Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenecen a Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 8

Bella salió de la ducha. Estiró una mano para tomar la toalla, pero se detuvo en seco, echándose un vistazo entre el vapor del espejo. Ella se acercó lentamente, y cuando estuvo a un brazo de distancia, limpió el espejo.

¿Cuándo fue la última vez que se había visto al espejo? Pasó la punta de sus dedos por sus costados, inclinando la cabeza a un lado y al otro. Tocó la cicatriz donde había estado su catéter, recordando la figura frágil, sin cabello y esquelético que le había devuelto la mirada no hace mucho tiempo.

Se pasó las manos por su cabello—aun un poco más que largo que un corte rapado. Su cuerpo era suave y femenino de nuevo. Pero aun así había una desconexión en alguna parte de ella, como si no pudiera creer que la mujer en el espejo era ella.

Antes de su enfermedad, ella había adorado su cuerpo. Lo maravilloso que era, que pudiera crear vida, cuidarla, nutrirla y cargarla. ¿Cómo no podría amar el cuerpo que había sido el primer hogar de su preciosa hija?

Pero entonces, había recibido un pasajero mucho más malicioso. ¿Acaso fue un mecanismo de supervivencia que la hacía pensar que este cuerpo no era suyo? Ella había perdido su belleza física cuando se encontraba enferma, todas las cosas superficiales que las mujeres apreciaban—su hermoso cabello marrón que, alguna vez, había caído hasta su cadera, sus largas pestañas, sus piernas tonificadas. Al luchar por su vida, ella no tenía la energía suficiente para la vanidad.

¿O era furia pura? En sus peores días, ella odiaba su cuerpo con un increíble fervor. Este le había traicionado, la había dejado tumbada en el suelo. Su cuerpo había sucumbido a la enfermedad, roto y desgastado.

Había pasado mucho tiempo desde que ella había pensado que lucía bien. ¿Acaso seguía teniendo maquillaje? Solo un poco. Quizás algún rubor. No tenía muchas pestañas. Podría usar algo de máscara.

Puso los ojos en blanco para sí misma, pero no podía comprimir la necesidad de impresionar a la familia de Edward. Era una locura esto que él estaba haciendo por ella. Al menos podría intentar dar una buena impresión.

No que alguien podría creer que era una esposa trofeo, y ese no era el plan, de todas formas. Edward había dicho que iba a contarle a su hermano y a su hermana. Por más que su hermano había sido insistente hace unas noches, Bella podía entender su razonamiento. Ellos nos creerían que una esposa haya aparecido de la nada, pero él parecía creer que ellos estaban de acuerdo con su plan.

Bueno, ella todavía tenía unos trucos bajo su manga.

~0~

Edward la miraba a escondidas.

Le tomó mucho tiempo a Bella descifrar lo que estaba pasando. Mientras él conducía, Edward no dejaba de mirarla de soslayo. Bella se sonrojó cuando reconoció la conducta. No podía recordar cuando fue la última vez que un hombre la había notado. Mayormente, ella estaba en el trabajo o en casa. El cementerio no era un lugar adecuado para conseguir una cita.

Aunque Bella parecía haber conseguido un marido.

Ella pasó sus manos por sus rodillas, repentinamente nerviosa de nuevo. Pudo notar que los ojos de Edward observaron sus piernas, que se asomaban por el vestido de flores que tenía puesto. Se cruzó de piernas, para chequear, y creyó ver sus mejillas sonrojarse.

Una corriente de placer la invadió. No del tipo erótico, sino una sensación simple y presumida cuando lograba hacer girar la cabeza del hombre que le gustaba.

Edward se aclaró la garganta.

—No necesitas estar elegante para mi familia —soltó—. Quiero decir… —Sacudió su cabeza—. Quiero decir, no tienes que estar nerviosa de ellos. Por impresionarlos. No que no lo seas… —Inhaló profundo, soltando una risa para sí mismo—. Siempre luces bien, Bella.

—Ja. Mentiroso.

—Bueno, un periodo de neumonía no luce bien en nadie —admitió él—. Lo que intento decir es que no tienes que preocuparte. Van a verte de la misma forma que yo.

Bella ladeó su cabeza, observando el perfil de su rostro mientras conducía. El aire en el coche parecía haberse tensado. Vivo.

—¿Cómo me ves? —preguntó ella.

Él detuvo el coche, y Bella no podía decir dónde se encontraban. Cuando se giró a verla, sus ojos se fijaron en los suyos. Su aliento se atascó. Había una intensidad en ellos que no había visto antes. Por primera vez, no estaban apagados, y cuando sonrió gentilmente, su corazón comenzó a latir rápidamente.

—Estás viva. No sé cómo explicarlo. No es solo que sobreviviste al cáncer. Es que sobreviviste a todo lo demás. Luchaste cada batalla sola, y jamás siquiera se te ocurrió dejar de luchar. —Su sonrisa se volvió irónica, y agachó la cabeza—. No todos podrían hacerlo. Confía en mí.

Bella frunció el ceño, parpadeando esporádicamente. Ese había sido un momento intenso, y no estaba completamente segura de entenderlo.

—No hay otra opción, ¿o sí?

Edward la miró de nuevo, había una pregunta en sus ojos.

—Sobrevivir. Luchar. No hay otra opción.

Los labios de él se fruncieron y llevó la vista al frente.

—No, supongo que no.

Confundida, Bella apartó su mirada, finalmente echando un vistazo por la ventana. Se sobresaltó.

—Tienes una casa legitima —dijo, insegura de por qué estaba tan sorprendida. Por supuesto que él tenía una casa, una pequeña y adorable.

Edward se encogió de hombros.

—El regalo de boda de los padres de Charlotte, así que no te sorprendas mucho.

Bella bajó del coche y lo miró por sobre el techo.

—Sigue siendo una hermosa casa.

Él le echó un vistazo, inclinando la cabeza como si no lo hubiera considerado antes.

—No puedo quejarme —dijo simplemente, acercándose a su lado—. Vamos. —Él asintió en dirección a la entrada.

Cuando llegaron allí, Bella se detuvo. Edward le dio un apretón en el brazo.

—En serio, no tienes nada de qué preocuparte —dijo.

—Tengo que admitir que no tengo hermanos, pero pensé que la idea era que se supone que ellos deben apoyarte.

—¿Qué crees que hacen ellos aquí? Les pedí que nos ayudaran, y aquí están.

Una emoción recorrió el cuerpo de Bella. Nos. Se aclaró la garganta.

—Quizás no sepa nada sobre hermanos, pero ellos deberían sospechar de mí un poco y de este plan que te costará mucho dinero.

—No es mucho dinero, y también fue mi idea.

—Sí, pero ¿cómo saben ellos eso? ¿Cómo saben que no soy una de esas malditas cautivadoras? Malditas abusivas y manipuladoras que siempre son cautivantes. Quizás ellos piensen que te engatusé.

Él lucía entretenido, pero antes de poder responder, la puerta se abrió. Bella dio un paso hacia atrás. El hombre que había aparecido ocupaba toda la entrada, y con su ceño fruncido, Bella no pudo evitar sentirse intimidada.

—¿Qué diablos están haciendo aquí afuera?

Bella dio otro paso hacia atrás, pero entonces, el hombre sonrió ampliamente. Los hoyuelos parecerían incongruentes solo un segundo atrás, pero ahora él era la imagen de la alegría, eran adorables. El hombre le dio una palmada en la espalda a Edward mientras miraba a Bella.

—Voy a morir de hambre. Entren. Alice no me dejó comer nada hasta que llegaran.

Edward soltó un sonido de exasperación.

—También, eres Emmett y es un placer conocer a Bella.

La sonrisa de Emmett soló se amplió. Le ofreció a Bella una mano, la cual ella, aun algo sorprendida, aceptó. Él estrechó su mano vigorosamente.

—Un placer conocerte.

Ella soltó una pequeña risa.

—Lo mismo digo.

Ni bien entraron por la puerta, Bella vio un flash de cabello negro antes de que una pequeña mujer lanzara sus brazos alrededor de ella.

—Bella. Soy Alice.

Bella le dio unas palmaditas en la espalda de Alice, otra vez sorprendida. La mujer no la soltó rápidamente, sino que le dio otro abrazo fuerte antes de apartarse.

—Estoy muy, pero muy feliz de que estés aquí. Estoy contenta que mi hermano te haya encontrado.

—Tranquilízate un poco —dijo Edward, y Bella creyó haber visto algo parecido a irritación en sus ojos—. Dale algo de espacio.

Alice frunció el ceño a su hermano y envolvió su brazo alrededor del de Bella.

—Vamos. Ayúdame a quitar los sándwiches así podemos comer.

—Alice —dijo Edward, su tono era una advertencia.

—Oh, cálmate —comentó Alice por encima de su hombro, llevando a Bella por toda la casa. Sacudió su cabeza—. Él cree que te contaré todos los secretos de la familia.

—Eh. —Bella no estaba segura de qué responder a eso. Toda esta familia era bizarra. Pero amigable. Muy amigable.

Alice mantuvo una charla agradable mientras quitaba la rosca de sándwich del refrigerador. Bella se sintió como si estuviera dos o tres pasos atrás. Esta mujer charlaba como si ya estuvieran familiarizadas con la otra mientras que Bella no sabía por dónde comenzar. Ella quería tomarse un tiempo para acostumbrarse a sus alrededores.

Había algo raro en la casa, ordenada y pulcra. Bella no podía sacarse la idea de que se estaba perdiendo algo.

Alice colocó una jarra de té helado en las manos de Bella y la envió a la mesa del comedor, donde Edward ya se encontraba sentado con su hermano. Obviamente, el trabajo de Emmett había sido proveer el acompañamiento. Él estaba sacando varios paquetes gigantes de papas fritas.

—Tenemos que tener variedad —le dijo a Bella al notarla observar el despliegue. Miró a Alice—. ¿Trajiste los dips?

—¿Cuántas manos crees que tengo?

Emmett ya estaba de pie y de camino hacia la cocina para cuando ella terminaba de hablar.

Bella inclinó su cabeza en dirección a Edward.

—Okey, ¿pero por qué están tan felices de verme? —dijo ella, aun tratando de comprender.

Ella creyó ver a Edward hacer una mueca, pero él se encogió de hombros.

—Emmett y Alice tienen la cualidad molesta de ser alegres todo el tiempo. Si no quieres golpearles en el rostro todavía, lo querrás.

—Qué violencia —reprendió Alice, lo suficientemente cerca como para escuchar esa última parte—. Aunque Emmett es un dolor en el trasero.

—¿Por qué mientes así? —preguntó Emmett, revolviendo el cabello de su hermana.

Bella no pudo contener la sonrisa. Parecía ser que Edward provenía de una familia buena. Ella se encontraba perpleja ante la comodidad entre ellos.

—Bien, vayamos a lo esencial —dijo Alice, sacando una libreta y un bolígrafo—. Primero que todo, está esta boda. No creo que duela vestirse un poco elegante. Una pequeña ceremonia aquí, o en la casa de mamá y papá.

Bella simplemente la observó.

—Espera… ¿eso es todo? ¿Estás de acuerdo con todo esto? ¿Sin preguntas? ¿Sin preocupaciones?

Alice le dio unas palmaditas en la mano.

—No luzcas tan sorprendida. Esta es una buena causa, y no es algo de otro mundo para nosotros. No nos estás pidiendo que rompamos las leyes.

—No. —Bella frunció el ceño y miró a Emmett—. ¿Cierto?

Él le sonrió.

—No es ilegal que dos adultos se casen por alguna razón, pese a la ley de inmigración, e incluso esa es más como una situación de acceso denegado en vez de acusar a alguien de un crimen. A pesar de la queja de algunos, el matrimonio legal está lejos de lo sagrado y profundo. No veo esto nada diferente a las personas que se casan para ayudar a un amigo conseguir una mejor asistencia médica.

Emmett se inclinó hacia adelante, el sándwich momentáneamente olvidado mientras su expresión se volvía seria.

—Incluso en el derecho penal, hacer que las cosas se inclinen a tu favor tiene que ver mucho con la presentación. Mi trabajo es sembrar duda en la culpabilidad de un acusado. Si hay duda, se supone que un jurado o un juez no puede dar un veredicto de culpabilidad. En este caso, intentas sembrar duda de que no es lo mejor para tu hija seguir viviendo con el imbécil de tu ex. Tu libertad no está en juego, pero muchos de los mecanismos son iguales.

—En otras palabras, es como con los clientes de Emmett. Sabes que no eres culpable, y todos lo sabemos. —Alice señaló a su alrededor—. Es solo cuestión de hacer que un completo extraño lo crea. Casi todo es justificable, porque un veredicto de culpabilidad no es lo único que puede hacer la justicia. Quiero decir… mientras que no vayas a secuestrar a la niña o algo así, estamos haciendo lo correcto.

Otra vez, Bella no sabía qué decir. Sus ojos ardían, y agachó la cabeza, determinada a no llorar.

—Gracias —dijo, su voz ronca.

Alice volvió a darle unas palmaditas.

—Está bien. Incluso puede ser un poco divertido. Al menos esta parte. —Golpeó su libreta—. Como decía. Creo que una pequeña boda sería apropiada. Estamos hablando de algo casi sin costo. Incluso podríamos hacerlo este fin de semana. Solo nosotros. Bella, si quieres que invite a alguien, puedes hacerlo, por supuesto. Emmett puede oficiar. No tiene que ser algo grande, pero creo que crearía el ambiente para mamá y papá.

—Entonces, ¿no crees que deberíamos ser honestos con tus padres?

—No es lo que piensas —dijo Edward—. Mamá y papá estarían de acuerdo con lo que intentamos hacer aquí.

—Simplemente no son buenos actores. Sería mejor que fuera real para ellos —dijo Emmett—. No te preocupes por herirlos; no lo harás. Ellos son románticos, así que aceptarán la idea de que ustedes dos, con sus pasados, se encontraran y se casaran rápidamente. Y, al final del día, también son pragmáticos. No se sorprenderán cuando se separen. No será un divorcio difícil, así que no será una decepción. Tú y Edward seguirán siendo amigos, asumo, así que nadie saldrá herido.

—Salí con una mujer antes de casarme con mi esposa, Rosalie. Ella tenía un hijo. Un niño adorable. Él y mi mamá crearon un lazo especial, y después que nos separamos, mi ex mantuvo a mi mamá en la vida de su hijo. Ella sigue yendo a los recitales de pianos. —Emmett agitó una mano—. ¿Ves? Incluso no mentimos sobre el sistema de apoyo.

Bella llevó una mano a su boca, abrumada de repente otra vez. Ella asintió, tratando de tragar el nudo en su garganta.

—Está bien. —Inhaló profundo—. Entonces, ¿una boda pequeña? —Su cabeza se nubló ante la idea, pero la sugerencia de Alice no sonaba como algo tan importante.

—Pequeña —dijo Alice—. Íntima. —Ella vaciló—. Además, creo que es una buena idea crear, al menos, un pequeño ambiente. No es irrazonable pensar que tu exmarido o su abogado vaya a investigar. Tú y Edward son personas privadas, pero sigues teniendo Facebook. Y el resto de la familia de Edward son notables por no ser tan privados como él.

—Ella quiere decir que sería sospechoso si ella no tuviera pruebas fotográficas de mi vida en sus redes sociales —explicó Edward, su tono algo apagado.

Bella imaginó que estaba pensando en la última vez que él tuvo algo bueno para compartir.

—Eres mi hermano y te amo —dijo Alice, sin remordimientos. Ella miró a Bella—. Y estaría orgullosa de llamarte cuñada.

—No se equivoca —comentó Emmett—. Recuerda. Todo se trata de la presentación. Va a ser el trabajo del abogado de tu exmarido el escarbar la vida que puedes ofrecer para McKenna. Es como dije, no como la ley de migraciones donde alguien aparece e inspecciona tu casa para encontrar evidencia de que realmente viven juntos. Deberías ser capaz de estar en el cuarto de invitados sin que nadie lo sepa, pero tener un buen antecedente no duele.

—Será relativamente indoloro. Nada importante —prometió Alice.

Edward miró a Bella.

—Queda en ti, por supuesto. Lo que ellos sugieren no es diferente a ir al juzgado. —Su labio tembló—. Además, si no hay otra opción, Emmett como oficiante sería un buen entretenimiento.

Bella sonrió ante eso.

—Puedes pensarlo no como una celebración de la unión de dos personas, sino de una amistad. Un tipo diferente de familia —añadió Alice.

—Ese es un buen sentimiento. —Esta vez, Bella estiró una mano e impulsivamente les dio un apretón a los dedos de Alice.

Ellos hablaron en detalle, ajustando una historia oficial que estuviera cerca de la verdad. Edward y Bella se conocían, teóricamente, desde hace casi dos años. Contarían la historia de que en el transcurso de esos dos años, charlaron mucho y llegaron a disfrutar de la compañía del otro. Ambos eran personas serias con pasados serios, una experiencia compartida que les daba una comprensión profunda del otro que la mayoría de los extraños disfrutaban. Entonces, un día, algo simplemente hizo clic y eso fue todo.

Era más verdad de lo que no era. No era asunto de nadie que no hubiera sexo o amor.

Bella acordó que se mudaría con Edward. La idea la ponía nerviosa. Por lo menos, haría que salir de la situación fuera complicado y costoso si las cosas con este extraño terminaban mal. Solo porque él haya sido tan amable no significaba que Bella confiara al cien por ciento que todo esto fuera real. El mundo era un lugar extraño y complicado. Era infinito el número de formas en que los seres humanos encontraba para herir al otro.

Pero como se lo había dicho a sí misma tantas veces, una madre haría casi cualquier cosa por su hijo. Esto era su cualquier cosa. Era un riesgo, sí, pero si le daba la posibilidad de tener a su hija devuelta en sus brazos, ¿cómo podía dudar?

Su vida estaba a punto de cambiar drásticamente. Había muchas posibilidades de que esto fuera un desastre, pero había estado allí antes. Había sobrevivido entonces, y sobreviviría ahora. Eso era todo lo que había.

Mientras la tarde se convertía en la noche, Bella se despidió. Abrazó a Emmett y a Alice, tratando de no preocuparse por la posibilidad de haber encontrado las personas que quisiera conservar. Todos habían intercambiado números y hecho amigos en sus redes sociales.

Cuando dejaron a Emmett y Alice a un lado, aun discutiendo detalles, Edward pausó en la entrada. Tenía una expresión rara en sus ojos, y un latido después, le ofreció su mano.

El corazón de Bella se aceleró. Estuvo confundida al principio, hasta que recordó algo que Emmett había dicho. Él les había dado muchos consejos legales, enfatizando qué tan lejos iba la percepción.

"Racionalmente, todos sabemos que diferentes personas tienen diferentes reacciones al trauma, algunos juicios son un trauma", había dicho. "Pero eso no cambia lo que las personas esperan ver. Le cuento a mis clientes que no pueden lucir arrogantes o aburridos. No pueden lucir malvados. Tienen que lucir inseguros o asustados, quizás incluso un poco contritos, dependiendo de la circunstancia. No importa cómo quieres actuar, lo que importa es cómo te perciben."

Con ese fin, él había dicho, de la forma sincera que tenía, que deberían ser cálidos con el otro.

"No tienen que besarse frente al juez, sino algunas cosas pequeñas. Quieren verse como una unidad firme, dos personas acostumbradas a tocarse, a estar en el espacio personal del otro. Simplemente familiarizados con el otro."

Pero a pesar que Bella se recordaba que esto era parte del acto, no se sentía de esa forma. Mientras deslizaba su mano en la de él, una energía la recorrió. El momento se sintió vivo, y había una sensación extraña y ansiosa creciendo en su vientre.

Mientras caminaban, de la mano, hacia su coche, Bella se reprendió. Ella tenía un brillo en sus ojos. Era esperable. Este hombre estaba haciendo algo increíble por ella. Por supuesto que sentía cosas por él, pero sabía que no debía confiar en ellas.

No. Ella tendría que tener cuidado con su percepción. No había nada que leer en la forma que él parecía rondar, sosteniendo su mano por segundos de más de lo necesario antes de soltarla. Sus ojos se encontraron, y Bella se quedó sin aliento, pero se dijo a sí misma que estaba imaginando la intensidad del momento.

Toda esta situación era desconcertante; eso era todo. Había sido un día lleno de emociones abrumantes, y tomarse de las manos era un gesto innatamente íntimo.

No había nada allí.


Al fin tuve un rato para mí misma y pude subir este capítulo :)

Gracias por comentar. ¡Hasta el próximo!