vasos de vidrio ante el sonido de la voz de Danzo. Me giro rápidamente, mirando más allá del jinete. Danzo está de pie en el otro extremo de la cocina, sus ojos brillantes con los inicios de la fiebre. Hay un cierto disgusto en su expresión.
De mala gana, mi mirada se mueve hacia Peste, quien por una vez no lleva su habitual expresión estoica. El jinete luce vulnerable e inocente e incluso un poco inseguro de sí mismo.
Encuentra mis ojos y veo que piensa que ha hecho algo malo. Eso me llega.
Toco su rostro.
Está bien, quiero decirle.
—Jodidamente-in-creíble.
Ahora mis ojos se mueven de regreso hacia Danzo. Puede que esté enfermo y débil, pero está lo suficientemente lúcido y hay tanto odio en sus ojos.
—Pensaba que tal vez únicamente estabas follando con el fenómeno —dice—, lo que ya es suficientemente malo...
Peste se para frente a mí.
—Caminas por una línea muy fina, Danzo —dice, interrumpiendo al hombre—. Espero que no hayas olvidado mis palabras de más temprano.
Danzo me da una mirada que me deja saber que este asunto está lejos de estar olvidado y entonces se retira por el pasillo. Tomo una respiración profunda. Tengo que regresar ahí para llevarles agua a su esposa e hijos, lo que significa que voy a tener que interactuar con el hombre de nuevo.
—Cada vez que sacudes mi creencia de la crueldad humana, un hombre como ese, invariablemente me recuerda por qué simplemente debo eliminar a tu raza —dice el jinete.
Tengo varias objeciones al respecto, pero no digo ninguna de ellas.
—Deberíamos irnos, Peste —digo en cambio—. No pertenecemos aquí.
No que tú no pertenezcas aquí, sino nosotros.
—No, Hinata. Nos quedamos hasta que el acto esté hecho.
Quieres que sufras, incluso ahora, después que te has ocupado de él, lo has sostenido, lo has besado.
—¿Así que así es cómo es esto? —digo.
—Eres mi prisionera.
Que tonta eres, Hyūga, preocuparte por alguien que tiene tan poca consideración por ti. Lo que siento por este hombre es agonía. Agonía terrible y aplastante.
Me giro para mirar a Peste.
—Si esa es la forma en que son las cosas, entonces mantén tus manos y tu boca para ti.
Peste es el enemigo. Nunca puedo olvidarme de eso.
Son dos noches más tarde cuando una mano ardiente me presiona la boca y me despierta del sueño.
—Ni una palabra —ordena la voz áspera. Parpadeo abriendo mis atontados ojos.
¿Qué está pasando?
Entrecierro los ojos en la oscuridad, medio esperando distinguir las características sorprendentes de Peste. Pero es otro hombre que me fulmina con la mirada, su rostro es más grueso, más sustancioso y, francamente, más feo que el del jinete.
Siento la fresca picadura de metal debajo de mi mandíbula.
—Levántate —exige Danzo, su voz silenciosa.
Mi mente está tratando furiosamente de ponerse al día con lo que está pasando. Pistola…Danzo. Despertándome en el medio de la noche, arrancándome de la manta de lana raída, me desprendo cuidadosamente del fotón.
Me empuja hacia delante, cruza la sala de estar y hacia una puerta que conduce a su patio trasero.
—Por la puerta, en silencio.
El miedo atraviesa mis huesos, pero la emoción es muy débil. He vivido demasiado sincendios como para tener miedo a la muerte. Lo único que me mantiene avanzando hacia la puerta de entrada es la ridícula preocupación de que los hijos o esposa de Danzo se vean enredados por esto… o tendrán que dar testimonio de ello.
Detrás de mí, en una de las habitaciones más alejadas, escucho una tos húmeda y vibrante.
Tienen suficientes preocupaciones.
Dejo que Danzo me guíe afuera, mis pies descalzos se entumecen mientras camino sobre nieve fresca. Caen más copos, besando mi cara y enredándose en mi pelo.
Delante de mí, no hay cerca trasera para cerrar el patio de Danzo, desde el bosque espeso presionando sobre él. Puedo distinguir el área donde Kyūbi estaba asegurada antes. El caballo se ha ido, presumiblemente con su jinete, que no he visto desde la cena.
Danzo me empuja hacia adelante con el cañón de su arma.
—Sigue caminando.
Si esta noche va de acuerdo con los planes de este tipo, sé cómo terminará. Danzo y yodamos un paseo por el bosque y solo uno de nosotros se irá.
No voy a dejar que eso suceda.
—¿Dónde está Peste? —pregunto.
—¿Te refieres a tu novio? —dice, su voz goteando malicia. Nada ni nadie en el mundo puede quitarle el horrible odioa este hombre.
—Él no es mi novio.
Solo necesito esperar mi tiempo hasta que lleguemos al bosque. Es difícil dispararlea alguien cuando hay un árbol en el camino.
—¿No? —dice Danzo, fingiendo sorpresa—. ¿Así que estás prostituyéndote con ese cuerpo para comprarte un poco de tiempo?
La familia de este tipo está al borde de la muerte, ¿y él está preocupado por mi vida sexual?
—Sabes, ni siquiera lo culpo demasiado —Danzo continúa detrás de mí—. ¿Quién no querría tocar un pedazo de buen culo situviera la oportunidad? Pero tú —dice acusadoramente—eres la que le dio la espalda a tu propia puta clase cuando comenzaste a follara ese monstruo.
Ni siquiera me molesto en decirle que no estoy follando a ese monstruo. La verdad no me salvará.
—¿Qué esperas lograr al matarme? —pregunto, pasando por delante del primero de los árboles de hoja perenne que bordean la propiedad. Apenas puedo sentir mis pies en este punto.
Necesito hacer un movimiento, y pronto.
—Venganza para mi familia.
Alzo las cejas a pesar de que no puede ver la acción. Sé que al jinete le gusta besarme, pero dudo que mi muerte lo sacuda tanto.
—A Peste no le importará —digo—. Solo me matarás por matarme. La bota de Danzo golpea mi espalda, enviándome a la nieve.
Cualquier oportunidad que tuve de escapar, ahora se ha ido. Mis pies están demasiado fríos, mi cuerpo demasiado propenso. He malgastado el tiempo que había tenido, charlando con este enojado hombre.
—¿Qué es una muerte más? —pregunta, mirándome—. Todos estamos jodidamente muriendo aquí de todos modos. Estaré encantado de librar al mundo de una puta traidora.
Hasta ahora, los jinetes, la plaga, los aparatos electrónicos moribundos, nada de eso realmente se había sentido apocalíptico. Ni siquiera viendo esas ciudades vacías por las que Peste y yo pasamos, sus habitantes escondidos.
Es este momento, tirada en la nieve, un arma en mi espalda, donde se hunde. Este es realmente el Fin de los Días. Porque incluso con todas sus dificultades, en el mundo en el que crecí, no nos atacamos. Así no. Me giro y miro el rifle.
Danzo tira del cerrojo, deslizando una bala en su lugar. Maldición, realmente va a hacer esto. Hay peores muertes que heridas de bala, pienso, mirando el cañón.
—Baja el arma. —La voz estoica viene del bosque detrás de mí.
Tanto Danzo como y omiramos por encima de mi hombro. Parado en un trozo de claro de luna, pareciéndose mucho a una deidad, Peste mantiene su arco listo, su corona brillando en la penumbra. Danzo reajusta su agarreen el arma.
—Salva a mi familia, y la dejaré ir.
—No negocio con los mortales. —Peste da un paso adelante, su objetivo nunca vacila.
—¡No te acerques! —Danzo exige—. ¡Si quieres que viva, mantén tu distancia, jinete!
Todo está saliendo mal, como una cuerda floja que desmorona la tela.
—Te lo aseguro, no lo haré.
Tomo una respiración tranquilizadora. Solo mirar la actitud fría del jinete me calma.
—¡Le dispararé! —amenaza Danzo, su ira se transforma en pánico mientras su momento de venganza se aleja cada vez más de su alcance.
—Hazlo bajo tu propio riesgo.
Mis ojos se clavan en los de Danzo, y veo el momento en que decide que matarme sigue siendo la mejor opción.
Nunca veo su dedo apretar el gatillo.
El aire se mueve al lado de mi oreja, entonces…
Thwump… ¡BOOM!
Todo mi cuerpo se estremece con el sonido.
Querido Dios.
Mi mano se mueve hacia mi pecho. Pero el dolor que espero sentir nunca llega. Es solo después de tomar varias respiraciones asustadas que me doy cuenta de que no me han disparado.
Thwump. Thwump…thwump…thump.
Más rápido de lo que puedo reaccionar, el cuerpo de Danzo parece bailar, ya que está lleno de flechas. Gruñe, dejando caer su arma y cayendo de rodillas. Sus dedos van a su pecho, donde sobresalen las flechas.
Miro por encima del hombro a Peste, que camina hacia nosotros, su rostro lleno de sombría determinación.
—Ella no es tuya para matar —dice.
Dando la vuelta, me arrastro hacia Danzo y empujo el rifle fuera de su alcance. Mis ojos se mueven sobre sus heridas, y mi entrenamiento para médico entra en acción. No importa que tenga un odio serio hacia Danzo; comienzo evaluar sus lesiones de todos modos.
—No... me toques... maldita plaga —dice Danzo entre respiraciones laboriosas—. No eres más que... una maldita... puta.
Escucho la tensión de la madera aceitada, y cuando alzo la mira a, Peste tiene otra flecha apuntando, la punta ya sobre Danzo.
—Dejé que tus palabras venenosas pasaran la primera vez —dice el jinete—, pero no lo haré una segunda.
Danzo jadea en un suspiro, el sonido mojado:
—Tú y yo... ambos sabemos... es verdad. ¿Cuántas veces... tuvo... que chupar tú... polla antes…?
La flecha lo golpea en el hombro con un fuerte golpe. Él suelta un chillido confuso.
—Pruébame de nuevo, humano.
—Hazlo —Danzo provoca—. Sería... más rápida... la muerte que... lo que has... dado a mi familia.
—No —le digo al jinete. Detuvo a Danzo para que no me disparara, y ahora ya no es ningún tipo de amenaza.
Peste se dirige hacia el hombre y lo mira con la flecha aun apuntando.
—Si conozco algo de misericordia —dice—, es Hinata quien lo hace.
"Si conozco algo de misericordia, es Hinata quien lo hace."
Hace unos días le había dicho a Koharu que el jinete era incapaz de hacerlo. Lo estás cambiando así como él te está cambiando.
Danzo debe desear la muerte porque dice:
—Que te jodan y a esta perra...
La flecha final atraviesa la garganta de Danzo, y ahora se está ahogando con sus palabras, ahogándose en ellas.
—Vil humano —dice Peste, que se cierne sobre el moribundo—. Podrías haber gastado tus últimos suspiros suplicando por tu familia, pero solo veo odio en tu corazón.
No puedo oír lo que dice Danzo, pero dudo que lo que sea que le dijo al jinete fuera particularmente amable. Danzo tarda menos de un minuto en desangrarse, y se va del mundo con una mirada fulminante.
Mis hombros se hunden de cansancio. Peste arroja su arco sobres hombro y se arrodilla a mi lado, sus manos rozando mi cuerpo.
—¿Estás herida? —pregunta, preocupado. Niego con la cabeza, poniéndome de pie.
—Estoy bien.
El jinete me toma del brazo.
—Estaba equivocado, Hinata, esta maldita casa no es un lugar incluso para mi ira. Ven. —Me lleva a Kyūbi.
Miro al caballo, luego bajo la mirada a mis pies helados.
—Ummm, necesito zapatos... y mi abrigo, y un sujetador. Y todo lo demás.
Peste me mira, desde mi pijama prestado hasta los dedos de mis pies. Juro que puedo verlo armar lo que sucedió, cómo me sacaron de la cama y me llevaron al bosque para una ejecución de medianoche.
¿Se da cuenta de que Danzo quería matarme para hacerle daño?¿Comprende los motivos humanos lo suficientemente bien como para unir eso? Y si Danzo hubiera tenido éxito, ¿Al jinete le habría importado que yo muriera?
Sin otra palabra, Peste me levanta. Grito mientras me tira en sus brazos.
—¿Qué estás haciendo?
—Te ayudo —dice, cargándome a la casa.
Me deja en el suelo de la sala de estar, donde el fuego no es más que unas pocas brasas moribundas. Arrodillándose frente a mí, toma mis pies y, uno por uno, hace que el calor vuelva a ellos.
—¿Por qué estás haciendo esto? —pregunto, mirándolo cuidadosamente.
Niega con la cabeza, pero no me responde.
Una vez que estoy caliente otra vez, agarro mi ropa y me la pongo. Mientras tanto, el resto de la casa está completamente quieta.
Salimos poco después de eso. Y a pesar de que es la mitad de la noche y la nieve está cayendo más fuerte, estoy tan aliviada—de estar viva, de salir de esta casa, sentir Peste a mis espaldas, su brazo agarrándome con fuerza.
Apenas hemos llegado a la autopista cuando Peste tira de las riendas, haciendo que Kyūbi se detenga.
Miro alrededor con confusión.
—¿Qué estamos…?
Peste levanta mi mandíbula y luego su boca se cierra contra mí, su otro brazo aplastándome contra él. Es el beso de un hombre desesperado. Como si estuviera tratando de inhalarme dentro de él. Cualquier torpeza inicial que tuvo con el acto se ha ido, reemplazada por esta ferocidad.
Finalmente se separa, con los labios hinchados. Los ojos azules de Peste son luminosos.
—Estabas... demasiado cerca de la muerte para mi gusto.
Es como si solo ahora realmente lo estuviera procesando. Y aquí está la respuesta a mi pregunta anterior: mi muerte habría afectado al jinete.
Discretamente, presiono una mano en mi corazón martilleando. Significo algo para él. Qué sorpresa.
Dirige su mirada al oscuro horizonte y chasquea la lengua, y reanudamos nuestro severo paso una vez más.
—¿Cuánto tiempo piensas mantenerme cautiva? —Es una pregunta casi hilarante, teniendo encuenta lo confusos que se han vuelto nuestros papeles.
Peste está en silencio.
Levanto la mirada, solo para verlo mirándome, con sus profundos ojos.
—Hasta que mi tarea esté completa, tú y yo viajaremos juntos — dice.
Hasta que su tarea esté completa. Esa es una declaración tan simple, pero abarca una vasta y casi inimaginable tarea que tenemos por delante. Viajar por el mundo entero a caballo, ver cómo millones caen por la plaga. ¿Cuántos meses tomará? ¿Cuántas personas tendré que ver morir antes de que mi mente se rompa? ¿Cuántos roces más con la muerte tendré que enfrentar?
Será insoportable.
—¿Así que voy a viajar por todo el mundo?
—Sí. —Suena complacido. Voy a morir.
No por la mano de Peste, quizás, pero habrá alguien en alguna ciudad que hará lo que Danzo no pudo.
Ese siempre era el plan, Hinata. Desde el momento en que sacaste el fósforo ennegrecido, sabías que eras una mujer muerta caminando. No te arrepientas ahora.
Por supuesto, mi existencia continua me molesta casi tanto como mi muerte inminente.
Busco su rostro en la oscuridad.
—De todas las personas cuyos caminos cruzaste, ¿por qué me elegiste?
Está en silencio por un largo tiempo. Demasiado tiempo, de hecho, que supongo no me va a responder. Es solo cuando estoy a punto de enfrentarlo que lo hace.
—Sentí que la mano de Dios me movía para perdonarte —dice. La sorpresa me inunda. Imaginé que pudiera alimentarme con su historia sobre hacer un ejemplo de mí. Pero esto…
Dios le dijo que me perdone. No tengo idea de cómo sentirme acerca de eso.
Frunce el ceño.
—Pensé... que vine a este mundo para repartir suira, pero esa noche, y cada una desde entonces, me he preguntado...
Espero a que termine la frase, pero esta vez el silencio se prolonga hasta que me doy cuenta de que eso es todo lo que estoy consiguiendo. Es mucho más de lo que me ha dado en el pasado, así que lo tomaré.
—¿Cómo es Dios? —pregunto.
—Ese no es un tema que pueda discutir con los mortales.
Por supuesto que no lo es.
—Bueno, ¿al menos puedes decirme cómo es? —pregunto.
—¿Cómo es qué? —El agarre de Peste se ha movido, de modo que ahora está agarrando mi brazo, su pulgar frotando círculos en mi carne.
—No lo sé… la muerte. El Más Allá. —Extiendo mi mano para atrapar un copo de nieve.
—Sería más fácil explicar la vista a los ciegos —dice Peste—. No se puede entender solo por la descripción; debe ser experimentado.
¿De qué sirve tener un jinete si no responde ninguna de las preguntas divertidas?
Dejo caer mi mano en mi regazo.
—¿Al menos puedes decirme si los humanos tienen almas o no?
—Por supuesto que los humanos tienen almas, Hinata. —Puedo escuchar la diversión en su voz—. No estaría aquí si no lo hicieran.
La mano de Peste vuelve a su lugar habitual, presionado contra mi estómago, y puedo distinguir un anillo que lleva en su dedo índice, una piedra oscura y redonda en el centro.
No es la primera vez que me doy cuenta de que hay tanto de este hombre que no conozco, a pesar de besarlo, dormir con él, vivir y viajar con él.
Siempre tan gentilmente, paso la mano por su anillo. Sus dedos se flexionan al tacto.
—Cuéntame sobre tu vida —digo distraídamente, todavía centrada en el anillo y la mano que lo usa.
—¿Qué quieres que te diga? —la voz de Peste retumba detrás de mí.
—No sé, dime un recuerdo. —Cualquier cosa para conocerlo por lo que es no solo un jinete de otro mundo.
—Mis recuerdos te molestarían —dice secamente.
¿A diferencia de mi realidad donde las personas mueren con dolor y muerte atormentada?
—Todavía quiero escuchar sobre ellos.
Toma una respiración profunda. No sé cómo lo hace, pero se las arregla para hacer algo tan simple como inhalar el aire fétido con renuencia.
—¿Qué quieres saber? ¿Te cuento sobre las primeras ciudades del hombre? Recuerdo el emotivo despertar, mi atención atrapada en sus intentos de elevarse contra otras criaturas. Los vi desviar el agua de los ríos y plantar los primeros cultivos. Los vi construir casas primitivas y domar bestias salvajes. Lo admito, estaba impresionado al ver al hombre moldear la naturaleza en algo agradable, algo que podrían usar.
»Entonces llegaron pueblos y ciudades, reyes y leyes. El mundo se movió más rápido a medida que el hombre construyó, creó, innovó y conquistó. Estuve allí para todo, y he estado aquí desde entonces.
»Estuve en los antiguos bazares, recorrí los centros de las ciudades, me detuve en castillos y callejones y todo lo demás. Me he alojado en miles de casas diferentes, y he besado la frente de innumerables humanos, y he estado con cada uno. Vine a la tierra y toqué y el mundo conoció el terror.
Jesús.
—Soy Peste, y mi memoria es más larga que la historia registrada; es incluso más larga que el hombre. Vine antes que él, y querida Hinata, voy a sobrevivir a su final.
La Historia tiene la Finalidad de Entretener.
Continuará...
