Entre Odios y Amores
Por Marce-chan
Capítulo 7
Sougo abrió los ojos cuando la luz del sol golpeó sus párpados, como toda casa tradicional japonesa las habitaciones daban a un patio interno y eso implicaba que la luz entrara fácilmente, se sentía como si tuviera resaca, la noche pasada había bajado la guardia como nunca antes y con quien menos se había esperado, había expresado sus sentimientos abiertamente algo que sólo se había permitido hacer con Mitsuba y en muy pocas ocasiones; no pudo evitar sentir un escalofrío al recordar sus propias palabras, se sorprendía de sí mismo, no había sido consciente de varias de las cosas hasta que las había dicho, no había podido contenerlas y eso lo asustaba, no era propio de él perder el control, él siempre había sido mesurado en todo, en cuanto expresaba, en cuanto mostraba, en qué hacía y cómo lo hacía, se recriminaba a sí mismo haber perdido el control de esa manera y justo delante de ella.
Suspiró desalentado y bajó la mirada, Kagura dormía profundamente, estaba acurrucada tomándole la mano, no pudo evitar sonrojarse al recordar el momento en el que ella le dijo que estaba de vuelta en casa, eso significaba que se había dado cuenta que su bienvenida en el muelle era sincera y que le había dado gusto volver a verla, se sonrojó aún más cuando recordó su respuesta.
-Idiota…-murmuró para sí mientras observaba ensimismado hacia el patio, recordando.
|Sougo era pequeño y se hallaba en ese mismo patio ayudando a Mitsuba a colgar la ropa recién lavada.
-No es necesario que me ayudes, Sou-chan-sonrió Mitsuba-Ve a jugar con tus amigos.
-No tengo amigos-replicó Sougo encogiéndose de hombros-Todos son muy estúpidos.
-No digas eso Sou-chan-lo regañó Mitsuba-Si eres así nunca te casarás.
-No quiero casarme-replicó Sougo-Sólo me casaría si conozco a una niña que sea como onee-chan y eso nunca pasará.
-Tú no necesitas a una niña que sea como yo, Sou-chan-respondió Mitsuba divertida-Tú necesitas lo contrario.
-¿Lo contrario?-murmuró Sougo sin comprender.
-La horma de tu zapato-sonrió Mitsuba enigmáticamente.
-¿Qué?
Mitsuba se agachó para quedar a su altura y le tocó la punta de la nariz con el dedo.
-Un día, Sou-chan-sonrió-Encontrarás una mujer que va a ser lo que menos esperas, te va a hacer rabiar, te va a incomodar, te va a cuestionar y es justamente eso lo que amarás de ella, porque de eso se trata el amor: Opuestos complementarios. |
Sougo dio un respingo al recordar eso ¿Era posible? Sacudió la cabeza para quitarse esos pensamientos de la mente y se incorporó con un poco de dificultad dado que Kagura sostenía su mano izquierda, se estiró todo lo que la posición y el agarre de Kagura le permitieron, tanto el hombro como las costillas le dolían mucho menos, se sentía mucho mejor en comparación a los días anteriores, se inclinó sobre Kagura.
-Oye… Ya amaneció…
Kagura se movió entre sueños, pero no despertó.
-Dijiste que me ayudarías a lavar la ropa-se quejó Sougo.
Kagura no se inmutó. Sougo la observó, ya no era la niña de antes, era una mujer, el cabello largo le sentaba muy bien, la hacía ver más madura; mientras detallaba sus rasgos lo pensó, no sabía en qué momento ella había empezado a ocupar cierto lugar en su vida, desde que la conoció le provocaba una gran molestia verla, no entendía a ciencia cierta la razón pero, contrario a la mayoría de las mujeres que había conocido, ella no había mostrado admiración por él ni una vez, no se había dejado llevar por su aspecto físico o su rango ¿Era por eso que le molestaba tanto? ¿Era acaso porque lo trataba abiertamente como un niño? ¿O porque era la única que lo veía tal como era? Aunque nunca entendió porque le irritaba tanto verla esto fue cambiando a medida que la conocía más y compartía más momentos con ella, se dio cuenta que fastidiarla lo divertía, eso no era raro en él, como siempre había admitido, él era un sádico que disfrutaba del sufrimiento ajeno, con ella no era su sufrimiento lo que lo divertía sino lo impredecible que era, sabía que ante cada cosa que él le hacía ella respondería de formas inesperadas y siempre lo entretenía ver sus reacciones, aunque en su mayoría resultaran en golpes y heridas para él, de pronto, sin darse cuenta, sus competencias y combates con ella se volvieron necesarios, ella no sólo le daba la talla, lo trataba como un igual, lo tomaba en serio.
Lo que lo desconcertaba era que en determinado momento había dejado de disfrutar con su sufrimiento y había empezado a surgir en él un instinto protector hacia ella que le resultaba incomprensible, ese instinto era raro en él, si bien era un oficial de policía y la vocación de proteger y servir siempre estaba presente en él, rara vez se preocupaba verdaderamente por alguien que no fuera sí mismo, ese sentimiento lo reservaba para personas importantes como Mitsuba o Kondo ¿En qué momento Kagura entró a formar parte de ese selecto grupo? ¿En qué momento dejó de verla como su rival y comenzó a verla como su protegida?
Recordó la primera vez que sintió ese impulso protector hacia ella, luchaban contra el grupo Yagyuu, él se había separado del grupo junto a Gintoki y buscaba a Otae, subió al techo de uno de los edificios para buscar enemigos y vio como uno de ellos golpeaba a Kagura, lanzándola hacia un estanque de donde salió otro y la lanzó hacia el techo donde la esperaba otro de ellos, no pudo seguir observando, aunque no lo admitiera en ese momento, le molestó mucho ver como la golpeaban y no lo permitiría más, desde entonces en cada batalla no podía evitar fijarse en ella, su instinto protector no hizo más que crecer desde entonces, su bienestar le preocupaba y aunque sabía perfectamente que ella podía cuidarse sola no podía evitar estar al pendiente de su estado en las batallas, sintió una punzada en las sienes, darse cuenta de eso y darse cuenta desde cuando existían esos sentimientos lo incomodaba muchísimo.
Suspiró, la emoción lo superaba y no quería seguir pensando en eso, tenía que ocuparse para sacarse todo eso de la cabeza, mientras pensaba en como despertarla, recordó un método que había resultado efectivo para llamar su atención anteriormente.
-Kagura-murmuró-Despierta.
Fue tal como lo esperaba, ella abrió los ojos inmediatamente y alzó la mirada hacia él.
-¿Qué?-le preguntó muy a su estilo.
-Es hora de levantarse-respondió Sougo conteniendo la risa por la expresión de la cara de ella.
-¿Qué hora es?-murmuró Kagura mirando alrededor.
-Creo que cerca de las 7-respondió Sougo-¿Puedes devolverme la mano?
Kagura se sobresaltó al percatarse que sostenía la mano de Sougo y la soltó como si quemara. Él la miró.
-¿Cómo te sientes?
-Tengo hambre-respondió ella.
Sougo le palpó la frente, sintió una corriente eléctrica al contacto y presentía que la sensación era provocada por esos sentimientos que buscaba ignorar.
-No tienes fiebre ¿Cómo sientes las piernas? ¿Puedes pararte?
-No estoy segura…-murmuró Kagura sin mirarlo a los ojos.
Sougo se incorporó y le estiró las manos, ella se las tomó e intentó incorporarse, pero no pudo.
-Demasiado pronto-suspiró Sougo agachándose junto a ella-Zona prohibida.
-¿Eh?
Antes de que Kagura entendiera a lo que se refería, Sougo ya le había rodeado la cintura con el brazo y la había levantado con él.
-¡Espera! ¡Espera! ¡Espera!-se quejó Kagura-¡No me cargues como maleta otra vez!
-Necesitamos ser funcionales-replicó Sougo impaciente-No puedo cargarte como princesa a cada momento.
-Quédate sentado y ayúdame a mantenerme en pie-le ordenó Kagura.
Sougo obedeció con fastidio, se sentó y la colocó sobre el suelo, Kagura temblaba mucho por lo que no se podía sostener de pie.
-Zona prohibida-volvió a advertir Sougo y la tomó con ambas manos de la cintura para que se sostuviera.
-Eso sólo aplica para el baño, idiota-replicó Kagura con impaciencia.
-¿Me estás diciendo que puedo tocarte donde quiera fuera del baño?-preguntó Sougo con malicia.
-Inténtalo-respondió Kagura sin dejarse amedrentar.
Se miraron a los ojos, Sougo volvió a sentir la corriente eléctrica recorriendo las palmas de sus manos y desvió la mirada al darse cuenta la posición en la que estaban, la atmósfera se rompió cuando Kagura trepó sobre él y se sentó sobre sus hombros apoyando los brazos sobre su cabeza.
-¿Qué rayos haces?-se quejó Sougo irritado.
-Ya está, así seremos funcionales-respondió Kagura-La última vez yo te cargué a ti, ahora es tu turno.
-Y me estrellaste la cara contra el techo-replicó Sougo recordando el incidente en el Yagyuu.
-Eso no fue culpa mía-respondió Kagura conteniendo la risa-Lo importante fue que gané la batalla.
-Ganamos-aclaró Sougo.
-Si, como digas-sonrió Kagura con malicia.
Sougo resopló con fastidio y se incorporó.
-¿Desayuno o ropa?-le preguntó.
-¡Desayuno!-sonrió Kagura apretándole la cabeza.
Sougo se dirigió a la cocina, el doctor Ogino les había dejado muy bien abastecido el refrigerador, mientras Sougo ponía a hervir agua y lavaba el arroz, Kagura jugueteaba con su cabello.
-¿Podrías dejar de hacer eso?-se quejó él-Me desconcentras.
-¿Cuánta concentración necesitas para lavar el arroz?-replicó Kagura en tono burlón.
-No me provoques-se quejó Sougo-Deja mi cabello en paz.
-Nunca lo había visto de cerca-respondió Kagura palpándole el cabello-Parece paja.
-¿Eso es un halago o un insulto?-replicó Sougo impaciente.
-No sé, pero me gusta-sonrió Kagura.
Sougo no pudo evitar dar un respingo y sonrojarse al límite, afortunadamente para él, Kagura no podía verle la cara.
-Oye…-murmuró Kagura.
-¿Qué?-respondió él retomando lo que hacía para que ella no notara nada.
-Seguro crees que no me he dado cuenta-respondió Kagura-Pero la gran Gura-sama todo lo ve.
-¿De qué hablas?-murmuró Sougo nervioso.
-Que desde que todo esto inició tú me llamas por mi nombre.
Sougo volvió a sobresaltarse.
-¿Ah si?-mintió-No me había dado cuenta ¿Te molesta?
-¿Desde cuando te importa si algo me molesta o no?-replicó Kagura desconcertada.
-Estamos encadenados y condenados a vivir juntos-respondió Sougo como si fuera muy obvio-No sabemos cuanto tiempo vamos a permanecer así, lo más lógico es facilitar la convivencia, sería muy agotador pasar los días peleando.
-Así nos hemos tratado siempre-murmuró Kagura-¿No decías que la espada es más elocuente que el habla cuando me diste la bienvenida en el muelle?
-¿Tienes que mencionar eso a cada momento?-replicó Sougo incómodo.
-Eso dijiste-respondió Kagura sonriendo con satisfacción.
-Si, pero creo que eso no aplica a esta situación-respondió Sougo-Además, hablaba en tiempo pasado.
-¿Preferirías que ya no nos tratáramos así?-preguntó Kagura con curiosidad.
-Por ahora si-respondió Sougo.
Kagura no respondió, se quedó ensimismada pensando, aunque la situación fuera particular y lo que Sougo mencionaba acerca de la convivencia era cierto, su comportamiento había comenzado a cambiar desde antes, desde que la esperó en el puente tras su regreso a la tierra, él le había dicho que la había esperado, que estaba dispuesto a estar con ella cuando lo necesitara, pero más allá de eso, se lo había demostrado tantas veces y de tantas maneras que no había lugar a dudas, ella le importaba, eso la contrariaba y la asustaba, pues ella también se preocupaba por él más que antes y desde algún tiempo su modo de verlo había cambiado ¿Qué significaba eso?
-¡Oye!-la llamó Sougo sacudiendo el brazo que los enlazaba.
-¿Ah? ¿Eh?-murmuró Kagura volviendo a la realidad con un sobresalto.
-¿Qué te pasa?-le preguntó Sougo.
-Nada-respondió ella rápidamente.
-Te preguntaba si está bien que te siga llamando así-repitió Sougo con impaciencia.
-Si, me da igual-mintió ella sonrojándose ligeramente-Pero eso significa que ya no puedo llamarte como antes.
-¿Porqué no?-replicó Sougo-Puedes llamarme como quieras.
-¿Como yo quiera? ¿En serio?-preguntó Kagura.
-Si-respondió Sougo-También me da igual.
-Entonces pensaré en un nombre para ti-sonrió ella.
-Ya tengo un nombre ¿Sabes?-replicó Sougo.
-¿Souchirô-kun?-bromeó Kagura imitando a Gintoki.
-Es Sougo-replicó él.
-Pensaré en un nombre-sonrió Kagura.
Sougo negó con la cabeza sonriendo y siguió con sus tareas, dada la posición de Kagura no podía hacer mucho, así que al final fue Sougo quien preparó el desayuno.
-No sabía que pudieras cocinar-murmuró Kagura examinando la comida que Sougo acababa de servir-Parecías un mocoso inútil.
-Mira quien habla, mocosa-respondió Sougo sirviéndose arroz-Además ¿Cuánto tiempo crees que he vivido solo? Es obvio que sé cocinar.
-Buen provecho (Ittadakimasu)-sonrió Kagura juntando las palmas y tomando sus palillos.
-Buen provecho-respondió Sougo haciendo lo mismo.
Comenzaron a comer en silencio, antes de que Sougo llegara a la mitad de su plato, Kagura ya había terminado.
-Gracias por la comida-sonrió Kagura.
-¿Ya acabaste?-murmuró Sougo sorprendido.
-Estaba bueno-sonrió ella-Date prisa, tenemos mucha ropa que lavar.
Sougo no pudo evitar sonreír, asintió con la cabeza y se apresuró a terminar su comida.
